Sakumo observaba a su madre por encima de los palillos mientras se comía los fideos. Sakura sentía su mirada insistente y la evadía vigilando la calle a través del cristal. El restaurante estaba caliente y las ventanas ahumadas. La nieve se había adelantado ese año. Y era demasiado tarde para buscar refugio en las montañas. La mujer miró a su hijo de reojo.

- ¿Qué?

El niño se sorprendió y sorbió la sopa de golpe. Sakura suspiró aunando paciencia y lo miró directamente apoyando los codos en la mesa y dejando descansar la cara en las manos abiertas.

- ¿Qué te ronda la cabeza, Sakumo?- dijo ella empujándole suave la frente con el dedo índice.

El niño se frotó la frente y preguntó en voz baja baja.

- ¿Estás enfadada con Sasuke-san?

Aquello si que no lo esperaba la kunoichi. Se recostó en la espalda de la silla y entrecerró la mirada. Sakumo se revolvió y a falta de un sitio mejor se escondió bajo el flequillo blanco.

Realmente nunca había considerado lo que Sasuke podía significar en la vida de su hijo. Ellos solo habían cruzado unas pocas palabras, y a la indiferencia del adulto el niño había respondido con una rebeldía tajante. Sin embargo también era evidente que Sakumo estaba ávido de compañía. Sakura se relajó y le sonrió.

- No estoy enfadada con él.- respondió y añadió con ligera exasperación.- Y cuando menos te lo esperes nos lo toparemos de nuevo.

Sakumo miró su tazón vacío y sonrió.

- ¿Y a qué se debe de repente tu interés por Sasuke?- preguntó ella con curiosidad.

El niño levantó la cara y dudó. Sakura empezaba a impacientarse.

- Me gustaría que fuera mi sensei.

Entonces a Sakura la atravesó un rayo que la dejó clavada en la silla. Sensei tenía mas significado para ella de lo que su hijo nunca sabría. El rostro se Sakura se oscureció y desvió rápidamente la mirada al exterior. Su hijo no tenía porque recibir su pena.

- Mamá...

Por la forma en que Sakumo la llamó, como un lamento, Sakura supo que era demasiado tarde. Respirando profundamente le devolvió su atención.

- Yo puedo entrenarte si quieres.- logró decir la kunoichi con la voz ronca. Pero vio que sus palabras no tenían efecto. Sakumo la miraba con preocupación. Sakura recordó que le faltaba poco para cumplir los seis años. No debería ser tan perceptivo. Y ella debía empezar a ser mas sincera con él.

- Sakumo. - Su voz sonó mas firme y el niño parpadeó - Yo puedo entrenarte, pero si necesitas un sensei, buscaremos uno. Sasuke no es el mas adecuado.

El niño bajó la cabeza decepcionado.

- Además no creo que él tenga tiempo para dedicarse a tu adiestramiento.- insistió ella de nuevo, dando por zanjado el asunto.

Pero el tiro le salió por la culata.

- ¿Si Sasuke-san acepta, dejarás que sea mi sensei?- preguntó él de repente esperanzado.

Sakura empezaba a perder la paciencia pero los ojos negros de su hijo nunca habían sido tan obstinados. Y la retó en silencio. A la mujer le sorprendió, y no de forma agradable, pero sin poder evitarlo una sonrisa empezó a dibujarse en su cara. Sakumo tenía agallas.

- De momento vamos a ver dónde pasamos el invierno. Si en la primavera nos lo volvemos a encontrar, tienes mi permiso para pedírselo.

Sakumo saltó en la silla comido por los nervios pero Sakura lo paró en seco con una mirada, y el niño se quedó clavado en el asiento.

- Pero si acepta, no habrá vuelta atrás ¿entiendes? Ser ninja no es un juego, y Sasuke no es digamos...- Sakura buscó la palabra -, paciente. Una vez que empiece los entrenamientos no quiero ni una queja.

