Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.

Capítulo beteado por Breen Martínez.

Seduciendo al Conde

Capítulo 5

Taishō salió de la habitación de invitados hecho una furia. Los lacayos ni siquiera se inmutaron en mirarlo, pues sabían perfectamente que cuando él andaba de mal humor, se desquitaba con cualquiera que se le cruzase en el camino.

Y es que no era para menos, esa mujer que estaba en aquel austero cuarto, estaba loca, completamente loca y peor si pensaba que él se iba a tragar tal farsa. Era muy tonta y en verdad el golpe le había afectado el cerebro.

¡Del futuro!

Del futuro dependía su vida, la de ella, porque si el galeno no determinaba que estaba en sus cabales, nada la iba a salvar de ir a la clínica mental de la que se aseguraría de que no saliese nunca. ¿Es que acaso tenía pensado tomarle el pelo? ¿Hacerlo pasar por tonto?

En definitiva eso era.

Cuando entró a su habitación se dejó caer en el sofá y empezó a tamborilear los dedos en una de las piernas que había cruzado. Esa mujer era una embustera, no podía ser otra cosa, pero Dios, era también una hechicera, tenía los ojos más preciosos que él hubiese visto nunca. Eran un exquisito manjar, una fundición de chocolate en aquellas profundidades. Y si no hubiese sido por el arrebato de locura que ella había tenido quizá diría que también era la mujer perfecta.

Más importante que eso, necesitaba averiguar de dónde venía exactamente y qué hacía en sus postas la noche anterior, además también quién había provocado aquel incendio. Había perdido dos caballos y aunque podía tener más de los que había perdido, aquello era una burla, porque cada moneda que se metía al bolsillo, le costaba sudor y no solo a él sino a sus ancestros.

No olvidaba que el quinto conde de Taishō los había dejado en la quiebra y su abuelo que en aquel entonces había heredado el título, tuvo que sacar a flote las propiedades que había dejado embargadas. Aquel nefasto ancestro había derrochado todo en juego y amantes. Ahora de él dependía que aquellas prosperas tierras no volvieran a caer en quiebra. Su abuelo y su padre habían hecho hasta lo imposible por sacar adelante las propiedades y lo habían logrado. Él tenía la responsabilidad de conservarlas así.

Por esa misma razón no podía pasar por alto que una parte de su trabajo quedara reducido a cenizas y mucho menos que aquellos responsables se salieran con la suya.

Se levantó del mueble y caminó hasta las ventanas de la habitación. Se aconchó del alfeizar y observó el exterior donde estaba estacionado el coche de alquiler en el que había llegado el doctor. Era el hombre en quien más confianza tenía en cuanto a sus asuntos personales y confiaba en que le diría la verdad respecto a la salud mental de aquella mujer.

Se dirigió a la puerta y bajó directamente al recibidor. El doctor se encontraba dándole su abrigo y sombrero al mayordomo. En cuanto vio a lord Taishō, hizo una pequeña reverencia.

—Gracias por venir tan pronto, señor Myoga.

—Sólo cumplo con mi deber —dijo y caminó hasta llegar al conde—. Me han informado que la mujer está loca. No sé si pueda dar un veredicto de esa magnitud hasta examinarla.

—Se lo aseguro, ella ha dicho que viene del futuro y nada más y nada menos que de Japón, por Dios ni que fuese tan fácil llegar aquí y menos una mujer que por si fuese poco parece estar sola.

Taishō vio que el galeno examinaba la situación y cruzaba los brazos mientras se tocaba la barbilla con la mano. Era la misma expresión que ponía cuando un caso era desconocido, aunque dudaba que aquel caso fuese desconocido para él, pues no era la primera ni la última vez que el galeno trataba con un enfermo mental, sin embargo decidió esperar hasta que dijera algo. Y luego de un largo momento el señor Myoga resopló y lo miró ceñudo.

—Tengo que examinarla milord, necesitaré un momento a solas con ella. —El conde asintió y le indicó al mayordomo que lo guiara hasta la habitación de la mujer.

2.

Kagome esperó casi dos horas en aquella habitación antes de escuchar unos pasos por el pasillo que se acercaban cada vez más y luego como estos se detenían justo frente a su puerta. Vio girar la perilla y a continuación una cabellera canosa se asomó acompañada de un cuerpo pequeño y barrigón.

