Hellow! Gracias a todos, sí, estoy mejor :)
0-Kisame: gracias por tu review!
Annimo2009: ponte al día jajajajaja gracias por tu review!
Usagi Toxtle: cruel? yo? jamás! porque sin sufrimiento la historia no tiene enganche (?) gracias por tu review!
RanKudoi: demuéstralo! JAJAJAJAJAJAJAJA bueno, puedo ser sinceramente cruel XDDDDDDDD hacer algo? en serio? nah, en esta temporada ya no XD solo quedan dos capítulos XDDDD gracias por tu review!
01 de Noviembre.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Kazuki y Shinichi: aventura en busca de la felicidad.
Kazuki se levantó de la cama agitado. Miró en la cama del lado, para que Kizuna le tranquilizara, pero ella no estaba allí. Siempre que Kazuki tenía una pesadilla, Kizuna se metía en su cama y le cogía la mano para tranquilizarlo, hasta que los dos se dormían de nuevo, pero… no esa vez, porque ella no estaba. Se había ido a dormir muy tarde, para no volver a soñar con aquello, pero aún así no había funcionado. Se sentía muy cansado y lleno de sueño, y en su ventana el sol estaba empezando a teñir el cielo de un púrpura un poco naranja. Salió de la cama, acordándose de que debía de abrigarse, por lo que iba a hacer. Hizo su cama tirando de las sábanas hacia la almohada y poniendo la almohada por encima. Observó algunas arrugas que intentó aplanar, pero… no se iban. Sonrió satisfecho de haberse convertido en un niño mayor. Luego se fue al armario y sacó ropa limpia. Se cambió con pequeños escalofríos que recorrían su espalda del frío. Luego, cogió su abrigo para ponérselo encima, tal vez luego no lo necesitara, pero… por ahora hacía suficiente frío. Cogió su mochila y la vació toda encima del escritorio. Uno de los peluches de Kizuna salió de ella. Kazuki lo cogió con sus dos pequeñas manos y se lo puso entre el abrigo y su cuerpo, para que no cogiera frío. Se ató bien el abrigo para que no cayera y entonces cogió la mochila vacía. Buscó en su habitación por cosas indispensables, pero recordaba que nada de lo que había allí lo era. Luego se fue al baño y cogió tiritas por si se hacía daño. Lo que seguía era la cocina: barritas que Ran le había dejado para que comiera, si su madre no tenía energías para cocinar, y botellitas de agua para no tener sed. Las puso en la mochila y la cerró. Cuando iba a ponerse la mochila en su espalda, esta pesaba tanto, que Kazuki terminó sentado al suelo. Se la quitó y la miró con odio. ¿La mochila no lo dejaría salir? Pues él lo haría, fuera como fuera. Recordó entonces que Shinichi le había dicho una vez, que se vaciaba el peso del agua si se bebía de ella. Pero entonces tendría que ir al baño para vaciarla, y no podía tener tanto tiempo. Así que dejó solo una botellita de agua en la mochila y entonces pudo ponerla en su espalda.
Recordó antes de salir, que Kizuna le había dicho que siempre tenían que decirle a papá y mamá dónde estaban. Así que se fue a su habitación a por una libreta del colegio y la dejó abierta encima de la mesa del comedor para escribir encima.
— Pa… pá y… ma…má
Se acordó entonces de que no quería despertarlos, así que empezó a escribir en silencio: 'He ido a buscar a Kizuna. Me he abrigado y tengo comida, agua y tiritas. Volveré pronto. Kazuki'. Encontrar las palabras exactas para escribirlas, había sido difícil, pero él había conseguido recordar cómo se escribían esas letras y había conseguido escribir con la mejor precisión posible. Se guardó el bolígrafo en el bolsillo, por si lo necesitaba en algún momento. Y cogió la fotografía de Kizuna y Kira que había encima de la mesa. Todo listo para salir.
