LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

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UN NUEVO BLANCO

(Adv: toques NaruHina)

—¡Mamá, mamá!

—¿Uh?— Hinata, que estaba en el despacho de su esposo en la planta alta de su hogar, se asomó por el pequeño balcón de las escaleras y vio a su presurosa hija quitarse con torpeza sus pequeños zapatos para ir a buscarla —Hima-chan, ¿Ocurre algo?¿Por qué la prisa?— preguntó con cierta gracia.

—¡Oh, mamá, no vas a creer lo que tía Hanabi me dio!— aseguró la pequeña peliazul al agitar en su mano una hoja de papel.

Hinata comenzó a bajar —¿Y qué es lo que te dio?— cuestionó una tanto desconfiada de las ocurrencias de su hermana. Hanabi adoraba a sus sobrinos, pero en ocasiones solía retarlos; como cuando le aseguró a Boruto que él también podría activar su kekkei genkai, y el pequeño rubio terminó enfrentándose a duelos contra cualquiera que se le pusiera en frente, lastimándose y lastimando innecesariamente a otros pequeños ninjas.

Himawari esperó de pie por su madre y le sonrió ocultando la hoja tras su espalda, de forma juguetona.

La joven Hyuuga le alzó las cejas esperando por su respuesta y la niña dio un salto de emoción.

—¡Esto!— dijo y le tendió la hoja.

Los ojos lilas de Hinata no necesitaron examinar a detenimiento el papel en sus manos para saber lo que era. Cierta preocupación se asomó por la sonrisa nerviosa que le dedicó a la niña de vivaces ojos azules.

—Es el formato para inscripción a la Academia— dijo y no dejó de verla a los ojos, extrañada—. Nunca habías mencionado que quisieras ser una kunoichi.

Himawari sonrió —No lo había pensado seriamente— inició enterneciendo a Hinata por lo decidida que sonó —, pero tía Hanabi tiene razón, todo poder debe ser utilizado para defender a la aldea y en especial a quienes amamos. Es eso a lo que papá llama la voluntad de fuego, ¿es así, mamá?

La joven peliazul suspiró resignada —A-algo así— le dijo y siguió viéndola invadida por una nueva emoción. Himawari le sonrió abiertamente.

—¿Mi hermano ha llegado ya? Quiero ver la cara que pondrá cuando sepa que pienso ser también una gran ninja— alzó la voz a entrar corriendo escaleras arriba.

—Ah, no… Boruto no ha llegado aún.

Hinata todavía veía a su hija cuando la puerta de entrada volvió a abrirse, dejando entrar la luminosidad de ese día.

—Hola, lo siento, se echó a correr de pronto— Hanabi saludó y se disculpó por dejar a Himawari adelantarse en el camino.

—Descuida.

Los ojos perlados de la menor de las Hyuuga se fijaron en la hoja en la mano de su hermana.

—¿Qué te parece? Parece que nuestra niña comienza a crecer— dijo sonriendo al terminar de entrar y pasó de largo directo a la cocina —. Muy pronto las kunoichis y futuras kunoichis de la aldea tendrán a alguien de quien cuidarse— bromeó y le guiñó un ojo cuando vio a Hinata seguirla.

—Esto es algo serio, no deberías bromear.

Hanabi suspiró —Creo que la estás sobreprotegiendo y ya lo hemos hablado. ¿Qué piensa Naruto al respecto?

Hinata negó —En realidad no lo hemos hablado, pero sé que él también espera que…

—¿Lo ves? Estás un poco paranoica— interrumpió la menor —. El mundo shinobi es por lejos, mucho más tranquilo de lo que lo fue hace años, incluso más que en el que nosotras crecimos— le restó importancia.

La mayor suspiró y se recargó en la mesa al verla servirse un vaso de agua.

—Lo hablaré esta noche con Naruto— cedió sabiendo que sus miedos, si bien eran innatos en cualquier madre, tal vez si estaban exagerados —. Confiaré en Himawari si se siente capaz de hacerlo.

La castaña se encogió de hombros —Claro, además, tampoco es como si fueran a misiones mortales, empezarán como todos… cazando gatos— dijo un poco decepcionada —. Uhm— la chica torció los labios desanimada—… seguiré entrenándola— aseguró luego de meditarlo mejor.

Hinata sonrió por primera vez de forma natural, luego de resignarse a esa nueva noticia.

O.O.O.O.O

En el verde bosque que rodeaba la aldea, la calma era casi total. El día era nuevamente soleado en aquella media tarde de otoño.

El sonido y el temblor que provocaron unas ramas de un árbol al moverse, hicieron volar a un par de aves cercanas.

