10

Lucy

Así que eso fue lo que pasó, le agradecí a Quinn a mi propia manera retorcida y tímida. Luego, fui a trabajar para intentar olvidarme de ella y resultó ser más difícil de lo que pensé que sería, mucho más difícil.

La cosa era su beso, me encontré pensándola mucho tiempo, constantemente. La pensaba en la noche antes de dormirme, cuando estaba escribiendo una canción de amor o un poema, cuando me estaba cepillando los dientes o simplemente cuando estaba sacando la basura, todo el tiempo. Incluso cuando estaba besando a Finn, eso era enfermo hasta para mí.

¡No podía evitarlo! Los pensamientos del beso de Quinn simplemente entraban en mí y volvían mi cerebro frágil y confuso. Así por semanas… Semanas y semanas. Así que, cuando Finn y yo finalmente rompimos por primera vez estaba destrozada pero no devastada, porque bueno, sus besos no me provocaban tanto como los de Lucy Quinn Fabray.

Cuando atrapé a Finn sentándose muy cerca a Kitty en la biblioteca, no besándose pero prácticamente, ambos estaban fundidos como si estuvieran estudiando y él jugaba con un mechón de su cabello. ¡Jugaba con él! Lo enredaba alrededor de su dedo mientras la miraba como si fuera una diosa del amor desde el campo de futbol para hacer todas las fantasías de un chico realidad.

Ver eso fue como un golpe en mi estómago, sus acciones lo habían provocado además había sido culpa de sus ojos, de la manera en que la miraba, como diciendo: «Te deseo».

Ver esa escena traumatizó mi corazón, enserio sentí que moriría justo en ese momento a causa de mi corazón roto. Sin embargo, tomé una respiración temblorosa diciéndome que había sido suficiente. No podía soportar eso, no más, a él le gustaba así de simple y sencillo. Podía notarlo por la manera en la que la estaba mirando, sonriéndole y babeando por ella. Comencé a temblar, sudar y prácticamente a doblarme por el dolor.

Él era mi novio pero por la manera como estaba actuando con ella, nunca lo entendería ni mucho menos lo comprendería, no en un millón de años. Era más como si estuvieran enamorados y fueran a comenzar a besarse en cualquier segundo, justo en la mesa de la biblioteca. Está bien, sabía que eso no pasaría, Finn nunca me engañaría, pero para mí en ese momento, me estaba engañando, con sus ojos, su corazón y sus dedos que enrollaban los rizos de Kitty Wilde.

Así que, en vez de ir a la biblioteca y hablar con él como se suponía que habíamos planeado, corrí a casa, y lloré y lloré y lloré hasta cansarme. Sentí como si un cuchillo hubiera sido clavado en mi pecho, por el mismo Finn. Al día siguiente, rompí con él.

Las siguientes semanas fueron horribles, negras e involucraron que me sintiera tonta e infantil. La cosa era que estaba confundida además de herida. Confundida por mis sentimientos y herida porque mi novio (o ahora ex) estaba loco por otra chica.

Finn seguía enviándome mensajes y mensajes diciendo cosas como: Te extraño, Rachel sólo habla contigo, yo nunca le devolvía ninguno de ellos. Estaba esperando (ilusionada) algo más grande, algo que hiciera o me convenciera de que había cometido un error, algo que me asegurara que todavía éramos el uno para el otro… algo que me ayudara a sentirme segura de nuevo en nuestra relación y me ayudara a creer que todavía nos pertenecíamos. Sólo necesitaba eso. Estuve esperando mucho pero nunca llegó.

El lunes fue horrible, giré en la esquina para dirigirme a Biología pero me detuve en seco. Ahí estaba Finn dirigiéndose a su casillero agarrado de la mano con Kitty. Todo dentro de mí murió. No pude respirar ni moverme. Él sintió mis ojos porque me miró mientras estaba sonriendo y hablando, sus ojos se llenaron de dolor y se estremeció, dejando caer la mano de ella como si estuviera en llamas. Kitty lo notó. Quitó la atención de sus amigas para dirigirse a Finn con una mirada de desconcierto, luego sus ojos dirigieron su mirada hacia mí, viendo que nos veíamos ambos.

