11

PLAN DE LUCY FABRAY

El viernes siguiente fui al concierto con Mike, no fue horrible sino un poco incómodo. Antes de que aceptara ir con él, le expliqué que aunque Finn y yo habíamos terminado oficialmente no estaba lista para tener citas todavía. Así que fuimos al concierto como amigos, sin embargó, él me besó en las escaleras al final de la noche. No estaba esperando eso y fue incómodo aunque no terrible. No tenía idea de qué lo hizo pensar que debería hacer eso.

Pasé el resto de la semana escribiendo largos y triste pasajes en mi diario acerca de cuán terrible era terminar con alguien si sabías que si se había terminado era lo mejor. Sin embargo, es difícil, difícil ver como la otra persona sigue adelante, porque habían estado juntos tanto tiempo. Escribí poema trágico tras poema trágico. Luego una canción que me hizo llorar, principalmente porque me hizo pensar en Finn y ese ensayo que había escrito antes de que en verdad lo conociera y como habíamos escrito toneladas de canciones juntos. Justo como la que estaba escribiendo ahora, sólo que ahora era doloroso escribirla porque estaba sola y parecía que siempre iba a estarlo, sin jamás encontrar un chico que también le gustara escribir canciones. Supe que había sido afortunada al encontrar a Finn.

Planeé pasar la noche del domingo sollozando y escribiendo todo lo que había escrito en mi diario a la computadora. (Escribo todo con lápiz en este cuaderno viejo y desgastado que llevo conmigo todo el tiempo, entonces si lo que escribo parece valer la pena, después lo escribo en una carpeta, la llamé «Mi Vida» (es una carpeta bastante patética.)

De todos modos, mis planes se dañaron cuando mi tía llamó a mi papá Leroy para invitarla a un viaje a Los Ángeles esta noche. Mi tía había ganado ese viaje por un programa de juegos de la TV e iba a ir con su novio, pero él terminó echándose para atrás al último minuto porque era un verdadero tonto. Así que, aunque mi papá normalmente no empacaría y se iría, de manera inesperada lo hizo, la razón era que mi tía estaba triste porque su novio era un tonto. Así que mi papá fue e hizo que mi hermana Barbra viniera de su intercambio en New York y se quedara conmigo ya que mi otro para Hiram tampoco se encontraba porque estaba de viaje de negocios, y me quedaría sola. Leroy insistía que sería divertido tener a Barbra en casa, yo sabía que no lo sería. Ella es mi gemela y va a otra escuela, pero parecíamos totalmente distintas, no tenemos nada en común. No es como si nos odiáramos simplemente no tenemos nada que decirnos, ella es una chica fiestera, aterradora y sale con gente como Quinn Fabray, no ella en sí, sólo gente parecida, tal vez incluso con Santana López, no lo sé. En verdad no sé mucho de mi hermana. Pero de todos modos, ella fue a casa así que no pude sollozar mientras escribía cosas en mi computadora, en cambio, fuimos al cine.

El novio de Barbra, Zyan, trabajaba en el cine local del centro comercial así que nos dejó entrar gratis lo cual era grandioso porque papi Leroy me dio cincuenta dólares antes de irse, quería guardarlos ya que estaba ahorrando para una guitarra. No sabía tocar una, no sabía nada sobre ellas pero quería una. Quería aprender a tocar, había querido tocar desde siempre, desde la secundaria, desde que vi a Lucy tocar su guitarra con su banda en el show de talentos de la escuela y de repente tuve un interés renovado. Ahora quería tocar y mucho. Y estuve agradecida porque el novio de Barbra tuviera que trabajar porque así no pudo ver la película con nosotras, porque terminamos viendo una película romántica, no fue una buena película pero me hizo sollozar.

—Esto es un trabajo para superman—dijo ella.

Me compró helado de pastel de chocolate en un cono cubierto con chocolate blanco y me dijo sobre la perdedora con la que solía salir, Santana.

