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Galletas y poemas

Está bien, tengo que decir que Finn no lloraba todo el tiempo pero él es realmente emotivo y sensible. Eso es lo que amo de él. Hace dos años, cuanto nos juntamos, eso fue lo que me atrajo de él, además del hecho de que es un hermoso con hoyuelos, con cabello castaño y brilloso. En verdad, lo había pensado más de dos veces hasta leí el ensayo que me escribió en inglés. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras lo leía y me hizo pensar… Quiero conocerlo. Y una vez que lo hice… quise besarlo.

No nos juntamos inmediatamente después del ensayo, bueno, no exactamente. Ambos éramos tímidos. Así que, nos tomó un rato incluso tener una conversación. Ayudó que escuchaba a sus amigos molestarlo cada vez que yo pasaba. Susurraban cosas como «Ohh, miren a Finn sonrojarse, ahí va su enamorada», muchas cosas así, cosas que se suponía que no debía escuchar. Sólo que, tendrías que estar sorda para no hacerlo. De todos modos, eso me ayudó a ser valiente.

Así que, un día antes de que comenzara la clase, le conté que me había gustado ese ensayo que me había leído en clase. Había sido sobre una pareja que habían terminado y luego tuvieron que soportar verse continuar su vida y amar a alguien más. Le mencioné que estaba escribiendo una canción sobre eso. (Solía escribir canciones sobre todo). Y me sonrió lindo y asombrado diciendo que también a él le gustaba escribir canciones. Mencionó que también tocaba la batería y así que fue como si hubiera cupidos volando por encima de nuestras cabezas, disparándonos con flechas. El mundo se convirtió en un lugar hermoso.

No mucho tiempo después, le pregunté sobre la chica del ensayo, si todavía le gustaba y él me dirigió una tímida sonrisa y susurrándome.

—No, no como tú me gustas.

¡Aww! Mi corazón se derritió y justo ahí se volvió suyo para siempre. Amaba todo sobre él. Amaba como era tímido pero hermoso, y sorprendentemente talentoso pero dulce más allá de lo posible. El chico más dulce que había conocido. Quería estar con él todo el tiempo. Nos empezamos a juntar para escribir canciones, primero en la biblioteca, después de la escuela y tocábamos duetos en mi piano y para el Club Glee. Y desde allí éramos inseparables. Él encajó bien con mis amigos, lo cual era perfecto, era casi como si fuera una chica, sólo que era un buen besador muy muy buen besador. (Aunque no tenía muchos para compararlo). Él era maravilloso, sorprendente. Iba a comprar conmigo y mis amigos, veía nuestras películas de chicas con nosotros y nos ayudaba a hornear galletas. Así que él era un novio completamente perfecto. Pero luego, Ugh.

El año pasado se unió al equipo de futbol y lo cual fue genial… lo era, sólo, que quiso encajar con esos perdedores de su equipo. Y nunca encajaría… jamás lo haría. Estaba agradecida porque eran Neandertales y él no lo era, era completamente lo opuesto.

Lloró en Toy Story 3, sollozó. Era dulce y me gustaba así. Apestaba que tratara de ser alguien diferente con sus compañeros. Por eso lo llamaban un «Poser» (falso). Lo era, alrededor de ellos trataba de ser alguien que no era, rudo e insensato.

Así que, nuestra pelea en la noche después de los Tres Minutos en el Cielo podía haber resultado diferente, podría haber sido muy comprensiva, sabiendo que Finn sólo estaba fingiendo. Sólo que apestaba que su actuación significara que no tenía voluntad y que no pudiera decir No, no voy a besarte zorra, tengo novia

Finn y yo peleamos fuertemente después de la fiesta. No le hablé por el resto de la semana. Llamaba y llamaba y llamaba, pero no respondí. Estaba enojada, irritada y considerando seriamente terminar. Él sabía que yo odiaba a Kitty, se lo había dejado en claro varias veces. Era resbaladiza y sabía que estaba tras él. Él siempre lo negó. Siempre decía, no le gusto de esa manera, Rachel. Luego, cuando resoplé con eso, él tuvo este increíble comentario:

—Mira, Rachel, ella es una porrista del equipo de futbol, ¿por qué me querría?