Viéndolos juntos, mi corazón se marchitó. Todo dentro de mí murió, justo ahí en el casillero de él, dolió tanto. ¡Y luego como si yo fuera el problema ella me miró! ¡Me miró! Entrecerró sus ojos, pasó su brazo por el de Finn y se acurrucó junto a él. Él lucía tenso e incómodo pero no la apartó. Eso finalmente me hizo moverme. Corrí hacia el baño de las chicas y me quedé en un cubículo tratando de respirar y no llorar, pero no funcionó. Me perdí la mayor parte del segundo periodo porque estaba sollozando.

Luego, cuando estaba en clase de francés tratando de escuchar a la Srta. Feefee y no pensar en mi novio, me llegó un mensaje de Finn que decía: Mira, ¿qué esperabas, Rachel? Ni siquiera me hablas.

No respondí su mensaje. En cambio, me encargué de mis ojos, limpiándolos una y otra vez, seguían llenándose pero yo seguía alejando las lágrimas antes de que pudiera derramarse, incluso cuando estaba ocupada tratando de bloquear mis emociones y no tratando de sollozar de nuevo. No sabía qué esperaba de él, no tenía idea, sólo seguía esperando que de alguna manera fuera a cortejarme de nuevo. Incluso ahora esperaba eso pero era una tonta. Sabía que no quería un novio que estuviera enamorado de otra chica y él lo estaba.

Y lo más confuso era que yo estaba medio enamorada de otra chica. Bueno, eso creía.

Solo que no quería estarlo en lo absoluto, no quería enamorarme de Quinn Fabray. Era tan idiota estar enamorada de ella, era estúpido. Bueno, Tina estaba realmente enamorada de ella, a ella le gustaban las chicas y los chicos rudos, ella era su tipo. Ella no salía con nadie, sólo los codiciaba desde lejos. Hablaba mucho de ella siempre diciendo cosas como: «Si alguna vez tuviera la oportunidad saltaría sobre Quinn y besaría sus suaves labios como almohadas hasta que no pudiera respirar». Siempre decía cosas así. Era divertido, aunque tenía que admitir que aunque Quinn era ruda y salvaje con las porristas, sus labios eran hermosos y sedosos como almohadas suaves. Y sus besos habían sido tan gentiles y dulces y mmm. ¡Ugh! ¡Ugh, Ugh, Ugh! No quería pensar en sus besos… no quería pensar en Quinn.

Era la culpa de Finn que yo de repente estuviera pensando en Lucy y sí ahora la llamaba así, aunque solo para mí, porque se escuchaba más adorable y tierno como en verdad era ella. Si él no hubiera ido a esa fiesta y no se hubiera besado en el armario con Kitty, yo nunca, jamás, hubiera entrado con Lucy, ahora, ¿cómo era yo? era un desastre. Adolorida y deseando una chica que era equivocada para mí. Era patético, desesperado y me hacía sentir estúpida. Así que, intenté alejarme de Lucy, aunque el plan apestó y dolió, ya que estaba realmente enamorada de ella y quería verla cada minuto del día. Sin embargo, fue fácil evadirla ya que no tenía ninguna clase con ella pero la veía en la escuela algunas veces, usualmente con una chica zorra o dos. Cuando me atrapaba mirándola, me daba una lenta sonrisa como si encontrara entretenido que yo estuviera enamorada de ella, y cuando nos encontrábamos en los pasillos de la escuela ella me decía, «mi Tres Minutos en el Cielo».

Ella no sabía que era mía también. Sólo que sí, está bien, probablemente sí lo sabía. Lo presentía por la manera en la que me sonreía y veía. ¡Ugh! Pero de todos modos, traté de superarlo, y superar a Finn. Decidí que me gustaría otro chico, Mike Chang. Parecía que era el correcto para mí.

Estaba en muchas de mis clases de honores y un montón de comités escolares como yo. Parecía perfecto y seguro. Parecía que no rompería mi corazón porque simplemente no me gustaba pero supuse que podría gustarme lo suficiente. Lo suficiente para ayudarme a superar mi corazón atormentado, superar mi ruptura y mis enamoramientos ridículos.

Y tal vez con suerte olvidaría a Finn y a Lucy. Y en verdad lo intenté, él era agradable y parecía que le gustaba mucho y teníamos mucho en común. Además, él estaba en el Club Glee y le gustaba el canto y en esos días me gustaban los cantantes ya que Quinn cantaba en una genial banda.

Así que le sonreía a Mike y traté de actuar interesada en él cuando me hablaba, lo cual no pasaba desde que Finn y yo rompimos. De todos modos, parecía un buen plan tenerlo como distracción, seguir adelante. Al menos así era cómo me sentía algunas veces.

