Si había algo que Sakura detestara de Sasuke es que se entrometiera en sus asuntos. Y mas cuando tenía a Mogui cogido del gaznate, soltándolo todo, clarito clarito, todo lo que ella quería saber, que la había vendido a unos mercenarios de la Arena, que les llevaba dando información durante un par de meses, que conocían los caminos que frecuentaba entre las montañas, que sabían que viajaba con un niño ...
Sin su perro guardián, no era mas que un pequeño hombre sin valor, rogando por su vida. El tal Zenma no parecía tener intención de defender a su jefe. Aguardaba allí, de pie como un pasmarote, mirándola muy confundido, secándose la sangre de la boca , y aunque la kunoichi no lo perdía de vista, estaba casi segura de que no movería un dedo por Mogui. Era lo que tenía comprar la fidelidad con oro. Ella podría haberse quedado un rato averiguando mas sobre sus enemigos, pero entonces tuvo que entrar Sasuke en la taberna y fastidiarlo todo.
- ¡Sakura!¡No!
La kunoichi lo miró por encima del hombro. Clavó sus ojos verdes en los negros de su amigo. Él debería conocerla mejor, nunca iba a permitir que nadie se interponerse entre ella y su presa. Sasuke fruncía el ceño realmente molesto y a Sakura le resultó divertido. Hasta que recordó a Sakumo y se acabó el tiempo de recreo. La kunoichi se acercó al infeliz a la cara.
- Mantente lejos de mí, Mogui.- y lo dejó caer en el suelo.
La pelea con los tipos de la taberna había sido movida, así que con rapidez se sacudió la ropa, se bajó la capucha para recogerse mejor el pelo y se la volvió a colocar correctamente. Ágil se giró y lanzó una mirada de advertencia a Zenma para que no la siguiera, pero la cara de éste la detuvo en seco. La contemplaba como a un fantasma, pálido y con los ojos muy abiertos. Y entonces fue extraño, su mirada fue cambiando volviéndose tierna, conmovida. Sakura se estremeció ante la sensación de ser reconocida. Y escondiéndose tras la capucha salió disparada del bar ¿Por qué la había mirado así? ¿De qué la conocía? Estaba segura de que no era de Konoha, y ella no había tenido tanta familiaridades con nadie para que la mirara así. Mientras esperaba en la calle a que saliera Sasuke, el frío le dio en la cara, y se notó las mejillas calientes. Se sentía tan rara, hacía años que nadie la miraba así. Así como un enamorado. Se cubrió mas con la capa, para esconderse del viento helado y de su repentina timidez ¿Conocía a ese hombre de algo? Ella no lo recordaba. Y por fin salió Sasuke.
Venía echando humo y entonces Sakura recordó que su hijo debía estar solo. Maldito irresponsable.
- ¿Qué demonios haces aquí?¿Dónde están Sakumo y Kiyoshi?- le gritó ella furiosa.
- Ellos están bien ¿Y tú?¿Qué estabas a punto de hacer? Esto no es lo que acordamos.
Sakura refunfuñó y apartó la cara. Le debería partir la cara ¿Qué se creía?¿Qué era la niña pequeña que necesitaba que la rescataran? Había llovido mucho desde entonces.
- Vayámonos, idiota. - escupió y le dio la espalda caminando con energía.
- ¿Y tu amiga?- preguntó él.
Oh, Chiharu. Había entrado con ella y cuando las cosas se habían vuelto complicadas, se había refugiado tras la barra.
- ¡Debe estar aun dentro!- gritó y echó a correr, pero Sasuke se puso frente a ella con las manos en alto.
- No vuelvas, yo iré. Sakumo anda por allí.- dijo él señalando los callejones.- Nos encontraremos en un momento.
Sakura asintió. Adentro ya no había peligro y los chicos estaban solos. Y salió corriendo. Las energías de los niños estaban bastante separadas y siguió a la que estaba mas cerca. Escuchó ruido de carreras. Las calles eran estrechas y oscuras. Tenía que ir saltando entre gatos asustados y borrachos abandonados. A cada poco tenía girar una esquina y otra hasta que encontró a Kiyoshi perseguido por un ninja. La kunoichi sacó las espadas y lo alcanzó por detrás. El enemigo cayó herido al suelo pero Sakura tuvo que correr un poco mas hasta que pudo agarrar al niño por el hombro.
- Detente, Kiyoshi, estoy aquí.- le dijo echándose hacia atrás la capucha para que la reconociera.
