6

Tres minutos en el cielo

Todo sucedió hace casi un año no volví a besar a Quinn Fabray de nuevo hasta la noche de la fiesta de Kitty Wilde y ni siquiera hubiera ido a la fiesta si Finn no me hubiera arrastrado a ir. Así que, en un cierto modo, era la culpa de Finn que besara de nuevo a Quinn.

Lo que pasa es que yo no soy una chica fiestera, no lo era en lo absoluto y él lo sabía. Kitty Wilde era su nueva pareja en el laboratorio y lo invitó a su fiesta y, por supuesto, Finn quería ir porque Kitty es súper linda, una porrista y tiene unas curvas asesinas y perfectas.

Así que, Ugh.

—Vamos, Rachel—había suplicado Finn—. Será divertido.

—No, no lo será —expresé, completamente seria y decidida a no ir.

Kitty Wilde quería a Finn. Ella ni siquiera era tímida al dejárselo saber o que yo lo supiera. No había manera de que fuera a ir a su fiesta y la viera con él, babeándole. Preferiría quedarme en casa y vomitar. Al menos así no estaría haciéndolo frente a otras personas, pero tener que estar por ahí y ver la manera en que Kitty miraba a mi novio y la forma en él lo transformaba en una completa broma definitivamente me haría vomitar. Y yo no estaba de ánimo.

Finn había sido mi novio por un largo tiempo y sabía cómo presionarme.

—Vamos, Rachel, ¿por favor? Todos los chicos del equipo estarán allí. Todavía trato de encajar con ellos, ya lo sabes.

Tenía culpabilidad y debía trabajando en eso. No estaba lista para ceder, todavía.

— ¿No puedes ir sin mí simplemente? —me enfurruñé—. No me gusta beber en las fiestas, ya lo sabes además odio a Kitty va a intentar ligar contigo toda la noche y yo voy a arrancarle el cabello.

Finn se rió, acurrucándose junto a mí.

—Esa es una diversión que me gustaría ver.

—Sí, también a tu equipo —resoplé—. Mira, simplemente ve solo.

Él apretó mi mano.

—Sabes que no iré sin ti.

—Claro. Así que quedémonos en casa, veamos una película y te haré una torta de carne.

(Una cosa que amaba sobre mí es que me gusta cocinar, y demasiado, tal vez me vuelva chef o quizá no)

—Mira, Rachel —murmuró Finn con su tono de ser razonable—, no me gusta Kitty como para que estés preocupada, pero tengo que llevarme bien con los chicos, me tratan como mierda.

Suspiré. Al final, se lo concedí porque él era mi novio y ser parte del equipo era importante para él. Pero también lo era Kitty, era más importante para él de lo que debería serlo, lo admitiera o no. Y no hubiera ido si no hubiera sido tan insistente de que fuéramos. Además de que si no hubiéramos ido los chicos jamás lo invitarían a una fiesta otra vez. Así que, blah. Hice que Kurt viniera con nosotros, para que él y yo pudiéramos susurrar sobre cuán zorra era Kitty Wilde mientras seducía a mi novio.

En la fiesta, Kitty fue astuta, no pareciendo gustarle Finn, lo cual fue un alivio. Luego todos comenzaron a reunirse en el sótano, bueno no todos, pero la mayor parte de la gente del lugar, Finn me arrastró hacia el gran grupo. Estaban jugando a algo llamado Tres Minutos en el Cielo. Era como girar la botella, pero había un armario de por medio.

Finn había dicho que sólo quería sentarse en el círculo con el grupo dado que la mayoría de los chicos del grupo de futbol estaban ahí, pero juró que sólo nos besaríamos si nuestros turnos surgían (lo cual no parecía muy probable, nuestros turnos nunca tocarían en un grupo tan grande.) también juró que no besaría a Kitty, lo juró y no lo cumpliría a la larga.

—Por supuesto que no la besaría, Rachel —repuso él. Luego sonrió, mostrándome sus hoyuelos y viéndose adorable—. Ni siquiera si me lo ruega.

Así que, fuimos al grupo e hice que Kurt viniera con nosotras y nuestra amiga Tina también, que de alguna manera estaba en la fiesta aunque no sabía quién la había invitado y estuve un poco asombrada al verla porque ella era como yo y no iba a beber a las fiestas. Pero ahí estaba, sorbiendo una bebida y diciendo «quiero tener un poco de diversión». Así que la arrastré con nosotros al encantador juego de Tres Minutos en el Cielo.

La regla era que una persona giraría la botella y a quien fuera que señalara escogería a alguien para ir al armario por los Tres Minutos en el Cielo.

