Nota de Tempestt: Exención de responsabilidad: No soy dueña de DBZ

Gracias a lisaB por sus habilidades beta.

Capítulo veintiuno

El agujero del infierno

—¡Mientes, pequeña perra! —gruñó Vegeta en dirección a Bulma.

Ella verificó dos veces las coordenadas y su espalda comenzó a hormiguear de miedo. Antes le había llevado horas de hablar hasta quedar casi ronca convencer a Vegeta de que no se prostituyó en el Club Escarlata. Él estaba seguro, considerando su desempeño previo de chillidos con la "música de los ochentas", de que no podía cantar algo que valiera la pena. Finalmente hizo falta una visita amenazadora al propietario del club y una audición privada para demostrarle que se mantuvo fiel a él y a sí misma.

Luego le tomó algo de sofisticada elocuencia asegurarle que dejar a Togeshi vivo no lo hacía un tonto. Vegeta estaba demasiado enojado de que fuera Bulma la que consiguiera el dinero que necesitaban y no él. Ella no entendía cómo podía estar más que dispuesto a usar sus joyas y, sin embargo, que tuviera que cantar por dinero lo enfurecía. Eventualmente él se calmó y dejó de gritarle, no obstante, se dio cuenta de que todavía seguía enojado. Ella solo suponía que de alguna manera su orgullo masculino recibió un duro golpe y al igual que todos los demás hombres, tenía que culpar a alguien.

A ella le gustaría decir que todo se trataba de su orgullo masculino, pero había algo más, algo sobre el abandonado asesinato que lo perturbaba. Aunque Bulma no podía poner el dedo en la llaga, notaba que él era diferente, cambió de alguna manera y estaba luchando consigo mismo para llegar a un acuerdo con eso. Ese era el verdadero núcleo de su ira. Era casi como si sintiera que se encontraba en peligro, como si hubiera dado el primer paso por un camino que solo podía significar su destrucción completa.

Desde entonces vivían en una precaria tregua. Ella no mencionaba nada que tuviera que ver con la Tierra o su vida pasada y él no decía nada más acerca de matarla. Eso no significaba que esos pesados pensamientos no estuvieran presionándolos. Bulma podía notar la tensión dentro de Vegeta cada minuto del día y para ella esto incluso plagaba sus propios sueños. Pero la tensión parecía que añadía una intensidad a su relación que nunca había sentido antes.

Cuando Vegeta la tocaba era como si él prendiera su mundo con fuego. En momentos extraños del día la rastreaba a través de la nave, de una habitación a otra, hasta que la encontraba. La fijaba al lugar con sus brillantes ojos negros, paralizándola instantes antes de abalanzarse. Él la arrastraba al piso o la presionaba contra la pared más cercana para follarla como si no hubiera nada más por lo que vivir, excepto el sabor de su carne y la sensación de su interior. Llegaba a ella como si quisiera devorarla y Bulma accedía en todo momento, no por miedo, sino por algo más profundo, más primario. Inclinaba la cabeza hacia atrás dejando al descubierto su esbelto cuello a la bestia dentro de él, atrayéndolo para hacer su mejor intento, con el pleno conocimiento de que no lo haría.

Bulma vivía en un estado de hipersensibilidad, cada temblor era un éxtasis y cada uno de sus toques era la gloria. Podía sentir el momento en que sus pensamientos se dirigían hacia ella, oscuros e inquietantes, sensuales y emotivos. Él era como una salvaje tormenta de verano que se movía a través de la nave en busca de ella, su pararrayos humano. Estaba tan en sintonía con él, que sentía sus emociones yacer sobre su piel como una capa delgada, a veces caliente y pesada, otras veces sin aliento y ligera. Pero en esta ocasión se sentía como un río de lava hirviente fluyendo hacia un pueblo inocente.

—Debería haber sabido que no podía confiar en ti. No eres más que una puta sin clase que haría y diría cualquier cosa por salvar su piel. —Vegeta dio un puñetazo en la consola haciendo que Bulma saltara lejos de las chispas de colores brillantes.

—No, Vegeta, te juro que este es el lugar correcto. Namekusei debería estar aquí. —Bulma señaló a la pantalla de visualización, una completa desesperación y confusión estaban escritas en su rostro.

