Hellow!
Sí, lo sé, y lo siento TT:TT me operaron de la mano y me fue imposible ponerme a escribir nada. Pero ya he vuelto y como nueva :)
31 de Octubre.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Podemos devolver la felicidad a todos: Yui y Ran.
Ya habían pasado cuatro días desde la desgracia y Yui seguía sin poder hablar con sus padres ni sus hermanos al respecto. Cuando salió de la casa de Asami, los únicos que se habían quedado a hacerles compañía eran Yoh, Ayako, Heiji y Kazuha. Como cada día, se iba andando lentamente hacia el colegio a recoger a Kotarou y Takuma, y siempre llegaba cuando todos los padres ya se habían ido de allí y solo quedaban las profesoras. Miaka-sensei, que era quién estaba a cargo de la clase de Takuma y Kazuki, se acercó a ella con sus dos hijos cogidos de sus manos. Yui sabía que Shouta había sido el que se había puesto en contacto con las profesoras para informar al respecto de lo que había sucedido en la familia. Pero la profesora llevaba una cara de reprobación que a Yui le hizo sentir culpable de algún modo. Takuma, se soltó de la mano de la profesora y corrió para abrazarse a las piernas de Yui con una fuerza que casi hace caer a su madre. Kotarou, en cambio, parecía triste y sin ningún tipo de ánimos de volver a casa.
— ¿Podemos hablar? —preguntó la profesora.
— ¿Ha sucedido algo? —preguntó Yui.
— Bueno, hoy es el cumpleaños de Kotarou, pero parece que ni siquiera le habéis felicitado —susurró ella—. Kotarou se siente realmente triste, hoy.
— Perdone que no queramos celebrarlo, cuando mi hermana se pasa el día llorando y prácticamente sin dormir, porque sus hijas hayan muerto —respondió Yui fríamente—. No creo que usted deba de meterse más en nuestra familia, Sensei. Vamos, Kotarou.
— Disculpe las molestias —Miaka hizo una pequeña reverencia, en la que casi le caen las gafas de color violeta al suelo.
Yui estiró la mano y Kotarou la cogió. Luego, Takuma se cogió a su otra mano y le dijo adiós a la profesora intentando no sonreír.
— ¿A dónde vamos, mamá? —preguntó Takuma mirándola con curiosidad.
— A casa —respondió ella con cansancio.
— ¿Hoy no vamos a ver a Kazuki? —preguntó él.
— No, Takuma, hoy no —dijo Yui sin ni siquiera mirarlos.
— ¿Ha ocurrido algo? —preguntó Takuma apretando su mano.
— No.
¿Qué podía decirles? Se sentía culpable por haberse olvidado de que era 31 de Octubre. Por suerte Shouta se lo había recordado a mediodía, pero… realmente ella no se sentía con fuerzas de hacer eso. No podía celebrar algo, cuando había sucedido todo aquello. Sí, sería algo cruel por Kotarou, pero… con una semana, dos como mucho, tal vez pudieran volver a la normalidad y entonces celebrarlo como es debido, con fiesta y demás. Tetsuya, quién había estado al mediodía con ella en la casa de Asami, le había dicho que habían celebrado con solo una cena y un brindis el cumpleaños de Natsuki… pero ella no podía. Era su hermana la que estaba sufriendo y ella no podía hacer nada para ayudarla, porque cada vez que lo intentaba, Asami les gritaba mientras lloraba y hacía que todos se sintieran aún más tristes por ella y Mamoru. Kazuki tampoco merecía ver día tras día aquello, pero no podían separarlo de la familia ahora, mientras el niño seguía preocupado por la desaparición de su hermana, que al parecer nadie podía contar bien. Cuando llegó al restaurante, el lugar estaba lleno de gente, tal vez demasiada, pero todos eran conocidos de ellos. Los Bullet Junior por entero, estaban sentados en la mesa y haciendo una fiesta improvisada que a ella le parecía mucho más molesta de lo que pretendían ser. Ella, se fue directa hacia Shouta, que estaba sirviendo en la otra mesa a un desconocido, intentando hacer su mejor sonrisa.
— ¿Qué hacen aquí? —preguntó cuando estuvo a su lado.
