Disclaimer: Como todo fanfic, uso al personaje para involucrarlo en mórbidas tramas que son mías.
Advertencia: UA, OoC y contenido maduro. No está clasificado como M porque sí.
.
.-.-. Little Bird .-.-.
.
Presente
.
Nunca me han agradado las sorpresas, pero hoy es un día especial. O eso era lo que habías dicho, te veías tan entusiasmado que no parabas de repetir que hoy, justamente hoy, era motivo de celebración. Así que me ordenaste permanecer en tu habitación porque tenías preparado un regalo para mí y estabas tan seguro que este me agradaría.
Nunca me han gustado tus sorpresas, pero me prometiste que hoy sería diferente. De igual forma no podría rechazar lo que me dieras, te enojarías conmigo si acaso me rehusaba a apreciar tus detalles. Las quemaduras en mis muslos de aquella vez no habían sanado por completo, por lo que cuidaba de no hacerte enfadar aunque muchas veces era difícil no hacerlo. Tus cambios de humor tan repentinos me consternaban demasiado y me hacían cometer estupideces, la última de ellas había provocado un arranque de ira de tu parte… y me tiraste la olla de agua hirviendo sin pensártelo dos veces.
Había comprendido cuanto odiabas que te hicieran preguntas… más que nada era el mero hecho de haberte cuestionado el motivo de la cicatriz que recorría gran parte de tu abdomen. Jamás hubiera preguntado, en verdad que no debí abrir la boca en ese momento pero pudo más la carga de una curiosidad que me costó mis piernas ahora vendadas.
¿Cómo te hiciste esa cicatriz?
Esas pocas palabras fueron suficientes para que te pusieras tenso. Me fulminaste con la mirada, como si quisieras matarme, como si realmente quisieras matarme… muchas veces habías estado a punto de hacerlo, no obstante, en ese momento una ira asesina invadió tu cara y por primera vez desde que te conocí supe que mi vida estaba en peligro. Ni el miedo por las torturas anteriores se asemejaba al miedo que tuve en ese instante cuando te levantaste del tinaco y me empujaste logrando que cayera al suelo aún con la esponja en mis manos. Luego, agarraste el recipiente de agua caliente que utilizaba para nivelar la temperatura del agua que usabas para bañarte y sin chistar lo lanzaste a mi dirección, alcanzando a quemar mis piernas.
Grité a todo pulmón y tú me observaste con aburrimiento. Me retorcí en el suelo y traté inútilmente de aminorar la horrenda sensación. No pasó mucho para que me cargaras en brazos y me llevaras tranquilamente a tu alcoba, después de eso me depositaste en la cama y rápidamente atendiste las zonas afectadas. Pero tu expresión no cambió. Eras tan gélido y no te inmutaste en nada. Tus ojos ya no portaban la rabia que tanto pavor me había inducido pues estos se volvieron vacíos, ausentes.
El resto de la noche no me dirigiste la palabra. Algo muy extraño en ti ya que siempre solías hablarme cariñosamente cuando me herías intencionalmente. Aprendí de mi estupidez y no he vuelto a preguntarte nada. Por eso no tenía idea de la sorpresa que me tenías preparada, mucho menos me atreví a preguntar el motivo de la celebración.
Hubiera seguido perdida en mis pensamientos de no ser por el ruido de la puerta abrirse. Al dirigir mi vista a su dirección me extrañé, pero no por el hecho de que habías entrado muy animado, demasiado para mi gusto, sino por ver quién estaba detrás de ti.
Tiraste de las cadenas sin delicadeza logrando que la chica se posicionara frente a ti y cayera a mis pies debido a que sus muñecas estaban capturadas por grilletes. La miré asombrada y luego hice lo mismo contigo.
—Un obsequio—pronunciaste encogiéndote de hombros—. A que es hermosa, ¿verdad?
Tragué con nerviosismo. No me atrevía a formular una pregunta pero eran tantas mis dudas que no tuve opción más que pedir explicaciones.
— ¿Quién… quién es ella?
—Mi nueva mujerzuela—respondiste sin reparos.
Mi confusión se hizo más evidente. No estaba entendiendo nada. Miré a la mujer que mantenía su rostro escondido, lo único que podía apreciar de ella era su corta cabellera azabache y algunos que otros rasguños esparcidos por toda su piel desnuda.
¿Qué es lo que estabas pensando?, ¿acaso todo esto era una forma de decir que yo ya no te servía y me reemplazarías con otra pobre víctima?, ¿te desharías de mí?, ¿me dejarías libre? No sabía muy bien qué hacías con las chicas después de que te fastidiaras de estas, pero tenía en cuenta que jamás me dejarías volar lejos de tu jaula. Pensar en mi libertad era una mera e imposible fantasía. No dudé en mostrarte insegura y te observé con cautela. Tú comprendiste el silencio que llenó la alcoba pues comenzaste a reír.
—Oh, tranquila, pajarito mío—te acercaste a mí y sujetaste mi barbilla para besarme—. Aún no me he cansado de ti.
No tenía idea si aquello era bueno o malo. Pero de repente temí por la nueva chica que seguía encogida en su lugar.
—Ella solo es un nuevo juguete. Para que no te sientas tan sola cuando no estoy—mordiste levemente mi lóbulo para después lamerlo, con cierto deje de lujuria—. Me preocupo por ti, mi hermosa. Quiero que te sientas… querida.
Cerré mis ojos, concentrándome en no llorar. No deseaba derramar lágrimas por mí aunque no pude evitar sentir mis párpados húmedos.
Pero no lloraba, no lloraba por mí… Yo… en verdad no lloraba por mí.
Lloraba por ella.
.
.
Muchísimas gracias a Cecick C. Iugetsoiru, River y soy yo no tu por haber comentado el capítulo anterior. Igualmente gracias a charmandito por el favorito y follow.