—Buenas tardes, señorita —le dijo.

—Buenas tardes.

—Soy el doctor, Myoga. Es la segunda vez que vengo a tratarla. La primera vez usted no estaba consciente —le declaró el doctor.

—Imagino que está aquí para ver si de verdad estoy loca —refutó Kagome mientras hacía ademanes por levantarse de la cama. Cuando por fin el piso dejó de moverse, se pudo plantar a lado de unos de los postes de la cama que le regalaron seguridad y equilibrio.

—No desespere, aún debe estar mareada, es por el láudano. —Kagome enarcó una ceja, y luchando contra sus impulsos por permanecer de pie, se dejó caer de nuevo en la cama.

—Le aseguro que no estoy loca, doctor. Esta mañana me desperté aquí y no reconozco el lugar ni mucho menos el paisaje. Nada me parece conocido.

—Puede que no reconozca el paisaje porque está en otra mansión. —Le aseguró el doctor como tratando de hacer lógicas las cosas. Kagome supo que no iban a creerle, aun así seguiría intentando, alguien tenía que hacerle caso de alguna forma u otra.

—No —arguyó—. De donde yo vengo las cosas son muy diferentes. Hay edificios enormes, automóviles, celulares, computadoras, internet, algo que aquí no existe. Las calles están pavimentadas y las casas están pegadas unas con otras.

Vio que el doctor no se inmutaba ante su declaración y la desesperación comenzó a apoderarse de ella. En un intento por hacerlo entender que no estaba loca, lo tomó del borde de la camisa de lino y lo zarandeó. Los ojos del hombre se abrieron sorprendidos por la fuerza con la que Kagome lo tomó de la solapa.

—Le juro que no estoy loca —el doctor la alejó y la tomó de las manos con fuerza para alejarla de él.

—Señorita, si no se comporta haré una constancia de que usted no se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales y esta misma noche terminará en una clínica mental.

Kagome lo miró horrorizada. No, eso era lo peor que le podía pasar, terminar en una clínica mental, ella no estaba loca, ella estaba diciendo la verdad, y sólo Dios y ella sabían que era cierto. Se obligó a tranquilizarse y guardar la compostura.

—Discúlpeme doctor, estoy un poco confundida.

—No cabe duda señorita —aseguró el anciano—, pero tengo que hacer algo por la seguridad del conde y si usted no se comporta él tomará medidas drásticas que sin duda afectaran su reputación.

—No soy una amenaza para el conde, se lo aseguro, ¿es que acaso no ha visto el tamaño de ese hombre?

Escuchó al anciano reír por lo bajo. Y sin saber por qué, ella se ruborizó, ¿había dicho algo malo?

—Buenas tardes señorita, lo mejor será que descanse. Vendré a estar al tanto de su recuperación. —El doctor hizo una pequeña reverencia y dio media vuelta para salir de la habitación.

Kagome se quedó sola y frustrada en aquella habitación. Desde que había amanecido o mejor dicho, desde que había despertado solo había visto tres caras, la mujer, el conde y el doctor. Empezaba a desesperarse por no poder moverse en aquel lugar. Se sentía recluida y amenazada por no tener certeza de su futuro. Tenía entendido que esa época en la que se encontraba, era un tanto dura. Las mujeres no eran libres, y los hombres manejaban tanto la ley, como las finanzas, por lo tanto el día en que lord Taishō viera que ella se hubo recuperado, la echaría a la calle y ella no tenía nada en esa época. Maldijo la hora en que no leyó alguno de los libros de historia que tanto le imponía su madre. Ahora ni la inmensa fortuna de su padre podría salvarla en ese lugar.

Si tan sólo lograra convencer al conde de que ella no era de ahí y que estaba sola en el mundo en aquella época, obtendría un poco de protección durante algún tiempo. Pero no encontraba la forma de lograrlo.

3.

Taishō recibió las noticias del doctor que le daban a conocer el estado de la mujer. Por lo que entendía del doctor, ella solo se encontraba confundida por el golpe y por el cambio de ambiente, tal vez venia del sur y encontraba las cosas un tanto diferentes. Decidió tenerla en la mansión mientras se recuperaba y lograba recordar verdaderamente de donde venía, ya luego gradualmente descubriría el paradero de su enemigo.