El niño asintió con energía sacudiendo la melena blanca. Sakura dejó la espalda descansar en la silla. Era mas fácil cuando solo tenía que llevarlo de un lado a otro liado en su mantita. Ya empezaba a querer tomar sus propias decisiones y si sacaba la mitad de la obstinación de sus padres, le aguardaba un duro trabajo con él. Con suerte se le olvidaría durante el invierno. Pero lo dudaba viendo la carita de satisfacción que tenía. Sakumo no lo sabía, pero era el único que calentaba el pecho de Sakura recordandole que aun era humana. Decidió darle un regalo.

- ¿Quieres que vayamos a ver a Chiharu?

Sakumo la miró perplejo.

- ¿De verdad?

- Sí, seguro que a estas alturas ya tiene la despensa llena.- dijo la mujer guiñándole un ojo. El niño rió entre dientes y empezó a contar con los dedos los pasteles que se podría llevar sin que la vieja Chiharu lo pillara.

…...

Chiharu vivía a las afueras de una aldea en el país del Roca. No era una gran distancia pero ahora que Sakura sabía que Kabuto estaba muerto tenía que mantener los ojos mas abiertos que nunca.

Tenía la sospecha de que, quién había acabado con él, reclamaría el liderazgo del Sonido. O tal vez no. Si Sasuke tenía razón y el autor había sido alguien de la Hoja, tenía mas pinta de venganza personal. En ese caso los del Sonido estarían en esos momentos peleándose como perros por tomar el mando. Y dado que ellos eran quienes mas información tenían de Sakumo, era probable que quién lograra capturarlo se autoproclamara el nuevo líder del País del Arrozal. Y de todo el mundo conocido. El Juubi si se lograba controlar sería sin lugar a dudas mejor que cualquier ejercito de Shinobis . Si se llegaba a controlar.

Sakumo, estrenando botas nuevas, caminaba siempre por delante haciendo saltar la nieve con la punta de los pies. El abrigo de piel de lobo y su pelo blanco eran una mimetación perfecta. Sakura, sabiéndolo, lo seguía un poco atrás limpiando el rastro y vigilando el camino. Como no había tenido tiempo de teñirse el pelo, usaba un abrigo con capucha para cubrirse la cabeza. La mochila con los víveres abultaba mucho, y se sentía muy pesada. Apenas tenía movilidad para sacar las espadas con rapidez, y estaba incómoda.

Pero Sakura sabía que esa intranquilidad era por algo mas que no tener las armas a mano. No soportaba tener que esperar a que los ninjas del Sonido se reorganizaran y se decidieran atacar. El invierno obligaba a viajar lento por lo que siempre había buscado refugio en las montañas. Pero por los contratiempos de la última misión para Mogui, se había relajado y no había tenido tiempo de esconderse.

Sakura le daba vueltas a una idea algo arriesgada. Faltaba mas de una semana para la luna llena, y si Chiharu se quedaba con Sakumo, podría investigar e interceptar al enemigo antes de qué dieran con su paradero. Desde luego no podía quedarse quieta y esperar con los brazos cruzados. Tendría que ser algo rápido. Para la luna llena ella debía estar de vuelta, con Sakumo en las minas del Hierro, lejos de la civilización.

…...

- ¡Chiharu!- Gritó Sakumo entusiasmado.

La mujer lo saludó con la mano desde el umbral de su hogar. Hyo sentado a su lado, agitó la cola deshaciéndose de la nieve que se había apelmazado durante la espera. Sakura lo había enviado horas antes para asegurarse de que no había peligro por los alrededores de la casa. Pero la vieja no lo había dejado entrar por lo que se había creado sobre su piel marrón una capa de escarcha.

Sakumo se abrazó a la cintura de la mujer y ella lo abrazó con cariño.

- Cuanto has crecido, Sakumo, ya me llegas por la barbilla.- dijo la mujer con voz cálida. Sakumo rió entre dientes.

La mujer rubia levantó la cara.

