15

Me gustas Rachel

Comencé a hacer esta cosa, todos los días, era como una compulsión. Tenía que hacerlo, tenía que dejar algo en el casillero de Lucy. Generalmente, era una galleta o un pan, a veces un poema o a veces las tres, pero siempre algo, y desde luego siempre anónimo.

No sé por qué tenía que hacerlo. Supongo que era simplemente porque sentía algo retorcido y estúpido por ella ahora extrañamente linda e interesante Lucy Quinn Fabray, y no podía hacer nada más al respecto. No podía tener una cita con ella, por supuesto pero tenía todos esos sentimientos guardados por la porrista y necesitaban ser liberados... Entonces galletas.

Un día Lucy se acercó a mi casillero después de haberle dejado un pastel en una bolsa de plástico. Lo hice en la clase de cocina, y a pesar de que, sí, era súper loco, también le había pegado un tenedor de plástico en el casillero, para que pudiera comerlo.

Incluso me había escondido detrás de la esquina y la observé devorarlo. Había sido muy gratificante ver su sonrisa adorable y sorprendida cuando llegó al casillero y encontró el pastel y el tenedor. Me produjo estas enormes y dramáticas cosquillas en el estómago.

Ahora sentía esa misma sensación cuando cerré el casillero y estaba ella, a mi lado. No habíamos hablado desde ese día en su auto, hacía casi una semana y media. Al verla ahora, me quedé sin aliento.

— ¿Me estás dejando regalos? —preguntó.

—Eh… —Muy nerviosa, temblorosa, y ruborizándome, comencé a juguetear con la combinación de mi casillero, a pesar de que recién había sacado todo lo que necesitaba—. ¿Regalos?

Seguí tratando de abrir la cerradura, girándola hacia un lado, luego hacia el otro, como si me estuviera dando problemas, como si no la hubiese abierto a cada hora desde el comienzo del primer año. Sólo que lo extraño era que me estaba dando problemas. No podía recordar la combinación que me salvaría la vida. En realidad, no podía recordar

mi propio nombre. Lo único que tenía en la mente eran los ojos verdes con largas pestañas de Quinn. El modo en que me estaba mirando me desordenó el cerebro.

—Sí… regalos, comida y poemas y osos de goma —Me hizo a un lado y giró la cerradura durante un momento, moviéndola con propósito, entonces, guau, abrió mi casillero.

Se me aceleró el corazón, incluso con mucha más violencia de lo que lo había hecho, no sólo porque mágicamente de algún modo sabía la combinación de mi casillero (aunque, ¡guau!), sino que sus delicadas y cálidas manos me habían tocado amablemente la cintura cuando me movió a un lado. Su simple toque me debilitó las rodillas y las hormonas se me salieron de control.

— ¡Espera! ¿Cómo hiciste eso? —exclamé, intentando mantenerme concentrada en mi casillero en lugar de sus delicadas y seductoras manos. Conocía la combinación de mi casillero y eso era bastante espeluznante… aunque asombroso.

Sonrió pero no contestó. En lugar de eso, levantó las cejas.

— ¿Me estás dejando regalos?

—No —le mentí, pobremente, sin mirarla. Metí la cabeza en el casillero, como si necesitara encontrar algo importante allí dentro, algo como el Santo Grial.

Seguí mintiendo, tan pobremente como antes.

—Ni siquiera sé de qué estás hablando… ¿Poemas?

Rió suavemente y sacó uno de mis poemas «anónimos» del bolsillo de su uniforme de Cheerio. Estaba escrito en una hoja con forma de una guitarra de plata, exactamente igual al bloc de notas con forma de una guitarra que estaba sosteniendo en las manos. ¡Grrr!

Lo miró abiertamente al bloc que se desmoronaba de mi agarre sudado. Sin embargo, no dijo nada, porque bueno, no necesitaba hacerlo. Justo allí estaba la prueba, en mis manos húmedas… Yo era una chica rara, extraña, acosadora y con un raro y extraño amor hacia ella además era una mentirosa.

Guardé el bloc de notas dentro del casillero y lo cerré lentamente. Luego me volví hacia ella.

—Tal vez te escribí uno o dos poemas —mascullé.

—Eres extraña.