El chico se dio la vuelta y al verla se le abrazó a la cintura.
- Lo siento, tuve miedo...- dijo restregándose las lágrimas.
- Está bien, lo hiciste muy bien. - dijo ella acariciándole la cara-, estás a salvo ¿Dónde está Sakumo?
- Él iba delante, y lo perdí...
Sakura frunció el ceño. Se acercó al ninja y vio el hitai-ate del Sonido. Tras quitarle la vida, le quitó sus kunai.
- Toma, - le dijo al niño dándoselos,- y no te separes de mí.
El chiquillo asintió y ambos salieron del callejón corriendo.
El rastro de Sakumo se extendía por varias calles y Sakura fue poniéndose cada vez mas nerviosa. Su hijo podía lidiar con algunos adultos durante un tiempo pero empezaba a detectar muchas presencias, por los tejados, siguiéndolos, rodeándolos y algunas eran familiares. No era posible que tuviera tan mala suerte. Cada vez estaban mas cerca, acorralándola y, queriéndolos alejar de Sakumo, la kunoichi tomaba un camino u otro, saltando de callejón en callejón, tomando las esquinas rápida como una centella, retardando su encuentro.
Sakura miró por encima del hombro. Kiyoshi no podría mantener mucho tiempo el ritmo. Entonces sintió el chakra de su hijo claro y nítido. Sakumo estaba realizando un jutsu, curiosamente cerca de la taberna que había dejado minutos antes. Sasuke debía estar allí con él.
La joven se detuvo en seco. Realizó una serie de sellos y golpeó con la palma de la mano el suelo. Tras una nube de humo apareció Hyo con el lomo erizado.
- ¿Dónde me has traído?
El puma odiaba que lo invocara en lugares poblados.
- Llévate a Kiyoshi fuera de la aldea. Nos encontraremos mas tarde.
Sin mas palabras el felino paso la gran cabeza entre las piernas del niño y lo lanzó a su espalda. Kiyoshi se agarró a sus pieles y ambos desaparecieron entre los contenedores de basura. Entonces la kunoichi se lanzó en busca de su hijo. A medida que llegaba a la plaza escuchó los sonidos familiares de batalla, de choques de kunai y gritos de jutsus. Sacó las espadas.
Sakura entró en la plaza como un huracán arrasando cuantos ninjas del Sonido encontró. Pronto pudo distinguir algunos chalecos verdes de Konoha. En mitad de aquella batalla campal era muy difícil distinguir un niño pequeño y empezó a llamarlo. Entre los jadeos de lucha y muerte de tantos ninjas no podía escucharlo y empezó a desesperarse. Localizó a Sasuke. Con un jutsu ígneo empujaba a varios enemigos fuera de la plaza. Pero Sakumo no estaba con él. La joven quiso acercarse pero mas enemigos saltaban frente a ella obstaculizando. Por fin vio algo de pelo blanco y logró colarse a fuerza de hacer trizas a cualquiera que se pusiera por delante. Sakura jadeó de alivio. No estaba herido y se defendía con un kunai como una fierecilla. Alguien con chaleco verde de la Hoja le cubría las espaldas.
- ¡Mamá!- gritó Sakumo cuando la vio.
Entonces aquel hombre se giró. Y Sakura dejó de respirar. Durante un instante que pareció eterno, la mente de Sakura se bloqueó y perdió la conciencia de lo que ocurría a su alrededor, lo único que veía era la imagen de Él. Miles de recuerdos la atropellaron, golpeándola como un saco de boxeo, drenándola, dejándola sin fuerzas ni voluntad. Pero cada fibra de su ser había estado luchando por aquel hombre durante demasiado tiempo, y la ira fue arañando aquella burbuja que la inmovilizaba regresándola a la realidad. No. No. No.
Nunca los del Sonido habían utilizado una técnica tan rastrera para atraerla a una trampa. Nunca habían sido tan inteligentes. Un henge idéntico a Kakashi, con la ropa vieja y desgastada, empuñando un Chidori. Tan real y tan imposible. Apartó la mirada de su rostro, era demasiado doloroso incluso vislumbrar su silueta, tenso y fiero como un lobo, cerniéndose sobre su hijo, su hijo. A pesar de los intentos de la kunoichi por controlarse y dominar la situación, la herida que llevaba ya tanto cerrada se abrió en canal supurando todo el odio que había acumulado durante casi siete años. Ese desdichado era hombre muerto.
