Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.
Capítulo beteado por Breen Martínez.
Seduciendo al conde
Capítulo 3
Kagome se dejó caer en la puerta, se llevó una mano al pecho y con la otra se tapó la boca. Estaba ahogando los chillidos de dolor que la estaban lacerando en ese momento. No tenía las fuerzas para levantarse y tampoco quería levantarse. Maldijo la hora en que decidió ir a verlo esa noche y también maldijo haberle entregado su corazón por completo. Hasta hace menos de 24 horas había estado tan feliz por su inminente boda, sin embargo ahora solo podía pensar en que todo se había ido al carajo.
No pretendía rogarle, ni mucho menos salir corriendo tras él aun cuando todo ella gritaba por detenerlo y aferrarse a él como si fuera la única cosa de valor en todo su mundo.
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se levantó aun con el dolor visceral calándole. Se detuvo en el desayunador y gritó tan fuerte hasta que sintió que se le desgarraba la garganta. Arrojó el plato que había dejado y sin darse cuenta de lo que hacía recogió un pedazo del vidrio que salió disparado al romperse el plato.
Lo acercó de forma tentativa a su muñeca. Las lágrimas le borraban la vista, y no era lo único que le nublaban, también la mente, y el dolor que sentía era tan inmenso que en lo único que podía pensar era en aliviarlo.
Era como encontrar luz en una inmensa oscuridad, de pronto la oscuridad parecía ganarle a ese pequeño rayito y ella lo seguía desesperadamente.
2.
Sango se estiró sobre la silla en la que llevaba sentada más de una hora. Estaba en la habitación 103 del hospital central de la ciudad en una habitación en la que apenas se filtraban los rayos del sol de la tarde que ya estaba desapareciendo. Las persianas se agitaban con las ráfagas de viento del exterior y mecían los cabellos de la frente de Kagome.
A Sango le dolía ver de esa manera a su mejor amiga, y no le había pasado por la cabeza que ella intentaría quitarse la vida. Parecía tan fuerte al hecho de aceptar que su boda se cancelaría, pero claro que nunca imaginó la magnitud de su dolor. Kagome amaba a Bankotsu con todo su corazón y era un maldito al no darse cuenta del daño que le estaba haciendo a su mejor amiga.
Había sentido que la sangre se le hacía hielo en el cuerpo cuando entró y la vio tirada en la cocina, con las muñecas llenas de sangre. Había sido la peor visión de su vida, creyó que estaba muerta y se había quedado paralizada por el pánico, pero los pequeños quejidos de Kagome la fortalecieron para llevarla al hospital.
No sabía exactamente cuánto tiempo había estado tirada en la cocina desangrándose, pero los doctores ya le habían dicho que iba a estar todo bien, y a pesar de que seguía preocupándose, sentía un ligero alivio al escuchar su respiración calmada.
La puerta del cuarto se abrió lentamente y Ayame apareció detrás de ésta.
—¿Cómo sigue?
—Ya está recuperándose, o al menos eso creo. —Ayame fue directamente a la cama de Kagome y le depositó un beso en la frente. Luego le subió la sabana que se le había bajado y la volvió a arropar. Sango sintió una puñalada en el pecho y no pudo evitar tirarse a llorar.
—Nena, no llores. —Le dijo la recién llegada—. Ya todo estará bien, ella es fuerte.
—Lo siento Ayame, pero me siento tan culpable por haberla dejado sola, juro que de haberlo sabido jamás me hubiera ido.
—No es culpa de nosotras querida, ahora lo único que podemos hacer es estar con ella —Sango asintió y se limpió las lágrimas—. Otra cosa —dijo a Sango—, es preferible no presionarla con el tema de la boda, lo mejor es no mencionar jamás eso, tal vez cuando ella esté preparada para hablar de ello, lo hará.
—Tienes razón. Será lo mejor.
