Cuando Kakashi logró llegar a las Minas del Norte había pasado varios días y ya no quedaba mas que escombros. Jadeante y agotado fue arrastrando los pies hasta que el suelo se terminó. Un enorme cráter abría el paisaje como una vieja cicatriz. La ceniza y el polvo que aun flotaban en el ambiente eran los únicos testimonios de lo que ahí había ocurrido. No había ni rastro de vida, pero Kakashi no tardó en descubrir el primer kunai brillando tímidamente bajo una roca. Se agachó y lo recogió. Lo sopesó con la mano abierta. Era un kunai de la Hoja. Frunció el ceño. La tierra pegada al cuchillo tenía un tacto extraño y se le erizó la piel. Afiló su observación buscando a su alrededor. Le embargó una sensación incómoda. A pesar de no haber ni un solo cuerpo a la vista, todo parecía estar muerto. Ni una sola brizna de hierba crecía hasta donde alcanzaba la vista y el silencio absoluto era asfixiante. Desde luego no era el paisaje que Kyubi habría dejado si se hubiera desatado ¿Realmente Naruto había sido capturado? No lo creía probable.
El ninja se fue dejando caer por las tierras removidas hasta llegar a lo mas profundo. Inmediatamente reconoció los restos de las celdas, las puertas de hierro medio enterradas , los muros derruidos. Varias ramas calcinadas se retorcían de manera antinatural atravesando los ladrillos. Tenzo. Unos pasos mas adelante el suelo se manchaba de tinta. Sai. Aquellos signos de batalla tan familiares le inquietaban cada vez mas. Saltando sobre una serie de muros que habían caído unos sobre otros como fichas de domino llegó hasta el último de ellos. A duras penas de mantenía en pie y pasando la yema de los dedos por la superficie de la piedra distinguió los círculos concéntricos de un Rasengan. Kakashi apretó los puños y miró de nuevo a su alrededor ¿Porqué había ido Naruto allí? ¿Qué podía haber movilizado a todo su antiguo equipo? Cuando la resolución lo golpeó se tambaleó. Sakura.
El hombre se secó el sudor de frente y miró alrededor con nuevos ojos. Empezó a remover cada roca de aquel socavón. Durante horas, rastreó cada centímetro de arena y polvo. No solo no encontró rastro de Sakura sino que que no halló un solo cuerpo de las mujeres cautivas o de los mercenarios que las custodiaban. Cuando la noche cayó por fin sobre su cabeza, se permitió descansar un poco sentándose sobre una cancela oxidada. No era normal que no hubiera encontrado ni un solo cadáver. El bando victorioso, el Sonido o Konoha, se los podría haber llevado para ocultar pruebas e investigar.
Pero entonces, ¿Sakura seguía con vida?¿O se la habían llevado junto con los cuerpos de las demás victimas?
La idea de regresar a Konoha se filtró tímida en su mente pero la desestimó con rapidez. No tenía fuerzas para enfrentarse a Naruto, si ella, finalmente, no había sobrevivido. Kakashi se pasó la mano por la cara ahogando el miedo que amenazaba con dominarle de nuevo ¿Era su destino llegar siempre tarde?
La culpa que se había instalado en su pecho hacia ya nueve meses se volvió demasiado pesada para respirar y salió de entre los escombros buscando respirar.
Una vez arriba, el amanecer le fue trayendo el aire limpio que tanto necesitaba. Sus pensamientos se aligeraron y se perdieron entre las nubes, olvidando todo lo que le rodeaba. Imbuido por aquel paisaje muerto y vacío, fue notando la extraña sensación de perder completamente la esperanza. Después de buscarla durante todo aquel tiempo, veía el final de aquel purgatorio.
…...
Zenma observaba desde el fondo del bar el ir y venir de las mujeres. Era ya bien entrada la madrugada, y aun no había aparecido ningún renegado del Sonido. Sucka cruzó la mirada con él brevemente. Aquello era muy raro, sería la primera vez que se quedaran sin clientes. La kunoichi se deslizó hacia un grupo de jóvenes y les dio indicaciones. Las tres se levantaron y salieron del bar. Buscarían información en la calle. Zenma se pasó la mano por la melena morena cansado de esperar y decidió retirarse. Al ponerse en pie, sacudió por el hombro a Boy.
- Vete a la cama. - El Chico despegó la mejilla de la mesa, lo vio marcharse, y continuó durmiendo en aquella postura incómoda.
