Nota de Tempestt: Exención de responsabilidad: No soy dueña de DBZ ni soy dueña de la canción Em More del soundtrack de Noir.

La canción en este capítulo no fue elegida tanto por las palabras sino por la melodía. Si tienes la oportunidad te sugiero que la escuches durante la última mitad del capítulo ya que está escrito de acuerdo con la canción.

Muchas gracias a lisaB por sus habilidades beta. Estaría perdida sin ella.

Nota de la traductora: La canción está en youtube, este es el link: /watch?v=60m_oOHi3MM. Les recomiendo que si les gusta la canción la bajen, porque antes puse otro link, pero el usuario actualmente ha borrado su cuenta y ahora esta es la única muestra de la que disponemos.

Capítulo diecinueve

Dualismo

—¿Siquiera sabes algo del hombre que quieren que mates?

Vegeta ignoró a Bulma mientras continuaba analizando los mapas estelares cargados en el ordenador de navegación. Estaba tratando de trazar una ruta más eficaz a Namekusei, dado que habían perdido mucho tiempo. A pesar de que comprobó los gráficos varias veces, lo hizo una vez más para perder el tiempo antes de tener que abandonar la nave. Resopló en voz baja con ironía.

Ante la renuencia de Vegeta a responder, Bulma agitó el reporte impreso que sostenía debajo de su nariz, eso provocó que él lo apartara de un manotazo y gruñera de irritación.

—Tengo la información necesaria.

Bulma se había quedado estupefacta cuando Vegeta anunció que halló una manera de hacer el dinero suficiente para que compraran la costosa parte que necesitaban. El hombre en el bar le ofreció un buen trabajo: matar a Akira Togeshi, el líder del pueblo Ordani y la más nueva amenaza para las familias del crimen organizado que operaban en el planeta que orbitaban. De lo que Bulma fue capaz de averiguar, Akira era un buen hombre, creía en la familia, en la libertad y lo más importante, en el carácter sagrado de la vida. Él era la encarnación del bien luchando contra las hordas del mal para proteger a su pueblo. Sin embargo, no tenía ninguna posibilidad contra Vegeta y los criminales que lo contrataron lo sabían.

La actitud fría que notó en él ni siquiera vaciló cuando le dijo que iba a matar a un hombre que no conocía. De hecho, parecía sentirse irracionalmente tranquilo sobre todo el asunto. Ella estaba acostumbrada a verlo lleno de intensa pasión o encendido de ira, irradiaba calor por todos los poros de su cuerpo incluso cuando se hallaba de pie en silencio, mirándola de lejos, pero nunca lo había visto tan distante, tan helado.

—Vamos a ver... Akira Togeshi, padre y esposo amado. Acaba de ser elegido como líder del gobierno Ordani. Al parecer, él está haciendo su parte para limpiar el elemento criminal en este planeta. Desde que fue elegido hace un año, el crimen ha bajado la friolera de veintiséis por ciento. Suena como si estuviera tomando medidas enérgicas, ¿qué te parece, Vegeta?

—Creo que no importa, ahora cierra la boca. —Él se encogió de hombros y se volvió hacia la otra consola en un intento de ahogar la voz nasal de Bulma que ardía a través de su cerebro como ácido.

—Por supuesto que importa, Vegeta —declaró ella hacia su espalda rígida—. Ellos quieren que mates a este tipo porque está en su camino. Es un hombre inocente que trata de hacer algo bueno en la parte del universo donde le tocó vivir. No puedes asesinar a un hombre inocente, Vegeta.

—Me es indiferente a quien mate. No creo que tu percepción de la inocencia sea importante. El dinero que conseguiré será más que suficiente para comprar la pieza que necesitamos, así nos pondremos finalmente en camino. Tengo asuntos que cuidar en Namekusei y no lo aplazaré por más tiempo.

—No tienes que cometer un asesinato. —Ella puso una pequeña mano en su hombro y trató de volverlo para que la enfrente, pero él era inflexible. Tendría mejor suerte moviendo la nave con la mano.

