Nota de Tempestt: Exención de responsabilidad: No soy dueña de DBZ, si lo fuera, habría amordazado a Gokú y lo mantendría en el sótano mientras dejo que Vegeta se vuelva loco. Esto es, si lo dejó con suficiente energía para hacerlo.

Muchas, muchas gracias a lisaB por editar para mí. Estoy encantada de tenerla. ¿No ha hecho un trabajo maravilloso?

Capítulo quince

La redención

—¿Vas a algún lado, príncipe Vegeta? —La voz de Gen-Seng surgió lentamente de la oscuridad, serpenteó alrededor de Bulma y Vegeta, y los ató al lugar.

Vegeta se dio la vuelta para enfrentar el nuevo peligro que se cernía sobre ellos. Sus gruesos dedos rodearon la delgada muñeca de Bulma, de un tirón la colocó detrás de una manera protectora, se dejó caer en una postura defensiva y su gruñido de advertencia resonó en la noche.

Satanás salió de entre las sombras mostrando sus finos labios estirados en una sonrisa sardónica. Pestilencia y Vanidad lo flanqueaban, y Bulma notó alarmada que los tres estaban usando sus rastreadores. La pareja se separó de Satanás para cercarlos desde direcciones opuestas mientras dejaban que Gen-Seng distrajera a Vegeta.

El líder de la purga tocó el lente de su rastreador con un dedo ennegrecido y, decepcionado, chasqueó la lengua hacia Vegeta.

—Parece que le pasa algo malo a nuestros rastreadores, no podemos obtener ni una señal.

Vegeta resopló en tono burlón, sabía muy bien por qué no podían llamar. Aunque antes usó la intimidación para mantenerlos alejados de los rastreadores, la verdadera razón por la que no quería que los recogieran se debía a que había programado el ordenador de a bordo para emitir una señal de interferencia antes de abandonar la nave. Sin embargo, era solo temporal y eventualmente lo descubrirían.

—No es mi culpa si eres un idiota tecnológico, Gen-Seng. —El líder de piel roja se volvió aún más sombrío ante el insulto y desprendió sus labios negros de sus colmillos.

—Todavía no has respondido a la pregunta, príncipe. —Satanás escupió el título de Vegeta como si fuera una maldición.

Bulma se acercó más a la sombra protectora de Vegeta resistiendo apenas la tentación de presionar su cuerpo contra él. Por el rabillo del ojo vio a Vanidad burlándose de ella.

—Tal vez no quiere compartir la mujer contigo, Gen-Seng. El príncipe es codicioso y el apetito de los saiyayíns es legendario. —La lengua bífida de Nol salió como una flecha para saborear el aire.

Los ojos de Gen-Seng se estrecharon a fin de examinar el amplio cuerpo de Vegeta que protegía completamente a la belleza de cabello azul.

—¿Se trata de eso, Vegeta? ¿La llevas de vuelta a tu nave para una buena y adecuada follada antes de matarla? —Satanás se desplazó a un lado y el brazo de Vegeta se disparó, curvándose hacia atrás para guiar a Bulma mientras se movía para coincidir con la posición de su enemigo.

Los ojos de Vanidad se entrecerraron cuando miró la pantalla de su rastreador y su labio superior se arqueó de nuevo para revelar unos dientes perfectamente blancos.

—No, algo es diferente, él es diferente.

Satanás ladeó la cabeza como un cachorro curioso y el segundo conjunto de párpados de Pestilencia pestañeo.

—¿Diferente? —Ambos hombres se hicieron eco como si nunca hubieran oído la palabra. Vegeta gruñó y le envió una mirada llena de muerte a Vanidad.

—Sí, mira como está actuando y como se comportó en el campamento —confirmó Tamín, sus hermosos rasgos se oscurecieron por la confusión.

—Bueno, el príncipe Vegeta nunca ha sido sociable, ¿verdad? —bromeó Gen-Seng, sin embargo, había un aire ligeramente incómodo en él.

—¿Pero alguna vez lo vistes rechazar la comida? —susurró ella y todos recordaron como Vegeta rechazó la extremidad ennegrecida que Tamín le ofreció mientras se sentaban frente al fuego.

—No tenía hambre —replicó Vegeta. Los hombros se le pusieron tensos al escucharlos discutir sus acciones como si no estuviera ahí.

