Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.

Capítulo beteado por Breen Martínez.

Seduciendo al conde

Capítulo 4

Yorkshire, Inglaterra, 1823.

—Las caballerías están en llamas.

Cuando el mozo de cuadras había entrado de forma escandalosa a su despacho, sacándolo de su ensimismamiento, Sesshōmaru Tukusama conde de Taishō quiso fulminarlo con la mirada, pero después de aquellas palabras no se detuvo ni a mirarlo cuando se levantó de su sofá y caminó a grandes zancadas con dirección a los establos.

Siempre había trabajado codo a codo con sus lacayos y ese momento no iba a ser la excepción. No pensaba quedarse parado y de brazos cruzados viendo como el trabajo de varias generaciones se iba al demonio.

Salió a la fría noche y el pánico lo invadió al sentir en el aire el olor a carne quemada. Esperaba que ninguno de sus lacayos estuviese lastimado. Odiaba tener que dar malas noticias a las familias cuando ese tipo de cosas sucedían.

En la parte norte se alzaban las llamas en todo su esplendor sobre las caballerizas. El fuego abrazaba la madera de las postas y las lamía hasta hacerlas añicos. Vio como sus caballos salían del interior y que otros lacayos se apuraban a traer palanganas de agua para apagar el fuego.

—Milord —saludó uno de los hombres.

—¿Están todos bien?

—Me temo que hemos perdido a tres caballos y entre ellos a blade —Taishō lo miró asombrado y levantó la mirada con el ceño fruncido hacía las llamas que seguían devorando todo a su paso. Apenas podía hacerse a la idea de que había perdido su caballo favorito. Y no sólo era su favorito, sino que había sido regalo de su padre en su cumpleaños número veinte. Antes de que muriera en un accidente.

Escuchó que uno de los caballos relinchaba en el interior y no se detuvo a pensar en lo grande que se hacían las llamas con cada segundo que pasaba y caminó a los establos.

Conforme se acercaba, el calor y el humo eran más insoportables.

Tomó una de las mantas que tenían las mujeres y la llevó hasta el bebedero de los animales que estaba a un lado y la remojó, a continuación se la puso encima y ante los gritos de sus hombres por estar haciendo una tontería, entró en el fuego.

Los ojos le picaron cuando intentó mirar hacia donde caminaba. Aparte de que el humo empezaba a llenarle los pulmones. Escuchó el relincho del caballo otra vez y se guió por el sonido. Era la parte trasera del establo y las llamas estaban empezando a llegar por la parte de arriba, lo que significaba que en cualquier momento el techo cedería.

Tosió un poco antes de continuar caminando hasta donde se encontraba su caballo que para su sorpresa era el mismísimo blade. Uno de los postes caídos por el fuego le impedía salir de ahí, aparte de la cuerda que lo tenía sometido al corral.

Cuando llegó hasta el animal, se dio cuenta de que no se encontraba solo. A un lado de la puerta del caballo había una mujer tirada. Estaba inconsciente y no dudaba que quizá muerta. Corrió hasta ella. Le inspeccionó la vena del cuello y al sentir el palpitar débil decidió sacarla de ahí. Con la mano libre desató las cuerdas que mantenían preso a su caballo y tras un relincho este salió hecho una furia hacia la parte trasera del establo y con un par de golpes a la madera esta cedió y se alejó del lugar. Para asombro de Taishō, el caballo le había dejado una vía de escape. Tomó a la mujer en brazos y salió por el mismo lugar.

Cuando el aire del exterior lo recibió con su frescura, se sintió en la gloria después de haber estado en el infierno.

Detrás de él el establo cedió por completo ante las llamas que avanzaron ferozmente lamiendo toda la madera.

Uno de los hombres se le acercó y tomó a la mujer que él traía en sus brazos mientras otro corría a auxiliarlo a él.

—¿Se encuentra bien milord? —Él asintió y tosió un par de veces antes de recuperar la compostura. Se irguió y miró con el ceño fruncido a la mujer. Jamás en su vida la había visto y menos en sus tierras. ¿Quién era aquella mujer? ¿Un enemigo? ¿Ella había iniciado el fuego y no había podido escapar? Probablemente era así, no eran los primeros ni los últimos enemigos que tendría.

Desde que su padre había muerto, muchos merodeadores añoraban sus tierras, pues eran fructíferas, prosperas y siempre le daban resultados. Pero lo que esos hombres no entendían era que el trabajo y el esfuerzo lograban unos resultados de esa magnitud. Y aun cuando sus tierras pasaran a otras manos, si no eran bien cuidadas jamás obtendrían el tipo de resultado que él obtenía, a menos que se esforzaran a la par con sus propios hombres.

