Epílogo (Parte 2)
—Judy, por alguna vez en tu miserable vida ¿Podrías marcarle a Rachel y decirle que estoy en este jodido hospital? —le grité a la mujer —que se atrevía llamarse madre— mientras los paramédicos me trasladaban de urgencia a la sala de operaciones.
Saber que la chica que más amaba estaría sentada esperando a que yo llegara me destrozaba el corazón de tantas maneras posibles.
Horas antes...
Todo el mundo iba al baile de promoción Santana con Brittany, Kurt con Blame y Finn con Kitty. Y Rachel Berry era la única que no iba a ir al baile, y era la única a la que aún le gustaban los bailes escolares. Después de todo, estaba en el comité de baile como en otros tantos que estaban en su curriculum para ir a NYADA.
Después de la escuela, me quedé a organizar un poco la situación , ya que antes me gustaba ser parte de él, y ahora después de 2 años de no haberlo ganado, estaba harta de participar, en estos momentos sólo había una razón para apoya a la causa, y sí era Rachel Berry.
Llegué al auditorio y me encontré con ella solitaria sin nadie que le ayudase y lo cierto es que era genial para mí y mi perversa mente maestra.
— ¿Necesitas ayuda?
Se movió al escucharme, entonces casi se cayó de la escalera. Estaba de pie en la puerta del gimnasio, mirándola.
—Um, sí —se las arregló para sacar fuerzas—. Me vendría bien algo de ayuda. Por supuesto.
Me acerqué a agarrar la escalera que había estado usando. Y al darme cuenta que la inocente Rachel Berry era mucho más pequeña y que jamás llegaría para poder colocar el anuncio del baile, opté por hacerlo yo misma, y así obtendría más puntos a mi favor, así que subí hasta el final sin darme cuenta que no existía ninguna manta.
Sólo en ese momento Kurt entró en el gimnasio llevando una pila de cintas y un gran letrero que decía: "Dinosaurus… My World". Y por los errores de gramática obviamente era organizado por la dulce y tierna Brittany .
— ¡Estoy asombrado! — miraba alrededor del gimnasio, con una expresión totalmente satisfecha—. Wow, has hecho un montón mientras yo no estaba.
—Quinn ayudó —dijo, sin ser verdad nada de lo que había dicho. Simplemente me había subido a esa estúpida escalera.
Kurt puso su brazada de serpentinas abajo la mesa de los refrescos, con un nuevo interés.
—Todo se ve realmente genial —ronroneó él—. ¿Podrías poner este cartel para mí?
Mi mandíbula se estremeció ligeramente.
—No, lo siento… Me tengo que ir.
—Oh, está bien. —dijo él divertido observando a Rachel.
—Por lo tanto, hay que terminar con las serpentinas y luego colgar este cartel justo sobre la puerta, y creo que terminamos.
Kurt inmediatamente salió, diciendo que tenía que revisar algo. Una vez que él se había ido, volví hacia Rachel.
— ¿Quieres que ponga ese cartel?
—Pensé que tenías que irte.
Yo sonreí por su linda cara confusa que había puesto.
—Yo no quería ayudarlo, solo estoy aquí por ti estrella.
— ¿Pero tú me ayudarías a mí?
Estaba de espaldas a ella, subiendo la escalera con el cartel en la mano.
—Claro.
— ¿Por qué te gusto?
Me volví hacia ella y me sonreí.
—Bueno, yo no te odio… Por supuesto que me gustas, Cielo, es por eso que estoy aquí pero pareces no notarlo.
— ¿Me ayudas por qué… te gusto? Quiero decir, ¿La genial capitana de porristas se ha fijado en mí? ¿Y quieres salir a otro lado que no sea una clase del Club Glee o al río?
—Pregúntame a otro lugar —le susurré. Cuando acabé de colgar el letrero me acerqué a ella apoyándola contra la pared. Comencé a jugar con uno de sus cabellos dedicándole una sonrisa estilo Fabray.
