Epílogo (Parte 1)

Me encantaría decirles que Quinn y yo fuimos al baile y que había sido maravilloso y todos mis sueños se hicieron realidad, pero no puedo porque eso no sucedió. Nosotras ni siquiera fuimos al baile. Me vestí y la espere y espere y espere pero nunca apareció.

Dos horas después de que ella iba a venir a mi casa a tirarse a mis pies, el teléfono empezó a sonar. Seguía sonando y sonando, pero no conteste. Yo estaba acurrucada como una bola en el piso de mi dormitorio, todavía tenía mi hermoso vestido que había comprado especialmente para el baile.

No contesté el teléfono porque estaba llorando y no quería que quien estuviera en la línea escuchara mi llanto. Sabía que era Kurt o Tina llamando para ver dónde estaba o quizá era Quinn llamando con una excusa poco convincente por qué decidió no recogerme o tal vez sería ella riendo, y diciendo: ¿De verdad caíste en eso? ¿Realmente pensaste que iría a un baile de la escuela y contigo, una chica rara y nerd?

Ella era Mala Y ¡Malvada! Yo la odiaba.

Tres horas más tarde, finalmente me arrastre fuera del suelo para comprobar todos los mensajes telefónicos, leí a través de la lista de números, viendo un montón de las llamadas que eran de Kurt y Tina pero había otro número que me apareció demasiado. Finalmente, tomé una respiración profunda y escuché los mensajes.

El número desconocido no era de Quinn, era de su mamá. Ella llamó para decir mi Lucy estaba en el hospital, que había sido llevada allí y que tuvo una cirugía de emergencia.

Era su apéndice —dijo con un temblor en la voz. Dejé escapar el aliento mientras ella continuaba—. Quinn siguió insistiendo que te llame. —Ella le dio una pausa significativa—. Quería que te dijera que lo sentía. —Ella había llamado un par de veces después de eso, pero no dejo un mensaje, sin embargo, en su última llamada lo hizo. Ella dijo que Quinn estaba en la habitación 203 en el hospital, luego añadió con franqueza—: Mi hija quiere verte, Rachel. Yo no sé quién eres, pero pareces importante para ella. ¿Ella iría a un baile de la escuela contigo? —Lo dijo como que casi no lo podía creer. Las horas de visita acabaron, pero por favor, ven a verla a primera hora de la mañana.

¡Quinn no me plantó! Me fui a dormir en una nube de felicidad. ¡No me plantó! ¡No me plantó! Antes había hecho un poco de baile alrededor de mi habitación y cantar en voz alta. ¡No me plantó!

Más tarde, en mi cama, no pude dormir. Estaba tan fuera de control. Tan feliz y emocionada como la tarde cuando Quinn me besó por primera vez, pero entonces, prácticamente muerta de angustia cuando no se presentó.

Daba vueltas en la cama, no pude entender como no había tratando de salir con Quinn. Me gustaba demasiado y mis sentimientos hacia ella eran demasiado intensos. Mis sentimientos por Finn nunca eran como estos, tan extremos. Ellos estaban muy bien, sólidos y seguros, sólo habían sido cómodos.

—Sí, como un viejo par de tenis —suspiró Kurt cuando lo llamé a la mañana siguiente, para explicarle por qué no me presenté al baile, por qué no fui al hospital esta mañana para ver a Quinn. Él suspiró—. ¿Quinn Fabray está realmente en el hospital?

—Supongo que sí.

Kurt sonaba incrédulo.

— ¿En serio no vas a ir a verla?

—No —suspiré con exasperación—. Eso es lo que he estado tratando de decirte, yo no creo que deba ir a verla. Creo que debería mantenerse alejada de ella, tratar de olvidarla, me gusta demasiado.

Podía escuchar a Kurt rodando los ojos.

— ¡Estás tan llena de excusas, Rachel Berry! En primer lugar que no le gustas lo suficiente y que es una chica mala y no es tu tipo, bla, bla, bla… ahora resulta que es demasiado perfecta y maravillosa para ti.

