Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer
Mientras caminaba Edward se dio cuenta de que en una mano se había quedado con las alianzas de los dos y en la otra llevaba uno de los pendientes de Bella que con el forcejeo final se había quedado en su mano.
Antes de ir al hotel donde había dejado sus cosas caminó hasta el borde del rio y apoyado en la barandilla miró las alianzas en su mano. Había tantos recuerdos, tanto amor… cerró el puño con fuerza, se limpió una lágrima que caía por su mejilla y lanzó las alianzas al rio, las cuales fueron arrastradas por la corriente hasta algún lugar donde nadie más las iba a volver a ver.
En la otra mano tenía el pendiente de Bella y pensó en tirarle también pero no pudo. La imagen de Bella caminando hacia él hace unas horas antes de toda esta catástrofe, pasó por su cabeza y su parte masoquista no le dejó tirar el pendiente, pues era la única conexión que tenía con ella en estos momentos. Bella conservaba uno y él otro.
Edward desapareció durante varios días preocupando a toda su familia y amigos y Bella estaba viviendo en casa de su madre o mejor dicho habitando. No hablaba, no comía, a penas bebía y se pasaba el día durmiendo.
Su madre y sus amigas estaban desesperadas por que hablara, que saliera de ese trance. Bella pensaba que nadie quería saber lo que pasaba por su cabeza, ella misma lo odiaba. ¿Cómo de la noche a la mañana había pasado de estar prometida a haber roto con su novio? Dios llevaban siete años juntos, vivían juntos, estaba tan acostumbrada a su presencia que ese fue uno de los motivos por los que más deprimida estaba; echaba de menos terriblemente a Edward. Y el motivo principal era el que hacía de su cabeza una bomba a punto de estallar en cualquier momento. Aun no comprendía que era lo que había hecho mal, Edward la dijo que había cambiado. ¿Sería posible que hubiese cambiado y no se hubiera dado cuenta?
Se odiaba a sí misma, odiaba su entusiasmo por casarse, odiaba todos y cada uno de los momentos que habían sucedido desde diez meses atrás hasta ahora. Estaba convencida de que si nunca se hubieran prometido seguirían juntos.
Estaba perdida en sus pensamientos como siempre cuando Rose entró en la habitación y se sentó a su lado en la cama. Bella no la miraba pero giró la cabeza en su dirección. Rose comenzó a acariciarle el pelo con ternura y empezó a hablarla como hacía siempre con la esperanza de que reaccionase.
-Bella por favor, sal de ese trance en el que te encuentras. Tu madre está muy preocupada y empieza a sopesar la idea de llevarte al hospital- Rose al ver que no reaccionaba la agarró el mentón para que la mirara fijamente- ¿Sabes lo que te harán en el hospital?- la dijo elevando la voz- te van a atiborrar de antidepresivos y pastillas para dormir y vamos a perderte. ¡Bella por favor reacciona joder!- la dijo soltándola bruscamente contra las almohadas.
-¿Sabes qué día es hoy?- dijo una voz áspera muy poco parecida con la voz habitual de Bella.
Rose sonrió. Lo había conseguido, cinco días después de que Edward rompiera con ella, Bella volvía a hablar. A pesar de su alegría decidió no hacérselo notar a Bella y actuar con normalidad. Bella necesitaba normalidad.
-No, no lo sé ¿Por qué?- dijo Rose.
Bella se levantó de la cama y se asomó a la ventana con vistas a la Quinta Avenida. Era un día soleado pero no muy caluroso.
-Es ocho de Junio- dijo apoyando una mano en el cristal. Su mirada comenzó a nublarse por las lágrimas mientras miraba al cielo. Rose se dio cuenta de lo que ese día iba a significar para Bella- Rose hoy me debería estar casando con el amor de mi vida. Hoy debería ser el mejor día de mi vida y sin embargo va a ser el más triste y horrible- dijo llorando. Rose se acercó a ella y la abrazó para consolarla.
-¿Rosalie qué he hecho? ¿Qué he hecho? He destruido lo más importante que tenía en mi vida…- dijo llorando contra el pecho de Rosalie.
-Bella no fue tu culpa y quiero que lo tengas muy presente. No quiero que te culpes de lo que ha pasado, la boda os ha superado a los dos y no tiene la culpa ninguno.
Bella a pesar de haber empezado a hablar nuevamente no se relacionó con nadie ese día. Cuando Rose se fue después de comer acercó el diván a la ventana y se paso toda la tarde mirando a las nubes. Cuando el reloj marcó las cuatro y medía rompió a llorar inevitablemente y no paró hasta que agotada se quedó dormida en el diván.
Su madre subió para avisarla de que la cena ya estaba preparada y con un gesto triste y serio en la cara la colocó una manta para que no se quedara fría.
Dos semanas después Renée llegaba tarde a casa del trabajo. Subió a ver como se encontraba Bella y la encontró leyendo un libro en el diván junto a la ventana. Al llegar al salón el mayordomo informó a Renée de que tenía una visita, con enfado contestó que no iba a hacer ninguna declaración sobre la boda de su hija y que se marchase fuera quien fuera que la estaba esperando.
-Soy Carlisle, Renée- le dijo este entrando desde el hall.
-Carlisle- exclamó sorprendida- no te esperaba.
-Lo siento por presentarme de improviso pero tengo que hablar contigo.
-Claro sentémonos- dijo caminando hacia el salón.
-¿Cómo está Bella?- dijo para empezar Carlisle.
-No muy bien. Aun no logra asimilar que Edward y ella ya no estén juntos. ¿Y Edward?
-No lo sabemos. Un día después de la cena de compromiso llamó a su hermana y la dijo que no estaba en el país y que iba a tardar en regresar. Desde entonces no sabemos nada de él pero me imagino que no lo estará pasando tampoco muy bien. Aun no comprendo que es lo que pasó ese día. De todas las parejas que conozco los últimos que pensaba que se iban a separar eran ellos.
-No he hablado con Bella mucho sobre el tema. Los primeros días no habló y cuando volvió a hacerlo no he querido sacar un tema tan doloroso, no quiero que se ponga peor- Carlisle asintió con la cabeza. Le dolía que su hijo y Bella estuvieran sufriendo y encima no saber el motivo ni poder ayudarles.
-Creo que lo que vengo a decirte no le va a hacer bien a Bella. Hoy el abogado de mi hijo nos ha dicho que el dueño del edificio quiere vender el dúplex si no van a vivir en él, supongo que se habrá enterado por la prensa de la cancelación de la boda.
-Eso va a ser terrorífico para Bella- dijo Renée temiendo las consecuencias que iba a tener para su hija.
-La casa es de los dos así que falta la opinión de Bella. En cuanto decida algo poneros en contacto con alguno de nosotros para empezar a vaciarla- Renée asintió y Carlisle abandonó la casa de los Swan.
Bella se puso muy triste con la noticia pero sabía que era lo mejor para los dos. Pidió el favor a sus amigas de ir a recoger sus cosas de esa casa la cual le era imposible de volver a pisar y una empresa de mudanzas lo traería provisionalmente a casa de su madre hasta que ella decidiera lo que iba a hacer de ahora en adelante.
Las cosas llegaron un martes después de comer. La primera caja que abrió Bella estaba llena de sus objetos personales como el cepillo de dientes, peines, maquillaje… etc. La siguiente caja que abrió estaba llena de papeles y libros, entre esos libros la agenda de su boda. Con rabia e impotencia la tiró al fogón que había en su habitación quemando una de las pocas pruebas físicas que quedaban de su boda.
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Habían pasado dos meses desde el nefasto día de su no-boda y Bella estaba totalmente cambiada. No es que hubiera superado la ruptura sino que había puesto un parche al dolor el cual la había permitido empezar a construir una nueva vida.
Había empezado a trabajar ayudando a su madre a seleccionar telas, colores… había empezado a salir un poco, había ido a comer con sus amigas, al cine…
En Alemania sin embargo se encontraba un Edward completamente diferente al que la gente conocía. Poco o nada quedaba de ese hombre atractivo, seguro y simpático que era una eminencia en los negocios. Ahora era un hombre malhumorado, con barba, serio e imponente que no se relacionaba con casi nadie.
Su tiempo libre lo pasaba estudiando. No estudiaba una cosa en concreto sino que estudiaba todo aquello que se le pasaba por la cabeza. Había estudiado principios de ingeniería, agricultura, carpintería… necesitaba mantener su mente ocupada y no pensar en ella. La imagen de Bella la última noche que la vio le atormentaba a cada momento y se había dado cuenta del gran error que había hecho dejándola, había pedido al amor de su vida por estúpido.
