Capitulo 1: El origen

En el principio solo existía un poder que acumulaba toda la fuerza del Universo. Ese poder estaba en constante transformación y movimiento. Era la Fuente Primaria de la cual emergía todo.

El poder y la energía que poseía la hacían inestable, produciendo solo caos a su paso. Pero la Fuente quería algo más que caos, quería vida y belleza. Fue así como la Fuente creó a los primeros seis dioses, tres de la luz y creación, y tres de la oscuridad y la destrucción para que el equilibrio del universo se mantuviera. Porque no podía haber luz sin oscuridad, creación sin destrucción, vida sin muerte. La Fuente sabía que la existencia del Universo dependía de ese delicado balance.

Cam, Rezar y Verlyn, los dioses de la luz comenzaron a dar forma y crear belleza en la tierra. Además de eso crearon a sus primeros soldados, los Sephirii, crituras poderosas encargadas de mantener el orden en caso de ser necesario, solo como una precaución, sabiendo que los dioses oscuros estaban inclinados a la destrucción. La tierra era bella, pero solitaria, era necesario crear a alguien que la habitara. Los dioses se unieron y crearon a los primeros humanos a partir de una gota de sangre de Verlyn. Los esparcieron en algunos puntos de la tierra que consideraron aptos para su habitat. A cambio de su adoración les enseñaron algunas formas de sobrevivir.

Los dioses de la oscuridad vieron la creación de los dioses de luz. Ambiciosos como eran, quisieron que los humanos tambien los adoraran, pero ellos, como dioses de destrucción eran incapaces de acercarse a ellos de la misma manera o crear ese tipo de vida. Sintiéndose menospreciados se alzaron contra la Fuente primigenia para obtener más poder y hacerse con el control de todo. Dirigidos por Noir, el dios de la oscuridad, robaron poderes de la Fuente y el dios creó a los Malachai, una raza tan poderosa e inmortal como los Sephirii. Con este ejército, Noir y sus hermanas, Braith y Azura, tendrían la superioridad sobre los otros dioses.

Los dioses primigenios, sabiendose objeto de traición, desataron sobre los Malachai a su ejército de Sephirii. Los Malachai eran criaturas despiadadas y destructoras que llevaban la calamidad a los humanos que luchaban por sobrevivir.

Comenzó una guerra por el Primus Potis, el primer poder, en el que los humanos se vieron involucrados indirectamente, pero los dioses de la luz estaban seguros que los hermanos Jared y Jaden, comandantes de su ejército de Sephirii, los conducirían a la victoria. Mientras tanto los años de esta guerra seguían pasando y los humanos sufrían, creyéndose abandonados por sus dioses.

Otros dioses surgieron, aunque se mantenían al margen de la guerra entre los dioses primigenios. Ellos tenían sus propias batallas que librar.

Un clan de humanos se preparaba para la batalla. Su sacerdotisa guerrera, Lilium, había recibido una revelación de los dioses informándole que algunos Malachai los atacarían. El motivo: al clan de Lilium se le había confiado hacía un par de generaciones un amuleto que al poner sobre el pecho de un dios absorvía sus poderes temporalmente. Había sido creado por Verlyn como una forma de mantener a raya a algún dios de la oscuridad, lamentablemente jamás había sido probado en uno de ellos. Como no podían destruirlo, Verlyn había decidido ponerlo en las manos de una sacerdotisa guerrera de este clan, como simbolo de su alianza y protección a los humanos que allí habitaban.

Al ponerlo en manos de los humanos de vidas mortales, Verlyn se había asegurado que nadie estuviera en poder del amuleto por mucho tiempo. Y ahora era Lilium la encargada de protegerlo, como sacerdotisa del clan y su líder, además por su comunicación directa con Verlyn. Era apenas una niña cuando se le confió el tesoro de los dioses, comenzando su educación en el arte de la guerra e invocación de dioses.

Ahora ella tenía veintiun años, y no estaba en conocimiento del momento exacto en que los dioses habían entrado en guerra, Verlyn no le había dado esa información, pero su clan llevaba ya tres generaciones luchando.

Verlyn la había escogido a ella para comunicarse con el clan, incapaz de escapar a la belleza infantil de sus facciones la primera vez que la había visto, sabiendo en lo que se convertiría a futuro. Le atrajeron su cabello negro como ala de cuervo y sus vibrantes e inteligentes ojos azules.