Lo inconcebible es que aquella mujer a pesar de la larga cabellera y el hermoso rostro que se obviaba, se mirara por donde se mirara, parecía un hombre. Llevaba ropa de hombre. Traía pantalones y un estilo de abrigo muy pobre para su gusto. Posiblemente trataba de pasar desapercibida entre sus hombres, pero el plan le había fallado en definitiva.

Sin embargo siendo una mujer, no podía permitirse dejarla ahí sin ofrecerle un poco de ayuda. Además tenía un corte en la sien de donde salía sangre y estaba inconsciente. Le ofrecería ayuda y después la entregaría al magistrado para que llevara la continuidad pertinente de aquel atentado.

—Llévenla a una de las habitaciones desocupadas y vayan por el galeno. Tú —dijo a otro lacayo—, encárgate de los caballos y Jaken —el hombre parado a un lado de los lacayos brincó cuando el conde le habló—. Hazte cargo de los heridos.

—Si milord. —los hombres se alejaron con la mujer en brazos y él los siguió pero cuando entraron en la casa se desvió a su despacho.

Fue directamente hasta la licorera y se sirvió un poco de whisky. Sintió el ardor abrazarle la garganta y un poco de ardor en el estómago, pero no le tomó importancia. Antes de continuar con lo que hacía, subió hasta su habitación y vertió agua en una jofaina y con un trapo comenzó a quitarse las cenizas de la cara y de los brazos.

Media hora después le anunciaron que el galeno ya se encontraba en la mansión y que ya había revisado a la mujer. Taishō no esperó más y fue a su encuentro. Caminó a grandes zancadas por el pasillo que lo llevaba hasta el cuarto de invitados y se encontró a una doncella saliendo del cuarto con una bandeja de agua. Pasó al lado de él y le hizo una pequeña reverencia para luego seguir caminando.

Cuando entró en la habitación la vio acostada en la cama y con unas vendas en la cabeza, además de que parecía que ya le habían puesto algo de ropa decente. El doctor estaba a un lado guardando las cosas que había ocupado para inspeccionarla.

—Debo decir que la dama se encuentra bien, se recuperará, solo necesita reposo. Tal vez tenga dolores de cabeza frecuentes por los golpes, pero de ahí en fuera parece estar estupendamente —sentenció.

—Se lo agradezco.

—No es nada milord. —Contestó el galeno y le hizo un saludo con la cabeza antes de salir de la habitación.

La mujer seguía inconsciente y tirada en su cama, mientras a él las ganas de sacarle la información a punta de pistola lo estaban matando. Claro que tampoco a punta de pistola, pero encontraría el modo de hacer que en cuanto esa mujer despertara le dijera toda la verdad y que le dijera quién la había mandado.

Se acercó a la cama y miró el rostro de la mujer. Quedó asombrado. Prácticamente hipnotizado, y no era para menos. Ya sin los kilos de mugre y ceniza encima, era una mujer bellísima. Tenía una cara ovalada y unos labios carnosos sin llegar a ser exagerados. Las largas pestañas cubrían sus ojos como unas hermosas cortinas negras. No tenía los ojos abiertos, pero podría apostar que tenía unos preciosos ojos igual de hipnotizadores que toda ella. La oyó murmurar algo entre sueños y él se alejó al pensar que se iba a levantar, cuando ella no dio signos de despertar él recobró la postura y fue a uno de los muebles que estaban en la habitación.

Las cortinas estaban cerradas y sólo la chimenea regalaba iluminación a la estancia. Puso los brazos a los lados del mueble y contempló la silueta femenina por debajo de las sábanas. No le cabía en la cabeza que tal belleza fuese una criminal, aunque se retractó por el momento de sus acusaciones, pues no daba por hecho que lo fuera, tal vez todo había sido una equivocación. Así que la tomó como inocente por el momento.

Cuando el sueño comenzaba a envolverlo se obligó a levantarse del mueble y salir de la habitación, sin embargo, no pensaba dejarla sin vigilancia, así que ordenó a un lacayo que montara guardia en la puerta por cualquier cosa.

2.

Kagome despertó con un horrible dolor de cabeza, parecía que de un momento a otro, los sesos fueran a brincarle frente a los ojos y ella solo los vería pasar y decirles "adiós"

Se había quedado dormida mientras inspeccionaba el reloj que había comprado en la tienda de antigüedades. Decidió levantarse, pero todo el mundo le dio vueltas y se dejó caer de nuevo en la cama. Cuando pudo enfocar la vista, ahogó un chillido al darse cuenta de que no estaba en su habitación ni en ninguna otra parecida. De hecho aquello parecía sacado de un cuento.

