Gracías como siempre a los que me acompañan en esta historia. Hay una canción que hace bastantes meses me golpea el cerebro. Es UltraNUMB de Blue Stahli. Me inspira en muchas cosas que hago, y en particular en el principio de este capítulo. Os la recomiendo de forma agresiva y despótica, jajaja. Besitos.
Corre, corre se grita Sakura. Oye sus pisadas tras ella y el corazón se le sale por la boca. Sus piernas son tan lentas y los pasillos tan largos. Y cuando gira una esquina otro pasillo mas, otro mas, y otro mas... rojo, negro, rojo, negro...
- ¡¿Dónde hay una puta salida?!- brama rompiendo aquel silencio húmedo y asfixiante.
De nuevo las pisadas, el miedo y echar a correr. Joder, va a volverse loca si la toca de nuevo. No, una vez mas no.
Gira a la izquierda, parpadea.
Una luz blanca, estéril y quirúrgica, al final del pasillo negro .Y corre como alma que lleva el diablo. Es una puerta abierta. Una salida. Cada vez mas cerca, mas cerca, la luz crece, brilla, quema las retinas pero no importa porque la salida es mas grande, la puerta mas abierta... De repente alguien al otro lado. Una sombra.
Sakura se detiene y se prepara para dar marcha atrás. La luz del exterior ilumina todo el pasillo y define el contorno de la figura. Arrastra las muelas cuando la salida empieza a acercarse a ella y la libertad se convierte en una trampa. La luz se va atenuando y ya no deslumbra. El desconocido va tomando forma. Un hombre, un ninja, un chaleco jonnin. El cabello una llama blanca, el rostro cubierto por una máscara negra...
Sakura aprieta los puños. Otra vez no. Recula hacia atrás. La espalda choca con algo duro y ella salta y se gira. Un muro. Mierda. Está encerrada y él cada vez mas cerca.
Sakura golpea la pared y ésta ni se inmuta. Grita. La patea, machaca sus puños hasta que sangran. Entonces lo siente tras ella y se detiene. Se da la vuelta poco a poco con la mirada desorbitada.
Él está tan cerca que tiene que levantar la cara para ver la suya. Es tan extraño, no lo huele. No huele a nada. Está a sólo un palmo y no siente su calor. Sakura sabe que de un momento todo estallará a su alrededor. Pero es débil, y una masoquista. Y se permite disfrutar un segundo de su tortura. Él es idéntico salvo por su ojo negro que la mira con indiferencia. El otro es puro vacío rojo, como cristal. Sakura se muerde los labios. Si al menos pudiera besarlo.
Entonces siente las manos desde atrás. Sakura salta dentro de su piel pero no desclava la mirada del ojo ónice. Esas manos frías recorren la espalda desnuda, la nuca, los hombros... Ella no se mueve pero el corazón martillea sus costillas y duele. Las manos suben por la garganta y ella cierra los ojos. Sabe lo que va a venir. La aprietan con fuerza y tiran hacia atrás estrellándola contra el muro. Los ladrillos arañan la piel. Sakura se revuelve y mas manos aparecen. Le apresan los tobillos, la cintura, las muñecas como un cepo lascivo. Una mano se escurre entre sus piernas y ella mira. Guantes negros. Siempre tan escrupuloso, el cerdo. Los dedos alcanzan su sexo y ella levanta la cara. Lo ve a él y gime. Le echan el aliento al oído.
- ¿Te gusta, Sakura?
Ella ignora la voz, no es esa la voz que quiere escuchar. Los guantes negros alcanzan sus pechos y pellizcan los pezones. Los dedos se pierden en su interior y ella se pierde en ese ojo oscuro que la mira a mil años luz, en ese rostro que ama, en ese pelo canalla.
El deseo la ciega. Sakura tira de si misma y se desata de los tentáculos. Extiende sus manos y alcanza con la yema de los dedos el filo de la máscara. La baja, y ella sonríe. Es casi idéntico. Se pone de puntillas y busca sus labios fríos. Pero él frunce el ceño y le agarra las muñecas. La empotra brusco contra la pared y ella solloza. Las manos negras la atrapan de nuevo y él se retira. Ahora las manos son mas violentas y aprietan la piel.
La coge del pelo y la inclina hacia delante. Sakura grita. Sus entrañas gritan. La atraviesa como un hierro candente y ella se arquea. Tira de la melena hacia atrás y siente de nuevo su aliento en la garganta.
- Vamos, cariño, sé que te gusta.