—Todo lo que veo es polvo espacial.

Vegeta decía la verdad. Ella se quedó sin poder hacer nada ante la gran nube de polvo que flotaba en el espacio. Donde debería haber un planeta, solo había trozos de tierra. La imagen osciló y Bulma parpadeó segura de que sus ojos se estaban llenando de lágrimas. Volvió a parpadear cuando no desapareció.

—Vegeta, ¿qué es eso?

—No trates de cambiar de tema, mujer.

—No, Vegeta. ¿Qué es eso? —Bulma, muy seria, repitió las palabras apuntando a la pantalla de nuevo.

Él se dio la vuelta a tiempo para ver una silueta tomar forma fuera del polvo, revelando las proporciones curvadas de una nave muy grande.

—Mierda —dijo Vegeta con verdadero terror.

—Mierda, ¿qué? —preguntó Bulma con el estómago encogido. Cuando él no respondió, preguntó de nuevo—. ¿Mierda qué, Vegeta?

—Es la nave bandera de King Cold —contestó él a medias mientras analizaba diferentes escenarios en su cabeza. Esto era malo, demasiado malo.

—¿Quién? —La expresión del rostro de Vegeta la estaba aterrando. Las últimas semanas había tenido acceso a una media docena de sus expresiones faciales, de la rabia pasando por la ira y llegando a la lujuria; pero era cuando él se veía completamente desprovisto de emociones que le daba miedo. Eso significaba que se desconectaba, apagaba todo y volvía en piloto automático para poder hacer frente a su traumática vida.

Al no escuchar una respuesta, ella extendió la mano para tocarle el brazo y tembló por lo frío que estaba.

—¿Vegeta? —Lo motivó a hablar.

—King Cold es el padre de Frízer. No hay ninguna razón para que esté aquí a menos que haya problemas. Grandes problemas —murmuró él.

—¿Hay que huir? —Bulma ya miraba los controles de navegación.

—Es demasiado tarde —dijo él con voz hueca, eso causó que ella dejara salir su temor en estampida directa hacia el pánico.

La alarma de advertencia se activó y las luces oscilaron en el panel de mando. Antes de que ella pudiera echar un vistazo, la nave fue empujada hacia adelante, por lo que casi cae al piso. Vegeta la atrapó, la acercó a la seguridad de su ancho pecho y envolvió la cola alrededor de su cintura.

—Nos están jalando. —Antes de que ella pudiera responder, él la agarró por los brazos para obligarla a mirarlo—. Bulma, es muy importante que hagas exactamente lo que digo. Debes comportarte como una esclava adecuada. Siempre camina detrás de mí, mantén la cabeza baja y hagas lo que hagas, no hables. ¿Me entiendes?

Vegeta rara vez, si acaso, utilizaba su nombre. Él siempre se refería a ella como mujer, de vez en cuando le decía loca y hasta puta. Ella tragó saliva mientras asentía con la cabeza, él se quedó mirándola a los ojos, buscando en su mente para asegurarse de que en verdad lo hubiera entendido.

Estaban en peligro, profundo y mortal peligro.

Él ya era buscado por el imperio debido a su desaparición. Si no lograba convencer al rey de su lealtad, entonces sería etiquetado como un traidor. En el mejor de los casos lo ejecutarían, en el peor, soportaría años de tortura; sea cual sea el escenario dejaría a Bulma desprotegida.

Vegeta la miró con el rostro levantado y se asombró del tirón que sintió en el pecho. Él se hallaba en guerra consigo mismo. Quería aconsejarle que cometiera suicidio si algo llegara a sucederle. Sería un destino mucho más amable que verse en manos de King Cold o de sus lacayos. Abrió la boca, sin embargo, parecía que las palabras no eran capaces de pasar la obstrucción en su garganta. El pensamiento de ella muerta le heló la sangre. Trató de recordar su vida antes de que se conocieran, pero lo único que pudo ver fue un torbellino de muerte y caos.

El agarre en sus brazos aumentó mientras trataba de imaginar su vida sin ella y su mente condenó a su medio muerto corazón. Tales pensamientos eran ridículos. Él continuaría como siempre lo hizo, como un príncipe olvidado, un soldado solitario, un asesino para el imperio.

