Capitulo 4: Un nuevo mundo
Thorn observaba a Lilium dormir. Estaba preocupado, quería despertarla, pero no se atrevía. Al menos el sueño profundo en el que estaba había conseguido que sus heridas sanaran y que apenas quedaran leves marcas en sus sienes, que estaba seguro, pronto desaparecerían.
Él se llamó idiota muchas veces al no comprobar por si mismo lo que le habían contado. Una parte de él, a la que no había escuchado, siempre le dijo que Lucifer no tenía el poder para matar a la chthonian, sin embargo había dado por terminada su vida. Pero lo que más repulsión le causaba de si, era el hecho de que se había sentido de cierto modo aliviado por la supuesta muerte de Lilium, porque sabía que ella jamás sería suya. El morir ella, significaba la muerte de una parte de si mismo que odiaba, aquella que sentía amor. Que sentía amor por ella.
Lilium se removió algo inquieta. Al abrir los ojos volvió a cerrarlos como si la luz la lastimara.
- ¿Lilium? – preguntó Thorn, acercándose a la cama donde ella estaba.
Ella ignoró esa voz. Debía ser una alucinación inducida, alguna otra forma de torturarla, de darle esperanzas para luego romperlas. Lilium se mantuvo con los ojos cerrados y Thorn le tocó ligeramente la mano. Ella se tensó, el contacto era demasiado real para ser falso.
- ¿Lilium estas bien? – preguntó él, retirando su mano.
Ella nuevamente no contestó, pero abrió los ojos, tratando de adaptarse a la luz hasta que pudo ver con normalidad. Thorn le habló otra vez, esta vez ella lo miró. Se veía tan real, tal cual como ella lo recordaba, aunque sin la armadura bañada en sangre que usaba para intimidar a los demás.
- ¿Puedes oírme, Lilium? – Thorn la tomó de la mano de nuevo.
Lilium apartó su mano y lo miró molesta.
- ¿Me reconoces? Soy yo, Thorn.
Ella miró hacia otro lado de la habitación sin contestar. Thorn no sabía que hacer. ¿Insistir? ¿Dejarla sola un momento?
- Todo estará bien, ya estás salvo y no dejaré que te lleven – dijo al fin.
Lilium quiso decir que no podrían engañarla con ilusiones, pero la voz salió como un graznido, llevaba demasiado tiempo sin usar sus cuerdas vocales. Prefirió permanecer en silencio.
- Con calma. – Thorn se sentó en la cama a su lado. – Solo relájate y podrás hablar con normalidad. – Le acarició la frente.
Al sentir el nuevo contacto Lilium se desesperó y una onda de energía apartó la mano de Thorn de si. Ambos sintieron la energía crepitando en la habitación. Lilium sintió la energía recorriendo su cuerpo, algo que no había sentido en las ilusiones anteriores. Se tocó el cuello y notó que el collar ya no estaba.
- Lo retiré – dijo Thorn. – Ya no tienes el collar de contención.
Lentamente Lilium se sentó en la cama y miró a Thorn.
- ¿Quién eres? – preguntó ella, con la voz pastosa.
- Soy yo, Thorn – él se le acercó.
- No eres Thorn ¿Quién eres? Thorn no me miraría con esa cara de preocupación.
Esas palabras le dolieron.
- Yo si me preocupo por ti, Lilium.
- Esto no es real – la voz de Lilium poco a poco se oía más clara, pero aun no sonaba como Thorn la recordaba.
- ¿Qué quieres decir con que no es real?
- Tú no existes, eres una alucinación, inducida por algún bastardo que quiere torturarme de nuevo. – Ella miró al frente, apartando la mirada de Thorn.
- Esto es real, Lilium, estas a salvo ahora. Nadie te volverá a torturar, puedes ir donde quieras. – Cuando ella no contestó él preguntó. - ¿Quieres que llame a Acheron?
- Solo no me hables.
- Lilium, esto no es una trampa. – Thorn la tocó otra vez para hacer que la mirara, pero una onda de energía que salió de Lilium lo arrojó al otro lado de la habitación.
Ambos se miraron sorprendidos.
- Supongo que me lo merecía – dijo él.
- No eres real – repitió ella, angustiada. Estaba perdiendo la convicción. ¿Y si era libre al fin?
