Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


-IV-

Tomo su mano. Intenta soltarse pero no le dejo. Avanzamos por el bosque rápidamente. Las cuentas dan en mi cabeza. Veinte minutos de caminata ligera, unas dos horas por allí, recolectaré las trampas y estaremos en el pueblo antes de las seis de la tarde. Se queja de mi agarre algunas veces, o de que estoy yendo muy rápido, pero cualquier sonido se esfuma cuando lo que nos rodea deja de ser bosque para ser prado. A unos quince pasos está el lago.

Suelto el agarre, le oigo inspirar profundamente, alzando los brazos. Sale corriendo en dirección al lago. Se queda a unos pasos del agua observándolo todo. Cierro los ojos con fuerza, pienso en lo diferentes que somos ella y yo. Soy un pobre diablo de la Veta, ella la hija del alcalde del distrito. Debo usar ropa cedida y pelear por cada día de comida, ella tiene vestidos nuevos traídos del Capitolio y personal que le cocine lo que desea. Ella, es Madge Undersee. Yo, un maldito gigoló.

— Estás completamente prohibida — murmuro en un suspiro.

— El bosque también Gale… —me sorprende, está a mi lado — y sin embargo aquí estamos.

— Lamento no haberte…

— Entiendo, es un lugar muy bonito… un lugar de Katniss y también tuyo, no soy quien para pedirte que me lo mostraras…

— No confiaba en ti en ese momento…

— Solo pasaron dos días…

— Has cambiado mi maldito mundo en esos dos días Madge… — me mira, el brillo en sus ojos ha desaparecido por completo.

— ¿Ya no crees que soy una chica rica con la vida acomodada porque su padre es el alcalde del distrito?—avanza algunos pasos para acercarse al lago — ¿no crees que sea tonta o hueca como todos los capitolinos que vemos en la televisión?— suspira —O es ¿Qué ya no piensas que estoy a kilómetros de ti?…

— Madge…

— Porque en realidad todo eso es cierto Gale… si soy la hija del alcalde, si visto la moda del Capitolio y hablo como ellos…quizás también sea algo tonta y no lo suficientemente bonita y aun así no estamos a kilómetros de distancias tu y yo— se sienta y le imito — también soy la chica que debe reconfortar a su madre aun cuando ella no me reconoce sino como su hermana… incluso soy la hija de un hombre que es infiel a su mujer y que no le importa que yo esté ahí cada noche viendo cómo se va con otra — tiene la vista puesta en el lago pero sé que está llorando, su voz se estrangula por momentos — también soy la chica que está estúpidamente enamorada de ti desde los once…

— ¿Qué? —me quedo pasmado, creo que dejé incluso de respirar.

— Eso da igual… tu solo piensas en esto como una locura que cometes para salvar a tu familia y a la de Katniss y eso está bien… al menos podré ayudar de esa manera — se abraza a sus rodillas, mírame.

— Madge no eres tonta… eres… una excelente persona — me posiciono frente a ella — y aunque sea absolutamente extraño para mi… me gustas, no puedo quitarte de mi cabeza aunque quiera y aun si me odias por la imagen que tenía de ti…

Me mira, sus ojos aun acuosos por el llanto. Toma mis mejillas y me besa. Me impulso hasta que acaba bajo mi cuerpo sobre la hierba. No se queja, acomoda sus manos en mi nuca y me obliga a acercarme a sus labios nuevamente. Primero beso su nariz, su mentón, acabo perdido en su boca.

No soy consciente de mi cuerpo, no más. Solo busco crear reacciones que no he visto en ella, recuperar las que alguna vez logré. Me mira con un brillo diferente, sus labios entreabiertos, el rubor intenso en sus mejillas. Rodamos en la hierba y ella termina a horcajadas sobre mí. Acaricia mi pecho hasta volver a estar totalmente sobre mí. Vuelve a besarme, está vez es osada y muerde mi labio inferior. Mis manos viajan por inercia a sus muslos, da un respingo, profundizamos aún más nuestros besos. Mis manos ascienden por su pierna saltándome aquel sitio en su anatomía y acaban a cada lado de sus caderas, por debajo de su vestido, mi piel en contacto con su piel.

