Noveno Mes: ¡Un cachorrito se une al templo!

—¡TOMOE! — Gritó aún más fuerte la castaña para sacar al zorro de sus pensamientos. Al volver en sí, este pudo visualizar a Nanami con una mueca de dolor y luchando por no desmayarse al mismo tiempo. Rápidamente se posicionó a su lado y tomó su mano.

—Nanami, todo estará bien, — Se apresuró a decir. —aquí estoy contigo. —

—Lo sé… gracias, Tomoe. —

Unos segundos después Mikage entró en la habitación con agua caliente y toallas. —¡Tomoe! Qué bueno que estás aquí, Nanami necesita de tu ayuda. —

No tenía que repetirlo dos veces, él estaba dispuesto a sufrir en su lugar de ser posible. Cada vez que ella gritaba él se desgarraba internamente. No tenía ni idea de por lo que estaba pasando, y sin embargo, con tomar su mano podía percibir algo de dolor por el agarre de la chica. Eso parecía ser suficiente para sentir que podía compartirlo todo con ella.

El tic tac del reloj lo volvía loco. Solo habían pasado unos minutos y quería huir corriendo, sin embargo Nanami no parecía dispuesta a perder la lucha. No había perdido el conocimiento ni una sola vez, es verdad, el único débil en esa habitación era él.

—Nanami, lo estás haciendo bien. — Repetía Mikage con el sudor recorriendo su frente. Un dios no estaba exento de percibir el sufrimiento ajeno. Había presenciado cómo la humanidad se expandía desde el fin de los tiempos, pero un parto era otra cosa. Le hubiera gustado tener el poder de inhibir el dolor de todas las mujeres para que ese momento no tuviera un solo ápice de agonía.

*Buaaaa, Buaaaa*

¿Qué era ese sonido?

*Buaaa, Buaaa*

Un estridente llanto iluminó la habitación. Tomoe volteó hacia Mikage y pudo observar un pequeño bulto blanco como la nieve. Este se movía con la suficiente energía para que Mikage lo sostuviera con ambos brazos.

—Es un bebé sano y bastante fuerte. — Comentó el rubio sonriendo. —Tomoe, ¿Quieres sostenerlo un momento? —

—¿De verdad… de verdad puedo hacerlo? —

—Adelante, Tomoe. — El zorro volteó a ver a la castaña que yacía en cama descansando y sonriendo como si todo el dolor hubiese desaparecido.

Al tocar la piel del pequeño humano este sintió derramar las lágrimas de todos los meses que estuvo preocupado por ese momento.

—Es… es una niña… Nanami. — Pronunció cubriendo la criatura entre sus brazos. —¡Es una niña! ¡Y se parece a mí! ¡Mira! —

—Vamos Tomoe-kun. — Dijo Mizuki entrando a la habitación. —Se parece completamente a Nanami-chan, es igual de linda. —

Nanami no pudo evitar reír.

—Es verdad, se parece a ti, Tomoe. — Secundó la castaña. —Será una mujer hermosa. —

—Y asustará a los chicos. — Dijo la serpiente.

—Por supuesto, ninguno se le acercará, le enseñaré cómo hacerlo. — Agregó Tomoe.

Las risas llenaron la habitación en el templo de los Tengu.

—Nozomi-chan, ¿Puedes decirle a Otou-san que la cena está lista? —

—¡Sí! — Contestó una niña de cinco años, con pelo castaño, que jugaba con sus juguetes en la mesa de la cocina.

—¡Papi! ¡Mami dice que la cena está lista! — Dijo la niña al hombre de pelo plateado que había estado escribiendo en el computador.

—Okay, voy para allá. — Respondió.