—No es asesinato, es supervivencia. —Un pequeño escalofrío recorrió la espalda de Bulma ante esas palabras. Toda la existencia de Vegeta había sido una cuestión de supervivencia. Nunca pasó ni un día en su vida en el que hubiera estado seguro... relajado, "feliz".

—Si no lo hago, otro lo hará. Es un hombre condenado.

—Entonces que alguien más lo haga. —Ella le jaló el brazo otra vez, pero él se negó a mirarla.

—Y quedarnos jodidos sin dinero, ¿no es así? —gruñó él.

Bulma se alejó, terminó por aceptar que no la enfrentaría.

—No necesariamente, tengo una oferta de trabajo.

Las palabras que dijo hicieron lo que su fuerza no pudo. Vegeta se volvió con una inquisitiva ceja levantada.

—¿Dónde?

—El propietario del Club Escarlata me ofreció veinte mil creds por una noche de trabajo.

—¿Te refieres al club de sexo? —Los ojos de Vegeta se ampliaron en shock, Bulma solo frunció el ceño y se encogió de hombros. La ira estalló a través de él con tal violencia que pensó que iba a explotar de dentro hacia afuera. Una emoción que no había sentido en décadas se precipitó por sus venas: traición.

Esa desagradable cosa se convirtió en una segunda naturaleza para él a lo largo de los años y para evitarla había dejado de confiar. No confiaba en sus compañeros de armas, no confiaba en sus hombres, ni siquiera confiaba en sí mismo a veces. No sintió la punzada aguda de la traición en muchos años, pero la reconoció. Sabía exactamente lo que era y la despreció por eso.

Los ojos negros de Vegeta se fruncieron de un modo peligroso, lo cual hizo caer la temperatura de la habitación de manera drástica. Él avanzó y la espalda de Bulma se puso rígida al instante. Lo había visto con esa mirada en el rostro antes. La llevaba el día que destruyó el laboratorio y mató a todos esos hombres, el día en que casi la mata. Retrocedió hasta que sus muslos golpearon la parte baja de la consola. Vegeta siguió avanzando y ella reclinó la espalda hasta que él tuvo que frenar el brazo para evitar tocarla; de pronto levantó la mano y Bulma apretó sus ojos cerrados, estaba segura de que iba a retorcerle el cuello. En lugar de eso, sintió el suave roce de unos dedos que se arrastraban por la pálida columna de su garganta.

—Ya entiendo, es así como son las cosas. Se necesita dinero y joyas para meterse entre tus piernas, pero a mi...

Los ojos de Bulma se abrieron de golpe por lo que dijo y se quedó sin aliento.

—No, no es así.

Él le apretó el maxilar con los dedos y bloqueó las palabras en su garganta. La acercó de un tirón en el rostro hasta que ella pudo percibir su cálido aliento en las mejillas. Los ojos de Vegeta ardían, Bulma podía sentirlos punzar en su cráneo y prenderle fuego.

—Pero a mí me pides lo imposible —siseo. Él bajó unos fieros ojos atormentados por su cuerpo expuesto hasta detenerse en sus senos arqueados. Bulma sintió que un miedo agudo y doloroso la apuñalaba en el vientre mientras el frío calor de la ira se irradiaba de él en olas.

—Me malinterpretas. —Los ojos de Vegeta volvieron bruscamente a verla y Bulma se estremeció ante el odio que encontró en ellos.

—Pequeña ramera, voy a tomarte en este mismo instante —dijo él con los dientes apretados.

Agarró un puñado de su cabello azul, de un jalón la sacó de la consola para poder darle la vuelta y la tendió con la cara hacia abajo. La estrelló con tanta fuerza contra el marco de metal que el aire abandonó precipitadamente sus pulmones en una exhalación. Sus fuertes manos clavaron sus caderas en el frío metal y ella pudo sentirlo deslizar los dedos por debajo de la banda de su pantalón para arrancárselos.

