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¿Rachel? O ¿Barbra?

Hoy escribo por qué razón, no lo sé. En alguna ocasión, una persona que ahora considero una filósofa hizo que saliera dentro de mi pensamiento una pregunta que jamás me había hecho ¿Para qué sirvo en esta vida? Aquella vez se me hizo estúpida y extraña esa pregunta, pero ahora ya lo sé… He venido a ser simplemente feliz… Sí, con ella que me preguntó esa estúpida pregunta. Rachel Berry.

¿Por qué ahora esa respuesta? Por el simple hecho que aunque se escuche rara esa respuesta, es verdad. El ser humano se dedica a sentirse infeliz por las cosas que le hacen falta y no ve lo único que vale en esta vida. El ser feliz. Bien, es realmente estúpido y cursi todo esto que digo, pero ahora sabrán el porqué de mi respuesta y quizá no suene tan descabellado como antes. La felicidad no viene de las cosas materiales, sino de todos aquellos pequeños detalles que una persona te pueda dar. Existen tantos que ni siquiera los pudiera contar, desde un "Te quiero" hasta un abrazo, en fin existen tantos. Así empieza para mí y nunca será cambiado. ¿Pero por qué comienzo con todo esto? Es porque así comienza mi vida… Con la felicidad de la llegada de Rachel Berry.

Rachel Berry para nada es una chica normal, de hecho es la chica más irritante, parlanchina, con muchos aires de grandeza y lo más importante, la nerd de la escuela. La diva nerd de la escuela se encontró en el lugar equivocado y yo, pues bien, en su destino. Y a veces pienso, de vez en cuando, la bruja de la historia debería de ganar alguna vez. Osea yo, Lucy Quinn "la más sexy, popular y capitana de las porristas de todo el William McKinley High School" Fabray.

No soy una chica muy normal, no soy nada tierna y mucho pero mucho muy lejos de ser romántica con ninguna persona, así que me es muy difícil hacer algo que nunca había hecho antes, pero si a partir de ello obtenida su compañía y su dulce sonrisa, valdría la pena, y lo repetiría un sin fin de veces.

Desde el primer día que la vi, sentada enfrente de mí, en las gradas del gimnasio, y en una de las tantas tardes fastidiosas del instituto. Sabía que había algo diferente en ella. Que algo sería diferente.

Era uno de los días en el que estaba practicando una de las rutinas para las nacionales. Me encontraba sentada en una de las primeras bancas, demasiado harta para ponerle atención a la señorita Silvester con sus consejos de por qué deberíamos de ganar y aumentar el número de sus trofeos, algo que ya me sabía de memoria. El mismo discurso inútil de siempre con el que pretendía que alguien como yo, la capitana de porristas, siguiera siendo perfecta y así conseguir su objetivo.

—Ustedes saben la razón por la cual se encuentran aquí. Son las más populares de la escuela y si quieren ser alguien en la vida deberían de tomar muy enserio las rutinas. Si creen que es difícil aprenderse una maldita rutina, deberían verme por las mañanas correr 40 kilómetros, eso, eso sí es difícil—gritó por el megáfono—. Las Cheerios necesitan ganar por octava vez consecutiva las nacionales. ¡Fabray comienza de nuevo y muéstrales lo que es ser perfecta y no estupideces!

Sí lo sé, soy una odiosa de la vida, hasta Sue Silvester lo sabía, todos en el instituto lo sabían, yo lo sabía, así que si se tratase de describirme, existían unas simples palabras para ello. Un chica engreída, hermosa y como me decían todos una maldita perra que denigra a los de bajo status del McKinley, incluyendo nerds, chicos en silla de ruedas y en específico, mi trabajo era fastidiar a los estúpidos del Club Glee . Todos estaban equivocado si creían que sería buena.

