Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen. Son de la magnífica Rumiko Takahashi. Sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.

Corregido por Bren Jaeger.

Seduciendo al conde

Capítulo 8

Sesshōmaru vio que Kagome extendía los brazos al viento y como éste le mecía los cabellos en forma de respuesta, también el sol la embellecía, pues le arrancaba destellos azules de su cabello azabache. Se quedó mirándola largo rato, viendo como alzaba el rostro hacia el sol y este le acariciaba las mejillas con su calor.

Ella era preciosa.

Giró el rostro y observó que el cochero junto con otro lacayo se quedaba a una distancia prudente de ellos. En ese momento se dio cuenta de que había sido una acción estúpida y apresurada haber salido sin carabina. Aun cuando nadie conocía a Kagome, era responsabilidad de él cuidar su reputación. Claro que era lo menos que quería en ese momento y no es como si fuese la primera mujer a la que seducía, pero después del episodio al que él mismo llamaba "Kagura" no deseaba poner en juego la reputación de ninguna mujer.

Kagura estuvo a punto de embarrarlo en un matrimonio en el que él mantendría a un bastardo. Se había acostado una o dos veces con aquella mujer, pero siempre había tomado sus precauciones así que cuando ella le había salido con la noticia de que estaba embarazada, él negó cierta paternidad. Y si no hubiese sido porque ella había abortado, hubiese sido embaucado. Luego se enteró que era hijo de uno de los hombres con quien mantenía relaciones clandestinas a aparte de él. Era una cortesana muy bella, pero demasiado mañosa.

Sentía pena por ese bebé que no tenía nada de culpa, pero desde ese día decidió no meterse en líos hasta sentar cabeza, y eso aún lo veía muy lejos. Primero tenía que dedicarse a sus propiedades y después buscar a una esposa que fuese prudente. Otra de las cosas que estaban casi imposibles, pues aparte de Sango no conocía a una mujer con un intelecto desarrollado, bueno aparte de cierta mujer con los brazos extendidos frente a él. Sin embargo ella no parecía el tipo de mujer londinense ni de buena cuna. No hablaba con delicadeza y no era prudente. Obviando su espíritu salvaje.

Otra mujer en su lugar no se tomaría la libertad de mostrarse tan expresiva ante aquellos campos y menos ante la compañía de un hombre.

Ella se giró en ese momento como si hubiese escuchado sus pensamientos y le regaló una encantadora sonrisa, él se vio obligado a responder tal muestra y caminó hasta estar a su lado.

—Parece que le hacía falta la naturaleza —ella respiró profundo y soltó el aire despacio. El sonido gutural del pequeño gemido que salió de sus labios le hizo brincar de excitación.

—Sin duda, esto es hermoso. Jamás había visto tanta vegetación junta, de hecho creo que es lo más puro en cuanto aire, sin contaminación, ni smog, ni ruido de autos, aviones… —ella se detuvo horrorizada y bajó la cara. Sesshōmaru no supo el porqué de su repentino cambio—. Debe pensar que estoy loca.

—No pienso que esté loca, sin embargo, su lugar de origen debe de ser demasiado extraño —ella asintió y pareció que estaba recordando algo. El conde esperó mientras buscaba con la mirada el par de rocas que recordaba había en esa parte del campo. No las encontró muy lejos. Estaban cerca de un árbol grande, ribeteado por hierba.

—Creo que mi mundo es diferente del de usted milord, aquí hay paz, en cuanto a medio ambiente, del lugar que yo vengo, hay especies en peligro de extinción, el agua escasea en cierta zonas del país y solo los monopolios tiene una gran fortuna. La gente vive en las calles y mata por comida.

Él le ofreció el brazo y ella lo miró consternada antes de aceptarlo. Entonces se encaminaron hasta las rocas y sacó un pañuelo de su chaleco. Lo puso encima de la piedra y le indicó que se sentara mientras él hacía lo mismo.

—No es muy diferente de aquí —Dijo continuando la conversación—. La gente mata por comida, vive en las calles y solo los nobles y algunos terratenientes tienen grandes fortunas. En cuanto a los animales, supongo que se debe a la vegetación del lugar.

—Usted es un noble —contestó ella. El conde enarcó una ceja.

—Lo soy, pero eso no quita el hecho de que esté en desacuerdo con las aficiones que tiene otros muchos aristócratas. Además supongo que Japón debe ser muy pobre, si lo que dice es…

—No tiene que ver con la vegetación —interrumpió ella—. Japón es un lugar con gran diversidad de flora y fauna, pero pienso que el peligro es a causa de la gran sobrepoblación. —la cara de Kagome comenzó a enrojecerse. Tal vez de furia o desesperación.