Los ojos de Nol fueron los primeros en ampliarse al comprenderlo y al instante se apartó del príncipe como si fuera portador de una enfermedad mortal. Los ojos de Gen-Seng y Tamín se dispararon hacia el hombre de color verde amarillento interrogándolo en silencio.

—Él está infectado. —Nol se quedó sin aliento, sus dos compañeros lanzaron miradas asustadas hacia Vegeta. Ellos también se alejaron del príncipe y lo miraron con horrorizado pavor.

Vegeta se erizó, todo su cuerpo pareció duplicar de tamaño cuando explotó debido a la ira. Su cola que arremetía furiosa casi se pierde entre las piernas de Bulma.

—¡No lo estoy! —bramó en defensa con las manos en puños.

Bulma saltó ante el repentino arrebato y sus ojos asustados brincaron de un lado al otro entre los combatientes, se hallaba del todo confundida en cuanto a lo que hablaban. Como "doctora" de Vegeta hasta ahora, podía decir con gran convicción de que él era el hombre más saludable que jamás había conocido, junto a Gokú. Definitivamente no estaba infectado con cualquier cosa.

—¿Es eso cierto, príncipe Vegeta? —El tono de Gen-Seng era una declaración ante la que sus ojos negros se ensancharon con incredulidad. Estar infectado era peor que la muerte, era una vergüenza imperdonable. Vanidad se quedó en absoluto silencio y Bulma observo como la mujer se pasó el dorso de la mano por la boca como si tratara de limpiar un asqueroso sabor.

—No, no lo estoy. Soy el Príncipe de todos los Saiyayíns, nunca me permitiría sucumbir a tal debilidad. —Vegeta escupió las palabras con el mayor veneno. Bulma sintió la tensión de su cuerpo, así como su abrumadora necesidad de convencerlos sobre su buen estado de salud.

El escuadrón lo miró sin estar convencidos hasta que el silencio tangible fue roto por el susurro desesperado de Vanidad.

—La redención.

Los tres hombres retrocedieron ante las palabras y los surcos en la frente de Bulma se profundizaron. ¿De qué demonios hablaban?

De repente Satanás estalló en una risa ahogada que le puso los nervios de punta a ella.

—¿Has encontrado a Dios mientras estabas en tu pequeño descanso, príncipe Vegeta?

—Cierra tu maldita boca, Gen-Seng, no sabes de lo que estás hablando —gruñó Vegeta y sus ojos oscuros brillaron con la promesa de castigos dolorosos.

Satanás lo ignoró y continuó burlándose de su antiguo compañero de batalla.

—¿El gran malvado al final encontró la redención en la forma de un ser todopoderoso? ¿Eres salvo ahora, Vegeta?

—¿Recuerdas a Dallas? —interrumpió Nol para no ser menos que Satanás—. Él encontró a Dios, una deidad en el cuadrante Fect. ¿Cómo era llamada esa religión? Pacificar, patrotism...

—Pacifismo. —Tamín suministró la información mientras sus grandes ojos no dejaban de mirar a Vegeta con la intensidad de un gato herido.

—Ah, sí, ya me acorde. Él no volvió a levantar la mano con violencia, se negó a entrar en combate e incluso llegó al extremo de no defenderse. Lo único que hacía era sentarse en una colchoneta y orar —gruñó Nol al recordar la distante memoria.

Satanás estrechó sus ojos negros hacia Vegeta.

—Sí, fue perfecto hasta que Frízer lo arrojó a los corrales de esclavos. Lo despedazaron miembro por miembro y él ni siquiera levantó un puño para detenerlos. Patético.

—¿Cuál es el maldito punto, hijos de puta? Ya se los dije, no estoy infectado y no voy a tener ningún problema en atravesar mi puño en sus caras, idiotas.

—El punto, príncipe Vegeta, es que si has empezado a rezar, ¿quizás piensas que tienes un alma que vale la pena salvar?

Vegeta cortó a Satanás con una mirada de puro desprecio y sus labios se curvaron separándose de sus colmillos.

—Que completa basura. He asesinados a miles de millones, destruido planetas y conquistado galaxias. No tengo ningún alma. —Lo último lo dijo con tal oscuridad que Bulma sintió que se le rompía el corazón. ¿Cómo se le ocurría pensar a él que no tenía alma? Pero después de esa confesión, ¿cómo podría tener una?