La mujer de pelo rosa rugió como un animal mostrando las dos espadas curvas como el tigre los colmillos. Todo había desaparecido a su alrededor y solo quedó ese falso Kakashi junto a su hijo. Sakura trituró cuantos ninjas se interpusieron en su camino y los gritos que le decían que se detuviera se mezclaron con los chirridos de las espadas y los lamentos de lo que iba cayendo a sus pies. Y apoyando la bota en el hombro de la última victima de sus wasikashis, saltó precipitándose sobre aquella macabra imitación.
De un solo movimiento separó su plateada cabeza del cuerpo, o quiso hacerlo, porque se esfumó justo en el último momento. Reapareció a varios metros tras ella. Con sus ojos bicolores, mirándola atormentado, llamándola en un grito silencioso, como si en verdad, estuviera allí y no fuera un ilusión. Sakura se moría de rabia apretando las espadas con furia ¿Cómo se atrevían a mancillar su recuerdo? Lo veía todo rojo, como la sangre. Hasta que Sakumo la agarró de la manga.
- Mamá.
Sakura lo miró. El niño estaba asustado. La kunoichi lanzó un rápido vistazo alrededor buscando a Sasuke. Reconoció a Shikamaru y a Hinata. Sasuke estaba entretenido pero varios de sus hombres de la Arena le cubrían las espaldas. Así que realizó unos sellos y, Sakumo y ella se volatilizaron tras una nube de humo.
…...
Fuera de la aldea, Sakura invocó a otro puma. Sentó a Sakumo sobre su lomo y comenzó una carrera frenética hacia las montañas. La nieve estaba espesa y al caer la noche estaban agotados. Una de las veces que la joven miró a su hijo, vio que una película de hielo había cubierto su ropa y se detuvo. El animal cayó desfallecido y el niño se sentó en el suelo con las piernas dormidas. Sakura se quitó rápidamente la capa y se la echó por encima.
- ¿Estas bien?- preguntó ella mientras le quitaba la escarcha de su pelo blanco.- No estás herido ¿verdad?
Sakumo negó con la cabeza.
- Tengo frío.
La joven asintió y miró a su alrededor. Estaban bastante adentrados en los bosques pero sería difícil encontrar leña seca. Se frotó las manos para calentarlas. Bajó la cabeza cuando el niño metió sus manos entre las suyas.
- ¿De qué huimos?- preguntó él.
Sakura, que iba a contestar, se encontró con que no tenía respuesta. No era tan sencillo. Mirando en dirección a la aldea de dónde habían escapado, buscó con detenimiento la verdad. Ni el Sonido, ni la Hoja, ni la Arena, nunca nadie había provocado ese pánico en ella, desencadenando una carrera tan irracional y fuera de control. En todas sus fugas había contado con vías de escape, había llegado a lugar seguro con víveres y sobre todo, había mantenido a Sakumo lejos del peligro. Se puso en pie y cogió al niño a caballo. Tenían que encontrar una cueva antes de que las temperaturas bajaran mas.
Sakura fue en silencio todo el camino enterrando las piernas hasta las rodillas con Sakumo a cuestas y el felino pisándole los talones. No había podido responder. Era demasiado vergonzoso. Temer a un henge. Pero no había podido llegar a otra conclusión. Ver a un Kakashi vivito y coleando la había atemorizado como a un cachorro. Había atacado y había huido como un perro cobarde. Había sido demasiado. Kakashi, allí de pie, mirándola de esa manera. Sakura se detuvo en seco. Los ojos de Zenma habían cruzado por su mente. Esa mirada. La kunoichi sacudió la cabeza y siguió adelante.
…...
Casi de madrugada encontraron una cueva cuya entrada estaba cubierta de nieve. El puma rascó con las zarpas y pudieron arrastrarse hacia el interior. Una vez dentro Sakura encendió una hoguera y empezó a quitarle a Sakumo la ropa mojada. Por lo menos el suelo estaba seco y el fuego no tardaría en calentar las paredes de aquel hueco. El puma se echó a un lado y el niño buscó el calorcito del animal. Mientras la joven secaba los abrigos y la ropa de viaje cerca del fuego, empezó, como acostumbraba en aquellas ocasiones, a decidir de forma autómata que hacer al día siguiente. En algún momento despegó la mirada de las llamas y le dio un vistazo al pequeño. Éste se había hecho un ovillo en la barriga del puma y su piel empezaba tomar un saludable color sonrosado. Abrió un ojo y le sonrió. Sakura le sonrió también en respuesta.
- Sasuke-san se quedó atrás. - murmuró Sakumo.