Pero continuemos, estaba allí sentada, pensando en cualquier otra cosa que pudiera distraerme, entonces fue cuando la vi. Estaba muy entretenida en algo que parecía ser un cuaderno. Se veía tan hermosa, y lo que más me había llamado la atención era su cabellera color chocolate que le caía hasta su cintura. Y ¡Oh que chica! Era simplemente perfecta. Aunque yo sabía que este tipo de chica jamás me haría caso, porque éramos todo lo contrario. Yo una chica popular, capitana de las porristas y una hermosa rubia con la que todos querían salir. Ella, en cambio, más nerd, irritante y con un excelente talento para la música, toda una diva con la esperanza de que su verdadero amor fuera un príncipe azul encantador, como lo era su novio Finn "idiota con cara de bebé estreñido" Hudson, y yo en este caso soy la mala o la bruja de la historia, recordando que era una CHICA. ¡Sí, una chica!

¿Qué sería de ella si me encontraba en los pasillos con Santana y Brittany? Quizá saldría corriendo como todos los demás por el miedo de que le cayera en su cara un slushie y es más que claro que yo no le interesaría. Era mi obligación como la jefa a cargo bañarla con un slushie azul, lo cual, no había hecho y todas mis porristas estaban un poco confundidas por no hacerlo. ¿Ella gozaba con algún privilegio? Claro que sí… Ella era Rachel Berry.

—Fabray deja de estar viendo hacia las gradas y pon atención en lo que le estoy diciendo. Creo que eres la única que hoy no entiende nada de lo que aquí trato de decirles—Sue Silvester interrumpió mis pensamientos.

¿Por qué simplemente no me deja en paz y así terminamos con esto?

—Deacuerdo Sue no le pondré atención. ¿Qué acaso no se da cuenta que nos aburre con las misma pláticas de siempre? ¡Vaya que no es nada inspirador! Son esa especie de diálogos ya preparados que repite una y otra vez como una videocasetera. ¡Aburre con sus estúpidos discursos! —le expresé muy segura de mí observándola a los ojos para que se diera cuenta que yo tenía la razón.

Ella cambió el tono de color de sus mejillas y gritó aun más fuerte con su megáfono lastimándonos los tímpanos, estaba harta de que últimamente le llevase la contraria a todo lo que decía.

—Si no quieres ser expulsada, no me vuelvas a contradecir, Fabray, ¿lo entendiste o te lo vuelvo a repetir? —chilló enojada mientras mis compañeras aplaudían por mi valor. Ninguna de ellas eran lo bastante impertinentes como yo.

Para mi buena fortuna, sonó la campana anunciando el fin de los entrenamientos. Lo único que quería era salir de este infierno del que ya era cliente frecuente. Ser la guía para las demás porristas.

—Hasta luego Sue creo que esta estupidez de nuevas coreografías ha terminado—me levanté de la banca y le mandé un beso —. Ya sabes... te amo.

—Lucy Quinn Fabray te regañaría y te dejaría más tiempo aquí entrenando tus mortales pero tengo que salir a resolver asuntos importantes... —dijo destinando su mirada hacia el salón de señor Shuster. Nauseabundo y patético para mí.

—Sí claro... Sue, a mí no me engaña y sé que irá a tratar de destruir una vez más el club Glee sin poder lograrlo. El señor Shuster es más inteligente.

Ella me observó enojada y yo le mandé otro beso como respuesta a su agradable tono de piel por mi indirecta sobre su intento nada fructífero de tratar de destruir a los gleeks.

No negaba que Sue Silvester me agradaba bastante ya que la mayor parte de mi vida había convivido con ella. Les puedo contar también que si sumaba las horas que me había encontrado entrenando rutinas, han sido más de las que me encontraba en mi casa y Sue lo sabía, hasta podría decir que ella también me apreciaba más de lo que lo disfrazaba.

—No te ganarás un castigo Fabray porque ya sabes que eres mi consentida, mi hermosa pequeña capitana, aunque eso no te quita un buen golpe con un pompón.

Lo lanzó tratando de atinarme, pero con un simple movimiento lo esquivé. Lo único bueno de esto era que la chica morena observaba toda la escena y sonreía como nunca lo había hecho. Era tan hermosa sonriendo con esos pequeños hoyuelos que se le hacían en sus mejillas. Luego de quedarme un rato embobada observándola, salí corriendo al darme cuenta que ella seguía sonriendo dedicándome una mirada extraña y había dos opciones para esta situación, o ella estaba loca o yo simplemente estaba fantaseando. Si, seguramente yo estaba fantaseando con que Rachel Berry me estaba viendo.