Vanidad se sacudió del trance autoinducido y continuó dando la vuelta, tratando sigilosamente de llegar a Bulma. Vegeta siempre al tanto, sintió el movimiento más que verlo y al instante lo compensó. Maniobró a Bulma más cerca de una pared, colocándola a sus espaldas mientras usaba su cuerpo para protegerla de los ataques.

Vanidad se detuvo en seco y abrió la boca por el asombro. Parpadeó antes de encontrar su voz.

—No, no se trata de un dios, sino de una mujer.

Ante lo dicho, la oscilante cola de Vegeta se enderezó hasta ponerse rígida como una tabla. Todo su cuerpo se paralizó y la miró boquiabierto sin poder dar crédito a Vanidad. Parecía que acabara de recibir un puñetazo en el estómago, de un adversario invisible y por primera vez en su vida se quedó sin palabras.

Los hombres miraron a Vegeta como si le hubieran crecido dos cabezas. Gen-Seng inclinó el cuerpo hacia un lado para tratar de observar por encima del hombro del príncipe y ver si se había perdido de algo. ¿La mujer de cabello azul tenía alas de ángel? ¿Qué tipo de criatura podría conquistar a uno de los más temidos guerreros del universo? Incapaz de verla, escupió una burla a cambió de eso.

—El amor es la más patética enfermedad de todas. Solo hay dos maneras de obtener la redención, bien a través de la fe o del amor y ambas son inútiles mentiras vacías. —Se detuvo con los ojos entrecerrados, dirigiendo esos pensamientos hacia su interior. Sus siguientes palabras parecían estar destinadas a sí mismo, pero todos escucharon la condena.

—No hay un dios en las nueve galaxias que te perdone por tus pecados y no hay ninguna mujer que los olvide.

—Verdaderamente eres digno de lástima. —Nol arrastró las palabras con fingida simpatía.

—Vamos a terminar con tu miseria. —La mirada rencorosa de Tamín se centró en Bulma y su odio se intensificó al punto de bordear la rabia asesina.

Las palabras de Tamín desencadenaron una ráfaga de acción que Bulma apenas pudo seguir. Vegeta corrió a toda velocidad de forma inesperada, se encontró con Gen-Seng que venía en sentido contrario y estampó un hombro en su vientre. El bajo centro de gravedad de Vegeta le permitió empujar al guerrero más grande hacia atrás lejos de Bulma. Cuando pasaron junto a Tamín, Vegeta sacó la cola, la amarró en torno a su muñeca y la arrastró con ellos para estrellarlos en una pared inestable.

La construcción explotó hacia el interior y el trío desapareció en el lado más oscuro de un edificio abandonado, soltando una estela de polvo y escombros. Nol instintivamente fue directo al agujero que se formó y dejó a Bulma encorvaba cerca a la pared lejana contra la que Vegeta la había conducido.

El hombre reptil apoyó un pie sobre una pila de ladrillos y miró en la oscuridad, lo que produjo que sus párpados se entrecerraran. Su peso corporal se desplazó hacia adelante como si fuera a unirse a la batalla cuando de repente cambió de opinión. Poco a poco volvió la cabeza para mirarla y Bulma sintió que el corazón se le hundía.

—El príncipe Vegeta cree que me uniré a la batalla y defenderé a mi comandante. Arrastró a Tamín porque sabía que iba a optar por quedarse atrás en lugar de ir contra él. Por desgracia para ti, Vegeta ha sobrestimado mi lealtad. —Los tonos silbantes de Pestilencia se deslizaron sobre ella, le congelaron el corazón hasta que dejó de latir y este cayó como un bulto duro en su estómago. Sus ojos se movieron de un lado al otro buscando desesperadamente una ruta de escape—. Verás, sé que incluso combinados, los tres no somos rival para el príncipe. Dicho esto, creo que es mi deber informar de esta situación a Frízer.

Nol avanzó lentamente sobre ella con el eco de la batalla clamando detrás de él. El edificio se sacudió y por un momento Bulma oró para que la cosa entera se viniera abajo y aplastara al reptil bajo una tonelada de ladrillos. Por supuesto, por la forma en que iba su suerte, de seguro la mataría también.

A la izquierda vio un montón de escombros de vigas de acero retorcidas y hormigón roto. Su débil vista fue capaz de distinguir un hoyo debajo de la pila lo suficientemente pequeño como para que ella serpenteara dentro, pero no sabía cuánto espacio había una vez que se metiera.