Sus ojos se oscurecieron por la duda, pero antes de que pudiera decir algo la nave atracó, señalando que se les había acabado el tiempo.

Vegeta liberó a Bulma y apenas fue capaz de convencer a su cola de que la soltara. Se volvió hacia la puerta y enderezó la columna vertebral. El obstinado brillo en sus ojos murió, frío acero se derritió sobre su rostro congelándolo en una máscara sin emociones, el tirón en su pecho desapareció y el vacío de su alma regresó cuando salió por la puerta para hacer el camino hacia la escotilla externa y saludar a las tropas de Cold.

Bulma caminó en silencio detrás de Vegeta. A pesar de que solo se desplazaban a lo largo del corredor, la avanzada tecnología de la nave era evidente en todo lugar al que miraba. Debería estar burbujeando de entusiasmo, pero la grave advertencia de Vegeta y el temor helado en sus ojos sembraron el miedo a través de cada centímetro de su cuerpo.

Ella miró a su alrededor esperando ver sangrientos trozos de cuerpos en el piso y soldados fornicando en los pasillos. La reacción de Vegeta le dijo que él consideraba a esta nave un infierno flotante suspendido en el tiempo, que nunca cambiaba y que siempre atormentaría a sus víctimas, pero la limpieza la sorprendió. Los habitantes se trasladaban cruzando con ellos sin hablar, funcionando como mecanoides sin emociones. Este no era el infierno que se había imaginado y solo hacía que su miedo se multiplicara.

Cuatro hombres uniformados de blanco con capas de color morado oscuro los acompañaron a través de la nave, al final los llevaron por una serie de puertas.

—Su recámara, príncipe Vegeta. Confío en que usted encontrará todo en orden. También podrá hallar varios juegos de armaduras formales. King Cold desea verlo de inmediato.

El guardia se hizo a un lado y extendió el brazo en un movimiento de bienvenida, pero la sonrisa en su rostro era cualquier cosa menos eso. Un helado escalofrío la recorrió por dentro y Bulma al instante bajó la mirada mientras se escabullía detrás de Vegeta.

Los guardias esperaron afuera a que ellos entraran y Vegeta no perdió el tiempo en atravesar el cuarto para desaparecer detrás de otra puerta. Bulma miraba de un lado al otro e iba deteniéndose en su exuberante entorno. El salón estaba cubierto con una alfombra de felpa crema que le hacía señas para que se quitara los zapatos y hundiera los dedos de los pies en esta. En el centro había un conjunto de sofás de color hueso profundo y sillas que rodeaban una hermosa mesa hecha de alguna misteriosa madera blanca que nunca vio antes. A un lado había un bar bien surtido y varios adornos decoraban el lugar, haciéndolo parecer bastante acogedor. Tenía todo lo que uno podía necesitar para entretenerse. Definitivamente no era como se imaginaba que la habitación de Vegeta sería.

La puerta se abrió y Vegeta salió robándole el aliento. Estaba vestido con una armadura blanco perla que brillaba mientras se movía. Esta tenía un diseño de líneas rojas y sobre sus hombros una capa carmesí caía en ondas casi hasta el piso. El brillo de la armadura contrastaba con su piel bronceada, haciéndolo lucir exótico y aún más letal, todo el conjunto mantenía un aire majestuoso que gritaba realeza.

Él se vería impresionante si no fuera por la fría máscara de piedra que le moldeaba los rasgos. Era incuestionablemente de la realeza, ni más ni menos que el príncipe de la muerte.

Vegeta caminó con aire majestuoso hacia ella, la miró y por un momento Bulma pensó que vio un atisbo de emoción detrás de su fachada congelada.

—Te quedarás aquí. No salgas y no le abras la puerta a nadie que no sea yo.

—¿Es en verdad tan peligroso? —Su grave advertencia parecía excesiva ahora que ella había visto el orden en la nave.