Sakura asintió.
- Estará bien, no te preocupes.
- Dijo que era mi padre. - susurró casi inaudible, enterrando la cara entre los pelos pardos del animal.
Sakura se tensó.
- ¿Quién?¿Sasuke?
- No. El hombre del pelo blanco, el que se parecía a mí.
La kunoichi no logró ahogar a tiempo un gruñido que salió desde lo mas hondo de su garganta. Sakumo cerró los ojos y Sakura se pasó la mano por la cara echando a un lado la frustración. Otro golpe bajo. Seguramente los del Sonido habían usado ese truco para atraerlo hacia ellos y poder llevárselo.
- No Sakumo. Era un enemigo. - murmuró la kunoichi y de reojo vio como el niño se ocultaba en al axila del puma.
Sakura dejó caer la frente en las rodillas y cerró los ojos. Podía dejar los planes para el día siguiente. Y mientras se dejaba acunar por el cansancio, chasqueó los dientes disgustada. No podía sacarse la mirada de Zenma de la cabeza.
Inquietante. Y dulce.
…...
A Sakura la despertaron sonidos a la entrada de la cueva. Miró al puma. No estaba. A gatas se arrastró hacia donde provenía ese ruido. Vio al animal rascando la nieve. Durante la noche se había había formado hielo. Desde fuera se repetía el mismo ruido. Hyo. Y sintió la presencia de Kiyoshi. Así que la joven golpeó un par de veces y el hielo cayó en bloques. La cabezota de Hyo asomó.
- ¿Hay algo de comer?
Sakura soltó una pequeña risa y lo echó hacia afuera. Kiyoshi la miraba desde lo alto de su lomo bastante sonriente para haber pasado la noche solo.
- ¿Dónde habéis dormido?- preguntó la pelirrosa.
- En un árbol muy alto.- dijo el niño.
La joven se encogió de hombros. Si para Kiyoshi estaba bien, para ella también. Su hijo salió tras ella y el niño moreno comenzó a reír señalándolo.
- ¡Sakumo, estás en bolas!
Sakumo tiritaba riendo y Sakura le dio un azote en el trasero empujándolo de nuevo a la cueva.
- Entra y vístete, salvaje.
Mientras veía a los dos niños reír, Sakura no pudo evitar contagiarse y sentirse optimista a pesar de lo que se le venía encima. Miró el bosque que aun permanecía bastante oculto de los primeros rayos tibios de sol. Lo conocía como la palma de su mano. No había mejor escenario para vencer nuevamente a sus enemigos y llegar a Konoha. Tenía ganas de ver a Naruto después de tanto tiempo.
…...
Sakura y los dos niños descendieron la ladera hacia el mediodía, protegidos de un sol radiante por los grandes abetos que cubrían el cielo como un enorme manto verde. Los senderos eran escurridizos, ocultos por la oscura cúpula de árboles. Era fácil resbalar con las hojas húmedas o tropezar con alguna raíz ambiciosa. La capa de nieve fue aligerándose y cada vez costaba menos correr. La kunoichi sabía que la emboscada no tardaría en darse. Y no se equivocó.
- Hasta que por fin apareces.- dijo Wataru.
La voz provenía de mas adelante. Sakura se detuvo y los chicos se pusieron en guardia. De detrás de los árboles comenzaron a salir varios ninjas empuñando las armas y con claras intenciones, rodeándolos. La kunoichi echó un vistazo despectivo al antiguo líder del clan de Kimimaro, o lo que quedaba de él. De su último encuentro en la Arena, había salido bastante mal parado, era un poco escalofriante ver como había cubierto el lado izquierdo de su torso en una masa compacta de costillas. Intuía que bajo aquella coraza de hueso, sus órganos habían perdido la protección de los músculos y la piel. Habría sido un espectáculo satisfactorio para la kunoichi si no fuera porque ella ya lo había dado por muerto.
- Déjanos pasar, Wataru.- advirtió la joven en tono calmado, vigilando de reojo los pasos tímidos de sus enemigos. Unos veinte entre ninjas del Sonido y mercenarios.
El hombre-hueso escupió en la nieve frente a las botas de Sakura.
- Está vez no vas a escaparte, perra. Nos llevaremos al mocoso y no podrás hacer nada para evitarlo.
Tras aquellas palabras siguieron saliendo del bosque mas y mas hombres. Hasta aquí llegamos, se dijo Sakura. Aquello le iba a tomar mas tiempo del que había pensado. Desde luego no era mal plan atraparla con los niños, sabían que no haría nada demasiado espectacular con ellos allí. La kunoichi hizo un gesto para que Sakumo se acercara y le dio sus dos wasikashis.
