10

Finchel

Toda la noche pensé en Quinn Fabray, acerca de nuestro casi beso. Estuve dando vueltas en mi cama y sintiéndome agitada. Hubo una escena de la noche, un momento perfecto que siguió reproduciéndose una y otra vez en mi cabeza. Cuando llevó su boca a mi oreja.

—Realmente no entendí tu poema, pero me gustó —Inclinándose aún más cerca—. Me gustas, Rachel.

Me gustas, Rachel… Me gustas, Rachel… Me gustas, Rachel

¡Oh! No había manera de que pudiera dormir, nunca más.

Me levanté de la cama y comencé a escribir en mi diario viejo para canciones. Escribí sobre los labios Quinn, su beso, pero, ¡todavía! ¡Todavía! Me quedé pensando en esa escena. Por supuesto que no había entendido mi poema, lo había hecho imposible de entender, lo había hecho a propósito, pero a ella le había gustado. ¡Le gustaba yo!

El pensamiento me tenía en hormigueo, por un instante, hasta que empecé a pensar acerca de mi coche. Cuando ni siquiera trató de besarme, sólo me había sacado esa estúpida palomita del pelo y después se fue, volvió a la fiesta para seguir con sus vertiginosas y seductoras líneas para seducir a otra chica… una chica fácil.

¡Ugh! Era una boba.

Me metí en la cama y de inmediato me puse a llorar, estaba tan deprimida gustándome una chica con el que nunca podría salir.

Al día siguiente leí el nuevo texto Finn que sólo decía:

Rachel, ¿alguna vez vas a hablar conmigo?

Cuando estaba con Finn había sido estable y cómodo, no sentía el estómago con nudos oscilantes o violentos todo el tiempo, simplemente me sentía normal.

Quería sentir eso de nuevo, necesitaba sentirlo. Mike Chang era demasiado aburrido y Quinn Fabray era demasiado emocionante, pero ¿Finn Hudson? Finn estaba bien, sólo que, ¡uf! A pesar de los textos constantes de Finn, parecía que estaba con Kitty ahora.

Claro, lo había atrapado mirándome con anhelo, ¿realmente significaba algo? No estaba

segura, realmente no trató de ganarme nuevamente, en lo absoluto. Me quedé esperando y esperando pero no, nada. Él nunca lo hizo, sólo sus textos estúpidos.

—Tal vez no deberías tener un novio por un tiempo —dijo Kurt, al día siguiente cuando hablé de cómo estaba pensando en volver con Finn mientras él parloteaba sobre Brittany S. Pirce.

En el fondo sabía que probablemente tenía razón, lo sabía pero la cosa era que tenía este dolor dentro de mí, esta necesidad. Bueno en realidad, la necesidad era Quinn, mi corazón la quería, sufría por ella. ¡Pero mi corazón estaba tan mal! Era una estupidez.

Suspiré, incapaz de decirle eso, de explicarle la verdadera razón por la que quería a Finn de vuelta. La razón real y verdadera era que pudiera dejar de fantasear sobre Quinn, no me gustaba fantasear sobre la sexy Quinn, la odiaba, me dejaba tan inquieta que me daban ganas de gritar… llorar o arrancarme el pelo, era tan increíblemente inútil anhelarla porque no podría tenerla ni siquiera si de alguna manera milagrosa que ella me quisiera. Lo cual, por supuesto, no hacía, era sólo un juego para ella. Ver hasta dónde podía incitar a la niña nerd del colegio. Ugh.

Pero si estuviera con Finn, si volvíamos, las cosas tal vez podrían volver a ser como antes, tal vez podría sentirme feliz y satisfecha con mi vida de nuevo Como me sentía antes del beso de Lucy Quinn Fabray.

El lunes por la mañana llego otro texto de Finn. Decía:

¿Podemos hablar?

Pensé en ello mucho tiempo, durante la clase de Historia mundial, finalmente escribí:

Por supuesto. ¿Después de la escuela?