Por eso no se permitía tener tiempo libre, porque odiaba la sensación de estar solo, de haberla alejado de su lado. Tampoco pensaba en volver a Nueva York y buscarla para suplicarle que volviera junto a él porque no se lo merecía. Había sido un gilipollas que no supo soportar todo lo que una boda conlleva y su precio era quedarse solo, para siempre.
Hoy Bella había salido a tomar un café con Alice y despejarse un poco de su madre la cual se estaba volviendo loca porque se acercaba la semana de la moda en Nueva York y la faltaban tres diseños para llenar el desfile. Pasearon por Nueva York hasta que se hizo de noche y decidieron ir a cenar al restaurante del padre de Alice. No era un cocinero famoso ni mucho menos pero su solomillo con foie era el mejor que Bella había probado nunca.
Su padre las atendió personalmente y las sentó en una de las mesas del fondo para que estuvieran más tranquilas. Mientras llegaba el postre Alice fue al baño y Bella se quedó esperando su tarta de manzana. Tres personas se sentaron en una mesa al lado de la suya y cuando levantó la mirada seis ojos la miraban con sorpresa y alegría.
-Bella- dijo Esme levantándose hasta llegar a ella. La abrazó con el mismo cariño que una madre abraza a su hija.
-Hola Esme- dijo mirándola- Carlisle, Ashley- les saludó mirándoles.
-¿Qué tal estás?- la preguntó Esme con una mirada triste.
-Bien ayudando a mi madre con el trabajo y eso- dijo incómoda. A cada segundo que pasaba Bella se encontraba cada vez peor. Cuando Esme la abrazó, olió el olor tan característico de los Cullen. Olía a Edward, hacia meses que no lo olía y hasta ese momento no se había dado cuenta de cuánto lo echaba de menos.
-Me alegro- la dijo con una sonrisa pequeña.
Tras un minuto de silencio Bella por impulso preguntó:
-¿Cómo… está Ed… él?- dijo finalmente.
La familia Cullen intercambió miradas y suspiraron.
-No está en Nueva York- contestó Ashley- vino hace dos semanas para vernos y se fue sin decir donde está viviendo ahora- Bella asintió triste. La Bella que se encontraba debajo de ese parche autoimpuesto quería saber donde estaba Edward, lo necesitaba.
-Bueno yo ya me iba, Alice debe de estar esperándome- dijo cogiendo su bolso de la silla donde estaba sentada antes.
-¡Bella!- gritó Esme antes de que se alejara más- a pesar de todo… no quiero perder la relación contigo. ¿Por qué no vienes un día a casa y nos ponemos al día?
Bella pensó en la preciosa casa de los Cullen. El gran salón con grandes ventanales, el fogón, los sofás de color claro, las estanterías llenas de recuerdos de los muchos viajes que habían hecho los Cullen y también muchas fotos. Y en todas salía Edward. No, ella no podía soportar eso. Sin decir nada más se fue y antes de montarse en el taxi las lágrimas ya habían empezado a caer.
Mientras llegaba a su casa llegó a una conclusión; si quería superar lo de Edward tenía que irse de Nueva York a otro lugar donde no tuviera recuerdos de él.
A la mañana siguiente un coche con los cristales tintados estaba en la puerta de los Swan y el chofer metía un sinfín de maletas en el maletero. Bella se iba a Londres.
Pero antes de abandonar la ciudad en la que había sido tan feliz debía de pasar por un sitio muy especial para ella. Indicó al chofer la dirección y cuando llegaron no pudo bajarse del coche.
Se quitó las gafas de sol y bajó la ventanilla para observar el piso 21 del edificio Manhattan House. Los pisos de ese edificio eran dúplex, con cinco habitaciones, dos baños, terraza y cocina. En el dúplex D del piso 21 Bella había vivido sus mejores momentos, había sabido lo que era realmente el amor, la pasión, el deseo, el echar de menos a una persona en tu vida, el dolor y la impotencia que sientes cuando te enfadas con la persona que más amas. En ese dúplex estaba su vida y ahora tan bien lo dejaba atrás. ''Quizás ya tenía otros dueños'' pensó. Ante la imagen de otras personas viviendo en su casa ordenó al chofer continuar con su camino hacia el aeropuerto.
Los primeros días en Londres fueron my duros. La ciudad era bastante fría y ella allí no conocía a nadie. Se fue adaptando poco a poco y llegó un momento en el que Bella se sentía feliz y contenta aunque tenía un gran vacío en su corazón.
A principios de Noviembre tuvo que viajar a Berlín para la semana de la moda. Una antigua alumna de su madre mostraba su colección por primera vez y su madre iba a ir a apoyarla. Echaba de menos a su madre, no la había visto desde hace casi dos meses aunque hablaba con ella a diario.
La prensa se hizo eco de que Renée Swan estaba en la ciudad y al día siguiente su foto salía en casi todos los periódicos nacionales sentada junto a su hija en el desfile de Amanda, su alumna.
El periódico llegó a las manos de Edward a primera hora de la mañana. Cuando vio la foto su corazón se alteró. Bella estaba en Berlín, estaban muy cerca. Podrían encontrarse en cualquier lugar. Esta alegría ante un encuentro fortuito solo le duró unos segundos, los que tardó en darse cuenta de que Berlín era demasiado grande como para encontrarse con ella. A no ser que…
A las diez de la mañana estaba a un lado de las puertas por las que se entraba a los desfiles esperando verla. También fue los dos días siguientes pero no la vio, ni a ella ni a Renée. Ambas habían vuelto a su casa antes de que el periódico viera la luz esa mañana.
Después de saber que Bella había estado en la misma ciudad Edward no pudo sacársela de la cabeza y dos semanas después estaba de vuelta en Nueva York. No se atrevía a buscarla pero viviendo en la misma ciudad había más posibilidades de seguirla la pista y poder verla de lejos aunque fuera.
Casi sin darse cuenta era Navidad. Bella estaba cansada de vivir en Londres pero seguía en la ciudad por miedo a volver a Nueva York y enfrentarse a los recuerdos. Edward por su parte estaba muy ocupado con toda la campaña de Navidad que se estaba llevando a cabo en los supermercados.
-¿Quieres que invitemos a los Swan a la fiesta de Nochevieja Edward?- preguntó Esme una tarde mientras todos los Cullen estaban reunidos en el salón viendo la tele.
-Me da igual. No voy a estar aquí en Navidad- dijo Edward sin mirarla.
-¿Cómo que no vas a estar? Edward todos los años desde que erais pequeños hemos pasado la navidad juntos- le regañó Esme.
-Pues esta no.
-Edward tienes que estar con nosotros en navidad- le ordenó su hermana.
-Ashley eres mayorcita para andarte con tantas tonterías sobre la navidad- la dijo un frio Edward.
-Aquí respetamos la navidad Edward- le dijo su padre serio.
-¿Queréis dejarme en paz? Tengo 31 años, yo decido lo que hago- les gritó.
-Desde que lo dejaste con Bella estás insoportable. ¿Por qué no te vas y te tiras a alguien Edward? Lo necesitas- Oh, oh. Ashley había tocado un tema tabú con Edward y lo sabía.
-Lo siento- dijo arrepentida tras darse cuenta de lo que le había hecho a su hermano.
-No quiero que me lo vuelvas a recordar Ashley- la dijo con la mandíbula tensa y los puños apretados- nunca.
Edward sintió como si le hubieran dado una patada en el estómago y sus ojos picaron. Se levantó y se fue a la que fue su habitación durante veinte años. Se sentó en la cama y se quedó mirando la foto que estaba en su mesilla.
Era él y Bella en la navidad de hace tres años. Ella llevaba un gorro de papá Noel y él una diadema con cuernos de renos. Ellos estaban agachados en la foto y sus padres de pie detrás de ellos riendo. El árbol estaba en el fondo de la foto con las luces de colores parpadeando. Fue una navidad muy buena principalmente porque fue la primera que habían pasado juntos. A pesar de llevar juntos más años solo habían celebrado la navidad juntos los dos últimos porque antes cada uno se iba a cenar con sus padres por separado.
Su hermana entró en su habitación como siempre sin llamar a la puerta pero Edward no la dijo nada, ya estaba harto de regañarla y que siguiera entrando como si nada.
-¿La echas de menos?- le preguntó cogiendo una foto en la que salían ellos dos con un bebé en brazos. Era el sobrino de Ángela y Ben, pero si no lo sabías parecía su hijo.
-Muchísimo- dijo mirando al techo.