Abrió la puerta con esfuerzo para llegar al pestillo e intentando no hacer nada de ruido. Salió por la puerta cerrándola, olvidando el cerrojo por completo. Recordando todo lo que sus padres siempre le decían 'no corras', 'no saltes tanto', 'cuidado no te hagas daño', 'vigila los coches', 'siempre mira antes de cruzar'… el chico fue andando solo por las calles, cuando aún ni siquiera había salido el sol. Se abrazó al pequeño osito que aún llevaba en su chaqueta para darse calor, porque sentía que su cara se estaba enfriando. Hasta que recordó que la chaqueta que llevaba tenía una capucha y se la puso. Ninguna calle le recordaba al lugar en dónde habían visto a Kizuna y a Kira por última vez, pero él siguió andando. Debía de esforzarse para poder ayudarse a sí mismo y a su familia.
.
Cuando Mamoru despertó dos horas más tarde, sentía demasiado frío. ¿Habrían olvidado alguna ventana abierta? Miró a su lado. Asami estaba encogida y temblaba entre sollozos. Le acarició la cabeza levemente y ella lo miró con cansancio.
— Está bien, Asami… tenemos que ayudar a Kazuki —Mamoru suspiró—. Dijimos que lo haríamos hoy.
— Mi pequeño —Asami afirmó con la cabeza lentamente. No tenía ganas ni de ponerse en pie, pero aún así tenían que hacer su mejor esfuerzo. Aunque Kizuna y Kira hubieran muerto, aún les quedaba Kazuki y no podían abandonarlo.
— Vamos a vestirnos y a preparar algo para comer y entonces vamos a despertarlo, ¿vale? —Mamoru sonrió y Asami volvió a afirmar con la cabeza.
— Estoy cansada —susurró ella.
— Lo sé —Mamoru apoyó su frente en la de ella—. Pero tenemos que esforzarnos por Kazuki, ¿vale?
Asami se levantó tambaleándose. Casi no había dormido, mientras seguía llorando por toda la noche. Aquello era demasiado para ella. Cogió ropa del armario. Cualquier cosa valdría la pena, no tenía ganas de fijarse en algo que quedara bien o que estuviera en buen estado. Terminó cogiendo toda su ropa negra que tenía. Era lo que le sentaba bien en unos días tan tristes. A su lado, Mamoru cogió unos tejanos y un jersey también negro. Parecía que ninguno de los dos quería discutir al otro, el motivo por el que ayudar a Kazuki significaba vestirse conforme su estado de ánimo y no fijarse en lo que los colores podrían hacer en él.
Cuando salieron de la habitación, Mamoru observó la puerta abierta. Él estaba convencido de que la había cerrado cuando su padre se había ido. ¿Entonces? Se acercó a la puerta y la cerró, observando que los zapatos del pequeño habían desaparecido de la entrada.
— Asami, ¿has cogido tú los zapatos de Kazuki? —preguntó al verla entrar en la cocina.
— No, para nada —respondió ella en un susurro muy suave.
Mamoru fue corriendo hacia la habitación del niño, ¿podría ser que hubiera salido a jugar solo? En cuanto llegó a su habitación estaba vacía, con la cama hecha. ¿Cuánto tiempo llevaba el niño fuera? Había dejado su pijama al suelo.
— ¿Kazuki? —miró por toda la habitación. Ni rastro—. ¡¿Kazuki?! —salió de allí llamándolo y alertando a Asami.
— ¿Qué ocurre? —preguntó ella.
— No está —respondió él—. La puerta estaba abierta y sus zapatos tampoco están… ¡¿Kazuki?! —Mamoru salió precipitadamente a fuera, sin ni siquiera calzarse—. ¡¿Kazuki?! —dio la vuelta por todo el jardín, tal vez solo estaba jugando al patio. Asami lo siguió asustada—. ¡¿KAZUKI?!
Después de dar la vuelta, decidió mirar antes por dentro de toda la casa. ¿Tal vez solo estuviera jugando al escondite? Entró a dentro buscando por todos sitios mientras lo llamaba. ¿Por qué no respondía? ¿Por qué no lo encontraba? ¿Por qué Asami se había quedado mirando en la mesa? ¿De nuevo viendo la foto de Kizuna, cogiendo en brazos a Kira? No. La foto no estaba ahí, en su lugar había una libreta de los niños. ¿Por qué había esa libreta en la mesa? Se acercó para leer la letra desordenada y poco cuidada de Kazuki. Observó atentamente lo que decía. Se dejó caer al suelo. ¿Qué significaba que había ido a buscar a Kizuna? ¿Él entendía lo que eso significaba? No, tan solo era un niño. Kazuki tan solo estaba persiguiendo un fantasma… por siempre jamás.