—Estaba tan enamorada de ella —repuso—. La latina me engañaba así que tuve que terminar con ella. Fue tan duro y lloré todo el tiempo. Ahora estoy saliendo con Zyan y estoy tan feliz. —Lamió su helado, luego continuó con una risa—. Ahora, por supuesto, Santana me llama todo el tiempo, queriendo que volvamos, pero de ninguna manera. Ella es una zorra… Estoy tan bien sin ella.

Fue casi confortante escucharla decir eso. Que la ruptura la había puesto triste, pero ahora, después del corazón roto, estaba feliz y mejor, la cosa era que Finn no era un perro y lo extrañaba.

Y no estaba segura de si estaba mejor sin él o no, parecía que no.

La mañana siguiente me desperté sintiéndome optimista, no respecto a Finn. Eso parecía haber terminado, lo quisiera o no, simplemente era como era. Así que decidí intentar estar bien con eso. Decidí intentar que me gustara más Mike Chang, después de todo, él en verdad era perfecto para mí. Era un chico agradable, yo le gustaba mucho y era lindo. Todos dijeron que seríamos la pareja perfecta, así que estaba bien. Le daría más que una oportunidad, lo intentaría aun más.

Eso era lo que estaba pensando antes de la escuela, pero luego algo malo sucedió.

Barbra me convenció de conducir el auto de papá a la escuela porque bueno, papá no estaba y ahí estaba su auto en el garaje, sin ser usado, y tendríamos que tomar el autobús a la escuela sino lo tomábamos. Y bueno, Leroy no dijo que no podía llevar su auto a la escuela. Nunca antes lo hice porque él siempre lo necesitaba. Esta vez no contestó su iPhone para preguntarle. Así que al final tomamos su auto y luego algo malo sucedió…

Barbra me hizo detenerme en 7—eleven por un refresco antes de la escuela, el día estaba nublado, realmente nublado. Estábamos dando marcha atrás para salir del estacionamiento cuando accidentalmente choqué con un bote de basura. Y cuando quiero decir nosotras, la verdad era otra, había sido yo. (Está bien, no soy la mejor conductora, lo admito.)

Así que, fue así de fatal. Especialmente porque justo en ese momento, recibí un mensaje de texto de papá diciendo que debía estar de regreso para esta tarde. (¡Esta tarde!) El novio de mi tía terminó queriendo ir a Los Ángeles después de todo, ¡Idiota! Papá dijo que estaba con un montón de trabajo así que estaba feliz de que las cosas resultaran de ese modo. ¡Pero yo no lo estaba! ¡Tenía que arreglar el auto ahora mismo! Estaba enloqueciendo.

Barbra miró el golpe en el parachoques y se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa pero no era ella quien iba a tener que pagarlo o escuchar a Hiram gritar por eso. (No que papá fuera a gritar pero estaría molesto por no preguntar a papi Leroy si podía llevarlo)

—No está tan mal —sonrió.

¿Tan mal? ¡No está tan mal! El parachoques estaba de pérdida total. Está bien, tal vez no de pérdida total pero notablemente arruinado, ya saben, soy muy dramática a veces. Estaba temblorosa y sin saber qué hacer, necesitaba arreglar ese auto y sólo tenía cincuenta dólares y dudaba que eso fuera suficiente. Sólo que ¿cuánto sería suficiente? No tenía idea de cuánto costaría ¿Cientos? ¿Miles? ¿Más? ¿Mucho más? No tenía idea en absoluto y tenía un examen en la primera clase al cual no podía faltar y no sabía a dónde llevar el auto para que lo arreglaran, cómo llegar allí o cómo regresaría a la escuela cuando lo llevara y ¡ugh! la lista seguía y seguía. Tenía mi cabeza corriendo.

Sin embargo, no dije nada en voz alta, sólo miré el auto; tenía mi pulso acelerado, mi cabeza ardiendo y mis ojos humedeciéndose. Supongo que Barbra podía notar que estaba enloqueciendo porque dijo.