Cuando Zenma entró su dormitorio y cerró la puerta, Kakashi soltó el henge. Necesitaba descansar un poco de la doble vida y las mentiras. Casi involuntariamente, se dirigió al baño, buscándose en el espejo. Al verse, de forma inmediata, le regresó su propia identidad y con ella todos sus recuerdos y anhelos. Su pueblo, sus calles, sus vecinos, sus amigos, la Hokage, Naruto, Sakura...
Apartó los ojos del cristal.
Sin un par de días no averiguaba nada, se acercaría a Konoha.
…...
Durante el duermevela, en que se habían convertido sus noches, Kakashi escuchó algo desde abajo de la casa. Prestó atención. El comedor ya estaba cerrado y todos debían estar durmiendo. Pero los sonidos se repitieron. Se puso en pie y regresando a Zenma abrió la puerta. Bajó las escaleras siguiendo los murmullos que llegaban desde la bodega. Se deslizó en silencio, y vio en una esquina, en cuclillas tras un viejo baúl, a Sucka hablando con el suelo en susurros.
- Tenéis que marcharon, aquí no es seguro. Podéis ir hacía el sur, hacía el país del Fuego. Pedid ayuda al Hokage.- murmuraba ella.
Zenma al escuchar nombrar a Tsunade, saltó agresivamente sobre la kunoichi, y tras apartarla de un empujón, abrió la trampilla oculta en el suelo. Lo recibieron varios ojos temerosos. Rostros ocultos tras la oscuridad de una galería subterránea. Zenma agarró a uno del hombro y lo sacó a pura fuerza. El cuerpo se estampó contra el suelo con un golpe sordo, y cuando tuvo un segundo para mirar, vio que era una mujer, cubierta de polvo y hambre.
Sucka no tardó en recuperarse y sacó la katana. El ninja alzó una mano.
- ¡Espera!- gritó él - ¿Quién es?
La kunoichi, sin guardar la espada, contestó en voz baja.
- Es una fugitiva. Pero si dices una palabra te mataré. - dijo amenazándolo con la espada.- Si los del Sonido se enteran de que han estado aquí, nos ejecutaran.
Zenma se acercó con cautela a la mujer que contaba los pasos que le separaban de la trampilla. La galería se había vuelto silenciosa.
- ¿De dónde vienes? ¿Quién hay ahí abajo?
La mujer miraba en todas direcciones como un ratón, excepto a él. Huyendo se arrastraba hacia atrás, buscando la salida.
Zenma extendió la mano hacia ella, con la palma hacia arriba.
- Por favor.- Rogó.- Estoy buscando a alguien.
En la galería se escucharon susurros de conversación. La mujer se mordió el labio inferior y pero se negó a mirarle a la cara.
- Ya no queda nadie.- dijo con un hilo de voz.- Las que no murieron durante las explosiones se las llevaron aquellos ninjas.
Zenma dio un paso hacia ella.
- ¿Quienes? ¿Qué ninjas?
La mujer negó con la cabeza.
- No lo sé.
Zenma agachó la cabeza decepcionado. Ella siguió hablando a la pared de enfrente como para si misma, en una soporífera lentitud.
- Todo fue muy confuso. La mina explotó y el techo se vino abajo aplastando a muchas . No sé cuanto tiempo he estado allí encerrada, aunque cuando vi la luz de sol, por encima de mi cabeza, fue como si me volviera loca. Quería salir de allí, aunque tuviera que pisotear los cadáveres de mis compañeras. Fue un caos.
La kunoichi, que había observado atentamente la reacción de Zenma, preguntó:
- ¿Cuántas vais?
- Dieciocho .
Zenma alzó la cabeza de repente.
- Busco a una kunoichi, de la Hoja, se llama Sakura.
La mujer no señaló en su rostro ninguna muestra de reconocimiento, pero en la galería se repitieron los murmullos y ella ladeó la cabeza prestando atención. Después miró por primera vez al hombre que hacía tantas preguntas.
- ¿Con el pelo rosa?
Zenma abrió los ojos de par en par.
- No pasaba desapercibida con ese pelo tan bonito. - Continuó la mujer. Su voz sonó amenazante y Zenma frunció el ceño.- Al final se volvió una de ellos. Se pasaba los días en los laboratorios haciéndole cosas a las barrigas.
Los ojos de Zenma se oscurecieron y la kunoichi se interpuso entre los dos.
- Eso es mentira.- dijo él en un gruñido bajo.
La mujer no se inmutó, pero apartó la mirada.
- Eso fue hasta que intentó escapar hace unas semanas. La cogieron y desde entonces nadie la volvió a ver.
Y entonces Zenma se quedó allí de pie, helado, sin habla. Sucka le tomó la palabra.
- ¿Qué quieres decir? ¿Qué la mataron?