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— Hola, pequeño, ¿te has perdido? —preguntó una mujer al verlo acercarse a su jardín. Él negó con la cabeza. Jamás se había acostumbrado a hablar con desconocidos, pero tenía que hacer su mejor esfuerzo si quería encontrar a su hermana—. Entonces, ¿qué haces por aquí?
— Es-es-estoy buscando a Kizuna —él levantó la fotografía por encima de su cabeza, mientras tartamudeaba—. ¿Us-us-us-usted la ha visto?
— No querido, no la he visto —la mujer observó la fotografía con el ceño fruncido. Una niña de su edad—. ¿Quién es? ¿Cuántos años tiene?
— O-o-o-oneechan… —respondió él con la mirada al suelo—. Tiene cinco años.
— Vaya, ¿y has ido tu solo a buscarla? —preguntó la mujer sonriendo. El niño afirmó con la cabeza lentamente—. ¿Cuántos años tienes tú, pequeño? —él levantó su mano completamente abierta. ¿Pequeño? ¿Quién era pequeño? Él tenía que ser mucho más grande si quería encontrar a Kizuna—. ¿Sois hermanos gemelos? —él afirmó de nuevo con la cabeza—. ¿Y dónde están tus padres?
Él se puso nervioso. Observó por todos lados, por si los veía, pero cuando vio que no estaban se acercó a la mujer para hablarle en susurros.
— Papá y mamá están durmiendo en casa —respondió él sonriendo—. Pero Kazuki quiere ir a buscar a Kizuna, para que ellos no lloren más y que alguien juegue con Kazuki.
La mujer lo miró asustada. ¿Qué palabras eran esas, para un niño de cinco años?
— ¿Dónde está Oneechan entonces? —preguntó la mujer mirándolo con tristeza.
— Ran-obaasan dijo que estaba en un lugar mejor, pe-pero yo no lo creo —respondió Kazuki haciendo su mejor sonrisa hacia la señora—. Porque Kizuna no quería estar tantos días alejada de nosotros —añadió. La mujer bajó la mirada triste al suelo—. Lo siento.
— ¿Por qué?
— Kizuna es quien sabe hablar con la gente —susurró él—. Por eso ahora todos se ponen tristes porque Kazuki tiene que hablar más.
— No, querido, no es eso —susurró la mujer sonriendo—. Siento tristeza por Kizuna, ¿sabes? —ella le acarició la cabeza, mientras la barriga de Kazuki rugía con fuerza—. Oh, vaya, ¿tienes hambre?
— Kazuki tiene las barritas que Ran-obaasan le ha dejado —él dejó la mochila al suelo y la abrió para mostrarle todo lo que llevaba a dentro.
— Vaya, estás preparado —ella sonrió mirando a fuera del patio por si había alguien que pudiera verlos—. ¿Quieres entrar en la casa? Te prepararé algo caliente para que no cojas más frío. También puedes comer.
Él negó con la cabeza.
— Kazuki tiene que apresurarse a llegar al mar para encontrar a Kizuna —dijo él sonriendo—. Antes de que mamá y papá despierten.
— Entonces —la señora sonrió hacia él—. Toma esto —ella entró unos segundos en la casa y salió de ella con un dulce para darle—. Te hará sentir mejor.
— Gracias, Obaasan —Kazuki se colocó la mochila en la espalda de nuevo y cogió el caramelo para ponérselo en la boca. Luego levantó su mano hacia la señora para despedirse de ella—. ¡Adiós!
— ¡Espero que la encuentres pronto! —gritó la mujer forzando su mejor sonrisa. Esperó a que el niño hubiera girado la esquina, para volver a dentro de la casa. Cogió las llaves y un jersey, para perseguir a Kazuki.
