Nota de Tempestt: No soy dueña de DBZ.
Bienvenidos al principio del fin...
Capítulo veintiséis
Asombrosa hipocresía
Vegeta sentía como si su carne fuera a caer en gruesas rebanadas mojadas. La sangre le bajaba por los brazos y los costados, adhiriendo los restantes jirones de piel a su espalda. Su traje era cosa del pasado, ya que el látigo que lo azotó sin piedad lo destrozó. Por arte de magia, se las arregló para mantener el brazalete y el medallón, pero solo después de soportar horas de castigo de sus amos lagartos. Al final había valido la pena. A pesar de que juró no ser arrancado del lado de Bulma, el conocimiento que ganó no tenía precio.
Frízer estaba trastornado. Durante la batalla en Namekusei perdió el juicio. King Cold hacía todo lo posible para ocultar la inestabilidad de su hijo, sin embargo, esas acciones solo hacían el problema más evidente. La sesión de castigo de Vegeta fue diseñada para sacar a Frízer de su autoimpuesto caparazón, pero ni siquiera la vista de la sangre hizo algo para despertar al tirano. Vegeta estaba agradecido por eso e incluso notó la leve frialdad de la mirada ciega de Frízer. Sombría satisfacción se abrió paso a través de él. El imperio Cold se hallaba al borde de la destrucción, ahora, si tan solo pudiera encontrar una manera de explotar esa debilidad.
Vegeta tecleó el código de la puerta de su recámara y entró con un profundo suspiro de alivio. Incapaz de soportar la idea de dejar a Bulma sola por más tiempo, había venido directamente a ella en lugar de detenerse en la sala de regeneración. Las heridas eran graves, pero su metabolismo saiyayín las sanaría en cuestión de horas. El dolor era un costo que bien valía la pena pagar por poner su mente en paz.
Levantó la cabeza esperando ver a Bulma correr hacia él con los ojos brillando de preocupación. En lugar de eso, lo primero que vio fue la mirada triunfante de Zabón que permanecía de pie detrás del sofá, con la mano tranquilamente arrastrándose a través de los rizos azules de Bulma que caían como una cascada hacia la punta de sus dedos. Ella llevaba el cabello suelto, los bucles se enroscaban alrededor de su rostro que parecía enrojecido por la pasión.
Los ojos de Vegeta se redujeron a toda prisa, ya que esperaba encontrarla ensangrentada y maltratada; sin embargo, no podía estar más equivocado. Ella se reclinó en el sofá, relajó el cuerpo y su rostro adquirió serenidad. Con delicadeza bebió de una copa de cristal, sintiéndose como en casa con su entorno, mientras el sangriento enemigo de Vegeta la acariciaba de una manera íntima.
—¿Qué... —Él quería hablar hasta asfixiarse, pero no podía encontrar las palabras. Sus insultos habituales se perdieron en el aluvión de sus pensamientos.
—Solo estoy aquí disfrutando de una copa con Bulma. —Zabón esbozó una sonrisa tímida, no obstante, su mirada depredadora nunca dejó el rostro de Vegeta.
¿Bulma? Vegeta disparó la mirada de vuelta a ella con incredulidad. ¿Desde cuándo Zabón la llamaba Bulma?, ¿desde cuándo ella se sentaba tan tranquila bajo el toque del hombre que la torturó?
—Hemos tenido la más deliciosa pequeña conversación. Yo quería saber qué era lo que te hacía tan "perverso". —El tono insinuante de Zabón y su voz infantil envió escalofríos por la espalda baja de Vegeta. Sintió que la sangre se le helaba y que le ardían las marcas del látigo mientras él permanecía allí, de pie, rechazando lo que le decían sus ojos—. Ella tenía muchas cosas interesantes que decir. Por ejemplo, como llegaste a su planeta para destruirlo, como asesinaste a todos sus amigos, como la robaste de su familia. —Zabón se detuvo para disfrutar del impacto de sus palabras. Vegeta permaneció atípicamente estupefacto, como si hubiera sido traicionado en algún profundo nivel primario, algo de lo que Zabón pensó que el príncipe era incapaz—. Como juraste tomar su vida cuando hayas terminado de usarla —susurró, su voz era seda en la piedra, suavidad enganchándose en la aspereza.
Los ojos de Vegeta se ampliaron antes de reducirse. No podía apartar los ojos de Bulma, deseaba que ella lo viera y que desechara las palabras de Zabón con una sola mirada… deseaba que ella no lo traicionara con su enemigo.