— Alto — musita separándose de mí, respira con dificultad, me impulso hasta quedar sentado, aún con ella sobre mí.

— ¿Qué?

— No fue esto por lo que pagué — susurra jadeando, se levanta con rapidez y acomoda su vestido.

— ¿Madge?

— Debemos volver — exclama, me levanto también.

— No puedo volver tengo que recolectar las trampas — sentencio sin entender su cambio de actitud.

— Vale…volveré primero — mete su mano en un bolsillo oculto en la falda del vestido y luego toma mi mano — solo quedan cuatro días…

Suelta mi mano y se va corriendo. Solo puedo verla alejarse. Abro mi mano, el medallón para Cupido. Estoy seguro de que algo se me ha pasado, hice algo mal, solo eso puede haber sido. Pero es extraño, he tratado a todas las muchachas de la misma forma que a ella, entonces porque no está feliz. ¿Por qué parecía totalmente desconcertada con el transcurso de los hechos?

Recojo las trampas. Hay suficiente para ambas familias y para intercambiar por velas e hilo. Está vez podré ahorrar lo que me dé el anciano. No puedo dejar de pensar en ella y me siento un imbécil. Esa chica no tiene que relacionarse conmigo, pertenecemos a estratos diferentes, mundos completamente opuestos. Sin embargo no puedo olvidar sus labios, su rostro, su piel en contacto con la mía. He estado con chicas, ni siquiera recuerdo sus nombres y viene a interesarme alguien completamente prohibida.

Paso por la mansión presidencial. Me preocupa que se haya perdido, que este herida. Oigo el piano, una melodía sumamente intensa. Puedo imaginármela acariciando las teclas con rapidez sin despeinarse un rizo. Me tienta acercarme a la ventana del salón pero decido que no es buena idea y tomo rumbo a la Veta.

Hazelle me despierta con una sonrisa. Es la primera vez desde que Katniss fue cosechada que amanezco en mi cama. Besa mi frente y acaricia mi grueso cabello como cuando tenía seis años y me levantaba para ir al colegio. Susurra que hay té caliente y algo de pan si quiero desayunar. Hago caso, me levanto y lavo mi rostro para acabar sentándome frente a una taza de humeante te de hierbas y triángulos de pan. Se ve que Prim le ha cedido a Hazelle algo del queso de su cabra, porque está untado en mis rebanadas de pan de tesela y hacen mucho por mejorar el sabor.

Dejo un beso en la frente de mi madre y salgo. Apenas son las seis y el cielo está cambiando ligeramente a un tono rosado. No estoy mirando al frente por lo que chocar contra alguien era casi inevitable. Maldigo en voz baja estirando la mano para ayudar a la pobre chica que se ha quejado al acabar sentada en el suelo.

— Lo siento — hago contacto con esos ojos azules inconfundibles — Madge ¿Qué demonios haces aquí? — Le oculto más bajando la capucha de su extrañamente deslucida capa — ¿Qué rayos? — veo a todos lados, los mineros hace una hora que trabajan, el resto probablemente duerma.

— Yo…

— Mejor calla, tienes una voz demasiado conocida.

Se queja apenas cuando le apego a mi cuerpo para ocultarla lo más que puedo. Es ridículo, la capa apenas le cubre la mitad del cuerpo y trae zapatos caros. Mascullo una maldición y le siento estremecer en mis brazos. Ha rodeado mi cintura con sus débiles brazos y camina a mi paso aunque seguramente es más rápido de lo que está acostumbrada. Cuando llegamos a la Pradera aflojo el agarre, me empuja y se aleja algunos pasos. Tiene la respiración acelerada y jadea un poco. Quizás fui demasiado rápido para ella. Sigue caminando, algo tambaleante hasta la alambrada. No voltea a verme y cruza.