—Shh, Boruto, no te muevas y deja de jugar— una pequeña pelinegra regañó a su compañero de equipo.

—Lo siento, solo resbalé.

Los negros ojos tras las gafas prestaron atención al fastidiado rubio.

—¿Te pasa algo?— preguntó con cautela mientras se acomodaba el intercomunicador en la oreja.

El ojiazul negó con una mueca de hastío —No. Bueno sí, estoy harto de perseguir tontos gatos. Necesitamos misiones de riesgo, algo que nos rete de verdad— soltó dejándose caer en la rama del árbol, haciéndola mover y provocando el vuelo de más aves.

Sarada lo vio con reproche por eso y él la ignoró. La pelinegra terminó por suspirar.

—Todos pasan por esto… se supone que es parte del entrenamiento que debemos seguir si pensamos convertirnos en Chunin.

La cara de fastidio se hizo más notoria en el Uzumaki. Sarada sonrió imaginando ese acto que tanto esperaba y que les daría un rango mayor en sus vidas de ninjas.

—Será genial poder conseguirlo y tener el reconocimiento de todos. Tu padre estará presente junto a los grandes Kages, ¿no te emociona eso?

El niño guardó silencio.

"Supongo que ahí podré verlo" pensó sin saber si estaba molesto o decepcionado por la poca atención que recibía de su padre.

«¿Me escuchan? Objetivo localizado en el sector noreste de la aldea. Repito. Sector noreste» la voz del tercer integrante del equipo hizo saltar a Boruto de entre las ramas en la dirección dada.

—Boruto, espérame— llamó la pelinegra —. Confirmado. Vamos en camino— respondió al presionar el botón del intercomunicador. Sarada se regañó por quedar atrás, debía seguirlo y Boruto ya le llevaba mucha ventaja con su velocidad —Diablos, Boruto.

«¿Están cerca?»

—Estoy por llegar— confirmó el rubio.

«Le cerraré el paso en dirección del monumento Hokage al límite de la aldea. No lo dejes volver a salir»

—Entendí— afirmó el chico que, fastidiado, se limitó a cumplir con la absurda y aburrida misión de recuperar al gato que seguro escapó de su atosigante dueña —. Así nunca superaré al viejo— refunfuñó al detener su carrera en un alto poste y recorrer con su vista la ciudad. Sonrió al ver al escurridizo felino.

El joven Uzumaki se lanzó de fuerte salto justo sobre el animal y éste, al sentirlo, corrió con una velocidad increíble.

—Demonios, estúpido gato— maldijo el niño que pisó suelo y con el mismo impulso cambió de dirección, siguiéndolo —¡Arrg!— gruñó al haber chocado con alguien al que no había alcanzado a ver —¡Oye anciano que no ves que…!— reclamó al ver la alta y negra figura —¿Eh?— el joven rubio detuvo sus palabras y frunció el ceño al ver aquel ojo negro del tipo que volteó a verlo de medio lado.

El carácter orgulloso del ojiazul lo hizo levantarse y pretender reclamarle por atravesarse en su camino, pero algo en la presencia imponente de esa persona detuvo su reclamo.

—¿Quién es usted? Nunca lo había visto— preguntó con el ceño fruncido y con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

El Uchiha giró su cuerpo a verlo, a pesar que era la primera vez que lo veía, el pelo, sus ojos y principalmente las marcas en sus mejillas, le habló de su origen.

—¡Oiga!, ¿qué no me escucha?— reclamó el pequeño ofendido mientras ignoraba las voces de sus compañeros por el intercomunicador.

—Eres el hijo de Naruto, eh— dijo viéndolo de los pies a la cabeza.

—¿Conoce al viejo?— preguntó con desconfianza. Nadie en la aldea llamaba a su padre por su nombre, todos solían llamarlo Hokage o Séptimo, a excepción, claro, de sus cercanos, pero él no lo reconocía como uno de ellos.

—¡Boruto! ¿Por qué no con-?— Sarada llegó tras él de un largo salto—… Papá— dijo apenas con voz al verlo.

Los ojos del Uchiha viajaron despacio a ella.

—¿Papá?— preguntó Boruto y luego de ver a su compañera, volteó a ver al hombre frente a él.

"Entonces este sujeto es… el que fue el gran rival de mi padre"

—Mamá dijo que… estabas en la ciudad— inició con cierta duda la pequeña de lentes al verlo fijamente —. Creí que te habías ido ya.

—Supe que estabas en misión, no pretendía interrumpir— dijo justificando la falta de su visita.

La niña se llevó la mano a la nuca y se ruborizó —Bueno, sólo son tontas misiones— explicó.

—Ya veo.

—¿Estarás algunos días?