-¿Y por qué no has intentado buscarla?
-Porque yo la dejé. Quizás cometiera un error del cual me arrepiento pero la dejé que es lo que cuenta. Me arrepiento a cada momento pero me lo merezco. Merezco estar solo y echarla de menos al igual que ella merece ser feliz con otra persona- dijo mirando por la ventana como el aire movía los árboles del jardín trasero.
-¿Y si ella no fuera feliz, la buscarías?- dijo esperanzada Ashley.
-Ash para ya.
-Vi a Bella en agosto cenando en un restaurante con…- paró de hablar con su hermano a propósito.
-¿Con quién?- la preguntó levantándose de la cama y poniéndose en frente suya.
-Con Alice, payaso. ¿Tú hubieras sido capaz de estar con otra persona a los dos meses de estar con ella?- Edward negó rápidamente- pues ella tampoco. No la vi muy bien, estaba delgada y se fue en cuanto nos vio. Mamá la dijo que viniera un día a casa pero la seguimos esperando.
-¿Por qué no me lo contasteis?- dijo un apenado Edward. Él estaba desesperado por saber de Bella y su familia le oculta que se encontraron con ella.
-¿Cómo? No respondías al móvil, no sabíamos donde vivías, siempre que nos llamabas era desde una cabina…
Edward admitió que se había alejado de su familia, que se había centrado en sí mismo y no había pensado que su familia sufría por no tener noticias suyas.
-Lo siento- dijo.
-Es igual ya estás aquí hermanito- dijo abrazándole- ahora solo falta que te quedes en navidad.
-No Ashley ya tengo reservada una habitación en un hotel en Aspen. Me iré el día 22 y volveré el día 3, estaré con James y con Tania.
-Como quieras…- le dijo saliendo de la habitación.
Bella tampoco iba a pasar la navidad en Londres ni en Nueva York. Pero entonces, ¿dónde?
Aspen en navidad era como una película. Todo lleno de luces, decoración navideña, gente feliz…
El día de Nochebuena el hotel había organizado una cena para todos los huéspedes. Tenían que ir vestidos de etiqueta y llevar algún adorno navideño. Edward llevaba una barba y un gorro de papá Noel y estaba irreconocible.
Bella estaba sentada en una mesa redonda para doce personas. Llevaba un vestido amarillo y unos pendientes de Papá Noel. La gente con la que compartía mesa se conocía pero no la hicieron de menos y por primera vez en meses cenó acompañada de alguien que no fuera la televisión.
Cuando terminó la cena la gente comenzó a levantarse de las mesas para bailar, salir a dar un paseo en carruaje tirado por caballos o simplemente subir a su habitación a disfrutar de la noche en la intimidad.
Bella decidió salir fuera a tomar el aire. Era la primera navidad que pasaba sola y pretendía que fuera la última. Sentirse sola era la peor sensación del mundo.
En el porche del hotel había una pareja apoyada en la barandilla contemplando la imagen típica navideña que ofrecía la ciudad. La mujer era rubia y estaba fumando. El hombre tenía una mano apoyada en su hombro en señal de apoyo.
Cuando escucharon la puerta cerrarse giraron para ver quien había salido.
Ambos se vieron los rostros y se quedaron congelados pero no precisamente por el frío que hacía en Aspen.
-¡Oh!- exclamó Bella ante la imagen que tenía frente a ella. Edward y Tania, juntos, en Aspen, en navidad. No pudo soportar estar ahí y entró al hotel corriendo de nuevo.
Edward se quedó paralizado hasta que Tania le empujó para que fuera tras Bella.
-Corre Edward, estoy segura de que se ha llevado la impresión equivocada.
Edward fue tras ella, gritó su nombre en medio del comedor importándole poco que la gente se girara a mirarle. Vio una cola de un vestido amarillo y corrió hasta ella.
Bella corría lo más rápido que podía teniendo en cuenta que llevaba tacones y un vestido largo. Una mala pisada o un trabón y caería al suelo.
Si antes lo pensó antes sucedió. Al llegar al hall frente a los ascensores su vestido se enrolló entre sus piernas y tropezó cayéndose de rodillas al suelo. Al menos la dio tiempo a apoyar las manos y cayó encima de una alfombra por lo que no se hizo daño.
-¡Bella!- gritó Edward a pocos metros- ¿Bella estás bien? ¿Te has hecho daño?- dijo arrodillándose junto a ella.
-Estoy bien- dijo levantándose y colocándose frente al ascensor. Llevaba meses queriendo ver a Edward ¿por qué ahora que le ve huye? ''Porque me le he encontrado con Tania, solos, seguro que están juntos''
-Bella…- dijo agarrándola por el brazo.
-Tania te está esperando- dijo moviendo la cabeza hacia la salida pero sin quitar la mirada de las puertas del ascensor.
-Tania está con James- dijo elevando un poco la voz. Bella no dijo nada pero tampoco le miró- Bella ¿puedo hablar contigo… a solas?- preguntó dando un paso más hacia ella.
Bella no contestó pero camino hasta uno de los sofás que había en la recepción.
-¿Cómo has estado?- la preguntó.
-¿Cómo has estado tú Edward?- le preguntó con frialdad para que Edward viese que realmente lo ha pasado mal.
-Te vi en Berlín- la dijo sin saber por qué.
-¿En Berlín?- preguntó extrañada Bella.
-Salías con tu madre en el periódico en la semana de la moda. Lo vi porque he estado viviendo allí.
-¿Vives en Berlín?- le preguntó Bella sorprendida.
-No, ya no…
-¿Por qué?
-Porque…- Edward iba a comenzar a explicarle porque había vuelto a Nueva York pero empezó a pensar en que quizás esta fuese la única oportunidad que tenía para hablar con Bella y estaban hablando de cosas sin importancia.
-Oh dios Bella. Lo siento mucho- dijo acuclillándose frente a ella- te echo mucho de menos. Te necesito. Por favor perdóname…-dijo con los ojos aguados.
Los ojos de Bella sin embargo ya habían empezado a soltar alguna que otra lágrima. No pudo soportar ver a Edward sufrir y le abrazó. En ese momento ambos sintieron como si el terremoto hubiese terminado. Ese terremoto que había empezado seis meses atrás había parado en unos simples segundos, cuando se abrazaron de nuevo.
-Continuemos esta conversación en mi habitación- dijo Bella. Había mucha gente en el hall para tener esa conversación.
Subieron hasta la habitación de Bella por las escaleras ya que su habitación estaba en el primer piso. Nada más cerrar la puerta lo primero que hizo Bella fue darle un tortazo a Edward.
-¿Porqué me hiciste eso? ¿Por qué?- le preguntó llorando mientras le daba pequeños golpes en el pecho- a unos pocos días de nuestra boda.
Edward la abrazó y la besó la frente. Ambos lloraban.
-Fue mi culpa Bella, mis paranoias…
-Yo también tuve la culpa. Me dijiste que había cambiado y quizás ese cambio fue lo que provocó que todo se fuera a la mierda.
-Bella ahora mismo me da igual todo lo que pasó. Solo quiero volver a estar juntos. Eres el amor de mi vida- Bella se separó de Edward y caminó hacia la ventana dándole la espalda.
-Esa noche… yo también te dije que eras el amor de mi vida y para ti no significo nada. ¿Por qué tiene que significar algo para mí? ¿Qué me garantiza que no volverás a salir corriendo y me dejarás sola nuevamente?
-Solo puedo decirte que me dejes demostrártelo. He intentado vivir sin ti estos meses y… no puedo.
-Tú fuiste el que quiso que nos separásemos- le recriminó.
-Y me arrepiento Bella, me arrepiento todos los días a todas horas. Me atormenta la imagen que tengo de ti ese día… en el Plaza…- dijo cerrando los ojos con fuerza para no pensar en esa imagen- me rogaste que no te dejara, que Rose y Alice no te separaran de mí y fui yo mismo el que lo hice.
Bella tragó en seco y se limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas.
-Estos seis meses han sido un infierno- confesó- me encantaría decirte que no te he echado en falta y que sé sobrevivir sin ti, pero no puedo.
Edward avanzó un paso hacia Bella mientras sus esperanzas subían.
-La prueba de que no puedo sobrevivir sin ti es que me he ido de Nueva York- Edward se quedó helado y sus esperanzas dejaron de subir- llevo viviendo en Londres varios meses y odio todos los días en esa ciudad. Estoy tan sola…
Edward avanzó hasta rodear a Bella con sus brazos y cerró los ojos mientras respiraba el olor de su pelo que tanto había necesitado estos meses.