Sin embargo, sonrió cuando lo dijo, como si tal vez no fuese algo malo. Se inclinó hacia mí, quitándome el cabello hacia atrás y me susurró bajo en el oído.

—Me gusta lo extraño.

Se me salió el corazón de la caja torácica. Prácticamente me derretí en un charco allí mismo, a sus pies.

Se alejó con una sonrisa perezosa y me entregó un papelito.

—Aquí tienes la combinación de mi casillero —Su sonrisa se hizo más grande—Deja los regalos dentro del casillero sólo porque Joe se pone celoso. No es mi novio ni nada, pero es medio… territorial. No quiero que te lastime ni nada.

—Oh —le respondí, un poco confundida—. Yo tampoco.

Se rió con eso, y luego se fue hacia la multitud del tráfico estudiantil y yo me quedé temblando y mareada y aún preguntándome: ¿cómo sabía la combinación de mi casillero?

¿Cómo sabía Lucy Quinn Fabray la combinación de mi casillero? ¿Cómo?

La pregunta me tenía inquieta, pero emocionada al mismo tiempo. Me lo pregunté durante toda la clase de Historia mundial. ¿Cómo la había conseguido?

Me tenía pensando en eso en lugar de estar tomando notas para el examen del día siguiente, como se suponía que debía estar haciendo. Pero la cuestión era que parecía un poco romántica. Como si tal vez me hubiese estado acosando mientras yo la acosaba a ella y pensar que ella estuvo estudiando mi casillero mientras yo le dejaba regalos en el suyo.

La idea me hizo sonreír y sentí hormigueos por todo el cuerpo, a pesar de que me daba cuenta de que esto era imposible, Quinn y yo, nunca podríamos ser ni pareja ni nada.

Pero aún así, me emocionaba pensar que a ella le había importado lo suficiente para que de algún modo obtuviera la combinación de mi casillero… ya que no lo había destrozado ni robado ni nada por el estilo.

La idea me hizo fantasear, emocionarme y dibujar corazones en las notas.

Pero entonces, mientras aún estaba en la clase de historia, todavía en una nube, soñando con la popular y sexy Quinn Fabray acosándome dulcemente, recibí un mensaje de texto de ella.

Ver que el mensaje era de Lucy me hizo jadear y prácticamente desmayarme. Está bien, lo admito, no se necesita mucho para ponerme frenética, especialmente no cuando se refería a algo con ella, lo que fuera con ella pero aún así, esto era algo importante era la primera vez que me contactaba sin estar frente a ella, Lucy estaba en otro lugar, pero obviamente estaba pensando en mí. ¡Qué dulce!

Cerré los ojos, tratando de recuperar el control de mi corazón y las oleadas de mariposas que me invadían el estómago.

Finalmente, sentí que podía respirar sin perder la conciencia, por lo que le eché un vistazo al mensaje. Esto es lo que decía:

Estaba escrita en tu carpeta.

Parpadeé. ¿Qué?

Obviamente no tenía idea de lo que estaba hablando, ninguna. Durante un par de minutos me quedé rascándome la cabeza, intentando descubrirlo, pero finalmente me di por vencida, y le respondí por mensaje de texto:

¿?

Sólo segundos después me llegó la respuesta ella:

La combinación de tu casillero. Está escrita en tu carpeta

¿Qué?

Miré la carpeta de historia mundial, sí, la combinación estaba justo en el frente, en letra grande y grabado en madera. ¡Duh! Me palmeé el rostro, y murmuré para mis adentros. ¡Dios! Soy una idiota.

Me había olvidado completamente de que ayer Kurt me había garabateado la combinación allí cuando le presté la carpeta con todas las notas de historia. Anotó la combinación rápidamente porque le pedí que dejara la carpeta en mi casillero cuando terminara de usarla.

Dándome cuenta de eso ahora, casi me reí en voz alta, a pesar de que estaba trágicamente triste, lo cual era patético en realidad. ¡Fui tan tonta! Esperando que Lucy me estuviera acosando. ¡Já! Por supuesto que no lo estaba, debería haberlo sabido. Ella no era patética y extraña como yo, Lucy sí tenía una vida.

