Sasuke había encontrado a Sakumo solo en el bosque, apenas acompañado por las invocaciones de su madre. El puma mas grande se interpuso entre el niño y él.
- Ella no está.- dijo el animal enseñando los colmillos como advertencia.
El hombre decidió ignorarlo y rodeando al felino se acercó al niño que dormía bajo un árbol. Se arrodilló y lo sacudió un poco por el hombro. El chiquillo abrió los ojos y al verlo se puso tieso.
- ¿Sasuke-san?
- ¿Dónde está tu madre?- dijo intentando contener la ira.
Sakumo parpadeó y miró a Hyo. Sasuke lo veía por el rabillo del ojo arrastrarse agazapado dispuesto a saltarle al cuello en cualquier momento. Los demás animales los rodearon.
El niño se levantó y se desperezó.
- Se marchó hace unos días. Dijo que volvería antes del cuarto creciente.- dijo señalando al cielo.
Sasuke también se puso en pie y en un movimiento involuntario revolvió el pelo del chiquillo. Sakumo frunció el ceño y le dio un manotazo. Sasuke sonrió de medio lado.
- Bien, esperaré aquí contigo hasta que regrese.
El niño fue a decir algo pero la mirada oscura de aquel hombre lo calló.
Sasuke buscó un lugar apropiado donde dejar su mochila desoyendo los gruñidos de los pumas y se sentó en la hierba para estirar las piernas. El niño lo miraba perplejo. Era la primera vez que estaban solos. Sasuke notó que estaba incómodo.
- ¿Qué sueles hacer cuando tu madre no está?
El niño parpadeó sorprendido por la pregunta ¿Qué que hacía? Miró a los pumas. Los animales no estaban tranquilos y se colocaron estratégicamente entre los dos humanos.
- Sakumo.
El chico se sobresaltó.
- Siéntate aquí.- ordenó Sasuke.
Sakumo lo miró de mala manera. Nadie nunca le había dado una orden. Pero sin la protección de su madre el niño se sintió intimidado y obedeció. Se sentó en la hierba, dando un poco de distancia.
Sasuke lo volvió a intentar y suavizó la voz.
- ¿Cómo te manejas cuando ella no está?
Hyo deslizó su cabezota marrón bajo el brazo del niño, acomodandola en su regazo y éste sonrió. Y Sakumo empezó a contarle con timidez como ellos se encargaban de traerle caza y buscar las guaridas cuando llovía. Le explicó como con dos piedras podía encender un fuego para asar los conejos y calentarse.
- ¿ No sabes hacer un jutsu ígneo?
- ¿Jutsu?- preguntó el niño.
- ¿Todavia no te entrena tu madre?
Sakumo ladeó la cabeza y sacó dos kunai. Los lanzó y los clavó con precisión en un árbol de enfrente. Hyo amodorrado, agitó las orejas molesto y Sakumo se las rascó.
Sasuke asintió. Era bueno.
El niño mas relajado siguió hablando de cómo los pumas espantaban a los osos y a los chacales, y cómo de calentito se dormía en la barriga de Hyo. Que caminaban y caminaban y que a veces cuando le dolían los pies le dejaban montar a lomo.
Y Sasuke estuvo escuchando a aquel niño solitario, dedicándole mas tiempo que a cualquiera de sus hijos. El niño se abrió, todo lo que un niño feliz necesita abrirse, y Sasuke acabó por maravillarse de la labor que su madre había hecho con él. Con cinco años era mas autosuficiente que la mayoría de los adolescentes y con una autoestima a prueba de bombas. Era muy querido.
De repente, con la curiosidad y el desparpajo propia de los niños, Sakumo empezó a hacerle preguntas a él. Sasuke escogió cuidadosamente las respuestas entre los hump y los encogimientos de hombros pero el chiquillo era testarudo.
- ¿Qué es Konoha?
- ¿Tú vives allí?
- ¿Cuántos hijos tienes?
- ¿Por qué yo no tengo papá?
La pregunta no llevaba rencor, pero Sakumo ronroneaba una respuesta mas larga y satisfactoria mirándolo con esos ojos negros medio ocultos bajo el flequillo blanco. La fase de los "por qué" de su hijo no había sido tan comprometedora.
