Kakashi se ahogaba. Corría y corría y se había olvidado de respirar. Desesperado recorrió el bosque buscándola, olfateando el aire como un animal, intentando capturar algún rastro por leve que fuera. Las piernas ardían y los pulmones chillaban. Vibrando los ojos en todas direcciones, era un loco cazando espejismos. La había tenido en sus manos y un minuto después había desaparecido. Y es que no podía esfumarse sin mas ¿no? Siempre había un rastro, una pista que seguir. Pero su mente le jugaba malas pasadas. Cuando parecía escuchar su voz pidiendo auxilio u oler su aroma, su corazón daba un vuelco, para finalmente descubrir que solo se oía su propia respiración desbocada y que el olor de mujer lo había dejado ella en su cuerpo antes de marcharse. Entonces la desesperación volvía sus entrañas venenosas y el vomito lo inutilizaba. De rodillas, temblando, se secaba la boca y miraba alrededor esperanzado en haber salido del mal sueño. Pero nadie fue considerado con él, y la soledad del bosque lo aplastó volviéndolo pequeño e inservible.

Y solo le quedó llorar, avergonzado de si mismo, restregándose las lagrimas tan humillantes, hasta que se dio cuenta de que era imposible. Su carácter tranquilo y paciente acabó por desintegrarse. El dolor era demasiado inmenso, tan superior a él. Estaba roto. La mala respiración y el haber olvidado como se hacía generaron un llanto convulsivo y asfixiante que no aliviaba.

Se giró sobre si mismo y se sentó con la cabeza entre las piernas intentando retener el aire, temiendo perder el conocimiento. Y a pesar de todo, las lagrimas aligeraron un poco su cerebro constreñido por el miedo y empezó a razonar con levedad.

Los ninken hacía rato que habían desaparecido en distintas direcciones y aun no se reportaban. Era posible que no trajeran buenas noticias. Estaba casi seguro que habían escogido el momento en el que Sakura estaba en el agua para llevársela sin dejar ningún rastro. Empezó a tiritar. La veía, frente a él, desnuda, mojada, atrapada entre los dos Akatsuki. Se abrazó a si mismo. Si la tocaban, si osaban tocarla...los mataría, los mataría a todos, uno por uno. Sin darse cuenta fue clavándose los dedos en la carne, imaginando que eran sus gargantas entre sus manos. Los mataría. Por quitársela, por hacerle sentir tanto miedo, ese odio que lo reventaba por dentro. Cerró los ojos queriendo ahuyentar las imágenes grotescas de su mente hiperagitada, manos desconocidas recorriendo su piel rosada, bocas repugnantes lamiendo su garganta de porcelana...Chirrió las muelas y se puso en pie de golpe. Lo último que necesitaba Sakura era que él perdiera los nervios y no supiera dar con ella, pronto. Sólo quería golpear los árboles y desfogar la frustración. Pero el ninja de élite por fin logró sujetar por el cuello al lobo herido y empezó a buscar otras fórmulas para encontrarla. Habían pasado varios minutos sin obtener resultados. Era hora de avisar a la Hoja. E invocó a Pakun.

El perrito apareció jadeando y con las patitas temblorosas. Habían buscado a la joven pelirrosa por todos los rincones del bosque y el aire no traía ni un poquito de su aroma. Sólo el árbol donde ella y su amo habían estado retozando, exudaba el olor de ambos. Miró a Kakashi y agachó las orejas.

- ¿Nada?- preguntó el ninja.

- Lo siento, Kakashi. - dijo el perro.

El peligris levantó la cabeza del suelo y miró al cielo respirando profundamente.

- Avisa a la Hokage.- dijo en un murmullo.- Que los demás sigan buscando.

El animal asintió y desapareció.

El ninja miró a su alrededor. Si se la habían llevado con un jutsu de teletrasportación, era inútil perder mas el tiempo en el bosque. Decidió recabar información. Y mientras recogía las mochilas y la ropa de ella fue tomando conciencia de que tardaría un poco en encontrarla. Con un nudo en el estómago se dirigió a paso ligero a la aldea del Sonido.

…...

Pakun corría dirección Konoha cuando olió a sus compañeros ninken. Era raro que estuvieran todos juntos ¿Qué estarían haciendo? Pero al salir de entre los árboles chilló-ladró de miedo e impotencia. Sus amigos yacían muertos, amontonados unos sobre otros. Al animalito empezó a retroceder pero algo oscuro y grande se cernió sobre él.