Respondió casi de inmediato:

¡Está bien! Nos vemos fuera del gimnasio a las 3:00.

Ver las palabras de Finn el lindo, Finn el más dulce me hizo llorar, era tan fácil. ¿Por qué no había hecho esto antes?

Podríamos volver a estar juntos y escribir canciones juntos, las cosas podían volver a ser como antes, estar feliz, cómoda y establecida.

Ese era totalmente mi plan.

Pero entonces algo extraño sucedió. En la clase de francés, Miss Feefee (que no se llamaba así, su verdadero nombre era señora Fergusson pero todos la llamaban la

señorita Feefee), nos envió a mí y a otros pocos estudiantes de la clase a una sala de estudio temprano ya que nos habíamos lucido en una prueba que el resto de la clase necesitaba volver a tomar. Ella no nos dejó estar en la clase, porque necesitaba nuestros asientos para algunos estudiantes de otras clases que también tenían que volver a tomar la prueba.

Así que tuvimos que ir a estudiar al pasillo.

Eso no fue lo raro, lo raro fue que cuando llegué al salón de estudio, estaba Quinn. Verla me hizo poner roja y actuar estúpida.

Me lancé en el asiento vacío más cercano, tomé un libro de la mochila y lo mire como si estuviera totalmente absorta en él, como si fuera la lectura más fascinante de toda mi vida pero en realidad, ni siquiera estaba segura del libro que era, ¿Una novela romántica? ¿Matemáticas? ¿Una comedia? No tenía ni idea, mi cerebro se había ido por completo.

Todo lo que sabía era que podía sentir los ojos de Lucy de todos modos, o al menos me imaginaba que podía. Por todo lo que sabía, en realidad ella ni siquiera podría saber que estaba en la habitación, eso era imposible. Así que no le di oportunidad, no miré hacia atrás, no hasta que la señora Harris, la profesora de la sala de estudio, dijo en voz alta y resonante:

—Lucy Quinn Fabray, Lucy Quinn Fabray, Lucy Quinn Fabray. —gritó como chasqueando la lengua.

Miré hacia atrás, con el estómago agitado y retorcido, preguntándome por qué estaba diciendo su nombre. Sabía que ella realmente no lo sabía, pero la forma en que lo dijo, chasqueando la lengua para mí fue como si lo supiera. Sabía que mi corazón estaba a punto de explotar porque ella estaba en la sala, que todo lo que tenía que hacer en estos días para convertirme en una bolsa de hormonas sin cerebro era estar ella presente.

Tomó el IPhone de Quinn y lo estudió, luego, ¡shock! ¡Caminaba a través de la habitación hacia mí! Puso el IPhone en mi escritorio diciendo:

—Puedes elegir si deseas eliminar eso o no, pero no le des el teléfono a Quinn hasta después de clase.

Luego anunció en voz alta para el resto de la habitación:

— ¡Esta es la sala de estudio, gente! Se supone que tienen que estudiar no practicar su clase de fotografía indiscreta.

¿Fotografía indiscreta?

Mi corazón estaba de repente loco y salvaje, incluso más que antes. ¿Qué estaba diciendo? Miré el IPhone de Quinn y me quedé sin aliento, mi estómago dio estos extraños brincos por lo que había en su teléfono.

Era una imagen. ¡De mí!

Obviamente, acababa de tomarla un minuto antes de que la señora Harris la atrapara. Estaba mirando hacia mi libro (era de biología), y mi cara estaba roja como un tomate, pero en realidad parecía que estaba leyendo y totalmente en ello y lo más extraño era que yo me miraba bonita.

Mientras miraba la foto por un largo momento, llegó un mensaje de texto a su IPhone, fue raro era de Santana. Estaba bastante segura de que había visto a Santana cuando entré al salón de clases antes de notar a Quinn. Esos momentos eran un borrón frenético, pero aún así estaba bastante segura de que Santana estaba aquí en la habitación y sabía que tenía el teléfono de Lucy.

