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Bésame
Como la capitana de porristas debía alentar a los chicos de futbol americano en cada uno de sus juegos de temporada. Así que esa nublada noche iniciamos con una nueva rutina. Aún recuerdo que había sido una noche en la que no estaba muy contenta, eso lo puedo aceptar. Pero lo que me sacó de mis casillas fue ver a insoportable Finn intentar besarme después de ganar el partido y creerse el chico más popular de todo el McKinley aunque todos lo llamasen el Poser de toda la escuela. Yo lo odiaba porque estaba con Rachel, además Finn ya había besado a todas las porristas incluidas a Santana y Britt, sólo faltaba yo. Un verdadero asco… ¿Se imaginan? De seguro sus besos eran húmedos y con sabor a hamburguesa. Bueno, eso fue lo que me dijo Britt.
Llegó presumiendo algo que no era. Quería llamar la atención de todo el equipo. Hasta que cometió el peor error que pudo haber hecho. Acercarse más de la cuenta a mis labios.
—Quinn Fabray no creo que sea la chica más sexy de toda la escuela, de hecho no debería ser la capitana ya que deja mucho que desear, es solo una perra calienta culos—se burló Finn después de darle una cachetada por intentar besarme.
Eso hizo que saliera mi salvaje personalidad. Quería romperlo en dos. Es el perfecto idiota que se ha metido con la persona equivocada. Con la chica que jamás puede controlar ni un pelo de su agresividad. No debió haberlo hecho en esta vida. Estaría muerto con solo el chasquido de mis dedos.
—A ver imbécil, es mejor que te cuides, porque mandaré a los chicos del equipo de Hockey para destrozarte cada una de las débiles e insignificantes partes de tu cuerpo—observé que el miedo se le notaba a flor de piel—. Mañana a la hora de la salida sabrás que Quinn Fabray sí es la más maldita capitana de porristas y no querrás volver encontrártela en ningún lugar que te encuentres.
Finn parecía que lloraría en cualquier momento, agregando que todos los chicos del equipo comenzaron a hacerle burlas y lo único que pudo hacer fue correr lo más rápido que pudo. Ahora era la burla de todo el campus.
Oh sí, si les sirve de consuelo y de diversión, yo también detesto al idiota ese, quizá más que ustedes… ¡Odio a Finn Hudson el quarterback del equipo de futbol!
Al día siguiente, me encontraba cerrando mi casillero y sentí la pequeña presencia de alguien detrás de mí. No podía creer que tenía atrás a la chica por la cual me moría cada instante de mi vida, Rachel Berry. Incliné un poco mi cabeza tratando de estar al tamaño de ella.
— ¿Quieres hablar conmigo? —cuestioné lo más segura que pude intentando no demostrar lo nerviosa que me encontraba. La vi un poco nerviosa, como si me tuviera terror.
— ¿Qué sucede? —después de inhalar un poco, salió una pequeña voz que cada vez me ponía más tensa—Vamos, dilo.
—Finn Hudson—habló confundida como si no quisiera decir lo que estaba a punto de salir de su boca—. Es mi...
Ahora sí sabía hacia dónde se dirigía. En donde más me dolía. El estúpido Finn, y su poca hombría para defenderse el mismo. Necesitaba de su pequeña chica delicada para evitar cualquier confrontación conmigo.
—...Tu novio —sentí en mis adentros morir después de completar su oración. Sonreí, evitando mostrar cuan triste me encontraba. —Oh, estás aquí para que no le mande a golpear —dije jugando con mi libro de historia evitando mostrar mis sentimientos —. ¿El imbécil te envió a ti?
— ¡No! —respondió lo más rápido que pudo. Quería evitar cualquier conversación conmigo—. Finn no sabe que estoy hablando contigo.
—Entonces, ¿Por qué estás hablando conmigo?
Finn no le había pedido que interviniera por él. ¡Qué novedad! Aunque eso no ameritaba para que lo dejaran unido en dos partes.
—Porque, como dijiste, no quiero que lo golpee. Por favor, no lo hagas Lucy.
¿Me dijo Lucy? Nadie me había dicho Lucy más que mis familiares. ¿Cómo sabía que también me llamaba así? Intenté parecer como si me estuviera divirtiendo sobre lo que estaba pasando, pero me sentía enojada y decepcionada. Rachel no debía de estar pidiéndome esto. No sin saber que ella podía controlar mis emociones. Que es tan fácil hacerme caer a sus pies si ella me lo pidiese.
Me apoyé contra el casillero y saqué mi encantó Fabray. La miré como si la anhelara, como si fuera lo que más deseara en este mundo, luego levanté la vista al techo. Suspiré porque no sabía qué hacer, ella no cayó en cuenta sobre mis insinuaciones. No sabía si romperle la cara a ese idiota u obtener algo más de ella.
—Mira —dije sonando lo más seria que pude—. Tengo que hacerlo. El imbécil de tu novio habló basuras sobre mí frente a todas las porristas y chicos del equipo de futbol. No es como si pudiera ignorarlo.
