Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


-III-

— Mamá… — suspira quedamente y pone una mano en mi pecho, oímos un golpe y al mismo tiempo miramos la puerta — Vete Gale… por la puerta de atrás… mañana… podemos hablar ¿sí?

— Madge…

— Gale — susurra aferrándose a mi camisa, me mira con tristeza — Vete — sale primero, le sigo hasta que entra en otro cuarto y entorna la puerta.

— ¿Maysilee? Oh mi querida Maysilee estás viva.

— Mamá…

— ¡No estás muerta hermana que alegría! — oigo el suspiro de Madge y siento pena, no quiero, pero no puedo evitarlo.

— Si cariño estoy bien… debes… debes subir a la cama ¿sí? — se oyen algunos ruidos, sábanas moviéndose y el peso sobre la cama — ¿Necesitas algo más? ¿Por qué bajaste de la cama?

— ¡Jugo! De fresas por favor y cántame Maysi…

—Cla-claro — ahora entiendo la compra de las fresas, el letrero, su rostro angustiado, el poco dormitar.

La escucho cantarle un buen rato. A veces la melodía es interrumpida por un sollozo ahogado. Estoy parado frente a la puerta, no puedo moverme, mejor dicho no quiero hacerlo. Cuando deja de cantar me meto en su cuarto, quiero disculparme, tengo que. Le oigo cerrar la puerta de la habitación de su madre y arrastrar los pies hasta el suyo. Cierra la puerta detrás de sí sin siquiera ver que estoy allí y se derrumba. Golpea suavemente su frente contra la madera sollozando bajito. Me acerco con cautela pero aun así nota mi presencia. Va a gritarme, abre la boca y me mira enfurecida pero le callo. La apego contra mi cuerpo y le siento gritar en mi pecho. La abrazo y siento sus manos aferrarse a mi camisa. Me siento una basura por odiar a alguien que pasa algo asa cada noche.

— Tenías que irte — apenas le oigo porque mi pecho amortigua sus palabras, me mira alejándose — debiste irte.

— No… escucha…

— Gale ha sido demasiado por un día… puedes decir lo que sea mañana — apaga la luz central — la puerta de atrás nunca tiene llave… puedes irte por allí.

— Madge no quiero irme.

— Pues yo soy el cliente y exijo que te largues — cae sobre su cama, se hace un ovillo y se aferra a una almohada.

— Madge… lo siento — susurro yendo hasta ella, tomo una manta que está a los pies de la cama y la extiendo, no me mira — no tenía idea…

— No te creas especial, nadie lo sabe Gale…

Cierra los ojos con fuerza y sé que espera que me vaya para llorar. Sopeso la idea de meterme bajo sus sábanas y los problemas que eso traería. Pienso en que en realidad es por lo que ella ha pagado y que ciertamente me besó. Respiro profundamente y corro la manta, no se inmuta, sigue aferrada a la almohada apretando los ojos. Solo cuando siente el peso extra sobre su cama abre los ojos y me mira. No dice nada, apenas se corre para dejarme más espacio. No suelta la almohada y deja de mirarme cuando estoy bajo la misma manta que ella. Apenas nos separan unos cuantos centímetros pero es como si estuviéramos a kilómetros de distancia.

La pequeña luz de su mesilla de noche me permite verla. Hecha un ovillo a mi lado temblando ligeramente ahora que deja correr las lágrimas. Estiro mi mano y acaricio sus bucles dorados, me sorprende la suavidad de su cabello, lo fácil que es hacerme adicto a ello. Suspira profundamente algunas veces y pronto el cansancio me gana.

El movimiento en la cama me despierta. Siempre fui de sueño ligero así que no me sorprendo. Me pregunto porque Posy habrá decidido pasarse a mi cama cuando mamá puede cuidar su sueño. Abro los ojos para asegurarme de que este arropada cuando lo recuerdo todo. No es el cuarto que comparto con mis hermanos, no es mi casa de la Veta y ciertamente no es Posy quien se ha movido en la cama.

Madge Undersee, la hija del alcalde, duerme sobre mi pecho aferrada a mi ropa. Estoy en su cuarto, en la mansión, en muchos problemas. La veo dormir, se ve angelical con el rostro sereno y los labios entreabiertos. Vuelve a moverse y acaba a mi lado, a escasos centímetros de mi rostro. Debo odiarla me dice mi cerebro, pero no puedo. Rozo sus labios y responde incluso en sueños. Mi corazón se acelera por alguna extraña razón.

— Gale… — susurra en cuanto me separo de su boca.

— Lo siento — me disculpo pensando en que es una descortesía despertar a alguien con un beso, sin embargo no abre los ojos.

— Me gustas — murmura antes de voltearse y exhalar pesadamente, aún está soñando.