Después de aquella platica Ayame se fue, y no es que no apreciara a su mejor amiga, pero Ayame acababa de obtener el empleo de su vida y estaba de prueba, y si no estaba a tiempo o faltaba sin duda la correrían, sin embargo a pesar de su preocupación, sabía que no la podía dejar en mejores manos que en las de Sango.
Esa noche Sango se quedó de guardia y entre ratos escuchaba los ligeros murmureos de Kagome. No dejaba de mencionar el nombre de Bankotsu una y otra vez. Luego se quejaba y volvía a dormir un buen rato, pero tardaba más en dormirse que volverse a despertar con nuevos quejidos y nuevos delirios.
A las tres de la mañana entró una enfermera en la habitación que checó a Kagome. Por arte de magia el sueño que comenzaba a envolver a Sango, se esfumó. Vio a la enfermera checar los aparatos y luego checarle la temperatura.
—Se pondrá bien. —Le dijo la mujer y Sango asintió.
Cuando la enfermera la dejó sola de nuevo, Kagome abrió los ojos y parpadeó varias veces antes de que la mirara. Sintió que el alma le volvía al cuerpo de verla despierta. Hizo un ruido estrepitoso con la silla al levantarse y corrió hasta su lado.
—¿Cómo te sientes?
—Como si un tanque me hubiese pasado por encima. —Sango no pudo evitar reírse amargamente ante aquel comentario que sin duda y a pesar del momento le sonaban como coros celestiales. Kagome había despertado y era lo único que le importaba.
Kagome recorrió la habitación con la mirada. No tardó en reconocer que era un cuarto de hospital y al instante recordó lo que había pasado antes de perder el conocimiento. Levantó los brazos y encontró con que tenía ambas muñecas vendadas. Y que le ardían los brazos como si tuviera lumbre en las venas.
—Tranquila, ya estarás mejor —Sango la besó en la frente y luego en la mejilla—. El doctor dice que en un par de semanas podrás abofetearme con todas tus fuerzas.
—Vaya, que práctico. —Murmuró sin dejar de mirarse las vendas—. ¿Dónde está Ayame?
—Fue a casa a descansar, estuvo aquí en la tarde, pero necesitaba terminar unos pendientes y dormir.
—Entiendo. —Sintió decepción por no encontrar a Ayame a su lado, pero se dijo así misma que no podía pretender que sus amigas estuvieran siempre a su lado. Demasiado había hecho Sango cuidándola desde que perdió el conocimiento. Ellas tenían vidas que continuar y por mucho que la suya ya no tuviera sentido, tenía que dejarlas hacer las suyas sin arrastrarlas a su propio abismo.
Kagome tardó otras veinticuatro horas para que la dejaran salir del hospital. Cuando llegó al departamento encontró con que uno de los pendientes que Ayame necesitaba hacer, era cancelar su boda. Ninguna de ellas había dicho nada, pero Kagome no era tonta como para no darse cuenta de que lo hacían por su bien, así que no dijo nada, porque tampoco ella tenía ganas de tocar ese tema. Era como si hablar de él fuese tabú.
No recibió llamadas de su padre ni un solo día desde la cancelación y aunque eso también la decepcionó se dijo que era lo mejor, en ese momento no necesitaba el "te lo dije" que seguramente le tenía preparado.
Sin embargo esa mañana había sido totalmente distinta a las otras, y una semana después de lo ocurrido Kagome decidió salir a dar una vuelta al parque. Necesitaba distraerse y tomar aire fresco. Le habían dicho que estaba un poco pálida y tal vez el sol le regalaba un poco de color.
Se encontró con que había puestos ambulantes en el parque. Definitivamente distracción había pedido y distracción era lo que había. Recorrió un par de puestos que traían libros a la venta y otro cuantos con alhajas regionales de distintos estados. También había unos cuantos puestos de dulces y unos que otros de ropa, pero sin duda el que le llamó la atención fue uno de antigüedades, aunque a pesar de ser de antigüedades también se ofrecía una adivina del futuro. Kagome se sintió al instante embelesado por los artículos llamativos del exterior.