Erena, Nanami y Kokoro estaban con una botella de cristal de cerveza cada una y eso las hacía mucho más alegres de lo normal. Hikaru y los demás, parecían intentar animar el ambiente que ya de por sí estaba muy animado. En una esquina, Chizuko, Yuki, Himitsu, Akira y Natsuki estaban hablando en susurros, mientras los niños corrían por el lugar tropezándose y riéndose.
— Hemos venido a celebrar el cumpleaños de Kotarou —dijo Kokoro levantando su botella de cerveza con un tono más elevado de lo normal.
— Largaros de aquí, no hay nada por celebrar —dijo Yui fulminándola con la mirada y yéndose hacia la cocina tirando de los dos niños.
— Ah… Yui —Shouta frunció el ceño al verla irse con enfado. Luego se giró hacia los demás, haciendo una sonrisa forzada de 'ya os lo dije'.
Tetsuya se levantó siguiendo a Yui. Yuki intentó detenerlo, pero él había sido más rápido. Shouta le siguió por si tenía que detener algún golpe de su mujer contra el cantante.
— Oye, no sé qué es lo que sucede contigo —dijo Tetsuya poniéndose al otro lado de la isla para estar lejos de sus puñetazos—. Pero ya te he dicho antes que esto es injusto para un niño de cuatro años que no entiende la situación.
— He dicho que te largues —respondió ella dándole la espalda. Sentía ganas de llorar, porque en realidad ellos tenían razón, pero… Yui no podía hacer como si nada hubiera sucedido. También sería injusto para Kazuki seguir encerrado en esa casa sin poder venir a esa pequeña fiesta. Bajó la mirada al suelo completamente dolorida, mientras soltaba a los niños—. No necesitamos tu ayuda en nada.
— Yui basta —Shouta se acercó a ella y le apartó un mechón de la cara—. Solo confórmate y da las gracias de que hayan pensado en tu hijo en un momento como este.
— ¿Y Kazuki? ¿Qué sucede con él? —Yui bajó la mirada—. Aunque sea injusto… también lo es por él. Y también es injusto para Asami y Mamoru que nosotros estemos celebrando algo en estos momentos, ¿verdad?
— Sí, es injusto —Tetsuya sonrió con tristeza—. ¿Te crees que no lo sé? Pero no hace falta que ellos se enteren, además… también tenemos solucionado el tema de Kazuki en estos momentos.
— ¿Cómo puedes ser tan frío? —Yui lo encaró con los ojos llorosos—. ¿Cómo puedes comportarte así?
— Yui. Mañana volveré a ver cómo están los Hattori, ¿sabes? Y seguiré esforzándome por todos los medios posibles para que ellos puedan animarse del todo —dijo él forzando su mejor sonrisa—. Me duele solo de pensar que eso le hubiera sucedido a Kyooi o a Alumi. ¡Claro que me duele! Pero para que nosotros podamos ayudarles a levantarse, debemos de intentar levantarnos a nosotros mismos —Tetsuya rodeó la isla para ponerle una mano en el hombro—. Puedes llamarme frío o insensible, pero… una persona deprimida no puede animar a las personas que han perdido mucho. Así que solo intenta animarte un poco, para mañana tener mejores energías y poder convencer a tu hermana de que aún no lo ha perdido todo.
— ¿Qué es lo que no ha perdido aún? ¿La dignidad?
— A Kazuki —respondió Tetsuya—. Ese niño es el que en realidad está sufriendo más, porque no puede entender lo que nosotros le repetimos y lo perderá si sigue en ese estado. Ahora, nosotros estamos cuidando del pequeño, pero terminará perdiéndolo si no se esfuerza para cuidarlo ella o Mamoru.
— ¿Cómo pretendes decirle eso? —preguntó Yui.
— Por el momento, solo intenta ayudarlos, ¿vale? —Tetsuya le guiñó un ojo mientras sentían la puerta que se abría—. Son ellos…
Yui salió corriendo de allí para ver a Ran y Kazuha llevando a Kazuki de sus manos. Tooichi, Tsuki, Alumi, Yuna y Kyooi corrieron a abrazarlo, seguidos por muy de cerca por Kaito y Umi, que no podían correr sin tropezarse. Yui observó a Ran y Kazuha, como animaban a Kazuki a irse a jugar con los demás niños, pero el niño parecía reacio a apartarse de ellas dos. Tetsuya, pasó por detrás de Yui dándole una pequeña palmada en la cabeza.