- Éste es el último.- dijo un ninja del Sonido mientras lo metía en un saco.

- Entonces hemos acabado.- dijo otro.

- ¿Qué pasa con el Copyninja?

- Yo no pienso jugarme el cuello. Tú haz lo que quieras.- Y se acercó a los perros. Realizó un jutsu ígneo.

Su compañero pareció dudar pero finalmente se alzó de hombros, y mientras veía como la pira mortuoria se elevaba, pensó que de todas formas el de la Hoja nunca encontraría a su amiguita. Así que sí, mejor ahorrarse un enfrentamiento del que saldrían escaldados, casi tanto como esos chuchos.

…...

Después de estar corriendo sin descanso durante tres días, al caer la noche su cuerpo dolorido lo obligó a detenerse. Y a regañadientes se subió a un árbol a echar una cabezada. Se maldecía por su debilidad. Los calambres lo hacían tambalearse. El hambre y la sed le nublaban la mente. Tres días era demasiado tiempo. Tres días con Sakura en manos de Akatsuki, tres días sin verla, tres días sin saber de ella, tres días sin saber si vivía. Cerró los ojos con fuerza espantando los pensamientos sombríos. Pero era inevitable. ¿Qué le estarían haciendo? ¿Por qué ella? ¿Por qué ahora? Las preguntas daban vueltas en su cabeza sin darle descanso, volviéndolo loco. Un hormigueo de recorrió las manos y se las frotó sobre el pantalón. Las había estado apretando tanto que se le habían quedando dormidas. Suspiró intentando tranquilizarse y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el tronco. Tomó un trago de agua de la cantimplora y le supo a tierra.

Tenía que ordenar las ideas y pensar con claridad. Sólo la había tenido frente a él unos segundos antes de desaparecer y habría poca información para analizar. Los tomoe comenzaron a girar y el recuerdo volvió. Como una película, comenzó a pasarla a cámara lenta una y otra vez, del mismo modo que hacía con los jutsus de sus enemigos para copiarlos. Y empezó a ver cosas que antes no había visto. En la máscara naranja, el Sharingan activo. En la mano del segundo Akatsuki, chacra. En el muslo de Sakura, un sello. El alarido de Sakura, el miedo de Sakura, el dolor de Sakura... Sacudió la cabeza. Era demasiado. Nunca la había visto sufrir así. Desconocía la función de ese sello pero dudaba que fuera la causa de su grito. Parecía mas interior, como un lamento de pena. Había caído bajo un jutsu ocular.

Se maldijo una y mil veces por no haberse asegurado. Ese desgraciado de Tobi debería haber muerto entre las fauces del Zorro de Nueve Colas. Se confió y ahora ella pagaba las consecuencias. Ella que lo era todo, ella que era lo único, ella que era su vida. Se había esfumado frente a sus ojos y él ni siquiera había movido un dedo. La vergüenza lo fue embargando. ¿Qué clase de hombre permitía que dañaran a su mujer sin hacer nada?

Ella que era tan joven, tan noble, con tanto por vivir, a su lado. Tenían tantos planes juntos...

Él no se la merecía.

¿Qué le diría a Naruto?

¿Qué le diría a Tsunade?

¿Qué se la habían arrebatado de entre los dedos y no había hecho nada para evitarlo?

La tortura siguió durante toda lo noche y no lo dejó dormir. Los únicos que pudieron sacar partido del descanso fueron sus pies.

Al alba estaba agotado. Se había estado atormentando culpándose a si mismo de la desaparición. Y al ver los primeros rayos del sol asomarse entre las ramas se preguntó por qué aun no había aparecido nadie de la Hoja. Pakun no habría tardado mas de un día en llegar.

Su pequeño amigo aun no se había reportado y los demás tampoco habían regresado. Eran chicos duros intentó convencerse. Pero empezó a tener un mal presentimiento. No era normal que a esas alturas aun no hubieran aparecido Naruto y su equipo. Y un destacamento de la Quinta.

Saltó a tierra y miró en la dirección a Konoha. Quizás tendría que ir él mismo a dar la noticia pero la vergüenza le impidió dar un paso. No se sintió con valor de trasmitirles que había sido secuestrada la única vez que ella había salido de la aldea solo bajo su protección. Había bajado tanto la guardia que lo habían pillado desprevenido como a un niño pequeño. Había perdido a la mejor amiga de Naruto, a la hija de Tsunade...