Desconcertada, miré hacia atrás y luego contuve el aliento. Quinn me sonrió desde el otro lado de la habitación, estaba sentada justo al lado de Santana y Brittany con un IPhone en la mano, aparentemente el de Santana. Hizo un gesto hacia el teléfono y se echó hacia atrás en su asiento, mirándome.

Le di una mirada de reojo, a continuación, leí el texto, ya que parecía ser lo que ella quería.

No elimines la imagen.

Al ver el mensaje me estremecí y me puse feliz y cálida por dentro, supongo que fue porque me gustaba la imagen también. Le sonreí, sintiéndome bien de que hubiera tomado la fotografía y quería conservarla.

Así que, por supuesto, no la eliminé. No es que lo hubiera hecho de todos modos, sólo si pareciera súper fea en ella.

Reuniendo un poco de coraje me atreví a responder el texto: ¿Puedo ver tus otras fotos?

Un segundo más tarde respondió: ¡No!

Eso fue todo lo que dijo, sólo esa palabra. ¡No!

Ver eso hizo que mi estómago se anudara un poco, sin embargo, no estaba nada contenta o cálida ahora. De hecho, estaba ansiosa y deprimida. ¿Qué otro tipo de imágenes tenía en el teléfono? ¿Fotos de Joe? Y ¿otras chicas como las zorras que la persiguen? Probablemente. El pensamiento me deprimió y me dieron ganas correr y

volver con Finn y detener mi gusto por Quinn a quien le gustaban las chicas zorras como Barbra, y me hizo sentir fuera de control y sin esperanza.

Cuando la clase terminó me recibió en la puerta para recuperar su celular, que era probablemente la única razón por la que me esperaba. En serio, la única razón, hice todas estas cosas raras, dejándolas en su casillero, garabateando su nombre por todos mis cuadernos de tarea, escribiendo poemas sobre ella podía seguir la lista y así seguirla y seguirla, pensaba en ella todo el tiempo, constantemente, pero parecía que ella sólo pensaba en mí cuando yo estaba frente a su cara el resto del tiempo era exactamente como dice el dicho: Ojos que no ven, corazón que no siente. Ya sabía que esa era su forma de ser, pero no lo creía, por eso tomó la foto, porque yo estaba allí. ¿Y por qué me dio un viaje a casa ese día? Porque yo estaba allí. ¿Y por qué me besó en la fiesta? Porque yo estaba allí pero en realidad no siempre piensa en mí cuando yo no estaba allí o intentar tratar de llegar a conocerme. Ella no era así, era la clase de amor con el que tenías que estar, por qué quería gustarle yo y no cualquier chica que estaba cerca y ser yo a quien quisiera atormentar.

Quería realmente gustarle, no era justo porque sabía que nunca pasaría a pesar de que había dicho que le gustaba la otra noche, no importa lo mucho que deseaba creerle sabía que no debía hacerlo porque no le gustaba ni un poco.

— ¿Por qué me tomaste una fotografía? —le pregunté mientras le entregaba el teléfono, pregunté desafiante y difícil ya que me estaba sintiendo enojada y eso fue desafiante y estimulante, estaba herida y lista para tirar cosas.

Ella sonrió, hablando ronca mientras se dirigía a su siguiente clase, caminando hacia atrás para poder mirarme a la cara.

—Te lo dije. Me gustas, Cielo.

¡Já! Estaba tan llena de mentiras. Era una habladora, seductora y derretidora de corazones. ¡Grrr! Era un juego para ella, sabía que era un juego total pero aún así, mi corazón latía y lo anhelaba de todos modos. Probablemente me puse un millar de tonos de color rojo, porque los labios le temblaron con diversión mientras continuaba andando hacia atrás y mirándome fijamente, una vez que por fin se dio la vuelta, salí de mi sueño, atreviéndome a decirle:

—Tú ni siquiera me conoces.

Quinn se regresó hacia mí y sonrió.