—Basta Vegeta, me estás lastimando —gimió ella mientras luchaba contra él. No podía creer que en verdad iba a hacerlo. La idea de que era capaz de dañarla de esa forma siempre permaneció en el fondo de su mente, pero nunca lo aceptó por completo.

Cuando Vegeta no pudo llegar a la bragueta gruñó de frustración, la levantó a fin de sujetarla de espaldas contra su pecho, alargó la mano hacia su cintura y con los dedos agarró los botones que mantenían el pantalón cerrado.

—No tanto como lo lastimada que te sentirás después de abrir las piernas cincuenta veces en una noche. —Al decir las palabras, su cuerpo se tensó por las imágenes de ella debajo de otros hombres que le inundaron la mente. El brazo que la sujetaba se flexionó de un modo aún más doloroso alrededor de su estómago y ella dejó escapar otro gemido de miedo y dolor.

Finalmente él liberó los botones y tiró el pantalón de sus temblorosas caderas.

—Por favor, no me hagas esto. —Las lágrimas comenzaron a derramarse por las comisuras de los ojos de Bulma y rodaron por su rostro cuando el aire frío le lamió las nalgas desnudas. Ella luchó con mayor ardor, sin embargo, no era rival para su fuerza superior y él la retuvo sin esfuerzo.

—¿Por qué no? Quiero saborearte antes de que todos los demás hombres en el universo lo hagan. —Él tomó su montículo, empujó sus gruesos dedos entre sus pliegues secos y gimió ante la sensación de su calor apretado, pero quedó insatisfecho. Ella estaba tan seca como un desierto abrasador y su cuerpo tenso era poco acogedor debido a la intrusión forzosa.

—Por favor, no me violes, Vegeta —susurró ella el nombre con nostalgia, como si diciéndolo evocaría al protector y no al monstruo. Bulma dejó la lucha inútil, en lugar de eso, envolvió sus delicadas manos alrededor de su gruesa muñeca e intentó desesperadamente alejarlo.

—No será lo que dices. —Él respiró contra su cuello, se sentía asqueado por la palabra y no lograba forzarla a salir de entre sus propios labios. Su dura erección sobresalía y sabía que podía tomarla en cualquier momento, no obstante, el dolor que ella sentiría sería insoportable. Trató de recordar por que no debería importarle, pero no pudo.

—Estas equivocado. —Bulma se negó a dejarse ganar por su voz ronca y apretó los muslos con mayor decisión.

—No se siente de esa forma para mí. —Él trató de forzarse aún más en ella, pero su resistencia lo frenó y suavizó su toque, el viejo deseo de tenerla retorciéndose y dispuesta debajo de él emergió a la superficie para apartar la neblina de la ira.

—Por favor, me duele. No quiero ser violada por ti, no por ti. —El tono lastimero se abrió paso alrededor de su corazón y lo apretó hasta que apenas pudo respirar. Sonaba tan perdida, tan triste que al instante quiso estrecharla entre sus brazos y protegerla. Era una sensación que jamás había sentido por nadie antes. La guerra que estalló entre su mente y su corazón casi lo desgarró.

—Deja de decir esa palabra —espetó él con furia. No quería oír algo así venir de sus labios nunca más, no quería estar en esa habitación nunca más. Quería estar lejos de allí, lejos de ella, lejos de sí mismo. ¿Cuántas veces a lo largo de los años deseó poder arrastrarse fuera de su piel y escapar de su vida?, ¿cuántas veces más se sentiría de esa manera?

—Entonces deja de hacerme daño.

Él le dio la vuela violentamente y la empujó contra la consola por lo que ella se vio obligada a sentar sus nalgas desnudas en el frío metal. Luego la agarró por los hombros para sacudirla sin hacerle daño.

—Maldita sea, no eres más que una pequeña puta con la que no puedo hacerlo como debería. —Él escupió.

Bulma lo miró con sus grandes ojos húmedos y trató de no estremecerse ante la ira y el odio que vio cociéndose dentro de él. Lo que más le rompió el corazón fue que estaba dirigida hacia su interior, hacia sí mismo.