—Eso suena como una fabulosa idea. ¿Por qué no vas a informarle y yo me quedaré aquí para esperar a los demás? —Bulma le regaló una sonrisa gloriosa destinada a confundir al soldado y él parpadeó en respuesta. Tan pronto como se distrajo, ella se dirigió a la izquierda golpeando el suelo con un ruido sordo cuando trató de meterse debajo del acero sin destrozar su espalda con la viga afilada que estaba suspendida encima.

Pestilencia se lanzó tras ella y logró que sus dedos alargados la capturaran por el tobillo.

—Oh, no, no. Creo que serás un buen aperitivo de camino a la base estelar más cercana. Muy raramente tengo el tiempo para comer mi comida con calma.

El estómago de Bulma dio un vuelco ante las palabras y tuvo que tragarse su bilis. Clavó sus uñas en la tierra, sin preocuparse por primera vez en su vida de su manicura. Sintió alojarse la suciedad debajo de los lechos ungueales, ya que él tiraba con fuerza de su tobillo retorciéndolo dolorosamente. Ella rastrillo huecos en el suelo mientras él la arrastraba hacia atrás, centímetro a terrorífico centímetro.

Ella se volteó de espaldas para que sus dedos sujetaran cualquier cosa que pudiera agarrar. Le dio una patada con el otro pie, tratando de despegar los fuertes dedos de su tobillo. Su mano capturó algo y sintió la sangre caliente vertiéndose sobre su muñeca, pero ella mantuvo el agarre ignorando la quemadura de dolor en la palma.

Su blusa montó hacia arriba dejando al descubierto su vientre pálido y Bulma se estremeció cuando vio a Nol lamerse los labios. Él inhaló hondo mientras la sacaba del refugio, su fuerza no podía competir con la de él.

—Hueles tan delicioso, no puedo esperar a probarte. —La voz se deslizó en la oscuridad y Bulma no pudo detener el grito de terror que brotó de su garganta.

Sus ojos llenos de pánico buscaron cualquier cosa que pudiera ayudarla cuando las sangrantes yemas de sus dedos soltaron la viga de metal que agarraba. Él tiró con fuerza y la sacó del refugio hacia la noche. En un último desesperado intento, ella se volcó de nuevo sobre su estómago y metió la mano en el agujero para agarrar lo que sea. Sus dedos heridos se envolvieron alrededor de un trozo de acero puntiagudo y lo escondió debajo de su cuerpo mientras era llevada en una posición de pie.

Cayó pesadamente contra el pecho de Pestilencia, quien envolvió los brazos alrededor de su cintura y la atrapó con eficacia. Su grito brotó de nuevo pero esta vez formó una palabra real.

—¡Vegeta! —gritó con todas sus fuerzas, llamándolo desesperada para que la salvara. Oyó el choque de los cuerpos golpeando el cemento y el murmullo de maldiciones, pero ningún salvador apareció de la oscuridad.

Pestilencia la agarró por el brazo y la hizo girar para cargarla sobre el hombro. No quería matarla, después de todo, prefería su comida viva y pateando.

El mundo pareció desvanecerse en cámara lenta y Bulma reconoció la sensación como una respuesta al pánico y al shock. Él la comenzó a levantar, sus grandes ojos estaban ávidos debido a la emoción, se humedeció los labios con la mente ya puesta en el festín por venir y no en la mujer frágil en sus brazos, una criatura tan débil que ni siquiera tenía que elevar el ki para luchar contra ella.

Bulma dejó que la alzara, pero se volvió hacia él más rápido de lo que anticipó. Los enormes ojos de Nol se agrandaron y su boca colgó por la sorpresa. Con la vengativa precisión que nace de la necesidad de sobrevivir, ella hundió el acero afilado en el ojo del hombre, sintiendo una cierta cantidad de enfermiza satisfacción en el aplastamiento que se pudo escuchar.

Él la soltó como si fuera una piedra caliente y al instante se llevó las manos al rostro mientras chillaba de indignado dolor. En lugar de escapar, Bulma se quedó paralizada observando la sangre negra de Nol correr entre sus dedos y bajar por su cara. Él no realizó ningún esfuerzo por eliminar el fragmento clavado en su ojo y todo lo que Bulma podía hacer era mirar. Ella no debería sentir arrepentimiento, pero lo hizo. Sintió que se le revolvía el estómago.