¡Grrr!

Eso me tuvo molesta, como si las animadoras fueran tan geniales por encima de todos, como si yo no fuera lo suficientemente buena para él ya que no era una porrista. Lo que en verdad me molestó (y rompió mi corazón) fue que él se sintiera de esa forma. Sus compañeros y las animadoras de futbol, para él eran Dioses, en el mundo del que él quería ser parte. Con tantas ganas que era irritante.

De todos modos, el lunes en la mañana le envié un mensaje y le dije que no necesitaba un aventón a la escuela, Kurt me cubriría. Él apareció en mi casa de todos modos. Llegó con flores adorables y una nota de disculpa que me hizo llorar. Era tan dulce y honesto y dijo lo suficiente para hacer que mi corazón se derritiera. Además, quería que nos arregláramos, él en verdad lo quería.

Así que lo dejé llevarme a la escuela. No lo perdoné exactamente, me sentía herida y traicionada y no parecía que el daño en mi corazón sanaría, sin importar lo que dijera o hiciera. Era trágico y triste, pero así lo era. Me seguía llevando al borde de las lágrimas incluso después de su nota y disculpas.

Mientras caminamos por el pasillo de la escuela juntos sin estar agarrados de la mano, pero tampoco sin pelear, pasamos frente de Quinn y su casillero. Quinn me sonrió, haciendo que mi corazón se pusiera a revolotear y que latiera esporádicamente y salvajemente aunque sabía que era estúpido estar tan nerviosa por una chica que sólo estaba jugando. Pero oh, ¡su beso!…Su beso, su beso, su beso. Completamente movió mi mundo incluso ahora, estaba mareada, aunque estaba sangrando por el cuchillo que tenía en la espalda por culpa de Finn.

—Hola, mi Tres Minutos en el Cielo —susurró en mi oído cuando pasamos Finn y yo.

Ella estaba con Joe, de pie cerca a ella, molestándola con su iPhone, sin embargo, pude sentir sus ojos en mí mientras pasamos y todavía me miraba cuando miré hacia atrás. Sus ojos se quedaron en mí mientras se tragó una pequeña sonrisa, luciendo sexy y seductora sin siquiera intentarlo. Luego Joe la codeó y regresó a hablar con él, probablemente olvidándose de mí instantáneamente porque ella era así, cuando yo estaba fuera de su vista estaba fuera de su mente. Cuando una chica no estaba cerca de ella, ella estaba fuera de su mente instantáneamente, olvidándose completamente de ella, o en este caso, de mí.

—Odio a esa chica —gruñó Finn, aparentemente notando cuando miré hacia atrás.

—Oh y yo adoro a Kitty —respondí, haciéndolo sonar como si estuviéramos en la misma situación, pero no lo estábamos, ni siquiera un poco cerca.

A Kitty en verdad parecía gustarle Finn y Quinn sólo parecía estar jugando conmigo para molestar a mi novio.

En la semana siguiente, las cosas parecían estar mejorando entre Finn y yo. Ya no peleábamos y él estaba siendo extra pendiente y dulce conmigo, me escribía poemas románticos, canciones de amor y esas cosas. Soy una completa enamoradiza, una tonta por esa clase de cosas.

Así que, estaba más que angustiada cuando llegué al colegio la mañana del lunes. Kurt me había llevado ya que Finn tenía práctica de futbol antes de clase. Justo cuando entramos al edificio de la escuela, Tina agarró mi brazo luciendo preocupada y ansiosa podía notarlo sólo por su expresión, eso hizo que mi corazón estuviera en mi garganta.

—Finn está a punto de conseguir que golpeen su cabeza —dijo ella.

Un violento temblor se apresuró por mi cuerpo cuando hizo un gesto hacia el pasillo. Había una gran multitud de estudiantes reunidos cerca al casillero de Finn, demasiados para que pudiera ver qué estaba pasando pero pude averiguarlo fácilmente. Uno de los compañeros de equipo de él, estaba a punto de llevar a cabo sus amenazas. Finn los molestó, él trataba de ser molesto, tratando de probar que era fuerte y eso los hizo enojar.

