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Mi tres minutos en el cielo

Había pasado un año ya del beso que me había arruinado la vida, no dejaba de pensar en él. Cómo podría ser posible que yo estuviera loca por una chica. Eso regularmente no pasaba conmigo. Era yo quien jugaba con todos no ellas conmigo, yo era la sexy capitana de las porristas, Quinn Fabray. La que nunca tenía una cita, simplemente era sólo de una vez y ya. Pero ahora era distinto, estaba ella... Rachel Berry metida en mi cabeza todos los días.

—Quinn despierta de tu sueño rubia, tenemos que entrenar —Santana interrumpió mis pensamientos.

—San deja a la pequeña Quinnie. Ya sabes ha estado rara todo este tiempo. Ya ni siquiera quiere salir con Joe. Oye deberías buscarlo, no deja de preguntar por ti —dijo Britt recordándome que tenía una cita con ese loco del Club Glee, ni siquiera sabía por qué había aceptado si Rachel ni siquiera me hacía caso cuando iba al salón del señor Shuster. Solo se dedicaba a bajar la mirada cuando se cruzaba con la mía o besaba a la morsa de Finn.

—Iug, ni me lo recuerdes. No deja de molestarme. Aun cree que estamos saliendo. No entiende que lo pasado pisado—respondí con tal desagrado. A veces no entiendo a los chicos. Por qué se complican la vida conmigo.

—Es más, nos preguntó que si iríamos a la fiesta de Kitty Wilde. Ya sabes, la sexy porrista. Lástima que quiere con el perdedor de Poser —Santana a veces podía ser una degenerada.

—Chicas, ni siquiera sé si quiera ir. No estoy de ánimos.

Hace mucho tiempo que no lo estaba. No ahora que Rachel rondaba en mis pensamientos. Con esos labios seductores en los míos. Y en todos esos sueños perversos que quería cumplir con ella.

—Ya rubia, deja de pensar en esa enana. Ella ni siquiera piensa en ti aun sigue con el idiota de la ballena Hudson —si no fuera por la latina no sabría qué sería de mí. No sabría cómo seguir con mis actividades normales.

—¡Está bien! Por los viejos tiempos —gruñí molesta.

¿Qué podría de haber de interesante en una fiesta de jugadores de Futbol americano y porristas?

Llegamos a la fiesta y estaba allí todo el equipo de futbol americano y porristas además de otros que no conocía. Comenzaron a jugar Tres Minutos en el Cielo, que luego sería mi forma más tierna para llamarla, algo que no hacía desde hace mucho tiempo—por ser cosas de adolescentes y pubertos—Allí estaba la anfitriona Kitty Wilde, demasiado zorra para mí. En este momento no estaba dispuesta a entrar con nadie al armario.Yo era una espectadora más. Giró la botella y señaló a Poser. Sabía que si él estaba tendría que estar Rachel, y exactamente fue lo que pasó, ella estaba allí. Así que él la eligió para tener sus tres minutos en el cielo, algo que me dolía. Pero después, solo un poco más tarde, le tocó el turno a Kitty y adivinen, eligió a mi peor pesadilla, Finn Hudson.

—Te quiero a ti —señaló a Finn.

Y todo el equipo hizo sonidos de «Ohh» y « ¡Ve por ello!» incluyéndome a mí. Rachel lo veía con cara de desesperación pero él no hacía nada para solucionar la situación. Él sin duda quería besar a esa zorra de Kitty.

—Es sólo un juego, Finn —ronroneó Kitty—. Tu chica puede con eso.

Luego, ambos entraron. Se veían muy divertidos por hacerlo.

¡Malditos! Cómo pueden lastimar a mi Rachel.

Ella iba a levantarse e irse, pero una chica asiática llamada Tina evitó que se fuera mientras que su otro amigo, Kurt, le susurraba algo en el oído.

Cuando finalmente salieron del armario, Finn se veía satisfecho al igual que Kitty. Era inevitable no notar el enojo de Rachel. Inmediatamente Finn tomó su mano y la besó susurrándole algo.