Sasuke apartó la mirada y se revolvió en la hierba. Pensaba que a esas alturas, Sakura le había explicado. Desenvainó su katana y comenzó a afilarla para distraerse. Y le contó, mas o menos.
- ¿Por qué murió?
- ¿Cómo era?
- ¿Cómo se conocieron él y mi mamá?
- ¿Qué es un sensei?
Entonces Sakumo se quedó callado como calibrando la siguiente pregunta.
- ¿Querrías ser tú mi sensei, Sasuke-san?
El hombre miró al niño asombrado. Alguien desde cielo debía estar riéndose de él.
- Tengo que pensarlo.- terminó por decir. Y consultarlo con tu madre, pero eso no lo dijo.
Entonces empezó a sentirla llegar ladera arriba y su humor cambió. Era hora de enfrentar la realidad.
Supo que Sakura había llegado al ver saltar a Sakumo como un resorte. Y levantó la mirada para clavarla en la de ella.
-¡Mamá!- gritó el niño mientras se abalanzaba a su cintura.
Ella se agachó sin dejar de vigilar y lo abrazó muy fuerte con un brazo, apretando mas fuerte aun la espada con la otra mano. Estaba rígida.
- ¿Estás bien?- la oyó murmurar junto al rostro del niño.
Sakumo notó la tensión en la voz de su madre y se percató de las miradas que intercambiaban los dos adultos. Y se hizo a un lado. Sakura se levantó y el niño buscó instintivamente protección colocándose junto a su costado mirándolos a ambos sin comprender.
Los pumas fueron desperezándose y Hyo se acercó a la kunoichi por detrás.
- Sakumo, - dijo ella -, ve a buscar leña.
- Pero si ya tenemos un montón.- respondió el niño perezoso rascándose la nuca.
Sakura lo miró cariñosa y le sacudió la melena rebelde.
- Está noche va a hacer frío.
El niño iba a abrir la boca pero Hyo lo empujó con la cabeza en el hombro. Así que no muy convencido terminó por ceder y se marchó.
Sakura esperó a que el niño se alejara para centrar su atención en él.
- ¿Cómo lo has encontrado?- preguntó la mujer avanzando amenazadora.
Sasuke la ignoró y siguió afilando su espada. La joven se percató de que tras él, en una rama baja, un halcón parecía escuchar la conversación. Sakura lanzó un kunai y el pájaro salió volando. El hombre entrecerró aun mas la mirada.
- Debería matarte.- dijo él.
Sakura levantó una ceja escéptica.
- No sería la primera vez que lo intentarás.- dijo sibilina. Sasuke ahogó un gruñido. Pero no dijo nada.
Sakura sin guardar la espada se acercó un poco mas.
- ¿Qué has venido a hacer aquí?
- ¿Tú que crees?
- Ya no tengo los documentos.- escupió ella.
Sasuke se encogió de hombros desinteresado.
- Eso me lo imaginaba. Pero soy yo quien te trae algo.
Sacó un rolló y se lo lanzó. Sakura lo cogió al vuelo y al verlo apretó los labios. Hokage decía el sello.
- ¿Qué quiere Naruto?- dijo ella sin atreverse a levantar la cara.
- ¿Por qué no lo abres?
Sakura dudó y sin poder evitar el temblor en sus dedos desenrolló el pergamino. Y leyó. Y lo miró con los ojos de par en par.
- ¿Kabuto ha muerto?
Sasuke asintió con la cabeza.
-Y de una forma bastante cruel, incluso para alguien como él. Sus restos fueron encontrados a las puertas de Konoha.
- ¿Por qué?¿Quién?
¿Por qué? Sasuke apretó las muelas, qué ella se lo preguntara le resultó repulsivo.
- No sabemos quién fue pero por algún motivo quería que Konoha tuviera su cuerpo. Suponemos que fue alguien de los nuestros que vive fuera, porque nosotros perdimos su rastro hace años. Pero no lo sé con seguridad.
Ella apretaba el rollo entre sus manos sin levantar la mirada.
- Se ha levantado la veda, Sakura. - Sentenció Sasuke de repente.
Y la kunoichi lo golpeó con sus ojos tristes.
- ¿Sólo has venido por eso? ¿Para decirme lo que ya sé?
Entonces hubo un cambio significativo en él. Toda la tensión pareció escurrirse por los hombros y ayudándose de un profundo suspiro se puso en pie.
- He venido a llevarme a Sakumo.