Kazuki siguió su camino con tranquilidad. La verdad era que estaba agotado, pero él podría encontrar a Kizuna en seguida y entonces le haría llevar a ella la mochila, como castigo. A medio camino, escuchando a un pájaro cantar, empezó a tararear una de las canciones que cantaban en el colegio. Se detuvo unos segundos a pensar. ¿Por qué no había ido al colegio esos días? ¿Eran días de fiesta? Se encogió de hombros y siguió su camino, hasta que el olor de más comida lo llevó a otro jardín. Un perro salió de la nada ladrando con fuerza hacia él. Kazuki se quedó sentado al suelo. El perro era mucho más grande que él y parecía enojado. En esos momentos sentía realmente miedo. El perro dejó de ladrar para enseñarle sus dientes mientras gruñía. Kazuki debía de calmar al perro y así poder salir, pero estaba aterrado. Intentó ponerse en pie, pero el perro ladró de nuevo con fuerza asustándolo. No parecía que se acercaría más a él, así que Kazuki alargó la mano hacia él para intentar tocarle el hocico. Había visto muchas veces a su madre tranquilizar perros así. El perro volvió a ladrar con fuerza y parecía que quería morderle la mano. Sollozó intentando calmar su miedo, pero no podía escapar de allí. Notó en su bolsillo, que el bolígrafo se clavaba en su cadera. Entonces, intentando imitar lo que había visto en una película, sacó el bolígrafo y lo movió delante del perro. El perro dejó de gruñir y observó con atención lo que el niño estaba haciendo. Kazuki se levantó y tiró el bolígrafo, para salir de allí corriendo. Se apoyó en la pared de la casa, creyendo que ya estaba a salvo, pero los ladridos del perro le hicieron asustarse y echar a correr más lejos aún. Se detuvo cuando creyó que ya estaba seguro y se quitó la mochila para sacar las barritas. No ensuciar la calle. No desperdiciar comida. Entre barritas y agua siguió el camino hacia lo que él creía que era correcto. Hasta que la botella y los plásticos se habían acabado, pero él seguía teniendo hambre. Después de tirar las cosas en una papelera, cruzó la calle corriendo y sintió el olor de más comida, que le atraía nuevamente.
La mujer sabía que pronto ese hombre pasaría por allí con la bicicleta. Tal y como ella había predicho, el hombre que todos llamaban Omawari-san en el barrio, no tardó a aparecer a lo lejos. Ella corrió hacia él observando de nuevo su traje de policía, siempre tan limpio y planchado.
— ¡Ken-kun! —le gritó para que se detuviera antes de que pasara de largo sin escucharla.
El hombre detuvo su bicicleta y la observó.
— Ah, Fujiwara-san, buenos días —dijo el hombre con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Qué tal está su espalda hoy?
— No hagas caso a mi espalda, tienes que venir inmediatamente —respondió ella corriendo de nuevo hacia Kazuki.
El hombre bajó de la bicicleta y la siguió preocupado.
— ¿Qué ocurre?
— Pequeño —la mujer tiró de él antes de que entrara en una casa ajena, atraído por el olor de comida—. Mira, este hombre de aquí puede ayudarte a encontrar a tu hermana.
— ¡¿Eh?! —Kazuki observó al hombre con atención—. ¿Es usted policía?
— Sí, lo soy —respondió él sonriendo.
— Pero papá y Heiji-ojiisan y Shinichi-ojiisan también son policías y no han podido encontrar a Kizuna —respondió él mirando a la mujer—. No creo que él pueda encontrarla.
— ¿Qué sucede, Fujiwara-san? —preguntó el hombre.
— Este niño ha escapado de su casa —respondió la mujer acercándose a él para que el niño no pudiera escucharlos—. Está buscando a su hermana muerta.
— Oh, vaya… —el hombre se arrodilló delante de él—. ¿Estás buscando a Kizuna, entonces?
— Sí, Kizuna —respondió él mostrando la foto de la niña.
— ¿Y este peluche de aquí? —preguntó el hombre—. ¿Es tu amigo?