-No estás sola, yo estoy contigo Bella. Te prometo que jamás te dejaré sola nunca más... –Bella volvió a llorar con más fuerza al oír esas palabras.
-Yo tampoco te dejaré-prometió Bella en voz baja. Edward la dio un beso en el cuello y miró hacia el techo dando gracias por volver a tener a Bella entre sus brazos.
-Mi amor vuelve a mi- le pidió Edward mirándola fijamente. Bella sonrió, asintió volvió a abrazar a Edward.
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A diferencia de Edward, Bella se fue al día siguiente a Nueva York. Su madre daba una fiesta y la había prometido ayudarla con los últimos detalles.
-¿Estarás en Nueva York el día 4?- la preguntó Edward.
-Supongo que sí. Mi madre quiere estar conmigo y yo quiero pasar unos días con ella- le contestó Bella.
-Entonces… te llamaré cuando llegue- le prometió Edward. Bella asintió con una sonrisa y se acercó para darle un abrazo. Al separarse sus frentes chocaron y sin perder oportunidad los labios de Bella besaron a los de Edward. El beso se profundizó todo lo posible pero tuvieron que separarse.
-Bella… quizás sea demasiado pronto- dijo Edward contra sus labios.
-Calla. Lo quieres tanto como yo- dijo Bella. Acto seguido Edward fue el que chocó sus labios en un beso algo menos pasional pero con un sabor a futuro que a Bella le encantó.
-Buen viaje- la deseo separándose de ella pero con sus manos en su cintura .
-Adiós- le dijo Bella con una sonrisa.
-Te veré en dos semanas- se despidió Edward por la ventanilla cuando Bella ya estaba montada. La guiñó un ojo y se dio la vuelta para entrar al hotel. Bella sonrió y se quedó con esa sonrisa hasta que llegó al aeropuerto.
Las vacaciones de navidad nunca se habían hecho tan largas para Bella y para Edward, siempre querían más vacaciones, sin embargo este año era diferente. Hasta el día cuatro no iban a volver a verse y se echaban mucho de menos. Después de no verse durante seis meses lo que más ganas tenían era de estar con el otro todo el tiempo posible.
Hablaban todos los días y se contaban como estaba siendo su navidad. Bella le dijo a Edward lo bien que estuvo la fiesta que dio su madre por Nochevieja y este le contó lo mal que se había tomado su familia el que no estuviera en casa en navidad.
Al fin llegó el ansiado día cuatro, habían quedado en verse en una de las pistas de patinaje que había en Central Park y después ir a tomar un café.
Al llegar donde se encontraba la pista Edward ya estaba allí aunque le daba la espalda.
-Hola- le dijo llegando a su lado.
-Ey- la saludó y abrazó con una gran sonrisa.
-Veo que te lo has pasado bien esquiando- dijo señalando la marca de las gafas de sol en el rostro de Edward.
-Y tú que ya has ido de rebajas- la dijo señalándola una etiqueta que Bella había olvidado quitarse de su nueva bufanda de Burberry.
-Es un regalo- le explicó mientras arrancaba la etiqueta. Al ver que no podía, Edward le arrebató la bufanda de las manos y la arrancó con un leve tirón.
-Gracias.
-De nada- la respondió mientras la colocaba la bufanda- ¿vamos?- la preguntó inclinando la cabeza en dirección a la pista.
Pasaron un buen rato patinando y riéndose de las muchas veces que se cayeron al suelo. No estaban juntos como pareja y ambos lo sabían, al igual que sabían que también volverían a estarlo.
Cuando adoloridos no pudieron seguir patinando decidieron ir a tomar un chocolate caliente a una de las cafeterías más elegantes de la ciudad. Se sentaron en una mesa al lado de la ventana y mientras esperaban a que les trajeran su pedido, un silencio incómodo se instauró entre ellos.
-Bueno… ¿qué vas a hacer ahora?- preguntó Edward para entablar conversación.
-Pues el viernes vuelvo a Londres…-empezó a contar Bella pero fue interrumpida por un asustado y nervioso Edward.
-¿A Londres? Bella no puedes irte a Londres ahora… acabo de empezar a recuperarte- la dijo con una mirada triste. Bella miró hacia abajo apenada.
-Edward…- dijo volviéndole a mirar.
-Bella… no te vayas- dijo agarrándola las manos por encima de la mesa- por favor.
-Edward déjame que te explique- dijo con una sonrisa- mi vida está en Londres.
Bella vio que Edward iba a replicar e interrumpirla de nuevo y le mando callar levantando su mano, la cual seguía entre la de Edward.
-No puedo volver a Nueva York de un día para otro. Tengo que irme y organizar todo el asunto de la mudanza, avisar al casero de que dejaré el piso, avisar a mi madre… tengo que irme, es necesario. Pero volveré, en una o dos semanas más o menos- le dijo sonriéndole y acariciándole las manos con el pulgar.
-Vale- dijo Edward con una sonrisa.
Se separaron cuando la camarera les trajo su pedido y la conversación se fue hasta ámbitos más relajados. Rieron todo el camino de vuelta a casa de la madre de Bella mientras Edward le contaba sus anécdotas en Berlín.
-Un día me dio por construir una estantería, para poner libros y algún que otro marco de fotos. Cuando fui a poner el primer clavo, ¡zas! Me lo clavé en la mano- dijo riendo mientras enseñaba a Bella la pequeña marca que tenía en el lateral de la palma de su mano izquierda.
-Ya hemos llegado- dijo Bella parándose delante del portal de la casa de su madre- ¿quieres quedar mañana?- le preguntó con una sonrisa.
-Claro. Te paso a buscar ¿a las siete?-
-Perfecto- dijo dirigiéndose a la puerta.
Edward no se atrevía a hacerlo pero las ganas por volver a besarla le pudieron y antes de que Bella se hubiera girado completamente la agarró del brazo y la besó. Fue un beso fuerte, ansioso, fue un beso que te contaba cuanto había ansiado besarla. Bella le devolvió el beso y se separaron un momento después para poder respirar.
-Hasta mañana cielo- le dijo Edward acariciándole la mejilla.
Bella subió sonrojada y con una sonrisa tonta en el ascensor hasta el segundo piso donde su madre estaba de brazos cruzados delante del ascensor vistiendo una bata y unas gafas para la vista cansada que la había regalado por navidad.
-¿Bella?- le preguntó su madre con una sonrisa picara. Y ahí fue cuando Bella se dio cuenta de que su madre les había visto. ¿Pero cómo? Si se habían besado debajo del toldo y… y la cámara de seguridad del edificio enfocaba justamente ahí.
Bella le contó todo a su madre, empezando por Aspen y terminando por la salida que tenían planificada para mañana.
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Bella llevaba más de dos semanas en Londres. Lo de organizar todo para irse a Nueva York de nuevo la estaba tomando más tiempo del que había pensado y comenzaba a desesperarse.
De repente su piso de Londres la agobiaba porque le recordaba todos esos meses en los que había estado sola y lejos de Edward, de su madre, de sus amigos…
Edward en Nueva York estaba ansioso por ver a Bella pero también estaba nervioso. Bella le había prometido que volvería dentro de tres días, llegaría a Nueva York sobre las siete y esa noche su amiga Kate había preparado una cena con todos los demás ya que hacia muchísimo tiempo que no estaban todos juntos.
Habían decidido verse en la cena directamente y decirles a sus amigos que estaban volviendo a intentarlo.
La bendita cena al fin llegó y Edward llegó tarde. Algunos de sus amigos esperaban que no viniera ya que estaba Bella y esta iba a ser la primera vez que se vieran cara a cara desde esa desastrosa cena de ensayo, y otros esperaban que se vieran y ver qué pasaba. Los que querían que se vieran, entre los cuales estaba Emmet, sabían que había dos posibilidades:
Una, llegaban y ni se miraban a la cara.
Dos, se darían cuenta de que tienen que estar juntos y se reconciliarían.
Edward atravesó la puerta de entrada con una botella de vino media hora más tarde. Puso como excusa que se había retrasado buscando el vino, sin embargo se había entretenido buscando un regalo de navidad atrasado para Bella.
Cuando atravesó la puerta Bella estaba sentada junto a Alice riendo a carcajada limpia. Todos saludaron a Edward amablemente mientras este iba a la otra punta de la mesa donde se sentó entre Emmet y James. Bella estaba sentada al lado izquierdo de Kate, la cual estaba en la cabecera, y al otro lado tenía a Alice.
El saludo de Bella se mezcló con los del resto y pasó desapercibido por todos menos para Emmet que no apartó la vista de los labios de Bella para ver si le saludaba o no.