Esa noche Lilium había convocado a Verlyn junto al roble sagrado como se le había enseñado cuando era apenas una niña. Lamentablemente el dios no tenía buenas noticias para ella.

- ¡Pero debe haber algo que puedan hacer! – dijo la sacerdotisa al dios Verlyn, al enterarse que ellos no intervendrían en la batalla contra los Malachai.

- En estos momentos no podemos hacer nada, nos atacan por todos los flancos… - el dios parecía algo avergonzado por lo que estaba a punto de decir. – Deberán protegerlo solos.

- No sobreviviremos – ella se oía alarmada. – Será una masacre.

- Lo lamento, Lilium, pero…

- Si te llevas el medallón no hay motivo alguno por el que ellos vengan aquí – lo interrumpió ella.

- Ellos vendrán de todos modos, con o sin medallón… lo sabes.

Si, ella lo sabía, de alguna forma en que no podía entender ella sabía cosas que no debería.

- Por eso debes ayudarnos… por favor, algunos Sephirii que luchen a nuestro lado les dará esperanzas al clan.

- Necesitamos a todos nuestros soldados. – Al ver el rostro de la chica, agregó: - Entiende, es por un bien mayor.

- ¡¿Un bien mayor?! ¡Nos abandonan, eso sucede! ¡Somos como ganado para ustedes! ¡Los dioses nos abandonan!

- ¡Lilium! – el dios se oía molesto, pero entendía el enfado de la humana.

Ella no se dejó amedrentar, estaba a punto de continuar con su reclamo cuando sintió el cambio en el amuleto que llevaba al cuello, ya no era el que había protegido desde los once años, era una copia. Miró al dios, sabiendo lo que había hecho. ¿Cómo era capaz de mirarla a la cara de esa manera después de traicionarlos? Ella y su clan serían el señuelo, los estaban usando para desviar la atención de Noir.

- Estamos perdidos – dijo ella, en un susurro audible para el dios.

Lilium se dio la vuelta, abandonando el roble y al dios, sin decir nada, a pesar de que este la llamaba.

Ella atravesó las puertas de la precaria construcción que albergaba a sus soldados. Al primero que vio allí fue al joven Savitar que llegaba a recibirla.

Con apenas 15 años, Savitar se presentaba como un guerrero muy capaz. Lo que le faltaba en experiencia lo tenía en valor. Había sido encontrado en muy mal estado entre los cuerpos sin vida del resto de su propio clan cuando tenía siete años, en Eritara, su lugar de nacimiento. Los chotain le habían dado un refugio y una familia. Su tono de piel era un poco más oscura que la de Lilium y su clan, revelando que no era nativo de esa zona.

- ¿Traes buenas noticias, hermana? – peguntó Savitar, llamándola así porque ella lo había adoptado como hermano en su escasa familia.

- Ya lo sabrás cuando se lo comunique al resto del clan – dije Lilium, con la mirada seria, preocupando a Savitar.

Él la siguió donde el resto de hombres y mujeres que eran capaces de portar un arma, esperaban para la batalla que se avecinaba. El silencio se hizo de inmediato en el lugar. Todos querían oír las noticias que traía su líder.

- Lamento traer malas noticias – dijo ella, no queriendo engañar a su gente en ningún sentido, - pero los dioses no nos darán apoyo en este combate que se avecina. – De inmediato comenzó el murmullo entre las tropas, matizado con algunos sonidos de protesta. – El dios Verlyn dice que ellos deben enfrentar su propia batalla y no pueden prescindir de ningún Sephirii…

- Entonces que se lleve el amuleto – intervino Socar. – De esa manera Noir nos dejará en paz, es eso lo que quiere.

- Aunque ya no tuviéramos el amuleto, seríamos atacados de igual forma, Socar, no hay nada que podamos hacer para impedir que los Malachai lleguen hasta aquí. De hecho… ya no lo tengo, esta – Lilium tomó el amuleto que colgaba de su cuello, - es solo una copia que Verlyn intercambió con la intención que seamos un señuelo para que ellos puedan atacarlos… pero les digo una cosa – ella elevó el tono de voz, dando énfasis en sus palabras, al notar como los miembros del clan intercambiaban miradas de preocupación, - ¡no necesitamos la ayuda mezquina de ningún dios, somos chotain y como tales no nos rendimos ante nadie! ¡No nos rendiremos ante ningún Malachai, y dejaremos nuestra sangre en el campo de batalla si es necesario, pero los chotain no se acobardan ante el enemigo, no retroceden y no necesitan la ayuda de dioses traidores que nos abandonan en nuestro peor momento!