Cuando la botella señaló a Finn, fue medio divertido porque él me escogió, por supuesto, y pudimos pasar tres minutos en el armario oscuro besándonos lo cual fue divertido porque nunca antes habíamos hecho eso, besarnos en la oscuridad con la mitad de nuestra escuela afuera de la puerta.

Después, sólo un poco más tarde, apreté mis ojos porque la botella señaló a Kitty. Y ella estaba un poco borracha y completamente tonta.

—Te quiero a ti —señaló a Finn.

Y todo el equipo hizo sonidos de «Ohh» y « ¡Ve por ello!» y él me miró, como queriendo mi permiso, como «por favor no me hagas quedar mal frente a los chicos, Rachel». Kitty agarró su rostro de una forma seductora y lo hizo mirarla, con sus ojos humeantes que decían «te deseo».

—Es solamente un juego, Finn —ronroneó—. Tu novia puede con eso.

Luego lo arrastró al armario, sólo que no fue exactamente arrastrado. Él no puso tanta resistencia como debería, de hecho, no peleó mucho en absoluto, tenía una sonrisa grande y tonta en su rostro.

Iba a levantarme e irme, pero Tina puso su mano en mi rodilla y Kurt susurró en mi oído.

—Si te vas, ella va a conseguir lo que quiere.

Y no quería eso sin importar qué pasara. Así que, aunque apenas podía respirar, me quedé. Cuando finalmente salieron del armario, Finn se veía sonrojado y tenía su cabello despeinado, traté de sonreír y hablar con Kurt y Tina como si no tuviera una preocupación y ni siquiera supiera que él se había ido. Puede sentir los ojos de sus compañeros de equipo posados en mí mientras él se sentaba junto a mí; seguí contándoles a mis amigos esa graciosa historia que pasó en la escuela hoy aunque estaba inventando todo y pude notar que ellos lo sabían. Sin embargo, se quedaron mirándome con sonrisas congeladas para seguir el juego y actuar como si la historia fuera fascinante e increíblemente divertida y todo era fantástico aunque mi mundo se acababa de derrumbar.

Finn tomó mi mano, la besó y susurró en mi oído.

—Lo siento, Rachel, no sabía qué hacer.

Quité mi mano y seguí hablando con ellos, ignorándolo completamente.

— ¿Estás enojada? —susurró él.

Completamente tiesa, negué con mi cabeza, todavía hablando con mis amigos.

El juego siguió, de una pareja curiosa a la otra. Estábamos en un gran círculo con alrededor de treinta personas, así que sólo la mitad estaban prestando atención, la otra mitad solo observando, sólo entrando al juego si a alguien que les gustaba lo señalara la botella.

—Pareces molesta —murmuró Finn—. Rachel, no es mi culpa. No escogí que ella me eligiera.

Justo entonces la botella apuntó a Quinn, ni siquiera la había notado. Tina apretó mi rodilla con anticipación. Ella estaba completamente enamorada de la rubia. Lo había tenido desde que cantaron en show de talento de la escuela. Ella estaba en medio de una conversación con unas de sus amigas y Joe, el chico que solía tener su casillero encima del mío en el primer año de la secundaria. No parecía tener idea del juego que estábamos jugando.

— ¿Qué? —Preguntó al grupo ya que todos la estábamos mirando, esperando a que escogiera una chica para besar, estaba fuera de alcance pero pareció entender el juego en su cabeza—. Esperen, ¿se supone que debo escoger a alguien para llevar al armario?

Sonrió, moviendo su mandíbula de lado a lado como cuando está pensando, aparentemente parecía diferente.

—Está bien.

Quinn miró en nuestra dirección, y juro que Tina gimió pero lo que dijo fue…

—Quiero a la chica de Posers.

Sus compañeras de equipo de porristas se rieron y Finn palideció. Hubiera protestado completamente, sólo que no pude evitar recordar la tonta sonrisa de Finn cuando Kitty lo llevó al armario. Por su tonta excusa me hizo alzar la barbilla y completamente desafiante accedí a lo que Quinn había pedido.

—No es mi culpa —le siseé a Finn y me puse de pie.

Mis piernas estaban débiles como goma de mascar mientras fui hacia el armario. No pude creer que estuviera haciendo esto. Quinn tampoco parecía creerlo. Tenía esta sonrisa burlona en su rostro mientras me observaba ponerme de pie, pero sonrió y me siguió al armario, y sus amigas comenzaron a corear.