Su voz sonó calmada, incluso dulce pero la vio estremecerse como si la apuñalaran por la espalda con un kunai.
- ¿Qué?- Leyó en sus labios. Sasuke se acercó con cautela y guardó la katana a su espalda.
- Esta vida que llevas te va a pasar factura tarde o temprano y no quiero que el niño esté cerca cuando eso ocurra. No quiero que vea morir a su madre.- Dio un paso mas, despacio y continuó.
- Pones cada día la vida de Sakumo en peligro, ¿no te das cuenta? No es la forma en que un niño debería vivir.- A cada paso él le daba un motivo mas.
- El día que se te acabe la suerte, ¿qué pasará con él, Sakura? ¿Lo dejarás a merced de unos gatos para que lo críen como a un animal?
Casi sin darse cuenta Sasuke había logrado ponerse cara a cara con su compañera, pero ella se había vuelto a esconder bajo el flequillo rosa y no podía ver sus ojos. Los puños los apretaba contra su cuerpo y la espada no dejaba de temblar. La oía murmurar pero no entendía bien lo que decía.
El hombre se aventuró un poco mas y le rozó la mejilla con la yema de los dedos.
- Vuelve a casa, Sakura. Naruto te espera.
Los dedos recorrieron la fina piel de la mandíbula.
- Tiene un nuevo jutsu de sellado, mas potente. Cree poder contener al Jubi definitivamente.
La sujetó suave por la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. Entonces Sasuke abrió los ojos perplejo al ver los de Sakura. No era lo que esperaba. Sus bonitos ojos verdes estaban ahogados en lágrimas y apretaba los labios con furia. No, Sakura, no te sientas así.
- ¿Tú, tú también me vas a traicionar...?- la oyó decir. Sasuke sacudió la cabeza. Que mujer mas testaruda. Y la abrazó con fuerza ¿Cómo la haría comprender? Naruto lo veía tan sencillo. Si traes al niño, ella vendrá detrás, le dijo.
- Sakura, - empezó a susurrarle en la garganta-, Konoha es tu hogar y el de Sakumo, deja que tu aldea te proteja. Naruto sabe como hacerlo. Es hora de que recuperes tu vida y le des a tu hijo la que se merece.
Ella empezó a tiritar entre sus brazos y él la apretó mas contra si. Era raro que aun no lo hubiera empujado.
- ¿Tú también me vas a dejar?- susurró ella en su hombro.
Sasuke levantó la cara bruscamente y la miró furioso.
- ¿No oyes lo que te estoy diciendo? Ya no estáis a salvo. Vuelve a casa.
Entonces Sasuke vio su rostro dulce derruirse por la pena.
- ¿A casa?
Y terminó por comprender.
- Mierda, Sakura.- dijo sacudiendo la cabeza. Ahí él no podía hacer nada. Kakashi no estaba, bien, pero su aldea sería siempre su hogar ¿Acaso la estaba evitando por otro motivo aparte que protegerla del Jubi?
Aprovechando su suerte, le acarició los labios secos.
- ¿No crees que a él le gustaría ver a su hijo en Konoha y no corriendo ésta mala vida?
Sabía que decir su nombre frente a ella era tabú, pero con solo mencionarlo la notó tensarse como un rayo entre sus brazos. Se había vuelto loco, había que estarlo para en semejantes circunstancias arriesgarse a tocarla mas, pero era inevitable, verla tan vulnerable por culpa de él, lo hacía hervir en celos y querer meterse en su corazón aunque fuera a la fuerza. Y deslizó los labios sobre los de ella.
La reacción no se hizo esperar. Sasuke casi se rió de si mismo al verla desenvainar y lanzarse a su garganta fuera de si. Estaba visto que lo único que podía provocar en ella era lujuria enmascarada en odio, pensó desilusionado.
- ¡ No me toques, desgraciado!- gritó la kunoichi atacándolo.