— ¿No lo hago? — lo decía entrecerrando sus ojos y con esa sonrisa ladeada que amaba tanto.

Luego desapareció entre la multitud del tráfico de estudiantes y me quedé pensando en qué quería decir con eso. La forma en que lo dijo, parecía no lo sé, ¿divertida? ¿Traviesa? o algo más, como si me conociera mejor de lo que pensaba. Bueno, probablemente sólo estaba jugando.

Me pasé todo el periodo de clase, toda la hora siguiente deseando estar equivocada, que tal vez Quinn Fabray sí pensaba en mí a veces y tal vez ella me conocía más o menos. No parecía posible pero quería que lo fuera.

A la hora de almuerzo estaba haciendo mi mejor esfuerzo para olvidarme de Quinn de nuevo. Estaba todo mal para mí, ella era una chica mala además de una provocadora y eso es todo lo que estaba haciendo con mi corazón, provocándolo. La vi en mi camino a la cafetería, a pesar de que ella no me vio, ella estaba saliendo de la escuela con Joe y un montón de aspirantes a ella además de Santana la mala y arrogante Santana López.

Así que no... no... no... Ella no era mi tipo en lo absoluto.

Tenía que meterme eso en mi cabeza de una vez por todas aunque mi cabeza no lo captaba, mi corazón era quien estaba teniendo problemas

¡Quiero a Finn, quiero a Finn, quiero a Finn! Eso es lo que seguía tratando de decirme todo el almuerzo mientras escuchaba Kurt balbuceando sobre el baile de la escuela este viernes. Iba ir con Brittany, yo estuve tratando de recordar sobre lo extraño que era porque Kurt detestaba los bailes de la escuela, los odiaba. Obviamente él iría porque Brittany era muy divertida e infantil y le agradaba, ya que era extraño que estuviera tan emocionado por el baile.

Mientras él hablaba, no dejaba de pensar: Tal vez debería ir al baile con Finn.

La idea me hacía feliz, me encantaban los bailes escolares y él y yo habíamos ido siempre juntos. Eran divertidos y yo estaba en el comité de baile, hasta hoy había temido al baile del viernes, sabiendo que tendría que ayudar con los preparativos, y probablemente no podría bailar. La idea era deprimente pero ir al baile con Finn era divertido, sería como en los viejos tiempos.

Yo estaba feliz hasta que Tina me despertó de mis planes con Finn. Me preguntó casi con seguridad:

—Vas a ir al baile con Mike ¿verdad?

— ¿Eh? Oh. —Me aclaré la garganta.

No le había dicho a Kurt que tenía planes de reunirme con Finn después de la escuela. Tenía la sensación de que no lo aprobaría, en realidad, no sabía si lo haría. Pensaba que

él y yo deberíamos dejarlo para siempre y seguir adelante. Creo que tuvo mucho que ver con el hecho de que parecía que había seguido adelante.

—Um, no —le respondí—. No iré al baile con Mike, no me lo ha preguntado.

—Queras decir no todavía —curioseó Tina—. Lo tengo en mi clase de historia, es tan dulce y está loco por ti, Rachel y tú solías actuar como si lo quisieras. Él aún espera que lo hagas. —Ella negó con la cabeza, como si la situación fuera triste y sintiera pena por él—. Él te lo va a pedir, Rachel. Te garantizo que te preguntara ir al baile.

Gemí.

—Espero que no lo haga.

Ella inclinó la cabeza hacia mí, como si yo fuera una criatura alienígena de otro planeta.

—Es muy lindo, Rachel y también lo es Quinn ¿cuál es tu problema con ella?

Parpadeé.

— ¿Quinn? ¿Qué es lo que tiene que ver con esto?

Tina hizo un sonido soplando y se levantó de la mesa.

—He acabado de comer —respondió enojada.

La vi marchar fuera, totalmente desconcertada, parecía realmente enojada. ¿Qué pasaba con ella?

Kurt suspiró.

—Le hablé de que Quinn te invito a salir el otro día.