—Relájate, Rachel.

Como si estuviera gritando, haciendo un berrinche o algo así.

Ella fue al grano y me dijo que su ex novia Santana miraría el auto, tenía mecánica automotriz en el primer periodo y podía arreglarlo.

Lo expresó como: caso cerrado, no es un problema.

Dejé escapar un suspiro. Anoche había dicho que Santana era una zorra, sin embargo, no pude evitar ilusionarme un poco porque que me arreglaran el auto en terreno de la escuela mientras yo podía quedarme en la escuela y ser una chica buena, hacer mi examen e ir a las clases eso sería perfecto. Sólo que eso sonaba demasiado bueno para ser verdad.

Mordí mi labio.

— ¿Me ayudará?

Barbra evadió la pregunta.

—Me ayudará a mí —Sonó como si no hubiera duda—. Puede ser una idiota y no tener idea de cómo tratar a una chica pero sabe de autos.

Troté de regreso al lado del conductor y me deslicé dentro. Esperaba que mi hermana supiera de qué estaba hablando.

Todo el primer periodo me preocupé por mi auto, lo cual me hizo más difícil concentrarme en mi examen. Barbra había llevado mi auto al taller de nuestra escuela antes del primer periodo, indicó que necesitaba hablar de eso con Santana en privado, estaba bien con eso, lo que fuera que necesitara hacer con ella en privado, bueno, no quería saberlo y sólo quería mi auto arreglado. Y esperaba, esperaba, esperaba que no me costara miles de dólares. Le envíe dos mensajes durante la clase, nunca me respondió ninguno. Tenía mi estómago retorcido.

Cuando salí de la clase de primer periodo ahí estaba ella, esperándome afuera de la puerta. Estaba sonriendo y luciendo mmm... No lo sé. ¿Pícara? La parte de la sonrisa me alivió. ¿La parte pícara? No tanto. Hizo que mi corazón se agitara, sin saber qué hacer, si estar ansiosa o emocionada.

—Entonces, ¿qué sucedió? —pregunté—. ¿Santana dijo que arreglaría mi auto?

—Oh, Santana no vino hoy a la escuela.

— ¿Quéééé?

Sentí como si hubiera sido golpeada en el estómago, especialmente porque lo dijo con una gran sonrisa, todavía luciendo maliciosa, eso me molestó. Hiram iba a enloquecer y nunca me dejaría usar el auto de nuevo, jamás, y lo peor nunca podría comprar mi guitarra. Iba a deberle dinero hasta la universidad, tal vez hasta después de eso. Esto me hacía sudar, me doliera la cabeza y la sonrisa de Barbra quería que la golpeara.

— ¿Entonces por qué estás sonriendo? —respondí.

La sonrisa de Barbra creció.

—Porque, Santana no estaba pero había otra chica —Su sonrisa se volvió más grande y más pícara—. Ella dijo que lo haría, sólo necesitas pagar por los materiales y —se rió— , tienes que besarla.

Pestañeé.

— ¿Qué?

Se rió de nuevo, luego alzó sus manos como si tampoco pudiera creerlo.

—Eso fue lo que pidió.

Mi estómago de repente estaba girando extrañamente.

— ¿Quién dijo eso? —Mi voz cayó mientras preguntaba, porque estaba bastante segura de quién había sido.

Lo ojos de Barbra bailaron, como si esto fuera muy cómico y no pudiera esperar a ver mi rostro cuando escuchara la respuesta.

— ¿Conoces a esa chica capitana de porristas? ¿Quinn… la sexy Quinn Fabray?... —

Sonrió embobada—. Yo lo haría, tiene labios hermosos ¿No crees que tiene labios hermosos?

Tragué.

Sí, pensaba que tenía labios hermosos. He fantaseado con esos labios suyos noche tras

noche, sin parar, por meses porque fueron asombrosos, gentiles, dulces y mmm...

Así que, no. De ninguna manera, no podía besarla de nuevo.