Él la encontraría y la traería de vuelta. O no volvería. Y salió disparado hacia el Sonido. Sakura debía estar allí.

…...

Cuando llegó a la aldea quedó desagradablemente sorprendido al ver las calles repletas de ninjas. Por lo visto en aquellos dos años, desde la última batida, se habían reproducido como cucarachas. Utilizando un henge se adentró buscando alguna pista. Su objetivo era Kabuto. Tenía el presentimiento que la desaparición de Sakura tenía que ver con la última misión que llevaron a cabo allí. Era bastante probable que esa mierda de subproducto de Orochimaru siguiera aliado a Tobi. Debían haber seguido raptando mujeres. Desconocía el motivo pero estaba seguro de que no se la habían llevado por casualidad. La necesitaban a ella para cualquiera que fuera su plan. Si habían esperado pacientemente durante dos años para capturarla no sería para matarla. No era un consuelo muy lógico pero dadas las circunstancias tenía que agarrarse a algo para no volverse loco. Si una vez fueron capaces de dar con esa serpiente, lo volvería a hacer. Y esta vez no estaría Naruto para salvarle el culo.

De sus años en Anbu conocía algunas de las tabernas y pensiones a donde se podía dirigir un renegado en busca de trabajo. Eran los mejores lugares para recabar información. Si Kabuto había hecho algún movimiento nuevo por los alrededores, los ninjas del Sonido debían saberlo.

Así que uno a uno fue pasando por todos los bares, sentándose al fondo, escuchando, observando.

No tardó mucho en ser seguido. Al caer la tarde ya tenía a varios tipos tras él. No quería ser descubierto, pero la rabia contenida tenía que dejarla salir de algún modo. En uno de los callejones se dejó alcanzar.

- ¿Qué andas buscando forastero?

Kakashi se dio la vuelta con una sonrisa malvada. Ese tío tenía la frase aprendida. No venía solo, como era natural, las ratas siempre viajan juntas.

- Busco trabajo.

El del Sonido frunció el ceño.

- No te había visto nunca por aquí.

- Será porque no he estado nunca aquí.- contestó Kakashi sin mas.

El tipo se calentó y dio un paso hacia él. Los demás lo imitaron. El copinin pensó que le vendría bien desentumecerse.

- Pues aquí no hay nada para ti. - dijo el del Sonido y lo atacó con un kunai.

Kakashi con un movimiento limpio le quitó el kunai, le retorció el brazo y le empotró la cabeza en la pared de ladrillos, con mas fuerza de la que quizás se hubiera requerido. Ese listo no iba a hablar, pero sabía que teclas tocar para que uno, escondido entre los demás, medio muerto de miedo, hablara. No debía tener mas de doce años.

El mas grande de todos lo quiso abrazar por la cintura pero Kakashi, que no era muy amigo del roce masculino, se escurrió entre sus piernas y le cortó los tendones de detrás de las rodillas con el kunai. El cerdo chilló como si lo estuvieran matando. Qué exagerado, si apenas había comenzado.

Dos mas se le lanzaron con katanas melladas, y Kakashi, sin perder de vista a su chico, empezó a defenderse. Cuando se cansó de ese baile agarró por la muñeca a uno mientras pateaba el pecho del otro mandándolo volar. Le retorció el brazo y le puso su propia espada bajo la garganta. El gorrino comenzó a llorar. Patético.

- ¡No me mates!¡No me mates!¡Te puedo llevar con mi jefe! Él te dará trabajo.-suplicó.

Kakashi sin soltarlo dio un paso atrás. No quería que le meara encima. Miró al joven. Estaba a punto de salir corriendo.

- ¿Tú sabes dónde está?- le preguntó.

El chico, con lágrimas en los ojos asintió sin darse cuenta. Kakashi bajó la cabeza y vio que su victima pasaba la mirada suplicante de su compañero a su verdugo y viceversa.

- Pues entonces tú no me sirves. - Y sosteniendo las ganas de pasarle la cuchilla por el gaznate lo noqueó. Si el chico veía mas sangre saldría huyendo y él no tenía ganas de correr.

Se acercó a él con una falsa sonrisa.

- ¿Cómo te llamas chico?

Al niño le recorrió un escalofrió. Cuando sonreía daba aun mas miedo.

- B-boy.- tartamudeó.

Kakashi parpadeó.

