Summary: Todos los días se veían en la habitación 505 del hotel Empire, hasta que ella dijo adiós y desapareció sin dejar rastro… desatando el infierno en Edward.


Meyer es a dueña de los vampiros... y también de la chica dark.

Gracias por todo.


Room 505.

Segundo Capítulo.

Bella no tuvo tiempo de ofenderse.

El bar tender abrió la boca con indecisión.

—Huh, ¿señorita? Tiene que pagar por la copa.

Ella parpadeó muy rápido. Ay no.

—Lo cubre el hotel —respondió como si fuera la cosa más obvia y simple del mundo.

—El servicio de bar no está incluído en su reservación.

Edward negó con la cabeza mientras se asomaba una sonrisa cruel en su boca ebria.

Llevó su mano detrás de su pantalón y sacó la cartera, comenzado a hurgar en ella.

Bella abrió los ojos.

—¿Qué estás haciendo?

—Solucionando tu noche, nena. Como dije, quiero acostarme contigo... y no puedo permitir que te arresten por ladrona.

—¡Yo no he robado nada!

Algunos clientes alrededor ya estaban prestando atención a la escena.

—No pagar por algo también se considera robo, linda.

Ella se puso demasiado nerviosa e hizo lo que le pareció más inteligente; acercarse al chico de la barra y decir:

—Habla con el señor Vulturi. Él y yo tenemos un trato.

El chico desconfió como era natural.

—Espera aquí. No puedes irte, y más te vale que sea cierto.

Él se fue, dejando a Edward solo con la joven.

Isabella se alejó un par de pasos, retorciendo sus dedos con la cabeza gacha.

—¿Cuál es tu nombre real, Izz? —cuestionó en tono suave. Aún así, ella no confió ni un poco.

—Déjame en paz —resopló.

—Si no eres una puta, entonces ¿qué eres?

—¿Por qué te importa tanto? Es decir, si en realidad te importa. Solo quieres molestarme.

—Muy bien, lo acepto —se rindió—. Soy un canalla que nada mas verte no pudo aguantar las ganas de acosarte un poco para conseguir una buena follada.

A Bella le dieron náuseas. ¿Cómo era posible que ese hombre, que con la boca cerrada lucía como un príncipe, pudiera ser tan vulgar?

—Entonces es hora de que te vayas. No vas a conseguir nada... no soy una prostituta.

Ella no podía dejar de examinarse a sí misma. Llevaba suéter y mezclilla. ¿Qué le había hecho pensar que era una mujer acostumbrada a vender su cuerpo? Ni siquiera calzaba tacos altos.

El barman regresó con cara de pocos amigos y se dirigió hacia ella con una mueca.

—Marcus hablará contigo mañana. Ahora puedes irte.

Bella pudo imaginar lo que Marcus haría. Había sido una tonta por querer darse un lujo que no le correspondía.

Era hora de hacerse a la idea de que era una simple recamarera que no podía dejar volar sus ilusiones, al menos hasta que sus deudas estuvieran saldadas y pudiera aspirar a una vida mejor para ella y para su madre.

Se marchó sin ningún tipo de gesto de despedida. Edward la observó alejarse.


Avanzó por el pasillo tropezándose con la alfombra, apoyando las palmas en las paredes para detenerse y siseando un "mierda" a cada paso.

Se había quedado bebiendo en el bar no sabía muy bien por cuánto tiempo, pero sí sabía que estaba lo suficientemente borracho como para que no le importara en absoluto las consecuencias que le traería lo que estaba a punto de hacer.

Le había preguntado al chico de la barra el verdadero nombre de la joven, cuando lo tuvo, fue a la recepción y averiguó la habitación.

Qué mierrrrrrrda estás haciendo, Cullen.

Tocó con los nudillos a la puerta tres veces, esperó. Nada. Repitió el proceso cinco veces más. Ella no abrió la puerta.

Isabella, al otro lado del muro de madera, le observaba por la mirilla.