- Lo soy, Lilium, soy yo. Eres libre, nadie te esta jugando una mala pasada – él se acercó. – Créeme.
- ¿En serio es real?
Había tal angustia en la voz de Lilium que Thorn no pudo evitar abrazarla. Ella se tensó de nuevo. Hacía mucho tiempo que no recibía una muestra de preocupación.
- No – Lilium lo apartó. Dentro de ella pugnaban la esperanza y la desesperación. Quería creer que era libre, pero tenía miedo de que todo fuera un engaño, como en ocasiones anteriores.
- Eres libre. Lilium, llamare a Savitar. Él podrá convencerte.
- No. No llames a nadie. Si soy libre entonces me iré de aquí. – Ella se puso de pie.
- Espera Lilium, aun no estás bien – Thorn la tomó del brazo.
Nuevamente Thorn fue estrellado contra la pared por una ráfaga de energía que emitió la chthonian. Esta vez él se veía molesto.
- Solo tienes que decirme que no quieres que te toque, Lilium. No tienes por que estrellarme contra la pared.
- Yo… - Ella no había querido hacerlo, pero se sentía como cuando recién había adquirido sus poderes y no podía controlarlos. Sus emociones también estaban descontroladas, no sabía que creer. Pero si todo era real tampoco quería lastimar a Thorn. – Lo siento. Debo irme de aquí, no puedo controlar esto – se miró las manos. – Terminaré lastimándote de verdad si me quedo, tengo que salir de aquí. Aun no soy libre, sigo en el inframundo.
- Pero no estas bien ¿al menos estas convencida que esto es real?
- No lo se. Thorn, si en realidad eres tú, prométeme que no le dirás a nadie que estoy viva.
- ¿Por qué me pides algo como eso? – Thorn frunció el ceño, sin entender la petición. – Es absurdo. ¿No quieres saber donde esta... Ciel?
La pregunta de Thorn, o mas bien el nombre de Ciel salió de sus labios con resentimiento que no pudo ocultar.
Lilium se quedó pensativa unos segundos ante la pregunta. Ella no había querido pensar en Ciel. No había querido pensar en ninguno de sus amigos en realidad.
- No quiero ver a nadie, no quiero saber de nadie. Todos me abandonaron.
Lo que durante tanto tiempo había pensado y jamás había verbalizado al fin fue dicho.
- Yo pensé que estabas muerta, todos lo pensamos – Thorn quiso justificarse, sorprendido por el reclamo de la chthonian.
Ella no sabía que pensar. Estaba asustada, dolida, confusa y sabía que no podría tener una conversación normal con nadie en esas condiciones.
- Tengo que salir de aquí, Thorn. Pensar, recuperarme de esto. Necesito estar sola. Soy un peligro para cualquiera que este a mí alrededor. Te ataqué dos veces y no quería hacerlo.
Lilium emergió del reino de las tinieblas hacia el mundo humano. El primer lugar en el que pensó para poder adaptarse a su nueva libertad, fue Londres, Inglaterra, pero al aparecer allí en medio de una calle, que más de un siglo antes no estaba, se sorprendió al ver los cambios ocurridos. Su sorpresa fue más grande cuando vio un coche que no estaba tirado por caballos y que no tenía nada que ver con los escasos autos que comenzaron a aparecer a fines del siglo XIX. Este era mucho más veloz y estaba a punto de pasar por encima de ella. Ella reaccionó desviando el automóvil que finalmente se estrelló contra un poste de luz. Desapareció del lugar sin importarle si alguien la observaba. Algo descontrolada aun, optó por ir a América, Nueva Orleans, para ser más exactos, un lugar que le había encantado durante el siglo ante pasado, sin embargo también había cambiado. No solo las edificaciones, también la vestimenta de las personas, su actitud, todo. Este no era el mundo que ella conocía y no quería llevarse más sorpresas, así que buscó un lugar solitario y seleccionó el desierto esta vez. Solo esperaba que los humanos no hubiesen edificado en aquel lugar, solo quería tranquilidad, pensar, estar segura de que no estaba soñando, o de que era una alucinación inducida.
Finalmente se transportó al desierto, allí todo estaba como ella lo recordaba, solo arena por todos lados, y ni un alma que pudiera perturbarla. Allí estableció una morada temporal, hasta que supiera que hacer, a quien llamar, donde ir. Tambien tenía miedo de ver que tanto el mundo había cambiado. A pesar de que ella había visto innumerables cambios a lo largo de la historia, aquellos que no había presenciado de alguna manera le asustaban. Sin duda en estos momentos estaba pensando como humana, y le temía a lo desconocido...