Sakura recibe los embistes en su cuerpo y lo mira a él de nuevo. La figura inerte. La excitación es extraña, nauseabunda pero inevitable. Ella se relame los labios secos y gime de nuevo. Quiere sus manos, quiere su boca, lo quiere a él dentro de ella. A media que el calor sube imparable entre sus piernas la luz blanca que los envuelve se va volviendo roja. El ojo impasible despierta el Sharingan. Comienza a girar y las paredes estallan en llamas. El fuego arrasa su vientre y los pezones arden. Todo se derrite a su alrededor. Las manos se vuelven frenéticas y los golpes en el trasero histéricos. Sakura está atada a su mirada y siente como el placer la va arrastrando. Solloza, no quiere que termine. Sabe lo que pasará cuando acabe el jadeo en su nuca. El ojo rojo ilumina su rostro de cera y ella susurra su nombre. No puede aguantar mas pero tiene tantas ganas de besarlo... Si al menos le dejara hacerlo una vez, solo una vez. Su cuerpo impío la traiciona y la descarga de liberación la recorre entera. Entonces la realidad se va escurriendo como la lava, solidificándose negra y fría a sus pies. Todo queda a oscuras. Sakura temblorosa ve apagarse el Sharingan. Y Kakashi se deshace como un castillo de arena.
Un gemido de placer lame su espalda pero ella ya no oye nada. El cepo desaparece y Sakura cae de rodillas. Toma la arena en sus manos y se le escurre entre los dedos. Un grito desesperado y agónico retumba en las paredes quemadas por la pesadilla y Sakura se deja caer sobre la arena abrazada a si misma.
…...
- ¿Cuánto tiempo lleva así?- preguntó Chiharu.
- Desde que la trajeron los guardias, madre. Ya van casi seis horas.- contestó Chihiro.
La mujer mayor se agachó todo lo que su abultado vientre le permitía y palmeó la mejilla de Sakura. Su hija, que acogía a la kunoichi en su regazo, negó con la cabeza.
- No sirve. También le he mojado la frente y nada. - La joven sacudió la cabeza impotente.- Es muy extraño. Ninguna de las drogas es tan fuerte.
Chiharu tomó el rostro de la pelirrosa y le abrió los ojos. Las pupilas estaban muy constreñidas como si hubiera sido cegada con una luz muy potente.
- Esto no es una droga de Kabuto.
-¿Qué le pasa?- dijo otra mujer. Chiharu se giró y le gritó:
- ¡Vigila!¿Quieres que nos descubran aquí?
La mujer dio un respingo y volvió a colocarse a la entrada de la celda para vigilar los pasillos.
Chiharu se sentó en el suelo, tras echar un vistazo tras su espalda extendió la mano hacia la frente de Sakura y empezó a emitir luz verde. Su hija abrió los ojos pero no dijo nada, en cambio miró la entrada con insistencia, alerta.
Al poco la mujer retiró la mano.
- Está muy mal. No creo que sobreviva.- dijo mientras le levantaba el vestido dejando al descubierto el sello tatuado.- Está aun muy fresco y no deja circular el chacra.
- ¡Quitaselo, mamá! No dejes que muera.- gritó la joven apretando a su amiga.
- Si se lo quito estando ella inconsciente el chacra saldrá de golpe y tendremos aquí a los guardias en segundos.
- ¿Qué le ha hecho ese desgraciado?¿Por qué se ensaña así con ella siempre?
- Él ha utilizado su Sharingan. - afirmó Chiharu.
- ¿Sharingan, madre?
La mujer asintió.
- Ese ojo, - dijo señalándose su propio ojo derecho -, es herencia del clan Uchija. Por lo que hace tiempo deduje que es descendiente o lo robó. Escuche que en Konoha lo utilizaba la policía en los interrogatorios pero no sabía que se podía torturar con él.- dijo mientras le retiraba el flequillo rosa de la cara.- No entiendo por qué lo hace. No lo necesita. Es la primera vez que veo que lo use con una de nosotras.
- ¿Crees que la conoce?- susurró su hija.
La mujer asintió.
- Tiene algún tipo de rencor contra ella, - Chiharu suspiró-, o la desea. No sé lo que es peor.
De repente la joven se echó a llorar.
- Se lo dije, que no escapara mas, que dejara de huir, pero no escucha, mamá, no escucha nunca...
- Tranquila, hija, - dijo poniendo una mano sobre su hombro -, es cosa de la edad.
- ¿Qué vamos a hacer?- rogó la muchacha restregándose las lágrimas.
Chiharu guardó silencio un rato, hasta que finalmente, con esfuerzo se levantó del suelo y salió fuera de la celda.