Sasuke alcanzó a detener el lance enredando la punta de la katana con la empuñadura de la suya aun embainada y la desarmó con facilidad. Debía estar muy cansada. Pero la ira se multiplicó por diez y la fuerza por mil. Y empezó a atacarlo con las manos desnudas. Sasuke se defendía bloqueando los golpes de taijutsu a duras penas. Dios, cuando Sakura perdía los estribos era mejor andarse con ojo. Y despertó el Sharingan. Los movimientos ahora se deslizaban mas despacio, a cámara lenta pero aun así tenía que obligar a su cuerpo a ir por delante. Así que una de las veces le hizo un barrido y consiguió tumbarla. Pero al querer lanzarse sobre ella para aplastar su cuerpo bajo el suyo, su ansiado cuerpo, ella rodó sobre si misma y se enderezó con rapidez. Con la suficiente rapidez para darle una patada en las costillas. Sasuke exhaló todo el aire de golpe y quedó sin respiración. Y supo que estaba perdido. Sakura lo cogió del cuello, lo puso en pie y empezó a golpearlo a discreción. Cuando se cansó, lo soltó y dejó que cayera a tierra como un muñeco de trapo. Sasuke, se retorcía de dolor, pero apretó los labios y no salió ni una sola queja. Pasaron algunos minutos. Él apoyaba la mejilla en hierba, mirando sus pies. Tal vez debiera sentirse humillado, era lo lógico. Pero se contentó con esperar el golpe de gracia. Se centró en la respiración agitada de ella, en sus esfuerzos por controlarla, en la labor titánica que estaba llevando a cabo, queriendo doblegar la ira y tomar de nuevo el control de su mente.
La vio arrodillarse junto a él. Lo tomó con suavidad por debajo de la nuca y lo ayudó a ponerse boca arriba. Vio su mano manchada de su sangre posarse sobre su pecho y comenzar a emitir chacra sanador. Vale, aquello sí era humillante. Su magia iba haciendo efecto y el dolor fue desapareciendo a medida que cada hueso volvía a su lugar. La miró a la cara. Dejó de sentir dolor. Su rostro, pálido, frío como el mármol, tenía la belleza de esos ángeles de piedra que guardan los cementerios. Sus ojos, verdes como el fondo desconocido y abismal de algún océano, oscurecidos por la concentración requerida en la técnica, trasmitían la piedad y el poder de quién sabe que puede matarte y no lo hace. Sasuke desvió la mirada. La oyó hablar.
- Sasuke...
Él giró de nuevo la cara. Ella entrecerraba la mirada dando a sus palabras calidad de verdad absoluta.
- No voy a volver.
Sasuke aguardó.
- Sakumo debe estar conmigo. Soy la única que puede controlarlo.
Un gemido luchó por salir por su garganta y su bello rostro se contrajo.
- Y es mi hijo...
Algo dentro de Sasuke se revolvió. No le era difícil imaginarse como se sentía. Si alguien le quisiera arrebatar a alguno de sus hijos... Realmente no supo lo que había querido a sus padres hasta que nació Kento. Intentó enderezarse y ella lo ayudó. Sentado, con las manos en el regazo, rebuscó en su mente. Pero para él las palabras de consuelo era como hablar en un idioma extranjero.
- Sakura …, deja a Naruto que te ayude. Lleva muchos años detrás de ese jutsu.
Ella lo miró y su boca quiso sonreír un poco.
- No se da por vencido ¿verdad?
Sasuke se alzó de hombros y sonrió también.
- Ya lo conoces.
Entonces él la vio levantar la mirada y perderla un momento, en los recuerdos.
- La otra vez no sirvió.- dijo en un murmullo, susurrándole al bosque.
Sasuke, de repente esperanzado, volvió a insistir.
- Porque el sello era para ti, no para el embrión. Él no se podía imaginar que estuvieras embarazada...
Sakura asintió sin darse cuenta.
- Pero ahora es un niño, y el jutsu está mejorado. Ademas piensa hacer algo con la luna.
Sakura lo miró de repente sorprendida.
- ¿Con la luna?
- No sé en que consiste pero él está muy seguro.
- Bueno,- dijo ella, volviendo al presente y retirando la mano curativa -, él está siempre seguro de todo, aunque sea una locura y vaya destinada al fracaso.
Sasuke afirmó con la cabeza.
- Es cierto, y es por eso que siempre vence.
Ella frunció el ceño, y él casi podía escuchar en su cerebro los engranajes, buscando excusas, pensó él.
Entonces algo se atravesó en su mente, y su rostro se fue oscureciendo, volviéndose sombrío y triste. De nuevo, él.
- Sakura...- susurró echándole un cable.
Ella se puso en pie. Mierda, la estaba perdiendo, había estado tan cerca.