Los gritos atravesaron la noche y de pronto pararon. El rostro de Nol se congeló por el dolor y la boca se le torció al abrirla, pero no salió nada, solo un silencio rotundo. Cayó de rodillas y los ojos de Bulma siguieron su descenso, ella dio un paso atrás torpemente mientras él caía hacia adelante en la tierra con un pequeño hilo de sangre deslizándose por la base de su cráneo.

La mirada azul de Bulma saltó de nuevo y se encontró con el odio que irradiaban unos ojos violetas. Tamín se paró delante de ella, su ropa estaba hecha jirones y un rastro de sangre goteaba por su mentón. Bulma volvió a mirar el agujero en el edificio, en busca de Vegeta, pero quedó decepcionada.

Miró de nuevo a Tamín quien le sonreía sigilosamente. Bulma podía oír los sonidos de la batalla en el interior y no logró detener la pequeña mueca de molestia que se arrastró desde su garganta. Para ser uno de los guerreros más temidos en el universo, Vegeta se estaba tomando mucho tiempo en patearle el culo a Gen-Seng y derrotarlo. Si él no ponía su trasero a trabajar, ella iba a ser comida de gusanos.

Los ojos de Tamín hurgaron por su cuerpo insinuantemente y Bulma sintió que los nervios se le tensaban. Vanidad no hacia un balance de su destreza física, ella examinaba su encanto femenino.

—No lo entiendo, no eres nada. Es posible que tengas una coloración inusual, pero no podrías resistir una tormenta de saliva, mucho menos al príncipe en la cama. —Los resentidos rasgos de Tamín miraron con furia a Bulma.

—Creo que malinterpretaste todo, yo soy... —La voz de Bulma se desvaneció.

—¿Tú eres, qué? —siseó Tamín y Bulma la miró fijamente. Ella había empezado a explicarle que era su... ¿amiga?, ¿confidente?, ¿cautiva? ¿Qué era para ser exactos?

—Bueno, ciertamente no soy su amante. —dijo Bulma alejando la imagen del beso de su mente—. Así que no hay necesidad de ser tan hostil. Si lo deseas puedes quedarte con él.

Bulma luchó por no encogerse ante sus palabras. Aunque no tenía ningún derecho sobre Vegeta, no pudo detener la abrumadora sensación de posesividad que sentía hacia él. En especial, no quería las manos de esta mujer en Vegeta.

Tamín la miró por un momento y sus ojos de color violeta la evaluaron en silencio.

—¿Sabes?, es injusto. —La voz de Vanidad era demasiado suave y Bulma resistió el impulso de dar un paso atrás—. ¿Por qué te elegiría sobre mí?, ¿qué tienes que yo no tengo?

—Yo... —Bulma empezó sin saber que más decir.

Vanidad la ignoró y extendió los brazos.

—Mírame, soy hermosa, soy fuerte. He demostrado una y otra vez que soy una guerrera inteligente y aun así me ignora. —Tamín avanzó hacia ella y Bulma retrocedió rápidamente, la desesperación le cayó encima cuando su espalda golpeó los fríos ladrillos de la pared. Tamín se acercó más y la agarró por los hombros.

»Haría cualquier cosa por él, lucharía a su lado y lo protegería. —Ella escupió a Bulma en el rostro y todo el cuerpo se le puso rígido debido al miedo mientras observaba el torbellino de emociones que se manifiestan en el interior de la hermosa mujer guerrera.

»¿Por qué no me ama?, ¿por qué nadie me ama? —chilló ella y los ojos de Bulma se abrieron en shock. El agarre de Tamín sobre sus hombros aumentó y su cuerpo más pequeño fue arrastrado hacia adelante solo para ser estrellado contra la pared. Bulma perdió el aliento y gimió ante el choque de dolor que la atravesó por la mordedura infectada en su espalda. Vagamente se dio cuenta de que estaba mucho más enferma de lo que se había percatado. Toda la emoción por aterrizar en este planeta olvidado de Dios logró nublar la realidad de su condición. La herida podría necesitar atención médica muy pronto.

