Comienza el segundo movimiento de esta sinfonía. Espero que esté gustando. Gracias a todos los que sacan tiempo para comentar los capitulos. Un abrazo.
Por cierto, estoy por ir a Japón y darle a Mashashi con un palo en la frente por el capi de esta semana ¿Os apuntais alguna?
Las murallas que rodeaban Suna la protegían de las tormentas de arena, de los animales del desierto y de los ladrones. De los ladrones como Sakura. Aquella noche no había luna y la oscuridad era total, solo interrumpida levemente por el tímido tintineo de alguna estrella. Y por sus ojos verdes como esmeraldas. Acostumbrados a la oscuridad, sus pupilas se dilataban como las de un felino. Y como tal, trepó por las paredes de adobe.
Ocultando su chacra, se limitaba a movimientos limpios y elásticos, dejando que la fuerza centrífuga la impulsara cada vez mas alto. Los años de entrenamiento y la necesidad de disimular su chacra continuamente generaron un ascenso silencioso e invisible. Arriba la esperaba la guardia reforzada de la villa de la Arena.
Al llegar a la primera torre de vigilancia, se introdujo con suavidad por una de las ventanas, aterrizando de cuclillas tras una caja de madera. Dos ninjas daban rondas. Uno de espaldas y el otro de frente. Lo siguiente que se escuchó fueron dos cuerpos caer inertes al suelo. Sakura con rapidez sacó los kunai de sus gargantas y se dispuso a salir de allí. Pero al querer tirar del pomo de la puerta notó un chacra distinto. Una energía distinta a la de los guardias. Al otro lado alguien había colocado sellos de explosivos.
La kunoichi chasqueó la lengua. La estaban esperando pero ya era tarde para arrepentirse y regresar. Así que cubriéndose aun mas la cabeza con la capucha y subiéndose la máscara le dio una patada a la puerta y saltó a través de la explosión. Con los brazos cruzados delante de la cara atravesó las llamas y las esquirlas de madera.
El estallido no fue muy grande, era solo una señal de alarma y al poco el fuego se apagó. Pero ella no se quedó a mirarlo. Corrió y corrió bajo el cielo nocturno buscando una entrada a la aldea. Las voces de los guardias alertados se acercaban y el Kazekage iba a ser avisado.
- ¡Ésta ahí!- escuchó la kunoichi antes de saltar en caída libre por una de las almenas hacia la ciudad de Suna.
La mujer se escurrió entre las calles estrechas y vacías vigilando los tejados con el rabillo del ojo. El tiempo era su enemigo, y acumulando chacra en sus piernas cruzó la aldea como una exhalación. Los ninjas de la muralla la seguían de cerca pero no lo suficiente para alcanzarla. Era un especialista, un escapista. Lo supieron en cuanto cruzó las primeras barreras de shinobi dejando un reguero de sangre como un fantasma mortal.
Pero el fantasma se detuvo de repente al ver quien le esperaba frente al hogar del Kage. El cuerpo de policía liderado por su capitán. Sakura reprimió una risa sarcástica al ver el paí-paí rojo y blanco en el uniforme del oficial. Sasuke y su obsesión por los abanicos.
- Entrégate. Estás rodeado.
Su voz sonó realmente amenazadora y ella bajó la cabeza. De reojo vio como poco a poco llegaban los guardias de la muralla con la lengua fuera.
Para sorpresa de todos, el ninja enmascarado se echó las manos a la espalda sacando dos espadas curvas y se lanzó al ataque. Podría parecer un suicidio por la diferencia de número. Hasta que los hombres empezaron a caer uno tras otro. Con precisión quirúrgica el asesino fue diseccionando a los ninjas de la Arena. Sasuke frunció el ceño, era un enemigo excepcional pero lo que hizo que se le erizaran los pelillos de la nuca fue su manejo con las dos espadas. Él lo había visto antes. Y despertó el Sharingan. Y maldijo. Y se lanzó hacia el falso shinobi con la katana desenvainada.
Sakura lo vio venir corriendo dejando atrás su habitual compostura y supo que la había descubierto. Empujó a su victima de turno y recibió el embiste de Sasuke con ambas espadas cruzadas.
- Mierda, Sakura.- le gruñó el moreno frente a su boca separados solo por los hierros.
- Sólo es trabajo, Sasuke.-murmuró la kunoichi bajo la máscara negra.