Durante la cena Edward y Bella estuvieron metidos en conversaciones diferentes para alegría de algunos de sus amigos y para desgracia de otros que querían verles interactuar.
Entre el primer y segundo plato Bella escribió un whatsapp a Edward;
''Este vino no está tan bueno como para que hayas tardado tanto en comprarlo''
Edward lo leyó con una sonrisa y la contestó rápidamente.
''Vale me has pillado, el vino lo he comprado en la tienda que está en la esquina de la casa de Kate''
''Pero sí que he tardado por estar comprando algo a alguien''
Edward envió el mensaje y se fijo en el rostro de Bella al leerlo. Ella intentó mantener la compostura para no ser pillada por Alice sin embargo no pudo evitar sonreír levemente al leerlo.
En un momento dado Bella se levantó para ir al baño y Edward la siguió segundos después sin dar explicaciones. De repente la mesa en la que estaban sus amigos se volvió una mesa de apuestas.
-Seguro que dentro de cinco minutos se están comiendo la boca- dijo Kate.
-¿Sólo eso? estos llevan en sequía más de seis meses- dijo Ben- seguro que estarán follando como locos.
-¡Ben!- le regañó Alice por ser tan… críptico.
-Yo creo que Bella le dará una patada en el culo. La dejó a pocos días de su boda sin más- opinó Rose.
-Pues yo creo que hablarán y quedarán en buenos términos pero no volverán juntos- dijo Alice.
-Seguro, ¿tú podrías quedar en buenos términos con Jasper, Alice?- preguntó Emmet- Pues no, claramente. Diez dólares a que ya se están dando el lote- empezó a pujar Emmet mirando a James.
Ajenos a todo esto Edward y Bella estaban en el baño de la segunda planta besándose como adolescentes.
-Te he echado muchísimo de menos- le dijo Edward entre besos.
-Y yo.
Edward comenzó a besarla el cuello enloquecido por el olor y el sabor de Bella. La desabotonó los tres primeros botones de la camisa pero Bella le frenó antes de llegar al cuarto.
-Edward no- le dijo agarrándole de la mandíbula y separándole de su cuerpo. Edward paró de besar su canalillo y se alejó de ella arrepentido.
-Lo siento- dijo mirando a un punto detrás de la cabeza de Bella.
-No. No lo sientas, quiero hacerlo- dijo abrazándole- pero no aquí y con nuestros amigos abajo.
-Yo tampoco quiero que sea así- dijo abrazándola de vuelta- perdóname por haber ido tan rápido pero te he extrañado tanto…- Bella le volvió a besar. Ahora las cosas no eran tan fáciles como en las primeras veces que quedaron, ahora no les bastaba estar con el otro sin apenas tocarse, sus cuerpos se llamaban, exigían volver a estar unidos de nuevo.
-Tenemos que bajar- la dijo Edward. Bella asintió y empezó a abrocharse los botones de su camisa. Una vez que estuvo vestida adecuadamente de nuevo bajaron las escaleras de la mano.
-¿Se lo decimos ahora?- le preguntó Edward.
-Las noticias siempre se dan antes del postre- contestó Bella.
Entraron al salón donde todos estaban en silencio muy concentrados en sus platos.
-No me lo puedo creer- dijo Bella divertida- ¡habéis estado toda la noche esperando a que nos fuéramos para poder analizarnos!
-No- dijo con fingida molestia Emmet.
-Es igual- dijo Edward- Nosotros… o sea Bella y yo…
-Volvemos a estar juntos- acortó Bella.
La mesa se quedó en silencio cosa de tres segundos hasta que los que habían apostado a que volverían juntos empezaron a decir a los otros muchos; ''te lo dije'' ''lo sabía'' y ''he ganado''
-¿Pero cómo? ¿Así tan rápido?- dijo Rose- ¿acabáis de volver a veros y ya estáis juntos? Solo habéis podido hablar cinco minutos.
-O no… esta no es la primera vez que nos vemos- explicó Bella mientras se separaban para volver a sentarse cada uno en su sitio.
-¿A no?- preguntó Alice.
-Nos vimos en Aspen- explicó Edward.
-¿Porqué yo no os vi?- dijo James.
-Porque te largaste antes de la cena de nochebuena- le recriminó Edward. James era su amigo pero lo que le había hecho a Tania era algo feo. La había dado esperanzas de pasar la navidad con ella en Aspen, sin embargo cuando Tania llegó a Aspen junto a Edward, James ya llevaba allí varios días. Se acostó con Tania y al día siguiente volvió a Nueva York. Cuando Bella vio a Edward con Tania, él estaba consolándola.
-Sobre eso…- empezó James.
-Déjalo James, tú sabrás lo que tienes que hacer con Tania- le dijo Bella.
-Sí bueno os visteis en Aspen ¿y?- preguntó Emmet.
-Y hablamos- dijo Bella mirando a Edward con una sonrisa.
-Y cuando volví a Nueva York empezamos a quedar- siguió Edward.
-Y ahora que he vuelto de Londres, volvemos a estar juntos- dijo Bella con los ojos un poco aguados.
-Me alegro mucho por vosotros chicos- dijo Kate- y yo que había estado preocupada por juntaros a los dos en esta cena…-dijo con una sonrisa.
La cena terminó a altas horas de la madrugada y Edward llevó a Bella hasta su casa.
-Si fuera más pronto te invitaría a subir- le dijo Bella.
-René debe estar dormida y además ¿qué pintaría yo allí arriba?- la dijo besándola el dorso de la mano.
-René lo sabe. Nos vio el día que fuimos a patinar- le contó.
-Mis padres aun no saben nada…- dijo Edward recostándose en el asiento del coche- no son tontos, saben que pasa algo. He pasado de ser un amargado que iba del trabajo a casa a estar con una sonrisa de estúpido todo el día y no despegarme del móvil en ningún momento.
-Quiero verles- le pidió Bella.
-Ven mañana a comer- la propuso Edward con una sonrisa- les darás una grata sorpresa- la dijo Edward acariciándola la mejilla.
-Vale- aceptó Bella a media voz.
-¿Sí?- quiso asegurarse Edward. Bella asintió con la cabeza mientras que sus labios cada vez se acercaban más hasta que terminaron en un profundo beso.
Se besaron en el coche como adolescentes durante casi otra hora más. Aunque no quisieran tuvieron que separarse ya que era muy tarde y mañana ambos tenían que trabajar.
Edward no avisó a sus padres de que Bella iría a comer aunque avisó a Mery de preparar comida para otra persona más, también la pidió que de postre pusiera algo con vainilla ya que era el sabor preferido de Bella.
Mientras esperaba a que llegara Bella, Edward pensó en cómo darle el regalo que había comprado a Bella y que ayer se le olvidó por completo.
Estaban sentados en la mesa cuando sonó el timbre y minutos después una chica del servicio acompañaba a Bella hasta el comedor sorprendiendo a todos.
-Buenos días- dijo entrando al comedor.
-¡Bella!- gritó Ashley entusiasmada levantándose de la silla.
-¿Bella?- preguntó Esme extrañada antes de levantarse y darla un abrazo.
Después de los abrazos y de decirles que acababa de volver a Nueva York, Esme la invitó a que se quedara a comer con ellos.
-Ya está invitada mamá- dijo Edward sentado en la mesa. Bella le miró y este le guiñó un ojo mientras la indicaba con la cabeza que se sentara a su lado. Esme y Ashley estaban anonadadas, ¿cuándo se habían reconciliado?
Bella se sentó junto a Edward y este juntó su mano con la de ella dejándolas descansar en su muslo. En ese momento Carlisle entró con una botella de vino blanco en la mano y se quedó sorprendido de ver a Bella en la mesa.
-Bella que sorpresa- dijo dándola dos besos.
-La he invitado a comer- le explicó Edward.
-¿Cuándo os habéis…?- preguntó Ashley.
-En Aspen- contestó Bella.
-Así que por eso no quisiste pasar la navidad con nosotros…-dijo Carlisle.
-No, no, en ese entonces aun no sabía nada. Hasta después de la cena no nos vimos- aclaró Edward.
-¿Y por qué habéis tardado tanto en decírnoslo?- preguntó Esme mirando fijamente a Edward.
-Acabo de volver de Londres así que tampoco hemos tenido mucho tiempo- explicó Bella.
La comida con los Cullen fue igual a como ella recordaba. Edward y Ashley querían acaparar toda su atención mientras que ella intentaba también hablar con Esme y con Carlisle.