—Estoy realmente enamorada de ti, Cielo, no sabes cuánto te quiero.
Oh, mi corazón no podría soportarlo, no podía, le había dicho por primera vez a la irritante, diva Rachel Berry que la quería. Mi corazón latía tan rápido que estaba seguro de que iba a explotar. Y más si me observaba con una mirada tan tierna y tímida que en cualquier momento la tomaría entre mis brazos y la besaría.
—Yo también estoy loca y perdidamente enamorada de ti, Lucy Quinn Fabray.
—Lo sé —tiré juguetonamente un mechón de su cabello. —Me lo insinuaste antes, sabes.
—Estoy escribiendo una canción sobre ello —dijo, su cara cerca de la mía—. Una canción sobre ti.
— ¿Escribes canciones?
—Sí, escribo todas las canciones del Club Glee. ¿Esa canción que hicimos en el show de los policías para el señor Figgins? Yo la escribí—sonrío muy segura de sí, con esa sonrisa que podía matarme en cualquier segundo.
¡Purrr! Bien, ahora yo quería saltar sobre ella. Estúpida y sensual Rachel Berry.
Mi estómago se anudó un poco, en realidad, se anudó mucho. La vida era cruel por lo tan injusta que había sido conmigo. ¿Por qué tenía que ser tan irritante a veces? ¿Por qué tenía que ser la chica gleek? ¿Por qué una chica tan caliente, talentosa, bonita tenía que venir a mí alrededor tentándome así? Ahora iba a soñar con ella para siempre.
—Por lo tanto, esta decoración que hicimos. Son para un baile, ¿verdad? Entonces, Cielo —dije— Si no vas conmigo a una fiesta. ¿Quieres que me una al Club Glee que tanto amas? o en todo caso ¿Quieres ir conmigo al baile?
— ¿Vas a venir al baile?
—Sí, si tú quieres venir conmigo… obviamente.
Mi corazón latía con tanta fuerza que estaba segura de que ella lo podía oír. Este momento no parecía ser real. ¿Lucy Quinn Fabray se ofrece a llevarla al baile? ¿La sexy capitana de porristas?
— ¿Así que sí vas a ir conmigo?... ¿Al baile?
Asentía con la cabeza, demasiado asombrada para hablar.
Estaba a punto de cambiarme para ir a ese horrible baile que ella no quería perderse, es lo que Rachel quería más en el mundo, pero bueno, yo no. Estaba harta de no ganar año tras año a pesar de ser la más popular. Sin embargo, pasó algo inesperado, mi apéndice arruinó mi mejor noche, nuestra noche y lo que más me dolía es que estaba a punto de decepcionarla. Mis acciones no habían sido las más atentas durante todo este tiempo, así que no sabía cómo reaccionaría ante esto.
Iniciar con una parte del final es algo muy absurdo en esta cuestión, pero debían de conocer el porqué un simple baile de promoción cambiaba las cosas entre mi estrella y yo. Bien… La historia continua así. Y sí, este es el inicio de los inicios como decía el cartel de Britt, "Dinosaurus… My World". , y lo digo así, porque las historias se deben a un pasado del cual en algún momento te puedes equivocar, por ejemplo una de las fases que lo ejemplifican con seguridad es… "La historia existe para que el hombre aprenda del pasado y no cometa de nuevo los mismos errores"… Y yo a lo largo de mi vida los he cometido y no los he solucionado. Ella está aquí y de eso estoy segura. Sabía que no me abandonaría nunca, porque lo que ella sentía por mí... es amor. Ese amor que desborda sensaciones más allá que cualquier otra cosa. Verla sonreír es lo más hermoso que cualquier otra persona se pudiera imaginar, vaya, no sólo su sonrisa me había sacado de mi abismo, sino que cada una de sus acciones me hacían sentir más viva.