Observé que Santana y Britt ya me esperaban afuera. Ellas siempre acudían por mi resguardo. Santana López y Brittany son mis mejores amigas desde la primaria. Creo que son las únicas que me entienden y saben de mis problemas familiares, y del amor casi enfermizo de mi madre por el hombre que se decía ser mi padre y nos abandonó cuando tuvo la oportunidad de hacerlo para irse con una mujer más joven y formar una nueva familia. Además no le bastaba el gran daño que nos había hecho a ambas.

—Quinn ¿Qué rayos te pasa? Tú nunca entiendes —me regañó Santana burlándose de mí, golpeando mi espalda con su mano.

—Pareciera que es tu misión hacer enojar a esa pobre mujer —Britt sólo negó con la cabeza decepcionada. La pobre e inocente Brittany .

—¡Ya chicas! Ella es mi amiga, ya lo saben, además me ama en secreto por ser su mina de oro —respondí alzando la cabeza para ver si Rachel aun seguía en el gimnasio o ya se había ido al salón de prácticas del Club Glee.

Siempre antes de irme y asomarme por ese salón, me imaginaba que me decía un adiós, me sonreía o mínimo se daba cuenta de lo obsesionada que estaba por ella, pero no, ella simplemente me ignoraba y hacia como si no existiera. ¡Por Dios! Yo era Quinn Fabray… Nadie me ignoraba.

—Y ahora qué buscas ¿Es tu nueva conquista, Quinnie?

Santana sabía mucho de mí y trataba de molestarme cada vez que podía. De hecho, ella es la más divertida y honesta del grandioso equipo Unholy Trinity como nos llamaba Sue.

—Por ahora no, no tengo ninguna conquista para esta semana, pero sí quiero saber el nombre de una nueva alumna —suspiré esperanzada—. Es diferente...

— ¿Cómo es? — Brittany trató de ayudarme. Creo que lo hace porque es raro que yo mostrara interés en una chica, y vaya que eso es muy insólito, porque regularmente ninguna chica me importaba, sólo las molestaba y ya. De hecho quien debería interesarme era Sam Evans, el remplazo del Quarterback, y pasearnos como si fuéramos el rey y la reina. Ambos de la realeza. Así era como debería estar la pirámide social, pero yo me negaba a que así fuera. Ya tenía la atención de todos, no necesitaba a Sam a mi lado.

—No lo sé muy bien... Morena, pequeña… ya saben... Una chica del Club Glee —reconocí sofocada y tímida, pero ellas no lo notaron.

¡Genial! Punto para la insaciable y maldita Quinn Fabray.

—No, no sabemos ¿Por qué piensas que somos personas que leemos mentes o que sabemos todo sobre los demás? O qué deberíamos de conocer a esos que están hasta el fondo… Vamos Quinn, nosotros no nos fijamos en esos si no es para lanzarles un slushie en sus caras—protestó Santana aburrida luego de aproximarse a su casillero y sacar sus libros.

— ¡Ah, ya sé a quienes te refieres! Una de las gemelas más nerds del instituto… Rachel Berry o su maldita hermana Barbra Berry—Brittany puntualizó la palabra "Las gemelas más nerds del instituto" y eso me hizo sentir tan incómoda porque estaba ahora en los planes de Santana para ser asechadas por sus hirientes palabras. Seguro ya estaba pensando en qué sabor de congelado debería de lanzarles.

— ¿Y tú cómo sabes de ellas?

Estaba impresionada por la forma en la que Brittany conocía a más de la mitad de toda la gente que se encontraba en el instituto. Ella es una especie de chica popular, y todos los chicos la hostigaban como moscas, ya se había acostado con mínimo la mitad de ellos. Es bastante perturbador pasar parte de tiempo con ella. Si no fuera porque es como mi hermana, la odiaría.

—Lo sé porque una se acaba de ganar un reconocimiento en matemáticas, español, geografía y no sé qué tantas cosas. No somos tú que a penas y nos tomas en cuenta a nosotras además el idiota Finn Hudson sale con una de ellas, con la chica del Club Glee, Rachel Berry—se encogió de hombros sin darle interés.