- ¿Quién es el muñeco de nieve que te sigue, Sakumo?

Sakura llegó junto a ellos y dejó caer la pesada mochila a suelo.

- Hola, Chiharu. Espero no molestar.- dijo con una sonrisa estirando los brazos entumecidos.

- No digas tonterías. Pasa, pasad ya. - dijo la mujer rubia mirando al niño.- Adentro se está caliente.

Sakumo entró a tropel, seguido de la anfitriona. Hyo levantó la cabeza y cruzó sus ojos amarillos con los verdes de la kunoichi pidiendo permiso. Sakura asintió, el puma siguió al niño. La joven echó un vistazo alrededor. La casa, interna en el bosque, estaba alejada del pueblo y de los curiosos.

La kunoichi lanzó varios kunai clavandolos en la nieve y entró en la casa cerrando la puerta tras ella. La luz de las estrellas era demasiado débil para delatar el fino hilo de chacra que los unía, asegurando el perímetro.

Cuando Sakura entró, Hyo ya se había acurrucado frente a la chimenea, derritiendo el hielo del pelo y derramando un pequeño charquito en el suelo de madera. Chiharu le había quitado el pesado abrigo al niño e intentaba sentarlo a la mesa. La kunoichi miró las escaleras que llevaban al piso superior y empezó a soltar todo el equipaje en la puerta.

- Vamos, para comer tienes que estar sentado.- decía la mujer mayor a Sakumo.- Te voy a traer algo que te gustará mucho.

- ¿Y Kiyoshi?- preguntó el niño.- ¿Dónde está?

Sakura levantó la cara.

- Está arriba. - contestó Chiharu desde la cocina.- Está un poco enfermo así que será mejor no armar mucho alboroto.

Sakumo se entristeció y empezó a mirar las escaleras con ansias.

- ¿Puedo echarle un vistazo?- preguntó Sakura.

- Estás congelada y cansada. Y Kiyoshi solo está un poco acatarrado.- contestó la mujer mientras servía la cena. Sakura supo que había mas. La mujer se negaba a mirarla a la cara y su voz sonaba tensa. Así que sin mediar palabra, subió las escaleras.

Chiharu le revolvió el pelo a Sakumo.

- ¿Por qué es tu madre tan testaruda?

El niño sólo se alzó de hombros entretenido en roer un muslo de pollo y la mujer se sentó con él.

Sakura entró en el dormitorio de Kiyoshi sin hacer ruido. La chimenea chisporroteaba y caldeaba la habitación. Miró la cama. El niño no estaba. Buscó en la penumbra y lo vio en una esquina mirándola directamente con los ojos escarlata. A la joven se le puso la piel de gallina. Con que de eso se trataba el catarro.

- Hola, Kiyoshi.- dijo Sakura con voz amable.

- Hola, Sakura-san. - dijo el niño saliendo a la luz de la chimenea.

La mujer vio que estaba algo asustado pero contento de verla. Las sombras bajo los ojos le señalaron que llevaba tiempo sin dormir bien.

- ¿Te molesta la luz, Kiyoshi? ¿Puedo encenderla?

El niño negó con la cabeza.

- Me duelen los ojos.

Sakura frunció el ceño. Se acercó con decisión a la cama y encendió la luz de la lamparita.

- Siéntate, déjame verlos.

El niño se sentó con timidez junto a ella. Sakura lo tomó de la barbilla y lo obligó a mirarla. El Sharingan se había despertado, y Kiyoshi no lo había podido apagar. Sakura puso su mano sobre sus ojos empezó a emitir chacra. El niño cerró los ojos y suspiró agradecido por el frescor. La inflamación en los capilares fue menguando y el dolor desapareció poco a poco. Cuando el niño abrió los ojos Sakura lo miraba con calidez.

- ¿Te encuentras mejor?