Garabateé los números, murmullándome y sintiendo un triste dolor en el corazón, algo así como una desilusión que sabía que no debía sentir, sabía que Quinn y yo no

podríamos estar juntas, lo sabía. Entonces, debería haber estado aliviada de que no estaría dando vueltas a mí alrededor intentando tentarme. Debería haberme alegrado.

Le volví a escribir:

Oh.

Después de enviárselo, supuse que probablemente debería haber escrito algo más. A mitad de la clase, agregué:

Gracias

Luego pasé el resto de la clase preguntándome: ¿Cómo consiguió Quinn Fabray mi número del IPhone?

Entonces, después de eso, de ser atrapada acosando el casillero, probablemente pensarías que dejé de hacerlo, pero no. Quizás era más que un simple amor cualquiera hacia Lucy. Quizás era algo más profundo, emocionalmente, por qué tenía que darle regalos. Era una compulsión y eso era extraño.

Pero sin importar cuál fuera la razón, la que fuera, era simplemente algo que tenía que hacer, me hacía sentir mejor de algún modo. Finn tenía a Kitty Wilde, yo también tenía algo, un amor estúpido y patético por Quinn Fabray. Entonces, de alguna manera, estábamos a mano.

Aunque por supuesto, no realmente; ni siquiera cerca. Y está bien, eso era triste.

Me ayudaba a superar las cosas. En lugar de pensar en Finn recibiendo mis regalos de la clase de cocina, ahora pensaría en Lucy obteniéndolos, gustándoles y queriéndolos. Me hacía sentir… feliz. Supuse que era algo bueno, sin importar cuán retorcido fuera, porque de otro modo sólo me sentiría triste, celosa y deprimida por perder a Finn y no tener novio ni un candidato por el hecho que ahora de algún modo evitaba a Mike, lo cual era triste porque en cierta forma lo había conducido a pensar eso durante un tiempo.

Mike todavía parecía tener esperanzas de que estuviéramos juntos aun. Se había encontrado conmigo «accidentalmente» entre las clases y había permanecido cerca de mi casillero, pero no, no íbamos a estar juntos. El beso de Quinn había eliminado ese plan porque su beso puso mi mundo patas arriba. Entonces ahora sólo necesitaba volver a la normalidad. Decidí que debía esperarla sola y no involucrar a otro pobre ser en mi mundo lleno de desesperanza, deseando y anhelando a otro y no era justo para Mike. Sin importar cuánto temor le tuviera a estar sola, sin novio, odiaba insinuarle que podría haber más.

Al ver la sonrisa esperanzada de Mike todo el tiempo se me rompían el corazón, y el verlo justo ahora, parado junto a mi casillero, me hizo dar la vuelta y caminar en la otra dirección. De todos modos, no necesitaba realmente el libro de cálculo, no lo suficiente para enfrentar la sonrisa sin esperanza y sus ojos melancólicos.

Sólo que, mientras me regresaba, choqué con Lucy, ella sonrió mientras yo retrocedía, mascullando disculpas y ruborizándome. Sus labios se movieron en otra sonrisa mientras su sonrisa recorría a Mike a mi casillero y a mí de nuevo. Levantó las cejas.

— ¿Estás evitando tu casillero, cielo?

—Eh —contesté evasiva, sin estar muy segura de si sabía acerca de la situación con Mike o no, pero guau, no se le escapaba nada. Obviamente se había imaginado por qué me había girado tan bruscamente.

No quería ser atrapada en otra mentira, pero tampoco quería admitir que su beso había dejado claro que no tenía ninguna oportunidad de sentir chispas con Mike, ni con ningún otro chico. Para ella el beso no fue nada, sólo algo con lo que bromear.

Mientras trataba de pensar en una razón inteligente por la que me volví tan rápidamente cuando vi a Mike (además de que quería ir al baño o algo así), Lucy me quitó del tráfico abarrotado de estudiantes que intentaban pasar a nuestro alrededor. Me apoyó contra la pared más cercana de casilleros y se me acercó. No estaba segura de si fue para alejarse del camino de la gente o para aumentarme la temperatura. Probablemente era un poco de ambas y funcionó en ambos aspectos.

Me habló cerca del oído, lo suficientemente cerca para que pudiera sentir su cálido aliento en el cuello.