Estaban cantando «¡Cuidado Finnepto!» y Santana complementándolas «¡Quinn es muy caliente para RuPaul!».

Tuvimos más ruido que otras parejas que entraron al armario y vaya que había mucho ruido para muchas parejas, por ejemplo a la de Finn y Kitty.

Cuando la puerta se cerró, Quinn y yo estuvimos en la boca de la oscuridad y mi corazón estaba latiendo tan fuertemente que pensé que seguro se iba a salir de mi pecho y rebotar por la pared. No podía creer que estuviera aquí. ¿Qué iba a hacer? ¿En verdad iba a besar a la sexy Quinn Fabray esta vez?

El pensamiento me llenó con un nudo de emociones; emoción, curiosidad, miedo. Pero a la misma vez, me preocupé por Finn. Había estado molesta con él, eso fue lo que me impulsó. ¿Pero estaba lo suficientemente molesta para hacerlo? y ¿Besar a Quinn?

Heriría a Finn, lo mataría, justo como me mató cuando besó a Kitty Wilde.

Mi cabeza estaba confundida, mis pensamientos esporádicos y confusos pero nada comparado con mi corazón. Era un desastre latente, enredado y complejo.

Quinn susurró en mi oído.

—¿En verdad vamos a hacer esto o solo estás molesta con Poser?

Su aliento caliente en mi cuello me puso un poco mareada y atontada, sin embargo contesté.

—Su nombre es Finn.

Defendiéndolo porque eso es lo que yo hacía siempre, defender a Finn. Sus compañeros me hacían enojar, aunque esta noche, él me había molestado y había roto mi corazón.

Dejé escapar un aliento, intentando no tomar una decisión equivocada.

—No, no tenemos que hacer esto. —Luego añadí, sólo tratando de ser diplomática, ya que ella estaba siendo muy dulce, dándome opciones.

—Quiero decir, sí tú no quieres.

Quinn encendió un láser, iluminando sus tentativos y seductores labios, haciéndome derretir, aunque no tenía idea de lo que estaba haciendo. Dijo suavemente.

—Yo quiero.

—Oh —me retorcí, un repentino estremecimiento. La manera en que lo susurró me hizo jadear.

—Relájate. No voy a hacerte daño Rachel

Su voz fue seductora, gentil pero con un toque de asombro. Me movió hacia la pared, subiendo sus manos a cada lado de mi rostro suavemente, luego lenta y tiernamente su caliente boca presionó contra la mía, suave, dulce y tentadoramente. Sentí un cosquilleo hasta mis pies.

Sus besos, eran tan tiernos, cálidos y perfectos. Las cosas se calentaron bastantemente rápido, aunque pasaron de calientes a electrizantes. Quinn enredó sus largas y suaves manos en mi cabello, sus labios tocaron los míos con pasión mientras se acercaba más a mí. Su seductora lengua de terciopelo buscaba tentadoramente la mía y sus besos fueron creciendo con intensidad hasta que estaba segura de que mi corazón iba a explotar.

El calor se extendió por todo mi cuerpo. Este momento, esta experiencia era tan intensa y tan asombrosa. La mala y problemática Quinn volviéndose suave y apasionada me hacía doblar las rodillas. En poco tiempo, tuvo que sujetarme para evitar que me cayese al suelo porque mi cerebro, mi cuerpo, mi corazón, todo mi cuerpo estaba fundido en este charco de calor.

— ¿Estás bien? —Quinn se retiró un poco para estudiar mi rostro, sus dedos acariciaron mi cabello ligeramente.

Ya extrañaba su caliente boca contra la mía, deseando volver a tenerla. Asentí, tratando de recobrar mi aliento, avergonzada de que no me pudiera parar sin su ayuda.

—Sí. Es solo que eres una gran besadora Quinn. —dije sin dejar de aprisionar sus apetecibles labios—Wow Quinn ¿Qué demonios haces? —cuestioné divertida sintiendo como se hacía camino en mi cuello. ¡Lucy Quinn Fabray me estaba besando el cuello!

—No lo sé, sólo quería saber que se sentía hacer eso con una chica—Respondió indiferente y siguió con su actividad.

—Sabes que eso no está en las normas de 3 minutos en el cielo ¿No es así?

—Shhh—me silenció besando nuevamente mis labios—No lo arruines Rachel…

Un fuego quemó dentro de mí. Estaba agradecida de que estuviera lo suficientemente oscuro para que ella no pudiera ver cuán roja estaba. Seguía esperando algo más que me sorprendiera. Ella hizo un pequeño sonido de risa, luego sus labios suaves y como de Cupido estaban en los míos de nuevo, dándome tres minutos en el cielo completamente.