Meses después.
Lilium seguía sin ver a nadie, sin contactarse con nadie. Viviendo en el desierto.
Fiel a su promesa, Thorn no la había contactado y tampoco había avisado a sus amigos que ella se encontraba con vida y en el mundo humano. Él seguía preocupado, pero sabía que no podía hacer nada por ella. El acercarse a Lilium solo traería la mirada de su padre sobre la Chtonian.
Ella en ocasiones interactuaba con los humanos, en ferias y mercados, solo para observar como había cambiado el mundo.
Uno de esos días, a mediados de septiembre del 2012 ella paseaba por un mercado en una aldea del desierto en el que acostumbraba deambular. Llevaba puesta una túnica blanca que acentuaba su figura, y un pañuelo que le cubría la cabeza y la protegía del sol. Observaba lo que los vendedores ofrecían, algunas de esas cosas no las conocía en absoluto. Aunque tenía la habilidad de ver y conocer todo lo que se pusiera en frente de ella le gustaba sorprenderse al averiguar de la forma tradicional para que servía cada una de las cosas con las que se topaba.
Fue a coger algo que al parecer todos usaban en aquella época, teléfono celular, asi los llamaban. Sabía que servía para hablar con personas al otro lado del mundo si quería, mucho más sofisticados y avanzados que los teléfonos que existían en la época que ella había sido encerrada en el inframundo. Otra persona tomó el celular antes que ella, chocando sus manos.
- Lo siento – dijo el hombre que lo había tomado. – ¿Lo querías?
Las miradas de ambos se cruzaron, en solo unos segundos se habían reconocido el uno al otro.
- Styxx – dijo Lilium, casi en un susurro. El hermano gemelo de Acheron. Aquel que debería estar en los Campos Elíseos, siendo tratado como el príncipe que era, estaba ahora aquí, en el mundo humano, vestido de beduino. Ella miró a todos lados, queriendo saber si estaba con alguien más.
- ¿Lilium? Creí que estabas muerta.
La chthonian frunció el ceño, sin entender porque él estaría enterado de algo como eso.
- Creo que debo irme – dijo ella.
- Espera – Styxx la tomó del brazo y la detuvo cuando ella se estaba girando. No podía llegar y desaparecer en medio de un grupo de humanos. – Necesito disculparme contigo.
Lilium frunció aún más el ceño. Entonces inclinó levemente su cabeza como si buscara en el éter y vio en el pasado de Styx para saber por qué estaba allí y con cada imagen que veía su sorpresa aumentaba. Ella supo que Styxx había intentado matar a Acheron para librarse de la maldición que pesaba sobre él. Mientras su hermano viviera él viviría y Styxx solo quería morir para descansar en paz. Pero también supo que había sido castigado con todos los recuerdos de su hermano, y que luego le había salvado la vida a Ash algunos años antes. Supo que no había estado en los Campos Eliseos como Artemisa le había dicho a Ash, sino que lo mantuvo en la Isla Desaparecida, hogar de los Dream hunter y que había pasado necesidades en todos aquellos siglos.
- No hagas eso – dijo Styxx, sabiendo que ella observaba su pasado. Desvió su cabeza avergonzado.
- No se por qué te disculpas Styxx – dijo ella al fin.
Styxx miró al vendedor, que los observaba interesado.
- Vamos a otro lugar, yo necesito… por favor – dijo él.
Ambos se alejaron del mercado, donde ya nadie los veía. Lilium los hizo desaparecer de allí y aparecieron fuera de la carpa de Styxx. Él miró a todos lados, cofundido.
- Mis caballos y mi perro – dijo él.
De inmediato los animales aparecieron allí también, con las compras que Styxx había hecho hasta el momento.
- Te escuchó – dijo ella, aun seria.
- Yo… - Styxx no sabía como empezar. Al ser castigado con los recuerdos de su hermano, se había enterado de como el prometido de Lilium había abusado de ella, luego de que el propio Styxx la acorralara en uno de los pasillos. – Siento lo que te hizo Corban, no fue mi intención que él reaccionara asi… ni siquiera se por que hice lo que hice… yo…
- ¡Suficiente! - Lilium lo interrumpió, molesta. – No quiero oírlo, no quiero saberlo… - ella empezó a jadear como si le costara respirar.