—Sí. —La respuesta fue una palabra solemne que la convenció de la verdad de esto. Sea o no que lo pudiera ver, el peligro acechaba a las afueras de la puerta y no tenía ningún deseo de invitarlo a entrar. Ella hizo un gesto de aceptación con la cabeza y sin decir nada más la dejó. Cuando la puerta se cerró detrás de él, ella alcanzó a ver a uno de los guardias mirando de un modo lascivo el interior de la recámara y se estremeció ante el conocimiento de que estaba en una nave llena de monstruos y tenía que confiar en uno de ellos para mantenerse a salvo.

Vegeta entró en la sala de conferencias con estoicismo. A lo ancho de la habitación una hilera de ventanas revelaba el terciopelo negro del espacio que estaba densamente tachonado de estrellas. En medio de ellas, como una mancha de salsa en un mantel inmaculado, había un acopio de polvo marrón y trozos de tierra. Todavía no podía creer que Bulma lo hubiera metido en este problema y peor, que ellos chocaran directo con la persona que menos quería ver, King Cold.

Entrecerró los ojos y las pupilas se le dilataron hasta que al fin pudo ver dos sombras delineadas contra la luz de las estrellas. Las dos formas dieron un paso adelante y Vegeta escondió su sorpresa. King Cold, él lo esperaba; Cooler, su primer hijo, tal vez; pero sobre todo estuvo seguro de que Frízer se hallaría presente, sin embargo, no era así.

El temor de Vegeta comenzó a hervir en su estómago y tuvo que esforzarse para no cambiar su peso con nerviosismo. No importaba lo mucho que odiara a su amo lagarto, siempre había una sensación de seguridad mientras estaba en su presencia. Vegeta empujaba todo el tiempo el límite con Frízer, desafiándolo a cada instante, burlándose de él manteniendo su orgullo intacto, pero al final siempre era perdonado. Esto disgustaba a Vegeta, le revolvía las entrañas, aun así, sabía que el lagarto lo favorecía y él explotaba ese conocimiento sin vergüenza. Incluso con el pecado de la deserción colgando sobre la cabeza, entró en esa sala seguro de que sería castigado y finalmente perdonado, pero ahora... ahora no podía dar la vuelta en absoluto.

Vegeta se inclinó ante la familia real, apenas cumpliendo con la norma de cortesía. Los labios de King Cold se curvaron en una sonrisa burlona mientras Cooler se mofaba.

—Ah, príncipe Vegeta, ha pasado demasiado tiempo. —Frízer rara vez visitaba a su padre, la responsabilidad de dirigir su propio dominio lo mantenía muy ocupado. Sin embargo, cuando Vegeta era más joven, había visitado a menudo esta nave, de ahí su recámara y su juego de armaduras.

—El ultimo Mayson, creo. —Mayson era una fiesta religiosa celebrada cada diez años por los iceyíns. Los ojos de Vegeta parpadearon hacia Cooler cuando habló, tomó nota del toque de emoción que no podía ocultar detrás de sus fríos ojos de reptil. A pesar de que era el mayor, todavía permanecía atado con una correa al lado de su padre. A diferencia de Frízer, él era demasiado estúpido para gobernar por sí mismo y nunca se le concedió un dominio propio. Estaba celoso, amargado y era el peor enemigo de Frízer y de King Cold también, si Cooler alguna vez se convertía en lo suficientemente poderoso como para usurpar a su padre.

Vegeta no respondió, en lugar de eso esperó a ver lo que le revelarían.

—Has estado ausente durante bastante tiempo. Sabía que mi hijo había perdido a su mono preferido.

La cola de Vegeta se apretó más alrededor de su cintura ante el apodo insultante.

—¿Dónde está el señor Frízer?, tengo que hablar con él.

—Está indispuesto en este momento.

—Sí, es tan trágico. —Cooler prácticamente ronroneó y el temor acuchilló la columna vertebral de Vegeta ante su tono.

King Cold lanzó una mirada castigadora a su hijo mayor antes de volver a hablar con Vegeta.

—Cualquier cosa que tengas que decir me lo puedes informar a mí.

Vegeta sabía que la mejor esperanza de salvación estaba en convencer a su amo de que no lo había abandonado, pero ¿cómo podría hacer eso si no iba a hablar con él?

—Mis palabras son solo para el señor Frízer.

—¿Palabras dulces? —Cooler se rio en un tono burlón, haciendo que el pelaje de la cola de Vegeta se erizara mientras él le gruñía al lagarto.

