Nota de Tempestt: Exención de responsabilidad: No soy dueña de DBZ.
Gracias por toda su paciencia chicos, que ha sido tan grande. Sé que los capítulos son escasos y poco frecuentes, pero créanme, seguiré actualizando. Las vacaciones me tienen ocupada, pero las cosas deberán calmarse después del mes que viene. *Cruza los dedos* con suerte.
Capítulo treinta y uno
Bienvenida a casa
Denso polvo asfixiante se arremolinó alrededor de la nave ocultándola de los espectadores. Hebras de color marrón y gris entrelazadas soplaron a raudales hacia la escotilla en el momento que esta se abría como una boca enorme. La línea de guerreros endurecidos en batalla se tensó cuando una sombra se formó detrás del polvo y un aura de amenaza mal disimulada se vertió al exterior, envolviéndolos en una sensación de brutalidad. Las desdibujadas líneas en la sombra formaron a un hombre tan oscuro y misterioso como el aura que proyectaba.
Él salió de la nube de polvo, sus afilados rasgos angulares se instalaron en un nivel de intensidad depredadora y sus brillantes ojos oscuros absorbieron los más pequeños detalles mientras se burlaba con desprecio de los hombres listos para el combate. Un pantalón de cuero negro se moldeaba sobre sus musculosas piernas y pesadas botas de suela dura le protegían los pies. Una camiseta negra de mangas cortas se vertía sobre su ancho pecho definiendo cada músculo esculpido y el rígido abdomen. La tela negra dio paso a la piel de caramelo, exponiendo además las blancas cicatrices de batalla que cubrían el dorso de sus fuertes manos sin guantes.
Un guerrero que esperaba casi se atora en lo más profundo de su garganta cuando vio la escritura adornada con lentejuelas garabateada sobre la camiseta del hombre que se acercaba. No sabía si reír en voz alta o caer muerto de miedo.
—¡Vegeta, espera!
El rostro rígido del hombre se endureció casi de un modo doloroso como única indicación de que oyó la voz detrás de él. Mantuvo sus fríos y evaluativos ojos sobre el grupo que le hacía frente, era claramente consciente de en donde podría yacer la amenaza.
Bulma bajó por la rampa, su apariencia absurda era similar a la de su captor. Una camiseta negra moldeaba sus redondos senos erguidos, el dobladillo se metía en el cinturón de forma ajustada y usaba un pantalón de cuero. Una chaqueta a media pierna ladeó hacia atrás sobre sus caderas para revelar la incorporación más sorprendente de su armario. Una pistola color metal estaba atada a su muslo haciendo un marcado contraste con su chispeante personalidad.
—¿¡Bulma!?
Números dorados se generaron a través de la pantalla de visualización color verde sobre su ojo izquierdo, alertándola de los casi simultáneos picos de energía. Instintivamente sabía que el mayor aumento emanaba de Vegeta en respuesta al salto del ki en el hombre que la había llamado por su nombre con un sorprendido grito ahogado.
Ella arrancó la vista de Vegeta y quedó boquiabierta. Yamcha le devolvió la mirada con la misma expresión de asombro grabado sobre sus pálidos rasgos. Gohan y Krilin estaban parados a su lado, ambos inclinados y listos para luchar. Gohan reaccionó primero, su rostro estalló en un arranque de exuberancia juvenil.
—¡Bulma!
El niño se echó a correr en línea hacia ella bordeando a Vegeta con cautela. Un par de ojos color marrón chocolate se redujeron cuando él se tensó por el instinto obvio de evitar que el niño se acerque a Bulma. Vegeta se mantuvo firme, su implacable mirada se convirtió en mortal ni bien vio a los dos hombres restantes. Krilin titubeó, pero Yamcha le devolvió la mirada amenazante.
Bulma se agachó, abrió los brazos cuando Gohan voló hacia ella y suspiró de felicidad en el momento que colisionaron; el abrazo sincero que él le dio apretó el aire de sus pulmones. Bulma estrechó al niño devolviéndole el afecto con alegría. ¡Él había crecido tanto desde la última vez que lo vio!
Ella se apartó y sus brillantes ojos azules danzaron frente al contorno más ancho.
—Mira lo grande que te has puesto —exclamó ella asimilando su más amplia forma y sus ojos se pusieron cada vez más tristes—. ¿Realmente ha pasado tanto tiempo?
Gohan asintió y una enorme sonrisa, tan similar a la de su padre, le dividió el rostro. Ella sintió que un pequeño dolor florecía en su pecho, pero lo ocultó detrás de una sonrisa.
