17
Voy a extrañarte Rachel
Durante la sexta hora recibí un mensaje de texto del mandón de mi amigo Kurt que era parte del comité que además odiaba cuando era el encargado. Por desgracia, él era como
mi jefe en el momento cuando estaba a la cabeza del comité de baile. Envió un mensaje: Hay que decorar el gimnasio después de la escuela para el baile del viernes. Esperen quedarse hasta las seis o más tarde. ¡Hay un montón de trabajo que hacer!
¡Ugh! Gemí, sabiendo que tenía que trabajar con él, luego sonreí, pensando en el baile al que yo podría ir con Finn. El pensamiento me alegró ya que últimamente había estado preocupada porque no podría ir al baile.
Traté de concentrarme en el baile y dejar de pensar en Lucy, pero no funcionó. No pude tenerla fuera de mi cabeza, recordaba a cada instante la forma en que me había mirado a los ojos cuando me susurró: Hay otras maneras para mostrarme que te gusto
¡Ugh! ¿Por qué la sexy Quinn Fabray era equivocada para mí? ¿Tenía que ser tan caliente? ¿Y tentadora? No era correcto estar enamorada de una chica mala. ¡Estúpida!
Había otras formas que pudiera demostrar que yo le gustaba también, digo, además de coquetear conmigo cuando me acerco dentro de su radar. Ese era el único momento en el que me daba un segundo de sus pensamientos, cuando estaba justo en frente de su cara.
Agitada, leí un texto de Finn de esta mañana una y otra vez para tratar de sacar los ojos avellana y labios rosados de Quinn fuera de mi cabeza.
Finn es el adecuado para mí, me dije. Él es lo que necesito para aliviar mi corazón, definitivamente deberíamos volver a estar juntos.
Mi corazón se agitó mientras esperaba fuera del gimnasio por Finn después de la escuela. Estaba sudorosa y temblorosa, quizá me estaba enfermando. Yo sabía que no era eso, sólo eran los nervios por verlo.
Me paseaba arriba y abajo, adelante y atrás, preguntándome cómo iba a ser. ¿Podríamos realmente volver a estar juntos? ¿Podrían las cosas realmente volver a ser como antes? Yo quería eso. Odiaba la manera en que habían sido las cosas en la montaña rusa de Quinn, quería detenerla ahora. Odiaba sentirme mareada todo el tiempo y estar llena de pensamientos extraños y anhelos estúpidos, un anhelo por una chica que nunca podría tener. Yo quería volver a sentirme tranquila y contenta con mi vida como solía sentirme con Finn. Sólo que no me sentía tranquila y contenta ahora, seguía esperando por ella. Era raro estar tan nerviosa por ver a Finn por alguien con quien yo había salido por más de dos años. Estaba demasiada exaltada, exaltada que cuando la puerta del gimnasio se abrió de golpe salte alerta, no fue Finn quien entraba por la puerta, había sido Quinn Fabray. Cuando me vio, giró para observar el gimnasio completo y percatarse de que no había nadie más.
—Cielo —susurró con una sonrisa de sorpresa, como que hubiera estado aquí esperándola, acosándola, luego se puso seria—Oye, tengo algo para ti.
— ¿Qué?
Me quedé congelada y sin aliento mientras ella abrió su mochila. ¿Lucy tenía algo para mí? La idea tenía mi corazón acelerado porque por lo general era al revés, siempre había sido al revés. Yo siempre tenía cosas para ella, siempre, siempre. Galletas, pasteles, poemas, ositos de goma pero nunca, nunca, nunca me ha dado nada o ha salido de su camino para hacerme saber que incluso pensaba en mí, sí, cuando estaba justo en frente de su cara.
¿Qué podía tener para mí? Sólo saber que ella tenía algo para mí me llenó de excitación. Traté de calmarme y ser razonable, diciéndome que probablemente sería algo tonto, algo de acuerdo con chicas Malas o un smoothie sobre mi cabeza por decirle que regresaría con su némesis Finn Hudson.
Mientras esperaba, curiosa y sonrojándome cada vez más, me armé de valor para ser decepcionada. Debido a que se trataba de Quinn Fabray, la porrista mala de la escuela. Ella ni siquiera tenía una novia, porque sólo le gustaba pasar el rato. No tenía citas, era cero romántica o era incapaz de hacer cualquier cosa dulce. Ella era todo lo contrario de Finn. Necesitaba recordar que quería un chico dulce y sensible que podía escribir canciones con él. Quería a Finn no a Lucy.
Mientras trataba de recordar todo esto, la vi hurgar en su mochila, vi caer su pelo rubio sobre sus hermosos ojos verdes mientras ella explicaba.