Me tomó demasiado superar ese beso, dejar de desearla. (Está bien, no he dejado.) Pero me tomó hasta anoche decidirme de verdad concentrarme en volver con chicos agradables, chicos con los cuales podía salir de verdad y sostenerme de la mano por los pasillos de la escuela. Chicos como Mike. Quien justo este mañana decidí que era con quien saldría porque Mike Chang y yo juntos tiene sentido y Lucy estaba mal… Mal del todo.

Así que no, no podía besarla de nuevo. Simplemente no podía.

Barbra se rió, como si fuera muy divertido ver mi rostro enrojecerse como un tomate. ¡Grrr! Se puso brillo de labios y resumió su reunión con Quinn la sexy Quinn Fabray capitana de porristas.

—Dijo que lo haría gratis. Sólo tienes que pagar por las luces traseras y esas cosas. Dijo que valdría alrededor de cuarenta dólares.

—¿Cuarenta dólares? — Alcé mis cejas. ¡Tenía cuarenta dólares!

Prácticamente salté, está bien, salté de arriba a abajo.

— ¿En verdad? ¿Eso es todo? ¿Enserio?

Rió.

—Eso y el beso.

Moví mi brazo como para hacer a un lado su comentario, como si fuera tonto.

—Sólo estaba molestando, no va a hacer hacerme eso.

De repente supe que no lo haría, o de todas maneras, estaba bastante segura de que no lo haría. Sólo le gustaba molestar a Finn y parecía que se encontraba divirtiéndose hacerlo con la pequeña boba Rachel Berry que estaba enamorada de ella. Era como si pudiera molestarme a mí y a Finn con un sólo beso pero no era como si Finn y yo estuviéramos realmente en el radar de Lucy, no es como si estuviera pendiente de la relación de Finn y yo. Probablemente no tenía idea de que habíamos roto. Estaba bastante segura de que el beso perdería toda su diversión si no era para hacer enojar a Finn.

—Oh no lo sé, Rachel —agregó Barbra—. Quinn parecía bastante seria al respecto, la chica va a tener que perderse clases para trabajar en tu auto.

Por un momento, eso me tocó, profundamente, luego mi cerebro gritó: ¡despierta, Rachel! Es de Quinn de quien estamos hablando. La maldita y salvaje Quinn. Quinn, la sexy Quinn. Ella no hacía favores, hacía bromas, y lanzaba smoothies por los pasillos. Y cosas malvadas. (Excepto cuando estaba haciendo cosas buenas como alejar a la salvaje y malvada Santana López de Finn cuando se lo pedí o ayudarme a llevar mis libros pero eso no sucedía muy a menudo.)

Hice una mueca, pero más para un show que algo más, porque en verdad, todavía me había sonrojado.

— ¿Quinn siquiera va a clases?

Barbra sonrió como si no hubiera pensando en eso.

—No lo sé, probablemente no, supongo que tienes un punto a favor. —Abrió su IPhone—. Así que se supone que debo enviarle un mensaje y dejarle saber si tenemos un trato. ¿Lo tenemos?

Mordí mi labio, luego asentí.

—Claro —Tuve que aclarar mi garganta porque estaba seca—. Seguro… tenemos un trato.

Así que mi cabeza no estaba en las clases mientras pasaba por ellas. Traté de escuchar a mis profesores pero todo lo que en verdad escuchaba era una pregunta persistente en mi cabeza. ¿En verdad voy a volver a besar a Lucy? El pensamiento me volvió babosa y pegajosa por dentro. Tuvo mi corazón a un ritmo frenético y salvaje e hizo que las palmas de mi mano sudaran tanto que no pude sostener mi lapicero de manera apropiada pero no…Obviamente no iba a besarla. Por supuesto que no.