El Uchija volvió a maldecir al ver su sonrisa desvergonzada en sus ojos verdes. Y empezaron a pelear.
Sakura era mas fuerte y había aprendido a ser mas rápida concentrando chacra en su sistema nervioso. Sasuke tuvo que forzar al máximo el Sharingan para evitar que lo degollara, una y otra vez. Se conocían desde hacía tanto que aquello podría haberse vuelto un baile algo monótono. Pero al Uchija la vida cómoda le había pasado factura y ella tenía que debatirse cada día entre la vida y la muerte, siempre caminando sobre el filo de la navaja.
Los hierros chocaban poco, ella era felina y evadía los lances con agilidad. Su ex-compañero empezó a ponerse nervioso, se notaba que no quería herirla, pero tampoco iba a dejarla pasar. Estaba furioso y Sakura le encontró muy sexy.
Sasuke intentaba mirarla una vez mas a los ojos pero Sakura no iba dejarse atrapar por un jutsu ocular. Evitaba sus ojos inyectados en sangre como a la peste.
La pelea empezó a demorarse demasiado, así que la kunoichi recurrió al plan B. En uno de los lances con la wakizashi, dejó que la espada pasara por lo alto del hombro de Sasuke sin herirlo y bajándose la máscara con rapidez lo besó. La única reacción de Sasuke fue parpadear, aturdido al sentir los labios carnosos y húmedos de ese demonio saborear los suyos. Sakura sonrió sobre su boca y murmuró sensual.
- No me lo tomes en cuenta.- Y lo golpeó en el pecho estrellándolo contra la pared de atrás.
Mientras se subía la máscara y entraba en la casa de Gaara, lo vio levantarse sacudiendo la cabeza mareado. Sakura rió para sí. Sus besos solían causar ese efecto.
Como imaginaba, a esas alturas Gaara la estaba esperando. Él, Temari y Kankuro. A ella no le hubiera gustado llegar tan lejos. Pero ya no había marcha atrás. Tenía que terminar el trabajo por el que había cobrado si no quería que fuera su cabeza la que rodara. Pensó en Sakumo y frunció el ceño. Mientras que fuera un niño, no podría darse el lujo de morir. Y vio llegar las olas de arena.
El palacete de Gaara daba poco espacio para moverse y los documentos estaban tras ellos, en una de las habitaciones del fondo. Si se enzarzaba en una pelea estaría perdida. Así que se concentró solamente en pasar a través de ellos. Pero no iba a ser sencillo.
Kankuro mandó sus marionetas. Los títeres se turnaban con los brazos de arena intentando capturarla. Sakura esquivó los ataques con relativa facilidad, no era muy distintos de los de Sasori y ella ahora era mas experimentada. La madera era poco flexible y con unos golpes certeros los muñecos explotaron hecho añicos. Aprovechando la nube de polvo se presentó frente al chico y lo noqueó. Temari gritó al ver a su hermano caer y Sakura pensó que sería la siguiente en atacar.
Pero la arena se volvió mas violenta y empezó a destruir todo a su alrededor. Sakura no dejaba de observar. Con suerte abrirían un atajo hacia los documentos. La rubia desplegó su abanico y le mandó cientos de kunai. La pelirrosa tuvo el tiempo justo de guardar las espadas y formar con sus manos un escudo de chacra de forma cóncava. Los kunai resbalaron por su superficie y fueron enviados de vuelta como bumerán obligando a Gaara a cubrir a su hermana con una barrera de arena. Y el quedó sin defensa. Vio venir al enemigo hacia él como un torpedo. Lanzó varias lenguas de arena pero quedó perplejo. La velocidad del ninja distorsionaba su imagen y parecía estar en varios lugares al mismo tiempo, avanzando sin parar. Las esquivaba y corría sobre ellas acercándose sin remedio cada vez mas. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien lograba hacer eso. El enemigo lo arrastró como un huracán y clavando el codo en su pecho lo empotró en la pared derrumbandola . Antes de perder el conocimiento el pelirrojo murmuró.
- ¿Quién eres?- Pero no hubo respuesta y sucumbió a la oscuridad.
Tardó poco en volver en si, Temari lo sacudía por los hombros nerviosa. El ninja de negro había desaparecido atravesando el muro derruido. Ambos salieron corriendo hacia el interior de su casa.