—Te iba a dar esto en un mejor momento, eso es lo que pensé cuando lo conseguí, que te lo daría en algún tipo de ocasión bonita pero supongo que eso ya no pasará— tenía su expresión de tristeza, quizá parecía un poco inquietada.
Por último, sacó lo que había estado buscando en su mochila. Parpadeé, inclinando la cabeza, era un libro, un magnífico libro de lujo y elegante.
Me lo ofreció, no lo tomé, no pude, no podía moverme. ¿Lucy me compró esto? Cuando me quedé allí mirándola fijamente, con el corazón a punto de estallar, sonrió.
—Esto…—balbuceó—. Es para ti.
Mi cerebro estaba en un sueño confuso, pero creo que tomé el libro. Debo haberlo hecho, estaba en mis manos. Contuve el aliento.
—Wow —murmuré.
Mi corazón saltó hasta mi garganta mientras hojeaba las páginas elegantes. Cada página estaba vacía.
—Es un diario —sonrió ella—. Lo vi y me hizo pensar en ti.
Tragué saliva, tenía lágrimas en mis ojos. ¿Este libro hermoso le hizo pensar en mí? Era tan dulce y conmovedor. Estaba segura que iba a empezar a llorar en cualquier momento, ella sí me conocía. ¡Lucy Quinn Fabray me conocía!
—Pero, ¿cómo? — pregunté sorprendida y asustada.
—En mi primer año —sonrió tímidamente como si le hubiera hecho la pregunta en voz alta—, estabas en el salón del Club Glee con el Sr. Shuster que también se usa como detención una hora antes que yo. Te sentabas en el mismo asiento que yo —Se detuvo un momento y pude sentir sus ojos en mí, pero yo no podía mirarla. En cambio, me quedé contemplando el diario hermoso, tratando de contener las lágrimas.
Por último, Quinn continuó.
—Un día dejaste un cuaderno sobre el escritorio. Estaba lleno de cosas… música… poemas y pensamientos. Era un diario —suspiró.
Mi corazón se detuvo. El calor se precipitó a través de mi cuerpo.
—Entonces sí lo leíste —susurré con temor—. ¿Cómo lo dijo Barbra?
—Sí —vaciló—. No sabía qué otra cosa hacer con él. No parecía como si pudiera dejarlo ahí, tenía cosas personales en él.
Sí, no es broma, pensé, encogiéndome pero no lo dije en voz alta, yo no podía decir nada porque estaba a punto de llorar.
Soltó una risa suave, era un sonido musical para mis oídos.
—No podía dártelo —murmuró—. Había intentado un par de veces, pero cada vez que me veías venir hacia ti corrías en sentido contrario. Entonces lo llevé hasta tu casa, y Barbra me atendió.
Mis mejillas ardían sobre todo porque yo sabía que era verdad. Ella solía asustarme inclusive en la secundaria cuando estuve enamorada y aun así, tenía miedo de Lucy. Incluso antes de que ella se convirtiera en la maldita y zorra capitana de porristas, el del los pasillos del McKinley. Debido a que en la secundaria había sido conocida como una creadora de problemas y los creadores de problemas me asustaban.
—De todos modos —se encogió de hombros—, como no es gran cosa, en fin yo te lo llevé hasta tu casa.
Lancé mis ojos hacia ella, luego de vuelta al libro.
— ¿Lo has leído completo?
Quinn vaciló.
—Sí… Un poco tratando de averiguar lo que era — tomó suavemente mi barbilla en sus manos, haciéndome mirarla a sus ojos verdes y seductores. Por una vez no eran burlones, eran totalmente serios—. Y me gustó lo que leía.
Tragué saliva y me aleje de ella. No por la ira, sólo porque tenía que limpiarme los ojos y tratar de recuperar el aliento. Me apoyé en la pared detrás de mí, mis rodillas se hacían débiles por sus palabras y la forma en que las dijo honesta y sincera. Me tenía lista para fundirme en un charco. Mi corazón era un charco lleno de emociones.
Oh, esto es malo, pensé con alarma. Esto es muy, muy malo.
Con todas mis fuerzas, traté de concentrarme en mi decisión, recordarla. Quinn era una chica mala, incorrecta para mí. Lo intenté, intenté, intenté recordarme que quería a Finn , al Finn dulce que podía escribir canciones y con el que podía ir a bailes, no a Quinn a quien le gustaba pasar el rato y meterse con los corazones de niñas, llevar a ellas en un frenesí sólo por diversión.