- ¿Estas bien? – él se oía preocupado.
- ¿Es que acaso te importa?
Los poderes de Lilium crepitaban a su alrededor, no podía controlarse cuando se ponía furiosa. Los dos caballos de Styxx se movían nerviosos, al igual que el perro. Todo le afectaba más ahora, sus emociones eran volátiles y el solo recuerdo de esa noche la alteraba, algo que jamás le había sucedido antes.
- Si me importa – dijo él, algo triste. Toda su vida había sido mal interpretado y la forma en que había tratado a Lilium esa noche era porque ante ella no podía ocultar el resentimiento que le provocaba verla.
- ¡Mentiroso! – gritó ella, sus poderes descontrolándose y enviando a Styxx lejos.
Él cayó a unos metros, sobre una roca afilada que sobresalía de la arena. Parte del filo de la roca se clavó en su espalda. Rápidamente la arena comenzó a cubrirse de rojo. Styxx trató de incorporarse, entre quejidos. Eso se ganaba por tratar de hacer lo correcto.
Lilium se puso pálida al notar lo que había hecho. No había querido lastimarlo. Se acercó a él rápidamente para socorrerlo.
Styxx se apartó de ella, no queriendo ser lastimado de nuevo. La chthonian lo miró arrepentida. A pesar de todo, no era culpa de Styxx que su antiguo prometido fuera un idiota inseguro.
- No fue mi intención… me cuesta un poco controlarlo, dejame ayudarte – ella quiso girarlo para ver su espalda.
- No te molestes – dijo Styxx. – No moriré por algo como esto.
Lilium frunció el ceño, aun arrodillada al lado de Styxx, quien se había incorporado con dificultad. Los ojos de ella se pusieron vidriosos como si quisiera llorar.
- ¿Estas bien? – preguntó él. No esperaba verla tan vulnerable. Además sentía curiosidad de lo que había pasado en el último siglo con ella.
Lilium asintió, mientras movía la mano sobre la camisa de Styxx haciéndola desaparecer. Lo que vio la sorprendió demasiado, el cuerpo del hermano de Ash estaba cubierto de cicatrices por todo un costado, como si hubiese sido torturado.
- Te dije que no necesito ayuda – dijo él, tratando de ocultar sus cicatrices.
Por primera vez ella lo miró con detenimiento. Puso su mano sobre el antebrazo de Styxx y de inmediato la herida en su espalda se cerró y el dejó de sentir dolor. También su camisa regresó a su cuerpo.
- Gracias – dijo él, poniéndose de pie, algo malhumorado.
Lilium continuaba mirándolo, arrodillada en la arena, como si fuera la primera vez que lo viera de verdad. Entonces nuevamente miró en su pasado, mucho más allá que cuando pasaba sus días en la Isla Desaparecida. Lo vio en su vida mortal, como el guerrero y príncipe que una vez fue, y descubrió una gran verdad. Styxx no era el idiota que ella y Ash siempre habían creído que era. Styxx había sufrido tanto o más que su hermano, solo que ellos no se habían enterado de ello. Todas las atrocidades que Styxx supuestamente había cometido no eran más que trampas que le habían tendido.
Styxx miraba las lágrimas correr por las mejillas de la Chthonian. Confundido se arrodilló junto a ella.
- ¿Por qué lloras? – preguntó él.
- No lo sé… - ella se secó sus lágrimas, algo molesta – pasa muy a menudo últimamente y no puedo controlarlo, como tampoco puedo controlar el arrojar gente…
Styxx sonrió y le enjugó las lágrimas que seguían saliendo.
- Lo siento – la chthonian tomó la mano con la que él limpiaba sus lágrimas. – No lo sabía.
Él se veía claramente confundido, hasta que entendió a lo que ella se refería.
- Lo viste – dijo angustiado, apartando su mano de Lilium. – ¡Viste mi pasado! ¡No tenías derecho!
- ¿Importa eso? – ella parecía abatida. – ¿Ash lo sabe?
- No me importa lo que sepa ese bastardo – Styxx apartó la mirada, pero Lilium pudo descubrir el dolor que encerraban esas duras palabras.
