Nota de la traductora: Debido a las normas de fanfiction, este capítulo ha sido censurado, pueden encontrar la parte que falta en AO3 https(:/)archiveofourown,org/works/10232507/chapters/22701776 (retiren los paréntesis y cambien la coma por punto, mi nick allí es chicamarioneta. No se olviden que es apto solo para mayores de edad.

Nota de Tempestt: Advertencia: Limón. Si tales cosas te ofenden o no tienes la edad suficiente, por favor no lo leas.

Exención de responsabilidad: No soy dueña de DBZ o cualquiera de los hombres atractivos que revolotean en mis sueños.

Todas mis gracias a lisaB por ser mi beta. ¿No es ella una suerte? Se pone a leer todas las partes buenas primero.

Capítulo veinte

Entrega

Bulma esperó el regreso de Vegeta en la seguridad de su habitación, la expectativa y el temor golpeteaban dentro de ella. Lo sintió antes de verlo, un crujido en el aire anunció su llegada. Un aura poderosa y en plena ebullición le puso los pequeños vellos de la nuca de punta.

Irrumpió por la puerta enfurecido, la levantó y la fijó a la pared del fondo sin esfuerzo. Sus salvajes ojos estaban llenos de inseguridad y desesperación. Le frunció el ceño de un modo sombrío, tenía los labios comprimidos en una línea recta.

—¿Qué me has hecho?, primero enjaulaste mi cuerpo y ahora has capturado mi mente. —Se acercó más y su musculoso cuerpo se hundió en el de ella más suave. El mayor peso que la atrapó por completo no le daba ninguna oportunidad de luchar—. No puedes escapar —le susurró al oído.

Bulma colocó las manos contra su sólido pecho. Era un gesto vacío destinado a defenderse, no obstante, la sensación de los rápidos latidos del corazón de Vegeta bajo su palma eran una verdadera tentación. Con cada golpe, se sentía más conectada a él. Ella lo veía como un hombre, no como un monstruo.

—¿Lo mataste? —La pregunta susurrada permaneció entre ellos. Era una pared invisible que no sería traspasada, pero que podía eludirse.

—Tal vez si te mato en su lugar seré libre —gruñó él mientras envolvía una fuerte mano llena de cicatrices alrededor de su esbelto cuello. Ella apoyó la cabeza contra la pared de acero y dejó al descubierto el cuello en señal de rendición; su respiración se hizo rápida, superficial.

Esa respuesta, aunque mortal, le calentó el corazón. Era como la luz de una vela en la noche más profunda. Ella vio más allá de la amenaza y se fijó en lo que intentaba ocultar. No mató al hombre y por eso ella tendría que pagar, sin embargo, no sentía miedo. Ya había perdido el derecho a su vida en favor de Vegeta, pero a cambio Bulma reclamaría algo de él. El pequeño trozo de su alma que volvió a despertar.

—Si me matas, te quedarás solo.

Vegeta le lanzó una mirada asesina, la amargura brotaba de su interior ante la vista de esos rasgos tranquilos. La odiaba y, sin embargo, la deseaba. Quería tocarla, saborearla, para absorberla hasta que fuera parte de él. El deseo que sentía por ella era como una picazón debajo de la piel. No podía alcanzarla y lo atormentaba día y noche.

—Tal vez si te tengo pueda librarme de esta obsesión.

Deslizó la otra mano por sus costillas y sobre la curva de su cadera para agarrar la parte interna de su muslo. El toque que uso era más suave de lo que había sido antes, ahora era oscuramente sensual y excitante. Él observó su pulso agitado y sintió una chispa de victoria al poder afectarla de esa manera, sobre todo después del último encuentro que tuvieron. Le levanto la pierna para envolverla alrededor de su cintura y enroscó la cola en su rodilla para mantenerla en esa posición.

—Quizás pueda romper el hechizo que me lanzaste, bruja.

Tenía la voz agitada debido a la pasión, casi desesperada. Empujó la ingle en ella y deslizó su dura longitud por su suavidad. Bulma se arqueó contra él en una invitación a esa magistral intrusión hacia su espacio. El miedo que sintió por Vegeta fue fugaz, ahora comprendía que si no la tomó por la fuerza en la sala de control, entonces nunca lo haría.

Ella lo deseaba con una desesperación que nunca había sentido antes. En algún momento entre el recelo y el miedo hacia él, cayó en la lujuria. Tal vez si veía dentro de la parte más oscura de su corazón podría encontrar algo más que la atracción animal, pero no estaba lista para admitirlo todavía. Finalmente cedió a los deseos de su cuerpo y abandonó las quejas de su consciente. Una parte suya sabía que era malo estar tan dispuesta a ser tocada por el hombre que habría matado a su planeta, un hombre que había jurado quitarle la vida con sus propias manos y, aun así, no podía negarse por más tiempo.