- Coged una cada uno, y no dejéis que nadie se acerque a vosotros.
- Mamá...- susurró el niño.
Sakura, sin perder de vista al enemigo que comenzaba a cercarlos, hincó la rodilla en la nieve y juntó su frente a la de su hijo.
- No es una despedida, Sakumo, pero si las cosas se complican quiero que los dos huyáis con Hyo a Konoha. Él conoce el camino.- Y tras darle un breve beso en la frente, la kunoichi se puso en pie.
Sakumo parecía no reaccionar pero Kiyoshi cogió una de las espadas de sus manos y tiró de él hacia atrás. Sakura vio que había activado el Sharingan y sonrió de medio lado. Si mantenían espalda contra espalda no sería fácil cogerlos. Entonces se giró y plantó cara a sus adversarios.
- Parece que no sabes apreciar la vida, Wataru,- dijo Sakura con la cabeza alta-, así que te la quitaré si no te importa.
Y se abrió la capa. La lanzó lejos y está cayó pesada en la nieve. Su armadura ANBU del Hierro la cubría por entero asomando decenas de kunai y shuriken brillando como hileras de dientes sobre el cuero negro. Se subió un guante con altanería, retándolos, y en aquel momento todos se lanzaron a la vez.
Sakura estrelló el puño contra el suelo con todas sus fuerzas. Estalló como golpeado por un meteorito y miles de esquilas de hielo y piedra saltaron por los aires. La masa de metralla acribilló a los ninjas que fueron cayendo salpicando la nieve de sangre. Los alaridos comenzaron a extenderse por el bosque inaugurando la batalla.
- ¡ A los árboles!- ordenó Wataru.
Y los gritos crecieron aun mas. El hombre- hueso veía de las copas de los álamos a sus hombres desgarrados. Decenas de pumas abrían las gargantas saltando de rama en rama como exhalaciones de muerte. Wataru ordenaba a gritos la reagrupación, pero era difícil doblegar el pánico. Sus hombres seguían cayendo al suelo enfangado retorciéndose bajo las patas de las fieras o arrancándose las esquirlas del cuerpo. Habían sido reducidos casi a la mitad. Miró a la bruja. Sakura lo esperaba, con la espada arqueada, lista para el ataque, escupiendo chakra por los puños. Wataru llamó de nuevo a sus mercenarios mientras agarraba a uno de los moribundos y le retorcía el cuello. Había que recordarles porque estaban allí. No había mas opción que matar a la bruja o morir en el intento.
Y movidos por la desesperación empezaron a atacar con todo lo que tenían.
Sakura los fue golpeando con las manos limpias. Sus manos y sus pies eran cañones. Soberbia, era indestructible, empujada por una determinación incorruptible, protegiendo lo mas querido. Y cuando bajaba los ojos al suelo, veía a sus enemigos mirarla como a un invencible. Era un huracán manchado de sangre, la aniquilación. Buscó a los dos niños y vio que, espalda contra espalda, usaban las wasikashis con valentía mientras los animales iban reduciendo a su alrededor el número de oponentes. La victoria era suya. Hasta que Wataru apareció frente a ella y le atravesó el pecho con tres lanzas de hueso. Un dolor abrasador la atravesó inmovilizándola. Cuando empezaba su chakra a sanar, Wataru la alzó en vilo, desgarrandola mas aún. El grito de Sakumo le hizo girar la cabeza en su dirección. Su hijo quería ir en su ayuda pero Hyo lo había agarrado de la ropa, para subírselo al lomo. Buen gato. El aliento de su asesino la distrajo.
- Por fin te tengo, bruja.- dijo el hombre, cara a cara. Sakura lo vio sonreír y se le revolvió el estómago. Rabiosa golpeó los huesos con los puños cerrados pero a cada golpe las tres heridas se abrían mas. Wataru que vio las lanzas resquebrajarse llamó de nuevo a sus hombres.
- Coged al mocoso de una buena vez.- gritó y varios ninjas rodearon al puma que portaba a los dos niños en sus espaldas.
