Disclaimer: Trama mía, personajes prestados.
Advertencia: UA, OoC, temas serios.
.
.-.-. Little Bird .-.-.
.
Purificación
.
El dolor debía ser sumamente insoportable. El dolor debía ser lo único certero en mi mente. El dolor debía ser horrible, tan irreal como real, debía ser dolor y solo dolor… Pero no lo era, patéticamente no lo era. El verbo seguía siendo "debía" en lugar de "era" y ahí radicaba todo el problema. Ya no podía agonizar, sufrir, llorar, maldecir, suplicar o lamentarme como antes porque de animal –una pequeña ave azulada– pasé a objeto –una gastada muñeca de trapo–. Desde hacía tiempo me había convertido en un juguete, mi inútil optimismo era quien se encargaba de idealizarme a mí misma como un herrerillo, un ser vivo libre y hermoso. Poco a poco, al ver como los hilos se deshilachaban y dejaban escapar el relleno, me daba cuenta que no sería de otra manera, pues solamente era una muñeca esperando a quedar rota, descocida e inservible para ser tirada a los desperdicios.
Pero él seguía llamándome pajarillo. Tú seguías viéndome como tal. ¿Todavía no te aburrías de arrancar las plumas de mis alas?, ¿acaso no lograbas darte cuenta que no eran plumas las que tirabas sino trozos y trozos de sucio algodón?, ¿de verdad seguías mirándome con la misma belleza que antes o te habías acostumbrado a mentirnos a mí y sobre todo a ti?
A veces veía como tu rostro se volvía sombrío cuando ya no lograbas llegar a tu punto y demostrármelo con tu blanca semilla dentro de mis entrañas o bien, esparcida ya sea en mi cara, torso, espalda, trasero, vagina o senos. No obtenías tu orgasmo como antes. Aquello te frustraba y me culpabas de tu impotencia.
Que ya no te ponía, ya no te excitaba en lo más mínimo. Pero eso no hubiera significado la gran cosa si no hubieras mencionado tu disgusto y entre dientes me confesaras algo que nunca creí escuchar de ti.
—Ya no me sirves—expresaste aquella vez, en un susurro molesto que pude escuchar claramente—. No eres ella.
Ella.
Por supuesto. No era ella.
Y antes de que pudiera recobrar la postura y analizar mis palabras, mis labios ya se encontraban pronunciando un nombre.
—Bombón—dije inconscientemente. Entonces tu rostro se desfiguró en una mueca de odio, pero para mi sorpresa no me golpeaste al instante.
—Te lo dijo esa golfa—afirmaste refiriéndote a Sedusa. Yo no contesté, temí que te descargaras con ella siendo que aún no se recuperaba de la última golpiza que le diste en sus costillas.
—… ¿Qué… qué sucedió con Bombón? —Me atreví a preguntar. Supe lo que me esperaba, pero como había dicho antes, el dolor ya no era dolor.
Entonces me ahorcaste con furia y me estampaste después contra la fría pared. El golpe me dejó aturdida pero antes de que pudiera reaccionar me encontré en el suelo sintiendo como me pateabas con coraje e ímpetu. Cada pisotón era con resentimiento, pero no me dolía. Extrañamente no me dolía.
Te vi directamente a los ojos sin intentar cubrir mi rostro de tus puños y distinguí un débil brillo. Era una pequeña lágrima que se asomaba por tu mirada opaca. Jamás te había visto de tal modo, nunca lloraste en frente de mí… hasta ahora, que tus golpes fueron disminuyendo hasta quedar en leves roces.
No pudiste contener tus sollozos de impotencia y yo no demostré asombro. El recuerdo de aquella misteriosa mujer carcomió tu consciencia y mostró ante mí la débil e insegura imagen de un hombre que trataba de ahogar su sufrimiento en los brazos de otra mujer, otra que tus ojos y tu cuerpo intentaban desesperadamente convertirla en tu preciada Bombón.
—Perdóname—decías en voz baja mientras enterrabas tu rostro en mi pecho—, perdóname.
Una y otra vez lo repetías pero yo sabía que las disculpas no eran para mí, tus palabras eran dirigidas a quien quizás fue la única mujer que verdaderamente lograste amar. Porque incluso la más terrible bestia podía ceder ante el amor de una inolvidable amante. Bombón era y había sido tu punto frágil.
Tu firme cuerpo tembló ante un miedo que no comprendí. Te aferraste a mi magullado cuerpo y me abrazaste para sentirte protegido. Besaste mi frente y enterraste tu nariz en mi cuello para aspirar mis cabellos. Jamás te habías derrumbado de esta manera y para intentar consolarte te rodeé con mis brazos.
Esa noche lloraste hasta quedar dormido mientras acariciaba tu cara que aún en sueños seguía mostrando tormento. Esa noche balbuceaste cosas inentendibles, cosas que solo tú y el fantasma de esa chica sabían.
¿Qué fue lo que hiciste, Bombón? ¿Qué hiciste para que la culpa atormentara al hombre que se aferraba ahora a mí y trataba de desquitar su pasado en nosotras, simples prostitutas? Y es que, aquí el verdadero pajarillo era ella… y nosotras, cada una de nosotras apenas y aspirábamos a ser muñecas. Por eso nos odiabas, porque no lográbamos reemplazar al ave que logró dejar la jaula atrás.
Y desde entonces, desde esa noche, intenté convertirme en el ave que querías que fuera. Porque si Bombón lo había logrado y te había abandonado, significaba que había esperanza para que yo te hiciera lo mismo.
Me convertiría en tu pequeño pajarito azul… solo para volar, volar lejos de ti.
.
.
Infinitas gracias a Aaly, yuki-chan22, Luthien Tinuviel 27, River y Cecick C. Iugetsoiru por haber leído y comentado el capítulo anterior.