La mujer solo se alzó de hombros con indiferencia.
- No lo sé. Aunque no la mataran entonces habría muerto durante el derrumbe.
La kunoichi se sobresaltó al escuchar el portazo. Se quedó mirando un segundo la puerta que temblaba con violencia aun cogida precariamente a los goznes y después le habló a la mujer.
- Vete. Ya tenéis los suministros.
Ésta se levantó con dificultad del suelo y se dejó caer por el agujero en el suelo. Sucka cubrió la trampilla con un baúl y fue en busca del que se hacía llamar Zenma.
…...
Kakashi no recordaba en que momento perdió control del henge, ni durante cuanto tiempo estuvo rompiendo cosas pero cuando despertó Sucka estaba sentada encima de él sujetando una espada bajo su garganta. Tirado en el suelo la nuca le dolía como si le hubiera coceado un caballo.
- Me debes bastante dinero, Sharingan Kakashi.
Él parpadeó al verse descubierto y echando un vistazo alrededor vio que había reducido la habitación a polvo. Aturdido apartó la cara y al dar con la mejilla en el suelo la sintió mojada ¿Había estado llorando? Y su memoria regresó de un golpe. Cerró los ojos con fuerza y un gemido de agonía se escapó de su pecho. Sucka frunció el ceño.
- No es habitual ver llorar a un hombre ¿Por qué?¿Era tu mujer?
Kakashi entreabrió los ojos un poco. Su mujer. Era una definición muy corta de lo que Sakura significaba para él. Para la kunoichi su mueca de dolor debió ser suficiente confirmación porque se levantó y se apartó de él. Buscó una silla que hubiera sobrevivido a la destrucción y se sentó a esperar.
El hombre tendido en el suelo, boca arriba, ponía muchos esfuerzos en sujetarse, sin embargo los lamentos se fueron volviendo mas seguidos e iban subiendo de volumen, ahogando la respiración. El pecho se agitaba cada vez mas y mas rápido hasta que todo su cuerpo comenzó a temblar. Lo vio sentarse, llorar escondido entre sus rodillas, gruñir , maldecir, y un par de veces pareció que iba a levantarse y reanudar la batalla con los muebles. Pero para cuando el alba empezaba a asomarse por la ventana, se había echado de nuevo en posición fetal gimiendo débilmente, hasta que finalmente quedó en silencio.
Sucka suspiró y se frotó los ojos apartando el sueño. Miró la puerta de habitación. Tras ella, todos los habitantes de la casa se agolpaba, seguramente con la oreja pegada a la puerta, intrigados y molestos por aquel escándalo que los había mantenido despiertos toda la noche. Pero nadie osaría entrar. Nadie salvo, un chiquillo entrometido. Muy despacito Boy asomó la nariz.
- ¿Puedo pasar?- rogó tímidamente.
La kunoichi cansada se levantó de la silla y abrió mas la puerta dejándolo pasar. Tamaro y su hermano mayor entraron tras él. Sucka espantó al resto de chismosos y cerró la puerta de nuevo. Ella volvió a sentarse mientras los dos ninjas contemplaban el destrozo. Boy hizo ademan de acercarse al hombre tirado en el suelo.
- No.- ordenó la mujer.
- Parece enfermo, ¿no necesita ayuda?
Sucka negó con la cabeza. Durante unos instantes los cuatro aguardaron, hasta que finalmente el mayor de los hermanos, dio un paso hacia Kakashi y se acuclilló frente a él.
- Si quieres morirte, haremos un agujero tras la casa o mandaremos tu cuerpo a Konoha, lo que tú elijas. Pero si prefieres seguir viviendo, puedes quedarte en mi casa el tiempo que quieras.
Tras esto, el ninja se puso en pie y ordenó a todos salir, dejando a Kakashi por fin solo.
…...
Todo había sido en vano. Todo había sido inútil. Una vez mas no había podido proteger a la persona que amaba. Y de nuevo se quedaba sólo.
Kakashi había caído en lo mas oscuro de su ser, en un abismo suspendido en el tiempo, con una voz persistente que le recordaba una y otra vez que no era mas que basura. Estaba tan familiarizado con aquella voz... Aunque casi la había llegado a olvidar, siempre presente, en la trastienda de su mente, la voz había esperado pacientemente a que lo volviera a hacer. Era inevitable. Estaba en su naturaleza destruir todo lo que era importante para él.