— También podemos darle una oportunidad al pequeño a ser feliz, aunque sea por un par de horas —susurró antes de volver a su lugar de asiento.
Yui lo observó confundida, hasta que notó la mano de Ran ponerse encima de su hombro. Ella la miró asustada. ¿Qué estaban haciendo?
— Yui, sé que no es precisamente un buen día, pero… tenemos que ayudar a Kazuki como sea —susurró ella—. No solo porque para Kotarou sea injusto, sino porque a partir de ahora, Kazuki estará solo de nuevo y esto será muy doloroso para él.
— Pero… ¿y Asami? ¿Y Mamoru? —preguntó ella—. ¿Qué pasa con ellos?
Ran sonrió ante su pregunta. Ella también había pensado mucho en eso, pero…
— Están ahora mismo con Shinichi y Heiji —respondió ella—. Estarán bien sin que Kazuki esté preguntando de nuevo por dónde está Kizuna o cuando va a volver, ¿no crees?
— ¿Por eso habéis sacado a Kazuki de allí? Yo no quiero esto —se quejó ella.
— Yui, creo que te entiendo —Ran sonrió levemente—. Todos sabemos que te hubieras sentido como si no fueras importante por nadie si hubieran hecho una celebración el día en que tu madre murió, pero… no te enfades por hacer que unos niños inocentes disfruten de un día tan triste como el de hoy.
— ¿Inocentes?
— Sí, inocentes —respondió Ran—. Ninguno de nosotros tiene la culpa de lo que ha pasado, solo esa mujer, así que no lo hagamos pagar a un pobre niño y por una noche, dejemos que ellos sonrían de nuevo.
Ran hizo su mejor sonrisa. Ella se había repetido eso en su cabeza muchas veces para convencerse de ello. Llevaba cuatro días convenciéndose de que no habían podido hacer nada más para salvarlas e intentando quitarse las culpas de encima de lo que podían haber hecho y no habían hecho. Shinichi le había dicho que aunque Asami le hubiera dado la culpa de aquello, él en ningún momento se había arrepentido de lo que había sucedido y por lo tanto, le había dicho a Ran que tampoco se echara las culpas de eso. Culparse a uno mismo realmente no valía la pena, ni tampoco preocuparse por lo que habían hecho o no. El asunto era que ya se habían ido y ahora, por mucho que pensaran en todo eso, ellas ya no estaban y no iban a volver. Era duro, claro que sí. No había noche en que Ran se durmiera en la casa de Asami con lágrimas en los ojos, pero… realmente se sentía inútil por no saber lo que hacer o como ayudarles a ellos. Si separando a Kazuki y sus padres durante una noche, hacía que Asami y Mamoru respiraran por una noche, entonces sería fantástico. Vio como Yuna y Kyooi tiraban de Kazuki hacia una pared del restaurante para ponerse a jugar con él, pero él… estaba inseguro de seguirles el juego o volver al lado de Ran para preguntar de nuevo el paradero de Kizuna. Shouta salió de la cocina con Takuma y Kotarou, que se unieron al juego rápidamente. Él se puso al lado de Ran con los brazos cruzados y apoyándose en la barra. Ran lo miró de arriba abajo, tal vez él fuera el que mejor lo llevaba esto.
— Eran buenos niños —dijo él como leyendo sus pensamientos—. Pero realmente creo que deberíamos intentar de avanzar y hacerles avanzar hacia un nuevo mañana —susurró bajando la voz el máximo, mientras Kokoro se acercaba a los niños y se disponía a perseguirles por todo el restaurante—. Si nosotros nos hundimos, ellos no podrán recuperarse.
— Lo sé —susurró Ran—. Pero no puedo dejar de sentirme triste por Kazuki.
— De nuevo solo, es triste —susurró él—. Le dije a mi hermana y dijo que iría mañana a verlos.
— Está bien, estaremos Shinichi y yo de nuevo —susurró ella.
— De acuerdo —Shouta sonrió.