Oh vaya, allí estaba mi respuesta, mi chica era Rachel Berry.

— ¿Quién es ese tal Finn Hudson? —curioseé disimuladamente, aunque ya sabía perfectamente que era el Quarterback, pero era uno más para mí. Bueno, eso suponían ellas.

—El tipo ese que es el Quareback del equipo de Futbol americano pero es demasiado idiota para ser sexy y entrar en los planes de cualquiera de las tres —Santana respondió a mi interrogatorio abrazándome y desordenando mi cabello —. Pero ya supéralo amiga, esa clase de hombres no valen la pena para ti, Finnocente es un idiota y tú te mereces algo mejor. Además debes de poner más atención en tus rutinas para Sue Silvester. Ella te mataría si arruinas cualquiera de ellas. Además debes de obedecer a tu psicoloco Quinnie.

—No le digas así al terapeuta de la pequeña Lucy. Recuerda que la pobre de por sí está más loca que una cabra.

Britt golpeó el hombro de Santana para que me soltara de su amarre. Brittany es la más buena y sensible de las dos, así que las tres éramos como la combinación perfecta. Brittany la chica tierna, adorable, unicornio y la que más atraía a los chicos, Santana una latina ultra sexy y la más honesta y sarcástica de las tres y yo me tenía que conformar con Quinn Fabray, la perra, maldita, sexy rubia y capitana de las porristas y la que todos le temían.

—Ves salsa caliente, ella sí sabe cómo tratar a personas como yo, sensibles y buenas. No porque todos los chicos quieran acostarse contigo y estén a tus pies significa que puedes tratarme de esta manera —protesté divertida.

—Sí claro, Fabray, sobre todo tú, linda y sensible ¿A quién quieres engañar?

Santana quería ganarse una tunda de mi parte por tantas tonterías que podía decir al mismo tiempo y pretender que a nadie molestaba, pero si lo hacía, su atractivo terminaría y perdería a mi hermana.

—Sí como sea, lo importante aquí es que quiero conocer a esa tal... Rachel Berry — ignoré lo que Santana trataba de decir mientras todos mis pensamientos seguían ocupados por una sola cosa, la chica más nerd de la escuela, Rachel Berry, y su encantadora sonrisa.

—Pues bien allí esta… Ve y moléstala, haz lo tuyo capitana—señaló a Rachel que estaba enfrente de uno de los casilleros. Parecía que se encontraba perdida, y su mirada lo demostraba. Además de que en sus manos tenía un mapa con los salones.

Me dirigí en su dirección, y no es que quisiera molestarla como decía Santana. Mi mente hacía planes más rápidos que cualquier otra persona, de allí mi apodo de perra Fabray. Así que lo que me pasó momentos después fue lo más extraño de toda mi vida. Caminé más rápido de lo normal y disimuladamente como si no la hubiese visto, choqué con ella tirándole su mapa de entre las manos.

—Oh, lo siento—ella me observó enojada y se hincó para tratar de levantar el pequeño papel, y yo simplemente seguí su acción— ¿Estás perdida? —le dediqué una sonrisa al más estilo Fabray pero pareció que no dio resultado alguno porque lo que le siguió me dejó con la boca abierta.

—No y no, gracias por tu ayuda pero ya sé quién eres y no me han dado buenas referencias tuyas, así que te pido de la manera más atenta que me dejes en paz— gruñó molesta y se puso de pie.

—Así que ¿Sabes quién soy? —pregunté sorprendida.

— ¡Claro que sé quién eres! Eres Lucy Quinn Fabray, capitana de las porristas y una perfecta idiota, y si esperas que te me confunda con tu linda sonrisa estás muy equivocada, porque no permitiré que me tires un slushie en mi cara—sonrió y me dejó parada observando cómo se perdía entre los pasillos.

— ¿Cómo te llamas? —grité desesperada.

—Una gemela Berry—se detuvo por un breve momento guiñándome su ojo izquierdo y dejándome totalmente hechizada por su linda mirada.

Una gemela Berry… Osea que pudo haber sido Rachel o Barbra. ¿Acaso vestirán igual?