»No es justo. —Tamín la soltó y dio unos pasos atrás mientras hundía los dedos en su largo cabello, luego se volvió hacia el rostro de Bulma que estaba desplomada contra la pared mirando a la mujer como si ella fuera un perro rabioso—. ¿Sabes cuán malo es? —preguntó ella sutilmente y Bulma tragó saliva—. ¿Sabes qué es mucho peor que cualquiera de nosotros? —Ella dio un paso adelante y Bulma trató de apretarse aún más en los ladrillos de la inflexible pared—. Él no merece perdón, él no merece el amor.

—La gente puede cambiar —susurró Bulma. Tamín echó la cabeza hacia atrás, rio con fuerza y el sonido rebotó en los edificios destrozados alrededor de ambas.

Ella se alejó abruptamente para caminar en molestos círculos frente a Bulma.

—¿Cómo es que alguien tan malo, tan demoniaco llega a encontrar el amor mientras que yo no consigo nada? Una y otra vez me echó a un lado, no soy tratada mejor que una puta de la nave. —Dio la vuelta para hacer frente a Bulma y se golpeó el pecho con fuerza—. Me merezco algo mejor que eso, me merezco más. Si Vegeta pudo encontrar a alguna pequeña ramera que lo amara, ¿por qué no puedo encontrar un macho que haga lo mismo por mí? Él no tiene que ser perfecto, solo... —Su voz se desvaneció y sus ojos se centraron tristemente en la explanada de tierra a sus pies.

Bulma sintió el corazón latir por esta mujer. Y eso es lo que era, una fría y despiadada monstruo, pero también una mujer. Y al igual que cualquier otro ser en el universo, solo quería ser amada. Bulma comenzó a dar un paso adelante para llevar una mano hacia la salvaje fiera, cuando Tamín estalló en un frenesí de actividad otra vez.

»Ningún hombre normal me querrá jamás ¿y sabes por qué? —Tamín la clavó al lugar con sus ojos atormentados. Sin decir nada Bulma negó con la cabeza y sus grandes ojos se volvieron imposiblemente azules contra la palidez de su piel.

»Porque ningún hombre quiere acoplarse a una mujer que ha matado a niños inocentes —dijo Tamín con crudo dolor y Bulma tragó saliva mientras las lágrimas amenazaban con derramarse de sus ojos—. Incluso los soldados de menor rango de Frízer sienten lo mismo. Han hecho exactamente eso, pero si lo hace una mujer es una abominación, ¡malditos! —Tamín gritó la última palabra a los cielos antes de apartarse para seguir con su paseo.

»No es que importe de todos modos —murmuró ella y Bulma esperó expectante. Cuando la explicación no vino, no pudo resistirse a preguntar. Ella se vio envuelta en la historia de esta mujer, en su dolor. Sintió una conexión recién forjada entre ellas que no tenía nada que ver con las experiencias compartidas, sino con las emociones.

—¿Por qué razón, Tamín? —preguntó Bulma usando una voz tranquila y relajante.

Tamín se volvió poco a poco hacia ella y sus ojos se llenaron de tanta tristeza que Bulma tuvo que agarrarse físicamente el pecho para asegurarse de que su corazón no se rompiera.

—Porque cuando yo tenía doce años, Frízer hizo retirar los órganos reproductivos de mi cuerpo. Lo hace con todas las mujeres soldados. No sería bueno estar empantanada por el embarazo cuando se está tratando de aniquilar un planeta. —Bulma no pudo detener el gemido que escapó de ella y las lágrimas corrieron sin control por sus mejillas. Tamín dejó caer la cabeza y miró al suelo—. Nunca voy a tener un bebé.

—Oh, lo siento tanto, Tamín. —Bulma alargó la mano a la mujer triste esperando su gesto recíproco, pero en cambio solo encontró furia. La cabeza de Tamín se levantó de golpe y la tristeza fue enjuagada por la rabia. Sus ojos violetas llamearon soltando chispas y su hermoso rostro se retorció en una mueca de odio.

—Así que ya ves, si no puedo obtener el amor, si no puedo tener una familia, entonces él tampoco. —Tamín extendió las manos, agarró a Bulma por los hombros y la empujó contra la pared con tanta fuerza que su cráneo se agrietó en los ladrillos. Ella continuó golpeándola hasta que sintió como si todos los huesos del cuerpo que sujetaba estuvieran rotos. Una y otra vez, Tamín le gritó al rostro, saliva volaba sobre sus mejillas—. ¡No es justo! —repitió con locura—. ¿Por qué debería ser perdonado por todo lo que ha hecho? Tú no puedes ser tan pura, tan amorosa. ¡Nadie nunca perdonara lo que somos!