Sakura, que lo vio, se agarró con ambas manos a una de las lanzas y apoyando los pies en el pecho de su oponente, intentó deslizarse hacia atrás. Entonces escuchó varios golpes junto a los niños. Sakura soltó una exhalación. Choji Akimichi había noqueado a los captores de los dos pequeños y Shikamaru Nara hacía los mismo con otros tantos. La kunoichi reconoció a Ino acercándose corriendo a ellos. Hyo se retiraba hacia atrás enseñando las fauces. Pero un sonido familiar atrajo de nuevo su atención a Wataru. Había desenvainado la espada y la alzaba con ambas manos. Sakura vio el filo brillar sobre su cabeza y se dio cuenta de que se le habían acabado las ideas. De repente una ráfaga de aire, una espada de viento separó bruscamente a Sakura de su captor. La kunoichi abrió los ojos de par en par al ver el canto de la mano de Neji cortar las lanzas de hueso como papel. Mientras la joven caía hacia atrás un tifón verde pateó en la cabeza a Wataru mándalo volar. Lee lo alcanzó a mitad de vuelo y terminó de reventarlo contra el suelo. Sakura esperó su propio golpe contra el suelo pero alguien la atrapó delicadamente. Miró sobre su hombro y Hinata le sonrió. La pelirrosa parpadeó aturdida y levantó la cabeza. Ante ella la Bestia Verde de Konoha se alzaba como un gigante.
- Ya estás a salvo, Sakura-chan.- dijo con media sonrisa.
La pelirrosa creyó regresar mil años atrás con aquel diminutivo. Hinata la ayudó a sentarse y Sakura se sobresaltó al notar sus manos cálidas sobre las heridas. La pelirrosa la miraba muy confusa, impresionada de verse rodeada de tantas caras conocidas, todas juntas y de repente. Durante mucho tiempo había evitado a aquellas personas y ahora no sabía como sentirse. Gai se inclinó frente a ella.
- Es hora de volver a casa.- dijo poniéndole la mano en el hombro.
Sakura miró su mano, grande y caliente, y la sitió como el hogar. Entonces recordó a los niños. Kiyoshi y Sakumo, sobre el lomo del puma, empuñaba las espadas frente a Choji y Shikamaru, recelosos. Sakumo la miraba, esperando una reacción por parte de su madre. En sus ojos podía leer que aun no había decidido si eran amigos o enemigos. Ino se acercaba a los niños, con cautela, intentando no espantarlos, hablándoles con amabilidad pero el animal, a cada paso de la rubia, daba otro paso atrás. Entonces Sakura lo vio. Sakumo se sentía acorralado y se agarraba a las pieles con fuerza, miraba de un lado a otro, buscando la manera de escapar. Los rugidos de Hyo tampoco ayudaban. Sakura quiso ponerse en pie pero la mano de Gai la volvió a sentar con firmeza. La pelirrosa frunció el ceño y miró de nuevo a su hijo. Shikamaru había comenzado a deslizar sus sombras por la nieve .
La kunoichi vio las lineas negras avanzar hacia los niños y supo que no lo iba a permitir. De una palmada se quitó la mano de Gai de encima y se puso en pie. Todos dieron un paso atrás.
- ¿Dónde está Naruto?- preguntó Sakura.
- Está en la aldea, Sakura.- dijo Hinata.- Y quiere que volváis, por favor. - Rogó con las manos juntas.
La pelirrosa la miró detenidamente. Probablemente no había persona en el mundo mas incapaz de mentir que Hinata. Hasta que volvió a hablar.
- Sakura, Kakashi está vivo.
A la pelirrosa una descarga la recorrió desde lo mas alto de la cabeza hasta la punta del pie. Después un ardor doloroso rugió en su estómago y comenzó a abrasarla.
- ¡Cállate!¿Cómo te atreves?- dijo señalando con el dedo a la morena. Hinata dio otro paso atrás, había visto varias veces esa mirada y sabía lo que venía.
- Es cierto, Sakura-san.- dijo un tímido Lee a su espalda. La pelirrosa vio la tensión en los hombros del muchacho.
- Basta.- sentenció ella.- No iré a ninguna parte hasta ver a Naruto.
- Comprende que, - insistió Gai -, el Hokage no puede salir de ...
Entonces Sakumo gritó. Sakura vio que los lazos lo habían alcanzado y lo tenían atrapado.
- ¡Dile que lo suelte, Gai!- gritó Sakura. En cambio éste se puso en guardia. Lee y Neji hicieron lo mismo. Hinata se fue deslizando en dirección a los niños.