Las cosas habían sido como lo planeado. Nozomi había nacido con bien y sin aparentes poderes que perturbasen la paz del mundo de los espíritus. Tomoe había dejado de ser un demonio y actualmente laboraba como un hombre de familia común y corriente, mientras que Nanami había dejado de ver espíritus junto al puesto de diosa. Era una vida tranquila, sin peligros ni remordimientos. Aunque había veces en las que la castaña extrañaba ver a sus amigos y el familiar echaba de menos su fuerza, cuando veían a su pequeña correr sin problemas ni peligros, ambos se tranquilizaban.

—Vamos, Nozomi-chan, di tus oraciones. — Ordenó Nanami a su hija mientras se hincaban ante el altar dentro del Templo Mikage.

El templo Mikage había estado siendo remodelado por él mismo desde que tuvo que regresar a su puesto, mientras que Mizuki se encargaba de pequeños detalles, sin embargo, aunque la gente que se reunía y oraba era más que antes, su esplendor no había podido lucir como en el antaño. "No será fácil" hablaba la castaña a su esposo. "La gente hoy en día no se preocupa por rezar".

—Haai. — "Kami-sama" Empezó a decir para sus adentros. "Gracias por permitirme vivir un día más, y por dejarme tener a Mamá y Papá conmigo, ellos me dijeron que gracias a ti están juntos y que me ayudaste a nacer. ¡Te prometo que me comeré todos mis vegetales, y que de ahora en adelante vendré a rezar más seguido!"

"Mikage-sama, ¿Cómo está? ¿Puede oírme? Este año hemos decidido venir al templo de nuevo, aunque nadie más lo haga. Este es mi hogar después de todo, aunque haya sido por un pequeño periodo de tiempo. ¿Cómo está Mizuki-kun? Me encantaría poder probar su sake de nuevo, por favor dígale que nunca lo olvido, y que espero poder abrazarlo pronto…"

"Hoy estoy de regreso en el templo, Mikage. Nunca me alcanzará el tiempo para agradecerte por la hermosa familia que tengo. Envejecer no es tan malo si lo haces con la mujer que amas."

—¡Nozomi-chan! ¡No vayas muy lejos! — Escuchó la niña mientras corría a los alrededores del templo, su pequeña yukata apenas y le permitía correr un poco.

—¿Dónde están, haditas? — Preguntaba mientras caminaba entre el bosque.

—Aquí estamos, Nozomi-sama. — Hablaron un par de "hadas" con yukatas y máscaras puestas.

—¡Yey! jajaja—

—Vaya, vaya, es una niña muy preciosa la que tenemos aquí. —

—¡Mikage-sama! —

—¿Mi…kage-sama? — Repitió la niña sin entender de quién se trataba.

—Sí, yo soy Mikage, el cuidador de este templo. —

—Creía que este templo estaba abandonado, y que solo mamá y papá venían a visitarlo. — Dijo Nozomi.

—Jaja… eso puede ser verdad, pero aun así un viejo tiene que cuidar de un viejo templo. —

*ssss* Una serpiente se acercó a los pies de la niña, asustándola.

—Oh, no te preocupes, es una serpiente buena y no te hará daño. — Dijo Mikage tomando al animal con una mano.

—¡Nozomi-chan! — Se escucharon las voces de la madre y el padre.

—Creo que tienes que irte, Nozomi-chan. — Dijo el hombre mientras la castaña volteaba al escuchar las voces de sus padres.

—Sí… ¡Hasta pronto, señor! —

—Es una buena niña, justo como Nanami-chan. — Comentó Mizuki volviendo a su forma humana.

—Sí, lo es. —

—¿Cree que Tomoe-kun y ella sepan que puede vernos? —

—Puede que así sea, pero no nos queda más que cuidar de ella como nos lo han pedido. Después de todo, aún existe la oportunidad de que cuando crezca deje de vernos.—

FIN.

No puedo creer que haya terminado una historia.

Tal vez merecía más, pero me doy por bien servida, usualmente nunca termino nada y estaba a punto de dejar la historia sin un final. Gracias a todos por sus comentarios, no olviden su review con amenazas y asesinatos ;w;