—Vegeta...

—Solo cállate. Voy a hacer este trabajo y si sales de la nave y dejas que otro hombre te toque ni te moleste en volver, porque te mataré en el acto. ¿Me entendiste, Bulma?

Ella asintió con el semblante tímido y el corazón se le rompió ante la agonía que vio dentro de él. Alargó una mano temblorosa para descansarla contra la mejilla de Vegeta. Por solo un segundo él cerró los ojos e inhaló su aroma profundamente y ella sintió que todo el miedo hacia él huía ante ese simple gesto suyo.

—Quédate conmigo. No tienes que hacerlo, no tienes que matar —susurró ella.

Sus ojos negros se abrieron para mirarla. Una tristeza tan espesa que casi la ahoga le invadió el pecho cuando él la vio.

—Es lo que hago.

Sus palabras vacías resonaron alrededor de ella mientras él se volvía sobre los talones y se marchaba de la habitación con pasos firmes que estaban en guerra con la desesperación que había vislumbrado en el interior de sus ojos.

Bulma se deslizó por la consola, era incapaz de detener los sollozos de asfixia que arañaban su garganta y se derramaban fuera de su boca temblorosa. Ignoró el suelo frío mientras se sentaba con la cabeza apoyada en las rodillas y lloraba, no por ella, sino por Vegeta, por el hombre que nunca llegó a ser.

Cuando Bulma pasó al centro del escenario del night club más popular de Omally Tres, al fin entendió por que mantenían el aire filtrado tan frío. Había tantas personas reunidas en el edificio que comenzó a sudar debido a que la temperatura estaba por encima de los cuarenta grados. Su rostro ya enrojecido se ruborizó cuando las calientes luces se centraron en ella, dando la impresión de que brillaba con juventud y belleza inmortal.

El ajustado vestido negro de lentejuelas que el gerente del club le prestó se ondulaba sobre su cuerpo como terciopelo de medianoche bajo los reflectores y su abundante cabello azul estaba apilado de un modo profuso sobre su cabeza. Se mordió los labios color rojo brillante mientras examinaba a la multitud, buscando desesperadamente un par de ojos negros melancólicos en el mar de los cientos que la observaban.

Vegeta había irrumpido furioso en la nave una hora antes cuando ella yacía acurrucada en el suelo con lágrimas inundándole las mejillas. Bulma le rogó que se quedara con ella, que rechazara el trabajo que le ofrecieron y, aun así, él no la quiso oír. Trató de decirle que no tenía que hacerlo, que no tenía que matar por ambos, por ella.

Minutos después, Bulma se atrevió a salir de la nave, desobedeciéndolo directamente. El sudor se deslizaba por su espalda y se agrupaba en la parte inferior de esta con cada paso que la llevaba más lejos, pero no podía obligarse a dar la vuelta. Intentó decirse que él no seguiría adelante con eso, que no iba a matar a un hombre inocente. En lo profundo del corazón, se aferró a la esperanza de que él daría marcha atrás y la buscaría en el club. Quería que él viera con sus propios ojos que ella no había pensado en traicionarlo. Quería demostrarle que era capaz de ayudarlo a lo largo del viaje hacia su destino.

Bulma tomó su lugar en el escenario y miró sin ver a la multitud. Cuando le dijo a Vegeta que también le ofrecieron un trabajo, él enfureció, ya que pensó por error que pretendía prostituirse. Ese error fue fácil de entender cuando ella miró a la multitud y vio a mujeres con escasa ropa sirviendo a los clientes masculinos. El Club Escarlata era el mayor club de sexo en dos galaxias. Ella había intentado decirle que estaba equivocado, trató de explicarle cual era exactamente la oferta de trabajo, pero él se rehusó a escuchar. Sus celos le habrían calentado el corazón si su cólera no hubiera sido tan fría, tan feroz.