- ¿En serio?

El chico asintió.

- Bien, pues como de momento aquí he acabado, - dijo mirando por encima del hombro a sus victimas desparramadas por el callejón -, ¿por qué no me llevas con tu jefe?

El muchacho se enjuagó las lagrimas con el puño de su camisa y empezó caminar sin mirar atrás, a paso ligero y con la cabeza gacha. Kakashi lo siguió en silencio. El chico parecía acostumbrado a cambiar de líder y no tenía ningún apego a sus compañeros. Percibió que evitaba los grupos de ninjas con los que se cruzaban por la calle, vigilandolos siempre de reojo. Parecía que el único sentimiento que lo relacionaba con los demás era el miedo. Y eso era peligroso. Un ninja cobarde mordía sin avisar. Kakashi casi esperaba que lo traicionara. Y empezó a jugar con él.

De vez en cuando se detenía y esperaba su reacción. Al poco Boy se giraba como esperando, una orden o algo. El Copinin guardaba silencio y observaba. El chico en principio no miraba a los ojos pero viendo que los segundos pasaban y la orden no llegaba, se aventuró a levantar la vista. Entonces sin mas, Kakashi reanudó la marcha y al llegar casi a su altura, el niño corrió hacia delante manteniendo las distancias pero sin aparentes intenciones de huir. El copinin repitió la táctica varias veces y poco a poco el chico tardaba menos en mirarlo a la cara. Al final lo hacía directamente aunque con timidez. Y es que a Kakashi le gustaba leerle las intenciones a la gente.

Casi salieron de la aldea. A las afueras, en una posada cerca del camino principal, el chico por fin de detuvo.

- Es aquí.- dijo y respirando profundamente entró. Le temblaban las manos.

Kakashi lo siguió y agudizó los sentidos. Con el henge no podía utilizar el Sharingan sin ser descubierto. La posada resultó ser mas interesante por dentro que por fuera. Había mujeres por todas partes, mujeres con poca ropa y poca vergüenza. Inmediatamente pensó en Jiraya y su afición por recabar información en lugares como aquel. Tanto para sus novelas como para las misiones.

- Hola, Boy.- dijo una.

- Hola,cariño ¿A quién traes contigo?- preguntó otra.

El chico apretó el paso esquivando los abrazos cariñosos. Kakashi casi sonrió al verle las orejas al rojo vivo. Bendita inocencia. Pero pronto las depredadoras fueron a por caza mayor y intentaron dar alcance al desconocido que caminaba tras el niño.

- Por fin caras nuevas.- dijo una pasandole el brazo por el cuello.

El hombre con sutileza se deshizo del tentáculo.

- Tengo un poco de prisa.

Otra mas agresiva le plantó la palma de la mano en el pecho deteniéndolo.

- No seas desagradecido ¿Cuándo has tenido un harén así a tu disposición?

- La verdad es que nunca.- dijo el ninja rascándose la nuca con fingida timidez.

Las únicas veces que había tenido oportunidad de estar con varias mujeres a la vez era cuando a Sakura le apetecía jugar a los clones. Aquello le recordó por lo que estaba allí y su rostro se ensombreció. La mujer sin saber muy bien por qué retiró la mano de su pecho y se echó a un lado.

- ¿Vienes?- Dijo Boy desde las escaleras.

Kakashi le agradeció. La bilis le quemaba la garganta y no quería pagarlo con aquellas mujeres. Siguió al chiquillo dejando atrás un silencio inquietante.

Hasta que no llegó a la planta superior del edificio no vio al primer hombre. Algunos custodiaban una puerta, pero con solo reconocer al chico, los dejaron pasar sin mediar palabra. Kakashi notaba que se acercaba a algo.

Nada mas entrar en la habitación, el copinin analizó el lugar y sus ocupantes. Dos ventanas al exterior, una sola puerta. Dos hombres y una mujer, los tres ninjas de nivel medio-alto . Cuando cerraron la puerta todos los ojos se centraron en ellos dos. La kunoichi se acercó directamente al chico.

- ¿Qué te pasa?- dijo poniendo la mano protectoramente en su hombro y apartándolo del desconocido.

Boy no contestó pero se dejó llevar a un lado de la mujer.

- ¿Quién es? ¿Dónde están los demás? - preguntó el hombre mas joven al niño.

Éste miró a su acompañante sin saber muy bien que contestar.

- Se deshizo de ellos. Quiere trabajo.