— No, es el peluche de Kizuna —respondió él sonriendo—. Kizuna tiene muchos peluches y el osito que mamá le regaló siempre está con ella. Pero se dejó el perrito —respondió Kazuki—. Kizuna seguro se siente sola sin ellos.
— ¿Quieres mucho a tu hermana? —preguntó el policía. Kazuki afirmó satisfecho con la cabeza. Sin darse cuenta estaba hablando con ellos sin avergonzarse ni tartamudear—. ¿Cómo te llamas entonces?
— Kazuki —respondió él.
— Y tú apellido, ¿cuál es? —dijo el hombre.
— Hattori, Hattori Kazuki —respondió el niño.
— ¿Tus papás también están buscando a Kizuna? —preguntó él.
— Papá y mamá están durmiendo —respondió él satisfecho.
— ¿No les has despertado? —preguntó el policía.
— No. Kazuki no ha hecho ruido para no despertarlos —respondió sonriendo—. Porque no hubieran dejado que fuera a buscar a Kizuna.
— Entonces, ¿nadie sabe qué estás aquí? —preguntó el policía.
— Les dejé una nota a papá y mamá para decirles —Kazuki no podía estar más orgulloso de lo que había hecho esa mañana.
— Kazuki-kun, no deberías de andar solo por las calles, ¿sabes? —preguntó el hombre—. Podrías encontrarte con alguien malo.
— Pero tengo que encontrar a Kizuna —se quejó él.
— Dime, ¿cómo se llaman tu papá y tu mamá?
— ¿Les va a avisar? —preguntó él frunciendo sus morros. El policía miró a la mujer unos segundos. Ese niño era más inteligente de lo que parecía.
— No, no es eso —el hombre sonrió—. Eso también se dice a veces cuando conoces a alguien, ¿sabes? Mira… —el hombre sacó su teléfono móvil y le mostró una fotografía—. Esta es mi familia. Se llaman Hatsune y Kiseki. Y ellos son mis papás —pasó otra foto—. Se llaman Yuu y Mika.
Kazuki lo miró con desconfianza pero luego volvió a mirar la fotografía y sonrió.
— Mamoru y Asami —Kazuki sonrió—. Señor, ¿me va a ayudar a buscar a Kizuna?
— Claro —el hombre sonrió hacia la vecina Fujiwara—. Yo me llamo Ken —respondió el hombre—. Pero, ¿quieres comer algo antes?
— Tengo comida en la mochila, pero estoy esperando a encontrar a Kizuna primero —respondió él. El policía sabía que mentía. Kazuki no parecía estar esperando a nada, simplemente no le gustaba que los desconocidos le invitaran a comer—. Porque Kizuna tiene que tener hambre.
— Bueno, entonces —el hombre miró el reloj unos segundos—. Oh, vaya, me dejé mi bicicleta allí. En seguida vengo y vamos a buscarla, ¿vale? ¿Te quedas un segundo con Fujiwara-san, Kazuki-kun? —él afirmó con la cabeza mientras sonreía satisfecho. El hombre se alejó hacia la esquina. Suerte que había dejado la bicicleta apoyada en la pared. Llamó a la comisaría de policía rápidamente mientras andaba, y asegurándose de que el niño no podía verlo—. Sí, doy aviso de un niño perdido —respondió el hombre cuando alguien respondió al otro lado—. Se llama Hattori Kazuki y su padre es policía, se llama Hattori Mamoru.
— En seguida doy el aviso —respondió la voz del otro lado.
— Gracias.
— ¿A dónde les digo que vayan a buscarlo? —preguntó.
Cuando Kazuki llegó al parque, acompañado del policía que arrastraba su bicicleta se detuvo y se sentó al suelo. El policía lo observó detenidamente, parecía realmente cansado.
— Oye, si te sientas aquí, la gente podría hacerte daño, Kazuki.
El niño se giró para ver a Shinichi arrodillándose delante de él.
— Kudo-senpai —el policía lo miró.
— ¿Se puede saber por qué te vas dejando una nota? —Shinichi puso un dedo en la frente del niño—. ¿Sabes cuánto nos has preocupado a todos?