Una completa locura, ciertamente. Noto que hay claridad y salto de la cama ahogando una maldición. Corro ligeramente las sedosas cortinas. Casi amanece. Mi corazón late tan rápido que mi pecho duele. Le oigo moverse en la cama y ella sí que no evita maldecir. Me mira, sus ojos son tan expresivos que casi rio al verlos tan abiertos. Sale del cuarto en puntas de pie, voy a ponerme las botas cuando caigo en que haré más ruido si estoy calzado. Demora demasiado en volver. Estoy poniéndome enfermo, si soy descubierto será mi fin. El libro de Cupido habrá pasado a la historia como el momento en el que perdí mi dignidad porque si soy encontrado no habrá nada de mí que requiera de dignidad.

— No hay nadie aún — susurra metiéndose en el cuarto — papá no ha vuelto y mi nana no se ha levantado todavía — debes…

— No tienes que echarme Madge — mira al suelo, me acerco a ella hasta apegarla a la puerta — ha sido una noche rara, pero no puedo negar que la disfrute.

— Mentiroso — musita cohibida, no me mira así que tomo su mentón — tienes que…

— Me iré — me quedo varios segundos fijándome en sus labios — te veo a las tres en la Pradera.

Salgo de aquel sitio prohibido con el corazón en la garganta. No hay nadie alrededor así que no soy tomado por sorpresa. Casi jadeo cuando llego a la plaza principal. Tengo tiempo suficiente de ir a colocar las trampas y volver a casa antes de que a Hazelle se le pare el corazón.

— ¡Hawthorne! — volteo rápidamente conteniendo la respiración.

— Darius… casi me matas del susto — el peacekeeper pelirrojo es inofensivo, casi parte de la familia tácita del Quemador.

— ¿Qué haces levantado tan temprano? No hay escuela, no trabajas y ciertamente el bosque no está en esta dirección ¿o sí?

— Vengo de… vengo de lo de Cupido. — no tiene caso ocultárselo, lo vi con el maldito viejo, Darius es un comprador asiduo.

— La caza ilegal no paga tan bien supongo — oculta la risa bajo la barba pelirroja y de haber sido Thom lo habría golpeado.

— Sabes bien mis motivos — espeto casi furioso.

— ¿Quién te ha comprado? — le miro con rabia.

— No es de tu incumbencia, si no vas a detenerme déjame ir a no ser que quieras ir de caza conmigo.

Alza las manos en señal de rendición y me deja ir. A mí nadie me ha comprado, solo he tomado un préstamo que jamás en la vida podré devolver. Cruzo la alambrada, busco mi arco y el carjac y me dispongo a preparar las trampas. Logro nudos decentes y cazar un par de ardillas antes de que toquen las campanadas de la torre. Mi madre se habrá levantado hace mucho y ciertamente estará esperándome con su sermón ensayado sobre responsabilidad y muerte, sin Katniss y bla, bla, bla.

Le vendo las ardillas al panadero. El hombre me da fuerzas, por Catnip, quiero hacer lo mismo, pero quiero a Peeta Mellark muerto. De otra forma mi amiga no volverá. Me regala unas galletas para mi familia y me da una hogaza grande por la caza.

Hazelle me chilla con ganas, siempre había vuelto antes del alba. Le doy el pan y las galletas y dejo un beso en su frente. Protesta, pero no por mucho, mis hermanos están despiertos y ya han sentido el aroma a dulce que desprenden las galletas glaseadas.

Duermo un par de horas, me aseo y me visto para ir de caza. Prácticamente huyo de mi familia y sus preguntas por mis emociones. Estoy roto, solo y confundido. Soy consciente de que los dos primeros sentimientos corresponden a Katniss. La confusión, eso es obra de la chica rubia que se acerca al trote hasta mí. Me desconcierta su brillante mirada azul, su sonrisa, su suave voz. Chocan abruptamente con todo lo que siento por los de su clase.

— ¿Me mirarás con desprecio mucho tiempo más? — tiene las mejillas sonrojadas y está mirando el suelo.

— No era desprecio — muevo el alambre para que cruce y le sigo.

— Seguro… — está enfadada, será una tarde difícil.

— Madge… — se dedica a cortar la hoja de un árbol en trocitos.

— Solo hagamos como que no ha pasado nada ¿sí? —fija su mirada en mí— no has visto ni oído nada en mi casa, esa noche no ocurrió más que para Cupido que recibió el medallón…

— Yo…

— ¿Dónde iremos hoy? — voltea y empieza a caminar, me lo pienso.

— No…no sé —quiero olvidar lo que vi, lo que oí.

—Oh debe haber mil sitios por aquí —su madre alucinando, sus lágrimas, el canto más bonito que he escuchado, sus besos— ¿Gale?— Descubro que no, ni quiero, ni puedo.

— Hay un sitio…


Es un capitulo corto pero está cargado de emociones, ¿No creen?

Amo esta pareja, creo que es la única razón por la que Gale me cae bien jajaja.

Espero sus opiniones!