—¿Crees en el futuro Sango? —Ésta iba a su lado peleando con una alhaja que había comprado en uno de los puestos porque no le encontraba forma.
—Claro, siempre es bueno pensar en el futuro. —Sango la miró y le sonrió—. Mamá dice que el futuro es un misterio, pero que sin embargo llegará a su debido tiempo.
—Sin duda es misterioso —la chica se dio cuenta de la dirección hacia donde miraba Kagome y la miró horrorizada.
—No estarás pensando en ese tipo de futuros. —Kagome no le contestó y caminó con rumbo a la tienda de antigüedades. Sango la siguió murmurando cosas ininteligibles que a Kagome le importaban lo mismo que una piedra.
Al entrar y mover la cortina que hacía de puerta, un colgadito sonó y la dueña de la tienda las miró sonriente. Kagome le devolvió la sonrisa y comenzó a recorrer el interior con la mirada. Luego caminó hasta las antigüedades y se maravilló con los pequeños detalles de cada uno de ellos.
Había una estatuilla de mármol y otro par de ellas del mismo tamaño. Se acordó de Sango y vio que estaba tan ensimismada como ella. Luego volvió su vista a la dueña que las miraba esperando a que escogieran algo del lugar. Kagome tomó lo primero que estuvo a su vista y se acercó a la dueña.
—¿Qué precio tiene? —La dueña miró el objeto y luego a ella.
—¿Está segura que quiere llevar eso? —Kagome miró lo que había tomado. Era un reloj de bolsillo, tan oxidado que quizá no marcaría bien la hora, sin embargo asintió y se lo entregó a la mujer.
—Sí, me lo llevo, es exótico.
—Sin duda que lo es. Donde lo obtuve dicen que perteneció a un conde de mil ochocientos veintitrés. Tiene años sumergido en agua y por eso el óxido, tal vez no de la hora como es, pero es muy interesante. —Kagome abrió el reloj y en efecto, el reloj estaba parado a las tres de la tarde. Quizá desde el año de 1823, aun así era una pieza muy interesante como afirmaba la mujer.
Miró de nuevo a Sango que estaba mirando unos cuadros en la parte opuesta de la tienda, entonces ese era el momento de Kagome.
—Quiero ver a la adivina. —Dijo a la mujer. Ésta enarcó una ceja y la tomó de la mano.
—Dudo que necesites saber el futuro, pequeña. Pareces muy poco interesada en lo que a tu vida respecta más adelante. Y si quieres saber qué pasará con tu vida ahora que todo tu mundo se ha venido abajo y que tu boda se canceló, tal vez encuentres la respuesta en el pasado. Y recuerda también que los hombres son criaturas salvajes por lo que nunca les des más de lo que se merecen. Sé que sabes a lo que me refiero y que sabrás ser inteligente con respecto a ese tema.
Kagome no ocultó su asombro ante lo que le había dicho aquella mujer. Ella sabía acerca de su boda y del temor que tenía acerca de su futuro. Sin embargo aunque quiso hablar, absolutamente nada salió de sus labios. Sólo miraba a aquella mujer que le sonreía. Luego la vio guardar el reloj que había comprado en una bolsa blanca y se lo dejó en la repisa.
—Kagome —Sango habló a sus espaldas y la sacó de su asombro. Kagome se volvió y observó que la mujer se dirigía al fondo de la tienda—. Tenemos que irnos —volvió a insistir su amiga. Kagome asintió y buscó su cartera para pagar el precio del reloj.
—Tómalo como un regalo —le habló la mujer desde la parte trasera mientras bajaba unas cajas. Luego regresó hasta donde ellas se encontraban y le dio a Kagome una palmadita en la mano—. Vuelvan pronto.