De nuevo solo, ¿eh? Sí esa era una buena definición para ese niño. Los primeros cumpleaños solo con Asami y Dana, hablando otro idioma. Luego llega en Japón y tiene que acostumbrarse a la presencia de todos, junto con aprender perfectamente el japonés que Asami había intentado enseñarle y él no había aprendido. Se habían unido tanto con Kizuna… cada vez que sucedía algo, ellos eran los que se quedaban solo observando en silencio y cogidos de la mano. Pero ahora la mano que daba apoyo a Kazuki se había ido. Era algo aún más preocupante pensar en lo que sucedería con ese niño y Ran no sabía cómo hacer que hubiera un futuro mejor para él. Se había cuidado del niño en esos cuatro días, encargándose de hacerle la comida, bañarlo y darle ropa limpia, pero… ¿cuánto tiempo más aguantaría él sin hundirse por echar de menos a sus padres y a sus hermanas? Ya quedaba muy poco de ese tiempo que él estaba perdiendo. La mano del niño se cogió a la suya y ella se arrodilló para verlo.
— Quiero volver con mamá y papá —susurró él en un hilo de voz.
— ¿Por qué? —preguntó Ran—. ¿No quieres jugar con tus amigos?
— Porque es la hora en que mamá y papá van a llorar —susurró Kazuki.
Ran frunció el ceño. Solo con cuatro días, Kazuki se había aprendido unos horarios de llanto de sus padres. Eso era algo realmente impresionante por su parte.
— Pero Shinichi-ojiisan y Heiji-ojiisan están con ellos, así que no va a suceder nada malo —respondió Ran haciendo su mejor sonrisa.
El niño se cogió al jersey de ella bajando la mirada. Tal vez hubiera sido una mala idea realmente, pero… Ran tampoco sabía cómo leer los pensamientos de ese silencioso niño, que siempre necesitaba de la voz de Kizuna para hablar.
— Kazuki, si no me lo cuentas, yo no sé lo que te sucede y no puedo ayudarte —susurró.
— Quiero volver a casa con mamá —susurró él con los ojos llorosos.
— ¿Por qué?
— Quiero a mamá… —susurró él.
— Ven aquí, Kazuki —Ran lo abrazó con fuerza levantándolo del suelo. Ya los echaba de menos a todos. Ya era tarde—. Tranquilo. Mamá se va a poner bien, ¿vale? Y papá también.
— Pero yo no quiero a papá —susurró él—. Yo solo quiero a mamá y a Kizuna.
— Está bien… —Ran le acarició la cabeza—. Te propongo un trato Kazuki —él la miró. Ya había entendido esa palabra hacía tiempo y ya sabía que un trato era un intercambio de promesas que debían de cumplir—. Tú juegas un rato con los niños y te lo pasas bien y cuando volvamos a casa yo hablo con papá y mamá para que vuelvan a acunarte, ¿vale? —el niño frunció el ceño como si no la hubiera entendido—. ¿No te parece bien?
— Sí, quiero eso —respondió él afirmando con la cabeza.
— ¿Seguro? —Ran sonrió. Realmente los echaba a todos de menos.
— Sí.
— Está bien, ahora intenta disfrutar un poco, ¿vale? —Ran lo dejó al suelo de nuevo. El niño empezaba a pesar demasiado por ella—. Ve a jugar con tus amigos.
Cuando una hora más tarde, ellos salían del restaurante, Kazuki se cogía con fuerza a la mano de Ran sonriendo como hacía días que no hacía. Kazuha, que les acompañaba, miró unos segundos a Ran preguntándole con la mirada el motivo por el que el niño desprendía esa sonrisa. Ran negó con la cabeza y siguió mirando al satisfecho pequeño que por unos instantes se había olvidado de todo. Siguió pensando interiormente como explicar la situación a Mamoru y a Asami para que pudieran solucionar de una vez por todas que se hundiera del todo la familia. Cuando llegaron a la casa, Heiji les abrió la puerta con aire de cansancio. Tal y como habían planeado con Kazuha al llegar, ellos estaban peleándose con Asami y Mamoru para que comieran adecuadamente. Kazuki se abrazó a los pies de Heiji en medio de un pequeño bostezo, devolviéndole una sonrisa fugaz al moreno. Heiji cogió en brazos a Kazuki y entró a dentro, para que las dos mujeres pudieran entrar también. Pero cuando entraron en el comedor, la sonrisa de Kazuki desapareció por completo, al ver a Asami llorando en silencio de nuevo, junto a un Mamoru completamente apagado. Shinichi estaba sentado delante de ellos frotándose la frente con aire de desesperación. Ran se sentó a su lado en seguida para sonreír hacia los dos jóvenes.