—Tal vez —fue lo único que contestó. Y la vio tensar los puños apretando las uñas contra la palma de la mano—. ¿Se siente bien?

—Me siento perfectamente, es solo que usted no comprende mi situación.

—Explíquemela y la voy a entender. —Ella lo miró y negó. La tensión en su mandíbula y el cólera que mostraba sus ojos eran en cierta manera deliciosos. Una mujer enojada era sin duda graciosa.

—No me entendería, simplemente me tomaría a loca. Ya lo intenté una vez y no funcionó. —Él se tensó. Ella volvería con el cuento de que era del futuro, sin embargo sintió deseos de escuchar por completo aquella historia.

—Bien —dijo a Kagome—. Tú explícamela y yo prometo escucharla por completo. Sin objeción alguna y sin burlarme.

—Eso no me convence, si pretende burlarse y tomarme a loca, no le diré nada. No es el momento —él conde enarcó una ceja y observó los pómulos enrojecidos de la azabache.

—¿Quieres continuar caminando? —Preguntó mientras se levantaba de la roca. Estiró los brazos y luego le ofreció una mano a ella para ayudarla a levantarse.

Era la tercera vez que la tocaba y sentía la misma corriente eléctrica atravesarle el cuerpo como una rayo. La sensación era placentera, sin duda, pero demasiado peligrosa para su gusto. Había prometido mantenerla alejada el tiempo que estuviera, pero ahora con esas sensaciones, le parecía absolutamente difícil. Ella parecía tan frágil y tan delicada bajo su gran y áspera mano.

—¿Y sus padres, milord? —La pregunta lo tomó por sorpresa, pero trató de responder educadamente.

—Murieron en un accidente.

—Oh —fue lo que atinó a decir ella—. Lo siento.

—De eso ya tiene cuatro años.

—Debe resultarle difícil sobrellevar todo esto solo —ella giró la cara hacia los campos. Y sin duda le resultaba difícil. Tener un ejército de hombres bajo su mando era un trabajo que le resultaba muy cansado y estresante, además de la gran responsabilidad que significaba el título. Todo el mundo tenía siempre los ojos puestos en lo que el conde de Taishō hacía con su vida y sus propiedades. Todos esperaban a que él encontrara esposa y diera un heredero, al futuro conde de todo aquello.

—Toda fortuna lleva un gran esfuerzo a sus espaldas. Lo que tengo les ha costado a mis antepasados y yo no soy la excepción —Kagome caminó frente a él y rodeó el árbol en el que estaban. Pasó los dedos por la corteza de éste y luego regresó a su lado. Sesshōmaru la vio contonear las caderas con los movimientos que hacía. Y aunque era un movimiento sensual y provocador, sabía que a ella le salía natural. Sus experiencias con las mujeres lo hacían reconocer ese tipo de detalles.

Sus movimientos eran fluidos. Los pechos le subían y bajaban con cada bocanada de aire profundo que ella inhalaba y su estrecha cintura se acentuaba más con la confección del vestido que traía puesto.

Reparó en que se veía totalmente distinta a como la había conocido aquella noche en el incendio. Su ropa escuálida había ocultado la belleza de su feminidad. Kagome relajó los músculos y acto seguido irguió la espalda.

—Sin duda, sé a lo que se refieres. Mi padre es dueño de una empresa y una cadena de hoteles. Desde que tengo uso de razón se la ha pasado atormentándome para estudiar alguna carrera respecto a administración de empresas, pero me incliné por la pintura y dibujo.

—Una mujer empresaria —dijo con asombro—. Es lo más estrambótico que he escuchado.

—Ni se imaginas lo estrambótico que fue para mi padre cuando se enteró —habló con la voz sofocada y tomó aire para continuar—. Me amenazó con desheredarme si no hacía su voluntad.

—¿Y lo hizo? —Preguntó interesado en la respuesta. Ella pareció captar su interés por que tardó en responder. A él le pareció una eternidad antes de que ella volviera a hablar.

—No, no lo hizo —respondió—. Al menos no en ese momento.

—¿Entonces?

—Parece muy interesado en mi historia milord.

—Simplemente me es fascinante que una mujer sea la cabeza de una familia. Solo hay unas cuantas mujeres que asumen ese control en la actualidad.

—Pues ni se imagina cuantas mujeres pueden llegar a ser independientes y forjar su propia fortuna en donde vivo.

Él la miró y le ofreció un brazo para seguir caminando de vuelta hasta la calesa. La tarde empezaba a refrescar y era mejor volver antes de que enfriara más y la neblina dificultara el acceso hacia la mansión. Esa parte del bosque era demasiada peligrosa pasada la tarde y a ellos ya se les había hecho demasiado tarde. Habían pasado todo el día fuera sin haberse dado cuenta y hasta ese momento fue consciente de que no habían comido. Ella debía estar muerta de hambre. Dios, cuanto lo lamentaba.