—Soy su padre, lo compartimos todo. —Cold arrulló y sacó de quicio a Vegeta.

—No lo creo, exijo ser llevado ante Frézer —escupió Vegeta.

King Cold tiró la copa que sostenía, esta casi se rompe en el aparador.

—Presta atención, pequeño enano, Frízer puede ser tu amo, pero parece que has olvidado que yo soy el señor aquí. Has estado perdido durante casi dos años. Tienes que dar algunas explicaciones, comenzando por la culminación de la purga de Anodes.

¿Había pasado tanto tiempo?, Vegeta se preguntó. Todo parecía haber ocurrido tan rápido. Le tomó un año solo para llegar a la Tierra. ¿Cuánto tiempo había sido hecho prisionero por su bruja? ¿Seis meses, siete? ¿Cuántos meses les tomó llegar a Namekusei? ¿Cuántas semanas se abandonó en el confort de sus brazos, saboreando su dulce piel, deleitándose con cada uno de sus gritos? Vegeta sacudió la cabeza y se concentró en el aquí y ahora. Atrapado, no tuvo más remedio que tratar de convencer al rey de los iceyíns de que no era un traidor. Su única esperanza era que Cold no pudiera ver dentro de su oscuro corazón donde la rebelión vivía y respiraba.

—Raditz vino a mí antes de partir para Anodes. Me dijo que existía la posibilidad de que su hermano estuviera aún vivo. Pidió permiso para recogerlo y agregar su fuerza al ejército de Frízer. —Una mentira flagrante, pero en realidad ellos no podrían demostrar lo contrario ahora que Raditz estaba muerto. Vegeta había enviado a su guardaespaldas a la Tierra con la intención de esconder secretamente a Kakaroto hasta el momento en que lo necesitaran para derrotar a Frízer. Cuán rápido el plan se fue al infierno.

—¿Y lo enviaste sin el permiso de Frízer?

Vegeta tuvo que elegir las palabras con cuidado. Frízer era conocido por sus maneras excéntricas. Él microgestionaba la cosa más mínima y, sin embargo, descartaba por completo las grandes purgas. Mayormente Zabón, su segundo, se hacía cargo de los detalles mientras Frízer se saciaba de los frutos del trabajo de su soldado.

—El señor Frízer no podía ser molestado con los detalles de una misión tan pequeña.

—Sus soldados siendo enviados a vagar libres por todo el universo para reclutar nuevos soldados no me parece insignificante.

Vegeta fue incapaz de contener su mirada de disgusto. Si Frízer estuviera allí, él no tendría que preocuparse por esos detalles tan pequeños, pero como andaban las cosas, debía explicarlo "todo".

—En primer lugar, nunca estamos "libres" para vagar por cualquier sitio. En segundo lugar, Raditz era un guerrero de tercera clase realizando la búsqueda infructuosa de otro guerrero de tercera clase. Raditz era insignificante tanto para mí como para Frízer.

—Si estabas seguro de que la búsqueda sería infructuosa, ¿por qué lo enviaste?

Vegeta resopló.

—Es obvio que nunca ha pasado algo de tiempo con el idiota. He tenido conversaciones más esclarecedoras con las piedras golems de Tembra. Sin mencionar que era peor que un niño hiperactivo de dos años. Estaba contento de librarme de él.

King Cold puso los ojos en blanco, al parecer había aceptado la explicación. Las maneras antisociales de Vegeta eran bien conocidas y no sería impensable que enviara a uno de sus hombres en una búsqueda inútil solo para deshacerse de él por un tiempo.

—¿Y luego qué pasó?

—Fue después de la purga de Anodes. Estábamos sentados en nuestro campamento cuando la voz de Raditz llegó por el rastreador. Escuchamos sus últimas palabras antes de morir.

Al ver que Vegeta no decía más, King Cold lo impulsó.

—¿Y esas fueron?

—Solo las coordenadas del planeta en que estaba y el nombre de su asesino.

—¿Cómo se llamaba el planeta?

Había algo en la expresión de los ojos de Cold que puso a Vegeta nervioso. Él tomó la rápida decisión de mentir, sin saber por qué, el instinto le dijo que revelar el nombre del planeta sería mortal.