Camino detrás de ella como si estuviera hipnotizado. Hace apenas ruido y no se ha bajado la capa a pesar de que hace calor al menos al caminar. Descubro que tiene una buena orientación, hemos llegado al fresal, se inclina ante el pequeño matorral e inhala con fuerza. Me dedico a armar las trampas, dedicándole alguna mirada de reojo. Ha dejado la capa en el suelo a modo de almohada y mira el cielo por entre las copas de los árboles. Cuando termino de colocar las trampas me acerco. No se inmuta aunque estoy prácticamente sobre ella y es cuando noto que está dormida.

Tiene un morado. No lo noté antes por la capa supongo y porque estaba viéndole de lejos, pero ahora que estoy a su lado viéndole desde arriba puedo ver casi un circulo oscuro en su brazo. Se mueve apenas así que retrocedo y vuelvo a lo mío. Me repito que esa chica no me importa, que lo que le pase es su problema y que cuando acabe esta semana infernal no volveré a dirigirle la palabra. Me centro en la caza, pero se escapan, una y otra vez erro el tiro. Porque le oigo suspirar o porque algún extraño sonido me alerta, por ella, porque me detengo a verle dormir como si fuera un hada en medio del bosque. Apenas logro cazar algunas ardillas y a una tendré que regalársela al panadero porque está destrozada.

— ¿Mal día para la caza? — susurra a mis espaldas cuando se me escapa la quinta ardilla del día.

— Absolutamente — mascullo soltando el morral junto a ella — quédate aquí… recogeré las trampas y volveremos, no sé cuánto tiempo te permita tu padre estar fuera de casa — sonrío con suficiencia, meterme con ella no soluciona nada pero su rostro apenado me reconforta por extraño que parezca.

Me alejo y recojo las trampas. Al menos esto ha ido bien. Dos conejos y un castor serán suficientes si tengo en cuenta las monedas que me dará Cupido por pasar mi tiempo con la chica. Volteo para buscarla y sigue al lado del morral. Le chisto y señalo el fresal para que tome las que quiera. Asiente levemente y se pone a recoger fresas. Intento cazar algo más pero es imposible. Recoloco las trampas para volver a por ellas más tarde y vuelvo al claro. Madge ha dejado su pequeña bolsa de cuero a rebosar de fresas junto a mi morral de caza y me observa casi con miedo. No sé qué ocurre conmigo, ni porque su temor alimenta una parte de mí que no considero nada agradable.

Le apego al tronco de un roble y le beso con rudeza. Olvido quien es ella, quien soy yo y porque está prohibido querer a alguien como ella. Le atraigo a mi cuerpo con una mano, firmemente aferrada a su cintura. Con la otra en su nuca, profundizo el beso aún más.

— Gale — alcanza a murmurar cuando nos separamos para respirar — detente… por favor.

— ¿Por qué? — Susurro sobre sus labios.

— No… no quiero esto — desvía la vista.

— Oh —me alejo lo suficiente para que su cuerpo y el mío no estén en contacto y veo que tiembla de arriba abajo.

— Yo solo quería ayudarte y a Katniss.

— ¿Y por qué te has dedicado a besarme Madge?

— Yo…

— No eres sincera princesita — frunce el ceño ante el mote — te deseo.

— No soy un objeto que puedas desear — acota poniendo sus manos en mi pecho, me observa con el ceño fruncido y quiero dejar de meterme con ella.

— No, eres la hija del alcalde, la mejor amiga de la chica que creía que amaba…

— ¿Creías?

— Diste vuelta mi mundo Madge hazte responsable.