—Casi dos años —respondió entusiasmado—. ¡Pensamos que habías muerto! —añadió la frase con la misma prisa inocente, inconsciente del efecto de sus palabras en el grupo.
El poder de los tres hombres estalló en la pantalla de visualización de Bulma y ella se tensó en respuesta a la angustia casi invisible de Vegeta. Sabía que debía ser difícil para él volver a la Tierra, más aún cuando solo serviría para recordarle su vergonzoso encarcelamiento.
Sus amigos estaban a la defensiva y con razón. Todavía pensaban que era una cautiva de Vegeta, pero eso ya no era verdad. Él retornó con ella voluntariamente, la acompañó a través del espacio y nunca vaciló de su promesa de proteger a la Tierra.
Antes de que hubieran entrado en el sistema solar le preguntó por que regresaba con ella. No tuvo la intención de dejar escapar las palabras, estas solo aparecieron en una avalancha de sentimientos heridos. Él la trató con tanta frialdad durante el viaje de vuelta que no pudo evitar sentir que ya lo había perdido. Su presencia física era solo un recordatorio de lo que ya no tenía. Por supuesto, una vez que lo dijo, quiso devolverlas con la misma rapidez. Por muy dolorosa que fuera su frialdad, todavía disfrutaba de su compañía. No quería verlo irse, quería que se quedara a su lado durante tanto tiempo como fuera posible, pero con la destrucción de la nave de King Cold, la Tierra ya no estaba en peligro. Frízer y su familia habían muerto, nadie sabía que fue ella quien puso las cargas para matarlos. No había nadie que exigiera venganza. Por lo que podía ver, no existía ninguna razón para que él se quede.
Cuando declaró su caso, los fríos ojos de Vegeta la miraron con sombras ondulando en sus profundidades y luego, sin una palabra, se alejó dejando la pregunta sin respuesta y el mal presentimiento de que no le estaba diciendo algo. Una cosa importante y terrible en sus consecuencias. Vegeta no la acompañaba a su casa porque quería disfrutar de su compañía. Ya había dejado en claro con largos silencios y ausencias frecuentes que apenas podía soportar estar en la misma habitación con ella. Era solo en la noche cuando entraba en sus aposentos y le provocaba casi interminables gritos de placer que en realidad interactuaban durante el largo viaje de regreso a la Tierra.
No, él no le ocultaba algo. Su largo silencio al preguntarle por qué regresaba con ella lo había contestado. Él sentía que debería saber la respuesta y si era demasiado estúpida para no entenderlo, entonces era su propia maldita culpa. No seguía cerca tampoco debido a que quería continuar castigándola. Estaba sin duda honrando su palabra de proteger su planeta natal. Pero de que, no lo podía imaginar, ella ya había eliminado la amenaza de los Cold, ¿verdad?
Vegeta le dio un rastreador antes de aterrizar y le ordenó llevarlo para que pudiera esconderse de cualquiera que fuera una amenaza para su seguridad. Este le dio la ventaja de saber donde se ubicaban las personas que la rodeaban. Incluso antes de que entraran en órbita, él le dijo que podía sentir un aumento de energía en la superficie del planeta. No tenía idea de si eran amistosos, pero se congregaban en el punto de aterrizaje de la nave. Ahora sabía que había sentido a Yamcha, a Krilin y a Gohan. Era más que probable que percibieron a Vegeta y vinieron a investigar. Ese solo gesto logró que el corazón se le llenara de alegría. A pesar de que apenas le hablaba, al menos sabía que él todavía se preocupaba por su seguridad. Para ella eso significaba que aún quedaba una esperanza de reparar el daño que hizo con sus acciones.
Ella colocó el brazo alrededor del cuello de Gohan, manteniéndolo cerca en una muestra de camaradería mientras se acercaba a Vegeta con la subconsciente confianza de que su presencia lo calmara. Sus ojos se enfrentaron con los de Yamcha y sus pensamientos se sacudieron. No podía creer que momentáneamente se había olvidado de él. Incluso la inmensa sorpresa de hallar a sus amigos vivos no era una disculpa. Antes de Vegeta, ella habría caído sobre él de felicidad por encontrarlo resucitado, en cambio, ahora se sentía nerviosa y más que un poco culpable.