El agujero que se había abierto en su alma desde la desaparición de Sakura fue creciendo hasta devorarlo por completo y dejarlo en nada. El dolor lo había dejado exhausto, y sin capacidad de sentir mas. Pasó las horas con la vista perdida en el techo de la habitación, sin ver, sin oír. De vez en cuando la puerta se abría y alguien dejaba comida recién hecha. Lo sabía porque el olor le retorcía las tripas y las hacía sonar vergonzosamente. No tenía fuerzas para ponerse en pie, y observaba como el cuenco de comida humeante pasada unas horas se ponía fría y seca. El día se volvió noche, y la noche día. Perdió la noción del tiempo, y sin ninguna ambición en la vida, se conformó con esperar.
No supo cuanto tiempo pasó hasta que la comida comenzó a venir en compañía. Boy se sentaba en el suelo, cerca de la puerta, en silencio. Un buen día, en algún momento, comenzó a hablar solo, para sí, pero Kakashi lo escuchaba sin esfuerzo. Se había peleado con unos niños, le habían dado una buena tunda, le habían dicho que no servía como ninja, que era débil. Kakashi no pudo evitar mirarlo. El chico tenía un buen moretón en la mejilla, el pelo desordenado y los ojos llorosos. Le recordó a Naruto. Y cuando había creído que su corazón había muerto con Sakura, su pecho se encogió y su garganta amargó. Eso no debería ocurrir, sin ella, él ya no tenía derecho a sentir nada. Pero Boy seguía hablando y era como escuchar a Naruto, frustrado, llorando, porque era mas débil que Sasuke, y no había podido impedir que se marchara de la aldea.
En contra de su voluntad, Kakashi se incorporó, y se sentó. Hizo un gesto débil con la mano para que el niño se acercara. Boy sorprendido se arrastró a su lado con rapidez.
- Ignora a cualquiera que diga que eres débil, - dijo el ninja -, eres tan fuerte como fuerte sea tu voluntad. - Y le revolvió el pelo con un gesto cariñoso.
Boy sonrió tan feliz que Kakashi tuvo que apartar la mirada. Su inocente felicidad era demasiado dolorosa en aquellos momentos.
- Gracias, Kakashi-san.
Éste alzó una ceja.
- ¿Ya no soy Zenma?
El niño se encogió de hombros.
- No me importa como te llames. Siempre he sabido que eras el mejor.
Kakashi abrió la boca para replicar pero se limitó a sacudir la cabeza.
- ¿Me harías un favor?
Boy asintió con entusiasmo.
- Tráeme una máscara.
…...
Siguieron pasando por aquella taberna regueros y regueros de mujeres, con hijos y sin ellos, buscando ayuda. Con la destrucción de las Minas del Norte, el resto de escondites había abierto sus puertas voluntariamente y las rehenes habían ido saliendo de aquel hormiguero interminable. El país se vio invadido por refugiadas, madres, hijas, hermanas que volvían a sus antiguos hogares arrastrando la horrible sombra de Akatsuki.
Sucka terminó por hablar abiertamente con Kakashi. El prostíbulo, como él mismo había llegado a sospechar, era una tapadera. Las supuestas prostitutas sacaban información a los mercenarios acerca de los secuestros y los paraderos de las Minas. Al mismo tiempo daban provisiones y acogida a las mas heridas. Pero en los últimos tiempos se encontraban desbordados y no les quedó mas remedio que dirigirlas a otros territorios menos hostiles. Fue entonces cuando Kakashi supo que Naruto no había sido capturado . Y no solo eso, había sido nombrado Hokage, y se había comprometido personalmente a dar refugio a cualquier mujer o niño que hubiera sufrido bajo el dominio de Akatsuki.
Naruto tenía que saber algo acerca de Sakura. Él y su equipo habían estado en las minas del Norte durante el derrumbe. Por los restos que encontró Kakashi se había producido una gran batalla. No había encontrado ningún cadáver por lo que no sería de extrañar que los hubieran destruido y que hubieran llevado a Konoha a los supervivientes ¿Y si entre los restos estaba ella … ? Tras pasar semanas arrastrado por una marea de incertidumbre empezó a tomar conciencia de que no podía seguir así. La duda era demasiado sangrante y lo estaba desgastando hasta los huesos. Necesitaba ver su cuerpo, frio, inmóvil, frente a él.
Mientras se iba vistiendo lentamente, observaba a Boy prepararle las provisiones en una mochila.
- No tienes porque venir conmigo.
El chico alzó la cabeza desilusionado.
- Me gustaría ver tu aldea.
Kakashi lo miró detenidamente por un segundo. Era muy probable que no volviera si realmente sus temores se confirmaban y Boy era demasiado joven para regresar solo a casa. Le daría esquinazo en la siguiente ciudad.