Todavía me estaba convenciendo de eso pero parecía bastante definitivo que no iba a hacerlo. Lucy sólo estaba molestando, siempre estaba bromeando. No sentía algo por mí, no estaba deseando volverme a besar. Yo era una broma para ella. Finn y yo éramos especies diferentes para ella, en serio, para ella éramos aliens, criaturas diferentes y sorprendentes, divertidas para molestar. Podía notar que pensaba eso por la manera en que siempre me estaba sonriendo. Pensaba que yo era extraña. ¿Y yo teniendo que besarla de nuevo? Era una broma para envenenar a Finn de nuevo. Eso era… tenía que serlo, ella era la sexy Quinn, la Chica Mala, la más popular y superheroína de la escuela. Deshacía personas en los pasillos del instituto y seducía chicas cuando cantaba en su magnífica banda. Luego jugaba con los corazones de las chicas nunca teniendo una relación con ellas. Sí tenía una… Iba de chica mala en chica mala, nunca nada serio.

Sólo pasando el rato.

Así que, definitivamente estaba segura de que no estaba deseando mi beso. No le importaba si lo obtenía o no. Sólo estaba jugando como siempre. Y enfrentémoslo, yo no era su tipo, en lo absoluto. Estaba tan lejos de serlo que era gracioso tal vez por eso era que siempre sonreía cuando me veía venir, mi enamoramiento por ella era una gran y enorme broma. Al igual que ella queriendo que la besara, también era una broma era parte de su humor perverso que seriamente no entendía en lo absoluto.

Me llegó un mensaje de Barbra durante el quinto periodo. Envió: ¿Estás practicando tu fruncimiento de labios?

Luego escribió de nuevo después de eso: ¡He escuchado que la sexy capitana de porristas Quinn es una besadora genial!

Me hundí en mi silla, lo había escuchado bien pero no de mi parte. No le dije que antes había besado a la magnífica e interesante Lucy Quinn Fabray, no le dije nada. De hecho, hasta este fin de semana no creía que hubiera tenido una conversación real con Barbra desde la primaria. Así que estaba necia a compartir con ella algo tan grande como eso, porque, para mí, besarla fue enorme…. Gigantesco.

Respondí el mensaje: No va a hacer que la bese, sólo estaba bromeando.

Ahora estaba casi segura de eso. Entre más avanzaba el día, más segura me volvía. Sin embargo, estaba sudando, temblando y mi corazón latía como un martillo cuando me permitía pensar en los suaves y sexis labios de Lucy o sus cálidas y suaves manos en un armario.

Barbra respondió: Ya veremos, hermanita.

El plan era que recogiera mi auto del taller mecánico de la escuela después de que sonara la última campana, con todas las clases terminadas y el edificio vacío. Ese era el plan. Barbra y Quinn lo habían hecho en la mañana antes de que la escuela comenzara. Quinn le había dicho a Barbra que le mandara un mensaje cuando yo estuviera de acuerdo con el trato, lo cual hice, estuve de acuerdo pero en verdad no planeaba besarla. En serio, entre más lo pensaba, más me convencía de que a Quinn no le podía importar el besarme. Probablemente ni siquiera quería besarme en lo más mínimo. Sólo quería verme sonrojar, chillar y todo eso. Me dejaría salir cuando escuchara que Finn y yo habíamos terminado. Mi beso ya no tendría valor de entretenimiento para ella. Tan patético como era, mi beso ya no sería ninguna consecuencia para la rubia. Lo cual no era exactamente un pensamiento animado, pero puso mi mente en paz. Después de todo, todavía estaba en la misión de superar a Quinn, besarla de nuevo en serio no iba a ayudar con eso. Me pondría muy, muy, muy lejos de alcanzarlo. Me tendría deseándola hasta la graduación, incluso más. Pasaría el resto de mi vida deseándola.

Así que, de ninguna manera, no iba a pasar por eso. Hice que Barbra me jurara que no me dejaría a solas con ella.