— Asami, Mamoru-kun, tenemos que hablar —susurró ella mientras Kazuki se peleaba contra el moreno para que le soltara.
— Déjalo —susurró la voz ronca de Asami—. No estoy de humor…
— Precisamente por eso tenemos que hablar —respondió Ran—. Ahora mismo acabáis de perderos la sonrisa de Kazuki al llegar a casa —Asami la miró confundida. Sí, ella estaba centrada en sus pensamientos y no se había dado cuenta de eso. Heiji finalmente soltó el niño que corrió a abrazar a Asami, haciendo que la madre lo mirara aún más confundida—. Asami… sé que puede ser duro todo esto —susurró Ran observando su reacción segundo por segundo—. Pero estáis olvidando que aún tenéis a alguien muy pequeño que necesita de vosotros. Y que antes de pasárselo en grande me ha dicho que quería volver a casa porque era la hora de que mamá y papá lloraran. Mamoru-kun, creo que aún tienes que disculparte ante él por todo lo que había sucedido los días anteriores. Heiji y Shinichi nos contaron lo que habías hecho y el motivo por el que no nos habíamos visto durante dos largas semanas con vosotros para ayudaros —Mamoru escondió su cabeza entre sus rodillas, haciendo que Kazuki lo mirara indeciso de si abrazarlo o no—. Creo que Kazuki te sigue queriendo aunque no te hayas disculpado, pero no sabe qué hacer para que no te enfades con él.
— Míralo, Mamoru —susurró Kazuha arrodillándose al lado de su hijo—. Míralo por unos segundos a los ojos.
— Es doloroso así que dejadnos tranquilos —se quejó él.
— Para un niño de cinco años que no entiende el significado de una muerte aún es más doloroso, ver que sus padres ni siquiera le han abrazado por cuatro días —respondió Ran—. Kazuki es el que menos culpa tiene de lo que está sucediendo y es el único que está cargando con todo.
— Mamoru, tendremos que llevarnos a Kazuki hasta que os recuperéis como sigáis de este modo —susurró Kazuha—. Porque será la única manera de poder devolverle la sonrisa al pequeño.
— ¡No! ¡Kazuki se queda aquí con papá y mamá! —se quejó él alzando la voz—. ¡Kazuki no dejará a papá y mamá como ha hecho Kizuna!
Mamoru se estremeció y Asami sollozó al escuchar el nombre de la pequeña. Ran los entendía. Realmente lo hacía, pero tenían que solucionar esto de una vez por todas.
— Chicos, por favor, escuchad al niño —susurró Ran—. Os está pidiendo atención. Sí, Kizuna y Kira han muerto, pero miradlo. Mirad a Kazuki, aún lo tenéis a él.
— Kazuki —Asami acercó su mano temblorosa hacia la cabeza del pequeño, que la miró al escuchar su nombre de ella. El niño la miró con miedo.
— Lo habéis abandonado por cuatro días, Asami —susurró Ran—. Él os echa de menos a todos, no solo a la persona que siempre sujetaba su mano cuando algo malo sucedía.
Asami cerró los ojos mientras acariciaba con miedo el pelo del pequeño.
— Duele… duele mucho… —susurró ella dejando que sus lágrimas saltaran de nuevo.
— Claro que duele, Asami —respondió Ran intentando que su voz que estaba por llorar, aguantara hasta el final de la frase. El niño miró a su abuela notando que la mujer también iba a ponerse a llorar—. Pero debéis vivir por ello si queréis que Kazuki sobreviva y se quede con vosotros. Ni siquiera os disteis cuenta de que nos lo llevamos con Kazuha. Mamoru-kun di algo.
Mamoru no respondió, mientras se cubría la cabeza con las manos. Kazuki lo miró. Realmente no estaba entendiendo nada de lo que estaba sucediendo en esos momentos. Ran lo sabía, por la mirada perdida que estaba haciendo hacia su padre.
— Mamoru, necesitas el apoyo de Asami-chan y Kazuki, y ellos necesitan el tuyo, ¿sabes? —Kazuha suspiró mientras veía que él empezaba a temblar—. Es doloroso y va a llevar tiempo, Mamoru. Pero debéis de aprender a vivir con esto, aunque sea difícil. Aún no lo has perdido todo, ¿me oyes?
Ran miró a Kazuha con una sonrisa triste. No les estaban pidiendo que no lloraran por ello, solo les estaban llamando la atención, para que todo se solucionara en algún momento.