Algunos se miraban asustados, otros asentían entendiendo las palabras de su líder y la convicción que se levantaba tras ellas.

- Eso es blasfemia Lilium – interrumpió Socar de nuevo. – Los dioses se alzarán también contra nosotros por ese insulto.

- ¿Qué parte de que nos abandonaron no entiendes, Socar? Nos han dejado solos para pelear sus batallas, no es a ellos a quienes debemos temer. Debemos temerle a nuestra propia cobardía, a las ansias de huir de esta lucha. Podemos irnos ahora mismo y escapar de los Malachai, pero eso solo servirá para que nos cacen como ratas. No sé ustedes, pero si he de morir que sea de pie, con la cabeza en alto y una espada en la mano, no ocultándome como una sabandija entre las rocas.

Socar no dijo nada esta vez. Muchos hombres y mujeres asintieron a las palabras de Lilium, entre ellos Savitar, quien estaba fascinado por el discurso. No era ningún cobarde y definitivamente no moriría con la cabeza metida entre las piernas, sino con la frente en alto, mirando a la muerte a los ojos.

- ¡Somos Chotain no le tememos a nada! – gritó Cabas, un hombre de unos treinta años, de cabello castaño. – ¡Somos Chotain no nos rendimos ante nadie!

Lilium sonrió mientras las palabras de Cabas eran coreadas por la mayoría de los allí presentes. Si tenían que morir, entonces que así fuera.

Los ancianos y niños se habían refugiado en un lugar seguro junto a los hombres y mujeres que no podían pelear. Con ellos solo estaban un puñado de hombres que los defenderían en caso de ser necesario.

Lilium y su pequeño ejército de cien hombres y mujeres esperaba la aparición de los Malachai. El mismo dios Verlyn les había enseñado a trabajar los metales de manera que pudieran tener armas y escudos, pero sus armaduras eran de cuero de animales, nada que pudiera protegerlos realmente de un ataque de espadas, sino más bien para golpes y caídas. Pero se enfrentarían a lo más malo de la creación, criaturas que usaban un poder del que solo los inmortales eran capaces de defenderse.

La noche había llegado. Las tropas estaban atentas a cualquier señal del enemigo. Lilium esperaba junto a los demás, ya armada y lista. De la nada una imagen se formó en su cabeza, ella lo sabía, los Malachai aparecerían en medio de ellos en cualquier momento. No esperó más, comenzó a dar instrucciones y los hombres se movilizaron para ponerse en guardia. Su visión había sido correcta. Alrededor de medio centenar de Malachai aparecieron en medio de ellos. Si ella no los hubiera prevenidos, los Malachai habrían acabado con un tercio de ellos en apenas unos segundos.

La batalla comenzó. Sin piedad los Malachai atacaron diezmando a los humanos. Aunque desde el comienzo sabían que no tendrían oportunidad contra seres mucho más poderosos que ellos, el verlo y sentirlo en carne propia era diferente. El temor se filtró en sus corazones.

Lilium miró a su alrededor notando como los Chotain caían uno tras otro. Internamente maldijo a los dioses que permitían esto. Un Malachai la enfrentó. A pesar de que ella podía predecir sus movimientos, él se movía demasiado rápido para poder detenerlos todos. El Malachai le dio un golpe en el estómago con la empuñadura de la espada, lanzándola a un par de metros. Ella perdió el aire y el agarre de su espada. De espaldas en el suelo vio como el Malachai se acercaba. Él, de una patada la lanzó un par de metros más lejos.

Savitar, desde donde estaba luchando con un Malachai, notó lo que ocurría con Lilium y no fue el único. Socar también había visto como la sacerdotisa se arrastraba por el suelo tratando de alcanzar su espada mientras el Malachai caminaba tras ella, con paso lento, riendo, disfrutando del espectáculo de verla de esa manera.

- Ella está perdida – dijo Socar - ¡Chotain, retirada!