Kiyoshi sonrió y Sakura vio a su madre. Sin poder evitarlo lo abrazó fuerte contra su pecho. Tenía la misma edad que Sakumo pero parecía menor. El pelo negro de los Uchija contrastaba con la piel tostada de su madre y de su abuela. Era un niño realmente guapo. Lastima que tuviera una complexión tan débil. El embarazo tan atormentado que tuvieron las mujeres de Tobi dieron niños enfermos o de poca fortaleza. El hijo de Chihiro había sido de los mas afortunados. Cuando lo soltó de su abrazo de mamá osa el niño la miraba sonrojado.

- Tenemos que averiguar la forma de apagar esos ojos.- le dijo ella con cariño.- Sólo debes utilizarlos cuando lo necesites.

El niño asintió aun un poco sugestionado. Sakura ahogó una risita. Para algunas cosas Kiyoshi podía parecer mayor que Sakumo. Y se levantó de la cama de golpe.

- ¿Sabes quién está abajo?

Kiyoshi saltó al suelo.

- ¡Sakumo!

Sakura asintió y el niño salió disparado escaleras abajo. La joven sacudió la cabeza con humor y lo siguió.

Antes de llegar abajo ya se podía escuchar las voces histéricas de los niños.

Sakura se sentó a la mesa junto a la mujer.

- ¿No pensabas decírmelo? - susurró la pelirrosa.

La rubia guardó silencio, observando a los dos niños jugar a peleas.

- Me pilló de sorpresa. No me lo esperaba tan pronto. Él estaba tan asustado y yo no sabía que decirle... Así que lo único que se me ocurrió fue hacerle pensar que estaba enfermo.

Sakura la miró de reojo.

- Debo parecerte un monstruo.- dijo la mujer mayor sin mirarla.

- Sólo una abuela gruñona.- sentenció Sakura restando importancia.

- Bueno, eso si lo soy.- afirmó Chiharu rotunda y mas contenta.

Sakura sentía su mirada curiosa mientras comía. La kunoichi sabía que venían las explicaciones dolorosas.

- ¿Cómo lo has hecho?¿Cómo le has sanado los ojos?

Sakura dejó la comida y miró a su hijo.

- Tuve que curar a su padre muchas veces.- dijo.

- ¿Al padre de Sakumo? ¿Era un Uchija? - preguntó la mujer mayor. Desde luego era algo sorprendente con la melena blanca y salvaje que tenía el niño.

Sakura negó con la cabeza con rapidez.

- No. Pero su ojo izquierdo era un Sharingan implantado. Un regalo de un amigo de la infancia.

Chiharu arrugó la cara. Sakura sonrió. Un regalo raro sin duda.

- El caso es que al no ser Uchija no podía desactivarlo, por lo que lo llevaba siempre cubierto. Un Sharingan permanentemente abierto drena el chacra y acaba por dejarte ciego.

Chiharu miró a su nieto y apretó los labios. Sakura le puso la mano en el hombro tranquilizándola.

- Pero con él es distinto. Tiene sangre Uchija por lo que debe cerrarse con facilidad.

- ¿Entonces por qué no lo hace?

- Es probable que al estar tan asustado, el Sharingan se sienta en continuo estrés y por eso no se cierra. Es una defensa natural. Deja que se relaje estos días con Sakumo y no le prestes atención. Si para cuando regrese sigue igual lo llevaré con un amigo para que lo ayude.

- ¿Cuándo regreses?¿Es que piensas dejarme aquí a los dos?- refunfuñó la abuela viendo revolcarse por el suelo a las dos bestias.

- Tengo algo que hacer pero solo tardaré unos días.- dijo la kunoichi seria. Lo mas seguro para ambas era saber lo mínimo. Había sido un acuerdo tácito arraigado desde siempre.

Cuando los muebles empezaron a correr peligro ambas mujeres se levantaron para separarlos.

- Que se relaje dices ¿no?- dijo Chiharu. Sakura soltó una carcajada mientras cogía a Sakumo en brazos y le daba un sonoro beso en la mejilla.

…...