Sakura cerró los ojos fuerte mientras se pasaba la mano por las heridas del pecho. No estaban curadas del todo, estaba en clara desventaja, y mientras abría los ojos y se los clavaba a Gai, decidió que lo primero era liberar a Sakumo. Acumuló chakra en sus piernas y como una exhalación salió por la izquierda, directa a los niños. Pero su escape se vio rápidamente frustrado. La kunoichi se encontró de frente con un Gai muy contundente. Sakura recibió varios golpes muy precisos que la dejaron sin aliento. Comenzó a esquivar los siguientes a sabiendas de que si le daba en alguna de las heridas estaría acabada. Pero los gritos de auxilio de Sakumo no la ayudaban a centrarse. Para colmo habían cogido también a Kiyoshi. Hyo yacía inconsciente el suelo noqueado posiblemente por Choji. En mitad de la pelea vertiginosa con Gai vio que Ino se acercaba a su hijo. Empezaba la serie de sellos para el jutsu de Transferencia de Mente. Y fue la mente de Sakura la que se cerró. El animal que había estado sujetando terminó de morder la cadena y se escapó tomando el control.
Atacó a Gai indiscriminadamente, queriendo derribar el muro que la separaba de su hijo. Apurando hasta la última gota de chakra golpeaba y Gai la esquivaba. Lee se unió, como no podía ser menos, dificultando aun mas el combate. Sin miramientos, atacaban en sincronía dispuestos a acabar con aquello con rapidez. Sakura no perdía de vista a Neji, que había quedado a modo de barrera, entre ellos y los niños. Jadeante, la kunoichi saltó hacia atrás alejándose, colocándose de espaldas al del Byakugan, se tomó un momento para tomar aire y rápidamente, comenzó una serie de sellos. Neji debió ver un cambio en la fluctuación de su chakra porque avisó con un grito, demasiado tarde. Ambos ninjas de verde cayeron bajo su genjutsu y quedaron paralizados, con las mentes perdidas en sus propias pesadillas. La kunoichi no perdió el tiempo. Neji la vio abalanzarse hacia él como un torpedo y dividirse en tres. Dos de ellas se enzarzaron en combate mientras la tercera saltaba sobre él en busca de su objetivo real.
Sin detener la carrera se dirigió hacia su hijo que intentaba deshacer de las sombras que lo amarraban. Sacó dos kunai, los lazó, clavando uno en cada una de las muñecas de Shikamaru. El hombre gritó de dolor y el jutsu se deshizo. Inmediatamente Sakura varió la trayectoria para dirigirse en busca de una Ino muy sorprendida. Sin haber podido controlar la mente de Sakumo, se puso en guardia. A un par de pasos de noquearla, un oportuno Choji la golpeó con su puño gigante deteniendo en seco la vertiginosa carrera. Sakura cayó de rodillas escupiendo sangre por la boca, le había abierto las heridas y el líquido caliente comenzaba a escurrirse bajo el uniforme de cuero. Choji no cesó en sus ataques y Sakura se apresuró a esquivar. Viendo venir de nuevo su enorme puño saltó sobre la cabeza del chico aterrizando tras su espalda y con una patada que era un cañonazo lo estrelló contra las rocas. Rechinando los dientes por las heridas abiertas se giró de nuevo hacia Ino. Mientras que corría hacia ella sacó un kunai, e infundiéndole chakra lo volvió tan largo como un tanto. Ya solo quedaba ella entre Sakura y su hijo. La rubia la esperaba en guardia con un kunai en la mano. La pelirrosa lanzó la estocada. Su tanto chirrió al frenarse con otra espada. Sakura buscó al dueño y abrió los ojos de para en par. Sasuke.
El Sharingan brillaba furioso y Sakura contraatacó sin piedad. Estaba a punto de rescatar a su hijo y otra vez la frenaban. De nuevo se interponía en sus planes y fuera de sí atacó sin compasión. Fue decepcionante, pero la desarmó al instante. Sakura gritó de frustración.
- ¿Qué estás haciendo?¡Apártate de mí!
- Sakura, detente un momento.- dijo el moreno muy agitado, como si hubiera venido corriendo de muy lejos.
La kunoichi sacudió la cabeza furiosa y buscó a Sakumo con la mirada. No quería escuchar a nadie, solo quería que los dejaran en paz. El niño estaba de nuevo rodeado, pero esta vez por las kunoichis del Hierro. Notaba la debilidad correr por sus venas, aguantaría solo unos minutos mas en aquella batalla frenética. Se secó la frente y terminó de recuperar el aliento. Clavó los ojos en el Uchiha.
- ¿Qué quieres?¿Qué quieren?
- Qué vuelvas a casa. Sakumo y tú.