Bulma agarró el micrófono como si tomara un cordón salvavidas y cambió la posición de su cuerpo para que un pálido muslo fuera revelado por la rendija de su vestido. Se humedeció el labio inferior con nerviosismo mientras las luces sobre la multitud se atenuaban hasta que fue la única parada en un halo de luz. La gente se calmó cuando los instrumentos de cuerda comenzaron a tocar el inicio de una melodía que ella le había enseñado a la banda con antelación.

Un único violín tocó e hizo eco en el silencio. Bulma separó los labios y los tristes acordes de una melodía extranjera flotaron a través de la multitud.

Wasurenaide ite kiresakareta ame

Akai yume o mita ano basho

Kaigara no naka ni kakushita ano kisu

Shizuku no mama nokotte iru yo

El público quedó capturado por las palabras que, aunque no entendían, los atraían calmándolos y cautivándolos. El ritmo de los tambores se unió al solitario violín hasta que la música llenó el local.

Vegeta corrió por un pasillo oscuro, las cámaras de vigilancia solo capturaron unos destellos de luz debido a su velocidad sobrenatural. Sus duros ojos analizaron el área inmediata mientras extendía los sentidos para revisar las habitaciones más allá de las gruesas paredes por cualquier movimiento. Satisfecho de estar solo, avanzó hasta el siguiente tramo de escaleras que lo llevarían al ático y a su presa.

A lo lejos oyó los acordes de la música e inclinó la cabeza hacia un lado mientras las notas melancólicas flotaban a la deriva en su mente. Al instante le recordaron a Bulma y las lágrimas que derramó por él antes de que la dejara en el piso. Ella le había rogado quedarse, permanecer a su lado, pero él la abandonó por la misión que debía realizar.

Ella pensó que podía cambiar, que podría convertirse en algo que no era. En la mente de Bulma negarse a hacer ese simple acto sería el primer paso hacia la redención de su alma y su ira hirvió ante el pensamiento. ¿Cuándo se daría cuenta de que él no tenía alma?, ¿cuándo empezaría a verlo cómo lo que en verdad era? Un monstruo que fue hecho para matar y destruir. Ella pensó que él quería una vida diferente. Se negaba a creer que podía estar satisfecho con la forma en que vivía. Vio una vida más allá de la sed de venganza, en cambio, él solo podía ver su destino inmediato.

Kesanaide hoshii itami ni nita yume

Kotoba ni naranai kinou o

Kagami o waru you ni dakishime ni itte

Furuete ita sora o miyou

Nakitai koto ga ate mo toke wa shinaide

Yawarakasa ni aeru hi e oyogitsuzukeyou

La tristeza se extendió por la multitud a medida que Bulma cantaba. Incluso el más fuerte de los hombres se estremeció ante la agonía que se reflejaba en sus bellos ojos. Ella agarró el micrófono y lo acercó a sus labios mientras le hacía el amor a las letras.

Te o nobashite mite mou hitotsu no natsu

Shinobu you na netsu kanjite

Surechigatte kita hitomitachi no koto

Hitotsu hitotsu omoidashite

Bulma dejó que las palabras se apagaran para que los acordes del violín pudieran apoderarse de la multitud. Se meció con la música y cerró los ojos cuando imaginó los rasgos torturados de Vegeta en su mente.

Vegeta subió la escalera, muy consciente de que dos guardias estaban parados en la parte superior. Él destelló entre ellos y antes de que pudieran reaccionar a su presencia cayeron al piso inconscientes. Se detuvo, luego bajó la mirada preguntándose vagamente por qué seguían todavía vivos y no muertos como debería ser. En el último instante contuvo su fuerza, eligió dejarlos vivir en lugar de romper sus frágiles cuellos.

El sonido del violín se desvaneció y las palabras de Bulma resonaron en la mente de Vegeta.