El joven se acercó a Kakashi.

- ¿Tú te hiciste cargo de los tres?- le preguntó incrédulo.

- En realidad eran cuatro, pero sí.- contestó el copinin con indiferencia.

El tipo miró al que parecía ser el jefe de aquello. Un hombre delgado, tan alto como Kakashi que vestía un viejo chaleco jounin de la Roca y manipulaba unos documentos.

- Sería de agradecer que nos mostraras tu verdadero aspecto. - dijo sin levantar la vista de lo que hacía.- A fin de cuentas estás en mi hogar.- Y lanzó una mirada rápida a Boy.

Kakashi dedujo que era recriminadora pero el chico no parecía temerle. A decir verdad, parecía relajado entre ese pequeño circulo de personas.

- Lo lamento, pero de momento tendrá que aceptarme así.- dijo Kakashi.

El de la Roca alzó la vista de lo que estaba haciendo ante el desafío cortés. Por un momento ambos se calibraron y el copinin supo que si no negociaba un poco se quedaría fuera.

- Verá,- dijo rascándose la barbilla y mirando al techo -, me siguen cazadores de la Hoja y necesito desaparecer un tiempo.

Durante un tiempo ambos sostuvieron las miradas. El de la Roca sabía que mentía y Kakashi calculaba si le importaba. Ante la tensión emergente en la habitación, Boy se deslizó un poco hacia Kakashi, de forma casi imperceptible. La kunoichi habló.

- Yo creo que si Boy lo ha traído hasta aquí será porqué se puede confiar en él.

Kakashi no había calculado esa posibilidad pero viendo que el chico lo miraba y no desmentía lo que la mujer había dicho, pues pensó que sí, que tal vez había hecho bien en dejarlo vivo.

- De acuerdo. - dijo el de la Roca. - Te buscaremos algo donde pases desapercibido. - y volvió a lo que estaba haciendo. - Puedes alojarte aquí de momento.

El hombre joven miró a su superior un poco perplejo y después a la mujer. Ésta solo se alzó de hombros y sonrió.

- Me parece que debe haber alguna habitación limpia por ahí.

Y seguida de cerca por el niño indicó al nuevo miembro que los siguiera. Kakashi bajó la cabeza a modo de agradecimiento y salió. Al salir escuchó decir.

- ¿Tienes pensado algo, hermano?

- Aun no, pero en el nido sur hacen falta efectivos.

El copinin entrecerró la mirada. Reprimió las ganas de entrar y sacarles la información con los puños. Así que optó por seguir a Boy y a la kunoichi.

Bajaron un par de pisos y se detuvieron frente a una puerta.

- Espera aquí.- dijo la mujer y entró cerrando tras de sí. Al poco salió y le invitó a entrar con un gesto simple de cabeza.- Tenía que asegurarme que estuviera limpia, ya sabes.- dijo ella.

Él no contestó.

- Vamos, Boy, - dijo ella pasando un brazo por los hombros del chico empujándolo fuera de la habitación -, algo huele delicioso. En el baño hay toallas limpias, - dijo mirando a Kakashi antes de salir-, y si quieres comer algo estaremos por abajo.

Al cerrarse la puerta, a Kakashi el cansancio lo golpeó con fuerza y se mareó. Se sentó al borde de la cama y enterró la cabeza entre las manos ¿Estaba perdiendo el tiempo?¿ Estaría en el rastro correcto o se alejaba de Sakura? Sakura...

Se levantó extenuado y entró en el baño. Al verse en el pequeño espejo colgado en la pared y no reconocerse, se sintió un extraño. No era muy diferente de su verdadero rostro. Dado que nadie, o casi nadie, lo conocía sin mascara no consideró necesario malgastar chacra con un henge complicado. Se pasó la mano por el pelo negro. A pesar de haber escogido el color contrario la melena insistía en salir disparada hacia arriba. La suciedad del camino y el sudor hacían que cayera apelmazado sobre la cara. El ojo de Obito, negro. La cicatriz, fuera. Se rascó la mejilla, necesitaba un afeitado. Se acercó al espejo y frunció el ceño. Cuando optó por Aoba Yamashiro para el henge no pensó parecer tan … ¿ jovial ? No era de extrañar que las mujeres se le hubieran echado encima al entrar. Suspiró sonoramente y abrió el grifo del agua. Definitivamente era un buen camuflaje.

…...