—No me invitó a salir, ella sólo me pidió pasar el rato, hay una diferencia abismal. Ella no está interesada en mí. Está simplemente jugando—Mi estómago se anudó.

Kurt se encogió de hombros.

—Pues bien, Tina quiere que juegue con ella.

Le envié mensajes de texto escribiéndole que era lo sentía Quinn por mí y que no le interesaba yo. Ella no me devolvió el texto hasta que el almuerzo había terminado, envió un mensaje grande y largo tipo ensayo diciendo que sentía que ella estaba celosa de mí, y que quería que yo fuera feliz y debía ir con Lucy.

Leí el mensaje como trescientas veces, y luego lo leí de nuevo.

¿Ella estaba celosa de mí? no tenía ni idea. Por lo que yo sabía, nadie había estado nunca celoso de mí en toda mi vida, bueno, excepto tal vez Kitty. Ella había estado celosa de que yo tuviera a Finn aunque ella lo consiguió. Por lo tanto, no me gusta mucho pensar que alguien más estuviera celosa de mí, sobre todo no una de mis mejores amigas.

No sabía cómo explicarle que no tenía que preocuparse por Quinn. Que no era la adecuada para cualquiera de nosotras. Que ambas estábamos en mejor situación manteniéndonos alejadas de ella. No me molestó en darle una conferencia acerca de eso, porque bien ¿qué iba a decir? Yo estaba teniendo problemas para escuchar las palabras para mí así que no debería irlas diciéndolas por ahí.

Esperé a Tina después de su clase de español.

—No necesitas tener celos de mí —susurré—. Soy un desastre.

Le expliqué que estaba tratando de que Lucy no me gustara, luego confesé que estaba planeando volver con Finn.

Ella sacudió la cabeza.

—No regreses con Finn —gruñó—. Ustedes solían ser una pareja linda, parece que tanto tú como él han seguido adelante, Rachel. —Cuando no dije nada, se mordió el labio, y luego continuó, vacilante—. Mira, ¿de acuerdo? Tú eres la que dice que Quinn está mal para ti, no quiero darte un mal consejo, pero si yo fuera tú, totalmente iría por Quinn Fabray.

Me mordí el interior de mi mejilla, aunque ya sabía eso. Me contó que ella había sido quien se había sentado en su regazo. Se detuvo, volviéndose un poco rosa mientras continuó con el resto de su historia.

—Esa noche en la fiesta Brittany, Quinn siguió hablando de ti —Estaba roja como un tomate—. Recuerdo que estaba borracha y me apartó de un tipo con el que me estaba besando, ella sonrió y gruñó: Esa es la pequeña amiga de Rachel Berry, déjala en paz. ¡La sexy y popular Quinn Fabray dijo eso! Y entonces me cuidó el resto de la noche hasta que llegaste.

Me mordí el interior de mi mejilla más duro, sin saber qué decir a eso. Me conmovieron las palabras de Quinn. Era dulce y me sentía tonta por dentro.

—Yo no sabía eso —logré soltar por fin.

Tina seguía estando roja. Rodó los ojos.

—Lo sé, yo estaba demasiado avergonzada y herida para decirles. ¡Fue muy embarazoso! —Bajó la mirada al suelo y luego a mis ojos—. ¡Esa noche fue tan humillante! No quiero hablar de eso, quería olvidar lo que sucedió. —me dio una sonrisa triste—. Bueno, será mejor ir a clase. Buena suerte con cualquier chico con el que vayas —añadió la última parte sobre su hombro mientras se alejaba y lo dijo como si estuviera todavía celosa de mí. Como si yo debería estar contenta por tener todos estos problemas de chicos, como si fuera una gran fiesta a la que ella deseaba poder ser invitada.

Tina no tenía ni idea, era mi buena amiga, por lo que sus palabras y melancolía conquistaron mi corazón.

— ¡Tina! —La perseguí y le di un abrazo.