—Parece que las galletas y los poemas, son para decirme de algún modo que te gusto, ¿cierto? —No esperó mi respuesta. Probablemente porque todavía ni siquiera había respondido a su última pregunta. En lugar de eso, se inclinó más cerca—. Pero quiero que me lo demuestres, cielo.

Me alejé de ella medio horrorizada y preparada para salir corriendo, pero la rubia me tomó la mano, no con fuerza, sino amablemente, y me acercó a ella de nuevo. Soltó una risa suave.

—No quise decirlo en el modo en que podría haberse escuchado. —Arqueó los labios—

. Sólo quise decir, no te alejes de mí. —Se humedeció los seductores labios, luego los acercó a mi oído—. Tal vez deberíamos salir juntas.

Levantó las cejas mientras la miraba hacia arriba, con el corazón a toda velocidad. ¿Me estaba pidiendo una cita? ¿Una cita de verdad?

Traté de calmar los latidos de mi corazón y permanecer bajo control mientras sus ojos verdes estudiaban mi rostro, pero fue difícil. Sus ojos cálidos y seductores estaban sobre mí con tal intensidad que me hicieron querer saltar de arriba para abajo o hacer acrobacias. No podía quedarme quieta ni mucho menos respirar.

—Hay una fiesta en la casa de Brittany S. Pirce esta noche —dijo sonriendo—. ¿Quieres venir?

Solté el aliento, finalmente capaz de respirar, y negué con la cabeza, su pregunta me devolvió completamente a la realidad, éramos de dos mundos totalmente diferentes. Ella era una chica de fiesta hermosa y popular, y yo era una chica que permanecía alejada de ese tipo de chicas o chicos.

Por mucho que anhelara tenerla, sabía que no podía.

—No, lo siento —le respondí—. Te lo he dicho, no voy a ese tipo de fiestas.

Luego me alejé de sus verdes ojos desconcertados.

Sabía que estaba confundiendo a todos. Confundiendo a Quinn Fabray, que me gustaba y estaba tratando de que no fuera así y confundiendo al pobre Mike Chang tratando de hacer que me gustara cuando no. Estaba confundiendo a todos especialmente a mí.

Una semana después de huir de Lucy le escribí un poema que trataba de explicar mis sentimientos. Sólo que me pareció demasiado arriesgado. Por lo tanto, le cambié palabras y lo convertí en algo indescifrable, pero hermosamente bello, pensé que era hermoso, pero claro yo era extraña.

De todos modos, lo metí en su casillero con un pequeño, pero perfecto, pastel de chocolate.

Más tarde, esa misma noche, estaba sentada en mi estudio con Kurt que estaba pasando la noche en mi casa, ya que era viernes y acababa de romper con su novio, Blame, estaba triste y quería compañía. Solo estábamos los dos llorando y comiendo pizza y helado, así que era una escena deprimente, dos chicos adolescentes un viernes por la noche tratando de ver repeticiones de Dr. House pero recordando que la última vez que lo vimos había sido acurrucándonos con nuestros novios Finn y Blame.

— ¿Sabes quién creo que es lindo? —gimió Kurt, comiéndose otro puñado de palomitas de maíz.

— ¿Chase? —dije intentando mantener el sarcasmo fuera de mi voz, pero era difícil. Él estaba enamorado del personaje de televisión desde la secundaria.

—Duh. —Rodó los ojos y me lanzó palomitas—. ¿Pero no te parece que Brittany S. Pirce, de pre—cálculo se parece a Chase?

Me encogí de hombros, cambiando totalmente de tema, simplemente porque estaba deprimida, y ni siquiera estaba muy segura de quién era Brittany S. Pirce de pre—calculo.

—Creo que tengo que volver con Finn. —Entonces, porque soy una buena amiga, añadí—: Sí, creo que S. Pirce se parece a Chase más que Blame.

Dije esto porque: uno, Blame era su ex—novio que la tenía deprimida y dos, Blame no se parece en nada a Chase, así que era bastante seguro asumir que Brittany S. Pirce era más como Chase que Blame, que es robusto y tiene el pelo rubio y los ojos azules. El sexy cardiólogo Chase se parece más a Brittany que Blame.

