Capítulo 11: Vincent había abierto los ojos, finalmente mostró ante el grupo sus Pecados, él había sido el monstruo, él había matado a esos pobres niños en la pizzería, él casi era asesinado de la misma manera que habían sufrido esos pequeños bajo sus manos, ahora se mostraba, en medio de todo ese Mundo lleno de zombies, mostraba su alma manchada del Pecado Mortal y de su condena al Fuego Eterno del Infierno.

- ¡Soy un maldito asesino, lo soy, nunca tendré remedio para lo que hice, más me lo perdonaré y es obvio que iré al Infierno, allí estaré ardiendo para siempre! El máximo temor o miedo de él era la muerte, en especial su destino final, el cual sería el ya mencionado sitio lleno de terrores y fuego, donde su alma ardería para siempre por haber matado.

Estaba caído de bruces en el piso, llorando y agarrándose la cara con sus manos, sentía como las uñas se le enterraban en la piel, gritaba de dolor, tanto físico como psicológico, ante la mirada de los compañeros de su grupo, él no podía soltarse de tanta lágrima y dolor.

- ¡Quiero vivir, Dios, quiero vivir y dejar en el Pasado lo que hice! ¡ME ARREPIENTO, ME ARREPIENTO...MUCHÍSIMO, NO PUEDO SACÁRMELO DE ENCIMA DESDE ESE DÍA, SIENTO COMO SI ME ATORMENTARAN! Exclamó con más fuerza.

- ¿Qué ocurre? Preguntó Louis al ver a su amigo llorar en el suelo.

- Al fin descubrimos quién era el "Hombre Morado" Respondió Manuel Costa, mientras que todos lo miraban a Vincent, como si se tratara de un bicho raro, pero a la vez, sentía tristeza por lo que le ocurría.

Wendy se dirigió hacia el joven, el cual se seguía arrepintiendo.

- ¡Quiero vivir, Dios, quiero vivir! Pedía a cada rato Vincent, mientras que el dolor se le hacía más y más fuerte, deseando poder perdonarse, volver al Pasado y evitar así todos los problemas, pero no podía.

Ese era el castigo que buscaban las almas de aquellos niños muertos: Que él sufriera a cada momento, a pesar de no haber muerto en el traje de "Springtrap", ellos lo estaban torturando con lo que hizo y sobre su pasado.

Wendy corrió hacia él y se arrodilló a su lado, mientras que lo abrazaba tiernamente, sintiendo él el amor que jamás había sentido por sus padres o por la chica que le gustaba.

- Quiero vivir, Wendy, no quiero ir al Infierno por mis Pecados. Lo siento mucho, soy un maldito asesino, siempre lo llevaré en la sangre y en mi alma, la gente, cuando todo esto de los zombies acabe, la gente me querrá matar, me destruirán adonde vaya. Se seguía lamentando el ex-Guardia de Seguridad, mientras que ella apoyaba sus manos en los cabellos negros de Vincent y cerraba los ojos por un buen rato, abrazándolo hasta que él sintiera el calor corporal de ella.

- Vincent, Vincent -Le llamó ella, apoyando sus manos sobre la cabeza del joven y haciéndolo mirar a sus ojos- Vincent, mírame, todo va a estar bien, tranquilo, tú te estás perdonando, te sientes culpable por lo que hiciste, no mientes, lo dices desde lo más profundo de tu corazón, sé que lo haces bien y que vas a lograrlo, pero también debes pedir perdón a las familias de esos niños, si te sientes culpable y te estás arrepintiendo, eso quiere decir que quieres cambiar, que deseas un buen Futuro y yo te prometo que lo tendrás. Le juró Wendy, quien no se despegó de él ni por un minuto.

- Eso es lo que quiero y deseo tanto. Pidió el chico.

- Y lo tendrás. Le aseguró Wendy, besándolo en los labios, sabiendo que ella, como los demás, había sufrido por el comienzo de aquella invasión de zombies.

- ¿Nunca más estaré solo? Preguntó el joven.

- Jamás, es mi promesa y la de todos tus amigos. Le prometió Wendy, dándole fuerzas a Vincent, quien se levantó y la besó en los labios por un buen rato, ante la mirada de los demás miembros del grupo de supervivientes.

Sabía que era peligroso, sabía que lo que él había hecho, ahora se arrepentía y de corazón, solo esperaba que esas almas de los pequeños niños asesinados aparecieran y le dijeran que ya estaba perdonado, pero, ¿cuánto tiempo tardarían aparecer? Él no lo sabía, debía tomar el tiempo necesario, aunque para ellos, también estaba la idea de ir hacia la Baja California, hacia el Norte de México donde estarían a salvo de los zombies, ya que el Gobierno de ese país había cerrado todas las fronteras para que no entraran aquellas criaturas sedientas de sangre y carne humana.

- Las cosas mejorarán, amigo, tranquilo, sé que podrás. Le dijo Manuel Costa.

- Es cierto, somos tus amigos y nunca estarás solo. Te lo prometo. Juró Louis, mientras que le extendía su mano a Vincent para que se levantara del suelo.

- Además, tú te has perdonado a ti mismo, te sentías culpable de lo que hiciste y querías disculparte, lo has hecho muy bien. Alegó el Doctor Froilán Ponce.

- Cada persona por los crímenes que comete, también obtiene su perdón y tú lo has conseguido. Alegó Edward Nygma.

- No tienes por qué sentirte perseguido ahora que te has sanado a ti mismo. Dijo Dipper.

Con las palabras de sus amigos, Vincent se levantó del piso y miró a todos, sabía que debía agradecerles, a pesar de que les había ocultado su secreto más oscuro y frío, él ahora era perdonado.

- Gracias, amigos. Les agradeció y les dio un fuerte abrazo.

Aún faltaba el último tramo de ese viaje: Llegar a la Baja California, no sería un viaje fácil, pero para ellos, ahora la prioridad era salvar sus vidas de los zombies y de ahí, empezar una nueva vida en tierras extranjeras, lejos del peligro y a salvo en su nuevo hogar.

Solo una prueba más y serían libres de toda esa guerra librada en el Oeste.