Después de tomar el café subieron a la habitación de Edward y se tumbaron en la cama abrazados hasta quedarse prácticamente dormidos. Edward intentaba resistirse al sueño cuando se acordó de que en el cajón de su mesilla estaba el regalo de Bella.
Bella extrañada porque Edward no paraba de moverse abrió los ojos.
-¿Qué haces?
-El otro día llegué tarde a la cena de Kate porque me entretuve comprándote un regalo- dijo entregándola un envoltorio plateado.
-¿Qué es?- dijo sorprendida e ilusionada Bella.
-No lo sé, lo cogí de esos cubos llenos de paquetes sorpresa por un dólar. Ábrelo y lo veremos- dijo riendo.
-Dudo mucho que en una tienda de Swarovski haya paquetes sorpresa y mucho menos que haya algo que puedas comprar con un dólar- le dijo riendo y dándole un golpe juguetón en el hombro.
-¿Cómo sabes que es de Swarovski?- le preguntó un Edward confundido.
-El envoltorio- contestó simplemente Bella agitando el paquete delante de él.
-Ábrelo- le pidió Edward mientras la abrazaba y la sentaba entre sus piernas con la espalda de Bella pegada a su pecho.
Bella abrió el envoltorio para encontrarse con un estuche azul marino. Pellizcó la tapa para abrirlo y encontrarse con un brazalete de plata con una gran piedra brillante en medio de forma rectangular.
-Oh dios mío. Es preciosa cariño, muchísimas gracias- le dijo girándose y besándole. Edward se fue echando hacia atrás hasta quedarse con la espalda totalmente apoyada en el colchón y con Bella encima. El beso no tenía ninguna aspiración sexual solo el placer de compartir algo tan íntimo y tan bonito como un beso.
Cuando terminaron de besarse Bella apoyó la cabeza en el abdomen de Edward y se quedó dormida. Edward se dedicó a observarla hasta que se hicieron las seis y decidió despertarla por si se tenía que ir a casa.
-Mmmm no quiero separarme de ti- le dijo rezagando en la cama.
-No hace falta que lo hagas- le dijo Edward acariciándole la espalda.
-Mi madre hoy tiene invitados a cenar y querrá que la dé mi opinión sobre el menú, la decoración de la mesa… etc- ambos rieron pues era lo que René hacia siempre y siempre terminaba haciendo lo que ella quería sin tener en cuenta la opinión de nadie.
-¿Por qué no vienes a cenar tú también?- le propuso Bella.
-Lo siento cariño pero no me apetece que la gente se empiece a enterar de lo nuestro- la dijo refiriéndose a que seguramente la gente que cenaría con René sería gente muy conocida en Nueva York. El tipo de gente que no quiso que asistiera a su boda.
-Lo entiendo- dijo Bella volviendo a apoyar la cabeza en el estómago de Edward.
-¿Porqué no te llevo a cenar?- propuso Edward. Le había gustado la idea de no separarse de Bella y en su cabeza comenzaba a formarse un plan.
-¿Al nuevo restaurante indio de la sexta avenida?- preguntó Bella girándose para mirarle con una gran sonrisa.
-No, a un sitio mucho más exclusivo- dijo besándola.
-¿Cuál?- preguntó como una niña pequeña.
-Uno muy importante para nosotros. Ya lo verás- le dijo Edward antes de volver a besarla.
A pesar de que Edward la dijo que iba perfecta para el sitio al que iban a ir, Bella se empeñó en pasar por su casa para ducharse y cambiarse de ropa. Edward aprovechó esas dos horas para preparar todo lo de esta noche. Ya que parecía que Bella tenía ganas de comer comida india, pidió comida india.
Pasó a buscarla a las ocho y medía y nada más entrar en el coche la vendó los ojos el resto del camino pese a las quejas de Bella.
Llegaron a su destino y Edward cargó a Bella estilo novia hasta un ascensor. En el ascensor Bella quiso quitarse la venda pero Edward no la dejó. Bella notó que habían entrado en algún sitio que no era público seguramente ya que no oía voces y olía a cerrado.
-¿Dónde estamos?
-Ahora te quito la venda cariño- dijo Edward desde lejos encendiendo las lues. Cuando llegó junto a ella la quitó la venda y lo primero que hizo Bella fue llorar y abrazar a Edward.
-Oh Edward… pensé que la habíamos perdido.
-Es nuestra casa, no podemos vivir en otro sitio que no sea nuestro dúplex y nadie más puede vivir aquí- la consoló mientras la abrazaba.
-Pero la vendimos…
-Yo la recompré- la dijo Edward.
Bella rompió el abrazo de Edward para observar bien su casa. En ese dúplex habían tenido los mejores y los peores momentos como pareja. Subió las escaleras y caminó a través del pasillo hasta llegar a su dormitorio seguida a pocos pasos de distancia por Edward.
Bella volvió a dejar escapar algunas lágrimas cuando comprobó que estaba tal y como recordaba. Estaban los libros de Edward, algunos marcos de fotos, el frasco de colonia que se le había gastado la noche de la cena de ensayo, el bolígrafo que la había regalado su escritor favorito y que estaba encima de la mesilla…
-Faltan tus cosas- la dijo Edward desde atrás.
-Te amo-dijo Bella girándose hasta quedar en frente de Edward y besarle con delicadeza. Edward la devolvió el beso emocionado, era la primera vez que se lo decía en siete meses.
-Yo también te amo- la dijo Edward al separarse- ven vamos a cenar- la cogió de la mano y la guió escaleras abajo donde una mesa decorada románticamente les esperaba en el salón.
-Gracias Ed. Muchas gracias cariño- dijo abrazándole.
-No me tienes que agradecer nada. Esto nos lo merecemos- dijo pasándola una copa llena de champagne. Brindaron y Edward le guiñó un ojo antes de ponerse a cenar.
Durante la cena Bella no paró de preguntarle qué había pasado desde que el abogado dijo que tenían vender el dúplex hasta este momento.
-Pero tú estás viviendo con tus padres- le dijo Bella.
-No podía vivir aquí yo solo. Compramos el dúplex para los dos y teníamos que vivir los dos- la dijo- ¿quieres volver a vivir conmigo?- la preguntó Edward.
Bella volvió a llorar y asintió con la cabeza.
Cuando terminaron de cenar Bella se lanzó a los brazos de Edward y le besó con todo el amor que sentía por él.
Edward la quitó el pasador que llevaba en el pelo dejándoselo suelto mientras Bella desabrochaba los botones de la camisa de Edward y se la sacaba por encima de los pantalones. Se separaron levemente solo para quitarse la ropa que les cubría la parte de arriba y volvieron a besarse. Edward la cargó al igual que lo había hecho al entrar en el edificio y subió las escaleras hasta su habitación.
Dejó a Bella encima de la cama y él se colocó entre las piernas de ella. La miró y solo pudo ver amor y deseo. Ella quería ser suya de nuevo.
Poco a poco sacó los pantalones que Bella llevaba puestos y él hizo lo mismo con los suyos momentos después.
Besó el abdomen de Bella desde el borde del sujetador hasta llegar al encaje gris que llevaba hoy Bella en sus bragas. Besó por encima de la tela su pubis y su clítoris haciendo que Bella separase más las piernas.
Su erección hacía que sus boxers estuvieran tirantes y Bella al darse cuenta de esto se los bajó hasta las rodillas desde donde Edward se los quitó por él mismo. Bella comenzó a acariciarle despacio y con mucho cuidado, de arriba abajo mientras no apartaba la mirada de los ojos de Edward.
Edward la desabrochó el sujetador y al no tener tirantes le apartó rápidamente de su cuerpo.
Bella obligó a Edward a que se pusiera encima de la cama y ella arriba de él. Antes de colocarse encima de él Edward rompió sus bragas tirándolas contra la ventana, a Bella este hecho no la preocupó y se subió encima de Edward .
Comenzó a restregar su clítoris contra la erección de Edward otorgándoles placer a ambos, pero Edward no quería que fuera así y levantándola por la cintura la dejó encima del colchón. Abrió las piernas de Bella al máximo y se colocó entre ellas.
Con su dedo índice empezó a acariciar el clítoris de Bella y ella echó la cabeza hacia atrás. Edward aumentó el placer de Bella cuando su boca cubrió por completó su sexo y empezó a lamerlo a la vez que alternaba masajes con su dedo índice. Mientras Edward no dejaba un rincón del sexo de Bella sin chupar ni acariciar levantó la mirada para ver a una Bella con los ojos entre cerrados que no paraba de subir y bajar las caderas.