— Dejadme tranquilo —susurró Mamoru en un hilo de voz completamente roto. Kazuki le cogió del jersey y tiró de él para llamar su atención.
— Papá yo puedo hacer que Kizuna vuelva, ¿vale? —susurró el niño casi llorando—. Yo le diré que es una mala niña y que vuelva con nosotros.
Mamoru levantó la cabeza para mirar al niño. Estaba tan sorprendido que sus lágrimas habían dejado de salir de sus ojos. Ran bajó la mirada, iban a estallar de nuevo y esta vez por las palabras del niño.
— No puedes hacer eso Kazuki —susurró Asami apartando su mano de él—. No puedes hacerlo.
— ¿Por qué? —Kazuki la miró con los ojos llenos de lágrimas. Ran sabía que el niño no podría aguantar más, pero aún así decidió que Asami era quién debía de afrontar eso. Asami miró a Ran buscando apoyo, pero Ran solo afirmó con la cabeza para que se atreviera a decirlo—. ¿Por qué no? Kizuna es una mala niña, dejando que papá y mamá lloren cada día.
— No es eso, Kazuki —susurró Asami intentando aguantar sus ganas de llorar—. Kizuna es una buena niña, pero se ha ido muy lejos, a un lugar dónde nosotros no podemos llegar.
— Pero podemos decirle que vuelva —insistió el niño—. Y Kira también volverá, ¿verdad? Si les decimos seguro que podremos conseguirlo.
Ran notó a Shinichi que cogía su mano. Ella lo miró. No solo Ran estaba sorprendida, también Shinichi se sorprendía de que Kazuki estuviera haciendo más de una frase seguida y con tanta insistencia. Shinichi miró a Ran con la boca abierta y Ran afirmó con la cabeza sonriendo. Seguramente las cosas iban a cambiar pronto en la familia.
— Basta… —susurró Mamoru, haciendo que todos le miraran sorprendidos, incluido el pequeño—. Basta, Kazuki —Mamoru estiró sus brazos con rapidez, abrazando a Asami y a Kazuki a la vez y haciendo que el niño se quejara levemente al notar las costillas del adulto, contra su pequeña nariz—. Te lo ruego, no pronuncies más su nombre.
— Papá… —Kazuki se cogió a su jersey con fuerza. El temblor de su padre hacía que él temblara también.
— Perdóname, Kazuki —susurró Mamoru—. Toda la culpa es mía, lo siento.
— Mamoru, no es cierto —Asami le acarició la cabeza lentamente y luego también le abrazó—. Es culpa mía.
— Lo triste es que no es culpa de ninguno de nosotros —susurró Shinichi. Ran apretó su mano con fuerza para que no dijera nada más—. Por eso duele aún más su pérdida, porque nadie pudo evitar que esto sucediera por culpa de Takagawa Kikyo.
— Kudo tiene razón —susurró Heiji—. Ninguno de nosotros estaba preparado por aquello. Himitsu-kun y Tetsuya-kun no dudaron en saltar al agua para intentarlo, pero no pudimos hacer nada más. Nadie llegó a tiempo para poderlo evitar.
— Podríamos haber hecho algo más —se quejó Asami—. Si yo no me hubiera dormido.
— Estabas agotada —susurró Mamoru—. Porque Kizuna se había puesto enferma esa noche y Kira tampoco te dejó dormir. Yo podría haber dejado aquello y venir corriendo aquí.
— No, no pudiste —respondió Heiji—. Salvaste a Yuna, a Kazuki y a las profesoras de los colegios que ese hombre quería. No podías dejar a Kazuki atrás y pesa ya mucho para echar a correr con él.
— Pude haber llamado antes —susurró él.
— No. No pudiste —respondió Shinichi—. Saguru nos contó todo de camino, así que sabemos que no es culpa de nadie. Mamoru, puedo deciros por todo lo que he visto en vosotros dos, que siempre dais el máximo de vosotros mismos, sin importar lo que os suceda. Así que puedo asegurar que no pudisteis hacer nada más para remediarlo.
— Así que ahora sería mejor que comierais algo y ayudarais a Kazuki a entender lo que está sucediendo —susurró Ran—. Sé que saldréis adelante.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Kazuki y Shinichi: aventura en busca de la felicidad'.