La chimenea del otro lado de la habitación, los grabados de piedra, la cama en particular era por sí sola asombrosa, y ni qué decir de la peculiar ventana con bellos tallados a su alrededor.

¡Dios Santo!

No tenía ni la más remota idea de donde se encontraba. Se apresuró a mirarse y se dio cuenta de que tampoco tenía su habitual ropa encima, en cambio había sido sustituida por una bata grande que le llegaba hasta el tobillo y le cubría desde el cuello. Fue cuando cayó en cuanta de la venda que tenía en la cabeza.

Algo le había pasado y había terminado en ese lugar, de eso ya no tenía duda alguna.

De pronto la puerta se abrió y entró una mujer vestida con faldones largos y un moño alto en la cabeza. Kagome se sintió aliviada de que al menos no estaba sola en el lugar.

—Disculpa, ¿dónde estoy?

—Avisaré al señor que ya está despierta. —Y antes de que Kagome pudiera detenerla ésta salió por donde había entrado. Se quedó por unos minutos pensando… ¿acaso eso era inglés? Después de eso, escuchó un suave clic en la puerta y al instante volvió a quedar en el inmenso silencio de la habitación.

Buscó a su alrededor para ver si se encontraba su celular por algún lado, tenía que avisarle a sus amigas lo que le había pasado y a Bankotsu.

Se lamentó cuando mencionó mentalmente el nombre de Bankotsu, pero era casi inevitable seguir pensando en él como su pasado. Negó irguiéndose valiente y tomando aire para dejar de pensar en él.

Recorrió de nuevo la habitación y se preguntó si sería algún tipo de hospital rustico, porque no parecía el tipo de hospital o clínica de la ciudad. De pronto la puerta se abrió de par en par y atrás de esta apareció él.

No podía describir lo que sintió cuando vio a ese hombre entrando por la puerta. Era tan alto y fornido, de barbilla cuadrada, cara ascética, rostro ovalado y con unos ojos color ámbares preciosos y un sedoso cabello negro. ¡Dios Santo!, era guapísimo. El corazón se le detuvo en ese instante, cuando lo recorrió de pies a cabeza y se fijó en que su ropa era anticuada, pero ese hombre no tenía nada de anticuado. Los pantalones cortos ajustados y las medias dejaban entrever que tenía unas piernas musculosas y la camisa de lino marcaba su fornido pecho.

Le clavó la mirada y arrugó el ceño para la gran sorpresa de Kagome. Caminó hasta ella a grandes zancadas, deteniéndose justo en uno de los postes de la cama de cedro.

—Ya era hora de que despertara, estaba pensando en mandarla directo con el magistrado y deshacerme de responsabilidades —oh, Dios, y esa voz tan ronca que parecía un susurro en la oreja. Se obligó a respirar y tragar en seco, parecía demasiado estúpida pensando en ese tipo de cosas sobre un hombre que apenas conocía. Además él no parecía tener buenas intenciones.

—¿Es usted el doctor? —Preguntó. Sin embargo, él pareció demasiado desconcertado por la manera en cómo había hecho la pregunta. La mujer de antes y su inglés perfecto se le vinieron a la mente y fue en ese entonces que agradeció haber aprendido inglés.

Finalmente repitió la pregunta en aquel idioma que todos parecían manejar y lo vio enarcar una ceja y negar con la cabeza.

—Soy lord Taishō y tú estás en mi mansión bajó mis cuidados. —Respondió de forma autoritaria. Kagome procesó el término "lord" y casi se ahogó al tragar su propia saliva.

—Lord —repitió lentamente—. Disculpe, creo que la broma ya fue suficiente, necesito hablar con mis amigas y que vengan a buscarme.

—No sé a qué broma se refiere, pero tengo un par de preguntas qué hacerle —Él rodeó la cama sin darle tiempo a digerir su tono petulante y dejó caer su gran cuerpo haciendo que la cama se hundiera—. No pienso andarme con rodeos, así que yo pregunto y usted responde, y va a empezar por responderme, ¿quién es usted? —Kagome lo miró sorprendida y luego miró la habitación para después regresar la vista a él.

—Soy Kagome Higurashi. —Contestó tajante.

—¿De dónde viene? —Kagome enarcó una ceja ante tales preguntas, pero respondió.