Cuando las clases finalmente terminaron, troté hacia el edificio del taller en la parte trasera de nuestra escuela, arrastrando a Barbra. Para mí, el accidente del auto fue su culpa, nunca habría tomado el auto si no fuera por ella y definitivamente no me habría detenido en 7—eleven. Así que, era como si fuera su culpa. Luego me enteré de que el beso también lo había sido. Mientras caminamos, Barbra me dijo más sobre lo que sucedió esta mañana cuando fue a buscar a Santana en auto mecánica y se dio cuenta de que no había ido a la escuela. Dijo que Quinn comenzó a mirar a mi auto y supo que era mío y quería saber por qué ella estaba conduciéndolo, porque obviamente no sabía que éramos gemelas.

—Le expliqué que eras demasiado tímida para estar alrededor de un montón de mecánicas engreídas.

Me paré en seco. ¡Eso no era lo que sucedió! No era demasiado tímida, ella había dicho que quería preguntarle a Santana en privado. Y sí, está bien, lo admito, Santana es engreída y yo había estado increíblemente aliviada de no tener que estar alrededor cuando Barbra le pidiera un favor. Pero hey, en verdad no había dicho en voz alta que ella era una engreída. Nunca antes había usado la palabra engreída en mi vida.

Tragué, tratando de retener mi rabia.

— ¿Le dijiste a Lucy que creo que es una mecánica engreída? —No podía creer que hubiera dicho eso.

Se rió tontamente.

—Bueno, ¿tú no? Pero no te preocupes, lo dije de forma juguetona.

Negué con mi cabeza, todavía tratando de contener mi rabia. Nunca antes le había mencionado Lucy a Barbra, jamás. Apenas le hablaba a ella. ¿Cómo pudo decidir qué pensaba que era una engreída? Sin embargo, para el momento que llegamos al edificio, estaba menos enojada y más nerviosa. Lucy sonrió cuando nos vio entrar, lo cual hizo que mi corazón se acelerara y mi cerebro se vaciara. Me mostró el auto de mi papá y chillé con felicidad. Lucía como nuevo.

— ¡Guau! No hay manera de que eso haya podido valer sólo cuarenta dólares. — Incluso yo sabía eso—. ¿Cuánto te debo?

Me miró por un momento, luego de regreso al auto.

—Obtuve las partes para reemplazar por un precio barato —susurró—. Conozco a un chico que me debía un favor. Son veinte dólares.

Pestañeé.

— Yey ¿En serio? ¿Sólo veinte dólares?

Sonrió.

—Y el asunto del que hablé con Barbra.

El beso. Alzó sus cejas con consentimiento.

—El beso.

—Sobre eso… —Aclaré mi garganta—. Me estaba preguntando si en verdad teníamos que hacerlo. Quiero decir, ella dijo que yo pensaba que eras una mecánica engreída y no pienso eso, puedo ver cómo eso te haría querer probar un punto o algo así.

Una pequeña y juguetona sonrisa se extendió en sus labios.

—Me alegra. —Se rió con una risa corta y seca, la sonrisa todavía creciendo—. Pero no lo requería para probar un punto.

—Oh.

Mordí mi labio. De repente, mariposas estaban bailando en mi estómago, desatando un caos.

—Um —respondí vacilante, no tan segura de si quería mencionarlo pero sintiendo como si debiera, porque mi plan era no besarla. Aclaré mi garganta de nuevo, no tan segura de

que pudiera hablar porque sus ojos verdes estaban en mí tan seductores e hipnóticos que apenas podía respirar. Finalmente, lo dejé salir.

—Finn y yo rompimos.

La sonrisa de Lucy aumentó.

—Lo sé.

Oh. Estaba derritiéndome, estaba lista para desmayarme.

Barbra puso sus ojos en blanco.

— ¡Consíganse una habitación, chicas! Se ven como si fueran a saltar una encima de la otra en cualquier segundo.