…...
El retorno a Konoha fue mas lento de lo previsto. A parte de que con el muchacho pegado a sus talones no podía ir mas rápido, algo dentro de él pesaba demasiado y ralentizaba sus pies. Lo achacó al miedo a confirmar sus temores. Iban parando en algunas aldeas para descansar y comprar suministros. Cerca ya del País del Fuego, Kakashi escuchó un rumor. Al principio no le prestó importancia. Que un pueblo fuera destruido era terrible, y también habitual. Pero que fuera arrancado desde la raíz sin dejar atisbo de vida lo puso en alerta. Los pueblos vecinos pensaron que había sido un huracán. Cuando llegaron al siguiente pueblo, el rumor se había extendido y ahora ademas de quedar la tierra yerma, los pocos cadáveres que habían encontrado estaban consumidos en si mismos, momificados e irreconocibles. Kakashi tardó poco en decidir ir a echar un vistazo. La aldea desaparecida pertenecía al Sonido y no estaba cerca de Konoha pero podría convertirse en un peligro inminente si nadie investigaba.
…...
Nada. Era la definición mas exacta de lo que estaba viendo frente a él. De lo que debió ser un pueblo de un tamaño considerable no quedó ni rastro, solo una llanura yerma, gris y sin vida. Una nube de ceniza permanecía suspendida en el aire volviendo el ambiente mas seco aun. Ni tan si quisiera cuando Pain destruyó Konoha, el paisaje había sido tan antinatural. Era como si hubieran arrancado la vida de la tierra en un radio de varios kilómetros. Exactamente igual que en las Minas del Norte.
…...
Para cuando llegó al pueblo de al lado, el rumor se había vuelto leyenda. Una segunda aldea había sido desintegrada y vuelto polvo. Pero en esta ocasión, un único superviviente pudo relatar con detalle a todo el que quiso escuchar como un monstruo increíble había devorado hasta el último habitante. Kakashi no lo creyó. Una bestia con la suficiente envergadura para hacer eso tenía que haber dejado algún tipo de huella o rastro. Pero algo en su interior lo arrastraba a querer saber mas. De nuevo lo achacó al riesgo que suponía para su gente, pero lo cierto era que cada día se alejaba mas de Konoha.
Y según pasaba el tiempo, el animal se fue volviendo mas etéreo, algo espiritual y mucho mas peligroso. Y mas verosímil. La carencia absoluta de chakra en los territorios destruidos era prueba de que algo sobrenatural había ocurrido allí. Pasado el tiempo las apariciones del monstruo fueron volviéndose mas esporádicas, y de ser casi semanales pasaron a ocurrir solo un día al mes, concretamente las noches de luna llena. Sin embargo no fue hasta pasado un año que Kakashi escuchó algo nuevo. El monstruo había ido cambiado de forma y de color dependiendo de si lo iba describiendo un sobreviviente u otro pero por primera vez se mencionó a un dominador, a alguien que lo invocaba y lo hacía desaparecer mediante hechizos. Describieron una mujer, una bruja que amarraba a la bestia con largos lazos mágicos y lo iba reduciendo hasta una pequeña masa, y después ambos desaparecían. Kakashi no creía en brujerías, pero había visto bastantes bijuu en su vida para pensar que se trataba de la invocación de uno de ellos. Nunca había escuchado de una técnica de sellado parecida pero por la descripción de los supervivientes, a la "bruja" no le resultaba fácil reducir a su invocación.
¿Pero de cual de ellos se trataba? Tenía entendido que Akatsuki había atrapado a todos excepto a Kyubi. Y el zorro era demasiado conocido para ser descrito tan ambiguamente. Las pistas volvían una y otra vez a Akatsuki. Así decidió desandar lo andado y buscar nueva información en la aldea del Sonido. Boy que a su pesar, había resultado mas persistente de lo que esperaba, se alegraría volver a casa y ver a su familia.
…...
Era el cumpleaños de Boy. El chico había cumplido dieciocho años. Era ya un hombre, y para Kakashi se había convertido en un compañero fiel. Durante todo aquellos años lo había acompañado en su penitencia, arrastrando su infancia y su juventud tras un perro viejo. El chico había crecido en su búsqueda constante y se había curtido en la frustración, sin embargo nunca había habido una palabra de reproche ni una mirada de desanimo. Pero cuando Boy comenzó a cortejar a una muchacha del pueblo, Kakashi supo que en aquella ocasión no le resultaría tan difícil deshacerse de él. Para la celebración se había reunido toda la familia y media aldea. Se sospechaba que Boy aprovecharía para pedir la mano de la chica, así que se dio prisa en preparar sus provisiones.