Es ella quien me atrae a su boca. Rodea mi cuello con sus brazos y me besa. No deja de ser un beso suave hasta que mis manos se aferran a su figura. Profundizo el beso, sus manos se deslizan por mi pecho hasta acabar sobre mi abdomen. Las mías por el contrario suben a su espalda hasta que logro encontrar la cremallera su vestido.

Chilla atemorizada, no por mí, sino por el aullido de un lobo que escuchamos demasiado cerca. Oímos otro y va a gritar de nuevo pero le callo con una mano. Sus ojos azules lucen aterrados y temo quitar la mano. Le pido que se mantenga en silencio y asiente. Observo el bosque, todo luce bien. Camino hasta el morral, tomo el arco, el carjac y la capa de ella. Me vuelvo hacia la hija del alcalde que tiembla de pies a cabeza.

— En silencio ¿Sí? —Tomo su mano y la pongo sobre el morral— no me sueltes estaremos bien.

Otra vez estaré fuera durante la noche. De nuevo usando las ropas heredadas de los hijos del panadero. Nuevamente camino cuarenta minutos hasta la residencia que lleva Cupido. Esta es la última noche.

Llego primero de nuevo. Supongo que no es tan fácil burlar a su padre. Habrá tenido que esperar a que él salga para salir también.

Observo mi imagen en el espejo, preguntándome porque el cambio de planes, aunque no debiera extrañarme que no quiera ir al bosque de nuevo.

Toca la puerta y esta vez me acerco a abrir. La capa esta noche es negra y le cubre desde el cabello hasta las rodillas. Mira a cada lado del pasillo antes de meterse en el cuarto. Baja la capucha de la capa y me observa con esa mirada azul profundo que me hace creer que ve mi alma. Esos ojos también me recuerdan a Peeta y a su traición, a Prim y su tristeza al ver a su hermana desmayada bajo los efectos de las rastrevíspulas. Sin embargo está noche ellos dan igual, incluso pienso poco en Katniss porque la chica frente a mi suspira quedamente antes de sentarse a los pies de la cama.

— ¿Por qué aquí? — me siento a su lado y le miro fijamente, ella ve sus zapatos.

— Porque mi madre tiene uno de sus días malos…

— Lo siento —acoto más por compromiso que por otra cosa.

— Y porque es el final — veo como cierra con fuerza los ojos y aprieta sus labios hasta que son una delgada línea.

—Podemos… — nunca fui bueno con las palabras pero quiero decirle que no espero que esto sea el final.

— Mi padre cree que salgo con alguien — musita aferrándose a la tela de su vestido.

— ¿Y?

— Y no lo hago Gale… y esto debe terminar aquí… volveré a ser la chica que tu odias… la que se pasea con sus vestidos caros y toca el piano para sus padres… volveré a estar sola.

— No tienes que… tienes que tener amigos, eres la hija del alcalde.

— Katniss, ella era mi amiga.

— Ella está viva — mascullo más alto de lo que me gustaría— Lo siento.

— No es cierto — me sorprende su sinceridad o la forma en la que ahora sostiene mi mirada al punto de que soy yo quien la desvía al horrible cuadro que adorna la habitación— no lo sientes y no importa porque a partir de mañana tú te olvidarás de mí y volverás al bosque y…

Le callo de un beso. No porque no me guste su dulce timbre de voz sino porque detesto el modo en el que cree que voy a comportarme. Madge Undersee nunca me fue indiferente. Siempre supe que era bonita, que era talentosa y caritativa, Katniss lo decía de vez en cuando. No quería creerlo pero lo sabía. Y ahora estaba bajo mi cuerpo correspondiendo al rudo beso que inicié y me pregunto cómo podría ella pensar que le olvidaría.

Desprendo su capa y levantándole apenas de la cama, la quito de en medio. Deja al descubierto un delicado vestido celeste que hace juego con sus ojos. Esas orbes que me miran intrigadas y a la vez asustadas logran acelerar mi pulso, desearle. Vuelvo a sus labios y está vez sigue mi ritmo sin reparo. Sus manos se deslizan por mi espalda y le siento hacer presión para que me acerque. Lo hago y sentir su pecho en el mío me enloquece.