Cuando Bella estaba a punto de coger el cielo entre sus manos Edward paró y puso su erección en el centro de Bella.
Jugó un poco con ella restregándose todo lo largo que era contra su clítoris pero Bella se hartó y ella misma agarró a Edward de un hombro para impulsarle contra ella.
-¿Qué es lo que quieres cariño?- le preguntó Edward.
-La quiero. Dentro. Ahora- dijo imperativamente.
Edward no esperó más y sin perder el contacto visual con ella se hundió en su interior y se quedó sin moverse unos segundos acostumbrándose de nuevo a la calidez de su novia. Comenzó a moverse a un ritmo suave pero constante saliendo y entrando en ella mientras que Bella no paraba de acariciarle el pecho y el cuello mientras besaba a Edward y gemía.
No podían pedir más estaban juntos, en su casa y un volcán de placer estaba a punto de estallar entre los dos.
De un momento a otro Bella paró haciendo que Edward saliera de su interior. Se colocó sobre sus rodillas, levantando el culo y apoyándose con sus dos manos en el colchón, Edward volvió a entrar en ella y esta vez las embestidas fueron mucho más fuertes y profundas. Bella pensaba que ya no podía más cuando Edward coló una mano entre su cuerpo y comenzó a acariciarle el clítoris haciendo que a los pocos minutos Bella cayera rendida en el colchón gritando de placer y él segundos después murmurara un fuerte 'joder' antes de caer sobre la espalda de Bella.
-Te amo tanto- la dijo mientras la abrazaba contra su pecho.
-Quiero estar así todos los días de mi vida- le confesó Bella con los ojos cerrados y la respiración entre cortada.
.
La mañana siguiente fue como retroceder en el tiempo. Edward se levantó solo en la cama y vestido con un simple albornoz negro empezó a buscar a Bella por toda la casa. Llegó hasta el salón y se dio cuenta de que Bella se había ido pero, ¿a dónde? Y sin dejar una nota ni nada…
Tenía el teléfono en la mano cuando entro por la puerta una Bella cubierta de ropa casi al completo.
-Ehh ¿dónde has ido?- dijo Edward besándola la nariz y empezando a quitarla el gorro de lana.
-A comprar el desayuno- explicó simplemente con una sonrisa.
-No era necesario, haber llamado y que nos lo hubieran traído a casa-
-Haberlo dicho antes, estoy congelada- le informó poniendo las manos en el cuello de Edward. Edward retiró sus manos de su cuello rápidamente y abrazó a Bella, sin embargo esta logró meter sus manos entre el albornoz de Edward y poner sus manos en su pecho.
Desayunaron en la cocina y después salieron a comer a una pizza a Trattoria en Little Italy. Estuvieron todo el día juntos hasta que por la noche tuvieron que separarse e ir cada uno a su casa.
A partir de aquí las cosas siguieron una velocidad de vértigo y sin darse cuenta su vida volvía a ser como era antes. Volvieron a vivir juntos, Bella dejo de trabajar en cosas relacionadas con el trabajo de su madre y se centró en su especialidad, abogada. Mientras Edward seguía dirigiendo los supermercados de la costa este de Estados Unidos y habían abierto varios en Canadá. Todas las semanas iban a comer los jueves a casa de los Cullen y los viernes cenaban con René la cual siempre tenía invitados a cenar.
La prensa al principio les acosó un poco y las revistas se llenaron de sus fotos paseando por todo Nueva York. Sus amigos estaban muy contentos por ellos y por tener el grupo al completo.
Los meses pasaron y el episodio de su no boda cada vez estaba más olvidado.
La boda no volvió a salir en ninguna conversación. Los meses pasaban como si fueran días. Hasta que pasaron dos años.
Dos años y tres bodas.
Alice y Jasper se casaron en Las Vegas para sorpresa de todos. Rose y Emmet se casaron en la casa que los padres de Emmet tenían en Miami en una ceremonia al aire libre y Kate se casó con su novio de toda la vida, Josh.
Bella era feliz de ver a todos sus amigos casados y felices. En todas las bodas se había planteado ser ella misma la que le propusiera a Edward casarse. En la boda de Rose y Emmet, Edward fue el padrino y ella estaba sentada en primera fila. Cuando pronunciaron los votos miró a Edward y se escuchó a sí misma diciéndole a Edward las mismas palabras que le estaba diciendo Rose a Emmet. Edward la miró y la guiñó un ojo sonriente haciendo salir de su ensoñación a Bella. El resto del día siguió dándole vueltas al asunto y siempre terminaba con la misma imagen en la cabeza, ella frente a la ventana de su habitación en la casa de su madre mientras sus amigos preocupados, intentaban hacerla hablar como fuera.
Edward en cada boda lo pasaba peor. No es que le gustase toda la parnaferlaria que se montaba en un evento como este, pero quería compartir ese momento en el que se intercambian los votos y el uno mira al otro sabiendo que vas a pasar la vida con esa persona.
Parecía que las bodas estaban de moda, pues una prima de Edward, Nikki, también se casaba hoy. La ceremonia se celebraba en el Hudson Hotel de Nueva York. Bella se encontraba sola en la ceremonia junto a la familia de Edward, este último estaba de viaje de negocios y aunque tarde, vendría a la boda.
Durante el banquete Bella se dirigió hacia el baño quedándose embobada mirando por la ventana situada en el pasillo que conduce a los baños. Últimamente se estaba sintiendo rara, notaba como su cuerpo desde dentro la gritaba que necesitaba algo, que la faltaba algo, pero no sabía que era. Perdida entre los tejados de Nueva York la encontró Edward cuando llegó a la boda y su madre le dijo que Bella había ido al baño. Llevaba una semana sin verla así que no quiso esperar a que saliera del baño para buscarla.
Sin que Bella le notase se puso detrás de ella y la pasó suavemente las manos por las caderas. Bella saltó ante el roce de unas manos en su cuerpo y se giró encontrándose con Edward. Sonriendo le enroscó los brazos en su cuello y se inclinó para besarle.
-Te he echado de menos- le dijo al acabar el beso.
-Pues no te imaginas yo. Al próximo viaje te llevo conmigo- le dijo con una sonrisa antes de darla otro suave beso en los labios.
Bella rió ante los planes de su novio.
-¿Por qué estas tan sola aquí?- preguntó Edward.
-Venía al baño pero la vista me ha entretenido-
-Ajá -dijo Edward desconfiando un poco de su respuesta- ¿Estás bien tesoro?-
-Sí, cariño, ¿por qué lo preguntas?- le preguntó con el ceño fruncido.
-Te noto extraña desde hace unos días.
-Lo siento- le dice bajando sus brazos de su cuello y agarrándole la mano- es cierto algo me pasa pero no sé qué es.
Edward soltó una carcajada.
-Vamos a averiguarlo- la coge de la mano y la conduce hasta la recepción del hotel donde pide una habitación.
Ambos entran riendo camino a la habitación con las manos entrelazadas.
-Tu madre nos matará si no bajamos rápido-
-No me importa- dice dándola la vuelta para comenzar a bajarla la cremallera del mono color granate que lleva puesto Bella.
Hicieron el amor desesperadamente sobre la cama del hotel. Cuando el acto de amor acabó Edward apoyó su cabeza contra el pecho de Bella.
Edward escuchaba los latidos del corazón de su novia mientras ella le acariciaba el pelo.
-Creo que ya sé lo que me pasa- dijo Bella rompiendo el silencio.
-¿Qué?- dijo Edward levantando la cabeza del pecho de la chica.
-Quiero casarme contigo Edward. Quiero dar un paso más en nuestra relación- Bella miró a Edward pero él simplemente se limitó a seguir observándola callado- sé que la boda supuso el fin de nuestra relación hace años pero siento dentro de mí una terrible necesidad de estar contigo a un nivel más, formar una familia contigo Edward.
Ante el silencio de Edward ella siguió hablando.
-Sé que es un tema tabú para ti pero necesitaba decírtelo. No quiero secretos en nuestra relación-
Un tenso silencio se apoderó de la habitación durante 3 minutos.
-Bella yo…
-No quieres, lo sé- dijo haciendo el amago de levantarse de la cama.
-¡Para! No, no es eso cielo. Tengo muchas ganas de casarme contigo- la dijo agarrándola de la cintura y arrastrándola cama adentro- pero no puedo evitar sentirme atemorizado de que los planes de boda vuelvan a poder con nosotros. No quiero perderte Bella, eso es lo que no quiero-
-Esta vez las cosas pueden ser diferentes cariño- le explicó acariciándole la mejilla.