El pelinegro negó —Volveré a irme en un par de días. Hay algo que debo investigar.

—¡Oiga!— el rubio interrumpió la no tan espontánea conversación — Y si estará aquí, ¿por qué no nos entrena?— sugirió emocionado.

Los ojos negros volvieron a enfocarse en él.

—Eso deberías pedírselo al Séptimo, después de todo, él es el shinobi más poderoso de todos— intervino la de ojos negros y rojo ropaje, sin pretender ocultar toda la admiración que le tenía al líder de la aldea.

—¡Qué va! El viejo debe ser solo un debilucho ya, al haberse metido en ese trabajo aburrido que lo tiene todo el día absorto y lejos de grandes batallas— le restó importancia. El joven Uzumaki desde que escuchó de las proezas del padre de su compañera, deseó imitarlo, nunca había entendido del todo el poder de su padre, eso, aunado a que deseaba ser distinto a él, fue lo que lo motivó a pedir las enseñanzas del Uchiha —¿Entonces?¿Eh?¿Qué dice?

—Imposible— dijo el alto pelinegro y se giró para comenzar a caminar.

Boruto volteó a ver a Sarada que se encogió de hombros y la animó a seguirlo con un movimiento de cabeza. Pronto los dos niños le seguían los pasos.

—Creo que es una ridiculez— habló en voz baja la pequeña pelinegra —. Solo estará aquí un par de días, además, tú padre…

—¡Debo vencer al viejo a toda costa! Le demostraré que no lo necesitamos para nada y que seré un gran shinobi, superándolo a él y a cualquier otro— aseguró el rubio muy convencido haciendo al desinteresado Uchiha voltear de reojo a observarlo, apenas un atisbo de sonrisa se dibujó en sus labios al ver un rastro de la determinación que el padre de ese niño tenía, y que definitivamente le había heredado.

Sarada caminó siguiéndolos unos metros —Tenemos una misión.

—Ya no me importa.

—Pero Konohamaru sensei…— intentó decir la chica. Boruto centró toda su atención al hombre frente a ellos y que parecía ignorarlos, y la chica terminó por suspirar derrotada —. Debo irme y lo sabes— le dijo al Uzumaki.

Solo silencio fue la respuesta. Ella volvió a suspirar.

—Debo irme papá. M-me dio gusto verte— dijo la chica que le sonrió al Uchiha cuando este volteó de medio lado a verla. Sarada le asintió confirmándole sus palabras y salió sonriendo de ahí.

Al principio había sido difícil hacerse a la idea del carácter distante y la casi nula presencia que su padre tenía en su vida, pero al final había aprendido a lidiar con ello, debía hacerlo si pretendía no complicar la tensa situación que sus padres parecían pasar. Se convenció que en la noche podía ir a verlo al territorio Uchiha y se enteraría si aceptó entrenar a su testarudo amigo. Negó en silencio y volvió a sonreír, ella tenía un camino distinto al de Boruto y si ella necesitaba ser testaruda para conseguirlo, también lo sería.

Los ojos negros dejaron de ver a Sarada cuando ésta se perdió entre las calles y volvieron la atención al rubio tras él.

—Ya te dije que no voy a entrenarte.

El Uzumaki se cruzó de brazos —Pues no pienso moverme de aquí hasta conseguirlo— dijo y se sentó en medio de la solitaria calle.

El pelinegro frunció apenas el ceño y lo vio hacia abajo —¿Por qué harías tal cosa?

—¡Porque quiero ser como usted! Ser más genial que el Hokage y demostrárselo, 'ttebasa— dijo el chico que nunca dejó de verlo a los ojos.

—Imposible— respondió el otro que veía su determinación, pero también lo débil de sus aspiraciones y lo mucho que le faltaba para siquiera lograrlas.

Boruto ladeó el rostro pretendiendo no escuchar una negativa y luego volteó a verlo otra vez.

—Ojalá usted hubiese sido mi padre— soltó el dolido chico sin pensar.

Sasuke lo vio durante algunos segundos y entendió parte de la carga emocional que tenía el que había sido su perdedor amigo, el ahora Hokage. Se dio media vuelta y siguió su camino.

—¡Oiga! ¡No me deje aquí, entréneme!— gritó el pequeño ojiazul al ponerse en pie y seguirlo. Decidió que lo seguiría día y noche hasta conseguir alguna técnica genial que aprenderle, de eso no tuvo duda.

O.O.O.O.O

Hinata observó el cuerpo en calma de su pequeña hija, que luego de haberse duchado y cenado, descansaba ya sobre su cama. Los suaves pasos de la Hyuuga se dirigieron a la ventana de la habitación de la pequeña luego de haber apagado la luz, el brillo de la luna iluminó su rostro suavemente preocupado; con apenas achicar sus ojos y fruncir suavemente el ceño, activó su dōjutsu y las venas a los costados de sus ojos sobresalieron.