Ash y Styxx aun no arreglaban del todo sus diferencias, a pesar de lo que había pasado en los últimos años.
- Es mejor que me vaya. – La chthonian se puso de pie.
- Espera – Styxx, aun arrodillado, tomó una de las manos de Lilium. - ¿Dónde estuviste todo este tiempo? Me lo debes, por entrometerte en mis recuerdos.
Ella pareció dudar unos segundos, hasta que finalmente dijo:
- En el infierno, estuve en las mazmorras de Lucifer y luego en las de Noir. Escapé hace solo unos meses.
El rostro de Styxx reflejaba el horror de lo que eso significaba. Ahora entendía las emociones tan volátiles de la chthonian. Pensó en tantas cosas que decirle, palabras de consuelo y simpatía, pero al final no pudo decir nada de eso.
- ¿Quieres quedarte a cenar? – preguntó él, casi de manera normal.
Ella se sorprendió por la invitación, pero luego sonrió, no como esas antiguas sonrisas con las que acostumbraba deslumbrar a todos, sino más bien tímida, como si hubiese olvidado como sonreir de verdad. Pero ya era algo. Styxx sospechaba que ella no había sonreído en mucho tiempo.
Durante los siguientes tres meses se hizo costumbre en Lilium el visitar a Styxx de vez en cuando. Hablaron de muchas cosas que estaban más relacionadas con los cambios en las últimas décadas. También Lilium se enteró que Ash se había casado y tenía un hijo, algunos dark hunter habían sido liberados de su servicio a Artemisa, y que ya no habría más dark hunter libres porque la diosa griega había hecho un berrinche cuando Ash ya no quiso estar bajo su sombra.
Por una parte eso alegraba a Lilium. El que Acheron finalmente fuera libre era una buena noticia, pero no podía evitar sentir envidia y tristeza.
Una noche a fines de noviembre Lilium decidió quedarse a dormir en la tienda de Styxx. Cada uno en un saco de dormir, se dieron las buenas noches y se dejaron llevar por el sueño.
Algunas horas más tarde Styxx despertó por unos extraños jadeos. Ya más despejado se dio cuenta que era Lilium quien tenía una pesadilla. Él se sentó y estiró su mano hacia ella, la sacudió para despertarla. La chthonian despertó, pero aun estaba inmersa en su sueño, porque tomó a Styxx del brazo y lo giró sobre su abdomen, doblándole el brazo hacia la espalda. Estaba a punto de romperle el brazo cuando los gritos de él, finalmente, consiguieron traerla a la realidad.
- Lo lamento – dijo Lilium, soltando a Styxx.
Él no parecía molesto, solo adolorido mientras sostenía el brazo que casi le había roto. Styxx entendía lo que era ser visitado por sus enemigos en sus pesadillas.
- Está bien, finalmente no pasó nada.
- No está bien – dijo ella angustiada. – Hace unos días me preguntabas por que no busco a mis amigos, por que no busco a Ciel, por qué deambulo sola por todos lados… pues por esto… tengo miedo de perder el control, de sentir envidia de Ash y su familia perfecta y hacerles daño sin querer. De comenzar a gritar a los cuatro vientos el por qué me dieron por muerta tan fácilmente y nadie me buscó jamás. ¿Tan débil me creían? – Lilium, ya sentada frente a Styxx apoyó sus codos en las rodillas y sostuvo su cabeza con las manos. – Tengo miedo de buscar a Ciel y descubrir que ya me olvidó, que quizás tiene a alguien más. Después de todo ya ha pasado más de un siglo…
- Yo perdí a mi esposa hace más de nueve mil años y aun la amo como el primer día, Lilium ¿Por qué no sería lo mismo con Ciel?
- Porque estoy rota, no sirvo, estoy dañada, soy defectuosa. – Ella lloraba de nuevo. – Y estas malditas lágrimas que no puedo controlar, la ira que no puedo controlar… Pude hacerte daño, lo mejor es que me vaya ahora…
Lilium comenzó a ponerse de pie.
- No te vayas… - Styxx se puso de pie también.
- Podría hacerte daño.
Él la abrazó.
- Se que no me harías daño intencionadamente, confio en ti.
- No me controlo Styxx, ni siquiera me conozco ya… Odio sentirme asi… Odio sentirme débil, nunca pensé que sería tan débil. Además… ni siquiera sé si esto es real.