¡Cómo se atreve a hacer eso! Luego de haberte besuqueado con esa teñida. Debería sacarla del equipo, al final de cuentas yo soy la capitana.

Ella estaba enojada así que no vi una reacción positiva después de lo ocurrido.

Bastardo Poser. Tendré que golpearte por lastimar a mi chica. ¡Oh cielo no te preocupes aquí estoy para ti!

Justo entonces la botella me apuntó. Yo estaba en medio de una conversación con Britt, Santana y el insoportable de Joe que no dejaba de molestarme.

— ¿Qué? —le dije al grupo. Todos me miraban, esperando a que escogiera un chico para besar. No sabía si participar o no—. Esperen, ¿se supone que debo escoger a alguien para llevar al armario? —pregunté sorprendida. Y fue inevitable no ver a Rachel. Sería buena opción besarla allí adentro. Una excelente razón para hacerle pagar a Finn su atrevimiento con MI CHICA.

Sonreí porque era otra buena oportunidad para besar a mi bella Rachel. Me hice la que aun seguía pensando mi respuesta. Tenía que no verme desesperada por tener esos suaves labios en los míos. Y quizá podría tocarla allá adentro. Una chica jamás debe de perder las esperanzas. ¡Lo que te espera allí adentro Rachel Berry! Sonreí para mis adentros. Y decidí elegir a la morena.

—Está bien—miré en dirección de ella—. Quiero a la chica de Posers.

Todos comenzaron a reír algunos otros a sorprenderse por elegir a una chica y no a un chico y Hudson palideció. Ella aceptó, nunca me imaginé que pasara eso. Era extraño. Lo único que me quedaba era reírme de lo que iba a suceder.

Santana y Britt comenzaron a gritar «¡Cuidado Finnepto!» y «¡Quinn es muy caliente para la RuPaul!». Mis amigas siempre tan acertadas.

Tuvimos más ruido que otras parejas que entraron al armario. Eso era obvio. La popular y hermosa capitana de porristas y mujer había elegido a la nerd de toda la escuela. Nada común en esos momentos.

Cuando la puerta se cerró, ella estaba conmigo. Mi corazón palpitó de una manera que pensé que se saldría de mi pecho. ¿En verdad debía besarla o arrepentirme? ¿Debería esperar a que mi tortura terminara?

—¿En verdad vamos a hacer esto o sólo estás molesta con Poser? —susurré en su oído. Me mataba que me dijera que esa era la razón. No quería que su decisión fuera sólo por venganza.

—Su nombre es Finn —contestó molesta—. No, no tenemos que hacer esto —dijo y me desilusioné por un momento—. Quiero decir, sí tú no quieres—me sorprendí por su respuesta, y no es que no quisiera pero sabía que si llegábamos a otros puntos no sería capaz de detenerme. Es cuando me preguntó ¿Qué rayos pasa por la cabeza de las chicas? Queremos que nos besen o que seamos unos caballeros. Mejor dicho, jamás me lo había preguntado. Soló los besaba y ya. Nada de complicaciones.

Encendí un láser, iluminando un poco la habitación.

—Yo quiero —dije sutilmente. Quería que pasara—. Relájate. No voy a hacerte daño Rachel—le repetí la misma frase que aquel día.

La moví hacia la pared, subiendo mis manos a cada lado de su rostro. Lenta y tiernamente acaricié su pequeña boca presionándola contra la mía. La situación se estaba volviendo demasiado excitante. Enredé mis manos en su cabello y toqué sus labios con la misma desesperación de la última vez. La deseaba más que a cualquier cosa en este mundo. Esta vez fui yo quien quería que nuestras lenguas se volvieran a reconocer y recordar. Poco a poco, ella dejaba caer su cuerpo en el mío. Ella también me deseaba.

— ¿Estás bien? —me retiré un poco para disfrutar de su perfecto rostro. Acaricié su bello cabello chocolate con mechas californianas que con el sol parecía como hojuelas de cereal, dorado. Asintió, ella deseaba tenerme cerca. La situación estaba aumentando de temperatura más rápido de lo que creí. Ambas tratábamos de retomar el aliento perdido.