Damos una vuelta en la cama de modo que ella queda sobre mí. Espero que se acobarde y salga huyendo. Que me demuestre lo niña que es y lo poco que le merezco. Pero de nuevo me lleva la contraria. Vuelve a besarme, dulcemente, apenas rozando sus delicados labios en los míos. Son sus manos las que llaman mi atención. Se dedica a desprender uno a uno los botones de mi camisa y cuando ha terminado sus manos recorren mi estómago.

Me enoja. Por alguna razón siento la sangre hervir en mis venas porque de nuevo ella es diferente a la imagen de mi cabeza. Sin embargo no puedo enfocarme en ello mucho más porque susurra mi nombre en mis labios y enciende una llama que recorre mi piel de pies a cabeza. Mis manos antes rígidas en su cintura suben hasta dar con el inicio de su vestido. Oigo el diminuto quejido de su boca a la vez que bajo la cremallera. Me siento aun con ella a horcajadas sobre mis piernas y vuelvo a besarla con fuerza. Bajo su vestido hasta tenerla a medio desnudar y el contraste entre mis manos y la pálida piel es otra razón para alejarme de ella. Pero se apega a mí y sus pechos rozan el mío y siento su corazón galopando con fuerza.

No sé porque hemos acabado en una cama juntos. El primer día juré que no terminaría desnudo al lado de la hija del alcalde y hoy solo pienso que ojala hubiera un día más. Duerme tranquila a mi lado usando mi brazo de almohada y lejos de estar incómodo solo quiero apegarla a mí. Cuando Cupido toca dos veces la puerta avisando que se ha acabado el tiempo noto como las pulsaciones se me aceleran. Se revuelve bajo las sábanas y lo ilumina todo con su mirada azul. Sonríe tímida y se apega a mi pecho susurrando algo.

— ¿Cómo? — pregunto, su beso en mi pecho me ha descolocado.

— Ha sido una buena semana cazador, pero ha terminado — suspira y se aleja de mí y con ella el calor de mi cuerpo se esfuma.

— ¿Por qué? — le veo pasearse desnuda por la habitación disfrutando ver su cremosa piel.

— Gale… cumplirás dieciocho… iras a las minas y cuando solo queden los domingos para dedicarte a ti mismo volverás a odiarme.

— Te dije que no te odio…

— Lo harás entonces porque tienes en tu mente que yo soy libre y tú estás atado al destino de los de la Veta.

— Eres libre — mascullo evitando verle.

— No lo soy, volveré al colegio a ser la marginada por mi status, vendrán del Capitolio a enseñarme para suceder a mi padre y tu estarás bajo tierra y con un poco de suerte… — hace una pausa — pasarás tus domingos al lado de nuestra querida Katniss… como corresponde.

— Madge…— quiero negarlo todo, tengo que, porque ella puede leerme como un libro abierto.

— Sé valiente Gale — pone la capucha en su sitio ocultando su rasgo característico y lanza sobre la cama el medallón — hemos terminado.

Tres semanas después Katniss está en la estación siendo recibida por todo el mundo. Está tomada de la mano del panadero y sonríen al público y a las cámaras. Quiero vomitar, golpear a Peeta, correr con Madge. Porque no ha acertado y no podré tener conmigo a mi amiga, a la chica con la que esperaba tener un futuro. Les doy la espalda a los trágicos amantes y la veo a ella en un inmaculado vestido blanco. Aplaude a los recién llegados y puedo ver lágrimas en sus ojos. Espero que me mire y por un segundo nuestras miradas se cruzan pero me evita y camina junto a su padre hasta llegar a los nuevos vencedores.