-Esta vez te daré lo que tú quieras. Una boda grande, un vestido de firma española, un planificador de bodas, la tarta de limón… lo que tú quieras, pero dame a mí lo que quiero. Yo te quiero a ti. No quiero que nos alejemos, no quiero que dejemos de lado nuestra rutina por los preparativos de boda. Quiero que nuestra relación sea nuestra realidad. Mientras tú y yo sigamos siendo lo más importante para ambos quiero casarme contigo- Edward miraba todo el rato a Bella la cual había comenzado a llorar hace unos segundos.
-No Edward- dijo en medio del llanto- te agradezco que me des carta blanca en la boda, pero no quiero repetir ni uno de los pasos que dimos la vez anterior. Yo solo quiero estar contigo para siempre y como sea la boda, es algo secundario- se acercó aun más a él y le besó profundamente durante varios minutos.
-La verdad tengo ganas de decirles a nuestros amigos que vamos a casarnos- le dijo Edward sonriendo.
-Y yo, sin embargo me gustaría tener todo preparado cuando se lo digamos. Me niego a jugar con una mínima posibilidad de que puedan interferir en nuestros planes. En nuestra boda seremos tú y yo.
-Lo que tú quieras amor, lo que tú quieras- la volvió a besar y se volvió a acostar sobre ella. Las manos de ambos estaban entrelazadas encima de la cabeza de Bella, sobre la almohada. Edward la volvió a hacer suya una vez más antes de volver a bajar a la ceremonia.
La sonrisa que se dedicaron ambos al entrar al vestíbulo era producto del pensamiento ''los próximos seremos nosotros''
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Pasaron dos meses desde que decidieron casarse. Bella no quería esperar y como todos los restaurantes buenos estaban ya reservados para la fecha, decidió que realizaría el convite en casa. Al fin y al cabo el número de invitados iba a ser muy reducido.
Esta vez su madre le diseñó el vestido. Tenía que reconocer que era parecido al de la otra vez pero este tenía más valor para ella. Este era EL VESTIDO. Edward se encargó del catering y de la música. No obstante ambos organizaban todo de manera conjunta, de hecho Edward ya había visto el vestido de la novia. No tenían miedo a viejos malos augurios sobre la mala suerte, ellos cada vez se querían más.
Esta vez no hubo invitaciones. Invitaron a las personas más allegadas a ellos diciéndoselo cara a cara y fue la mejor decisión que han tomado. Las caras que ponían sus amigos al enterarse eran graciosísimas.
Finalmente el día de la boda llegó. Su dúplex estaba lleno de las familias de ambos y sus amigos. Habría un total de algo más de 30 personas incluyéndose a sí misma.
Bella bajó las escaleras de su casa ella sola y caminó sola hasta Edward quien la esperaba con los ojos brillantes y una sonrisa en los labios.
-Me he vuelto a enamorar- la dijo cuando estuvo a su lado-
Bella se sonrojó y le sonrió.
Se dieron la mano durante toda la ceremonia y en el momento de los votos Bella no pudo evitar llorar. Se unía para siempre con ese hombre con el que llevaba casi 10 años juntos. Edward no lloraba pero no estaba mejor que Bella, le tembló la mano al ponerla el anillo en su dedo anular.
La promesa de un futuro juntos se selló con un suave beso en los labios antes de que los aplausos llenaran la sala. No se separaron ni un momento durante toda la celebración. Ahora Edward se arrepentía de haber celebrado su boda en su casa, no tendría donde escaparse para irse con Bella un rato de la fiesta. Quería estar a solas con ella.
Una idea se le pasó por la cabeza mientras bailaba con Bella.
-¿Crees que sería muy descortés echarlos a todos de aquí ahora mismo?- preguntó Bella pegada a su pecho.
Edward rió porque él estaba pensando lo mismo y tenía la solución para eso.
-Ven- la dijo tomándola de ambas manos.
-¿A dónde cielo? Aquí está todo el mundo.
Edward no la contestó y se limitó a sonreír. Caminaron juntos hasta la cocina donde en un cuadro detrás de la puerta guardaban las llaves de casa, del coche, de la oficina…
Edward agarró las del coche y Bella al ver su plan se puso a reír de forma fuerte. Edward la arrastró fuera de la cocina en dirección a la puerta de su dúplex.
-Eh Cullens- gritó Emmet a dos metros de ellos- ¿os vais de la fiesta?
-Sí Emmet y nos interrumpes- le dijo Bella sonriendo. Ver la necesidad de Edward de estar con ella había hecho que en ella también naciera esa necesidad por consumar su matrimonio.
-Uohh no quisiera. Que folladores- dijo riendo a carcajada limpia- pero en fin estáis recién casados, es lo que toca. Así que venga a ¡hacer bebés chicos!- les dijo empujándoles contra la puerta.
-Aun falta para eso Emmet- dijo Bella.
-O no- la susurró Edward al oído. Bella se quedó congelada, Emmet aprovechó para salir de escena y Edward acariciaba la mejilla de Bella con suavidad.
-¿Qu…Qué intentas decir?- le pregunta Bella con hilo de voz.
-Que quiero tener hijos. Hijos tuyos. Pronto- la dijo antes de besarla de nuevo.
-Oh mi amor- dijo Bella besándole de vuelta.
Se abrazaron sonrientes antes de bajar al coche a consumar su matrimonio.
Su vida como casados acababa de empezar. La boda no había abierto ninguna fisura entre ellos, al contrario, los había unido más. Y ahora de manera presurosa e informal pero totalmente en serio, habían decidido tener un hijo.
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Meses más tarde
Era domingo por la mañana, hacia un par de semanas que habían vuelto de su luna de miel, en la cual habían recorrido diferentes países. Estaban tumbados en la cama ya despiertos. Edward acariciaba la espalda de Bella con una mano mientras la otra la tenía bajo su cabeza. Bella estaba apoyada en su pecho con los ojos cerrados pero sabía que estaba despierta porque jugaba con los pelos de su pecho.
-Bells tesoro- la llamó.
-Mmmm- contestó aun con los ojos cerrados.
-Desde que volvimos de la luna de miel no he parado de darle vueltas a un asunto y necesito que me saques de dudas.
-Dime- le dijo levantándose y sentándose a su lado- que te aflige.
-¿Te acuerdas del día de la boda? ¿Lo que hablamos?
-Mmmm sí pero no sé a qué te refieres exactamente cielo- explicó Bella.
-A lo de tener un bebé. ¿Lo decías en serio o solo para complacerme en ese momento?- preguntó.
-¿Me lo estás diciendo en serio Ed?- fingió molestia Bella. Edward se limitó a asentir. Sus ojos transmitían incertidumbre de no saber cómo iba a reaccionar su mujer. Su mujer.
Bella le agarró una mano y entrelazó sus dedos.
-Lo decía tan en serio que dejé de tomar la píldora ese mismo día. Tan en serio que durante la luna de miel no hemos dejado de intentarlo. Y lo decía lo suficientemente en serio como para que ahora esté embarazada- terminó con una sonrisa y los ojos inundados en lágrimas mientras que agarraba la mano que tenía junto a la de Edward y la puso sobre su tripa.
-No es cierto- dijo Edward con una sonrisa de felicidad mientras pegaba un salto en la cama y se quedaba al lado de Bella de rodillas sobre el colchón.
-Sí es cierto, me enteré ayer. Así que espero que tú lo hayas dicho también en serio porque no hay vuelta atrás. En unos meses un bebé Cullen-Swan estará en nuestros brazos.
Edward soltó una gran carcajada y se tiró encima de su mujer con cuidado de no aplastarla mientras la abrazaba y la daba besos por toda la cara.
-Te amo Bella, te amo. Y amo también a este bebé que está creciendo en tu interior- la besó profundamente sujetándola la cara con ambas manos.
-Yo también os amo. Al bebé y a ti papi- dijo mientras volvía a poner las manos de ambos sobre su abdomen.
LINK DESCARGA DE LA HISTORIA CON IMÁGENES (algunas tienen contenido erótico, os aviso) www . dropbox s / enpggaycntqudge / High%20Society%20Wedding%20-%20Bella%20Bradshaw . pdf?dl=0
El link es muy largo, lo sé. En mi perfil de facebook (Bella Bradshaw) lo colgaré para que podáis pinchar en él y que os lleve a dropbox directamente.
Segunda y última parte del TS. Estoy muy contenta de saber que os ha gustado tanto la primera parte.
Me gustaría que me dejaseis un review diciéndome si os ha gustado esta segunda parte.
Un saludo, Bella Bradshaw.