La Hyuuga permaneció un par de segundos en silencio. Su ceño se frunció en extrañez al haber localizado ya a quien buscaba.

—Qué raro— se dijo al desactivar su byakugan. "¿Qué hace Boruto con… Sasuke kun?" se preguntó al saberlos a las afueras de la aldea, en medio del bosque.

—Esta vez también onii-chan está tardando— habló la adormilada niña sorprendiendo a su madre —. Seguro vuelve pronto— añadió con una sonrisa cansada.

Hinata le sonrió y asintió, el suave brillo de la luna las iluminó a las dos.

—Seguro que sí— aceptó y caminó a ella —. Descansa cariño— le dijo luego de besar su frente y acariciar su cabello para de inmediato salir. La pequeña peliazul ya no contestó al estar prácticamente dormida.

Minutos antes de medianoche, Hinata salió de bañarse, sobre el delgado y no tan largo blusón que usaba, se colocó una bata de dormir para bajar y calentar una vez más lo que sería la cena de Naruto y en esta ocasión, también de Boruto. En eso estaba cuando el teléfono de la casa sonó.

La peliazul le sonrió resignada al rubio que no pudo verla al encontrarse todavía en la oficina Hokage, mientras éste le informaba que posiblemente tardaría un par de horas más en volver a casa. Hinata le aseguró que todo estaba bien y que la cena lo estaría esperando cuando llegase, evitó mencionar la ausencia de su primogénito para evitar preocuparlo, porque a pesar de no conocer muy bien a Sasuke, sabía que él era alguien a quien le podía confiar la seguridad de su hijo.

Casi veinte minutos después de que la llamada finalizara, el sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose alertó a Hinata que salió a recibir a Boruto.

—Llegas algo tarde— dijo y le sonrió al ya verlo en casa.

El pequeño dio un salto al sorprenderse —Ah, lo siento mamá— dijo y se rascó la nuca dedicándole una sonrisa extensa —. Estuve entrenando.

—¿Qué tal la misión?

—Aburrida, pero ¿sabes que fue lo genial, 'ttebasa? ¡Convencí al papá de Sarada de ser mi maestro!— alardeó al tallarse la nariz mientras, acostumbrado, se dirigía a la cocina en busca de comida.

—Boruto, evita molestar a Sasuke kun, él es una persona sumamente ocupada— aconsejó mientras le quitaba el bento de las manos y con un movimiento de cabeza, le indicaba que se lavara las manos.

El chico torció los labios y obedeció —Sí, parece que todos los adultos son personas muy ocupadas— mencionó fastidiado —. Pero aunque él tiene un trabajo más genial que el anciano— añadió refiriéndose a su padre —, dijo que si lograba realizar el rassengan podría entrenarme— explicó al sentarse a comer.

Hinata frunció suavemente el ceño —Pero tú ya tienes un maestro.

Boruto negó al casi atragantarse —Seguiré con las aburridas misiones con Konohamaru sensei— explicó —. De hecho, él me enseñará el rassengan, se lo he pedido ya.

—Boruto, insisto en que no debes molestar a...

—Ah, descuida mamá— interrumpió el chico —. Además, él está por salir de misión y no volverá en unas semanas, tiene algo que ver o conseguir para pap-… para el viejo— dijo y corrigió fastidiado.

La ojiperla solo le pudo sonreír al sentarse a hacerle compañía mientras cenaba. Notó resignada que su hijo ya no había preguntado por su padre, seguro acostumbrado a no verlo por la casa tanto como en antaño. Entonces supuso que si Boruto estaba tan entusiasmado y Sasuke había aceptado entrenarlo, estaba bien; ya después ella se encargaría de agradecerle al Uchiha la molestia que se estaba tomando al hacer tal cosa.

O.O.O.O.O

—¡Date prisa, mamá!— el grito alegre de la pequeña Uzumaki que corría por un andador de madera, llamó la atención de dos sujetos que permanecían recargados en las rojas barandas que protegían el alto andador por el cual circulaba gran variedad de personas de esa modernizada ciudad.

—Hima, espera— Hinata casi corrió para alcanzarla. Los ojos lilas de la Hyuuga se centraron momentáneamente en los dos extraños, a uno de ellos le alcanzó a reconocer una banda protectora con el símbolo de la niebla; la sonrisa que Hinata mostraba desapareció al sentirse incómoda al tener la atención de esos dos que permanecían recargados y en silencio viéndolas. Varias personas también caminaban por el elevado camino al ser media mañana y aun así, aquellos dos no hacían más que prestarles atención.