—Sí. Es solo que eres una gran besadora Quinn —al decir eso sabía que sentía las mismas cosas que yo. Estaba tan feliz, que no sabía cómo expresar todo lo que estaba experimentando, por eso salió de mí una pequeña risa. Mi corazón me exigía más, al igual que mis labios exigían más de ese excitante elixir. Esta vez no me detuve. Fui más rápido aprisionando mis manos en su trasero y ya no en sus caderas.Besé su cuello.

—Wow Quinn ¿Qué demonios haces? —dijo la morena sin dejar de aprisionar mis labios.

—No lo sé, sólo quería saber que se sentía hacer eso con una chica—respondí divertida y comencé a besar lentamente su cuello que ella misma se había encargado de acomodarse para hacerlo más fácil.

—Sabes que eso no está en las normas de 3 minutos en el cielo ¿No es así?

Claro que lo sabía, pero ya no estamos en el preescolar para sólo darnos unos pequeños besos.

—Shhh—la silencié besando nuevamente sus labios—no lo arruines Rachel…

Paso demasiado rápido el tiempo, y cuando estuve a punto de más, la puerta se abrió, y la luz brillante entró al armario, quemándome de enojo. Le di un último beso, no quería que saliera, quería quedarme aquí por siempre. Incliné mi frente contra la de ella, la deseaba demasiado.

—Terminó muy rápido, cielo —murmuré cerca de su oído. Podría haber hecho esto por semanas, meses, días, por años.

Estaba aun más confundida, más que antes. Traté de decirle con una mirada que la quería, que la amaba y que la necesitaba más ahora, en este segundo. Santana comenzó a notar lo que sentía. Pero ella no se dio cuenta. Se fue con sus amigos, y me dejó allí parada temblando por dentro y con unas enormes ganas de más.

—Quinnie qué sucede, déjalo pasar. Ella es feliz con Finn y eso nunca cambiará—intentó animarme Britt.

—Quinn me tienes a mí. Yo te amo —Joe era tan insoportable. No entiende lo que está pasando ahora en mi cabeza.

Noté que estaba teniendo una pelea con Hudson. No sé por qué sentía que tenía que protegerla, así que me acerque a ellos. Quería solucionar cualquier problema que tuviera. Estuve escuchando la plática de inicio a fin, el idiota de Poser era capaz de dejarla sola por irse con la porrista más zorra de la escuela. Qué era lo que tenía en su cabeza.

—Te daré un aventón, Berry— estaba agradecida por salvarla.

Finn agarró su mano, tratando de arrastrarla a la puerta, pero no se movió. Finalmente, dejó salir una exhalación exasperada y bajó su mano.

—Rachel, la chica no está interesada en ti. Solo quiere hacerme enojar. Nunca antes te ha mirado —no dije nada al respecto. Él qué podía saber de lo que sentía por ella. Lo que me sorprendía es que no le había contado de nuestro primer beso.

—No estoy lista para irme contigo—ella le creyó. Era estúpido que le creyera, qué acaso no había notado lo que sentía por ella.

Me quedé en silencio sólo viéndola y hacerle entender que era falso lo que él decía. Estaba tensa y enojada porque le creía a ese idiota.

—Rachel, cuando me vaya no regresaré —Finn advirtió de nuevo entre dientes. Haciéndola enfadar aun más.

—Bien, no lo hagas. Si te vas con ella, no quiero que regreses.

Kitty se dirigió hacia Rachel burlándose de ella, luego jaló el brazo de Finn.

—Vamos —ronroneó—, tengo que irme.

Ambos se quedaron viéndose, ella lo amaba y no podía hacer nada al respecto. Parecía que quería llorar. No permitiría que sufriera por nada en esta vida. Finalmente, dejé escapar un aliento impaciente.

—Vamos, Kitty. Te daré un aventón.

Ella pestañeó.

— ¿Qué? No. Yo quiero a Finn.

No sabía que más hacer así que la arrastré a mi carro.

—Sí, no es broma. Todos sabemos eso. Pero ya has causado demasiados problemas para los inocentes esta noche. Vamos. Ellos quieren arreglarse.

—Pero... pero... —ignoré sus protestas llevándola afuera