—No lo sé.

King Cold no parecía muy convencido, pero lo dejó pasar.

—¿Y el nombre del asesino?

—Kakaroto, su hermano. —Auténtica sorpresa se mostró en la cara de King Cold ante la respuesta de Vegeta.

—¿Fue asesinado por su propio hermano? —preguntó Cooler, apenas sorprendido y un poco impresionado.

Vegeta se encogió de hombros, sabía que ellos realmente no necesitaban que se los repitiera.

—Por supuesto, te sentiste molesto por la muerte de tu compañero de armas.

Era una trampa. Todo el mundo sabía que nunca estaría molesto por algo tan trivial. Trivial para él, por lo menos. Ellos querían ver si tomaría esa salida. Querían atraparlo en algo, pero Vegeta todavía no estaba seguro de lo que era.

—Me importó poco esa excusa patética de guerrero. —Vegeta se burló—. Sin embargo, no podía dejar que su muerte quede impune.

King Cold y Cooler asintieron en comprensión. Si Raditz fue o no importante no era la cuestión. Lo relevante era que nadie levantaba su puño contra un guerrero del imperio sin castigo. Ellos sospechaban que sería más personal para Vegeta. Al matar a su hombre, Kakaroto le faltó el respeto al príncipe y no había nacido alguien tan orgulloso como él.

—¿Y cuándo aterrizaste? —preguntó Cold.

—Estuvimos ocupados con algunos de los guerreros enemigos.

—¿Algunos?

—Ellos no paraban de decir que un héroe llegaría. —La voz del instinto clamó de nuevo, advirtiéndole de ocultar el nombre humano de Kakaroto.

—¿Qué pasó con Nappa? —interrumpió Cooler, lo que le valió una mirada furiosa de su padre.

Vegeta sospechaba desde hace tiempo que Nappa estaba espiándolo. Sangre y primogenitura solo le ganaron gran lealtad, pero viviendo en la corte de Frízer fue despojado de todo lo que tenía: honor, lealtad y moral, dejándole una sola cosa, el instinto para sobrevivir. Vegeta ahora se dio cuenta de que Nappa estuvo trabajando para Cooler. Debería haberlo sabido, la estupidez se pega.

—Él era un tonto. Bajó la guardia y uno de los guerreros enemigos lo hizo estallar en pedazos.

Vegeta sabía que no debía confesar que Nappa había sobrevivido y que tuvo la oportunidad de librarse del espía. Era mejor dejarlos pensar que cayó en batalla. No existía manera de que supieran que no era así.

—¿Un saiyayín fue volado en pedazos? —preguntó Cooler con incredulidad.

—El enemigo sacrificó su propia fuerza de vida para matar a Nappa. Fue una autodestrucción total.

El silencio se hizo eco en la habitación mientras los iceyíns digerían ese pedazo de información. El poder del autosacrificio estaba bien documentado en todo el universo. Era un evento raro, generalmente provocado por emociones fuertes para proteger a los que el guerrero amaba. Todos los soldados temían enfrentarse con un guerrero de ese tipo y cada purga era precedida de silenciosas oraciones para no encontrarse con tal combatiente ese día.

King Cold desestimó el silencio con un gesto de la mano.

—¿Y entonces?

—Kakaroto llegó.

King Cold y Cooler esperaron expectantes a que Vegeta terminara. Decir la verdad sería sacrificar su orgullo, mentir podría significar la muerte. Vegeta luchaba consigo mismo, casi se convenció de que sacrificar su orgullo no valía la pena. Tomó una profunda respiración listo para condenarse cuando el aroma floral de Bulma le inundó las fosas nasales. A pesar de que se cambió de ropa, su olor todavía le cubría la piel, tal y como el cuerpo de ella lo había cubierto temprano ese día.

—Luchamos, fue una batalla gloriosa. Probé la sangre de mi enemigo y la victoria latió a través de mis venas.

—¿Pero?

Vegeta abrió la boca para mentir. Se preparó para el golpe mortal, sabía que ninguna mentira que inventara sería convincente. No habría manera de que pudiera explicar su larga ausencia a menos que dijera la verdad, la enfermiza y asesina-orgullos verdad.