—¡Tamín!

El mundo retumbó entre ellas apartándolas. Tamín soltó a Bulma y ella cayó sin fuerzas al suelo. Bulma parpadeó desde su lugar en la tierra. Podía ver a Vegeta de pie detrás de Tamín con la armadura rota y el rostro ensangrentado. La oscuridad se arremolinaba justo debajo de su conciencia y tuvo problemas para mantenerse despierta.

Ella observó como los rasgos de Tamín pasaban de enfurecida a seductora en un abrir y cerrar de ojos antes de darse la vuelta.

—Príncipe Vegeta, veo que saliste victorioso como esperaba —ronroneó y Vegeta la observó estoicamente, girando sin esfuerzo para seguir sus movimientos—. ¿Qué tal si celebramos como lo hacíamos en los viejos tiempos? —Ella dio unos pasos balanceando el cuerpo de manera seductora. Vegeta no hizo ninguna acción mientras avanzaba y Tamín sonrió lascivamente en respuesta.

Él le permitió arrastrar una mano por su pecho, los dedos se deslizaron enroscándose en el cabello de su nuca. Bulma abrió la boca para protestar, pero no pudo encontrar la fuerza. La oscuridad la succionaba hacia abajo y la urgencia de cerrar los ojos era asfixiante.

Tamín se acomodó en el pecho de Vegeta como si perteneciera allí. Bulma vio la satisfacción y la victoria resplandecer en sus ojos un momento antes de que sus labios cubrieran los de Vegeta. Bulma contuvo las lágrimas mientras los observaba besarse y notó casi ausente como los dedos de Vegeta se cerraron alrededor del cuello de Tamín en una caricia amorosa.

La cola de Vegeta se desenrolló de su cintura y alcanzó por detrás a la esbelta mujer acercándola más. Los labios agrietados de Bulma se abrieron para decir en voz alta el nombre de Vegeta, para recordarle que estaba allí. No creía poder soportar que él fuera a follar a otra mujer cuando ella yacía desangrándose a sus pies.

El aire de la noche era perturbadoramente tranquilo después de todo el ruido que lo había llenado. Incluso el viento parecía quieto, solo un silencio ensordecedor penetraba las sombras. Bulma escuchó un fuerte crujido hacer eco en la oscuridad y tardó un momento en darse cuenta de lo que pasó.

La cabeza de Tamín colgaba de manera poco natural a un lado y la luz de sus enloquecidos ojos se había desvanecido a negro. Vegeta todavía la mantenía cerca, apoyando el peso ahora laxo contra su pecho. Bulma sintió el dolor extenderse a través de ella y por un momento pensó que se estaba muriendo.

Vegeta había matado a su amante sin remordimientos, sin piedad, simplemente un asesinato a sangre fría. Bulma se tragó sus sollozos y permitió que la oscuridad la reclamara. Ella esperaba no despertar y oró para nunca volver a ver la mirada ardiente de los ojos negros de Vegeta. Se deslizó hacia un sueño solitario con la certeza de que algún día podría terminar igual que Tamín, su única compañera en la oscuridad.

Vegeta miró a Bulma y notó que se hallaba inconsciente. Dejó caer el cuerpo de Tamín en el suelo y su cola lentamente se desenrolló de la mano que sostenía una daga-ki que ella tuvo la intención de sumergir entre sus costillas, la misma daga que utilizó para matar a Nol con una puñalada en la nuca arrastrando el acero por las vértebras.

Él no sintió ningún remordimiento al contemplar el cuerpo enfriándose en la tierra, solo el murmullo de satisfacción de haberla liberado de su dolor. Él se dio la vuelta dejando los cuerpos de sus compañeros caídos podrirse donde quedaron mientras se elevaba sobre Bulma.

Extendió la mano para despertarla y le rozó la mejilla. Frunció el ceño cuando presionó la palma en su frente. Bulma estaba abrazadoramente caliente, su rostro lucia rojo y sofocado. Le sacudió el brazo y sintió la ira levantarse dentro de él.

—¡Mujer, despierta! —exigió, pero ella no se movió. Bulma ya se encontraba perdida en la fiebre de la infección.