Cuando llegaron al despacho del Hokage, el ninja los esperaba en cuclillas en la ventana. Por un momento los ojos celestes de Gaara se cruzaron con los verdes del desconocido. Entonces éste se despidió agitando el rollo robado y saltó.
- ¡Se escapa!- gritó Temari corriendo hacia la ventana. Era tarde, el ladrón ya había desaparecido en la noche del desierto. Frustrada se giró esperando ordenes de su hermano pero no llegaron las que ella esperaba.
- Temari, avisa a la Hoja.- dijo muy serio sin moverse. La rubia no comprendió el motivo de involucrar a otra aldea y miró de nuevo al exterior buscando respuestas.
…...
Sakura corrió en dirección contraria a la que había tomado para entrar en la aldea, buscando refugio entre las dunas del desierto. La noche era totalmente opaca y la protegió de los ojos ansiosos de sus perseguidores , durante un tiempo.
A unos pocos kilómetros de Suna se encontró de frente con unos viejos conocidos. El clan Kaguya.
Si Kimimaro pensó que era el último de su clan, era porque no había echado un vistazo a las mazmorras de Suna. El anterior Kazekage era muy aficionado a los experimentos, no solo con su hijo, si no con cualquiera que poseyera kekkei genkai.
Sakura apretó las muelas. No había sido buena idea salir por detrás.
- Nos volvemos a encontrar.- dijo el líder de los únicos cuatro supervivientes. Sakura se encorvó esperando el ataque. Aun recordaba el tajo en la espalda.
No en vano era el cabecilla de ese pequeño grupo de mercenarios. El tipo media casi tres metros y sus manos eran hormigón armado. Y si quería escurrirse de nuevo de entre sus dedos tendría que jugar bien sus cartas, unas nuevas.
- Creo que tienes algo que nos pertenece.- dijo Wataru.
Sakura se pasó la mano por la cintura palpando el pergamino bajo el uniforme. Debió enterrarlo en el desierto y volver mas tarde por él.
- Ya me pareció raro no encontrarte en el palacio de Gaara.- silbó la mujer entre dientes.- No eres mas que un perrito faldero. A que saben sus pies, ¿perrito? ¿Cómo sabe la arena después de lamerla durante todo el día?
Wataru frunció el ceño y uno de sus hombres dio un paso adelante.
- Quieto, - dijo el líder deteniéndolo con el brazo por delante -, no entres en sus provocaciones. Solo intenta distraernos para escapar como la otra vez.
Y le dijo a ella :
- No es ese rollo lo que busco. Tu tienes algo que vale mil veces mas.
Sakura levantó una ceja.
- Quiero a tu chico. Quiero al Jubi.
Entonces el ambiente del desierto cambió. La presión atmosférica aumentó de golpe y los cuatro hombres sintieron como si una losa invisible cayera de repente sobre sus hombros. La arena empezó a vibrar bajo sus pies y el aire se calentó.
El ninja de negro se echó la capucha hacia atrás y se bajó la mascara. En la oscuridad de la noche, la coleta rosa ondeó como una bandera.
- ¡La bruja! - gritó uno de los hombres atemorizado echándose hacia atrás.- ¡Es la bruja!
- ¡Cállate, imbécil!- gritó Wataru.- No es una bruja, solo es una kunoichi.- dijo como si aquello fuera mejor. Pero al mirar a la mujer frente a él, no pudo evitar que el mismo temor de sus compañeros lo debilitara un poco.
Sus ojos verdes era lo único que iluminaban la noche y envenenaban el espíritu. La ira y el poder que trasmitían era sobrecogedores. Era como estar ante un demonio del desierto colérico.
Wataru tragó saliva. Sería difícil obligarla a entregarles el niño pero la recompensa era tan jugosa que hizo oídos sordos al sentido común.
- ¡ Te conviene colaborar, zorra! La última vez tuviste suerte pero hoy no podrás con nosotros cuatro.
Sakura no escuchaba. Cuando era la vida de Sakumo la que corría peligro, a su alma se la tragaba un animal oscuro y sin conciencia. Los recuerdos le nublaban el juicio y las manos le picaban. Se mordió los labios hasta hacerlos sangrar. Apretó los puños hasta que dejó de sentirlos. Sus sentimientos vengativos fueron generando una vorágine mezclándose y fusionándose con la aire y la tierra que se volatilizaba a su alrededor. Su aura criminal era el vórtice. El clima se volvió pesado y asfixiante como el interior de una cueva y comenzó a afectar a los mercenarios. La densidad del aire comprimía sus cuerpos y su voluntad volviéndolos tiernos como galletas rancias.