- Eh, tú, - le gritó a un guardia que pasaba a lo lejos,- dile a Kabuto que se dé una vuelta por aquí si no quiere perder a la pelirrosa.
…...
Chiharu y el resto de mujeres tuvieron la precaución de salir de la celda antes de que llegara el medic-nin. No sabía que reacción tendría Kabuto pero era mas conveniente que no supiera quién había dado la voz de alarma. Como supusieron no tardó mas que unos minutos en hacer aparición. Eso no hizo mas que confirmar sus sospechas. La kunoichi pelirrosa no era una desconocida para los Akatsuki.
…...
Sakura observaba sin demasiado interés desde el fondo del pozo de su conciencia. La realidad pasaba frente a sus ojos como una película muda, en blanco y negro y sin ningún argumento. Veía a los protagonistas mover los labios pero ni entendía lo que decían ni tampoco le importaba. Su propio personaje era un esperpento de si misma. No era una mala sensación sentirse tan fuera de si, tan ajena a su identidad, tan desconocida, tan anónima. Nada tenía importancia.
En algún momento los personajes cambiaron pero la historia siguió igual de aburrida. Creyó reconocer al nuevo protagonista, no su rostro, mas bien la reacción que provocaba en ella. Pero la balsa de aceite donde permanecía sumergida su voluntad era demasiado cómoda, demasiado insensible para incitarla a recordar.
Entonces empezó a sentir un escozor. Quiso rechazarlo, no quería sentir, nada, pero no pudo evitar ir reconociendo sus venas a medida que estas chillaban ante el ardor tóxico que las iba llenando poco a poco. El veneno llegó a su corazón dormido y éste saltó queriendo escapar entre las costillas. La sangre se desbocó por todo el sistema espoleada por la ponzoña, y llegó a su cerebro a tropel. Los sesos levantaron las manos espantados, aun no estaba preparada para despertar pero cuando el flujo corrosivo llegó a los pulmones y estos se expandieron dolorosamente aspirando, no tuvo mas remedio que despegar los parpados.
Al abrirse al mundo lo primero que le vinieron fueron nauseas. Kabuto se cernía sobre ella con sus ojos de reptil. Sakura alcanzó a dar un manotazo para intentar alejarlo pero era pura gelatina.
- Estate quieta, vas a hacerte daño.
La voz distorsionó en sus oídos y la kunoichi parpadeó queriendo centralizar los sentidos en la amenaza. Miró lo que estaba haciendo. Le inyectaba algo con una jeringuilla. Por el suelo habían esparcidos varios botes vacíos. Sakura echó la cabeza hacia atrás mareada. Con las prisas Kabuto no había podido esconder las pruebas y ella no quería ni pensar en lo que le había puesto. Mirando el techo de la celda, quiso abstraerse de la corrosión que recorría su sistema circulatorio, era como si le hubiera vertido amoniaco en las venas. Con una sonrisa amarga certificó que para su desgracia seguía viva, el dolor era testimonio. Al bajar la cara vio que Kabuto la vigilaba con el rabillo del ojo.
- ¿Cuántas veces van esta semana?- dijo de repente el medico.
Sakura no sabía a lo que se refería, no estaba muy lúcida en esos momentos.
- ¿Cuántas veces...- insistió el hombre desviando de repente la mirada -, te ha tomado?
La kunoichi abrió los ojos ¿tomado? Se le escapó una risita histérica estrujando sus pulmones.
- Eres un encanto.- medio vocalizó la mujer con un hilo de voz.
Kabuto parpadeó. Definitivamente la pelirrosa había perdido la cabeza. Quizás se había pasado con el carbonato de amonio.
- No sé, no llevo la cuenta, ¿qué día es hoy?- murmuró la joven como si tal cosa.
- Martes.
- Pues unas veinte veces supongo.
El medic-nin gruñó bajo o eso le pareció a la kunoichi, y ella sonrió de medio lado. En el fondo el idiota tenía un poco de compasión, la compasión del cocodrilo antes de cerrar la boca en el muslo del antílope. Sakura entrecerró la mirada cuando vio que sacaba una jeringa vacía. Le pinchó en el otro brazo y le sacó sangre. Viendo llenarse la válvula del líquido oscuro, se preguntó para qué la querría.
- Te convendría dejar de huir.- dijo de repente Kabuto.- Eso lo excita. - añadió.
Sakura levantó la cara y la bilis le quemó la garganta. Ya no le quedaba suficiente sarcasmo para aguantar aquello.
- ¿Qué le excita? ¿Follarme o volverme loca?
Kabuto no contestó a aquello. Probablemente ni para él tenía sentido.