— ¿Preocupado? —Kazuki lo miró confundido—. Pero lo he dicho, ¿no? No lo entiendo…
Shinichi lo abrazó.
— Estás helado, Kazuki.
— Tengo la nariz fría —se rio él—. Pero me he abrigado.
— Kazuki, ¿por qué quieres buscar a Kizuna? —Shinichi lo miró tristemente.
— Porque todos hacéis esa cara por su culpa —Kazuki bajó la mirada al suelo—. Mamá y papá no paran de llorar por Kizuna y por Kira y yo quiero volver a jugar con ella. No puede haberse ido a otro sitio y olvidarse de nosotros, porque ella siempre ha tenido miedo de ser abandonada. Por eso está esperando a que nosotros la vayamos a buscar.
— Aún con cinco años, no puedes entender lo que es la muerte, Kazuki, pero piensas las cosas demasiado —Shinichi forzó su mejor sonrisa, que parecía aliviar un poco al pequeño—. Vamos, dale las gracias al señor policía.
— ¡¿Eh?! Pero aún no hemos encontrado a Kizuna.
— Se le tiene que dar las gracias igualmente —respondió Shinichi—. Si pides las cosas por favor, poca gente te negará algo, Kazuki, pero luego, aunque te digan que no o consigas o no tu objetivo, tienes que dar las gracias. Así serás un buen chico.
— Gracias, Ken-kun —Kazuki sonrió hacia él.
— Ha sido un placer, Kazuki-kun —el policía hizo una pequeña reverencia—. Me alegra haber podido ser de ayuda.
— Gracias —Shinichi sonrió—. La verdad es que estábamos a punto de dar aviso.
— Sé que no es de mi incumbencia, pero —el policía giró la bicicleta para volver a patrullar a su barrio—, creo que deberíais de buscar ayuda a este pequeño.
— Sus padres están deshechos, así que es normal que se comporte así. Nosotros hemos estado ocupados en arreglarlo todo y no hemos prestado demasiada atención al pobre —Shinichi le acarició la cabeza—. Seguro lo haremos, para que todo vaya bien.
— Hasta otra, Kudo-senpai —el hombre se subió a la bicicleta y se alejó de allí.
— ¿A dónde va ahora Ken-kun? —preguntó Kazuki.
— Se dice Ken-san —respondió Shinichi suspirando. Ese pequeño nunca había entendido que los sufijos no eran parte del nombre de la persona. Pocas veces dejaba que alguien le dijera Kazuki-kun, porque su nombre siempre era Kazuki.
— Pero Fujiwara-san le dijo Ken-kun —dijo él.
— ¿Quién es Fujiwara-san? —preguntó Shinichi cogiéndolo en brazos.
— Fujiwara-san, una mujer del barrio —respondió Kazuki señalando hacia el lugar en dónde la había visto la última vez.
— Oh —Shinichi sonrió—. ¿Se ha llevado bien contigo?
— Quería darme de comer, pero le dije que no —respondió Kazuki sonriendo.
— Oh, buen chico, buen chico.
— Así que me dio esto —Kazuki le mostró el caramelo de su bolsillo.
Shinichi arqueó una ceja y lo miró.
— ¿Qué pasa contigo?
— ¿Qué? —Kazuki lo miró confundido.
— Nada, no importa —Shinichi rodó los ojos y luego lo vio bostezando.
— ¿Estás cansado, Kazuki? —preguntó Shinichi.
— Un poco —respondió él.
Shinichi se sentó en un banco y lo dejó sentado en él.
— ¿Me esperas aquí? Voy allí a buscar algo para comer los dos, ¿te parece? —preguntó Shinichi sonriendo.
— ¿Takoyaki? —preguntó él sonriendo.
— Pero si jamás te ha gustado el pulo —dijo Shinichi con una ceja arqueada.
— Sí me gusta —respondió él con los morros fruncidos haciendo pucheros.
— ¿Takoyaki? ¿Seguro que no quieres otra cosa? Creo que hay peces.
— No —respondió el niño cruzando sus brazos.