— ¡Sí, puedes! —me irrité bastante al escuchar esto que decidí alejarme. No soportaba tanta ayuda de su parte, Finn era un idiota. No sin saber por qué se merecía esa paliza.
— ¡Sí, puedes! —la escuché hablar desesperada.
Seguí caminando, mientras que ella estaba detrás de mí, como un pequeño cachorro rogándome atención.
—Por favor, ¿Puedes? ¿Por favor?
Me tomó el brazo con impotencia que hizo que me detuviera de golpe. Miré su frágil mano y la retiró lo más rápido que pudo, quizá pensando que podía lastimarla o lanzarle algún slushie y avergonzarla delante de todos los que pasaban por el pasillo. Cómo pudo siquiera pensar que yo le haría algo. No podía hacerle nada. Eso debió imaginárselo.
—Tengo algo de dinero, no mucho, pero…
—No quiero tu dinero—respondí.
— ¿Entonces, qué? ¿Qué puedo hacer?
—Bésame—respondí rápidamente. Quizá así se asustaría y no seguiría insistiéndome, obviamente era sólo para alejarla. No es que estuviese pensando realmente en besarla. ¿O sí?
— ¿Q—qué? —me contempló sorprendida.
—Me escuchaste —quise provocarla y eso me pareció muy divertido.
Es la primera vez que tenía una conversación larga con ella. Una conversación interesante. Una conversación excitante.
—Tú... —respondió mareada y apunto de vomitar —. Tú, ¿tú quieres que te bese?
—Sí... Bésame y no enviaré a que maten a tu novio.
Eso sería un buen plan. Si quería seguir insistiendo y seguir jugando yo también podía hacerlo. Podía ganar y lo sabía. Rachel Berry jamás aceptaría besar a una chica.
—Em... —se quedó en silencio un rato pensándolo —. No lo entiendo.
—Sí, lo sabes.
— ¿Eso es todo lo que tengo que hacer? —dijo sorprendida —. Besarte, ¿nada más?
—Puedes hacer más si quieres.
¡Oh rayos! eso fue lo más estúpido que pude haber dicho. ¡Demonios cómo me atreví a pedirle eso a cambio! ¡Debe querer salir corriendo!
—Dios, sólo estaba bromeando contigo, Berry —quise componer la situación —. Entonces, ¿Tenemos un trato? —me observó asombrada después de decirle su apellido— No estés tan asustada, Berry. Soy una buena besadora...
Yo estaba sonrojada por mis comentarios pero qué podía hacer si ella era quien insistía. Finalmente, frunció los labios y se inclinó hacia mí. Eso me asombró demasiado que me provocó una pequeña carcajada. Ella estaba dispuesta a que la besara aquí y ahora. ¡Vaya que en verdad eres muy valiente señorita Berry!
—No aquí. En el gimnasio. A las tres. —me incliné para jugar con un mechón de su cabello—. Sobrevivirás. Lo prometo.
La vi alejarse lo más rápido que pudo. Esto se estaba convirtiendo en el mejor juego que podía haberme involucrado. Me encantaba la idea incluso más que ganar un campeonato nacional o el baile de promoción. Más que golpear al miserable de su estúpido novio.
Vi llegar a lo lejos a Santana y a Brittany que estaban más sorprendidas que yo.
—Pequeña mata nerds ¿Qué rayos hacías con el hobbit de Finnocente?—preguntó Santana— ¿A caso querías besarla? ¡Oh por Dios! ¿Te gusta RuPaul? A Quinn le gusta MandHands—se burló.
— ¡Callate Santana! Sólo quería asustarla y me dejara de molestar—gruñí intentando mostrarme enojada.
—Si claro… Asustarla.
—No me digas que el chismoso de su novio ya le contó que lo amenazaste —agregó Brittany enojada—. Te dije que esto terminaría mal Quinn. Ella enserio lo ama. Y si a ti te gusta como creo que lo haces aunque no nos lo digas deberías de dejar de molestarla. Lo único que conseguirás es que ella jamás te dirija la palabra. —Allí esta, la que parecía que no se enteraba de nada era la que más sabía.
—Qué comes que adivinas. Exactamente de eso estábamos hablando ella y yo, tiene miedo que lo mande a deformar más de lo que ya está, está incluso dispuesta a besarme.
— ¿Qué dijiste la más sexy de mis amigas? ¿Cómo lograste que la hobbit quiera besarte? ¿Y estás tú dispuesta a besarla?—Santana preguntó interesada— Perderías tu reputación si alguien se entera.
—Quinnie no puedo creer que juegues de esa manera con ella, pobre, se ve que es muy inocente —apuntó Brittany.
—Cállense ambas, hoy será mi día para asustarla y no me lo perderé por nada en el mundo. Ahora voy a mi aula preferida. Ya saben, el gimnasio, la cité allí.
—Si tú lo dices, pero te apuesto a que no le sacas ni un suspiro, HBIC
Quinn Fabray. No eres nada parecida al buen Finntonto, él es un chico.
— ¿Sabes que te amo Santana? Aunque a veces seas una verdadera idiota ¿verdad?