Después Kurt me dijo:

— ¿Por qué crees que deberías volver con Finn?

Por lo tanto, le expliqué todo el asunto, acerca de Quinn y Mike, y cómo los había confundido.

— ¿En serio? ¿Quinn Fabray te invitó a salir? —Parecía sorprendido—. ¿En una cita?

—No —gemí—. Por supuesto que no en una cita, ella no sale con chicas. Me invitó a estar con ella en la fiesta de Brittany. Me invitó a pasar el rato.

Kurt rió.

—Esa es la cita Quinn. —Se echó a reír con más fuerza, como si fuera gracioso—. La sexy y maravillosa capitana de porristas Lucy Quinn Fabray te pidió una cita.

Obviamente, él estaba tratando de imaginarnos juntas. Eso lo hizo reír aún más fuerte. Quinn y yo éramos tan diferentes. Él tenía razón, era divertido pero a la vez depresivo porque yo la quería, la quería y mucho.

Me escabullí hacia abajo en la silla, lista para tener un buen llanto, y en ese momento recibí un texto. De parte de Barbra, mi hermana. Escribió:

Tu amiga Tina está borracha hasta el trasero.

Entonces me envió una foto de Tina besándose con una chica en una fiesta. Al ver esto me puse enferma. Tina no sabía beber, no solía hacerlo.

Me dio la dirección de la casa y le dije a Kurt que necesitábamos ir a buscar Tina. Pero una vez que llegamos a la fiesta, estaba Brittany S. Pirce de pre—cálculo. ¿Y sabes qué? Se veía muy parecida a Chase sobre todo en comparación con Blame.

S. Pirce le sonrió a Kurt desde el otro lado de la habitación atestada, ruidosa, tan pronto como nos vio entrar por la puerta principal. Kurt le devolvió la sonrisa y eso fue todo. Se acercó y eran: ¡Guau! ¡Hola! y ¡Yo esperaba que estuvieras aquí! y así, Kurt pareció olvidar que Blame había existido o que yo aun vivía.

Por lo tanto, fui a buscar a Tina y la encontré en la cocina con Quinn. ¡Mi Lucy!

Estaba sentada en su regazo en la mesa de la cocina mientras jugaba al póquer con tres chicas del equipo de porristas. Estaba sentada en su regazo jugando con su cabello.

Nadie se dio cuenta de que había entrado a la cocina ni Tina que estaba de espaldas a mí, o Quinn, ni las chicas, ni nadie. Y me quedé allí, congelada en la puerta de la cocina, con mi corazón herido.

Por último, Lucy levantó la vista de sus cartas y pasó la vista sobre mí, luego hizo una toma doble.

— ¡Cielo! —gritó con una sonrisa, moviendo la cabeza lejos de las errantes manos de Tina.

(PTI (para tu información), empezó a llamarme "Cielo" últimamente. Abreviatura de Mis tres Minutos en Cielo, creía, lo que había amado totalmente, hasta ahora. Ahora lo odiaba a ella y a todos. ¿Era ella la de la foto que Barbra me había enviado? ¿La chica besándose con la pobre y borracha Tina? Necesitaba mirarla mejor pero en el momento estaba demasiada ocupada mirando a Quinn para hacer otra cosa (sólo estar de pie sockeada, consternada y dolida.)

La sonrisa de Quinn creció mientras esquivaba las manos Tina.

—Pensé que no ibas a fiestas—agregó sonriente.

—No lo hago —respondí con los dientes apretados—. Vine a buscarla a ella —añadí con los dientes aún juntos, porque obviamente era una mala influencia, y una mala persona—. Ella no bebe.

Arqueó las cejas.

—Estoy bastante segura de que lo hizo esta noche.

Sus amigas se rieron, como si ella hubiera estado haciendo cosas embarazosas borracha. ¡Grrr!

Me adelanté y trate de alejar a Tina lejos de Quinn.

— ¡Vamos, Tina!

— ¡No! —Acarició con el rostro el cuello de Quinn—. Hueles bien —murmuró.

Entonces puso los brazos a su alrededor apretándola, tratando de acurrucarse contra ella, como siempre decía que iba a hacer si alguna vez tuviera la oportunidad. Gruñí enojada.