- ¡No puedes dejarla! – dijo Savitar, luego de alejarse del Malachai que él y otros hombres enfrentaban. Tomó a Socar del brazo, impidiéndole marcharse.

- Ella ya esta muerta al igual que todos nosotros si seguimos aquí. – Socar desprendió su brazo del agarre de Savitar. - ¡Chotain retirada!

- ¡Eres un cobarde!

Savitar se dio la vuelta para ir en ayuda de Lilium, pero era demasiado tarde, el Malachai se había cansado de contemplar sus esfuerzos por agarrar la espada y clavó la propia por la espalda de la sacerdotisa, atravesándole el corazón.

Gritando, Savitar corrió hacia el Malachai, quien de un golpe lo lanzó lejos, dejándolo inconsciente.

El resto de los Chotain que quedaban con vida, al ver muerta a su líder, siguieron las ordenes de Socar y emprendieron retirada.

Lilium se vio envuelta por la oscuridad absoluta, de la nada una imagen apareció frente a ella, como si estuviera viendo una imagen reflejada en el agua. Los Chotain se retiraban, pero eran perseguidos por los Malachai.

- ¡Noooooo! – dijo ella, notando que no habría sobrevivientes si seguían asi. - ¿Dónde estoy? – Miró a todos lados viendo solo oscuridad. Entonces el reflejo le mostró su cuerpo sin vida en medio del campo de batalla. - ¿Estoy muerta?

- Puedes regresar si lo deseas – una voz incorpórea que era imposible definir si era de hombre o mujer, resonó en la oscuridad. – Solo debes desearlo.

- ¿Quién eres? – Lilium trató de identificar de donde provenía la voz, pero solo había oscuridad a su alrededor.

- Tú lo pediste, en tu corazón lo sabes. Deseas que alguien mantenga los asuntos de los dioses lejos de los humanos. Puedo oirlo aunque no lo digas, Lilium.

- ¿Estoy muerta? – repitió la pregunta.

- Eso ya lo sabes… la pregunta en realidad es ¿regresaras y serás el arbitro que mantenga a los humanos lejos de las guerras de los dioses?

- Si – ella no dudo en la respuesta. – Ellos en realidad no se preocupan por nosotros, solo quiero que se mantengan lejos.

- Tu ya no eres humana, Lilium.

- ¿A que te refieres?

- Si regresas ya no será como una humana, serás una Chthonian, otro ser más que mantendrá el equilibrio en la tierra.

- ¿Quién eres? ¿Qué eres?

- Soy la Fuente de la cual emerge todo poder. Y los poderes que te confiero ahora provienen de mí. Tendrás los poderes de un dios, y deberás imponer las reglas para que las guerras de los dioses no masacren a los humanos de nuevo.

- Si puedo salvar a mis hermanos, entonces haré lo que sea necesario.

- Te lo repito, ya no eres humana, ahora eres única en tu especie.

- No importa, los humanos siempre serán mis hermanos.

- Entonces ya puedes renacer como lo que eres, una Chthonian.

- Gracias por responder nuestro llamado – ella se inclinó en una reverencia. – Seré tu eterna devota y podrás contar conmigo para lo que desees por esto. Te pagaré por lo que haces en nuestro favor.

- Recuerda esa promesa Chthonian, puede que un dia te cobre la palabra.

La voz y la oscuridad desaparecieron. Lilium sintió un fuerte dolor atravesando su pecho desde su espalda. Se puso de pie, encontrándose en el campo de batalla. Al mirar a su pecho vio la sangre derramada. Notó como la herida se cerraba. Tocó su espalda y notó lo mismo. Miró a su alrededor, viendo a algunos Malachai que remataban a los sobrevivientes. Uno de ellos estaba a punto de clavar la espada en Savitar. Lilium se movió hacia él a una velocidad mucho más rápida de lo que alguna vez se había movido. Estaba igualando la velocidad de los Malachai. De dos certeros golpes con una espada, que había aparecido en su mano cuando ella lo deseó, acabó con el Malachai, cercenándole la cabeza. Los otros cuatro Malachai en el lugar siguieron el mismo destino.