Cuando el tiempo se terminó, la puerta se abrió, y la luz brillante entró al armario. Quinn gruñó, dándome un último beso y luego se alejó haciéndome desear que regresara, para que me sostuviera más, por siempre.

Inclinó su frente contra la mía incluso mientras sus compañeras porristas animaban en la puerta abierta, coreando y gritando como si hubiera ganado las nacionales. Ella murmuró cerca a mi oído.

—Terminó muy rápido, cielo.

Ella no estaba bromeando. Podría haber hecho eso toda la noche… por semanas, meses, años, por siempre.

No creo que yo hubiera dicho algo. Si apenas podía respirar no creo que pudiera hablar. Estaba demasiado en trance y mareada. Me tambaleé saliendo del armario, mis piernas como goma, mi corazón latiendo tan fuerte que estaba segura de que se iba a salir de mi pecho. Traté de actuar natural pero no pude quitarme la sonrisa soñadora del rostro. Sabía que lucía soñadora porque Kurt y Tina me seguían susurrando eso, aunque Finn estaba sentado junto a nosotros, luciendo enojado pero tratando de lucir como si no lo estuviera. Creo que en parte era porque ellos estaban muy efusivos sobre mi sonrisa. Estaban molestas con Finn por besar a Kitty. Eran buenos amigos y Finn era estúpido, patético y un imbécil novio que merecía escucharlos hablar.

Podía notar que ellos querían hacerme preguntas, reírse tontamente y obtener los detalles jugosos sobre besar a la sexy Quinn Fabray pero sólo me daban miradas de confusión, diciéndome con sus ojos que querían saber cada detalle en cuanto nos fuéramos de la fiesta. Quinn también me dirigía miradas de confusión, pero no creo que estas trataran de decirme algo. Se estaba riendo y hablando con su grupo de amigos, principalmente con Santana y Joe. Sin embargo, había atrapado sus ojos mirándome de vez en cuando. Supuse que sólo estaba sorprendida por mi sonrisa y probablemente entretenida de que mis amigos siguieran siendo efusivos sobre nuestros Minutos en el Cielo.

Más tarde esa noche, Quinn me atrapó mirándola de encubierto y sonrió. Ouch. Aparté la mirada y nunca la volví a mirar aunque pude sentir sus ojos en mí el resto de la noche. Quería mirarla pero me resistí porque ya estaba lo suficientemente sonrojada.

— ¿Te divertiste? —siseó Finn en mi oído.

Era la primera cosa que me había dicho desde que salí del armario. Había estado enviando mensajes en su iPhone desde que regresé, probablemente quejándose con sus amigos de que yo de buena manera hubiera ido al armario con Quinn, la sexy Lucy Quinn Fabray.

—Uf sí, me divertí —respondí alegremente, tratando de sonar calmada.

—Probablemente tanto como tú te divertiste con Kitty.

Él me entrecerró los ojos.

—Eso no fue mi culpa.

—Tampoco mía, Finn.

Él negó con su cabeza, pareciendo decir «no puedo creerlo».

Luego, con sus ojos llameantes y su expresión de tonto, metió la pata.

—Kitty me envió un mensaje hace rato. Le voy a dar un aventón a la casa de su amiga para que vaya por su auto. Necesita un aventón, vamos. —Se puso de pie, actuando como si yo fuera a estar bien con sus arreglos, de soportar su castigo por haber ido al armario con Quinn. Me quedé en el mismo lugar sin moverme ningún centímetro.

—No gracias, yo me quedo.

—No voy a regresar —gruñó entre dientes.

Resoplé y me puse de pie, sólo para no hacer una escena en el lugar, se acercó a mí, pero lo que dije fue.

—Está bien. Encontraré mi propio aventón.

Era una amenaza en vano completamente. Me moriría si él dejaba la fiesta con Kitty y no tenía idea de cómo iría a casa ya que todos parecían bastante borrachos. Pero de ninguna manera iba a ir al auto de mi novio con Kitty. Él me iba a llevar a mí o a ella, pero no a ambas.

Quinn estuvo a lado de mí en un segundo, sus labios retorcidos expresaban una sonrisa de asombro.

—Te daré un aventón, Berry.

Finn abrió su boca como si fuera a protestar pero luego la cerró. Fue bastante divertido verlo. Si no hubiera estado al borde de las lágrimas me podía haber reído. En cambio, sólo traté de evitar llorar, agradecida de que Quinn hubiera venido a mi rescate como una superheroína. Sin nada más, al menos sabía que había ese alguien a mi lado, incluso si no era mi novio, incluso si era la sexy superheroína Quinn Fabray.