Ordenó a una doncella que la atendiera mientras tanto hasta que se recuperara por completo. Después de todo, seguía siendo una mujer indefensa, sola y en casa de un hombre.

Aquella noche, la doncella le trajo un recado de la mujer que respondía al nombre de Kagome y la que pedía, poder cenar con él. Taishō no se negó y ordenó que la llevaran hasta él cuando se pusiese algo decente. No pensaba bajar la guardia y por lo tanto tenerla cerca quizá le permitiría sacarle información cuando empezase a recordar.

La vio entrar en la sala ataviada con un vestido verde olivo, que en realidad no le agradaba mucho, pero para ser sincero, parecía que a esa mujer cualquier ropa la hacía verse bella. La ropa, según informes de la doncella, era uno de los vestidos de la fallecida condesa. El no objetó nada porque ella llevase esa prenda, después de todo no podía andar por la casa con su ropa malgastada ni en camisón. Le habían recogido el cabello azabache en un moño alto y acorde a la ocasión. No llevaba corsé, pero los pechos le sobresalían en buen medida por sobre el escote del vestido.

—Buenas noches, lord Taishō —saludó y tomó asiento en la silla que estaba destinada para ella desde el principio. El olor de jazmines le llegó a las fosas nasales en cuanto ella se sentó. Era un aroma exquisito y refrescante.

—Es milord —la corrigió. Un sonrojo coloreó las mejillas de la mujer y sorpresivamente su pene respondió a eso. Se obligó a pensar en otra cosa—, buenas noches, señorita. —Contestó y vio que los sirvientes venían con las charolas de comida. La cena era pato, y era una de sus comidas favoritas. Ella pareció un tanto insegura acerca de la comida—. Es pato, por si tampoco se acuerda de los tipos de comida que hay.

—Lo siento, es que lo como muy pocas veces —no le asombró aquella declaración. Quizá ella era una muchacha de campo y no tenía aquello lujos. Se limitó a asentir y se dispuso a comer.

»Debo agradecer su hospitalidad y sus atenciones a pesar de ser una desconocida para usted. —Él levantó la mirada y la escrutó. Tenía la cabeza gacha y las manos sobre el regazo, por debajo de la mesa. Un mechón de cabello se le había soltado del moño y le caía por la mejilla. Era preciosa.

—Eso ni lo dude —respondió cortante—, pero cuando sepa sus intenciones y el porqué estaba en mis tierras, no habrá mucha más cordialidad de mi parte.

—Pero eso dependiendo de qué tan peligrosa sea. —Susurró ella.

—Muy bien dicho —contestó él como si ella hubiese descubierto algo extraordinario—, si resulta que usted causó el incendió, tenga por seguro que pagará por lo que hizo, en caso contrario, tendrá mis disculpas por el mal trato. —La vio curvar la cara en una sonrisa y levantar la cara hacia él. Dios, era una hechicera, definitivamente.

—En ese caso, creo que puedo estar segura de que obtendré sus disculpas milord, porque si de algo estoy segura, es de que yo no cause ese mentado accidente.

—Eso espero.

Fue lo último que respondió, porque después se dedicaron a cenar en silencio. De vez en cuando el sonido de los tenedores sobre la vajilla tintineaba rompiendo el silencio, pero no pasaba de eso, pequeños tintineos. Otras cuantas veces cruzaron mirada y que para asombro del conde, le causaban parálisis en cierta zona del cuerpo.

Cuando los sirvientes se llevaron los platos y los volvieron a dejar solos, ella tomó la iniciativa esta vez.

—Es una mansión preciosa. —Dijo mirando alrededor. Y claro que era preciosa, era la mansión de un noble y una de las cuantas propiedades que tenía. Era en la que más le gustaba estar, por ser alejada del bullicio de Londres. Y mientras la temporada no empezase, él se regocijaba estando ahí. Aunque ya faltaba poco para que diera inicio y él tendría que plantearse ir buscando a su futura condesa.

—Supongo que es la primera vez que visita una casa de esta dimensión.

—Exacto. —Convino ella—. Estaría encantada de conocer el resto de la mansión.