Ella no daba crédito a lo que sentía y lo que podía hacer. Notaba el poder recorriendo sus venas y estaba ansiosa por saber lo que podía hacer con sus recién adquiridos poderes. Pero lo primero era buscar sobrevivientes entre los hombres y mujeres diseminados a su alrededor.

Solo encontró a unos cuantos hombres vivos aun, entre ellos Savitar. Lilium los llevó hasta un lugar donde los cuidarían hasta que se recuperaran y luego se marchó. De alguna manera sabía que no podía caminar junto a ellos ahora. No era la misma y no estaba muy segura de lo que podía hacer. No quería lastimar a nadie y había estado a punto de quemar el lugar al pensar en un fuego para abrigar a los heridos. Necesitaba estudiar y controlar sus poderes antes de relacionarse con aquellos que quería proteger.

Lo peor para ella era controlar el ver el futuro o escuchar los pensamientos de los humanos cuando no quería hacerlo, por lo que su decisión de mantenerse alejada había sido acertada.

A pesar de que ya no confiaba en los dioses, ellos eran los únicos que podían ayudarle a controlar sus recien adquiridos poderes. Además no estaba muy segura de qué hacer respecto a las reglas que debía establecer entre los dioses.

Comenzaba su aprendizaje, solo esperaba no arruinarlo.

Verlyn no había acogido a la Chthonian de buena manera, y ella tampoco estaba interesada en mantener una relación cordial. Los dioses primigenios supieron cual era la labor de Lilium nada más verla. Eso despertó la desconfianza hacia ella, sin embargo, Verlyn le había permitido estar cerca de los Sephirii para poder saber un poco más de los poderes que tenía que controlar. El dios creía que dándole ayuda de alguna manera podría controlarla como lo hacía cuando ella era su sacerdotisa.

Lilium congenió con los hermanos Jared y Jaden. Ellos en ocasiones se burlaban de sus intentos por controlar sus poderes, pero eran un buen apoyo en su aprendizaje.

Habían pasado algunos años en el mundo humano. Lilium controlaba sus poderes a cabalidad. La guerra entre los dioses primigenios continuaba, no había nada que ella pudiera hacer para acabarla, pero al menos habían dejado de lado a los humanos. Ellos ya no se veían involucrados.

Jaden, uno de los generales Sephirii, había conocido a una Malachai a quien debería haber matado, pero ella le suplicó que no lo hiciera, alegando que no quería seguir bajo las ordenes de Noir. Quería abandonarlo, pero tenía miedo de lo que él pudiera hacerle. Dira, la Malachai, se reunía de vez en cuando con el Sephiroth para darle información acerca de los movimientos de Noir, lo que les dio la ventaja en batalla en varias ocasiones. Poco a poco Jaden y Dira comenzaron algo parecido a una relación, hasta que un dia el Sephirot recibió la noticia de que Dira había sido descubierta y necesitaba de su ayuda para escapar de la muerte.

Jared, al enterarse de los pasos de su hermano se opuso a que este fuera a rescatar a la Malachai, le olía a trampa. Pidió ayuda a Lilium para convencer a su hermano, y a pesar de que la Chthonian le hizo ver todo lo que podía salir mal en su plan mal estructurado, el Sephiroth no escuchó razones y se negó a ser acompañado por su hermano y Lilium.

Jaden partió a Azmodea, el hogar de Noir. Un lugar que había sido apartado, durante la creación, por la Fuente, porque poseía todo lo feo y corrupto que había quedado en el Universo. Allí se internó por los pasillos sombríos y escabrosos hasta llegar a las mazmorras, donde encontró a Dira. Ella colgaba del techo, sujeta por unas cadenas, visiblemente herida y maltratada. Jaden la liberó y se preparó para salir de allí con ella, pero la Malachai lo apuñaló en el corazón. Él no pudo hacer nada ante el artero ataque. Mientras él caía al suelo, herido, ella se acercó sin dificultad. Las heridas que momentos antes ella tenía habían desaparecido, al igual que la apariencia cansada.

- Los Sephirii son tan confiados – dijo ella, envolviendo alrededor del cuello de Jaden un collar de esclavo. – Ahora estaremos juntos para siempre mi querido Jaden… aunque no de la manera en que habías creído.

Los poderes de Jaden de inmediato quedaron limitados, a pesar de que trataba de atacarla no podía. El collar que ella había puesto en su cuello se lo impedía. Todo había sido una trampa, como Jared y Lilium le habían advertido.