Eso me hizo sacar mi cabeza de mi embobamiento hormonal y recordar mi plan de superar a Lucy. La cosa número uno que hacer era no besarla. Tragué, sonrojándome y le dirigí una mirada a ella que esperaba que dijera: ayúdame. Le había dicho una y otra vez que no quería besarla. No le dije por qué, supongo que esa era la razón por la cual siguió y siguió todo el día enviándome mensajes sobre sus labios sexys y voluptuosos. Tentándome y haciéndome fantasear constantemente, continuamente sobre armarios, manos, susurros, lenguas y bocas. Ella no sabía mi plan para superarla para que me pudiera gustar un chico normal y agradable, no la sexy y maldita zorra Quinn Fabray.

—Yo te besaré —intervino Barbra de repente.

Movió sus ojos hacia Quinn, medio juguetona y no estaba segura de que si de una forma bizarra, estaba tratando de ayudarme, o si sólo quería que su fantasía de besar a Quinn se hiciera realidad. De cualquier manera, ella era así, una gran ligadora, algunos la llamaban perra pero yo no (porque era mi hermana gemela.)

Quinn inclinó su cabeza y Barbra continuó con una sonrisa engreída y astuta.

—Quiero decir, eso enojaría a Santana completamente.

Confesó como si eso explicara todo, pero obviamente no lo explicaba porque Quinn le enarcó una ceja, pareciendo intentar descifrar a donde iba ella.

— ¿Por qué querría hacer enojara a Santana? —Preguntó, luego sus labios se movieron, como si estuviera intentando retener una sonrisa—. Santana es mi amiga.

Barbra se sonrojó.

—Oh. Lo sé, ¿pero —Hizo un gesto hacia mí—, por qué querrías besarla? Rachel dijo que sólo querías besarla para enojar a Finn y dado que rompieron y ella no va a decirle a Hudson esto...

Dejó de hablar ya que ella ya no la estaba mirando, ahora me estaba mirando y ya no parecía interesada en lo que ella decía. Era como si Barbra ya no estuviera en la habitación. Dio un paso hacia mí, haciéndome dar un paso hacia atrás, lo cual lo hizo dar otro paso hacia mí. Sonrió cuando yo di otro paso hacia atrás con su mirada hipnótica. Miró el espacio que puse entre nosotras, luego dio otro paso hacia mí hasta que me tuvo contra una esquina.

—No hice esto para probar un punto o enojar a alguien —susurró, su voz era suave y rasposa.

Acarició mi pelo tan suave y gentilmente que envío cosquilleos por mi cuerpo, haciéndome gemir, pero no lo hice, no en voz alta. Lo contuve, deseando más de su delicadeza, sufriendo por esta, pero sabiendo que debía apartarla.

En mi oído susurró.

—Sólo quería tres minutos más en el paraíso.

Sus palabras, la forma en que las murmuró, tan suaves y seductoras, y su aliento caliente cosquilleando mi cuello fueron demasiado para mi corazón, en serio no podía tomar tanta emoción, estaba lista para caer en cualquier momento, morir completamente o desmayarme, algo ultra dramático y vergonzoso.

Los ojos avellana de Lucy se quedaron en mí, en mis labios, luego volvió a mirar a Barbra. Nos estaba observando desde el otro lado como si fuéramos las protagonistas de obra predilecta de Broadway, actuando divinamente en su escena favorita.

— ¿Puedes darnos un minuto? —Cuestionó Lucy—. ¿A solas?

Los ojos de Barbra se desviaron a los míos. Le había dado instrucciones estrictas de que no nos dejara solas. Parecía estar recordando mis instrucciones con la situación, negociándolas en su cabeza. Finalmente, dejó escapar un suspiro.

—Tú sabes, en verdad no puedo —murmuró—. Rachel es mi hermana gemela. Ella es, cómo decirlo… completamente inocente. No besa a chicas como tú.

Los labios de Quinn se movieron en una sonrisa.

— ¿No besa a chicas como yo?