- Sakura.- la llamó pero ella ya se alejaba. Recogía la mochila del niño, su espada y volvía al interior del bosque.
Sakumo con los brazos llenos de troncos los miraba a ambos ¿triste? Sasuke se puso en pie y gritó.
- ¡Deja de pensar en ti! ¡Piensa en tu hijo por una vez !
Sabía que era llamar a la puerta de la muerte con mucho entusiasmo pero la mirada del chico parecía haberlo vuelto un desequilibrado.
Sakura se detuvo y él se preparó para el ataque. Pero no llegó. Ella nunca lo haría delante de Sakumo.
- Es por mi hijo que lo hago. - dijo Sakura. Y mirándolo por encima del hombro le preguntó.- ¿Cómo crees que se sentiría si despertará en Konoha después de despertar Jubi?
Sasuke abrió los ojos de par en par, y los vio alejarse, adentrándose en el bosque, desapareciendo otra vez de su vida.
Aun cuando ya hacía un rato que su rastro se había perdido, Sasuke seguía hundido en sus palabras. Quizás, después de todo, ella tuviera razón. Si el jutsu no funcionaba, las consecuencias serían irreparables. Si Kyubi fue devastador, Jubi sería definitivo. Que él tuviera fe ciega en Naruto no quería decir que no fuera capaz de ver la posibilidad de error.
Los recuerdos de su primer encuentro con Sakura tras su secuestro se mezclaban con los días en que Itachi acabó con sus padres y todo su clan.
Había estado en una misión de reconocimiento en una aldea del país de las Olas, y al anochecer, estalló el caos . Un rugido retumbó atravesando toda la ciudad como un tsunami, golpeando en el interior de la gente, como una llamada al infierno. Todo el mundo salió a la calle aterrorizado, mirándose unos a otros, sin explicarse de donde venía ese aura de maldad. Aquella fue la primera y la única vez que vio a Jubi en todo su esplendor. El terror lo inmovilizó. A las afueras de la ciudad, un gigantesco engendro, negro y con muchas colas, tan grande que opacaba el cielo, levantaba las manos intentando alcanzar la luna.
La luna. Aquello fue extraño y al mismo tiempo lo mas familiar. Sobre la luna, grande, roja como la sangre, se reflejaba el Rinnegan con los tomoe del Sharingan girando vertiginosamente. El Tsukuyomi Infinito. El sentimiento fue avasallador. El demonio volvió a bramar y una ola de chacra destructor lo sacudió todo.
Sasuke recordaba no haber reaccionado a tiempo y, cuando la bestia bajó la cabeza y miró la ciudad con su ojo, tuvo la certeza de que su fin había llegado. La gente empezó a correr despavorida en todas dirección sin orden, fuera de control. Los ninjas de la aldea se lanzaron contra la bestia en un intento inútil de morir con honor. Sus compañeros de la Arena se unieron. Sasuke apenas tuvo tiempo de abrir la boca para detenerlos cuando la bestia agitó un poco las colas como espantando moscas y la sola onda expansiva los disolvió. El Jubi estaba enfurecido. Era evidente que por algún motivo quería alcanzar la luna. Y la frustración la pagó con aquellas hormigas que correteaban entre sus pies. Con una sola zancada estuvo en medio del pueblo. Sasuke, atónito, vio como todo el norte de la ciudad, que había quedado bajo su oscuro vientre, estallaba en llamas. Las llamas se volvieron negras y empezaron a consumir, y a consumir... Amaterasu. No, no eran exactamente igual, el olor que provenía no era a quemado, era a pútrido, a carne corrupta . Lo único que oía era los gritos de la gente de la zona sur, donde él se encontraba, y lo volvieron a la realidad. E intentó huir. Pero a mitad del salto una nueva explosión lo empujó varios metros golpeándolo contra una pared, dejándolo casi inconsciente. Aun con la cara aplastada contra el suelo y el pelo cayéndole sobre los ojos, seguía viendo al Jubi rugir, agitar las manos al cielo y entonces vio algo mas. A riesgo de perder el conocimiento despertó su propio Sharingan. Había algo en el interior del vientre de la bestia. Muy pequeño, casi diminuto pero pálido y vivo. Iba a sucumbir pero una visión inquietante lo obligó a forzar mas la vista. Una figura, de espaldas, a los pies del Jubi. Una mujer. El fuego le dio a su cabellera un cariz rosado y finalmente Sasuke se desmayó.