Sakura observó con atención como el medic-nin abría un tubo de ensayo con algún tipo de tinte y vertía la sangre en él. La sangre oscura comenzó a tomar un color anaranjado fluorescente. De nuevo su corazón empezó a palpitar, esta vez de forma dura y desagradable.
Kabuto la miró.
- Has tenido suerte. Ya te va a dejar en paz.
Sakura apenas escuchó sus palabras. Sabía el significado de aquel color ambarino y aquello le cayó como un jarro de agua fría. Sobre lo único que aun tenía control, sobre su voluntad de vivir o acabar con todo aquello, también le había sido arrebatado. Ahora era responsable de una vida, de una vida en su interior. Y eso apretó la soga al cuello, ahogándola mas aun.
Tan perdida estaba en sus pensamientos que no vio a Kabuto levantarse y alejarse hacia la puerta.
- Se lo comunicaré a Tobi y veremos cuando empezamos con las pruebas.
Aquello hizo levantar la cara de golpe de la kunoichi.
- ¿Pruebas?
Kabuto no contestó pero la media sonrisa de satisfacción en su cara de reptil le puso los pelos de punta. Finalmente se marchó en silencio dejándola con la duda. Sakura sacudió la cabeza, tenía el presentimiento de que sus incógnitas no tardarían en resolverse.
Dolorida, miró su camastro. Chihiro, como siempre, le había preparado algo de ropa y una tina con agua limpia. Era costumbre en aquella prisión que dejar esas cosas listas tras la retirada de la compañera de celda. Una vez cubierta, el primer instinto de una mujer era de lavarse. Era mas un acto psicológico que físico. El agua era escasa pero ayudaba a arrastrar las huellas, descoloriendo el rastro que Tobi dejaba en el cuerpo. Cuando ambas compañeras se volvían a ver no había palabras de consuelo. No había ocurrido nada, nada digno de ser mencionado.
Sakura, medio limpia y medio vestida, se subió a la cama y enterró la cara entre las rodillas. Hacía tiempo que las lágrimas habían dejado de consolar y no servían mas que para humedecer la cara y el pelo.
Un bebé. Un hijo de ese desgraciado. Otro proyecto de Uchija. Otro proyecto de jinjuriki. Ese desgraciado había logrado su objetivo y la había preñado. Sakura se sintió una cabeza de ganado mas.
Notó un brazo sobre sus hombros y se sobresaltó. Ni siquiera las había oído entrar.
- ¿Cómo te encuentras?- preguntó Chihiro con voz cálida. Su madre y otra mujer mas la observaban desde la puerta de la celda.
Sakura bajó un poco la cabeza.
- Ya estoy mejor.
- Nos diste un buen susto.
La pelirrosa levantó la cara y vio en el rostro amable de su amiga la sincera preocupación. Sin mucha intención, Sakura deslizó la mirada a su joven vientre.
- Yo también voy a tener un hijo.- susurró.
La kunoichi notó tensarse el brazo sobre sus hombros. Sakura buscó sus ojos, y vio su ceño de repente crispado. La muchacha desvió la mirada a su madre. El ambiente cálido se enrareció.
Chiharu desde la puerta parecía mas grande, mas alta y mas gorda.
- Salid a fuera. Tengo que hablar con ella.
En silencio las dos obedecieron. A Sakura el nudo de la soga dio otra vuelta mas. Si ellas la rechazaban entonces...
Chiharu se sentó en el filo de la cama, dejando alguna distancia. Sakura se sintió pequeña a su lado, nunca una mujer le había intimidado tanto. Ni Tsunade en sus días malos.
- Eso que llevas ahí no es hijo tuyo.- disparó la mujer sin anestesia.
Sakura se echó hacia atrás aturdida.
- Lo que alojas en tu vientre es un engendro, y te traerá mas dolor del que puedas soportar. Y si aun así, sobrevives, cuando nazca te lo quitará de las manos para seguir torturándolo.
Sakura abrió la boca pero no le salían las palabras ¿Cómo esa mujer en ese abalanzado estado de gestación podía hablar así de su hijo? En el fondo de Sakura, mas o menos bajo el estómago, un animal comenzó a enseñar los dientes.
- No tienen la culpa, ellos no eligen nacer.- Logró susurrar la joven. Su propia voz salió mas convencida de lo que esperaba y le dio valor.
Chiharu arrugó la boca y su mirada se volvió mas amenazadora.
- ¿Y tú sí?¿Tú tienes la culpa?¿Nosotras tenemos la culpa de estar aquí encerradas? ¿De que nos violen, de que nos torturen, de que nos traten peor que a las bestias?- dijo Chiharu cada vez mas alto.