—¡Mamá!— Himawari se subió sobre una de las muchas jardineras que acompañaban el camino de madera, para hacerse notar por su madre.

—Ah, y-ya voy— dijo y dejó de verlos para apresurar su paso y volver a sonreírle a su hija que la esperaba varios metros adelante.

Los dos altos y fornidos hombres de piel morena guardaron silencio varios segundos, uno de ellos dejó de verlas para encender un cigarrillo, el otro las observó un segundo más.

—¿De verdad crees que es buena idea? Luce tan insignificante— preguntó uno de ellos al voltear a ver al que fumaba.

—No nos pagan por creer, nos pagan por informar y si ese sujeto cree que es buena idea, debemos hablar.

—¿Tienes la información que nos dio ese científico?

El que fumaba asintió.

—Entonces vámonos, ya no tenemos nada que hacer aquí.

• • •

Dos hombres enfundados en batas blancas veían a los dos extranjeros marcharse desde el alto edificio donde tenían localizados sus laboratorios, y donde manufacturaban variedad de dispositivos que potencializarían el poder de cualquier shinobi.

—Me temo que está jugando con fuego, Katasuke san— habló un hombre que también vestía bata médica, pero éste mostraba un semblante dudoso, casi atemorizado.

Katasuke, que era el jounin jefe del Equipo Científico de Herramientas Ninja, se acomodó sus gafas y suspiró haciéndose ver más robusto de lo que era.

—No nos han dado opción— dijo recuperando su postura seria al llevar ambas manos a su espalda y caminar hacia el laboratorio.

—Pero prácticamente está entregándoles a la hija del Séptimo Hokage, ¿se da cuenta lo que eso es?— preguntó el otro cuidándose que nadie ahí los escuchara, pues hablaban de alta traición, la peor de todas.

El jefe científico tensó su mandíbula convenciéndose de que lo que hacía podía salvar vidas, aun si eso representaba perder otras.

—Nuestro Hokage es un hombre sin aspiraciones y con un ideal bastante pobre— dijo muy seguro de sus creencias —. Está negado a dejar crecer las capacidades de sus shinobis por la absurda idea del esfuerzo de cada uno y su estupidez de la voluntad de fuego. Absurdo. Es tiempo de ganar, somos la mayor nación, podríamos ser la más poderosa y la que domine a todas.

—Pero señor...

—¿De qué le sirve al Hokage su poder si no lo usa?— interrumpió molesto —Está siendo un lastre para el poder que se podría despertar. Sólo imagina a cada shinobi conociendo y realizando cualquier ninjutsu que pudiese imaginar, solo el ingenio y bueno, claro… el poder adquisitivo de cada uno determinaría quién es más fuerte.

El otro, que si bien estaba de acuerdo en acercar las posibilidades de ser shinobis destacables a aquellos que no hubiesen sido bendecidos con habilidades excepcionales, justo en ese momento estaba dudando de todo ese plan.

—¿Se ha dado cuenta que está aliándose con un enemigo de la humanidad?

El de lentes alzó su rostro —Son seres poderosos, pero no indestructibles— dijo —. Imagínate obtener algo de ese poder. Descubrir sus puntos débiles— añadió de verdad convencido que podía lograrlo.

—Du-dudo que tengan.

Katasuke negó —Los tienen— aseguró y volteó a verlo —. ¿Por qué crees que están aquí? Necesitan chakra. Y yo fui muy inteligente cuando al enterarme de su presencia logré hacer que me escucharan.

El científico más delgado y dudoso, sólo lo observó. Katasuke observaba tras un cristal como el equipo de científicos trabajaban junto con varios ninjas creando y guardando infinidad de jutsus en pergaminos.

—Ellos no piensan arriesgarse— aseguró devolviendo su vista a su compañero tras él —. Son inteligentes y por eso nos usan como carnada. Quieren el chakra y planean cazar a las bestias con cola, pretenden hacerse más poderosos antes de enfrentar a nuestro Hokage, ellos no ignoran que fue él y ese Uchiha quienes sellaron a la Diosa Kaguya— explicó ocultando el miedo que sintió cuando los tuvo enfrente y dedujo todo eso al verlos. Había sido en ese momento cuando él mismo se ofreció como subordinado, pues siempre se había sentido fascinado por todo el poder que en el mundo se podía observar.

—Y esa idea de esos ojos… los de esa niña.

El de gafas carraspeo incómodo —Para nadie en esta aldea es un secreto el poder visual del clan Hyuuga. Aquellos hombres poseen esos mismos ojos blancos, pero a diferencia de ellos, en esa niña también reside parte del poder de un bijuu, tiene una ascendencia digna de envidiar y nadie sabe qué clase de poder extra, le dé todo esto a esos ojos.