En esta ocasión partiría hacia la zona del Hierro. Durante los años que había pasado vagando tras aquel espectro destructor había definido un patrón. Si bien al principio, las apariciones se habían repetido durante todas las noches de luna llena, después se fueron distanciando en el tiempo. También ocurrían mas alejadas de la civilización y seguían un patrón. De norte a este, de este a sur, de sur a oeste y oeste a norte. Atravesaba todos los países excepto el del Fuego y el del Arroz. Para Kakashi no era casualidad que se mantuviera alejado del Sonido, estaba seguro de que Akatsuki lo había creado pues no fue hasta la destrucción de las minas del Norte que el monstruo apareció. Desde aquel entonces los secuestros de mujeres habían cesado, y no se había vuelto a ver movimientos de mercenarios en el Sonido. Pero lo que mas le intrigaba es que no se adentrara en territorio del Fuego ¿Tenía alguna relación aquella creación con su pueblo? ¿O la invocadora? Aquella mujer, a los que ya todos reconocían como la Bruja, podría haber sido miembro de Akatsuki. Por desgracia, aunque había seguido su rastro casi oliendo el aura demoníaca, nunca había podido adelantarse a las apariciones.
Perdido en sus divagaciones salió del pueblo en silencio y sin despedirse.
Kakashi eligió uno de los senderos que cruzaban los campos de arroz. La humedad del ambiente cubriría su rastro con facilidad y con un poco de suerte Boy no lo encontraría. Era una noche clara, muy estrellada y sin una sola nube en el cielo. El rocío acariciaba los sentidos y aligeraba el alma. De repente, algo se movió entre los tallos de arroz. Kakashi observó de reojo, eran animales, a ambos lados del camino y lo seguían. Se detuvo. Uno de los animales había saltado a mitad del camino. Un lobo. Grande. Gris. No era habitual verlos tan lejos de las montañas. Hizo aspavientos con las manos para ahuyentarlo pero el lobo ni si siquiera parpadeó. El ninja frunció el ceño. No parecía tener intención de atacarle pero no se movía cortándole el paso.
- ¿Qué quieres de mi? - le preguntó finalmente suspirando mientras se metía las manos en los bolsillos.
El animal bajó la cabeza sin apartar los ojos amarillos de él y olisqueó la tierra húmeda. Después alzó el hocico al cielo y lanzó un quejido lastimero. Kakashi ladeó la cabeza. Aquello había sido muy raro. Recordó que su padre había tenido un vínculo con los lobos, un acuerdo ancestral de protección mutua, pero aquella unión se limitaba a los miembros del clan llamados Sakumo, por lo que Kakashi nunca había tenido un encuentro tan insólito.
De repente al lobo se le erizó el lomo, y si no hubiera sido porque miraba hacia el cielo, hubiera pensado que le iba a atacar. Empezó a gruñir enseñando los dientes. Kakashi miró en la dirección que apuntaba su hocico.
Como un fantasma, la noche fue pariendo una luna redonda, grande y blanca, que creció y creció hasta iluminar el cielo y la tierra. Los lobos salieron del arrozal y comenzaron a aullar. El mas grande no dejaba de gruñir, lanzando dentelladas al aire y Kakashi empezó a ponerse nervioso. Para cuando por fin la luna se alzó en lo mas alto, roja y aplastante, escuchó la primera explosión.
Se giró sobre sus pies. La detonación provenía de donde Boy y los demás celebraban una fiesta. Empezó a correr y los animales lo siguieron. Las siguientes explosiones se fueron sucediendo cada vez mas cerca. De repente se detuvo en seco. Aun le quedaba mas de un kilómetro para llegar y ya podía ver a la aldea literalmente sumergida en una burbuja de algo líquido. Se quedó sin respiración al ver como todo aquello que tocaba esa masa desaparecía en su interior. Había encontrado al monstruo. Reanudó la carrera desaforado.
Resultó que los estallidos que había estado escuchando no eran mas que los jutsus de los ninjas que habían sobrevivido atacando aquella masa desde fuera, rodeándola. Pero aquello seguía moviéndose, lenta pero inmensa, mas oscura que la noche, iluminada de vez en cuando desde abajo por los jutsus ígneos y por arriba por la luz roja que aquella gran luna proyectaba. Al verla, a Kakashi se le secó la garganta. Sobre la superficie de la luna, las aspas del Sharingan giraban vertiginosamente. Y en lo mas alto de una colina, recortada sobre la superficie de la luna, la silueta de la invocadora.