—Un cobarde escondido entre las rocas me atacó por la espalda y me infectó con un virus que drenó mi ki como un parásito hambriento.

Vegeta no podía creer las palabras que salieron de su boca. Sentía su orgullo marchitarse con cada aliento que tomaba.

King Cold y Cooler intercambiaron miradas de disgusto. Solo los débiles utilizaban la técnica de drenaje de ki para derrotar a sus enemigos y solo bastardos patéticos caían en esas tácticas.

—Cuando desperté estaba enjaulado y sin poder. Me tomó meses escapar y me tomó el mismo tiempo encontrar el camino aquí, a Frízer.

King Cold miró fijamente a Vegeta durante más tiempo, buscaba en su rostro sin emociones un destello de algo, pero lo único que vio fue frío desafío.

—Ya veo. Lo que dices debe ser verdad, no me puedo imaginar que digas semejante cuento, a menos que sea así. —El rostro de King Cold estaba lleno de desprecio y Vegeta sintió a su orgullo clamar en señal de protesta. ¿Por qué no mintió? Ahora King Cold pensaba que él no era más que un gusano a ser pisado. Todos sus años demostrándose a sí mismo lo que valía se fueron por el desagüe. Sin duda, el rey le aconsejaría a su hijo que sacara a su mascota favorita de su miseria.

—Así que tu desaparición no fue un motín, ¿solo estabas detenido?

—Es correcto. —Vegeta sintió que toda su fuerza era drenada. No quería nada más que encontrar un rincón donde acostarse y morir.

—¿Así que eres leal al imperio?

—Por supuesto. —Vegeta apenas podía hablar por el sabor a cenizas en su boca.

La puerta de la sala de conferencias se abrió y un hombre que llevaba un abrigo azul que lo identifica como procedente de la unidad médica se quedó en silencio a la espera de que King Cold lo reconozca.

Con un asentimiento de cabeza, el rey se alejó, dejando a Vegeta y a Cooler mirándose el uno al otro.

—¿Dónde está Frízer? —Vegeta sabía que Cooler le respondería. Había algo en su actitud y en el brillo de sus ojos que le decían que él no podía esperar para revelar la noticia.

—¿No lo has oído? Mi querido hermano se metió en un pequeño lío en ese planeta.

—¿Planeta?

—Sí, todo el polvo que flota alrededor solía ser Namekusei. Ahora me temo que es solo una nota al pie de página en la historia de una batalla épica.

Así que Bulma estuvo en lo cierto. Ella lo llevó a Namekusei tal como se lo prometió.

—¿Batalla? ¿Qué demonios está pasando?

Cooler se rio. No había nada que le gustara más que un poco de chisme, especialmente si involucraba la desgracia de su hermano.

—¿Qué sucede, Vegeta? ¿No recibiste noticias actualizadas mientras estabas jugando a la rata prisionera de una raza inferior?

Vegeta lo miró con desdén, pero no se molestó en contestar; sabía que Cooler derramaría la noticia sin preguntarle más.

—Bien, bueno, parece que Frízer encontró la horma de su zapato. Destruyó todo el planeta con el fin de aniquilar a su enemigo. Lo recogimos flotando en el espacio hace unas horas. Fue una suerte que él enviara a dos de sus hombres tras nosotros antes de la pelea o quizás no hubiéramos llegado a tiempo. —La amargura en su voz era evidente y Vegeta no pudo evitar sonreír fríamente ante su desesperación. Cooler había estado tan cerca de convertirse en el número uno a los ojos de su padre, solo para ser derribado por la previsión de Frízer.

—¿Está vivo entonces?

—Por ahora. Él fue gravemente... dañado. No ha recuperado la conciencia todavía. —Vegeta no dudaba que Cooler ya estaba trabajando en una manera de asegurarse de que Frízer nunca lo hiciera, pero esa no era su preocupación. Lo que en verdad necesitaba saber era quien golpeó a Frízer tan brutalmente. Él sería un magnífico aliado o un enemigo mortal.

—Estoy seguro de que dormirá por unos días. —Vegeta buscó más información.

—No si papá tiene algo que decir al respecto —respondió Cooler de mal humor.