Poco a poco, Bulma levantó la cabeza, su cuerpo se mostró tranquilo y su rostro distante. Los movimientos eran deliberados, indiferentes e hiriente. Ella centró los ojos en su amante con el desdén escrito claramente en todos sus rasgos y hasta en lo más profundo de su mirada había hielo cuando lo observó, que congeló el recién nacido corazón frío de Vegeta.
Bulma se mantuvo quieta para obligar a todos los músculos de su cuerpo a obedecerla, pero por dentro podía sentir que el corazón se le rompía. Los pedazos volaron en su interior como un torbellino, las afiladas esquirlas le acuchillaron las entrañas y cortaron su alma. No lograría sobrevivir a este momento. El corazón le iba a estallar en el pecho y la mataría de agonía si seguía mirando a Vegeta, si tenía que soportar ver el dolor de su corazón por un segundo más. La mirada que le daba le gritó traición justo antes de que la encerrara detrás de un silencio de odio.
Ella quería saltar del sofá y correr hacia él gritando que todo era una mentira, que no creyera ni una palabra de lo que dijo. Quería abrirse la piel para liberar su alma de las ataduras de su carne y así poder filtrarse en los poros y en los espacios vacíos del corazón de Vegeta. Jamás quiso dejarlo.
—Bueno, querida, ¿estás lista? —Zabón caminó de manera provocativa alrededor del sofá y se detuvo ante ella con la mano extendida. Sin romper la mirada con Vegeta, ella colocó su mano en la palma de su enemigo, aceptó su abrazo y se levantó con gracia y frialdad, como el viento frío en un día de verano.
Vegeta dio un paso hacia adelante, su rostro era asesino y su cuerpo letal. La energía que se arremolinaba en torno a él era oscura y siniestra, llameante y en plena ebullición. Era una tormenta que contrastaba con la tranquilidad de Bulma.
—Tú no vas a ningún lado. —Él escupió las palabras hacia ella, su intención de detenerlos era clara.
Zabón avanzó para protegerla de la ira de su amante y se rio en la cara de su enemigo, luego chasqueó la lengua mientras dibujaba en el rostro una fingida tristeza.
—Vamos, Vegeta, ¿de verdad crees que nos puedes detener en esas condiciones?
Los puños de Vegeta se cerraron y su mandíbula se apretó. Dio otro paso hacia adelante emanando odio en oleadas. El corazón de Bulma se contrajo en respuesta a su ira, a la agonía que debía estar sintiendo por la traición. La sangre le goteaba por los brazos desnudos y le manchaba el pecho. Gotas salpicaron el hermoso brazalete de oro y platino que se envolvía alrededor de su abultado bíceps como una representación de la sangre y la conquista, encarnando todo lo que era saiyayín. Ella podía saborear el amargo del cobre en el aire, dejándola preguntándose como él conseguía mantenerse de pie. El oscuro vacío bajo sus ojos y el sudor enfermizo en su rostro le dijo sin palabras que estaba tomando la decisión correcta, incluso si esta la mataba.
—Puedo y lo haré, Zabón —juró Vegeta, sin tomar en cuenta el peligro.
Zabón sonrió con indulgencia, las comisuras de sus labios se levantaron, pero la alegría de esa actitud no calentó el frío de sus ojos. Él se inclinó sobre la punta de los pies con la intención de compartir un secreto con el príncipe caído.
—¿Piensas qué sobrevivirás? —Zabón hizo una pausa y esperó a que las palabras se hundieran—. Frízer está desquiciado, la familia Cold está en crisis. ¿Crees qué tu orden de protección se mantiene?
Vegeta permaneció inmóvil bajo la mirada burlona de su enemigo. Lo que decía Zabón era cierto. Muchas veces en el pasado había tratado de provocar una pelea que terminara en su muerte, una honorable forma saiyayín de morir, sin embargo, siempre era frustrado. Nadie se atrevía a asestar el golpe mortal por temor a las represalias de Frízer, pero en este momento todo eso cambió. Ya era libre para morir como deseó tantas veces. El único problema era que ahora no quería.
Todo lo que quería era vivir el tiempo suficiente para matarla.
Los penetrantes ojos azabache de Vegeta volaron pasando a Zabón, despidiéndolo como poco importante para el drama que se desarrollaba a su alrededor. Ellos aterrizaron en Bulma para aplastarla con el peso de su odio y repugnancia. Ella sintió que un pequeño pedazo de su alma se marchitaba y moría bajo su intensa mirada de aborrecimiento. Luchó para mantenerse erguida, para soportar la contundencia de su odio. Se dijo que era lo mejor. Se dijo que lo amaba, incluso si él no lo hacía.