Eliminada la mugre y con una muda limpia se dejó caer en la cama desvencijada. No sería mala idea intentar dormir. Se giró a un lado, se giró al otro y terminó de nuevo boca arriba con las manos tras la cabeza. Se reprendió. No era inteligente restar mas horas de sueño. La mente se volvía espesa y las reacciones lentas. Miró alrededor. Se suponía que era una de las habitaciones que utilizaban las chicas. La luz tenue de la bombilla apenas alumbraba en la caída de la tarde y los ojos se fueron volviendo perezosos. Las sensaciones se lo iban llevando, las sensaciones de la última vez que había estado en una cama, hacía tres días.

Ella lo tenía abrazado por el pecho y había enredado la pierna entre las suyas. Era su postura relax post-sexo. Kakashi llevaba un rato observándola dormir, viendo los primeros rayos del alba besar su piel afrutada, recibiendo su respiración sobre su pecho, oyéndola murmurar soñando. La fase Rem de Sakura era muy divertida. La había estado acariciando con la yema de los dedos por el hueco de la columna descendiendo al trasero, dibujando círculos calientes en sus mejillas desnudas . Sabía que si conseguía que abriera los ojos en aquellos momentos despertaría muy cariñosa.

Kakashi se irguió abruptamente y gruñó. Si no iba a dormir sería mejor no perder mas el tiempo. Se levantó y salió del dormitorio.

Por algún motivo, las mujeres que fue encontrando a su paso se limitaron a saludarlo levemente con la cabeza. Kakashi lo achacó a que, al no ser cliente, había dejado de tener interés para ellas. Sin embargo al llegar abajo, se dio cuenta de que, cómo pensaba, no era un simple burdel. Era la hora de la cena, y mientras comían hablaban entre murmullos. Todas callaron al verlo entrar pero por algunos gestos de las manos, entendió que hablaban de jutsus ¿Eran kunoichis? O eso, o prostitutas con algún tipo de entrenamiento. El caso es que delante de él, se hizo el silencio. Buscó entre las mesas y encontró a Boy sentado en una esquina solo. Se acercó y se sentó junto a él. El niño alzó la vista del plato, lo miró, sonrió y siguió comiendo. Kakashi calculó que tenía la misma edad que los chicos cuando se formó el equipo siete. Miró alrededor. No se podía decir que fuera el mejor lugar para alguien de su edad. De repente un vaso se deslizó en la mesa, frente a su nariz.

- Bebe,- escuchó, era el hombre mas joven -, tienes cara de necesitarlo.

El tipo se sentó frente a él con el mismo licor. Kakashi dio un sorbo. Whisky. Se lo bebió de golpe. El hombre lo miró de reojo y luego al chico.

- ¿Qué haces, Boy?

El chico dio un salto en el asiento al verse descubierto. El hombre con un movimiento rápido metió la mano bajo la mesa y sacó lo que a Kakashi le pareció un montón de papeles.

- ¡ Dámelos, Tamaro, son míos!- gritó el chico poniéndose en pie de golpe. A Copinin le sorprendió, había resultado tener carácter.

Pero el hombre decidió divertirse un rato a su costa, y agitaba los papeles sobre su cabeza alejándolos de las manos furibundas de Boy.

- No te da vergüenza, ¿qué ninja que se precie lee mangas?- dijo en voz alta llamando la atención de las mujeres. Algunas empezaron a reír y el niño se puso colorado.

Kakashi apoyó el codo en la mesa y dejó descansar la frente en la mano. Necesitaba otro whisky.

- Tamaro, si no me los das, se lo diré a Sucka. - dijo Boy cruzándose de brazos y sentándose de nuevo en la silla.

El tipo arrugó la nariz, y Kakashi esperó, 3, 2,1... los papeles en la mesa. Ya había captado que la kunoichi tenía el mando ahí. Boy los agarró como si le fuese la vida en ellos. Niños...

El hombre se alzó de hombros dando por finalizada la diversión y dedicó su atención al nuevo miembro.

- Vamos a ir a unas minas cerca del País del Fuego .

Los nidos del Sur.

- Veremos que tal se te da trabajar bajo tierra.

Por cómo lo dijo Kakashi supo que no iba a sacar carbón.

- Por cierto, - dijo el hombre -, ¿cómo demonios se supone que debo llamarte? ¿Mudito?

Trincha-cerdos, pensó Kakashi. Pero no lo dijo. En cambio fue Boy quien habló.