Luego de este efímero recorrido de cómo había conocido a Rachel y de mis grandes deseos de que ella se fijase en mí. Logré que se encontrase a mi lado. Me armé de valor y me decidí a ponerme en su camino cada vez que fuera posible. Al final, ella me había elegido a mí. Quinn "La más maldita capitana de las porristas" Fabray.
Después de haber estado un mes en el hospital y el primer día en el que mis 3 minutos en el cielo... Mi Rachel Berry me había dicho que sí me quería. Ambas estábamos decididas a ir a la misma universidad, no sabíamos exactamente cuál, quizá sería NYADA, Los Ángeles UCLA o Yale University.
Sólo por ella quería dejar atrás mis sueños. Ahora mi sueño era ella, Rachel Berry.
Cuándo su mejor amigo gay, Kurt Hummel, se enteró de que ambas comenzaríamos una nueva aventura como pareja, se emocionó tanto, y fue algo inexplicable, estaba feliz de que saliera con su nuevo helado de chocolate con ositos multicolores —que era así como me decía Rachel. Lo sé es muy larga esa frase, así que en ocasiones lo reducía simplemente a mi sabor preferido y extravagante, aunque igualmente largo — Estaba orgulloso de ella, de que por fin probará con más cosas.
—¡Rachel no puedo creerlo! No puedo creer que estés saliendo con Quinn... Ah se ven tan hermosísimas juntas. Son la pareja perfecta todo el McKinley —dijo el castaño luego de tomarnos entre sus brazos y darnos un beso a ambas en las mejillas.
Kurt Hummel es un poco irritante. Es él típico amigo gay sobreprotector, pero igualmente una grandiosa persona. Único en su clase.
—No digas eso Kurt. Me pone algo extraña. Ni que la superheroína y capitana de las porristas esté saliendo conmigo, ok sí... Sí estoy saliendo con ella.
Mi chica morena se aproximó a mí y besó mis labios lentamente. Ella es tan especial con cualquier palabra que saliera por sus hermosos labios. Si se tratara de manifestar cualquier cumplido ella ganaría siempre.
—Eso me pone extrañamente rara chicos, creo que tanta dulzura será mi fin —la acerqué más a mis brazos, escondiendo mi nariz en su cabello y extasiándome de su cautivante olor.
—Chicas quiero informarles que ambas son igualmente de raras, a su manera, pero raras—Kurt negó con la cabeza entretenido —. Y eso las hace especiales.
Kurt tenía razón, Rachel y yo nos habíamos conocido siendo extrañas, y es lo que especulaban la mayoría de las personas de la escuela. ¿Cómo era posible que la rubia capitana de las porristas pudiera salir con la chica judía más nerd e irritante de la preparatoria?
Eso es una incógnita que ni ella ni yo podríamos entender, simplemente nos habíamos enamorado desde el primer día que nos vimos. Había sido amor a primera vista, por eso yo no sabía si esto duraría lo suficiente o simplemente sería algo pasajero. De lo que yo sí estaba completamente segura es que quería que durara eternamente.
—Quinn, crees que estamos haciendo bien saliendo juntas, digo, es algo extraño ¿no crees? —Rachel se soltó de mi amarre, susurrando sus palabras en mi oído.
—Claro que sí, Rach. Lo que importa es lo que ambas sentimos, no lo que las demás personas piensen, en especial lo que piense Finn. Que creo que sigue encaprichado contigo.
Mi mayor temor era perderla por lo que me orillaba a una terrible inseguridad. No podría creer que siendo la chica más popular y deseada por todos me sintiera tan insegura. Yo era Quinn Fabray, la capitana de las porristas y la más sexy en la lista de todas las chicas del McKinley. Aun no podía aceptar que ella me eligiera a mí a pesar de mis miedos y mi poca experiencia con el amor. Tan solo imaginármela con alguien más revolvía mi estómago y mis dudas sobre el amor de ella me hacían demasiado inestable. Finn a mi lado merecía ser su príncipe azul y yo la bruja de la historia. No sabía si sería la adecuada para alguien tan asombrosa y talentosa.
