Disclaimer: Nada mío, solo trama y algunos personajes bastardos.
Advertencia: M por temas maduros, lenguaje fuerte y violencia. Ah, y UA como OoC.
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.-.-. Little Bird .-.-.
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Cambio
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No siento mis extremidades, no puedo mover ni un solo dedo y ni siquiera sé cuál sea la causa de ello, sí por culpa del frío que se cuela por los orificios de las húmedas paredes o por los golpes que recibí de mi último cliente, no podía afirmarlo, lo único que tenía por cierto es que no podía moverme sin sentir fatiga. Había pasado horas, quizás días, sintiendo la molestia en todos mis músculos como si mil agujas fueran enterradas en la piel para inmovilizarme. Pero lo más deprimente era que no moriría así, tenía que estar viva… aún le era útil al dueño…
Algunas mujeres cuentan el tiempo que llevan encerradas en este lugar, otras muchas cuentan los hombres que las violan al día y las que quedan perdimos la cuenta cuando descubrimos que los números realmente no tenían ningún significado. ¿Por qué tener un registro de las veces que alguien metió cualquier cosa entre tus piernas? Hacerlo no disminuirá el martirio.
Como ahora, tener en mente las veces que un hombre me obligó a ponerme en posiciones humillantes no me ayudarán a olvidar la horrible sensación que tenía en la garganta por falta de agua. Moría de sed pero no podía pedir ya que el dueño me golpearía sí lo hiciera. Estaba castigada porque mi último comprador había quedado insatisfecho con mis servicios. Al parecer ya no era lo suficientemente atractiva para los hombres, había perdido mi encanto.
O eso creí hasta que la puerta del sótano se abrió. Otro más, pensé mientras observaba a la dirección sin prestar atención a como era el sujeto. No me importaba, sus rostros eran iguales para mí, todo aquel que entrara para montarme lo era. Pero nuevamente me equivoqué cuando la luz se encendió y vi al que sería mi acompañante por la próxima hora.
Mi ritmo cardíaco aumentó frenéticamente cuando observé tu distinguida sonrisa tan falsa que escondía al verdadero monstruo. No creía que volvería a verte, aún me dolía el último encuentro que habíamos tenido y el cual, sin duda, había sido el más horrible de todos.
—Hola, pajarito—susurraste con malicia—, ¿me extrañaste?
Aterrada, desvié mi vista de tu penetrante mirada para descubrir que detrás de ti se encontraba mi dueño, pero por la expresión que tenía él en el rostro me hizo comprender que todo iría a peor. Jamás lo había visto tan complacido, su malvada sonrisa comenzó a perturbarme.
—Escúchame, sucia ramera—comentó el dueño que caminaba hacia nosotros—, esta vez han pagado mucho más de lo que cuestas, deberías agradecérselo.
Tenerte como cliente era el peor de los tormentos. No solo era tortura física a la que me inducías, sino que también gozabas de jugar con mi mente como la primera vez que te conocí. El dulce trato que me hiciste creer que me darías era poco comparado a la enfermiza obsesión que tenías conmigo. No sabía que era peor, si cuando lastimabas mi cuerpo o cuando al finalizar tus sádicas fantasías me tocabas con delicadeza y me hablabas con ternura, como si realmente estuvieras arrepentido de haberme maltratado. Luego te mofabas de mí cuando me dejaba llevar por las evidentes mentiras que me decías. Y es que no importaba que supiera que todo era un simple juego para ti… por muy obvias que fueran las farsas… esas farsas eran las únicas veces en las que podía pretender que alguien me quería.
Era sumamente patético que me gustaran esos pequeños y engañosos momentos de cariño. Y por eso te odiaba, te temía…
Me miraste con deseo, eran raras las veces en las que alguien me veía así. Solías decirme que eras el único que comprendía mi verdadero valor, que cualquier otro solo me veía como un mero depósito donde correrse. Un simple saco de carne con agujeros donde meter una verga... pero me asegurabas que tú eras distinto y que yo era tu pequeño pajarito.
"Eres mía, Burbuja, no importa cuántos te follen, escupan o golpeen… Nadie podrá borrar las cicatrices que te he dejado porque soy el hombre que más odias en toda tu asquerosa vida. Eres mía. Serás solo mía."
Y ahora, volvías a estar frente a mí con esa expresión perversa mientras que el dueño me obligaba a ponerme de pie para luego empujarme y romper con la poca distancia que tenía contigo.
Agradecía que solo serían unas horas y luego no tendría que mirarte hasta dentro de otro tiempo. Tenía el consuelo de que te irías, como siempre. Pero ya antes me lo habías dicho… antes, cuando me cogías por detrás, desgarrándome el culo como sé que tanto te excitaba… y me dejaste en claro que nunca, nunca sería suficiente para ti un par de horas o una noche entera.
No sé porque no lo vi venir. Era lógico que terminarías comprándome pero no para un tiempo limitado y me lo hiciste saber cuándo me tomaste el brazo y me obligaste a seguirte hacía la superficie. Estaba tan conmocionada que no me di cuenta cuando me amarraste una soga en las muñecas y me jalaste con ella para que no dejara de caminar.
La luz me cegó por completo, había pasado mucho desde la última vez que logré ir al exterior que casi me desmayo por tan fuerte conmoción, pero por la misma brusquedad con la que tirabas la cuerda me era imposible caer desvanecida en el suelo.
Entonces entendí todo, habías cumplido tus palabras. Ya era tuya. Había sido vendida por tiempo indefinido.
Ahora tenía un nuevo dueño.
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Sinceras gracias a Cecick C. Iugetsoiru y Arctic-Days por sus reviews al capítulo anterior.