Explicó siendo consciente que no era más que una especulación, pero la misma le había dado tiempo y definitivamente le haría ganar confianza, esperaba que la suficiente para luego de estar más cerca de ellos, obtener sus propios beneficios. Era riesgoso, sumamente riesgoso si se era sincero; pero si lo conseguía no solo podía obtener información sobre nuevas técnicas, ventajas y desventajas de las mismas, crearlas y venderlas. Se haría inmensamente poderoso en jutsus y económicamente todo gracias a su inteligencia.

—E-ellos podrían matar a esa niña— debatió el otro lo que más le preocupaba.

—Podrían— aceptó —. Pero también hay medios de tener un par de ojos sin matar a la personas. ¿Recuerdas lo que sucedió con la heredera Hyuuga en aquel hecho de la luna?— le recordó aquel acontecimiento que fue precisamente el que lo llevó a establecer esa idea.

—Bu-bueno, sí, pero…

—Pero nada. Las indicaciones ya fueron enviadas.

Un par de golpes en la puerta silenciaron las nuevas palabras de ese inseguro científico.

—Sí.

La puerta se abrió —Katasuke san, Nara Shikamaru lo busca, trae un par de solicitudes para el equipo de inteligencia— informó una delgada mujer.

—En seguida voy— informó. La mujer asintió y se fue; el hombre de gafas sonrió y volteó a ver a su subordinado —. Entonces… a seguir fingiendo lealtad— le dijo y sonrió con malicia.

O.O.O.O.O

—Es hora de irse a la cama— mencionó Hinata que bajaba a la sala, donde sus hijos se entretenían, Boruto con un videojuego y Himawari mostrándole algunos de sus nuevos y perfeccionados dibujos, luego de que ambos hermanos estuvieran charlando de lo que habían hecho en su día.

Himawari asintió y comenzó a apresurarse a recoger las hojas de papel que tenía sobre la pequeña mesa de centro. Boruto sólo observó a su madre, que ya bañada y con una delgada bata cubría su cuerpo, mientras los veía recargada en el marco de la entrada a la sala y comedor.

El chico terminó por suspirar, ya pasaban de las diez de la noche y su padre otra vez no había aparecido… "Ni siquiera sé qué me sorprende" se regañó al creer tontamente que ese día podría llegar temprano y, tal vez, convivir todos un poco.

La Hyuuga observó el comportamiento serio del pequeño rubio que caminaba hacia ella para dirigirse a las escaleras.

—Procura no dormir tarde, eh, Boruto— le recordó al acariciarle el cabello cuando pasó a su lado.

—Sí, mamá. Date prisa Himawari.

—¡Sí!

La sonrisa de Hinata se extendió al verla correr con sus cosas entre sus brazos y casi caer por la prisa que llevaba de alcanzar a su hermano, el mismo que metros adelante se detendría y le ayudaría con lo que cargaba.

Largos minutos después, siendo casi media noche, Hinata decidió subir a su alcoba; otra vez había dispuesto lo que sería la cena de Naruto. Revisó los cuartos de sus hijos, asegurándose de que ambos durmieran, vio enternecida a la pequeña casi idéntica a ella dormir abrazada a un oso de peluche y cobijó a su hijo que había tirado las mantas al suelo al tener una muy mala postura al dormir.

Sus delicados pasos que eran silenciados por unas suaves pantuflas, se detuvieron al escuchar ruido en la entrada.

A pasos curiosos se asomó por el balcón de las escaleras y abrió los ojos sorprendidas al ver a su esposo entrar quitándose la capa de Hokage, al mismo tiempo que se deshacía de su calzado.

—Llegas temprano— saludó al bajar un par de escalones.

El rubio le sonrió mientras se tallaba cansadamente el puente de su nariz.

—Debe ser media noche— habló moderando su varonil voz.

—La cena está lista.

El joven Hokage negó —Comí algo de ramen en la oficina— informó haciéndola detener sus pasos. Él le sonrió y ella devolvió el gentil gesto.

—Luces agotado, deberías descansar— mencionó la joven de ojos lilas al verlo dirigirse a ella.

Naruto volvió a negar y se detuvo un escalón antes de llegar al de ella, la tomó de la cadera y besó los delgados labios a su joven esposa.

—Descansar no está en mis planes… todavía— aseguró en medio de pequeños besos. Ella abrió los ojos con ligera sorpresa y no contuvo ese sonrojo que, a pesar de los años, le seguía siendo característico cada que se avergonzaba.