Sasuke despertó. Y se quiso morir. No había un solo centímetro de su cuerpo que no le doliera de forma insoportable. Le zumbaban los oídos y no veía nada. Y entonces vino el olor. A cadáver, a cadáver en descomposición. Se le revolvió el estómago y el miedo lo hizo intentar enderezarse ¿Era él quién olía así? Miró alrededor, forzando la vista, queriendo ignorar el dolor que ese simple movimiento le provocaba. Y aquello volvió. El recuerdo que tenía enterrado en el fondo de su corazón.
Los cuerpos de su padre y su madre. Sus tíos, sus primos, toda la gente que conocía y había querido de niño, yacían sin vida rodeándolo, quemándose bajo aquellas llamas negras.
Sasuke gritó y se apretó la cabeza con las manos.
Y entonces el rostro dulce de su madre fue cambiando y se volvió el de una mujer que no desconocía. Sus ojos vacíos lo miraban preguntandole por qué él vivía y ella no. De su cuerpo solo había quedado un muñón negro y quemado. Su supuesto padre también resultó ser un desconocido, y se cocía sobre sus propios jugos reducido a una masa purulenta.
Asqueado se arrastró, quería alejarse de aquello, pero una bruma oscura y apestosa lo contaminaba todo y no podía ver. Tras palpar varios cuerpos decidió quedarse quieto y esperar sentado a la muerte. Pero sorprendentemente, aquella noche no llegó.
Y los primeros rayos del sol atravesaron las nubes negras. El amanecer fue disolviendo la bruma y Sasuke miró al cielo agradecido. La cálida luz de la mañana acarició su rostro y las lágrimas salieron solas. La luz se llevó el miedo pero trajo la tristeza. El pueblo había sido aniquilado, solo unos pocos cadáveres esparcidos delataban que había habido vida alguna vez. Entonces a lo lejos, la vio. Arrodillada en el suelo, en medio de aquel holocausto, un ser vivo. Una joven inmaculada, de cabello rosa y piel de alabastro. Vestía ropa sencilla pero a él le pareció una virgen, una diosa pura y gentil. Mecía algo, y al seguir con la mirada sus brazos de porcelana, vio un niño pequeño. Madre. Fue lo primero que se le vino a la cabeza. Su propia madre y lo que la había querido. Y de repente alguien grito. Y alguien mas.
Sasuke se giró. Habían llegado vecinos de otras aldeas y miraban aquella devastación perplejos ¿Si ayer aquí había un pueblo? Varias personas se acercaron a él queriendo atenderle. Pero Sasuke quiso verla una vez mas.
- ¡La bruja!- escuchó.- ¡Es la bruja!¡Cogedla, ella ha matado a toda esta gente!¡La bruja invocó al demonio!¡Cogedla!
Sasuke solo alcanzó a coger a uno de la manga, pero los demás se lanzaron hacia la joven. Entonces ella giró su rostro y miró en su dirección. Sus ojos verdes lo golpearon dejándolo sin sentido. Ella también lo reconoció y una sonrisa amarga se dibujó en su boca. Se puso en pie y apretando el niño contra su pecho, realizó un jutsu y se esfumó.
- Sakura...- gimió Sasuke alargando la mano. Pero ella ya no estaba. Igual que en aquellos momentos.
Sakura se había habituado a salir y entrar de su vida sin avisar ¿O era él? Daba igual, porque él era siempre el que se quedaba con la sensación de vacío. Recogiendo su mochila y tomando camino hacía Konoha, le daba vueltas y vueltas a la cabeza, buscando la forma de explicarle a Naruto que Sakura se negaba a volver porque no confiaba ni en él ni en su jutsu. El Teme seguía siendo un sentimental a pesar de su glorioso traje Hokage.
Pero no podía dejar de pensar en Sakumo. Si en algún momento el jutsu se debilitaba y Sakura no estaba cerca sería el fin de Konoha ¿ Y qué pasaría cuando todo acabara y Sakumo mirara a su alrededor? Ningún niño debía ser testigo de tanta muerte. Él era claro ejemplo de las consecuencias.
Un saludo a todos los que se acuerdan de comentar lo que les pareció el capitulo, incluidos los Guest, es estimulante.