Noir estaba más que satisfecho de su nueva captura y tenía planes magníficos para él. Experimentó con Jaden convirtiéndolo en algo más, una especie nueva, cuyos poderes estaban atados y a su servicio. Dira se lo había entregado en ofrenda y no había nada que Jaden pudiera hacer para liberarse. Estaba acabado. Eterno esclavo de Noir.

A oídos de Jared llegaron las noticias de lo sucedido con su hermano. No le dijo nada a los dioses primigenios, solo confió en Lilium para que fuera su apoyo en caso de ser necesario.

Los Malachai estaban siendo derrotados cada vez que se enfrentaban a los Sephirii. Los dioses de la luz estaban seguros de ganar, solo era cuestión de tiempo. Pero entonces Noir puso en marcha la segunda parte de su plan. Contactó a Jared y le mostró una imagen de su hermano en las mazorras de Azmodea, el sufrimiento al que lo sometía. Le prometió liberarlo si es que traicionaba a los suyos y los llevaba a una emboscada. Además debía asesinar a uno de los dioses. Jared aceptó. Su hermano era más importante para él que los dioses a los que servía.

Muchos Sephirii murieron en la emboscada, pero a Jared le fue imposible asesinar a uno de los dioses, y no fue porque no lo hubiese intentado. Fue descubierto y juzgado.

La Fuente le ofreció a Noir una tregua en esta lucha que no conducía a ninguna parte. La traición de uno de los suyos la había enfurecido y quería poner punto final a todo esto. Las condiciones de la tregua las hizo saber, a todos los dioses primigenios de luz y oscuridad, a través de Lilium. Ambos ejércitos, los Sephirii y los Malachai serían eliminados como muestra de buena fe, solo permanecería con vida aquel Sephirii traidor, Jared, a quien la Fuente decretó que sería un esclavo por la eternidad y debería sufrir de igual manera. Para mantener el equilibrio en el Universo tambien debería permanecer un Malachai con vida.

A Lilium las condiciones le parecieron exageradas, pero la Fuente le recordó que ella había prometido que podía contar con ella, y que le había dicho que en algún momento le devolvería el favor. La nombró la ejecutora de la Fuente y como tal, debió acabar con ambos ejércitos en presencia de los dioses. Por primera vez en su vida, mortal e inmortal, ella se sintió como una basura. Decidió que no quería seguir interviniendo en los asuntos de la Fuente, pero éste poder jamás la dejaría olvidar que ella le servía en realidad.

Jared fue puesto en manos de un demonio, al que debió llamar amo. Jaden quedó en manos de Noir, también en calidad de esclavo y le fue dado un nuevo trabajo. Apelando a que Jared no había cumplido su parte de asesinar a un dios, Noir había conservado a Jaden para si. Los dioses o Lilium no fueron capaces de hacer nada por él, ya no era un Sephirii, un demonio o un dios. Al igual que la Chthonian era una especie nueva y única.

Los años pasaron, nuevos dioses fueron apareciendo, de destrucción y creación, nuevos panteones que crearon a más humanos. También surgieron otros Chthonian, pero diferentes a la primera de ellos. Nuevas razas aparecieron, nuevos seres que buscaban conservar el equilibrio en el Universo. Si algo era creado también debía aparecer su contraparte.

Y entre todos ellos los humanos seguían profilerando y aprendiendo a sobrevivir. Los dioses los creaban con la intención de que los adoraran, ya que esto les daba más poder. Pero muchos de los dioses eran mezquinos y solo actuaban para su propio provecho, por tal motivo los Chthonian, reunidos junto con Lilium, dictaron sus leyes y no habría compasión para aquellos que las rompieran.

Comenzaron a llamar a los Chthonian "Asesinos de dioses", porque eran los únicos que podían asesinar a un dios sin que los poderes liberados de las deidades causaran desastres naturales que acabaran con humanos.

Un terremoto, una erupción volcánica, un tornado o una tormenta, no eran más que los poderes de un dios asesinado por otro dios regresando a la Fuente. Y como eso se llevaba consigo la vida de muchos humanos, los Chthonian impusieron severos castigos a los dioses que asesinaran a otros.

Pero eso sucedió cuando la tierra aún era joven… aun queda mucho por contar.