Sakura ladeó la cabeza. Aquella canción ya estaba resultando ridícula de tan repetitiva.
- ¿Dónde está Naruto? Solo hablaré con él. - repitió bajando la mirada amenazadora.
Sasuke frunció el ceño.
- Lo verás en Konoha. Vamos, deja de hacer la idiota, antes confiabas en mí.- dijo dando un paso hacia ella.
La kunoichi se mantuvo firme, y negó con la cabeza.
- No.
La joven le vio apretar los puños.
- Si no confías en mí ni en la gente de la aldea, quizás confíes en él. - dijo señalando con la barbilla a las espaldas de la mujer.
Sakura miró por encima del hombro y al principio no supo a lo que se refería Sasuke. Hasta que oyó un gemido y sus ojos se fueron directos a Gai. Había salido del genjutsu y abrazaba un hombre como si fuera a romperlo. Cuando ese hombre se logró soltar y se giró lo primero que vio Sakura fue su pelo plateado, cayéndole por la cara como húmedo y sucio . Después la miró y vio sus ojos. Incapaz de mantener la mirada, apartó la vista a un lado.
- Sakura.- dijo aquel hombre.
La kunoichi parpadeó confundida, la voz le resultaba familiar. Y miró de nuevo a Sasuke.
- Es un henge del Sonido.
El moreno sacudió la cabeza.
- Ningún henge puede engañar a estos ojos.- dijo señalando su Sharingan.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven cuando con aquellas palabras se instaló la duda. Con miedo giró la cabeza poco a poco sin saber que hacer con su corazón que amenazaba con salirse por la boca. De medio lado volvió a mirarlo y no lo reconoció. El pelo desaliñado que caía por la cara , la barba, la ropa vieja, esa mirada desesperada... No lo reconoció. Y entonces el viento cambió de dirección y su olor le abofeteó la cara.
…...
Fue un viaje hacia su propio interior, hacia un yo mas pequeño, vulnerable, muy sensible. Desde algún lugar muy profundo, íntimo, algo palpitó, pulsó una y otra vez, como nunca lo había hecho, calentando poco a poco todo su ser, de adentro a fuera, volviéndola mas consciente de la sangre que circulaba por sus venas, de los huesos que sujetaban sus músculos y los nervios tensos a punto de quebrar . Desde el centro de su pecho esa calidez se expandió hacia sus brazos, sus piernas, su cabeza. Y reconoció poco a poco la sensación, a si misma, una Sakura nueva, no, una Sakura vieja, una alma que ya no recordaba ni sabía como llevar. Las sienes latían fuerte y los ojos se empañaron. Ni escuchaba ni veía , con los ojos atados a los ojos de Él, ojos que la llamaban, arrastrando de su alma como la red el fondo del mar. El negro ónix cálido como un abrazo. El ojo rojo potente y apasionado como la sangre. Cada vez mas cerca y mas cerca. Era él, y no lo era. Nunca una imitación fue tan imperfecta ni tan real. Las arrugas junto a los ojos, la piel curtida, la barba recia, mas fuerte, mas grande, un hombre diferente. Y al mismo tiempo esas diferencias lo hacían mas auténtico, mas mayor, mas presente, mas creíble. Sakura apretó los ojos para enjuagarlos y las lágrimas se deslizaron pesadamente por la cara sucia. Y lo vio de nuevo, mas claro. Una risa amarga se le escapó delatando la poca cordura que le quedaba. Había soñado tantas veces con él, con su recuerdo mas joven, un Kakashi atlético, delgado, gentil, que ahora frente a ese hombre, la imagen se diluía y ya no quedaba mas que un guerrero viejo y deshecho que caminaba con paso tambaleante hacia ella, extendiendo las manos como un naufrago.
Y Sakura miró sus manos. Y algo en su cabeza crujió. Grandes , se abrían como un cepo para osos, listas para clavar las garras en su cráneo. Todo fue volviéndose rojo y la figura que avanzaba amenazante, negra. Demasiado definida para una sombra, demasiado inconsistente para creerla. Sakura arrastró los dientes mientras un dolor punzante empezó a perforarles los ojos desde atrás. Los cerró y los volvió a abrir pero el cielo no dejaba de sangrar. La mano estaba a unos centímetros de su mejilla y ya no veía mas que la yema de sus dedos. Y cuando por fin, lo sintió, en su piel, el mundo estalló en mil pedazos, pedazos de cristales rojos y negros que se clavaron en su sien.