Sakura desvió la mirada hacia la pared de piedra de enfrente y empezó a estrujarse las manos.
- No. Pero de nada sirve ahogar la frustración en un bebé. No lo voy a culpar de lo que Tobi me hace.
De repente Chiharu se puso en pie.
- Ya me lo dirás cuando Kabuto te ponga las manos encima. Veremos si entonces defiendes tanto tu barriga.- Y salió dando grandes zancadas. Las otras dos mujeres la siguieron.
Sakura entrecerró los ojos.
Por lo visto ahora era el turno de Kabuto. Probablemente querría determinar si el embrión era apto para albergar a algunos de los bijuu. Y mientras dejaba la mente vagar sus manos se fueron relajando. Un bebé.
Una sensación cálida fue subiendo por el estómago, acariciando la garganta y llenando su boca. Suspiró y una sonrisa tonta empezó a dibujarse en su cara.
Empezó a darse cuenta poco a poco de que la noticia al principio frustrante, comenzaba a sanarla desde adentro. Algo nuevo latía en su interior, y era algo bueno. Miró hacia la puerta. Ellos no le pondrían las manos encima.
…...
Aquella tarde cuando bajó a los comedores, las demás mujeres le hicieron el vacío. A Sakura no le importó realmente hasta que quiso sentarse en la mesa junto a Chihiro. La muchacha no dijo nada pero Chiharu le lanzó una mirada de advertencia. Con mas o menos dignidad, la pelirrosa siguió su camino y se sentó sola, mas al fondo. Con la espalda contra la pared.
Había perdido el apetito, y aprovechó ese tiempo para intentar entenderlas. La veían como una amenaza. Una amenaza a su forma de vivir, a su forma de mantenerse cuerdas. Sakura no sabía cuanto tiempo llevaban allí ni cuantos hijos habían perdido ya. Se sintió mal. Había estado tan sometida por el miedo a Tobi que había dejado de mirar a su alrededor.
No sabía muy bien como había sido, pero su instinto de madre había aflorado con una rapidez casi antinatural, probablemente a causa del vacío en su interior que necesitaba ser llenado con urgencia. Y aquellas mujeres habían ido sobreviviendo echando las cargas a esos recién nacidos que dios sabía dónde iban a parar. Sakura frunció el ceño ¿Dónde estaban? ¿Había entre aquellos muros una guardería de pequeños Uchija? ¿Habían logrado sellar alguno?
Sakura apretó los puños bajo la mesa. Ella no iba a permitir que se lo quitaran. Haría cualquier cosa por salvar lo único bueno que quedaba de ella. Sakura se miró las manos y se forzó a relajarlas.
Ellas la veían como una amenaza porque si se extendía entre las mujeres ese sentimiento de protección, la vida aparentemente cómoda se volvería un caos. Tobi y Kabuto lo habían logrado. Las habían llevado al nivel de autoestima del ganado. Mas fácil de dominar que cientos de mujeres rabiosas por defender a sus hijos.
Pero ella estaba lejos de doblegarse.
Tenía que conseguir ayuda. Naruto...
…...
Aquella noche Sakura no pudo pegar ojo. No era suficiente con esperar a que Tobi apareciera, que ahora Kabuto también quería algo con ella.
Pruebas.
Ella era médico pero no tenía ni idea de qué buscaban exactamente. En teoría ciertos clanes como el Uzumaki habían tenido en sus génes algo que los habían hecho particularmente resistentes para albergar a los bijuu. El caso de Gaara era distinto, lo habían sellado de forma artificial. Doña Chiyo había hablado de una técnica de sellado pero Sakura la desconocía .
Los suaves ronquidos de su compañera la volvieron a la realidad. Había dejado de hablarle, pero mas de una vez había captado sus miradas de compasión. Sakura se sintió triste. Por lo visto en su vida no cabían las cosas buenas. Cuando una llegaba otra se iba. Sin poder evitarlo sus pensamientos volvieron a Kakashi. Como cada noche.
Él la acompañaba a la hora de dormir, la consolaba y le daba fuerzas. También le recordaba su misión. Vengarlo. Y Sakura mirando el techo se preguntaba cuando tendría la oportunidad. Ahora con bebé en su vientre todo se volvía mas complicado. Desde luego tendría que hacerlo antes de ponerse gorda. Con una sonrisa amarga, se preguntó que le parecería a Kakashi la noticia. Él que tenía tantas ganas ser padre... Dos lágrimas se escurrieron a cada lado de la cara.
Sakura se giró de lado y se la restregó con fuerza. De nada servía llorar. Y bajo el abrazo cálido de su amante logró dormirse.