Descontento al haber perdido la atención de Vegeta tan bruscamente, Zabón hizo todo lo posible por recuperarla.
—Sabes que soy el mejor guerrero, el más fuerte, el más rápido, el más mortal. —Zabón se burló, pero Vegeta apenas le dio a esas palabras la atención que merecían. En su lugar, se encerró en una batalla mental con su antigua amante.
La única persona que pensaba que nunca lo traicionaría.
¿Cuándo había llegado a esa conclusión?, ¿cuándo había la inevitabilidad de su deslealtad cambiado en lo que él pensó que era su afecto eterno?, ¿cuándo la salvó del comerciante?, ¿de la purga?, ¿del veneno que asoló su cuerpo?
¿Fue la primera vez que la tocó cuando deslizó la mano entre sus piernas y sintió su calor?, ¿fue entonces cuando ella lo sedujo, cuando lanzó un hechizo sobre él? O había sido, remontándose al inicio, cuando se paseaba por la celda en busca de una salida y solo veía el brillo de su alma y la belleza de su sonrisa. ¿Era entonces cuando se perdió?
Cuan equivocado había estado. Él, el príncipe real de Vegetasei se había creído demasiado inteligente para caer en los trucos de una simple mujer, pero ahí se hallaba parado. Hasta hace menos de una hora estuvo dispuesto a poner todo a sus pies: sus joyas, su sangre, incluso su confianza, solo por el sabor de sus labios y ahora ella iba a salir por la puerta con su enemigo, como si nada hubiera pasado entre los dos.
La perra iba a pagarlo caro.
Pero no aquí, no ahora. Zabón tenía razón. Por mucho que eso lastimara su orgullo, él todavía no era lo suficientemente fuerte como para derrotar al guardaespaldas de Frízer. Si se ocupaba de Zabón en este momento, existía la posibilidad de que fuera a ser derrotado, de que ella lograra alejarse de su traición indemne. Eso era algo que no se atrevía a poner en riesgo. Castigarla era primordial para su orgullo. Tal vez muy pronto vendría el día en que sería capaz de aplastar a Zabón. Y cuando lo hiciera, arrancaría las extremidades del monstruo verde miembro por miembro; pero antes de que llegara ese momento, él tendría su oportunidad con ella.
Sentiría el último aliento de Bulma en sus mejillas y su sangre caliente le salpicaría las manos. Él estaría allí cuando la luz de la vida muriera en sus ojos y se reiría mientras sucediera.
Sin palabras, Vegeta se hizo a un lado, sorprendiendo a todos en la habitación. Lentamente Zabón avanzó girando el cuerpo para no darle la espalda a Vegeta. No podía creer que el orgulloso príncipe iba a dejarlos salir sin levantar un puño para detenerlos. Todo el objetivo de la actuación era para ver si conseguía provocarlo a una pelea, para ver con cuanta fuerza iba a luchar por mantener a la mujer.
La expresión en los ojos de Vegeta envió dardos de agonía a través del corazón de Bulma. Estaba destruida. Su amor por ella se había convertido en odio en un solo momento interminable. Nunca sería capaz de recuperar el amor que sintió con él y nunca vería al hombre escondido en el interior del asesino que había vislumbrado en una rara ocasión. En su lugar todo lo que podía ver era al frío guerrero que purgó planetas y mató a miles de millones. El príncipe Vegeta estaba de vuelta y nunca se exorcizaría de nuevo.
Ella salió de la recámara con Zabón, luchando por mantener las lágrimas a raya. No podía creer lo que acababa de hacer. ¿Sacrificar su corazón y el alma de Vegeta realmente valía la pena por salvarle la vida?, ¿hubiese sido mejor verlo morir y yacer junto a él en un charco de sangre, qué ver el resultado de sus propias acciones escritas en las heridas de sus ojos?
Para salvarlo lo traicionó, pero en realidad ¿ella solo los condenó a un infierno?
Las palabras de Zabón resonaban en su cabeza. Él había llegado a la recámara de Vegeta para matarlo, para destruir al hombre que se atrevió a humillarlo delante de sus compañeros. Fría certeza le cubrió el cuerpo de sudor mientras miraba al hombre de pie ante ella. Zabón era su muerte, tan cierto como que el sol se levantaría y un nuevo día amanecería; él era quien iba a matarla.