Ella alzó la mirada y le mostró sus grandes ojos llenos de confianza que le perforaron el corazón muerto hace mucho tiempo.

—No tienes que tomarme, Vegeta, me entregaré libremente a cambio de una promesa. —Su voz lo envolvió, lo ató a ella y lo persuadió a darle todo.

—¿La promesa de que no te mataré? —gruñó él.

No fue capaz de mirarla, así que enterró el rostro en la curva de su cuello e inhaló su aroma profundamente. No quería que ella viera la duda en sus ojos. Cuando era un niño le había sido dado todo, en cambio, como hombre debió luchar por el fragmento más pequeño de dignidad. Para sobrevivir tuvo que cometer atrocidades que condenaron su alma a los pozos más profundos del infierno. Él sabía que le era posible realizar el más vil de los actos sin remordimientos, pero por una fracción de segundo no pudo imaginarse a sí mismo envolviendo las manos en el cuello de Bulma y observar la chispa especial de su vida que le calentaba el alma atenuarse y morir.

—No, la promesa de que te permitirás sentir felicidad mientras me haces el amor.

Ante esas palabras, Vegeta sintió algo crudo y poderoso arrancar por su espina dorsal, abrirse camino hacia su corazón y respirar vida en su interior una vez más. Apretó la cola sobre su muslo para tirar más de ella en un abrazo y su erección ya pulsante se tensó con dolor.

—Yo follo, no hago el amor —protestó él, tratando desesperadamente de ignorar la sensación de calor que se extendía a través de su pecho.

—Vete a la mierda, Vegeta —siseó Bulma y luego se inclinó más para susurrarle al oído mientras recorría la curva de su espalda con las uñas—. Hazme el amor a "mí".

Vegeta gruñó en lo profundo de la garganta un sonido hambriento lleno de deseo y necesidad; se aferró con la boca a su cuello y deslizó la lengua sobre su pulso. Él podía percibir el latido de Bulma y sintió una oleada de orgullo. Su vida le pertenecía, su corazón latía porque lo permitía; la poseía y, sin embargo, no pudo superar la persistente sensación de desasosiego de que había cambiado algo mucho más valioso en retribución.

Bulma le echó los brazos al cuello, metió los dedos entre su grueso cabello, tiró la cabeza hacia atrás contra la pared y curvó los labios en una sonrisa secreta. Sus ojos de zafiro brillaron con la luz de las estrellas que se filtraba a través de la ventana circular sobre la cabeza de Vegeta, quien asolaba su cuello. Él podía ser el propietario de su cuerpo, pero ella estaba mucho más cerca de ser la dueña de su corazón.

ESTA PARTE DE LA HISTORIA LA PUEDEN ENCONTRAR EN AO3

Poco después, Vegeta descansó la cabeza sobre los suaves senos de Bulma y escuchó como los latidos del corazón que yacía dentro desaceleraban. Movía plácidamente la cola de un lado al otro, a la vez que se deleitaba en la sensación de ella trazando con la yema de los dedos su columna vertebral.

Bulma sonrió mientras abrazaba el cuerpo de Vegeta. Sentía la felicidad brotar de su interior e incluso pensó que debía resplandecer de adentro hacia afuera. El peso sobre ella comenzó a presionarla y se movió un poco. Amplió los ojos cuando lo sintió despertar dentro de su cuerpo, ya que el gastado eje se engrosó.

Vegeta levantó la cabeza y le sonrió con una sonrisa de autosatisfacción que ella no pudo evitar devolverle. Luego rodó llevándola consigo y la hizo caer sobre su sólido pecho. Se movió de manera fluida manteniéndose insertado con fuerza dentro de ella.

Bulma lo miró sorprendida por el cambio en su apariencia. Su rostro se había suavizado en los bordes, sus labios lucían más llenos y las arrugas de preocupación en su frente eran menos profundas. Ella sin darse cuenta trazó los dedos a lo largo de la curva de su mandíbula y lo contempló fascinada.

—¿Eres feliz?

Los ojos de Vegeta se oscurecieron ante la pregunta. La mirada que ella le estaba dando lo incomodaba. Casi parecía como si Bulma estuviera viendo a una persona totalmente nueva. En cierto sentido eso le gustaba. Lo hacía sentir como si pudiera ser alguien diferente, alguien mejor.

Muy dentro de él percibió una extraña calidez donde antes solo había frialdad. Por un momento creyó que debía ser la felicidad, porque nunca sintió eso, no obstante, lo alejó de un empujón sin piedad. Sabía que no podía entregarse a algo así.

Abrió la boca, pero la mirada confiada que ella le daba estancó la mentira que se formó en su garganta. En lugar de una vehemente negación pasando por sus labios, una mortificante verdad escapó.

—Tal vez.

Bulma sonrió, su cabello verde azulado le enmarcaba el rostro y brillaba como un halo alrededor de su cabeza. Ella se inclinó para capturar sus labios en un suave beso que quemó su alma marchita.