—Eso es una total y mentirosa farsa. No te das cuenta que él está feliz con Kitty. A veces creo que te imaginas más cosas de lo que realmente está pasando —exclamó fastidia golpeándome el hombro —. ¡Por qué eres tan insegura Fabray!
—No lo sé. No comprendes que tengo miedo de perderte, que te quiero más que a cualquier cosa, más que a ganar el baile y la corona, y no podría soportar que te alejaras de mí ni un solo segundo —incliné un poco la cabeza y besé su frente.
—Ya lo sé Quinn es sólo que... —murmuró un poco indecisa por su respuesta, mordiendo su labio inferior y estrujando el dobladillo de su suéter con renos navideños.
—Rachel, linda, ¿Qué puedo hacer para demostrarte que lo único que quiero es que estés a mi lado para siempre? —me hinqué a sus pies, y sujeté su mano besando sus nudillos.
—Yo también te quiero Quinn, y quiero estar a tu lado el tiempo que sea necesario, pero no quiero que estés celosa por algo que no está sucediendo. Simplemente no te hace suficientemente feliz que esté ahora mismo contigo —me observó con sus centellantes ojos marrones y pestañas largas —. Esa es la mejor forma de demostrar que quiero estar sólo contigo y nadie más.
—Me lo podrías demostrar de otra manera, cielo, pero no quieres —giñé mi ojo de una forma seductora intentado disminuir su enojo —. Vamos Rachel, no te enojes nena.
—Tú sólo piensas en eso —aventó mi mano aburrida —. Eres tan inestable —gruñó enojada y caminó alejándose dejándome hincada.
Me hizo seguirla como un triste perro en busca de atención. Y no es que fuera malo o me molestara, haría cualquier cosa por ella, viajaría al final del mundo si fuese necesario.
—Nunca dije realmente qué quería —la interrumpí antes de que pudiera terminar con su frase, nuevamente aprisionándola entre mis brazos —. Vamos cielo, no quiero pelear.
—¿Dime qué quieres entonces? —alzó su ceja divertida.
—Un simple y espontáneo beso. Sólo quiero eso de ti... Por ahora.
—¿Seguro que sólo quieres eso? —parpadeó tímida, y eso me hizo jadear por un instante —. Quizá después puedan pasar más cosas mi Lucy pervertida.
Cuando estuvimos frente una de la otra con nuestras frentes unidas y a punto de darnos nuestro beso, aparecieron las personas que últimamente nos complicaban más la vida.
—Nuestra Quinny hasta parece linda y buen novia ¿Quién lo diría? —Santana apareció dándome un golpe en la espalda. Es la más inoportuna de todas las personas que había en este mundo —. Ves, mis consejos hacen maravillas. Ya tienes a tus pies a la enana irritante de Berry.
—Sí, Rachel ¿qué le has hecho a nuestra pequeña salvaje cavernícola? Hasta parece evolucionada —Britt en ocasiones es la pareja ideal para acompañar las acciones inadecuadas de la latina —. No puedo creer que una linda chica como tú, Rachel, salga con ella.
—Nada chicas, sólo le di lo que nadie le ha dado... Amor, amor, amor... Simple —respondió mientras mis labios acariciaron su frente —. Mi chica es una lista de grandiosas cosas.
—Mi novia tiene razón. Si ustedes me hubieran dado amor no las estaría cambiando, mejor dicho sí... Ustedes son las cosas más grotescas que hay en este mundo —vislumbré su bella sonrisa luego que dije mis palabras
—Pues eso no es lo que piensa tu amigo Sam, Rachel. Ese chico sí que es perfecto — Britt también estaba rotundamente enamorada de Sam y eso todas lo sabíamos aunque ella lo ocultara. Muy dentro de mí sabía que Santana sufría internamente por ello, ella amaba a Britt y no se atrevía a contarserlo—. Tu amigo rubio es muy sexy.