Rachel, se fuerte, me dije. Se fuerte, se fuerte, se fuerte.
Sólo que ella siguió hablando, con los ojos fijamente en mí.
—Pero te noté antes de eso —murmuró—. En la secundaria tú solías estar en la biblioteca de la escuela después de clases y yo estuve ahí todos los días. —Ella soltó una risa suave—. Ahí es donde detención estaba antes. De todos modos, te mirabas seria, garabateando en ese cuaderno y me preguntaba, ¿Qué podría estar escribiendo? A veces te veía tan intensa, y otras veces feliz pero siempre estabas tan metida en ello, era como si estuvieras en tu propio mundo sin nadie más alrededor. —Sus labios se curvaron. Era linda.
Miré hacia ella completamente asombrada acerca de la observación que había hecho, tenía mi corazón palpitante. Pero lo que me tenía el corazón bombeando y sorprendido fue que la sexy Quinn Fabray realmente me conocía, ella lo hacía, ella me entendía totalmente.
El pensamiento me tenía en un sueño vertiginoso.
Me aferré a la pared detrás de mí para ayudarme y parpadeando tratando de sacudir lejos la neblina descabellada, nublando mi mente y centrarme en algo que no fuera: ¡Wow!
Sobre todo, quisiera dar las gracias a Quinn por este hermoso regalo. Era tan dulce. Quería darle las gracias de una forma increíblemente, pero mirarla y mirar sus ojos seductores y largas pestañas hizo que mi cerebro se derritiera.
Así que en vez de eso, nos quedamos mirando fijamente la una a la otra en silencio, nuestros corazones corriendo, el mío lo estaba, estaba volando. Entonces, Finn llegó corriendo atreves de la puerta del gimnasio, me regresó de vuelta al mundo real que constaba más que de hermosos ojos verdes y cálidos labios.
La mirada de Finn se desvió a Quinn, mirando inquisitiva e infeliz, y luego se lanzó hacia mí.
—Lo siento, llego tarde —gruñó—. ¿Podemos ir a hablar a solas? ¿En mi casillero?
Asentí con la cabeza sin poder decir nada, y lo seguí hacia el otro lado del campus. Bueno, mi cuerpo lo siguió. No estoy muy segura de lo que mi corazón lo hiciera, creo que podría haberse quedado con Lucy.
Podía sentir los ojos de Quinn en mí mientras me alejaba. No me atrevía a voltearme y mirar porque no, incluso después de toda esa deliciosa, deliciosa dulzura, sabía que nunca podría tener nada con ella, no algo real. Yo era una niña buena y no buscaba ser mala. Esa no era yo. Así que no, no podía salir con la superheroína mala de la historia aunque soñara con ella todos los días de mi vida.
Seguí a Finn a su casillero y lo vio poner sus libros en el interior y luego lo cerró de golpe.
—Oí que Fabray tomó una foto de tuya durante el salón de estudio —gritó Finn, volteándose hacia mí. Él hizo una mueca—. Odio a esa chica— Luego continuó— No me gusta ella, Rachel y no me gusta cómo la mirabas ahora.
— ¿Qué? —Sonreí—. ¿Al igual de tu forma de ver a Kitty Wilde?
Finn agachó la cabeza.
—Vamos a no pelear —dijo en voz baja—. Yo estaba tan contento de que finalmente me regresaras el mensaje. Te extraño mucho, Rachel y me duele.
Tragué saliva, sabiendo exactamente cómo se sentía. Yo también lo extrañaba y mucho.
Hablamos un largo rato, fue una buena conversación, un alivio para mi corazón. Yo trataba de concentrarme en lo que él estaba diciendo pero los ojos, los labios y las palabras de Quinn me mantuvieron dando vueltas en mi cabeza, jugando con mis pensamientos mientras yo trataba de centrarme en Finn y el nosotros volviendo a estar juntos. Las palabras de Lucy, bailaban en mi cerebro: No borres la imagen Cielo, Me gustas, Cielo. No huyas de mí Hay otras maneras para mostrarme que te gusto.
Su manera de decirlo sólo seguía y seguía en mi cerebro, me perseguía, me hacía marearme e incapaz de concentrarme en Finn ni nada de lo que estuviera diciendo.
—Bésame, Finn —susurré finalmente, interrumpiendo lo que estaba diciendo.
Ella sonrió, inclinando la cabeza.
— ¿Qué?
—Dame un beso.
Su sonrisa creció, mostrando sus hoyuelos que me hacían cosquillas por dentro.
—Bien.