En la clase de cocina hicimos galletas de calabaza con virutas de chocolate y terminé poniendo las mías en dos bolsas separadas, una bolsa para Finn otra para Quinn. Me había prometido a lo largo de la clase que les daría todas a Finn. Juré ser fuerte y dejar a Quinn para bien, pero entonces, a lo largo de la clase, me quedé pensando en el mensaje de texto de Quinn en la sala de estudio: No elimines la imagen, y su sonrisa adorable cuando susurró: Me gustas, Cielo

Purrr. Mi corazón se derritió en un charco.

Sin embargo, en el último momento, reconsideré y entregué a cada uno de los chicos una galleta menos, así podría llenar una bolsa para Tina porque ella estaba celosa por mi culpa. Entonces en el período entre quinta y sexta hora, estaba casi cerca al casillero de Lucy con unas galletas en la mano; cuando la vi de pie con Joe, ella me miraba con una sonrisa intrigada jugando con sus labios.

Me di la vuelta y me puse a caminar en la otra dirección, como si hubiera un mal entendido, como si fuera tonto que me dirigiera a su casillero con una galleta de calabaza para ella, quise aparentar que sólo estaba caminando sin rumbo por los pasillos de la escuela pero entonces escuché la llamada de la voz áspera de Quinn

— ¡Cielo! — Me detuve, congelada, no me di la vuelta, me quedé allí, inmóvil, conteniendo la respiración. Quinn caminó hacia mí, su sonrisa no está llena de intriga ahora estaba muy entretenida. Se apoyó en la fila más cercana de los casilleros.

— ¿Esa galleta es para mí?

— ¿Galleta? —susurré como ¿De qué estás hablando? —¿Por qué crees que siempre tengo una galleta para ti, tonta? — sonreí cuando lo dije, porque Lucy estaba sonriendo también y yo no podía evitarlo. Dejé escapar un suspiro de resignación —Sí, las galletas son para ti.

Se la entregué sintiéndome valiente, ella ya sabía que era una acosadora rara además de ser su fan ¿Por qué tratar de ocultarlo?

— ¿Es tonto que te de galletas? —Entonces, antes de que pudiera responder, añadí— Simplemente tengo un flechazo raro contigo.

Su sonrisa creció.

—Así, que las galletas significan que te gusto.

Asentí con la cabeza, incapaz de decir nada. Me acarició la barbilla, sin dejar de sonreír.

—Ya sabes, hay otras maneras para mostrarme que te gusto.

Me alejé de ella, nerviosa y desquiciada y fueron las peores palabras que se le pudieron haber ocurrido. Se rió un poco.

—Quiero decir, no quiero que corras lejos de mí—Sus labios temblaron. Eso sería un buen comienzo.

Miraba mis ojos, los suyos eran brillantes mientras estudiaba mi reacción, luego se inclinó cerca de mí otra vez.

—Un grupo de nosotros vamos a pasar el rato en la casa de Santana esta noche — suspiró—. Sus padres se han ido, se va a hacer una gran fiesta—levantó las cejas— ¿Quieres venir? —Mi corazón se hundió.

Negué con la cabeza. Hablar con ella era siempre un viaje en montaña rusa, haciéndome subir tan alto que prácticamente estaba volando y luego me estrellaba y me hacia regresar a la realidad. No podríamos salir, éramos demasiado diferentes. Ella era una chica de fiestas, una chica mala, yo quería un chico que me llevaría a citas y los bailes, las fiestas donde no se emborrachara y no se besaran en un coche. (He oído que siempre las fiestas de Santana pasaba eso. Las chicas de mi clase de pre—cálculo siempre estaban hablando de ello.) No sonaba muy divertido para mí. Ese tipo de cosas no era lo que yo quería. Era exactamente lo que yo no hacía.

—Voy a volver Finn —le balbuceé a Lucy.

Entonces corrí lejos de ella, en la multitud de estudiantes que se apresuran a llegar a sus clases. Por alguna estúpida razón, yo estaba casi llorando.