El dolor le apretó el estómago y notó que este se rebelaba. La confrontación siempre le hacía sentir ganas de vomitar y una pelea con su exnovio no era la excepción. En realidad, él ni siquiera sabía que era su ex todavía y eso lo hacía mucho peor.
Su avergonzada mirada dio un salto para centrar su atención de nuevo en Gohan como un intento de distraerse y evitar la situación. Le dolía el corazón cuando lo miraba. Frízer había hecho sonar como si los hubiera destruido a todos, pero aquí estaba, sano y salvo.
—También pensé que habías muerto. —No se perdió a los adultos que ella no pudo responder a la declaración inocente de Gohan sobre su presunta muerte.
—¿Qué te hizo pensar eso? —preguntó Yamcha en un tono incisivo, recuperando la atención de Bulma.
Ella se estremeció cuando la imagen de los rasgos maniáticos de Frízer apareció en su mente.
—Conocí a Frízer. Él me dijo que los mató a todos. —Ella inspiró al acordarse, aún no podía creer que no fuera cierto. A pesar de que estaban de pie delante suyo, no olvidaba el dolor.
—¿Hablaste con Frízer? —chilló Krilin, su temor era obvio.
—¿Estás bien? —preguntó Yamcha dando un paso hacia ella.
Los números dorados en el rastreador escalaron a toda velocidad, lo que atrajo su mirada hacia Vegeta. Yamcha se detuvo en seco, enfurecido ante el captor. El calor que derritió su pecho por las últimas palabras alivió el interior de su corazón. Había pasado tanto tiempo desde que alguien mostraba abiertamente preocupación por su bienestar. Vegeta era la encarnación de los actos, sus acciones nunca mentían, pero a veces las palabras eran muy importantes.
Unos prismas brillantes le llamaron la atención y provocaron que parpadee con recelo. Durante el largo viaje de regreso, ella hizo de todo, tanto de forma verbal como física, para demostrarle el arrepentimiento que sentía por sus acciones. Adoró a Vegeta casi religiosamente, sin embargo, él se negó a reconocerla y apenas se quedaba más de unos pocos minutos en la misma habitación. Al final, en un pequeño brote rebelde, compró un poco de pegamento y lentejuelas en un planeta de comercio donde se detuvieron y decoró una de sus muchas camisetas negras con dos palabras. Era lo primero que pensaba cuando aún estaba un poquitín enfadada con él.
Venía a ser su forma de recordar con quien exactamente estaba tratando. Vegeta era un bastardo, todos sus actos subrayaban ese hecho. No había cambiado de verdad, pero tampoco seguía siendo un monstruo. Su comportamiento en la nave de Frízer y su disposición a mentir para protegerla daban pruebas de ello.
No fue hasta ese instante que consideró que él no era capaz de leer las palabras. Hace un tiempo le dijo que había aprendido su idioma por ósmosis durante su viaje a la Tierra en un vehículo espacial. Por supuesto, esa enseñanza no incluía un curso de escritura en lengua extranjera. La única razón por la que llevaba la camiseta ahora era porque fue lo más a la mano que tenía para ponerse cuando la alarma de la nave les avisó del inminente desembarco. Si él pudiera leer lo que escribió, estaba bastante segura de que la camiseta sería una pila humeante sobre el piso de su dormitorio en este momento.
—¿No te asustaste, tía Bulma? —Gohan la miró con sus grandes ojos marrones—. Yo estaba asustado cuando tuve que luchar contra él.
Esa declaración arrastró su atención al presente y causó que el corazón se le oprimiera. Vegeta se sobresaltó y ella lo notó fijar la mirada en Gohan bajo el velo de sus espesas pestañas. Se preguntó cómo se sentiría acerca de un joven luchando contra su enemigo mortal. Bulma abrazó a Gohan con más fuerza y las lágrimas le apuñalaron los ojos.
—Eso debe haber sido aterrador.
Gohan se encogió de hombros, su sensibilidad juvenil estaba avergonzada por esa preocupación.
—¡Pero mi papito le dio una patada en el culo! —Él clavó su puño en el aire con entusiasmo dando un paso fuera del alcance de las nenas de Bulma. Sus ojos parpadearon por un momento y bajó el brazo—. Quiero decir, le pateó el trasero —murmuró en tono de disculpa.
Bulma no pudo evitar sonreírle sin preocuparse por su imitación de Tao Pai Pai.
—¿Así que tu papá ganó? —preguntó Bulma tentativamente, era incapaz de detener el pequeño aleteo de esperanza en su pecho.