Quinn se rió de mi enojo.

—No creo que pueda caminar —dijo—. Voy a llevarla.

Realmente no quería eso, pero no quería nada de esto para mi amiga borracha, chicos del equipo de futbol mirando y riendo. Y, por desgracia, sabía que Tina debió haber hecho algo tremendamente embarazoso para que Barbra se molestara en escribir. Barbra se emborrachaba cada fin de semana, para ella era sólo la vida.

Lucy le habló a uno de los jugadores de futbol para que llevara a Tina hacia mi coche. Luego de que la pusieran en el asiento de atrás, se inclinó sobre ella, haciendo algo. No podía ver lo que pasaba. Me alarmé un poco ¿qué estaba haciendo? ¿Era la chica de la foto que Barbra me había enviado? ¿Se estaba aprovechando de mi amiga borracha?

— ¡Aléjate de ella! —gruñí.

Quinn se echó hacia atrás, y me mostró las manos en alto con una sonrisa divertida.

—Solo estaba poniéndole el cinturón, cielo.

Me sonrojé, me sentía increíblemente estúpida pero bueno, no tenía ni idea de si estaba borracha, sobria o qué. Todo lo que sabía era que tenía a mi amiga borracha en su regazo y luego se inclinaba sobre ella en mi coche.

—Lo siento —murmuré, y luego añadí—: Mira, ¡¿te alejas de mis amigas?!

No me refería sólo a Tina sino también de Barbra. Últimamente ha estado coqueta con ella, y cuando pasamos hace un momento en la fiesta, le había dado un gran beso arrastrándola:

— ¡Yo amo esos labios, los amo! —dijo Barbra divertida.

¡Ugh!

Quinn sonrió, divertida.

—Sí, puedo dejarlas solas. —Arqueó las cejas—. Pero, ¿pueden ellas dejarme a mí en paz?

Tenía un punto a su favor.

Suspiré, deseando que no se viera tan adorable cuando dijo eso, o hermosa con la luna brillando sobre su cabello dorado. Mi estúpido corazón estaba latiendo la quiero, La quiero.

Me alegré cuando tuve una distracción, que me hizo apartar los ojos de los suyos, era un texto de Kurt:

Brittany me va a llevar a casa

Eso era todo lo que decía.

Cerré los ojos apretados, feliz por él, por supuesto, porque encontró su propia amiga de modas y ya estaba en camino de olvidar al estúpido Blame, pero también un poco enojada porque, ¡Hola! ¡Nuestra amiga está borracha y besándose con chicas desconocidas!

Pero entonces Kurt mandó:

Tienes a Tina bien, ¿verdad? ¿O necesitas mi ayuda?

Dejé escapar un suspiro, ya no enojada.

Lo tenía cubierto, así que escribí.

¡Que se diviertan!

Cerré el IPhone y luego levanté la vista y me encontré con que Quinn me miraba. La forma en que su mirada se veía era como si hubiera estado mirándome mucho tiempo. Le hizo cosas raras a mi corazón que se puso palpitante y persistente, mis piernas eran repentinamente de goma, parecía que me iba a caer.

Ella sonrió, me apoyó contra el coche.

—Tengo tu poema —Su voz era ronca—. Bueno, realmente no lo entiendo.

Suavemente, deslizó los dedos por mi pelo, sacando pedazo de palomita de maíz.

—Pero me gustó.

Se inclinó, cerca, tan cerca que podía sentir su aliento cálido en mi cuello.

—Me gustas, Rachel.

¡Ohhh mi Dios! Mi corazón iba a saltar fuera de mi pecho.

Acercó su cara a la mía, mi aliento se paró, realmente deseaba que me besara ¡con todo mi corazón! Sabía que había todo tipo de razones por las que no debería dejarla pero sólo una pasó por mi cerebro. Como un flashback, la imagen de Tina y la foto que Barbra me había enviado. Tina totalmente borracha besándose con una chica. Destelló en mi mente una y otra vez, y eso fue suficiente, más que suficiente, yo no quería que una tipa mentirosa y provocadora me besara y que se besara con una chica borracha con quien nunca habló antes.