Sakura dio un paso hacia delante, clavando el tacón en la arena y centró su mirada asesina en los cuatro corderos. Los hombres retrocedieron sin darse cuenta. Se miraron entre ellos y a su jefe. Aquello no estaba dentro de sus posibilidades. Pero era demasiado tarde.
La bruja sacó las espadas de golpe y a la vez generando olas de presión que cortaron el aire. Quisieron huir pero fueron engullidos por las guadañas de viento. Una a una las dunas se abrieron como cortadas con diamante y entre medias empezaron las explosiones. Al cerrarse la circunferencia la voladura se completó y el desierto salió por los aires. Una gran bola incandescente subió hasta el cielo arrastrando una columna de arena y fuego, y el hongo mortal se pudo ver desde la ciudad de Suna.
Cuando la energía se fue expandiendo a campo abierto, las llamas empezaron a apagarse por falta de combustible. Poco a poco la nube de polvo se fue diluyendo y se pudo ver en el centro del cráter una mujer que hincaba la rodilla en el suelo intentando respirar.
Llovía arena. El cielo nocturno, herido en rojo y naranja, la iluminaba de forma intermitente. Sakura se puso en pie tambaleándose y miro a su alrededor. Sacudió la cabeza. Sus ataques de ira eran un despilfarro de chacra y ahora tenía que regresar sin fuerzas ni para caminar. Muy inteligente.
Tras trepar por las paredes resbaladizas del agujero, emprendió el camino de regreso a paso lento, mirando siempre tras de si.
Sólo entonces una bola hecha de costillas se atrevió a salir de la arena.
...
Sakura tardó varios días en volver a ver su hijo. Y fue a propósito. Aunque sentía la necesidad urgente de confirmar que estaba sano y salvo, tenía el presentimiento de que la estaban siguiendo. Así que se dedicó a adentrarse en todas las aldeas que encontraba a su paso jugando al despiste. Y aprovechó para afinar el oído.
Cambiando una y otra vez de henge, ocultando su chacra, fue entrando en todos los tugurios donde sabía que los renegados ofrecían sus servicios. Si Wataru había traicionado al Kazekage era porque habían puesto precio por la cabeza de su hijo. Le extrañaba que Kabuto hiciera algo tan burdo como pregonar a los cuatro vientos que se le había escapado el Jubi, pero podría haberse cansado de esperar. Los ninjas del Sonido no eran muy hábiles. Su persecución hacía mucho que se había vuelto tediosa, querían capturarlos a ambos vivos, y así era imposible.
La Hoja realmente no era peligrosa. Sus breves encuentros con los equipos de Shikamaru y Gai se resolvieron siempre rápido. Naruto les dio orden de no herirlos y para Sakura escapar con su hijo había sido coser y cantar.
Pero si se corría la voz de que alguien pagaba una buena cantidad por Sakumo se le echarían encima todos los mercenarios y caza recompensas. Eso sin contar, con que el resto de países no iba a permitir que el Jubi se fuera paseando libremente por entre los bosques. Y tendría escuadrones Anbu de todos los hiati-ate hasta aburrirse.
Una vez se hubo asegurado de que su rastro se había difuminado lo suficiente, emprendió el viaje de regreso hacia su hijo. Para garantizarlo aun mas, mantuvo el henge, de una kunoichi de piel morena y pelo claro, al estilo el Rayo. Estaba tan habituada a ocultar su chacra que, con una sonrisa, recordó que tenía que revelarlo poco antes de que Sakumo la viera, para no asustarlo y que se escondiera de ella. Cuando viajaban juntos era mas cómodo vestirse de hombre y teñirse el cabello.
Los había dejado en los bosques del País de la Tierra. La enemistad con el País del Fuego era la principal razón para escoger ese lugar como cobijo para su hijo cuando ella salía de misión, era poco probable que nadie de Konoha se aventurara en aquellos territorios. Además estaba alejado de la Arena y el Sonido. Hyo y los demás estaban con él, pero no respiraría tranquila hasta verle esa carita de gruñón que se gastaba últimamente.
La noche la había alcanzado subiendo por las laderas que le llevaban a su refugio y se percató de que estaba siendo seguida. Inmediatamente trepó a las ramas mas altas y se sentó a esperar. Al poco vio a dos hombres. Uno iba a cara descubierta pero el otro se ocultaba algo atrás entre las sombras, como guardando las espaldas.