Kakashi pensó en ayudar en el pueblo pero finalmente corrió colina arriba. Tenía que alcanzarla antes de que no quedará ni escombros del pueblo. Al ver el Sharingan en el cielo, pensó que la mujer era una Uchiha pero según iba acercándose pudo distinguir sus cabellos largos y rojos flotando de espaldas a la luna, extendiendo los brazos hacia el monstruo. Aquella apariencia sobrenatural era la que había confundido a los aldeanos, generando una leyenda. Pero conforme estaba mas cerca, pudo empezar a distinguir una increíble cantidad de chakra azul girando bajo sus pies, la esbelta figura de negro… Una kunoichi.
De repente una segunda figura apareció junto a la mujer. Un hombre vestido con una túnica, cabello largo y blanco, gafas… Kakashi paró en seco y apretó los puños. Kabuto le habló a la bruja al oído. Y el chakra empezó a girar cada vez mas rápido para introducirse de golpe en el pecho de la mujer. De sus manos extendidas fueron surgiendo lazos dorados con palabras escritas . Estos flotaron durante unos instantes sobre su cabeza para salir disparados como lanzas. Kakashi vio aterrado como se dirigían hacia el pueblo. Aquello terminaría de destruir lo poco que quedaba. Pero en lugar de estrellarse contra el suelo, las lanzas doradas atravesaron la masa liquida deteniendo en seco su avance. El monstruo se revolvió y las lanzas se aflojaron volviéndose de nuevo lazos. Las cintas comenzaron a rodear a la bestia y ésta bramó al cielo. Kakashi vio que lo en principio era una masa líquida oscura iba transformándose. Las colas iban surgiendo una a una a medida que las cadenas de chakra lo iban rodeando. Un bijuu. Fue contando. Una, dos, tres… diez. Kakashi sacudió la cabeza. No podía ser que fuera Juubi. Volvió a mirar la luna. El Sharingan giraba desorbitado y la luna parecía apunto de estallar en sangre. Entonces la bruja gritó y los lazos se cerraron sobre el monstruo, rodeándolo, aplastándolo, reduciéndolo. Kakashi no lo podía creer ¿Que clase de poder tenía aquella mujer? Entonces vio como hincaba una rodilla en el suelo. El esfuerzo era patente y ya no parecía tan sobrenatural. Los lazos de chakra se fueron encogiendo, derritiéndose, fusionando, hasta que solo quedó una pequeña bola brillante flotando sobre el suelo destruido del pueblo. Kakashi solo alcanzó a ver a Kabuto antes de que tomara la bola brillante entre sus brazos y para cuando miró en lo alto de la colina la mujer había desaparecido y la luna volvía a ser blanca.
….
El pueblo de Boy, la aldea del Sonido, se unió a la lista de destrucción de aquel monstruo, rompiendo el patrón que Kakashi había dirimido. Mientras los supervivientes buscaban entre los escombros a sus familiares y amigos, Kakashi se dirigía al prostíbulo. Al estar a las afueras algunos de sus muros habían sobrevivido milagrosamente. Bajo una viga de madera tumbada, encontró la trampilla secreta que llevaba a los túneles subterráneos. La empujó a un lado y levantó la portezuela. Boy y los demás habían salvado la vida.
….
Durante toda la noche fueron rescatando personas. Unas vivirían y otras serían difícil de identificar. Al amanecer ya habían terminado. No había quedado mas de la aldea. Poco a poco fueron llegando vecinos de los alrededores, civiles y ninjas, para prestar ayudar o saquear. A Kakashi no le importaba. Su mente había sido secuestrada por la silueta de aquella mujer. Iluminada por la luna roja, rodeada de ese inmenso chakra, ese chakra… Sentado sobre una roca se retorcía las manos mirando el enorme cráter que había sido la ciudad. Boy y los demás lo observaban sin acercarse. No los culpaba. Se estaba volviendo loco por la incertidumbre. Por fin Boy se animó y le puso la mano en el hombro.
- Kakashi.- Éste alzó la cara.- Esta vez no puedo acompañarte. Necesitan mi ayuda aquí.
Él asintió. Jamas se le hubiera ocurrido pedírselo y mas aun con la sospecha que aplastaba su pecho, demasiado grande para compartirla con alguien tan joven y tan bueno.
- Seguiré solo en adelante, no te preocupes.- respondió poniéndose en pie por fin.
- Aquel hombre de allí necesita un guardaespaldas. Si no quieres ir solo...