La empujé lejos de mí, mi corazón era un completo caos. Abrí el celular y le empujé en su cara la imagen de Tina besándose con una chica.

— ¿Eres tú? — gruñí

Tomó el teléfono y estudió la imagen un momento. Entonces sonrió.

— ¿Se ve cómo yo?

Agarré el IPhone de nuevo y miré realmente a la foto, estudiándola, no, no lo era, para nada.

En realidad no podía ver el rostro de la chica, pero definitivamente no era Quinn. La chica era fea y Quinn era bastante linda y delicada.

Oh. Mis mejillas quemaban, ¡soy una idiota!

—Bueno, eso es bueno —Tartamudeaba un poco y luego dije muy rápido—Bueno, me tengo que ir.

Me subí al coche sintiéndome una idiota y sólo queriendo alejarme para poder ir a casa y meterme bajo una roca, pero ella miró todos los coches que había aparcados detrás de mí en el camino de entrada.

—Es una escapada estrecha —sonrió a través de la ventana abierta—. ¿Quieres echarte para atrás?

Probablemente estaba recordando el parachoques que había tenido que arreglar no demasiado tiempo atrás. Probablemente recordando que había golpeado un basurero.

—Lo puedo hacer —respondí.

No dijo nada, sólo dio un paso atrás. Entonces me observó en silencio, estresada con el volante, moviéndome en un espacio pequeño, y luego teniendo que avanzar hacia adelante y empezar de nuevo. Tuve que seguir haciendo eso, un poquito adelante, un poquito atrás. En realidad no estaba haciendo ningún progreso. De hecho, estaba haciendo cero progresos.

Bueno, no soy la mejor piloto del mundo, lo admito, no conduzco tanto como para tener mi propio coche y casi nunca uso el de papá. Aún así, juro que nunca había tenido tantos problemas. Estaba nerviosa por tener una audiencia, sobre todo porque el público era Quinn. ¡Quinn Fabray! Apenas podía caminar en línea recta cuando estaba cerca. Pero, ¿manejar? Al parecer, era imposible.

Ella me miraba con la barbilla apoyada en su mano, cubriendo su boca, lo más probable es que escondiendo una enorme sonrisa. Por último, se apoyó en la ventana abierta.

—Haz girar la rueda hasta el final.

Comencé a girar.

Reprimió una carcajada y me dio una inclinación de cabeza.

—El otro lado.

¡Ugh! Con el rostro ardiente, no hice ningún comentario, simplemente empujé el volante duro en la otra dirección y arranque con todas mis fuerzas.

La mandíbula de Lucy se sobresaltó y dio un paso atrás, mirándome un poco más de tiempo, y luego volvió a la ventana.

— ¿Quieres que lo haga yo?

Incliné la cabeza totalmente queriendo decir que sí, sólo había una parte de mí que no quería ceder. Quería mostrarle que podía conducir, pero parecía un poco demasiado tarde para eso. Además, podía escuchar a Tina haciendo sonidos, gimiendo entre sus ronquidos, tenía miedo de que de un momento a otro fuera a vomitar en el coche de Leroy. Tenía que llegar a casa y eso tenía que ser ahora.

Sonrió cuando me llevó una eternidad para responder.

—Mira —Sus labios temblaron en las esquinas—. Sería difícil para cualquiera, está lleno aquí, muy apretado.

Suspiré y me cambié de lugar. Sonrió, pero no dijo nada, simplemente se deslizó en el asiento del conductor y el coche se deslizó fuera de la calzada larga y estrecha. Lo hizo parecer súper fácil y rápido, como era.

Cuando estuvimos a salvo en la calle, puso el coche en punto muerto y se acerco a mí, mi corazón dio patadas a un nivel superior. Iba a dejar que me besara en este momento, sólo iba a responder con mi corazón y no con la mente, disfrutaría de un pequeño cielo. Todo mi cuerpo se llenó de hormigueo. Cerré los ojos y me incliné para ello, pero Quinn no me besó. En cambio, suavemente sacó otra palomita de mi pelo.

—Buenas noches, Rach—susurró.

Abrió la puerta del coche, y luego se fue. Entró de nuevo en la fiesta y me quedé con Tina roncando y con un corazón palpitante.