—De Japón, por supuesto. —Lo vio con una expresión asombrada y luego recomponerse para luego endurecer sus facciones.

—No quiera creer que soy tonto, así que dígame de dónde viene. —Kagome intentó pararse de la cama, pero el piso parecía seguir dando vueltas.

—Ya le he dicho de dónde vengo, no tengo porqué mentirle.

—Pues entonces no entiendo qué hace una mujer de Japón aquí en Londres

—¿Londres? —Repitió asombrada—. ¿Cómo he llegado aquí?

—Eso es lo que me va a explicar ahora mismo. Así que dígame quien la mandó y por qué. —La voz endurecida del hombre la asustó. Kagome no recordaba absolutamente nada, salvo estar mirando el reloj antiguo en su habitación y haber quedado dormida, y a menos que aquello fuese una broma no sabía qué hacía en Londres.

—No me ha mandado nadie, ni siquiera sé que hago aquí. Y no sé quién es usted.

—¿Intenta que me crea eso de que no sabe quién soy yo? Es imposible que no lo sepa, el conde de Taishō es un nombre con un poder impresionante y no dudo que quién la haya mandado le haya explicado todo.

—¿Conde? ¿De qué demonios me está hablando? —Él engrueso la voz y se plantó cerca de ella, estaba furioso y Kagome tenía el presentimiento de que algo malo, muy malo había pasado, era el sentimiento de estar viviendo algo asombroso.

—Es usted una descarada, ¿quién se cree para hablarme de esa forma? —Preguntó enfurruñado, cosa que hizo estremecer a Kagome. No eran palabras tan perversas como para asustarla, claro que no, ella ya había escuchado muchos insultos peores, lo que la aterrorizaba era la magnitud de poder de ese hombre. Su tono autoritario era fuerte y ella lo sentía.

—¿Qué año es este? —Preguntó ignorando su pregunta anterior. Tartamudeó aun no cabiendo de asombro, con un regocijo en el interior que se mezclaba con temor y excitación. Él la miró y no vio la más mínima vacilación en sus facciones masculinas.

—Mil ochocientos veintitrés.

—¡Santo Dios! — exclamó. Se tapó la boca con la mano y ahogó un grito de exaltación. No lo podía creer 1823, el mismo año que el reloj que había comprado. Estaba perdida en algún lugar en el tiempo y no sabía ni como había llegado y mucho menos como regresar.

—Ahora mismo me va a decir por qué está aquí y quien la mandó. —Miró al conde que tenía enfrente y su asombro aumento.

—Vengo del futuro, y no sé cómo llegué aquí. —Él la miró con el ceño fruncido mientras un largo silencio se apoderó de la habitación, entonces él soltó una carcajada y dio la media vuelta.

—Creo que el golpe que se ha dado en la cabeza la ha afectado. —Dijo antes de girar el pomo de la puerta. Cuando la cerró escuchó horrorizada la orden que daba.

»Llame al galeno y dígale que esta mujer está loca.

—Sí, milord.

Continuará…

Hola! Pido miles de disculpas por la demora, pero por fin, aquí les dejo el capítulo. Ojalá les guste y me lo hagan saber.

Pasando a otro tema, pido una enorme disculpa a Elfen Jaeger, la vez pasada dije que todas eran niñas, pero él es machín, machín, y la verdad que no lo podía creer. Cuando leí tu review me sentí tan halagada de que un hombre leyera mis fics. Es genial, en serio, ojalá no te decepcione.

Ijubi-sama (Nena, no, no estudio literatura, ni es una adaptación, la historia es completamente mía, sacada de mi loca cabeza. Es un honor que digas eso. Soy estudiante de ingeniería industrial.)

Yuli (Mil gracias por tu comprensión linda, y mil gracias por tomarte tu tiempo entre tanta escuela, mira que te entiendo y me halaga que lo hagas.)

Iblwe (hahaha qué perdida tú con los capítulos, pero entiendo, la escuela ataranta jjaj y en cuanto a tu duda, pues creo que está resuelta. Ella va a su época.)

Elfen Jaeger (sigo pidiendo disculpas por error y por otro lado brinco de la emoción de que seas hombre y leas mi fic. Y qué bueno que te gusta)

Marlene Vasquez (preciosa, gracias por leer. Y qué bueno que la trama te atrae, es un nuevo tema que estoy tocando, lo mío no es la fantasía, pero trato de llevarla lo más real posible)

Sallycullenvongola (conti arriba)

Breen Martínez (Creo que queda de más decir que te agradezco tu tiempo para corregir, eres un amor.)