El primer domingo luego de haber empezado en las minas amanezco sudando. Soñé con mi padre como las noches anteriores, muriendo en los mismos túneles que transito doce horas al día. Hoy es mi día libre e iré al bosque. Katniss no está, se fue con su trágico amante a recorrer los distritos. Intento llamar a Vick y a Rory para enseñarles a cazar pero no hay caso. Salgo solo con el morral vacío y un termo repleto de té caliente.

No hay nadie de camino a la Pradera y me sorprende verle junto a la alambrada. Está impaciente, le noto nerviosa mientras me acerco a su encuentro. Voy a hablar cuando se impulsa y me abraza. Me inclino apenas y nos besamos. El tiempo se detiene en ese instante y siento el corazón latir de nuevo a buen ritmo.

— ¿Qué ocurre? — está más pálida que de costumbre y tiene las manos sudadas cuando se aferra a las mías.

— Hay problemas Gale… — mira por detrás de mí — será mejor que crucemos.

— Madge… — le llamo, ha caminado sin descanso, prácticamente estamos llegando al lago.

— Katniss… ella está en problemas Gale…

— ¿Qué dices? Está con su trágico amante de luna de miel Madge…

— Espiaba a papá — sincera ella y de pronto soy todo oídos— Snow no estaba contento con el truco de las bayas… hay distritos que lo tomaron muy a mal Gale…

— ¿Motines? — se habla en las minas, pero somos pocos y muy débiles para luchar contra el sistema.

— Levantamientos… — respira con dificultad — Katniss debía aplacarlo pero ya están en el Cuatro y no lo han logrado.

— ¿Qué quieres decir?

— NO LO SE — chilla y cubre su rostro con ambas manos, le veo temblar y no puedo evitar a pegarla a mi cuerpo.

— Ella es una vencedora Madge no pueden hacerle nada…

Alza la vista y me mira. Borro de sus mejillas algunas lágrimas y le beso. No le he visto en meses pero el sabor a fresas de sus labios es inolvidable, el calor de su cuerpo junto al mío y el sonido de su voz al gemir en mi oído cuando acabamos unidos sobre la hierba frente al lago. Estamos ahí un rato más. Logro una buena caza y recolectamos juntos las últimas fresas de la temporada. Llegamos a la alambrada sonriendo a pesar de lo que le trajo a mí en primer lugar. Se despide con un beso en los labios y se va por su lado.

Semanas después vuelvo a saber de ella. Katniss hacía poco que había vuelto de la Gira, el invierno azotó con fuerza y no había cazado nada bueno en semanas. Ese domingo conseguí un pavo y acabé topándome con la peor persona posible. El nuevo jefe hace de mi espalda una red en carne viva y de lo último que soy consiente es de los gritos de Katniss a mis espaldas y de los ojos de Madge viéndome entre el tumulto de gente. Su cabellera al darme la espalda antes de que caiga en la inconciencia. Después supe que robó medicina a su madre para ayudarme a dormir y caí en la cuenta de que de nuevo tenía una deuda que no podía pagarle.

Cuando anuncian el Quarter Quell descubro que estaba equivocado. No importaba que Katniss fuera una vencedora, Snow estaba encargándose de que acabara muerta y en está ocasión, asesinos profesionales acecharían a mi amiga. Tuve que hacer uso de mi autocontrol para no salir huyendo de las minas, tomar a Katniss y huir al bosque como lo habíamos previsto cuando volvió de la Gira. Tuve que soportar a los demás mineros lamentarse la suerte de ella sin conocerla siquiera, sus manos palmeando mi hombro en una señal de afecto que no quería de ellos. Pasé el resto de mi día pensando en Katniss y al salir de la mina y ver el cielo atardecer recordé a Madge, un pensamiento imprudente cruzó por mi cabeza y tengo que negar enérgicamente para quitarlo de en medio. Vuelvo a casa y como puedo quito el hollín de mi cuerpo y mi cabello. Rechazo la cena y salgo de casa. Oigo a Hazelle rogándome que me quede pero es sábado, mañana es mi día libre y no tengo ganas de pasarlo con mi familia lamentándose la suerte de Katniss.