Puso sus brazos alrededor de mi cintura tal como lo había hecho cientos de veces, sólo que ahora se sentía diferente a lo que se habían sentido en meses, ahora era distinto después de que había visto hacerlo con Kitty. Y me dolió mucho, me había herido verlo y me hizo desear volver atrás y poder sentir sus brazos alrededor de mí otra vez. Por lo tanto, era agradable estar por fin en sus brazos después de tanto sufrimiento. Bonito, cómodo y adecuado.
—Bésame —susurre de nuevo.
—Lo voy a hacer —me musitó a su vez con una risa ronca, sus labios ya apretados contra los míos. Y entonces él me besaba de verdad era cálido y agradable. Pero eso era todo lo que era, agradable.
Apreté mis labios, alejándome de él, frustrada.
— ¿Cuál es el problema? —preguntó, luciendo confundido, luego preocupado—. Estas pálida. ¿Estás bien?
Sí, yo estaba bien. Ese era el problema, los besos de Finn me hicieron sentir bien, no como si mis rodillas fueran a aflojarse o que mi corazón fuera a explotar, ellos sólo me hicieron sentir confortable y ya. Lo que yo siempre había pensado que era una buena cosa, yo creía que eso es lo que yo quería, desde que Finn y yo nos separamos, se había convertido en mi objetivo, en lo que yo estaba buscando para sentirme bien y yo podría vivir con ello, por supuesto. Hacía sentirme bien acerca de un beso, sólo que, ahora que lo había hecho, no me sentía exactamente como pensaba y esperaba, no era tan malo como tratar de gustarle a Mike, pero estuvo cerca. De repente, parecía estar muy cercano, patéticamente cerca el recuerdo de Lucy, por qué tenía que ser tan estúpido, ese encuentro hermoso, fantástico, con momentos únicos con Lucy Quinn Fabray.
¡Ugh! No, de ninguna manera, yo no quería pasar el resto del año escolar, suspirando por una chica que estaba mal para mí.
—Bésame otra vez. —Sorprendí a Finn, y tiré de él hacia mí por el cuello, desesperada por algo que me sorprenda en esta ocasión.
Finn ladeó la cabeza mirando desconcertado, pero de buena gana acercó sus labios a los míos y me besó de nuevo y de nuevo, estaba muy bien, dulce y cómodo pero sin ningún hormigueo o algo especial, no había ningún tipo de chispas.
Sintiendo un nudo en el estómago, me acordé de algo que no habíamos pensado desde que rompimos, las razones por las que nos separamos. Yo no me había sentido feliz o tranquila con Finn, nuestra relación había empezado a hacerme sentir agitada y angustiada todo el tiempo, me hizo sentir triste y Finn Hudson me había hecho sentir de esa manera, había actuado como si Kitty estuviera dentro y eso me hizo perder cualquier chispa que tenía hacia él. Todo este tiempo le había echado la culpa al beso de Quinn, pero eso fue una estupidez. Debería haberlo atribuido a las acciones Finn.
Tomé una respiración profunda y entrecortada.
—Te he echado de menos, Finn—Me alejé de él— Eres uno de mis mejores amigos— Su sonrisa vaciló.
— ¿Amigos? ¿Estás diciendo que sólo quieres que seamos amigos?
Tragué saliva y asentí sin poder hablar.
—No puedo creerte, Rachel —gruñó con incredulidad, entonces sonó enojado y amenazante—. Voy a pedirle a Kitty que vayamos al baile como una pareja oficial como ella quiere.
Asentí con la cabeza.
—Lo sé, Finn. Lo sé. —Una lágrima se deslizó por mi mejilla, no me molesté en limpiarla, en cambio, me ahogaron, me iba a lastimar al ver eso.
Más lágrimas comenzaron a caer, más y más. Las limpié con la manga de mi suéter, pero seguían. Yo no quería perder a Finn, lo adoraba pero en estos días, simplemente me di cuenta que sólo era como un amigo, me doy cuenta de eso ahora, pero no hacía que duela menos. Me iba a matar a verlo con Kitty Wilde. Lo sabía pero también sabía que nunca estaríamos bien juntos, nunca más seríamos felices, habíamos terminado y habíamos perdido las chispas.
Finn se quedó allí, mirándome en silencio llorar, mirándome desgarrado, pero compasivo.
—Caray, Rachel—murmuró.
No parecía enojado, sonaba resignado, me vio llorar un momento probablemente pensando que no era mi novio ya y no me debía consolar, pero luego, de repente, él estaba a mi lado y puso sus brazos alrededor de mí, sosteniéndome apretada en su abrazo familiar, susurrando en mi oído.
—Voy a extrañarte, Rachel.