Krilin y Yamcha desviaron la mirada y la felicidad de Gohan desapareció. Bulma sintió que la ilusión en su corazón moría estrangulada cuando miró los rostros de sus amigos.
—¿Así que él esta... —Se fue apagando, ya que no deseaba terminar sus pensamientos en voz alta delante de Gohan, no obstante, todos entendieron lo que pensaba. Todos lo pensaban: ¿y si Gokú estuviera muerto?
—¡No! —Yamcha saltó hacia adelante ignorando ahora por completo a Vegeta. Tanto él como Krilin no sabían que hacer con su presencia, pero no había hecho ningún movimiento para atacar y Bulma parecía lejos de estar aterrorizada.
A decir verdad, ella parecía brillar con una luz interior que la tristeza de la noticia no tenía forma de atenuar. Hablaba con confianza, sin miedo a Vegeta, quien permanecía en un llamativo silencio escuchando la conversación en torno a él, atento a los relucientes trozos importantes de noticias.
»No, no es así. ¡No puede ser! —Yamcha escupió las palabras. Su vehemencia se calmó tan rápido como llegó, dejando al grupo a la deriva en un pesado silencio. Todo el mundo, tal vez con excepción de Vegeta, querían que las palabras de Yamcha fueran verdad, pero sus corazones estaban llenos de dudas. Permanecieron allí durante un largo momento de agonía, desanimados, mientras Yamcha disparaba miradas codiciosas hacia Bulma.
Finalmente decidiendo que ella era su novia y que tenía todo el derecho de acercársele, pisó fuerte y fijó su boca en una línea adusta.
»¿Puedo hablar contigo? —Su pedido no era una pregunta en absoluto, sino una exigencia. Bulma sintió que se le encogía el estómago en respuesta a su tono duro. De hecho, ella odiaba la confrontación emocional, prefería luchar a un nivel más intelectual.
—Ah. Claro, Yamcha. —Cuando ella no se movió, él se comenzó a alterar y la agarró del brazo para sacarla del grupo.
Vegeta, sutil, pero de inmediato reaccionó. Todo su cuerpo hizo un giro de noventa grados para hacer frente a Bulma, calibrando automáticamente su angustia. Ella se dio cuenta de que estaba apenas conteniéndose de saltar sobre Yamcha y arrancarle el brazo. Levantó lo más rápido que pudo una mano en señal de súplica, calmándolo sin palabras. Sus acciones pasaron desapercibidas para Yamcha, en cambio, Krilin, siempre vigilante y siempre subestimado, vio cada movimiento.
Bulma luchó para que Yamcha le soltara el brazo, era incapaz de encontrarse con la mirada herida que le disparó y con premura lo siguió a una distancia prudencial del grupo. Él los creía lo suficientemente lejos para no ser escuchados, sin embargo, ella sabía mejor. La audición saiyayín era superior a la de los humanos en todos los aspectos.
—¿Estás bien? —preguntó él con tal seriedad que la angustió aún más. Se encontraba de verdad preocupado por su bienestar y ella no podía recordar la última vez que incluso pensó en él. Había estado tan envuelta en su vida, en Vegeta, que no pensó en nada fuera de su burbuja de confort.
—Estoy bien. —Ella bajó la mirada hacia la punta de sus botas y se preguntó si se sentía mal porque estaba equivocada o porque francamente le molesta que tuviera que tomarse el tiempo para jugar su parte en este pequeño drama. Había tanto que debía estar haciendo en este momento: ver a sus padres, rastrear si Gokú seguía vivo, ingeniárselas para reimplantar la cola de Vegeta. Esos pensamientos la llenaron de más culpa, ¿cuándo había comenzado a infravalorar las relaciones de su vida antes de Vegeta?
Él le rozó el mentón con las yemas de sus dedos, lo cual la sacudió de sus pensamientos. En el pasado, el suave roce de los dedos de Yamcha le habría hecho sentir mariposas en el estómago, pero ahora le producía ligeras nauseas. Sus ojos se dirigieron a los de Vegeta donde observó como el color normalmente oscuro se aclaraba a un rojo abisal. Ella retrocedió de su toque inocente y obligó una línea en su boca para mantenerse firme.
—No me toques.
Los arcos de las cejas negras de Yamcha se juntaron por la confusión antes de mirar detrás de él y de repente comenzó a comprender. Cuando él le devolvió la mirada, su rostro era sombrío y sus ojos determinados.