Llegué al gimnasio, lo más temprano posible acostumbrada a la puntualidad británica. Me senté sobre una banca y decidida a no aburrirme comencé a jugar con un pompón que le había quitado a Britt entre los entrenamientos. La vi llegar, estaba hermosa. No sabía si estaba soñando o quería besarla de una vez por todas.
— ¿Ya es hora? —murmuré e inmediatamente me bajé con un salto.
Miró el reloj de la pared que estaba justo encima de mi cabeza. Sabía que aún era temprano y eso comprobaba que era demasiado puntual, así que no pude evitar sonreír. Aparte de linda era puntual mi diva. Un gran punto para ti Rachel Berry. Tan responsable y hermosa. Eso me gusta mucho.
—¿Enserio pretendes besarme? —preguntó avergonzada mientras se detenía en la puerta y se abrazaba a sí misma.
—Ven aquí —la ignoré sin responder a su pregunta.
Parecía que estaba sudando, no sé si estaba nerviosa o me tenía miedo. Suspiré por no saber entender qué decían sus expresiones faciales y su pequeño cuerpo. Me faltaba mucho por conocer de ella. Me acerqué y tomé su pequeña mano alejándola de la puerta para poder cerrarla y nadie absolutamente nadie nos molestara. La apoye cuidadosamente a la pared para no lastimarla rosándola un poco, y me di cuenta que la intimidaba mucho más de lo que pensé.
—Tómalo con calma —murmuré suavemente, para que dejara de tenerme miedo—. No voy a lastimarte, Rachel, lo prometo.
Nunca en mis cinco sentidos la lastimaría, jamás y jamás besaría a otra chica que no fuese a ella. Su perfume me producía tanta excitación pero no más que sus labios que parecían demasiado besables. Su simple presencia era demasiado fuerte para que mis deseos salvajes sintieran muchas cosas por ella. Había soñado con ella muchas veces. Desde el primer día que la vi sentada con su cuaderno en este mismo lugar. La estaba deseando con una desesperada ansiedad que despertó cada una de las partes sensibles de todo mi cuerpo. Sabía que sería la única vez que la tendría aquí a mis pies y a mis deseos.
Cerró sus ojos de golpe y se acercó para besarme. Se inclinó más cerca de mí esperando a que la besara, pero yo prefería simplemente contemplarla y se quedara así siempre para mí. Que el tiempo se congelara y jamás se fuera de mi lado.
Abrió sus ojos por mi falta de reacción, pero yo estaba completamente nerviosa y excitada para siquiera pensar en besarla. Quería recorrer cada una de las partes de su cuerpo, besar cada centímetro de ella, quería algo más que un simple incorruptible beso. Me pareció demasiado gracioso que fuera ella quien esperaba que yo la besara, en otras circunstancias ellos eran los que simplemente se me lanzaban y me besaban. ¿Qué rayos estaba pasando conmigo? Yo soy una seductora. Ellos nunca me habían seducido de esta manera. ¿Yo soy la maldita sexy porrista Fabray o Rachel era la mismísima Afrodita? Llegó la hora y debía besarla. Acerqué mis labios rozando los suyos porque no sabía si sería capaz de dejarla ir después de eso. Sentí como se tensó y eso me originó aun más miedo.
—Relájate —fue lo único que pude decirle porque no quería separarme de ella, quería seguir así por siempre. No pude contenerme más así que la besé con todo el deseo que sentía hacia ella. Fueron los mejores segundos de mi existencia ya que ella poco a poco me permitía más y cuando estuvo a punto de que mi lengua danzara con la suya, la insoportable Sue Silvester seguía insistiendo en molestarme y arruinar mi vida. Entró para interrumpir quizá la única vez que besaría a mi Rachel Berry.
Lo más absurdo de todo es que seguía siendo asqueroso porque venía del salón del señor Shue. Enserio que manera de apagar el fuego que había sobre mí. Despreocupada soltó varios balones de basquetbol. Rachel aun no se había dado cuenta que ella había entrado. Me seguía dando su excitante boca aumentando la velocidad e ímpetu. Eso había sido el mejor plus y provocándome más calor de lo que por sí ya tenía.
Inmediatamente Silvester con su voz de loca la asustó haciéndola apartarse de mí.
—Les daré exactamente un segundo para salir de mi gimnasio —y así fue como arruinó nuestro momento—. Luego les entregaré papeles de detención. No puedo creer que existan más lesbianas aparte de Santana. ¿Ahora debo de llamarlas Faberry?
Rachel salió corriendo sin escuchar lo último gracias a Santo Chewbacca o Santana la asesinaría por conocer su secreto. Salió corriendo como si estuviera asustada sin ni siquiera dejarme decirle que me había gustado y que la quería. Jamás debí aceptar este trato. Porque ahora yo era la hechizada y seducida. Y desde luego ella no. Definitivamente luego de esto, quedó en segundo término Hudson y lo estúpido que era. Ni modo, tenía que cumplir mi trato. El trato de de no mandar a romperle su cara de morsa.