¿Qué hace aquí? Pensó inquieta. ¿Y si él me hace daño?

Eso sonaba imposible, porque él no parecía del tipo psicópata que busca la sangre perversamente, sin embargo no conocía nada de él... y lo poco que había conocido no le gustaba.

Cuando volvió a observar, Edward se había ido.


Se levantó mucho más temprano que las gallinas y se apresuró a dejar la habitación impecable. No quería otro problema con Marcus. Ya era suficiente.

Se colocó el uniforme guinda y los horribles zapatos sin verse al espejo. Hacía mucho tiempo que ella ya no podía darse el lujo de ser vanidosa.

Hizo la lavandería de otras decenas de colchas y sábanas, planchando cada arruga con empeño. Tanto, que su frente se perló de sudor.

En ese momento, Marcus la llamó a su oficina.

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.

—Entonces, no obstante con darte alojamiento gratis, ¿bajas y haces un escándalo en el bar?

—Señor Vulturi, yo no hice ningún escándalo. Estoy consciente de que presioné su confianza, pero le recuerdo que si bien no pagaré la habitación en efectivo, sí lo haré con trabajo. Usted no me ha dado nada gratis... señor —su voz bajó bastantes decibeles. Había sido atrevida.

Marcus se carcajeó.

—Ayer te tomaste una copa entera del mejor whiskey de la casa, ¡el mejor whiskey de los Estados Unidos! Ayer depositaste tu linda boca contestona en una botella de dos mil dólares. Si yo te dejara pagarme sólo con tu trabajo, tú no verías un centavo de tu sueldo hasta dentro de, más o menos, un año.

Isabella experimentó un temblor en las manos. Esa conversación ya no estaba tratándose de horas extra para cubrir el costo del cuarto y del licor.

—¿A dónde quiere llegar? —tartamudeó.

—Hay un caballero, el cual tú conociste anoche, que está dispuesto a pagar muy bien por estar a solas contigo.

Fue como si ella recordara de nuevo las palabras que Edward había utilizado para molestarla; puta, porno, follar.

Tomó un suspiro largo y juntó sus manos.

—Tanto como mujer como trabajadora, tengo derechos. Y estoy segura de que en este país, la prostitución es un delito.

El hombre rió de nuevo.

—No me mal entiendas. El caballero pagará para hablar contigo. Mi hotel es uno de los mejores, y no pienso tirar todo ese esfuerzo por la borda metiéndome en el oscuro mercado de las sexoservidoras.

—¿Y se ha puesto a pensar a cuenta de qué un hombre como el querría "hablar" conmigo?

Él encogió los hombros— Nunca cuestiono el intelecto de los clientes.

—No puedo hacerlo, señor. Tal vez sea una simple sirvienta, pero fui criada para siempre mantener mi dignidad intacta y esto... viola todo lo que soy.

Marcus Vulturi chasqueó la lengua gruesa en el paladar.

—Me temo que no estás entendiendo... Y traté de hacerte ver las cosas de un modo más positivo, pero eres terca como cualquier chiquilla —él deslizó un cheque por la mesa hasta los ojos de Bella.

Sus sesos volaron cuando vio la cantidad de tres ceros escrita ahí. Trató de hallar una explicación en los ojos del gerente, quien dio la estocada final mientras recogía de nuevo el documento financiero.

—El señor Cullen pagó por adelantado. Esta noche te verás con él.


Sí, subí antes de lo que dije porque comentaron que era corto el primer capítulo.

Los capítulos son cortos, básicamente, porque no quiero acostumbrar a actualizaciones de 3 mil palabras cuando yo sé que no siempre tendré el tiempo de escribir tanto. Así que mejor empezar con la verdad.

Los comentarios son bastante fáciles de hacer, desde computadora o celular, así que no se queden calladas. Incluso si no son buenos comentarios, uds. háganlos. Prometo no suicidarme por sus crueles palabras.

S4TC.