Lo hizo sonar como si estuviera loca, pero no era así. Quinn era demasiado buena para mí. Tocaba la guitarra y yo quería aprender a tocarla, y escribía canciones y me

encantaba escribir canciones, y podía besar súper bien y de repente me encontraba queriendo besarla. Era demasiado perfecta, demasiado excitante, demasiado perfecta para mí. No podía soportarlo. Necesitaba vainilla no galletas de chocolate con gomitas de colores o un pastel con tenedor incluido.

—No, soy seria —insistí—. Es probablemente mejor que no saliéramos anoche. Estaba tan entusiasmada con el baile, también entusiasmada de ir con ella, y luego, cuando no se presentó casi me muero de la decepción, lo digo en serio, ¡Kurt, estuve acurrucada como una bola durante horas en el suelo!

—Así que estabas emocionada— Kurt sonaba emocionado— Es bueno tener un poco de emoción en tu vida, Rachel.

Un poco de emoción tal vez pero yo estaba más que emocionada. Recogí a mi gato, Sheila, en mis brazos.

—Así que me alegro de no haber salido anoche habría sido una tonta enamorada. Además —continué sin darle importancia—, si Lucy y yo nos convertimos en una pareja o algo así la mataría Finn.

Kurt resopló.

—Creo que sobrevivirá— suspiró —Yo no iba a decir esto, pero vi a Finn ayer en el baile… Agárrate… estaba con una chica, Kitty Wilde. Recuerdas, ¿su novia?

Sheila saltó de mis brazos y me arrojé al otro lado de mi cama, con una sonrisa ligeramente por el sarcasmo de Kurt. Yo sabía que él estaba en lo correcto, Finn no era mi novio, no tenía que preocuparme por sus sentimientos o si aprobaba mis citas con Quinn. ¡Demonios! No estaba de acuerdo con él saliendo con Kitty, pero eso no le parecía importar.

Kurt suspiró.

—Mira, Finn siguió adelante con su vida. ¿Por qué no sigues con la tuya?

Cuando llegué a la habitación del hospital Quinn se veía tan feliz de verme, me sentí como un idiota por no haber venido antes… una estúpida idiota y todas las cosas malas que pudieran ocurrirse por lo mala que estaba siendo.

Su cálida sonrisa tenía mi corazón a punto de salirse. Sólo por hacer algo, para no quedarme mirándola boquiabierta como quería, anuncié alegre y emocionada:

—Te he traído sopa de pollo. —Alcé el frasco—. Kurt y yo la hicimos para ti. —Me apoyé en el marco de la puerta, sintiéndome incómoda. No pude decidirme a entrar de

lleno en la habitación. No estaba segura de por qué me daba pena entrar. —Mi papá Leroy siempre me hace sopa cuando estoy enferma, me ayuda a sentirme mejor.

Quinn levantó las cejas.

—Esta sopa esta ayudándome a sentirme mejor.

Le di una risa nerviosa.

—No la has probado todavía.

—No, pero me hiciste sopa —sonrió—. Y has venido a verme, verte, Cielo me hace sentir mejor.

Aww. Eso hizo que mi corazón aleteara de nuevo.

—Te traje un cactus, también. —Levanté la pequeña planta.

Los labios Quinn se curvaron.

—Ya lo veo.

—Voy a ponerlo aquí en la ventana —susurré, por fin entrando completamente en la habitación—. Tiene este brote pequeño, que se va a florecer en la mañana. Mañana, cuando despiertes, será una flor.

—Gracias, mi pequeña princesa Berry— Me miró fijamente, con sus bellos ojos verdes brillantes.

Me mordí el interior de mi mejilla, preguntándome qué hice para merecer la forma en que me miraba.

—Lo siento que no haya venido antes. Yo iba a venir pero...

—Hey —interrumpió mi pobre intento de una disculpa—. Ven aquí. —Me tendió la mano—. Siéntate conmigo.

Poco a poco, tímidamente, hice lo que me pidió, ya que era exactamente lo que quería.

Finalmente lo estaba haciendo, probando un nuevo sabor, chocolate con ositos de miles de sabores. Me daba un poco de miedo, pero al ver sonreír a Lucy, dulcemente y recordarme su beso apasionado, de repente, sabía que el riesgo valió la pena. Que a quien realmente mi corazón siempre había elegido, era el de mi hermosa y adorable Lucy Quinn Fabray.