Ella corrió, él la atrapó, ella luchó, él la sometió. Estaba segura de que sería el final, que iba a violarla, matarla y dejarla tirada en su propia sangre para que Vegeta la encontrara. Gritó el nombre de su salvador, esperando contra toda esperanza que la oyera, que la salvara una vez más. Él no vino, pero la salvó… una última vez.
Ahora era su turno para hacer lo mismo.
Al oír el nombre de su enemigo, Zabón se detuvo y el cálculo y la malicia le iluminaron los ojos. Humillación, decidió que esa sería una muerte dolorosa para él. En la fiesta Bulma había sido anunciada a todo el mundo como la consorte de Vegeta, aquella con quien deseaba compartir su vida. ¿Cuán deliciosamente tortuoso sería si ella estuviera de acuerdo en convertirse en su amante en su lugar? Que le diera la espalda a Vegeta y se burlara de él, dejándole saber que lo traicionó con su peor enemigo. ¿Hasta qué punto sería destruido el príncipe orgulloso?
Fue entonces que un terrible pacto fue alcanzado. A cambio de la vida de Vegeta, ella jugaría a ser la puta mentirosa.
Zabón conocía su secreto. El secreto de quien era ella, de lo que hacía, de donde Vegeta estuvo todo este tiempo. Si King Cold o Frízer se enteraban de que Vegeta estuvo asociado con los seres humanos, sin importar cuan reacio fuera al respecto, él moriría. De eso estaba segura.
Si Vegeta intentaba impedir que Zabón hablara, entonces moriría. Si Zabón se lo decía a los Cold, también moriría. No había escape de lo inevitable, solo quedaba manipular la situación.
Ella sabía que Zabón era más fuerte que Vegeta. No escuchó las palabras jactanciosas que gotearon de la lengua de la serpiente, en lugar de eso, escuchó lo que Vegeta no dijo cuando habló de Zabón.
Antes de la fiesta, Vegeta le comentó de la traición que entre arrumacos planeaban Zabón y Cooler. Sus palabras fueron sencillas, su mente analítica, no obstante, podía oír el toque de preocupación detrás de ellas. Zabón era un enemigo que Vegeta odiaba, alguien a quien deseaba matar, pero no podía. Al igual que Frízer, Zabón era demasiado poderoso para ser derrotado. En su lugar Vegeta tenía que esquivarlos, luchando por permanecer con vida el tiempo suficiente para destruirlos.
Con ese único pensamiento, dispuso su espíritu para darle una puñalada por la espalda a Vegeta. Traicionarlo el tiempo suficiente para que él pudiera llegar a su objetivo, así podría sobrevivir para matar a los que lo esclavizaron. Ella pudo haber roto su corazón, pero al final esperaba poder ayudarlo a liberar su cuerpo y su mente.
Siguió a Zabón sin siquiera ver por donde iba, apenas notó cuando ingresaron a su recámara. Como parte de la negociación, ella reclamó el derecho de ver a Vegeta al menos una vez al día para asegurarse de que no había sido asesinado o arrojado a una celda; a cambio, durante esos momentos tenía que fingir que estaba enamorada de Zabón con total lujuria.
Un momento de felicidad, un momento de agonía, todo en uno.
Ella se detuvo al darse cuenta de que se hallaba en medio de una serie de habitaciones decoradas con un gusto decadente. Adornos de oro bailaban a lo largo de las paredes, una alfombra roja descansaba bajo sus pies y sillas de estilo barroco se ubicaban frente a ella.
Zabón se volvió y la agarró de las muñecas para tirar de ella contra su pecho. Sus labios descendieron sobre ella, pero pronto se retorcieron alejándose con un resoplido de disgusto.
—Pon una de tus pezuñas sobre mí y le diré a Frízer acerca de tu alianza con Cooler.
Zabón se echó hacia atrás por la sorpresa y su boca se frunció en una mueca de asombro.
—¿Qué sabes de eso? —preguntó él con un resoplido de incredulidad.
—Lo que sé o no sé, no es la cuestión. Tengo una semilla de verdad y todo lo que necesita es ser plantada. —Los ojos de Bulma se estrecharon como astillas de hielo azul. Ahora que lo había sacado de la recámara de Vegeta, podía jugar su mano de póquer con seguridad.
—Eso no tiene ninguna importancia. Nadie le creerá a la puta de Vegeta. —Zabón se mofó muy confiado. La sonrisa se le marchitó en el rostro cuando vio la fría sonrisa calculadora de Bulma. Ahora la razón de su traición podría ser revelada.