— Espera aquí, ¿vale? Luego iremos a buscar a Kizuna —Shinichi sonrió hacia él.
— Kizuna… Kizuna… Kizuna… Kizuna… —el niño iba cantando mientras veía a Shinichi acercarse a la tienda.
— Ran lo he encontrado —informó cuando escuchó al otro lado de su auricular que alguien descolgaba. Estaba escondiendo el teléfono con su cuerpo, para no alertar al pequeño—. Él está bien, pero está encaprichado en ir a buscar a Kizuna.
— Gracias a Dios.
— Lo llevaré un rato en la comisaría para ver si se distrae un poco —susurró Shinichi—. Tenemos que intentar ayudarlo, pero se me están terminando las ideas para hacerle olvidarse de Kizuna y de Kira.
— Está bien, Shinichi, en seguida le cuento a Asami —Ran suspiró.
— Lo traigo luego a casa, ¿vale?
— Sí, gracias.
Después de colgar, Shinichi miró detrás de sí. Kazuki seguía sentado en el banco, moviendo los pies con nerviosismo. Parecía no querer dormirse. Después de comprar, se sentó a su lado y abrió la pequeña cajita al medio. Kazuki miró el contenido y Shinichi se rio.
— ¿No dijiste que te gustaba? ¿Por qué no comes?
— Porque, ahora no tengo hambre —mintió él desviando la mirada y cruzando sus pequeños brazos. La barriga de Kazuki volvió a rugir con fuerza.
— ¿No tienes hambre?
— No. Va-vamos a guardarlo y se lo damos a Kizuna luego, ¿vale? —Kazuki sonrió.
Shinichi cogió una bolita y se la comió.
— Pero cuando encontremos a Kizuna estará frío y no le gustará, podemos comprar otro para entonces, ¿te parece? —Shinichi sonrió hacia él—. Sería bueno que comieras, Kazuki. Creo que esta semana te has estado alimentando de barritas energéticas.
— No son energéticas —se quejó él—. Ran-obaasan dijo que no tenían de eso.
— ¿Y de qué eran?
— Cereales y chocolate —sonrió el pequeño cogiendo una bolita con los dedos y comiendo de ella.
— Kazuki, ¿por qué no quieres dormir? —Shinichi lo miró preocupado de nuevo.
— Porque cada vez tengo el mismo sueño.
— ¿Pesadilla? —preguntó Shinichi.
— El barco hacía 'kaboom' y se hundía en el mar —Kazuki observó a Shinichi después de afirmar con la cabeza y comerse un trocito de la bolita—. Pero mi sueño es extraño, porque Kizuna sacaba la cabeza a lo lejos. Así que sé que puedo encontrar a Kizuna si voy al mar.
— Kazuki, has estado caminando todo el rato en dirección contraria al mar —informó Shinichi negando con la cabeza—. Y tampoco encontrarás a Kizuna, porque no creo que haya aguantado toda una semana nadando.
— Kizuna es buena nadando —respondió Kazuki convencido.
— Lo sé —Shinichi sonrió—. Muy buena. Pero, ¿sabes? Kizuna está demasiado lejos ya.
— ¿Cuánto de lejos? —preguntó Kazuki interesado.
Shinichi señaló hacia el cielo. Después de todo lo que habían intentado, solo les quedaba confiar en la religión y darle esperanzas al pequeño.
— Ahí.
Heiji se sentó al otro lado de Kazuki con cansancio.
— ¿Uh? —Kazuki miró al cielo y luego volvió a mirarlo—. ¿Entonces si me subo al árbol podré encontrarla?
Heiji se rio llamando la atención del pequeño.
— Ni con un árbol ni con un rascacielos podrías llegar al cielo, Kazuki —Heiji le removió el pelo con fuerza—. Kizuna está volando muy lejos.
— ¿Volando?
— Cómo un pájaro —respondió Shinichi.
— ¿Tiene alas? —Kazuki lo miró completamente confundido—. ¿Cómo cuando las heridas de Kazuki se curan rápido?
Heiji y Shinichi se miraron y los dos suspiraron afirmando con la cabeza.
— Algo parecido —dijo Heiji.