Sakura emprendió el viaje antes del amanecer. Antes de marcharse se despidió en silencio de Sakumo. Siempre lo hacía. Sakumo entreabrió los ojos y ella lo besó en la frente.

- ¿Cuándo volverás?

- En menos de una semana. Pórtate bien y ayuda a Chiharu ¿vale?- dijo la joven susurrándole sobre la nariz.

El niño asintió y la abrazó por el cuello.

- Te quiero mucho, mamá.

Sakura se derritió como la mantequilla. Lo besó en la mejilla y se soltó del abrazo.

- Mentiroso.- dijo ella riendo bajito mientras lo arropaba.- Duérmete.

Sakumo protestó con un gruñido y ronroneando se escondió entre las mantas. Al instante estaba dormido.

Sakura salió de la habitación con el corazón encogido. Mientras bajaba las escaleras el verde fresco y vivo de su mirada se fue oscureciendo, afilándose como una espada de berilo. Los hombros se fueron tensando y el cuerpo crispando. Para cuando salió al umbral de la casa la metamorfosis se había completado. Era lo que Sakumo hacía con ella. De una amorosa madre pasaba a ser una fiera protectora, desgarraría con los dientes a cualquiera que quisiera acercarse a él.

Hyo le deslizó el lomo por su cintura.

- Quédate aquí. Llama a los demás y que vigilen los alrededores hasta que yo vuelva.- dijo la mujer sin mirarlo. Y cerró la puerta dejando al puma dentro.

Empezó a caminar. Aun faltaban algunas horas para el amanecer y la nieve estaba dura. Sólo equipada con sus armas y una capa oscura emprendió el viaje a paso ligero. Debía llegar al Sonido cuanto antes.

…...

Llegó dos días después por la noche. Alquiló tres habitaciones de hotel con nombres distintos, una por cada noche que pasaría en aquel lugar. Y al amanecer salió a la calle. La capa oscura le cubría el pelo pero estaba intranquila. Buscó en algunas tiendas hasta que encontró un tinte negro y regresó al hotel. Nunca lograba oscurecerlo totalmente, y había veces que quedaba castaño y otras cobrizo con reflejos rojos. No era algo que le preocupara realmente pero no podía evitar sentirse guapa frente al espejo. Los tonos oscuros realzaban el verde de sus ojos y la piel sonrosada de sus mejillas. Con un resoplido condescendiente salió a la calle.

El primer día rondó los lugares frecuentados por los hombres de Kabuto. Durante su tiempo de cautiverio conoció a varios de sus lugartenientes. No le sorprendería que alguno de ellos estuviera tras su asesinato. No halló pistas en la calle, así que al segundo día decidió arriesgarse a entrar en una de las tabernas. Estuvo observando durante toda la mañana el entrar y salir de la gente. Hasta que finalmente encontró una cuartada apropiada. Una joven prostituta salió con un tipo agarrado a su cintura. Sakura los siguió durante algunas calles. Junto a un callejón noqueó a ambos y los escondió tras unos contenedores. En cuclillas se fijó en los rasgos de la muchacha. Demasiado joven. Pero no iba a perder mas el tiempo. Realizó el henge y volvió sobre sus pasos. Al entrar en el bar, aguantó la respiración. Era penoso, pero no se acostumbraría nunca a ese olor. Cuando vio que llegó al otro lado del bar y nadie levantó la vista supo que había elegido bien. Se sentó en un rincón a esperar. Hasta caer la tarde no empezaron a entrarle clientes. Y ella con una sonrisa coqueta los iba desalentando. Estaba esperando a alguien.

Bien entrada la noche fueron llegando los primeros ninjas del Sonido. Se sentaron en varias mesas y las mujeres comenzaron a bajar de las habitaciones. Alguna le echó un vistazo a Sakura pero ella las ignoró y siguió sentada en la silla. Observando.