—Me estoy perdiendo de algo o qué sucede —Rachel puso cara de sorpresa. Ni siquiera ella sabía que es lo que estaba aconteciendo entre ellos dos —. ¿Sucedió después de esa fiesta?
—Quizá sí o quizá no. Es la duda con la que te quedarás durante un buen rato, mi linda compañera Rachel.
—Ya hablaré con él, Britt —rezongó entretenida—. Pero sería genial que salieras con él, igual que yo está a punto de podrirse por dentro por no tener una relación seria... Bueno, estaba a punto mi amor —ronroneó poniéndose de puntitas y besó mi nariz —. No es que esté sucediendo y quisiera que sucediera.
Me atrajo más a sus brazos escondiendo su cabeza en mi pecho y sentí como acariciaba mi espalda suavemente.
—Conste, porque no te podrás deshacer tan fácil de mí, cielo. Y tú López ¿No tienes una pretendiente o quieres unirte al club de los que se pudre por no tener relaciones? —siseé divertida.
—¡Cállate Fabray! Estoy en la búsqueda pero aún no encuentro una RuPaul como la tuya —negó triste —. ¿Berry no tienes una amiga perfecta como tú, ya sabes que me quite lo irritante como a Quinn?
—Lo siento San. Tengo una amiga pero está saliendo con un chico ¿lo recuerdas amor? Es Mike —acarició mi rostro con sus delicadas manos, aumentando el ritmo de mi corazón, ¿cómo era posible que con su simple roce logre esto? —. El chico con él que salí para producirte celos.
—¡Claro que lo recuerdo! Es el chico bailarín del Club Glee. Antes quería salir contigo ¿no? —dejé escapar el aliento —. Quería lanzarle un smoothie siempre que estaba cerca de ti. Lo salvó la campana ahora que sale con Tina.
—Sí, te estás poniendo al corriente con mis relaciones sociales —puso los ojos en blanco —. Creo que no puedes sorprenderme más de lo que ya lo haces.
—Sí puedo, ya lo verás...
Sin darnos cuenta ya estábamos abrazadas tan cerca que podíamos sentir nuestras respiraciones en la cara, chispeando electricidad.
—Chicas, ya búsquense un hotel —sollozó Britt —. ¿No se los han dicho? Siempre que están cerca desprenden calor —nos miró con cara de sorpresa y abrazando a Santana imitándonos —. Soy Rachel y Quinn y no queremos apartarnos ni un segundo.
—Muah... Muah... ¡Hasta dan asco chicos! Parece que no pueden vivir separadas el uno del otro. Es tan grotesco verlas. No por ti, Quinn, sino por la hobbit de Berry.
—Creo que es mejor irnos San antes de que Quinn saque su fuerza que está escondida.
—Hasta que dices algo inteligente Britt. Déjenos solas, es que ustedes me aburren. Ya es suficiente que las vea todos los días en clase y en cada entrenamiento—se los grité mientras ellas se alejaban por el pasillo de los salones agarradas de la mano —. Al rato las veo chicas para darles una reprimenda.
—Amor, no les hables así, aunque sean un poco inoportunas son lindas personas. Además ya tengo clase de Matemáticas y no puedo afectar mi perfecta racha de llegadas temprano y mi sobresaliente promedio para NYADA—dijo Rachel besando mi mejilla.
—Lo olvidaba, tú si eres responsable, cielo —no quería soltarla ni un solo minuto —. Pero antes de que te vayas regresemos en lo que estábamos.
—Ah sí... ¿En qué estábamos?
—No sé... Tú dímelo.
—¿Será esto?...
Se aproximó e hizo de nuevo mi vida feliz, me dio un beso insuficiente, bueno, no es que durará tan poco, pero no para no extrañarla lo suficiente.