Mi corazón estaba latiendo muy fuerte. Me apresuré hacia la muchedumbre de curiosos, traté de pasar por la pelea hasta llegar a él. Llegué lo suficientemente cerca para ver qué era lo que pasaba, era Santana López peleando con él, la malvada Santana López.

— ¡Deténganse! —grité—. ¡Déjalo en paz!

Traté de empujarme por el resto de la multitud para llegar hacia Finn y Santana. Mi plan desesperado era apartarlos y hacer que Santana dejara de golpear a Finn. Pero estaba justo ahí cuando alguien me agarró por la cintura, jalándome hacia atrás, era ella…Quinn Fabray.

—No vayas a ahí —gruñó mientras peleaba para liberarme de su agarre—. Berry, vas a terminar herida.

— ¡No! Finn está siendo lastimado —chillé—. ¡Suéltame, Quinn! Tengo que detenerla.

Ella enarcó una ceja pero todavía sostenía mi muñeca, me miró de arriba a abajo como si estuviera dejando en claro que era pequeña.

— ¿Cómo vas a detenerla?

Tragué, a punto de tartamudear algo pero luego me di cuenta de que tenía razón. Resultaría masacrada si me acercaba a la lanza de puños salvajes y violentos. Tragué de nuevo, mirando los ojos verdes de Quinn, rogando completamente, aunque sabía que era en vano. A Quinn no le gustaba Finn, en verdad no le gustaba. Sin embargo, tenía que intentarlo.

— ¿Los detendrías? ¿Por favor? ¿Por mí?

— ¿Yo? —Alzó sus cejas, mirándome como si le hubiera pedido lanzar una bote de basura de la cafetería en su cabeza, algo asqueroso y desagradable.

—¡No!—Soltó mi brazo, dando un paso lejos de mí—. ¡No! De ninguna manera, el chico lo tenía merecido.

—Quinn, por favor, le están dando una paliza. ¡Por favor!

Ella se estremeció mientras rogué.

— ¿Por favor, Quinn? ¿Por favor, por favor?

Ella miró al techo, apretando su mandíbula. Finalmente, me miró a los ojos, pareciendo estar considerando mi petición aunque luciendo visiblemente arrepentida por eso.

— ¿Por favor?

Dejó escapar una exhalación, golpeando el casillero junto a ella, luego se movió hacia la multitud y agarró el brazo de Santana como si fuera nada.

—La pelea se terminó —indicó Quinn.

— ¿Qué? De ninguna manera. ¿Qué pasa contigo, Quinn? —Santana trató de liberarse del agarre de Quinn pero ella presionó su brazo contra su espalda.

—Se terminó. Corrí hacia mi estúpido novio ensangrentado, demasiado preocupada y ansiosa por él para agradecerle a Quinn o incluso reconocer su ayuda.

Pero esa tarde en la clase de cocina hicimos unas gordas galletas de doble chocolate que eran inmensas. Y cada quien pudo tomar dos. Así que puse una en una bolsa para Finn y otra en otra bolsa para Quinn. Iba a dársela justo después de clase, pero entonces no pude… esperé en su casillero para dársela, pero cuando la vi venir me acobardé y corrí lejos. Así que en vez de eso, toda la clase de francés trabajé en un poema de agradecimiento, también era lindo, me gustó, pero lo hice un poco vago y casi imposible de entender porque decidí que se lo iba a dejar de manera anónima. Nunca sabría que era de mi parte o por qué era. Sólo sabría que hizo algo bueno y alguien la apreciaba…

Pensé que era un poco romántico.

Me fui de clase más temprano diciendo que necesitaba usar el baño, luego me apresuré y lo utilicé para que no fuera una mentira. Luego corrí a su casillero y metí mi poema por la pequeña abertura en la puerta y después, pegué la galleta, todavía en su bolsa afuera del casillero.

Luego ¡zas!, salí corriendo por el corredor muy rápidamente para que yo no estuviera cerca de ella o de su casillero cuando descubriera la galleta y el poema.