Sakura dejó que pasaran bajo sus pies y cayó sobre el mas rezagado. Pero sorprendió al ver que el tipo supo esquivar su ataque con bastante habilidad . Y mas se sorprendió al ver quién era el otro.
- Mogui.- dijo la joven enderezándose sin llegar a guardar el kunai. El hombre frente a ella tampoco bajaba la guardia.
- Tranquila, tranquila. -dijo Mogui acercándose solo un poco haciendo gestos con las manos para que bajaran las armas.
Sakura y el ninja habían clavado la mirada uno en el otro y ninguno de los dos terminaba de ceder. Ambos ocultaban su chacra y ambos eran un henge. La tensión entre ellos era electrizante.
- Vamos, - dijo el mas menudo manteniéndose algo alejado-, solo he venido a pagarte. -Y mirándola de arriba a abajo dijo.- No te hubiera reconocido ni en mil años.
La mujer sin perder de vista las manos del ninja frente a ella, se sacó el pergamino de debajo del uniforme y se lo lanzó. Mogui al cogerlo la miró con una sonrisa socarrona.
- Chica, está caliente.
- Cierra la boca.- contestó la kunoichi ante la repentina mirada curiosa de su oponente. Suavemente una sonrisa picara se dibujó en su rostro y Sakura sin saber por qué se sonrojó. Hacía años que eso no ocurría y se sintió muy rara. Evadió los ojos del desconocido.
- Dame mi dinero. Tengo prisa.- le dijo la kunoichi a su contratista.
- Dáselo Zenma.
Entonces el ninja relajó un poco su postura y guardó el kunai. Con el mismo movimiento sacó una bolsa. Sakura abrió la mano y el hombre la dejó caer en ella sin dejar de mirarla a los ojos. Era mas alto, y sin llegar a intimidarla, la hacía sentir incómoda. La joven frunció el ceño y se guardó el dinero en el morral.
- No me busques en un tiempo, Mogui.- terminó de decir alejándose a paso firme del desconocido y disponiéndose a marcharse.
- No iba a hacerlo. - dijo el hombre pequeño de repente y Sakura se giró.
- Está ha sido la última misión que te encomiendo.- explicó.
- ¿Cómo?- preguntó sorprendida la joven.
- Has perdido tu toque y ahora toda Suna te busca. No me interesa que me relacionen contigo.
Sakura apretó los puños.
- ¿Él es mi sustituto?- dijo señalando con el dedo al ninja. Éste alzó una ceja.
Mogui solo se alzó de hombros. La kunoichi gruñó bajo y clavó la mirada en el nuevo ladrón. Éste ni se inmutó.
Así que sin gastar mas saliva Sakura se dio la vuelta y se marchó.
Al rato el ninja suspiró y se metió las manos en los bolsillos.
- Tiene carácter tu amiga.- dijo.
El hombre menudo sonrió de medio lado.
- Está loca. Pero es buena mujer.
…...
Sakura estaba furiosa. Mogui la había enviado a una misión casi suicida y se lo pagaba cambiándola por otro. Un idiota sacado de quien sabía donde, un idiota que la había puesto nerviosa. Y mas se enfurecía. Ya no era una chiquilla para andar sonrojándose por un tipo con cara de palo. Y ni siquiera era su cara. Lo único bueno de que Mogui ya no contara con ella es que no tendría que volver a ver a ese Zenma.
Monte arriba descubrió las primeras marcas de Hyo. Los pumas le habían dejado arañazos invisibles para el ojo no experto en los árboles y en las rocas, y Sakura atravesó los bosques cada vez mas ansiosa por ver a su hijo. Se olvidó en lo que estaba pensando. Solo quería verlo y apretarlo contra su pecho. De repente se detuvo en seco. Notó el chacra de su hijo y una presencia junto a él. Y empezó a correr desenvainando la espada.
Pero su sorpresa fue mayor cuando al salir del bosque vio a los animales tranquilos echando una siesta. Y Sakumo sentado en la hierba hablando bastante amigable. Y a Sasuke sentado en una roca escuchando, afilando la katana.
Sakura dio un paso hacia él sin saber muy bien que pensar. Sasuke levantó la vista del acero y le clavó sus ojos de obsidiana líquida.
