Capítulo 5: - Creo que no deberíamos ir ahora a buscar comida. Nuestra ruta está hacia la Central de la Policía, allí podrían sacarnos. Escuchó Vincent hablar a lo lejos y en voz baja a Horacio y Lautaro, ya que estaban pensando que ir a buscar suministros, los alejaría de su destino: El refugio.

- Lo sé, pero a su vez, estamos muy escasos de comida, Stanley dice que si no hay refugio seguro, deberemos ir al Norte o hacia el Oeste, una de dos. Alegó Lautaro, mientras que escuchaban pasos, ambos apuntaron las Pistolas Browing que tenían, pero se encontraron que el responsable de esos pasos que parecían más bien de arrastre, eran los de Vincent.

- Disculpen si los asusté. Pidió disculpas el hombre de vestimenta morada.

- Tranquilo, no te preocupes, che, está todo bien. Estaba hablando con Horacio sobre este momento crítico. Le contó Lautaro y de ahí le hablaron sobre la situación de que debían ir hacia la Central Policial y allí de seguro serían evacuados, pero temían de que el lugar no estuviera listo para enfrentar a las oleadas de zombies.

- Entiendo. Pero al menos los zombies son lentos, no como otros que he visto de que hasta pueden escalar las paredes. Dijo Vincent.

Después de una pequeña charla, Vincent volvió a la cama que tenía en el suelo, un silencio profundo se sintió en todo el lugar, mientras que afuera solo podían oírse los pasos de algún zombie errante y perdido de su horda de muertos vivientes, adentro montaban guardia Lautaro y Horacio, mientras que en el balcón, Pedro Olmos Rey estaba con un rifle de francotirador, apuntando hacia los zombies que intentaran cruzar hacia la vereda donde estaban ellos a salvo.


A la mañana siguiente emprendieron el viaje hacia la Central de la Policía, Dipper, Mabel, Stan, Ford, Vincent, Wendy, Soos, los Costa, el Doctor Ponce, Olmos Rey, el abogado Enrique Guzmán, Oswald Cobberplot, Edward Nygma, Eddy y Rei Hino, sabían que era un peligro salir en medio de la Madrugada, pero si esperaban más, reconocían que tal vez el mensaje no fuera cierto.

Llovía afuera del refugio y soplaba un viento frío que provenía de las montañas de los Estados Norteño pegados al Canadá, todo era un caldo de cultivos para lo que pasaría en aquel escenario de silencio.

- Tengamos cuidado. Pidió Wendy, mientras que avanzaba en silencio con los demás, verificando cada palmo y las calles que estuvieran seguras para el paso.

Vincent observaba todo, el humo de los incendios en los edificios, casas y negocios que se elevaban, muchos ya se estaban apagando y pasaban a tener un color blanco, por otro lado, los coches abandonados e incendiados y ese olor a combustible que quemaba el interior de las narices del grupo. Pedro Olmos Rey y Lautaro revisaban algunos coches intactos, con la posibilidad de poder conseguir un medio de transporte y así moverse por las calles.

- Carajo. Maldijo el matón de los Costa al probar el tercer coche pero éste no funcionó para nada.

- ¿Nada? Preguntó Manuel.

- Ninguno de estos sirven, pero si probamos todos, vamos a perder tiempo. Alegó Lautaro.

- Olvídenlo, vamos. Pidió Manuel y se pusieron marcha hacia la Central de la Policía.

Se pusieron en marcha, dejando atrás esa parte de la ciudad y caminaron hacia el refugio, esperando poder encontrarlo estable y seguro.