—¿Por qué?

—Mi padre está seguro de que Frízer ganó la batalla, después de todo él es su hijo, pero está ansioso por averiguar quién hirió a su precioso bebé para que pueda ir a su planeta y castigar a toda su raza junto con quien pueda haber tenido algo que ver con eso.

Los instintos de Vegeta gritaron alerta de nuevo. Algo no estaba bien. Kakaroto no pudo haber sido lo suficientemente fuerte como para derrotar a Frízer. Tenía que ser un guerrero diferente, uno de Namekusei tal vez. El temor hormigueo por su espina dorsal y toda la saliva se secó en su boca.

—¿Los dos soldados que te contactaron no lo saben?

—¿Quién? ¿Zabón y el cerdo rosa? No tienen ni idea. —Cooler sonó poco convincente. Estaba escondiendo algo, no solo de él, sino también de su padre. Jugaba un juego peligroso y Vegeta temía estar atrapado en el medio.

King Cold se alejó del médico con las cejas enojadas.

—Entonces estamos claros, Vegeta. ¿Por qué no comenzamos desde el principio otra vez?

Por la expresión de la cara de Cold no se atrevió a desobedecer. Él respiró hondo y comenzó de nuevo.


Tan pronto como Vegeta la dejó, Bulma comenzó a husmear. Ella estaba en su tercer cajón, de espaldas a la puerta, cuando un hombre de piel verde entró. Tan silencioso como en una película muda se arrastró por detrás y apretó la mano en su boca para ahogar los gritos.

Rápida y discretamente la arrastró de la habitación y de repente ella desapareció, el único indicio de su presencia era un solitario cajón abierto.

Él la llevó a las entrañas de la nave sin hablar. Apenas hubo un jadeo, a pesar de que ella luchó violentamente. No fue hasta que llegaron a su destino que comenzó el ruido. La obligaron a arrodillarse ante ellos mientras le hacía preguntas y cuando se negó a responder, ella gritó brillantes haces de luz.


Zabón entró en la habitación y Cooler se apresuró a hablar con él. Vegeta los observó con los ojos entrecerrados, pero no pudo distinguir las palabras.

—Bueno, parece que hemos terminado aquí. —Vegeta apartó su atención de nuevo hacia King Cold cuando habló—. Puedes volver a tu recámara por ahora.

Vegeta hizo una reverencia y tragó saliva para calmar su garganta seca. Habían pasado años desde que tuvo que hablar tanto y no estaba acostumbrado a ese tipo de actividad.

A medida que se acercaba a la puerta, Cooler lo detuvo.

—Parece que tu mujer confirmó tu historia, por lo menos algunas partes. Ella no estuvo presente durante la muerte de Nappa, a pesar de que investigamos muy a fondo.

Vegeta levantó al instante la mirada y notó la mueca maliciosa de Cooler y la fácil sonrisa de Zabón. Este último solo tenía ese aspecto después de haber torturado a alguien. Eso lo relajaba, es mejor que el sexo, decía.

—Te aconsejo que la busques —dijo Zabón con un tono perezoso mientras enroscaba la cola de su trenza alrededor de un largo dedo.

—¿Dónde? —Vegeta escupió, tratando de ignorar los temblores de terror que se ondulaban por su cola.

—En un lugar con el que ya estás íntimamente familiarizado. Abajo, abajo, abajo.

Cooler señaló al suelo bajo sus pies, Vegeta sabía lo que quería decir. A pesar de que había pasado la mayor parte de su tiempo en los calabozos de la nave de Frízer, no tenía ninguna duda de que era exactamente lo mismo en el de su padre. Giró tratando de no parecer demasiado frenético mientras salía de la habitación. Tan pronto como la puerta se cerró, aumentó la velocidad hasta que se convirtió en solo destellos de luz. Tenía que llegar a ella lo antes posible. Estaba seguro de que Bulma no sería capaz de soportar la tortura por mucho tiempo antes de que su mente se quebrara.

Curtidos guerreros apenas la podían soportar y muchos no lo hicieron. Era una tortura susurrada en planetas distantes, hombres adultos tenían pesadillas al escuchar su nombre. El purgatorio, la condenación, el infierno.

El Agujero.