Se río un poco con eso, porque bueno, había besado a una chica como ella. Y me había gustado y mucho, y Lucy lo sabía, lo sabía tan bien. Quinn parecía pensar que era comiquísimo que Barbra, mi hermana, no tuviera idea de que nos habíamos besado, no una vez, sino dos. Sus ojos bailaron con asombro pero no me echó de cabeza. En cambio, me dirigió una mirada juguetona, como diciendo: ¿No estás llena de secretos? después agregó.

—¿Pensé que teníamos un trato?

Susurró cerca a mi oído y me tuvo lista para jadear: ¡Lo hicimos! ¡Seguro que lo hicimos! ¡Planta esos labios hermosos y suaves como almohada en mí, cielo!

Barbra pareció haber escuchado a Quinn. Y ella fue la que le dijo que teníamos un trato, que la besaría si arreglaba el auto y ella mantuvo su parte del trato, arregló el auto así que Barbra suspiró.

—Mira, sé que todo el día trabajaste en el auto y planeaste algo raro. Así que, está bien, tienes exactamente tres minutos. Voy a estar esperando afuera de la puerta, justo afuera. Voy a escuchar a mi hermana si grita, es enserio.

La miró como diciendo: Así que mejor no intentes nada. Pero luego me miró como: Por supuesto que va a intentar hacer algo pero ella es linda y estuviste de acuerdo en besarla así que yo me divertiría si estuviera en tus zapatos. Eso parecía ser lo que estaba pensando.

Barbra sonrió medio sombría y luego agregó en voz alta.

—Así que es como el juego "Tres minutos en el Cielo".

Iba a seguir hablando, darnos su charla pero Lucy la interrumpió, enarcando su ceja. Sus labios se torcieron en una sonrisa.

— ¿Tres minutos en el Cielo?

Lo dijo como una pregunta, como si nunca hubiera escuchado el juego. Sólo que me miró mientras lo decía, sus ojos brillando con travesura. Parecía disfrutar sólo decir el nombre, ya que así había sido como me había llamado en los últimos meses, sus "Tres minutos en el Cielo".

Barbra inclinó su cabeza, como si se diera cuenta de que se estaba perdiendo de algo, pero luego continuó de todas formas.

—Sí, "Tres minutos en el Cielo". —Procedió a decirnos cómo jugar el juego, que teníamos exactamente tres minutos a solas y que luego iba a abrir la puerta—. Pero si

escucho a mi hermana gritar o chillar el juego se acabó justo en ese momento, ¿lo entiendes?

Lucy se rió un poco, sus ojos todavía en mí, mirando mi rostro volverse rojo aunque estaba segura de que ya estaba del color de un tomate.

—Lo entiendo —respondió.

Mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho. Estaba latiendo tan fuertemente que estaba segura de que ella podía escucharlo. Barbra también, aunque dejó el taller diciendo.

—Voy a estar justo afuera de la puerta.

Luego se había ido y estábamos solas, solas Lucy y yo.

Sus ojos perdieron su mirada de provocación mientras sus enormes pero gentiles manos se deslizaban por los costados de mis brazos temblorosos. Sus labios rozaron mi oído.

— ¿Estás bien?

Tragué y asentí, aunque estar tan cerca de ella, sentir su cálida respiración en mi cuello, me hacía temblar y estremecerme y prácticamente desmayarme.

—No tienes que hacer eso —dijo ella—. Sólo estaba molestando.

—Lo sé —murmuré, porque lo sabía.

Todo este tiempo supe que sólo estaba molestando. Todo fue una gran broma. Sólo que ella había arreglado mi auto y yo había hecho un trato, sería tonto retractarme, broma o no. Gran enamoramiento estúpido o no.

—Pero te lo ganaste —susurré, tratando de sonar relajada, graciosa. Como si mi beso fuera un gran premio por el que los chicos se esforzaran por ganar.

Lucy pareció sorprendida, luego sonrió. Sin decir nada, ni siquiera una palabra, llevó sus labios seductores hacia los míos, de inmediato seduciendo mi boca con sus calientes besos hambrientos, dándome otros tres minutos en el cielo.