Hinata se mordió el labio inferior suavemente y asintió. Luego de que Naruto pasara a hacer una corta y silenciosa visita a sus hijos, pronto el cuerpo del Hokage se posaría sobre el de su curvilínea esposa en esa habitación de luces apagadas, la misma que era bañada por algunos rayos lunares.

—Hay algo que debo decirte— dijo ella al acariciarle el rubio y delgado cabello, mientras él le besaba el cuello y le abría la delgada bata que la cubría.

—¿Justo ahora?

Ella sonrió tanto como pudo en ese momento —Es sobre Hima y… la academia— informó apenas con voz, sabiendo que desde el día anterior debían hablarlo y no habían podido por el poco tiempo que ambos tenían juntos.

Naruto asintió y jadeó al sentir el cuerpo expuesto de Hinata bajo él —Lo hablaremos en unos momentos… ¿está bien?— la voz se le escapó ronca e intentó sonreírle, controlando el inmenso calor que lo quemaba.

La joven Hyuuga asintió despacio con sus labios entreabiertos, dejando escapar su respiración a modo de aliento. Naruto bajaría a besar una de sus mejillas y posteriormente sus labios. Con besos profundos y húmedos silenció los sensuales gemidos que por más de media hora le arrancó a Hinata, cuidando su intimidad y la clandestinidad de su encuentro sexual, al tener a pocos metros las habitaciones de sus dos hijos.

• • •

—Entonces en tres días, ¿ah?— mencionó Naruto al voltear a ver de reojo a su pequeña hija que desayunaba con ellos. Luego de que envueltos entre las sábanas, Hinata le contara lo que la inquietaba.

Himawari casi saltó de emoción y asintió mientras terminaba de beber un vaso de leche.

—Solo esperamos que no estés lo suficientemente ocupado como para olvidarlo y faltar— soltó el pequeño y orgulloso rubio mientras se levantaba de la mesa al haber terminado su desayuno.

—¿Eh?

—Boruto— la voz dulce de Hinata sonó con medio tono de advertencia, aunque para nadie era un secreto que Naruto estaba cada vez más absorto en su trabajo, Hinata procuraba hacer entender a sus hijos que no era su culpa.

—Mhn— el niño gruñó y ladeó el rostro avergonzado con su madre.

Naruto se llevó una mano a la nuca cansadamente —Por supuesto que no faltaré. Tal como lo hice con Boruto, también te acompañaré a entregar tu solicitud y no solo eso, estaré ahí en tu primer día de clases, 'ttebayo— aseguró y le dedicó una enorme sonrisa a la pequeña ojiazul que lo vio con total emoción.

—Eso me emociona todavía más—confesó mientras se meneaba en su asiento, haciendo sonreír a su padre e incluso a su hermano, aunque este último trató de disimularlo.

—Entonces supongo que todos te acompañaremos— intervino Hinata ganándose la atención de todos en el comedor —. Yo también te acompañaré orgullosa, tú también lo harás, ¿no, Boruto?

El chico, recargado en la pared y con los brazos cruzados, ladeó su rostro y asintió. Un segundo después carraspeo y se disculpó asegurando que debía irse, todo para evitar que le notaran el pequeño sonrojo que se le había formado.

Hinata y Himawari todavía lo veían partir cuando Naruto suspiró cansadamente y se puso de pie.

—Yo también debo irme, anoche Shikamaru y yo todavía dejamos algunos pendientes.

La joven Hyuuga se puso de pie —Más tarde te llevaré comida.

Naruto le sonrió y antes de marcharse le dejó un pequeño beso en los labios que hizo sonreír a su entretenida hija, Hinata se ruborizó a pesar de los años que ambos llevaban juntos.

—Intentaré llegar temprano, 'ttebayo— alzó la voz Naruto y se despidió con un efusivo movimiento de mano, antes de cerrar la puerta de la casa y salir con prisa.

—Deberías dejar de prometer lo que no vas a poder cumplir.

—¿Eh?— la voz de Boruto hizo al mayor de los Uzumaki detenerse. Naruto le sonrió —Sigues por aquí, 'ttebayo— dijo y con un movimiento de cabeza lo animó a caminar a su lado.

El ojiazul de dos marcas en las mejillas resopló fastidiado por la que creía era la ligereza con la que su padre actuaba.

—Himawari sí cree en ti— le dijo y Naruto sonrió con medio rastro de desánimo al entender que él juraba no tenerle fe —. Si no vas a ir, no le digas lo contrario, ella entenderá.

—Prometí acompañarla— dijo seguro el joven Hokage.

El pequeño suspiró cansadamente —Sólo no lo arruines o no te lo perdonaría— dejó claro al verlo a los ojos al haber llegado a la esquina donde sus caminos se separaban.