Él arrugó el ceño y se puso de nuevo en guardia, se dio cuenta que había bajado la protección. Aun no se fiaba de aquella mujer y no pensaba mostrarle la mansión para que ella pudiera hacer lo que quisiese en ella. No cuando aún la tenía como sospechosa del incendio.

—Usted me disculpará, pero no es decente que una mujer se proponga de esa forma a un caballero. —Vio que ella abría lo ojos asombrada. Definitivamente no se esperaba aquella negativa.

—No era esa mi intención, se lo aseguro. Solo quería…

—Perfecto, entonces me disculpo, y usted puede volver a su habitación ahora mismo.

Ella se levantó claramente ofendida y él por obligación tuvo que levantarse también. En cuanto un lacayo la escoltó hasta su habitación, él se encaminó hasta la suya propia.

Se sentó frente a la chimenea y se sirvió una copa de whisky.

La última vez que había estado con una mujer había sido hacia tres meses y no había terminado nada bien. Por poco termina embarrado con un hijo ilegitimo. No pensaba correr ese riesgo de nuevo. Y esa mujer en su casa era un peligro latente, lo viera por donde lo viera, así que tenía que mantenerse alejado de ella. Porque era preciosa y exquisitamente apetecible. Aun podía sentir el calor de su mirada y como su erección palpitaba bajo sus pantalones con un simple pestañeo.

Maldita fuese su abstinencia que lo ponía en aprietos en ese momento. Vaya que excitarse por unos simples ojos cafés. Y si no hubiese tenido en mente que ella aún era sospechosa, la hubiera llevado a los pasillos de los antecedentes familiares y la hubiera arrinconado en una esquina, para enseñarle a no provocarlo. Para recordarle lo que era un hombre, por si eso también lo había olvidado.

Continuará…

Gracias a las lindas personas que han dejado un hermoso y motivante review. Me pone inmensamente feliz que la historia les guste. Es la primera vez que escribo época antigua y trato de que salga de acuerdo a su tiempo.

salycullenvongola: Gracias por tu comentario. ¿Emocionante? Cuando lo escribí pensé que era una parte aburrida… En fin, espero te haya gustado éste capítulo.

yuli: Yo también ando en servicio social y es casi todo el mendigo día. Es un horror soportar clases y luego eso. Gracias por tomarte tu tiempo para leerme, es un honor que hagas un huequito para darle un vistazo.

iblwe: ¡Despistada! Pensar en Snart y el lemmon te tiene así jajaja. Respecto al capítulo, creo que Kagome estaba desesperada, digo no todos los días es llevada a una época diferente y con un conde tan sexy como Sessh…

Ijubi-sama: No dejo de sentirme tan feliz al releer tu review. Es que es tan halagador que no me lo creo. Me la voy a creer jajaja.

Marlene Vasquez: Bueno, respecto a que si afectará su futuro, pues eso está por verse. No es como si fuese un viaje normal… No diré más porque sería decir mucho, lo que puedo decir es que Kagome no altera nada en su futuro. Todo está escrito y ella sólo sigue lo que está deparado. :3

Elfen Jaeger: De nuevo gracias por tomarte tu tiempo para leer y que dejes un review. Significa mucho para nosotros los autores. Y en cuanto a si leí cumbres borrascosas. La verdad es que he leído novela de época, pero esa no. La descripción de las escenas y los personajes son de mis investigaciones para tratar de hacerlo acorde a la época, así como mucha lectura para embeberme del tema. Trato de utilizar los vocablos, porque creo que son lo que le dan ese toque antiguo. Y los hace más reales. Y no pienso que seas gay jajaj el romance es para todos.

okita kagura: Gracias por darle una oportunidad a mi locura y darle chance de que te atrapara. Espero no decepcionarte.

Aurora kuchiki: Más… habrá más siempre y cuando la escuela no me ahogue entre papeles de servicio y exámenes.

clarity-chan: Sus deseos son órdenes. Espero te haya gustado la conti…

Bueno gracias de nuevo por dejarme sus comentarios y espero mi paga para no morir de hambre ni yo ni mi bebé "el fic" jaja se está haciendo mayor. :´D

¡Nos leemos la próxima actualización!