Cuando se detuvieron frente a la calesa le ofreció la mano para subir. Ella se sentó y él ocupó el asiento a su lado.

—Mis disculpas por entretenerte tanto tiempo, debes estar muriendo de hambre —ella negó. De pronto el carruaje se puso en movimiento y ella fue a dar frente a él cayendo justo cerca de sus rodillas. Se apresuró a levantarla y la rodeó con un brazo para darle apoyo.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, me ha pillado por sorpresa.

—Sin duda —contestó aguantando las ganas de reírse a sus costillas. Ella arrugó la frente mientras se acomodaba en el asiento.

—Vamos, ríase, sé que es lo que quiere —la carcajada salió de sus labios sin poder evitarlo y ella hizo un mohín con la boca. Parecía una niña de esa forma.

—Lo siento, no era mi intención.

—Disculpas aceptadas —y ella también se echó a reír. El sonido de su risa era como estar escuchando una sinfonía angelical.

La vuelta a la mansión estuvo hundida en un silencio, pero no era incómodo. Ella estaba ensimismada mirando las colinas que se alzaban detrás de los campos. Sus ojos estaban tan metidos en un profundo pensamiento y por un momento deseo poder leerlos. Esa preciosa mujer parecía tener un dolor clavado en el corazón y Sesshōmaru se encontró demasiado interesado en la causa, ¿el hombre con el que se iba a casar? Negó con la cabeza, estaba pensando cosas fuera de lugar. No podía mezclarse demasiado con ella y no debía entrometerse tanto en su vida para que ella no hiciera lo mismo con la de él.

Cuando llegaron a la mansión, los sirvientes ya los esperaban con la comida servida en el comedor. Esperó a que Kagome se aseara un momento antes de bajar de nuevo a comer. Y cuando entró en la sala, su precioso y despampanante cabello caía en suaves ondulaciones por su espalda. No llevaba puesto más que un sencillo vestido y sin corsé, aun así su cintura era pequeña y sus caderas anchas. Sin duda tenía unas caderas muy fértiles.

—¿Qué planes tiene para mañana? —Lo interrogó en cuanto terminaron de cenar. Él alzó la barbilla y repasó sus asuntos que lo aguardaban para el día siguiente.

—Tengo que ir a checar unas plantaciones en el norte.

—Oh, supongo que estará muy ocupado —escuchó la decepción en su voz.

—Puede ir conmigo si lo desea. —A ella le brillaron los ojos ante lo dicho y ya no había vuelta de hoja. La había invitado a recorrer y acompañarlo a checar los cultivos en la parte norte. Sería un día caluroso, pero en ese caso tendría que recomendarle algo más fresco.

—Le diré a la doncella que le consiga algo ligero para el recorrido. Será un día pesado y posiblemente tenga demasiado calor.

Ella asintió.

Kagome se retiró de la sala después de media hora de preguntas banales sobre el clima en esa época. Y en cuanto Sesshōmaru quedó solo se retiró al despacho a revisar los papeles de la parte que tendría que inspeccionar a la mañana siguiente.

Tomó una copa antes de irse a su habitación y su ayuda de cámara le informó de la visita del investigador que llevaba a cabo lo pertinente al incendio.

—Estuvo aquí el barón Howe, no quiso dejar el informe de la investigación. Dijo que volvería cuando estuviera. Que tenía algo interesante que mostrarle.

—Perfecto, mañana iré a verlo antes de ir al norte —el ayuda de cámara recogió la bandeja con agua con la que se había estado afeitando y salió de la habitación haciendo una reverencia.

Sesshōmaru no podía esperar a que amaneciera para saber los avances de la investigación. Si resultaba que Kagome estaba involucrada en todo aquello, que Dios lo ayudara a él y a ella. A esas alturas se sentía incapaz de mandarla al magistrado bajo ninguna circunstancia.

Continuará.

Pasamos a los agradecimientos. Ustedes como siempre incondicionales. Son un amor.

iblwe

Arely

okita kagura

Anixz

Niñas también aprovecho para darles una noticia.

A partir del sábado, me tomaré unos días de descanso con las actualizaciones. El motivo no es por ocio, sino que estoy a tres semanas de terminar el semestre y tengo que concentrarme, así que no tendré tiempo para escribir. Espero no les cause mucho problema. El 29 estoy de regreso con las actualizaciones de éste y mis otros fics.

Mil gracias por su comprensión. Se les quiere.

¡Nos leemos!