—Eso es cierto, pero ya no soy la puta de Vegeta, soy tu amante; todo el mundo va a creer que lo detesto con todo mi corazón. Después de todo, ¿por qué si no lo traicionaría para estar contigo? —Ella le dio la espalda con un gesto pausado mientras asimilaba su entorno.
Luego de dar unos pocos pasos para apartarse de él, volvió a mirar a Zabón y trazó su dedo sobre el respaldo de una silla cercana.
—Todo lo que tengo que hacer es dejar que ese pequeño secreto se resbale. —Ella puso un dedo perplejo en su mentón y sus ojos parpadearon inocentemente—. A fin de cuentas, todo el mundo sabe que las palabras de un hombre bien saciado en la cama con una mujer hermosa son las más veraces.
—¡Maldita perra! —gruñó él avanzando hacia ella con el puño en alto.
Bulma se apresuró a tomar distancia derribando la silla entre ellos.
—Mátame y Vegeta hará pedazos esta nave, y si hace eso destruirá todo lo que tiene valor para ti —gritó ella en un apuro con los ojos muy abiertos por el miedo.
Él hizo una pausa y sus labios se curvaron en flagrante diversión.
—¿Todavía te aferras a lo qué no tienes, niña? Destruiste cualquier esperanza de que Vegeta vuelva alguna vez a rescatarte. —Él se rio de buena gana ante la mirada afligida en sus ojos que se abrieron por completo—. ¿Realmente crees que te ama tanto, incluso ahora, que lo arriesgaría todo solo para vengarse?
Bulma enderezó la espalda y cuadró los hombros con confianza. Sus ojos azules brillaron cuando se encontró con su mirada.
—Sé que no, pero sí sé que valora mi muerte. —Las palabras eran como campanadas fúnebres en la tranquila habitación. Estas fueron pronunciadas en voz baja con la solemnidad de un mausoleo—. Verás, ya la reclamó. Es el dueño de esta, tan cierto como que posee sus botas. De él es la sangre, la violencia y mi último aliento en sus labios.
Ella se detuvo, estremeciéndose con delicadeza antes de levantar el mentón con un orgullo que no sentía. El ardiente desprecio de Vegeta quedó grabado en su mente mientras salía por la puerta. Sabía la razón por la que los dejó pasar sin luchar. Vio la determinación en su mirada, la certeza absoluta de que él reclamaría su último aliento muy pronto.
—Ahora mismo él está furioso, lo más probable es que esté planeando matarme a la primera oportunidad. —Ella lo juró con una convicción que heló incluso la sangre de Zabón.
—Puedo ver que quiera asesinarte, sobre todo después de que lo dejaste con tanta crueldad, pero causar tantos estragos en nombre de tu muerte me parece difícil de creer. —Las palabras de Zabón eran burlonas, sin embargo, por dentro sintió un temblor de indecisión.
—No en nombre de mi muerte ni en venganza, sino por orgullo. Si mi muerte es robada de él, entonces no tendrá más remedio que buscar venganza contra ti, sin importar el costo.
Zabón inhaló bruscamente y alejó su cuerpo de ella. Esas palabras sonaron como una verdad que no podía ser negada. Había una cosa de la que todos los soldados en la nave estaban al tanto. Que Vegeta amaba a su orgullo más que a su propia vida.
—Sabes quizás mejor que yo que Vegeta no es ninguna criatura delicada para ir tramando tu muerte en silencio. Su rabia sacudiría toda la nave. Todos los ojos serán atraídos hacia él, e incluso si es derrotado, no tengo ninguna duda de que dará a conocer tu secreto. La rabia de Frízer se duplicará no solo por la muerte de su juguete favorito, sino por tu engaño. —Bulma terminó el discurso con la cabeza bien en alto y la victoria brillando en sus ojos.
Zabón la observó con aversión y la ira le frunció los labios en una mueca. Ella tenía razón, por supuesto. Podía haber ganado la batalla, pero la guerra recién comenzaba. Las palabras lo detuvieron de poner las manos en su suave carne, pero aún era capaz de usarla como un arma contra Vegeta. Mañana sería solo el principio. No podía esperar a desfilar con su nuevo premio por los pasillos, reconfirmándole a todos que era, de hecho, un hombre superior.
—Puedes dormir en el piso —anunció Zabón con tanto orgullo como le fue posible. Dando un respingo le dio la espalda y pasó rápidamente a la otra habitación, dejando a Bulma sola en la oscuridad, con solo su arrepentimiento por compañía.