— Por eso no podrás verla —añadió Shinichi—. Porque ella está encima de las nubes y allí nadie puede llegar.
— ¿Y cómo llegó ella ahí? —Kazuki miró al hombre. Estaba desconcertado ya.
— Pues, cuando te salgan alas le preguntas tu mismo, ¿vale? —Heiji le guiñó un ojo y Shinichi golpeó al moreno—. ¿Qué?
— ¿Crees que eso es algo para decirle a un niño? —preguntó Shinichi.
— Él no entiende los significados escondidos, así que olvídalo —Heiji lo fulminó con la mirada.
— Cuando crezca los entenderá —añadió Shinichi.
— ¿Por qué parece como si me estuvieras riñendo? —se quejó el moreno.
— ¿Por qué peleáis? —preguntó Kazuki mientras seguía comiendo las pequeñas bolas de pulpo.
— ¿Desde cuándo te gusta esto? —Heiji lo miró confundido.
— Desde que le gusta a Kizuna —Shinichi suspiró.
— Ahá, así que ahora, ¿vas a odiar las mandarinas? —Heiji sonrió.
— Las mandarinas son malas —respondió él sin ni siquiera mirarlo.
Shinichi y Heiji se miraron, para luego echarse a reír. Realmente era un buen niño.
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Al final del día, cuando Shinichi llevó al niño en su espalda a casa de nuevo, él se había dormido por completo. La verdad era que Shinichi se sentía igual que Kazuki. Él si hubiera podido estar allí antes, hubiera saltado al agua intentando llegar hacia esa lancha. Pero no, él no había podido llegar a tiempo allí. En parte se sentía culpable de no haber estado allí. Si hubieran sabido lo que iba a suceder. Todos sentían lo mismo. Por unas niñas tan pequeñas, hubieran hecho lo que fuera para salvarlas. Él también soñaba con salvarlas.
Cuando Shinichi llegó a la casa, supo en seguida que las cosas habían cambiado. Asami y Mamoru estaban en la verja del jardín, esperando por su llegada con impaciencia. Al verlos, los dos corrieron hacia él ansiosos por saber lo que había sucedido. Shinichi se giró de espaldas a ellos, para que Mamoru pudiera coger al niño en sus brazos.
— Papá… —susurró Kazuki con los ojos cerrados, al notar el olor de él.
Mamoru sonrió tristemente mientras notaba que sus pequeñas manos se cogían a su jersey. Asami acarició la mejilla del pequeño con mucha suavidad para no despertarlo.
— Sé que no soy bueno para decir, puesto que todos mis hijos han sido unos mimados y consentidos, pero no lo miméis mucho ahora —Shinichi les guiñó un ojo—. Ah, por cierto, tu abuela dice que vayáis en su casa unos días.
Asami lo miró y sonrió.
— Aceptaremos con gusto —respondió ella—. Y no te lo creas. Kazuki será el más mimado de todos.
— Ah, eso me temía —Shinichi se removió el pelo con desacuerdo—. No olvidéis que no estáis solos, ¿vale?
— Sí, gracias —susurró Asami viendo como él se giraba y se iba de allí.
Shinichi se puso las manos en los bolsillos mientras andaba lentamente hacia su casa. Justo cuando llegó en la esquina de la calle, se giró para ver a la familia. Estaban entrando dentro del patio de la casa con una sonrisa triste en sus rostros. Estarían bien. Todo iba a salir bien. Realmente Kazuki se convertiría en el niño más mimado de todos, pero si podía olvidarse de sus dos hermanas, tal vez consiguieran que creciera fuerte y realmente feliz. Nadie podría quitarle los sueños a su nieto, ni nadie podría ya arrebatarle a su familia, porque por la mañana Asami y Mamoru iban a rehacer sus vidas por completo. Cogérselo con calma sería la primera opción, luego, intentar olvidar todo. Sí, ellos conseguirían que eso sucediera. Shinichi rehízo su camino hacia su casa en un suspiro. Sería un largo camino desde sus cuarenta y siete años.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Epílogo. Por la felicidad de todos: Mamoru y Asami'.