Finn agarró mi mano, tratando de arrastrarme a la puerta, pero no me moví. Finalmente, dejó salir una exhalación exasperada y bajó mi mano.

—Rachel, la chica no está interesada en ti, sólo quiere hacerme enojar, nunca antes te ha mirado.

Quinn no dijo nada al respecto, pero me movió sus cejas con una juguetona expresión sardónica como diciendo: «Ohhh, no le dijiste».

Y era un poco divertido, porque ella obviamente me había notado. Desde que nos besamos esa vez en el gimnasio. Pero... pensándolo bien, eso también podría haber sido para enojar a Finn.

En verdad, cualquier atención que me había prestado Quinn podría haber sido sólo eso: para meterse con Finn. Eso tenía más sentido que todo lo que se me podía ocurrir. Después de todo, ¡ella había pasado toda la noche con Joe! Esa era la clase de chico que le gustaba, el total opuesto de mí. De repente, las mariposas que había estado sintiendo por el beso de Quinn se disolvieron. Se volvieron una pila de rocas en el fondo de mi estómago junto con todas las otras rocas que ya estaban allí. Esta noche era una pesadilla y se estaba volviendo peor cada segundo. Solo para arruinar más mi vida Kitty salió del baño en ese preciso momento y se acurrucó junto a Finn.

—Estoy lista para irme —dijo ella.

Quinn reprimió una risa con eso, alzando sus cejas como —. Sin embargo, no dijo ni pío. En cambio, se quedó en silencio sólo viéndome y tensando su mandíbula. Parecía estar esperando algo. No estaba segura, ¿qué yo llorara? Eso era en todo lo que podía pensar porque estaba asustada de que eso fuera a pasar en cualquier momento. Iba a empezar a lloriquear.

Finn dijo de nuevo entre dientes.

—Rachel, cuando me vaya no regresaré.

Asentí, tragando.

—Bien, no lo hagas. Si te vas con ella, no quiero que regreses.

Kitty me dirigió una sonrisa retorcida. Luego jaló el brazo de Finn.

—Vamos —ronroneó—, tengo que irme.

Pero él no se movió. Se quedó mirándome y yo me quedé mirándolo. Estaba lista para llorar y él parecía preparado para lo mismo, romper en lágrimas. Lo cual era malo. Sus compañeros nunca lo dejarían vivir. Sé que debería haberme rendido. No había manera de que Finn pudiera ganar en esta situación. Si me retractaba, los chicos lo llamarían gallina. Lo hicieron de todos modos, todo el tiempo. Dijeron que lo había llevado por un camino angosto. Así que, esto no estaba ayudando. ¡Pero Ugh!

¡Se había besado con Kitty Wilde en un armario! Se había ¡besado con ella!

De ninguna manera me iba a subir al auto con esa bruja asquerosa.

Finalmente, Quinn dejó escapar un aliento impaciente.

—Vamos, Kitty. Te daré un aventón.

Ella pestañeó.

— ¿Qué? No. Yo quiero a Finn.

Los labios de Quinn se movieron con una sonrisa.

—Sí, no es broma. Todos sabemos eso. Pero ya has causado demasiados problemas para los inocentes esta noche. —ella la jaló hacia la puerta—. Vamos. Ellos quieren arreglarse.

—Pero... pero...

Ella ignoró las protestas de Kitty, llevándola afuera.

Cuando se fueron, Finn dejó escapar una profunda respiración y luego tragó, todavía peligrosamente cercano a las lágrimas.

—Rachel, lo siento.

—Lo sé —respondí, jalándolo hacia la puerta. No quería que llorara frente a todos y una vez que él empezara a disculparse sería un horrible llorón—. Yo también.

Sabía eso, así que no quería que las disculpas empezaran ahora, las quería mucho pero no ahora, no aquí, en cualquier parte menos aquí.

Como era, los chicos dirían Miren a Poser, está a punto de llorar ¡Idiotas!

Guié a Finn afuera e inmediatamente me abrazó fuertemente en cuanto salimos por la puerta.

—Rachel, fui un idiota —sollozó en mi cabello—. Lo siento.

Empecé a sollozar también porque amaba a Finn, pero él era un completo tonto, al menos lo había sido esta noche. En verdad, lo había sido desde que se volvió pareja de química de Kitty. Me hizo querer golpear mi cabeza contra la pared muy fuertemente. Él estaba llorando y arrepentido de que fuera un idiota y llorando sería malo.