—Hey, confía en mí— dijo el mayor de los rubios y le extendió su mano vendada y con el puño cerrado, esperando por ese pequeño choque de puños que les representaba confianza y cariño sin necesidad de palabras.

Boruto ladeó la cabeza y dio dos pasos para marcharse, un par de segundos después regresó los mismos y de forma poco delicada, chocó los puños con su satisfecho padre que lo vio partir corriendo.

O.O.O.O.O

Lejos, muy lejos de Konoha, en una tierra árida y de altas montañas, casi deshabitada; justo entre el país de la Tierra y el Viento, se encontraban arrodillados dos hombres de vestimentas grises y armaduras características de la niebla, con los rostros gachos y a la espera de las palabras de las imponentes figuras frente a ellos.

—Con todo respeto, Momoshiki sama— el hombre robusto y de byakugan habló observando de reojo y de forma despectiva a los dos soldados hincados —. Me parece que perdemos el tiempo— dijo llevándose sus dos grandes manos a la espalda, y ahora sí vio al pequeño y poderoso sujeto que parecía flotar sobre unas salientes rocosas a un par de metros de él.

El pequeño que vestía alguna especia de túnica blanca y gris, alzó sus fríos ojos a él al mismo tiempo que deshacía en llamas el pergamino que había estado leyendo.

—Tiempo es de lo que más disponemos— le recordó.

El otro negó no muy convencido —Si me permite decirlo, creo que es una gran estupidez lo que…

—Silencio— advirtió sin despegarle sus blancos ojos —. Es una teoría absurda… pero teoría al fin y al cabo— dijo con una profunda voz calmada, meditando las cosas.

—Ese sujeto, Toneri, ya lo intentó y funcionó porque las cosas se hicieron al pie de la letra— replicó el robusto —. El poder que él consiguió sería idea pero en este caso, dudo que…— hablaba pero la fría y analítica mirada del que era su superior lo hicieron callarse. Terminó tragando saliva lentamente.

—El tenseigan— dijo despacio —… es casi tan poderoso como el rinnegan— agregó viendo ese único ojo rojo que él poseía en su mano derecha —. Mucho más superior a un byakugan común— continuó pensando en las posibilidades que pudiese tener de conseguir esos ojos.

El alto y fornido Otsutsuki volvió a tragar saliva al sostenerle la mirada al pequeño.

—Los quiero.

—Pero señor, es sólo una teoría… una tonta teoría.

—Aun así— dejó claro y entonces sus ojos se fijaron en los negros de los dos soldados que habían alzado su vista a él —. Lo decidí— dijo y los otros asintieron para ponerse de pie. Todos sabían qué debían hacer.

—Entonces… ¿los bijuus y el chakra por el que venimos?— volvió a hablar el robusto y disconforme Otsutsuki.

El menor sonrió —Comenzaremos a cazarlos… poco a poco— informó y sus ojos mostraron más frialdad de la que ya tenían —. Dejaremos al nueve colas al final. No nos arriesgaremos… todavía.

Continuará…


Hola (:

Aquí dejo el segundo capítulo, en el siguiente es cuando todo pasa. Espero que me vaya dando a entender.

Como pudieron notar tergiversé las cosas para darle un rumbo y sentido a este fanfic, los villanos siguen siendo los de Boruto the movie, los escenarios igual, supongo que como yo algunos se adelantaron a los cines y vieron la peli, así que confío en que reconozcan personajes y lugares, no quiero detenerme tanto en detallar escenarios, prefiero darle prioridad a la trama y que sea más sencillo de leer.

*Katasuke es el jounnin científico que fabrica los artefactos ninja, uno de los cuales es el que usa Boruto durante el examen chunin.

Y… ¿qué más?, creo que nada más, si tienen alguna duda pregunten, según yo intenté ser clara, aunque bueno, yo ya sé a dónde voy y no quiero dar por hecho que me entienden xD

Ah, y bueno, ¿leyeron eso del amor lento SH? ): supongo que va a ser muy lento porque todavía ni se hablan :v pero bueno, como dije, el fanfic va para SasuHina, así que las amantes de la pareja, ténganme paciencia, quiero manejar o intentar manejar esto de una forma creíble, que las cosas pasen y los arrastren a estar juntos, que nada surja de inmediato.

Sin más, gracias por leer y más por sus comentarios a quienes se tomaron el tiempo ñ.ñ

•Astrid Sakamaki •Daisuke-37 •SadhyRose •Valeria •zerowilli •frangarrido1993 •lizeth de Uchiha •evilangelux •Francisvict •Julia •Karla XM

Besos, Aidé.