Acabo espiando la mansión del alcalde. Sale de la casa por la puerta principal y hay un coche esperándole. Niego, incapaz de comprender como alguien como él puede hacer algo así. Me escabullo a la parte trasera intentando recordar que ventana es la de Madge. Hay luz en ella, es la única con luz. Dado que el señor alcalde se ha ido debo suponer que no hay nadie despierto en casa. Tanteo la puerta y en mi mente agradezco que esté abierta. Me quito los zapatos y me interno en la cocina de los Undersee. El corazón me late a mil por hora, haciendo casi imposible que oiga algo más que mi pulso en mis oídos. No hay nadie despierto aparentemente.

Subo los escalones lo más sigilosamente que puedo y camino por el pasillo hasta la puerta con el cartel. Toco una vez y en cuanto la puerta se abre me escabullo al interior. Abre la boca para gritar y le callo con mi mano libre. Me mira atónita con sus perfectos ojos abiertos de par en par.

— Lo siento — susurro abandonando mis gastados botines a un lado de su cama, quito mi mano de sus labios.

— Casi me matas de un susto — tiene una mano en su pecho.

— Perdón… — reitero.

— Estás aquí por ella… — susurra asegurándose de que ha echado llave a la puerta—

— Estoy aquí por ti — sincero, voltea a verme sorprendida — por lo que esta noticia hizo contigo — acaricio su mejilla, tiene los ojos rojos.

— Intente ir a verla, pero huyo… me quede un rato en su casa de la Aldea pero no apareció — sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas — van a matarla Gale.

—Puede sobrevivir de nuevo.

— Eres inteligente Gale… esto no fue escrito al final de los días oscuros esa regla se la inventó Snow para matar a Katniss — chilla bajito y aun así la apego a mi pecho para que no le oigan.

— No podemos hacer nada Madge…

— Gale… ¿Por qué te metiste en mi casa?

— Porque me di cuenta de algo importante — me dejo caer sobre su cama, ella sigue de pie frente a mí.

— ¿De qué? — pasa sus delicados dedos por mi cabello y sonríe apenas.

— Que no puedo seguir negándolo.

— No tienes que hacer esto — parece apenada — sé que le quieres Gale… — sonríe — yo simplemente fui…

— Te quiero Madge — le corto, se queda mirándome con la boca semi abierta a punto de seguir su discurso sobre Katniss y yo— Te quiero — insisto porque no creo que este escuchándome y es importante, creo que ni a mi madre le he dicho lo mucho que es para mí y esta chica se queda así.

— Mientes… — se aleja unos pasos.

— Eres idiota — acoto poniéndome en pie — claro que no miento.

— No puedes quererme… no soy nadie… no si me comparas con Katniss.

— No puedo hacer eso Madge — tomo sus mejillas obligándole a verme a los ojos — no puedo compararlas porque ella es mi mejor amiga y tú la insistente chica que se hizo con el corazón de un cazador furtivo y un gigoló a medias.

Sonrío de medio lado y ella me regala una hermosa sonrisa antes de ponerse de puntillas y besarme. Acabamos en su cama, ella sobre mi pecho mientras le acaricio los rizos. Duermo tranquilo esa noche, sabiendo que al menos hay una cosa con la que pude adelantarme a la hija del alcalde.


Ok, este capítulo es extremadamente largo y se subirá en un horario extremadamente extraño xD.

Subo este ahora porque al final del día tengo que subir el epilogo o la fecha limite me pasará de largo jeje.

Como siempre, espero que les haya gustado y no olviden decírmelo en sus comentarios. Gracias a todas las que leen este fic n.n

Con cariño atentamente, Anna Scheler.