Por el resto de la semana, le sonreí como si mundo fuera brillante y soleado y como si él ayudara a hacerlo de esa manera. Sonreí, sonreí, sonreí mientras adentro estaba muriendo.

El viernes de la semana siguiente durante la hora del almuerzo, Mike vino y se sentó en la cafetería con Kurt, Tina y yo. Nunca había hecho eso antes y era un gran paso. Me encogí cuando se deslizó en el asiento junto a mí aunque tenía esta sonrisa dulce y un poco astuta, como: «Mírame, lo que me estoy atreviendo a hacer por ti». Fue lindo. Solo que él estaba sentado en el lugar donde Finn solía sentarse, de cierto modo, fue un alivio tener a alguien sentándose ahí, tomando el lugar de Finn pero también me hizo sentir como si mi estómago estuviera lleno de piedras, porque no era Finn y no estaba muy segura de que estuviera lista para tener a alguien más tomándolo.

Era confuso, tendría a mis amigos rascándose sus cabezas si lo supieran, había deseado tener alguien que tomara el lugar de él como Kitty parecía haber tomado el mío. Así que, estuve llena con intrincadas y revueltas emociones. Sin embargo, me senté tratando de actuar como si Mike se nos hubiera unido.

Toda la semana había estado enviándole al pobre chico señales, de manera confusa alentándolo como si estuviera lista para esto, de alguien que tomara el lugar de Finn.

Incapaz de comer mi almuerzo debido a las rocas en mi estómago, me sentí congelada escuchando a Mike diciéndome sobre este concierto al que iba a ir el próximo viernes. Estaba bastante segura de que iba a invitarme así que actúe interesada en la banda aunque no lo estuviera. Me sentí ansiosa y enferma y no estaba segura de que fueran solo nervios ya que no había salido con otro chico que no fuera Finn en dos años o si en verdad no quería ir al concierto con Mike, no quería salir con él por una noche entera. El pensamiento me deprimió e hizo que me doliera el corazón. Sin embargo, lo escuché o fingí hacerlo con una falsa sonrisa pegada a mi rostro, pero dentro estaba pensando: ¿Qué quiero? No tenía idea. ¿Quería volver con Finn? ¿Quería terminar para siempre con él, aunque no había vuelta atrás? ¿En verdad quería seguir adelante, salir con otro chico incluso si en verdad no me gustaba? ¿Qué quiero? Sólo pasaba por mi mente una y otra vez ¿Qué quiero? ¿Qué quiero? Y luego ella pasó… Lucy.

Eso capturó mi atención por un segundo. Hizo que mi corazón se acelerara y mis palmas sudaran. Y pienso que pude haber gemido. Sé que Tina lo hizo. Había suspirado por un segundo, Lucy fue la única cosa en mi mente, la única cosa. El recuerdo de ella y yo solas en el armario. No hubo nada más, nada en el mundo, ninguna cafetería, ninguna ansiedad por lugares o citas. Sólo las gentiles manos de ella y su boca seductora me tuvieron jadeando.

Después de suspirar, Lucy volteó hacia atrás, hacia nuestra mesa, como si pudiera sentir mis ojos en ella. ¡Oh!

Mi corazón se revolvió en mi pecho y alejé mi mirada de ella como si verla me repudiara, aunque ya me había atrapado mirándola de manera soñadora y hambrienta. Sin embargo, alejé la mirada y me rehusé a mirarla de nuevo, sólo que fue difícil porque ahora podía sentir sus ojos en mí. De todas maneras, traté de no mirarla tanto al saber qué vería si la observaba y ver la sonrisa asombrada de ella. Así que no miré. Tenía mis orejas rojas y mis mejillas calientes y sonrojadas. Comencé a hablarle a Mike millones de palabras por minuto con una voz chillona, sin tener idea de qué estaba diciendo, sólo esperando que Lucy pudiera verme para que así yo no fuera una niña tonta con un tonto enamoramiento escolar por ella, sin siquiera saber que ella existía, no tenía idea porque estaba completamente, completamente enamorada de la capitana de porristas de nuestro instituto. Así era cómo quería que pareciera y supongo que así se vio.

Al menos para Finn. Lo sé porque me llegó un mensaje de texto de su parte. Abrí mi iPhone preguntándome qué decía. Toda la semana había estado enviándome mensajes como: Hablemos, Rachel, Por favor Cosas como esas. Cuando vi su mensaje, mi estómago cayó. Envió una foto de mí, en este momento, en la cafetería sonriendo con el rostro sonrojado y feliz mirando a Mike. En la imagen, parecíamos una pareja cercana e íntima, enamorada y lista para comenzar a besarnos.