—No sé lo que te ha hecho, Bulma, pero ya no tienes que temer nunca más. Ahora estás a salvo, él no puede hacerte daño aquí. Lo devolveremos al infierno de donde vino para que quedes libre. —Yamcha afirmó su declaración con un tono feroz y se volvió hacia Vegeta, prácticamente subiéndose las mangas.
Al principio Bulma quedó confusa, era incapaz de comprender lo que le estaba diciendo. La última cosa que Vegeta haría sería herirla. Ni una sola vez durante todo el viaje él le puso la mano encima con violencia. Sí, tomaron algunas malas decisiones, ambos lo hicieron, pero habían aprendido de eso, crecieron y se acercaron más. Ella ya no era una damisela que necesitaba ser rescatada. Pasó de ser una bocona científico ratonil, a una bocona chica dura que tenía la capacidad de protegerse a sí misma. Hombres, no postulen al trabajo, ¡al fin ella era capaz!
Cuando Yamcha se apartó, ella vio el cambio instantáneo en Vegeta. Pasó de una posición de puño suelto a un estado de alerta constante. Sus ojos se volvieron brillantes y si no estaba equivocada, vio algo parecido a la anticipación encendida en su interior. Por supuesto que era la única que notaba sus casi imperceptibles cambios. Para los demás, él todavía se veía arrogante y despreocupado.
Bulma agarró el brazo de Yamcha y lo tiró hacia ella. A diferencia de Vegeta, él era fácil de manipular, poco dispuesto a usar su fuerza contra ella y naturalmente sumiso. Si hubiera sido Vegeta a quien tratara de someter, habría sido dejada atrás y el ofensivo varón molido a golpes antes de que ella pudiera abrir la boca en señal de protesta.
—No tengo miedo —dijo ella de un modo firme encontrándose con los ojos de Yamcha para dejar las cosas en claro. Era de repente muy importante que lo demostrara, les demostrara a todos que no era ninguna mujer indefensa que había pasado su tiempo con Vegeta siendo torturada y rota. Ellos tenían que saber que estaba consciente de sus acciones y que no era una esclava sexual sin sentido. Aunque los últimos días, de seguro se sentía como tal, sobre todo en las últimas horas de la noche cuando Vegeta la dejaba completamente saciada y absolutamente sola.
En el momento en que Yamcha la ignoró y volvió a mirar a Vegeta, ella le sacudió el brazo para llamar su atención. Su agarre debió haber sido un poco más implacable de lo que esperaba, porque él le devolvió la mirada ligeramente ampliada por la sorpresa.
»No estoy asustada. Vegeta no me ha puesto la mano encima. No hay ninguna razón para que vayas por ahí desafiándolo como un gallo hinchado tratando de intimidar a los demás.
Su boca abierta se abrió un poco más antes de que él la cerrara de golpe y sus ojos color chocolate dispararon fuego.
—Es un monstruo, Bulma, así de sencillo. La última vez que estuvo aquí trató de destruir el planeta, ¿o lo has olvidado? —Él se sacudió de su agarre mientras le gritaba, olvidándose por completo del público que ahora podía oírlos sin el beneficio de una supermegaaudición.
—No, no lo he olvidado, pero eso está en el pasado. Vegeta ahora está aquí para ayudarnos a proteger a la Tierra. Hay gente mala por ahí, Yamcha, realmente mala que son capaces de hacer cosas terribles y tenemos que defendernos de ellos —gritó ella a su vez, avergonzada en nombre de Vegeta y sintiéndose incapaz de detener su diatriba.
—Bulma, él es una de esas malas personas. ¿Cómo te puedes sentar allí y decir que nos ayudará cuando preferiría matarnos? —Yamcha agitó la mano en vaga dirección a Vegeta, sin prestar atención al guerrero que estaba insultando.
Ella se cruzó de brazos metiéndolos debajo de sus senos mientras miraba a su examante con desdén. En ese momento no podía recordar por qué lo había encontrado tan atractivo. Parecía tan petulante, como un niño en una rabieta reivindicativa.
—Hablas por ti, amigo —respondió ella con rebeldía y sus ojos se estrecharon.
Yamcha detuvo su letanía y le echó un vistazo. Ella era más hermosa de lo que recordaba. Su cabello verde azulado creció más en los últimos dos años y las puntas más claras le lamían la parte baja de la espalda. Su ya fabuloso cuerpo se había transformado, perdió la grasa de bebé y la reemplazó con deliciosas curvas. Siempre confiada, ahora estaba de pie con un nuevo sentido de sí misma que no tenía nada que ver con su cerebro de genio y sí todo lo relacionado con su nueva comodidad sobre ella como persona. Lo tenía absolutamente estupefacto que decidiera honrar a su mortal enemigo con esos nuevos activos en lugar de bañarlo a él con besos de "te eche de menos".