Kagome tomó la bolsa con el reloj y fue arrastrada prácticamente hasta el exterior de la tienda por Sango.
—¿Algún otro lugar al que quieras ir? Está claro que una adivina no es una opción, que bueno que no estaba porque no me imagino frente a una bola de cristal y cartas del tarot esperando a que nos lean el futuro.
—Bueno, no creo que sea precisamente así como se adivina el futuro. —Sango soltó un suspiro y tomó a Kagome del brazo.
—Vamos a casa, ya han sido muchas caminatas por hoy y recuerda que aun tú sigues débil.
Ella no objetó nada y dejó que la guiara de vuelta al departamento. Para cuando llegaron ya era tarde y encontraron a Ayame en el departamento cenando. No les dijo nada cuando entraron y solo se dedicó a servirles de cenar. Sin embargo Kagome declinó la invitación y se fue directamente a su habitación.
Al entrar tiró la bolsa con el reloj a la cama y fue directo hasta su computadora a buscar cosas sobre 1823, pero para su pesar no encontró nada interesante. Nada acerca de duques, condes o lo que fuese con relojes de esa forma ni nada que se le pareciese. Lo único de interés que encontró fue un emblema de la misma forma que tenía el reloj en la parte superior, sin embargo no había nada relacionado con condes. Ni siquiera la página donde lo encontró hablaba sobre cosas de aquella época, era más bien una página referente a venta de autos de segunda marca. Era sin duda una empresa.
Dándose por vencida regresó a la cama y sacó el reloj de la bolsa. Se acostó aun con la ropa puesta. El pantalón de mezclilla, la blusa de tirantes, el abrigo y el tenis. Observó el reloj, ensimismada. Las pequeñas agujas apuntando. La más grande hacia el doce y la más chica el número tres. La más pequeña de las agujas se había quedado detenida justo antes de marcar las tres con un minuto. En la parte inferior del reloj a un lado del emblema había unas iniciales.
S.T.
Pasó el dedo sobre el grabado de las iniciales y en su recorrido se llevó un poco de polvo. Como si fuese algo de lo más interesante, se miró el dedo manchado. De pronto el polvo era muy brillante, parecía oro, aunque era algo estúpido. Miró el reloj y luego la polvareda que parecía oro en sus dedos y lo sopló. Se limpió el resto en el costado de su pantalón sin saber qué más hacer.
Entonces el reloj hizo un suave "tic-tac" y Kagome levantó la mirada asombrada. El reloj marcaba las tres con un minuto y las manecillas comenzaron a correr. De pronto sintió un suave tirón en el estómago como ganas de vomitar, pero sin duda no eran ganas de vomitar, entonces el tirón se volvió más brusco y Kagome perdió el conocimiento.
Continuará…
Oh, preciosas, siento haber actualizado hasta hoy, pero tuve que tomarme mi tiempo y tiempo para mi querida hija Breen, y agradézcanle porque sin ella el capítulo no estaría arriba.
Las actualizaciones las haré cada quince días, solo es en lo que acabo de publicar "dulce atracción" es por cuestiones de tiempo. La universidad me tiene absorbida y Breen está empezando igual sus módulos. Espero su comprensión, y que hayan disfrutado mucho la lectura.
Y sí, Breen, estaba inspirada, inspiradísima cuando lo escribí. Eso hará unos 5 meses. De pronto un día la idea llegó a mi cabeza, tomé mi computadora y no paré de escribir hasta que tuve diez capítulos. Ahora tengo que inspirarme de nuevo para continuarlo donde lo dejé.
Bueno niñas, sin mucho parloteo de mi parte, agradezco que hayan tomado su tiempo en dejarme un emotivo y sensual review.
Guest
Breen Martínez
Yuli
Ijubi-sama (Yo igual espero continuar pronto "El engaño" Solo me queda el epilogo, no creo que pase de esta semana la actualización, lo prometo)
Gracias por sus reviews.
Nos leemos la próxima actualización.