Bajo la foto, Finn había escrito: ¿En serio?

Hizo mi corazón doliera y se pusiera retorcido y frenético, más de lo que ya estaba. Tragué fuertemente, cerrando mi iPhone mientras escaneaba de manera involuntaria la cafetería llena. Lo primero que noté fue que Lucy se había ido. Mi corazón tuvo una repentina puñalada de decepción. ¿Qué estaba esperando? ¿Que estuviera ahí de pie, mirándome? ¡Estúpida!

Tampoco vi a Finn, en ninguna parte.

— ¿Estás bien? —Preguntó Mike—. ¿Eran malas noticias? —Hizo un movimiento con su cabeza hacia mi iPhone—. Pareces un poco enferma.

—Um, sí —respondí incapaz de concentrarme en él o en lo que estaba diciendo.

Mis ojos siguieron moviéndose por la cafetería, con las palabras « ¿En serio?» saltando en mi cerebro.

—Um, sí, me siento enferma —agregué sin mentir en absoluto. Me levanté de la mesa, agarrando mi estómago—. Voy a ir a la oficina de la enfermera.

Kurt y Tina estuvieron junto a mí en el segundo que me apresuré hacia la salida de la cafetería.

— ¿Qué fue eso? —La voz de Kurt era dulce, como si me estuviera regañando—. ¿Por qué dejaste a Mike de esa manera? Iba a invitarte a salir.

Respiré con un suspiro tembloroso, luego les mostré el mensaje de Finn.

Kurt hizo un sonido de reproche, entrecerrando sus ojos.

— ¿Qué clase de juego tonto está jugando? Solo déjalo ir, Rachel. Él estuvo en la fiesta del viernes de Brittany con Kitty. Se estaban besando.

Agarré mi estómago más fuertemente, sintiendo como si hubiera sido golpeada. Mi corazón se apretó con dolor. Apenas podía respirar, sin embargo tuve la desesperación de gritarle a Kurt. Lo miré, incapaz de decir algo por el miedo a llorar. Finalmente, dejé salir este pequeño sollozo.

— ¿Por qué no me lo dijiste?

La mirada de Kurt se dirigió hacia Tina, luego de vuelta a mí.

—Sólo estábamos tratando de ahorrarte el drama. A él le vale, sólo déjalo pasar y sigue adelante con Mike. Él es buena persona.

—Y es lindo —añadió Tina.

—Y le gustas definitivamente —Kurt hizo este sonido de duda que hace cuando va a dejar en claro que te desafía a negarlo—. Te estuvo mirando todo el almuerzo como si quisiera comerte. Y le hiciste pensar que también te gustaba, admítelo, Rachel, toda la semana estuviste alentándolo, sonriéndole y ligándolo, riéndote con sus patéticas bromas ensayadas.

Mordí mi labio. Sonaba patético, pero ella tenía razón. Quería que me gustara. ¡Ugh! En verdad no me podía concentrar en esta conversación, o en los ojos confundidos y heridos de Mike viajando hacia mí a través de la cafetería, luciendo como: «¿Qué está pasando? ¿Por qué te fuiste cuando iba a invitarte a salir?» No me podía concentrar en eso. Tenía demasiado dolor, sentía como si un cuchillo estuviera en mi corazón y estuviera sangrando por el piso.

¿Finn había ido a una fiesta con Kitty? ¿Estaban besándose? ¿Ya? De repente, estaba sudorosa, temblorosa y lista para vomitar. Sabía que era estúpido, que debería haber estado preparada para esta clase de noticias, pero no lo estaba. Pensaba seriamente que volveríamos de alguna manera. Necesitaba escapar de mis amigos, los ojos de Mike y de Finn, donde fuera que estuviera. Necesitaba estar sola para que pudiera acurrucarme en una pequeña bola y llorar.

—Miren, regresen con Mike—balbuceé, todavía agarrando mi estómago.

Él parecía triste, sentado ahí solo pero tenía que irme. Me dirigí a la salida. Tenía que salir de aquí. Corrí fuera de la cafetería y hacia el baño más cercano. Era el mismo en el

cual había llorado hace unas semanas. Me encerré en el mismo cubículo que antes y ahora mi sollozo era natural.