Ikenai koto o shitte mo nige wa shinaide

Itoshisa ni fureru gogo o sagashitsuzukeyou

El distraerse le permitió a un hombre esconderse en una esquina para dirigir una pistola en contra suyo. Vegeta escuchó el disparo y vio la bala avanzar inexorablemente en su dirección. Para él, el proyectil apenas se movía, nadaba a través del espacio y lo observó con asombro antes de hacerse a un lado para esquivarlo. La escayola cerca de su cabeza explotó cuando la bala construyó un túnel en la pared a gran velocidad.

El ritmo recogió el compás del corazón de Vegeta mientras avanzaba hacia sus enemigos.

Sus ojos se redujeron, aceleró por el final del pasillo y tiró violentamente el arma lejos del hombre temeroso. Un grito de terror y dolor se hizo eco a lo largo del lugar, lo que alertó a los otros de su presencia.

Se abrió camino entre la multitud de hombres con facilidad dejando caer los cuerpos inconscientes al suelo sin una segunda mirada. Llegó a la puerta que conducía a la oficina de Akira y cuando alcanzó la manija, sintió una oleada de deseo asesino por él. Se estremeció al mirar hacia atrás el rastro de hombres gimientes que había dejado, de nuevo se preguntó por qué no estaban muertos. Endureció su resolución y enderezó la columna en el momento que abrió la puerta para revelar al hombre dentro de la habitación a oscuras.

Kanashii koto ga ate mo yurenaide ite

Yasahisa ni aeru hi made oyogitsuzukeyou

Akira Togeshi se sentó en silencio detrás de un escritorio de madera y cruzó las manos respetuosamente. Él se encontró con la firme mirada de Vegeta, pero se negó a retroceder, tenía demasiado orgullo para mendigar. Vegeta entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Las palabras de Bulma se desvanecieron y todo lo que quedó fueron los tristes acordes del violín.

Vegeta arrancó al hombre resignado del asiento y lo tumbó por encima del escritorio con una mano en la garganta. Una esfera de ki azul se formó en su puño que se cernía a centímetros del estoico rostro de Akira. En las profundidades de esos ojos, Vegeta pudo ver el miedo, pero más allá de eso vio la aceptación, la inevitabilidad de la muerte. Su mirada parpadeó, era incapaz de ver los ojos del hombre sin observar su propio reflejo salvaje. A un lado, notó una fotografía de Akira con su familia: tenía una esposa y una hija. Apretó el agarre de la garganta del hombre y asfixió poco a poco la vida dentro de él. Los labios de Vegeta se despegaron de sus afilados colmillos, su ki brilló aún más y emitió la única luz en la habitación oscura. Las sombras se retorcieron alrededor de ellos, esperando el golpe mortal.

La multitud miró a la exótica mujer de cabello azul que se quedó en silencio mientras las notas se desvanecían a su alrededor. Ella levantó los ojos para verlos y ellos desviaron los suyos con temor ante la vista de las lágrimas de cristal que fluían por sus pálidas mejillas y sobre sus brillantes labios. Ella examinó a la multitud en busca de algo y la angustia se grabó en su rostro antes de que huyera del escenario cuando no lo encontró. Para quienes la vieron, era evidente que la felicidad le era tan esquiva como pedirle un deseo de cuento de hadas a una estrella fugaz.


Traducción:

Por favor, no olvides el florecimiento, lluvia hiriente

En ese lugar, soñé sueños rojos

Dentro de un caparazón un beso robado

Cayendo constante yo permanezco

No quiero ser borrado, este sueño es como el dolor

No puedo encontrar las palabras que diré mañana,

Como romper un espejo, lo abrazaré

Nos vemos en el cielo tembloroso

Aun cuando debería querer llorar, no se desvanecerá

Hasta el día en que veamos suavidad, mantengámonos nadando

Extiende tus brazos y mira el otro verano

Dolor como entereza... Puedo sentirlo

Todo cambia y aquellos muchos ojos...

Una cosa, una cosa, recuerdo

A pesar de que conozco las cosas malas, no trato de escapar

Mantengámonos buscando el día que veamos el amor

A pesar de que estoy triste, no me moveré

Hasta el día en que veamos la dulzura, mantengámonos nadando.