Por fin uno captó la atención de la kunoichi. Era un mando. Un capitán de equipo al menos. Y le pareció recordar su rostro. Tal vez había sido guardia hacia seis años en las minas del Norte. Y Sakura entró en acción. Sin despegar la vista de él, se descubrió un muslo echando la falda a un lado, justo a ras de las bragas. La joven tenía la piel suave pero Sakura en un alarde de soberbia mostró sus piernas torneadas de kunoichi. El ninja no tardó en sentirse observado y al verla los ojos se le fueron directos a la piel cremosa de sus piernas. El tipo empezó a salivar y ella le regaló una gran sonrisa. Y para que no le quedaran dudas empezó a recorrer el escote con la yema de los dedos, invitándolo.

Cuando el hombre se levantó ella hizo lo mismo y se dirigió a las escaleras. No quería que nadie la viera con él. Y al llegar a la habitación el ninja la agarró por la cintura con hambre.

- No corras tanto, déjame verte.

Sakura se giró y mientras abría la puerta con una mano, la otra la pasó por su nuca arrastrándolo con ella.

- Dentro me verás mejor.- susurró sobre sus labios.

El hombre terminó de abrir de un golpe y ambos entraron. Sakura lo abrazó por el cuello y lo besó dejándolo sin aliento. Después de un empujón lo tiró en la cama y cerró la puerta con pestillo.

El ninja la miró con los ojos muy abiertos.

- Tú no eres una puta.- dijo sorprendido.

Sakura entrecerró la mirada y empezó a desnudarse. No quería asustarlo y que se fuera.

- No. Pero me gustas ¿Cambia eso algo?

Una sonrisa vanidosa se empezó a dibujar en el rostro masculino y Sakura supo que había hinchado igual su ego que su polla.

En bragas y sujetador Sakura se sentó a horcajadas sobre él. El tipo no perdió el tiempo y empezó a sobarla. Sakura acercó su rostro al de él acariciándolo con su pelo. Y mientras con una mano recorría el pecho del ninja, la otra escondida tras su espalda empezó a realizar sellos. Se fue arrimando poco a poco a la boca abierta del hombre avivando el deseo. Y cuando sus labios rosados estaban a centímetros de los de él, susurró.

- Genjutsu.

Los ojos del ninja quedaron estáticos y las manos quietas. Sakura se bajó de encima de él y se sentó en la cama. No era muy agradable sentir en la entrepierna la erección de un desconocido.

Decidió tomarse su tiempo, y se tumbó a su lado.

- Nombre y rango.- derramó con voz sedosa en el oído del hombre.

- Takahara Hiroshi, capitán escuadrón seis. Villa del Sonido.

- Misión.- susurró la mujer.

- Ninguna. A espera de ordenes.

- Ordenes de quien.

- Alto mando.

Sakura miró al techo con exasperación y cambió de técnica para ponérselo mas fácil.

- Kabuto.

- No.

- ¿Quién?- insistió.

El hombre no contestó. Sakura se volcó sobre su pecho y lo miró a los ojos. Seguía bajo el genjutsu.

Lo besó suave.

- ¿Quién?

El ninja suspiró ronco pero tampoco respondió. Sakura frunció el ceño ¿Era posible que aun no tuvieran líder?

- ¿Quién mató a Kabuto?

- Información desconocida.

- ¿Cómo murió?

- Raikiri.

Los ojos de Sakura se abrieron poco a poco y el genjutsu se tambaleó. El ninja empezó a respirar con pesadez y la erección se fue endureciendo mas. La kunoichi se acercó a sus labios.

- ¿Lo mataron con un jutsu de rayo?

- No. Con el Raikiri.

Sakura se levantó despacio de la cama aturdida ¿Qué quería decir ese idiota? Sólo Sasuke podía utilizar esa técnica y él no había sido ¿No?

Sacudió la cabeza con fuerza despejando la mente. Se vistió con rapidez, se acercó al ninja y apretó en un punto en el cuello hasta dejarlo inconsciente.

