Disclaimer: Debido a que es un fanfic, lo único que me pertenece es la trama.
Advertencia: UA, OoC y raiting M por contenido maduro explicito.
.
.-.-. Little Bird .-.-.
.
Depravación
.
Había aprendido a detestar tres cosas en mi vida: Tú, yo… y las mentiras.
—Di que me amas—demandaste sin dejar de penetrarme con rudeza— ¡Dilo!
Ignoré tu pedido. No quería decir cosas que no eran ciertas. No era como tú aunque así lo creyeras y me obligaras a ver las cosas de la misma forma. Por más que me trataras de convencer de que ambos compartíamos tanto, yo tenía muy en cuenta que en realidad éramos tan diferentes. Completamente diferentes. O eso era lo que yo quería creer. ¿A quién le agradaría ser como tú?
Como no escuchabas de mí lo que tanto anhelabas oír me mordiste el hombro con un salvajismo que provocó que gritara sonoramente. Aun así no dejamos de mover nuestras caderas, tú para no dejar de sentir como mi coño te apretaba con insistencia, y yo para evitar que volvieras a morderme. Pero mi obediencia no logró mantenerte contento, volviste a exigirme lo que tanto evitaba decir.
— ¡Perra ingrata!—me insultaste a la vez que gruñiste de placer— ¡Di que me amas como yo te amo a ti, maldita!
¿Amor? ¿Esto era amor?
Tú no me amabas. Ambos lo sabíamos. Aunque quisieras forzarnos era imposible que alguien como tú o como yo sintiera tal cosa.
Así que negué con la cabeza a pesar de saber lo que implicaba. Me jalaste del cabello y me obligaste a besarte. Invadiste con tu lengua mi cavidad y no esperaste a que yo correspondiera, porque a fin de cuentas nunca lo hacía. Luego mordiste mi labio inferior logrando abrirme la herida que aún no acababa de cicatrizar. ¿Acaso me habré acostumbrado al dolor que aquel gesto hizo que lograra excitarme? Me asusté de mí misma de tan solo pensarlo. No podía sentir placer. Nunca lo había sentido en todos mis años de esclava sexual, entonces, ¿qué era lo peculiar ahora?, ¿por qué comenzaba a disfrutar de tus arrebatos violentos?
Entonces empezaste a ir más rápido, profundo y doloroso. Creí que me romperías en cualquier momento y yo gemía de agonía aunque muy dentro de mí comenzaba a disfrutarlo. Me habías corrompido, me habías acostumbrado a recibirte con violencia que poco a poco logré caer en tu mórbida forma de vida. Era mejor que la que tenía cuando pertenecía al otro dueño, al menos procurabas darme agua y alimentarme… Pero estaba enloqueciendo al igual que tú. Me empezaba a gustar tus maltratos porque estos me recordaban que podía ser mucho peor… estaba imponiéndome a tus golpes porque sabía perfectamente que no eran nada comparados a tu sufrimiento.
No he de mentir. A veces me dabas lástima.
— ¡Dilo! —Volviste a exigir mientras enterrabas tus dedos en mis muslos y formabas nuevos moretones en mi traslucida piel— ¡Dilo!
Te vi directamente a los ojos. Estabas tan desesperado. A veces no eras el hombre cruel y despiadado que me obligaba a chupársela mientras me amenazaba con un cuchillo oxidado para desfigurar mi rostro si acaso no te agradaba como lo hacía. A veces eras como ahora; un niño asustado y cobarde que pedía cariño a su propia víctima.
Eres tan estúpido. Yo era tan estúpida.
Comenzabas a darme lástima cuando me pedías afecto genuino. Pero nunca podré darte algo como eso porque no sabía cómo.
—Te detesto—dije en un quejido cuando sentí que estabas a punto de acabar—. Te odio.
Sonreíste. No me extrañó que lo hicieras.
—Mi hermosa—susurraste a la vez que me dabas las últimas estocadas—. Eres perfecta.
Y terminaste, sentí como el calor inundaba mi vientre y me llenabas por completo haciendo que sintiera repulsión. Por suerte para mí yo no podía engendrar otro bebé.
—En verdad te odio—solté con el rostro apagado. Tú me observaste y me besaste en la frente.
—Lo sé—susurraste, complacido—. Pero también me amas… nos amamos tanto como nos odiamos.
—Estás enfermo.
—Como tú—me respondiste con cierto deje de diversión—. Los dos lo estamos. Somos iguales.
Luego tomaste mi mano para besar el dorso sin despegar tu fría mirada de la mía.
—No soy como tú.
— ¿Estás segura? —No contesté. En cambio tú te acercaste y lamiste la comisura de mis labios donde la herida se había abierto. Cerré los ojos para memorizar ese sentimiento de ardor en todo mi cuerpo, no solo en mi boca. La ira crecía en mi interior y entonces comprendí cuanto te aborrecía. Tenías razón, quizás no éramos tan diferentes después de todo.
Quería matarte. Quería torturarte. Quería verte sufrir. Quería humillarte. Quería ser como tú lo eras conmigo.
Mis ojos comenzaron a humedecerse y tú lamiste la lágrima que había rodado por mi mejilla. ¿Qué es lo que me habías hecho? Me había vuelto un monstruo de pensamientos tan negativos, tan rencorosos, pues, ¿a quién quería engañar?, era cierto que me estaba convirtiendo en ti pero prefería mentirme al decir que no era así.
Y yo que despreciaba las mentiras…
.
.
Especiales agradecimientos a Arctic-Days, Aaly, Cecick C. Iugetsoiru, Itzy y River porque me dieron un poco de su tiempo al haber leído y comentado el capítulo anterior.