—¿Por qué lo defiendes? —Yamcha exigió saber mostrando su malestar a todas luces en el rostro.
Ella dejó caer los brazos a los lados y exhaló un suspiro impetuoso que se llevó todo su antagonismo con este. No podía culpar a Yamcha por reaccionar de la forma en que lo hizo. La última vez que vio a Vegeta, habían estado tratando de matarse. No tuvo el beneficio de compartir el mismo espacio con él los últimos dos años. No tenía manera de saber quién era en verdad.
—Porque lo conozco —dijo ella con suavidad, sus ojos brillaron cuando pronunció las palabras. Yamcha hizo una pausa y miró en el interior de sus profundidades cristalinas. Había algo diferente en ella que iba más allá de su nueva ropa de chica ruda y su confianza. Un brillo profundo que no podía identificar. Todo lo que sabía era que le daba miedo. Él quería que las cosas vuelvan al modo en que habían sido antes. Quería volver al pasado en el que ella fue solo una niña enamorada de él, solo un niño. Se le acercó con ojos suplicantes y el corazón profundamente grabado en las líneas de su rostro.
—Ven a casa conmigo.
Ella sabía que no hablaba de volver a la Corporación Cápsula o a su pequeño apartamento en el centro. Le estaba pidiendo que le ayudara a hacer retroceder las manecillas del tiempo para recuperar el pasado y toda la inocencia que se fue con este. Pero ella no podía. Nunca podría renunciar a su presente por un pasado que ya había vivido, incluso si su futuro era incierto y, quizás, lleno de angustia.
—No puedo —susurró ella moviéndose de manera sutil lejos de su amigo de la infancia.
—¿Por qué? —Todavía suplicando él se acercó poco a poco, sin saberlo, poniéndolos en peligro de muerte.
—Porque le pertenezco a Vegeta. —No dijo estoy con Vegeta, sino le pertenezco a él. Yamcha oyó la distinción de las palabras, incluso si ella no lo hizo. Consciente o inconscientemente, Bulma eligió su camino, si esto la destrozaría aún estaba por verse.
Yamcha dejó caer la mano y la repugnancia le torció los rasgos. Por un momento la miró como si fuera una víctima de la peste o como si estuviera siendo asolada por una enfermedad llamada obsesión, ella ya no era la chica que había amado.
—Estás enferma. Tienes esa enfermedad, aquella que te hace pensar que amas a tu captor. Podemos conseguir ayuda para eso, Bulma, podemos curarte.
Bulma suspiró otra vez, dejó caer la mirada al suelo y de repente se sintió agotada.
—No tengo Estocolmo, Yamcha —contestó ella.
—Sí lo tienes —escupió él con un recién descubierto fanatismo.
Sacudiendo la cabeza, Bulma lo empujó pasándolo y caminó hacia la nave para recoger sus cosas. Era tiempo de volver a casa. Necesitaba la seguridad y la calidez de su familia, necesitaba la tranquilidad de su laboratorio. Yamcha la siguió por detrás exponiendo su argumento, pero ella no le hizo caso, ya estaba haciendo planes para un largo baño.
Confiando en que su mujer no había sido persuadida de volver a los brazos de su antiguo amante, Vegeta quedó libre para concentrarse en los otros dos miembros del comité de bienvenida. De manera más precisa, en el calvo que estuvo lentamente acercándose con cada enojado intercambio de palabras. Desdeñándolo con el ceño fruncido, Vegeta se sorprendió al ver que no lo estaba mirando al rostro, sino hacia abajo, al pecho. Un poco perturbado, sus ojos se estrecharon amenazantes.
Al ver su atención, Krilin se detuvo y una risa nerviosa burbujeó hacia arriba de su pecho mientras se frotaba la parte superior de su brillante cabeza. Sin preocuparse señaló la escritura de lentejuelas en la camiseta de Vegeta y al final cedió a su impulso inicial de reír.
—Hombre malo, ¿eh?
Vegeta le frunció el ceño molesto al calvo y apenas resistió la necesidad de buscar a Bulma y estrangularle la vida.
Ella en su camino por la rampa se sintió inquieta por dentro. Oh, él iba a hacerla pagar por esto.