Salió de la habitación totalmente conmocionada. Aquello no lo esperaba. Por suerte para ella, había mucho ruido abajo y volvió a la realidad. Se aseguró de que el henge estaba intacto y se dispuso atravesar el salón concurrido lo antes posible. Pero dio dos pasos y se quedó congelada. Tuvo que sentarse.

En una de las mesas Mogui hablaba con los del Sonido. Y ese Zenma al lado.

No tuvo que ver mucho para saber lo que esos hijos de puta estaban tramando. Con solo escuchar bruja y ver el dinero pasar por encima de la mesa, no necesitó mas. Apretando las muelas se levantó con disimulo, y se acercó a ellos. Tuvo que sujetarse para no degollar a ese enano traidor. Pero no tenía tiempo que perder.

Sin embargo las cosas empezaron a complicarse, cuando el nuevo perro de Mogui levantó la vista y cruzó los ojos con los de ella. Sakura desvió los suyos mientras pasaba tras ellos dirigiéndose a la puerta. Pero como perro de caza que era no desclavó la mirada de ella. La kunoichi apretó el paso y cuando abrió la puerta de la taberna, Zenma ya se levantaba de la silla.

Con solo poner un pie en la calle, Sakura se esfumó. El ninja salió y se quedó un rato buscando, parecía nervioso. Sakura podía verlo desde un tejado al otro lado de la calle. Por algún motivo Sakura no podía moverse. Primero el Raikiri y ahora Mogui la vendía. Y ese Zenma olisqueando el aire como un animal ¿De dónde sacaba Mogui a su gente? Sakura no podía despegar los ojos de ese rostro duro y de repente el ninja clavó la mirada en ella. A la joven se le cortó la respiración. Era imposible que a esa distancia pudiera verla y pero el tipo ni parpadeaba mirando en su dirección. Sin poder evitarlo, el calor subió por su pecho como el de una tonta adolescente. Hasta que la palabra Raikiri se coló de nuevo en su mente. Y se acabó el juego. Se dio la vuelta y se desapareció por los tejados.

…...

Llegó a la habitación de hotel y recogió sus cosas histérica. Tenía que volver con Sakumo. Ahora que Mogui la había delatado era solo cuestión de tiempo que cerraran el cerco. Ese imbécil conocía sus rutas casi también como Sasuke. Otro con el que tendría que hablar ¿Cómo era posible que hubiera matado a Kabuto y se lo hubiera ocultado?¿Por qué?

Una vez hubo tomado las armas y el dinero se dispuso a salir. Pero no lo hizo. Captó varias firmas de chacra acercándose velozmente por las escaleras. Dio un paso atrás. Mierda. Miró por la ventana. Abajo la esperaban escondidos en los callejones varios ninjas. Y sobre los tejados otros tantos. Se mordió el labio pensando con ansiedad. No podía atrincherarse indefinidamente y el tiempo corría en su contra. Tenía que deshacerse de ellos antes de regresar con Sakumo.

Realizó cuatro clones de sombra diferentes, la joven prostituta, la kunoichi del Rayo, un ninja del Sonido y uno de ella misma con el pelo rosa. La mas joven salió disparada por la ventana. La del Rayo salió de frente por la puerta. Y el ninja del Sonido golpeó el suelo de madera con fuerza monstruosa abriéndose camino hacia la planta superior seguido de la bruja pelirrosa.

Al llegar abajo estaban rodeados. De inmediato el ninja del Sonido y el clon de Sakura se enzarzaron en una pelea. Los demás reaccionaron uniéndose para intentar capturar a la kunoichi. El clon pelirrosa golpeó el pecho al clon ninja estrellándolo contra la pared y huyó por la puerta principal. El resto de ninjas la siguieron. Después de un rato Sakura se aventuró a abrir un ojo y se vio sola. Los clones serían capturados en pocos minutos, suficientes para escapar ella. Y sin dejar su henge masculino salió a la calle simulando estar herido. Pero entonces sintió un fuerte golpe en la nuca y todo se volvió oscuro.