- ¿Por qué no Zetman?

Los dos hombres lo miraron escéptico.

- Sí, como él.- dijo el niño pasandole uno de los mangas. Kakashi lo cogió, miró la portada y se apretó el puente de la nariz frustrado.

Tamaro rió entre dientes.

- Es mucho nombre.

Boy salió en defensa.

- Sí. Zetman. El mas fuerte.- dijo entusiasmado. Ahora Kakashi era quién reía entre dientes y Tamaro fruncía el ceño.

El Copinin se pasó la mano por la cara recién afeitada y dijo:

- Es … demasiado... MAN.- y miró al BOY con complicidad pero el chico no entendía sus reticencias.- ¿Qué tal... umm...Zenma?

La idea caló lento pero con fuerza en la mente apasionada del niño.

- Sí. - sentenció. - Me gusta.

Kakashi asintió conforme.

De repente se empezó a escuchar ruido en la calle. Una de las mujeres se levantó hacía la puerta y la abrió. Inmediatamente hubo una transformación en la sala. Un rebaño de ninjas del Sonido entraron dando voces y gesticulando fuerte. Las mujeres empezaron su actuación. Contoneando mucho las caderas y haciendo alarde de sus pechos semidesnudos cada una se dirigió con precisión a su cliente habitual. Kakashi empezó a comer algo que le había traído Tamaro contento de pasar desapercibido. Eran demasiados.

Las chicas los incitaron a beber haciendo gasto en el bar. Y al volver a las mesas con su hombre-de-una-noche cogido por la cintura, Kakashi se dio cuenta de lo que hacían ademas de calentar el terreno. Una caricia aquí, un pellizco allá, y el hombre caía de bruces ante las artes de la cortesana. Pero que fuerte estás, debes trabajar mucho, qué haces en la ciudad, ganas mucho... Al poco que la mano subía por el muslo y el licor hacía efecto, el tipo de turno descubría su misión con pelos y señales. Kakashi apartó el vaso de whisky.

Miró a Boy. Parecía bastante entretenido leyendo. Kakashi no era un mojigato, con doce años él ya había tenido el Icha-Icha bastante manoseado, pero verlo en directo podía ser turbador a una edad tan impresionable.

- Vamos, - dijo Tamaro de repente poniéndose en pie-, quiero presentarte a alguien. Boy vete a dormir.

El chico levantó la cara y se sorprendió. No se había dado cuenta de que ellas ya habían empezado a trabajar. Así que salió disparado hacia las escaleras con los mangas apretados al pecho.

- Buenas noches, Zenma.- dijo agitando la mano.

Kakashi le regaló una media sonrisa y el chico desapareció. Miró a Tamaro. Lo esperaba y él lo siguió. En una de las mesas, con unas ocho personas, un ninja los saludó.

- ¿Quién es?- dijo. Era un tipo grande al que le faltaba un ojo y varios dientes.

- Trabaja para mí.- dijo Tamaro. Kakashi lo miró de reojo.- Quiero que lo lleves al nido Sur ¿No necesitabas gente allí?

El ogro le hizo un reconocimiento rápido de abajo a arriba, y el copinin entrecerró la mirada.

- ¿Sabrá lidiar con hembras?

Kakashi dio un respingo. Sakura.

- Supongo.- afirmó Tamaro.- Creo que es gay.- dijo mirándolo con maldad.

El copinin decidió ignorarlo.

- Mejor.- resolvió el ogro.- No puedo permitirme mas problemas.

- Bien.- dijo Tamaro frotándose las manos.- Prepara tus cosas, saldrás en cuanto...

- Tranquilo, tranquilo,- dijo el gigante volcándose sobre la joven que tenía al lado -, voy a quedarme toda la noche.- dijo enseñándole la sonrisa mellada a su acompañante. La mujer lo abrazó por el cuello como si fuera el hombre mas bello del mundo.

Tamaro, viendo que de momento no había nada que hacer, se sentó también. Dos chicas aparecieron. Una se acomodó en su regazo y otra le pasó el brazo por la cintura al copinin.

- Me voy a dormir. Hoy ha sido un día muy largo.- le dijo amablemente Kakashi a la joven. Ella retiró la mano y se sentó a la mesa. Kakashi aprovechó para desaparecer.

- ¿No ves lo que te decía?- le dijo Tamaro al ogro.

El otro farfulló algo inteligible entre los pechos de su amante.