Kakashi desestimó el ofrecimiento pero aprovechó para vigilar al individuo. Era sospechoso que alguien viniera al lugar de una catástrofe a buscar un guardaespaldas. Era un hombre menudo, con mas aspecto de comerciante que de ninja, pero por la forma de moverse delataba que estaba relacionado con el mundo de la guerra. Se animó a acercarse solo para observarlo. No hablaba con nadie en particular, iba de un lado a otro, y parecía estar apuntando en un pequeño libro.
- ¿Qué tipo de información sacaría alguien en un lugar así?- preguntó Kakashi al aire. Sutilmente había conseguido colocarse junto al hombrecillo sin que apenas se diera cuenta.
Éste dio un pequeño respingo y alzó la cabeza. Parpadeó al distinguir el chaleco de Konoha y miró a su dueño.
- Sólo tomo notas.
- La ciudad está destruida. No hay nada que merezca la pena llevarse. - insinuó Kakashi.
- No, no – se apresuró el hombre – no he venido a robar. Estoy siguiendo el rastro del Juubi.
El ninja giró despacio la cabeza y lo miró. Se sintió intimidado y continuó con rapidez.
- Estos ataques llevan repitiéndose años en varias países. El monstruo sigue un patrón, aparece cada vez menos pero siempre en luna llena. Y siempre ha sido la misma kunoichi que ha terminado por llevárselo.
- ¿Kunoichi?- preguntó Kakashi haciéndose el incrédulo.
El hombre frunció el ceño.
- Hay una recompensa por su cabeza. Por la mujer.
El ninja lo miró y el hombrecillo no sabía que pensar. Con casi toda la cara cubierta, solo podía distinguir su expresión por un ojo. Y parecía levemente furioso. Quería pensar que había visto su cara en alguna parte. Quizás en un libro Bingo. Pensando en la posible recompensa optó por sacar sus dotes diplomáticas.
- Mi nombre es Mogui. - dijo ofreciéndole la mano.
En su lugar, Kakashi se marchó dejándolo con la mano suspendida en el aire.
Aquel hombre se marchó al poco de terminar de hablar con él. Decidió seguirlo.
El tal Mogui caminaba sólo. Llevaba poco equipaje y siempre viajaba por caminos principales. Se iba deteniendo de cada aldea que encontraba, haciendo negocios, venta de armas, información, pero principalmente actuaba de intermediario. Por lo visto había logrado darse a conocer a personas con grandes fortunas y pocos escrúpulos que de vez en cuando necesitaban las manos de un ninja y no sabían ni querían saber como contactar con uno. Curiosamente, a pesar de ir buscando alguien que le acompañara, aquellos mercenarios con lo que hablaba siempre se negaban. Entonces un día vio el motivo por el que Mogui necesitaba tan urgentemente un guardaespaldas.
Desde la calle la vio entrar en la taberna. Todos se habían girado para mirar y apartaron la cara como si hubieran visto un demonio. A penas estuvo sentada unos minutos con él y cuando se marchó, el hombre se levantó de la silla temblando y sudaba como un cerdo. Kakashi se apartó de la entrada y se escondió antes de que ella lo viera. Pero tuvo curiosidad por ver que se escondía bajo la capucha y a penas tuvo tiempo de ver algo de cabello castaño. Y una piel joven. Mientras ella se marchaba calle abajo con rapidez, Kakashi se quedó paralizado en mitad de la calzada. Aquella forma de caminar, aquel cuerpo apretado. Sacudió la cabeza con fuerza. Había estado mucho tiempo sin tocar mujer, y ya veía a Sakura por todas partes. Miró a Mogui. Seguía en el interior de la taberna. Si en serio estaba buscando a "La Bruja" quizás era el momento de que Zenma lo acompañara.
Mogui resultó ser mas reservado de lo que hubiera esperado. Los encuentros con sus clientes eran breves, quería saber lo mínimo de ellos. Saber el nombre de una persona le daba poder sobre ella, y no quería enemigos. Tampoco les debía lealtad. Podía dar un servicio a un señor feudal y después vender su localización a un señor rival. Y de momento seguía vivo.
También vendía suministros médicos. Zenma y él iban adentrándose en los antiguos asentamientos de Akatsuki que aun no habían sucumbido bajo las ruinas y Mogui cogía todo aquello que podía cargar. Drogas, material quirúrgico, y envases con chakra. El ninja veía como el hombrecillo saltaba de alegría cada vez que encontraba aquellas muestras de colores. Eran restos de chakra de bijuu y había un comprador que los pagaba a precio de oro. Lo llamaba "el Médico". Sin embargo era la única entrega a la que Zenma no tenía que acompañarlo. Y eso a Kakashi no le gustaba.
- Vamos a ver a mi chica.- dijo un día.
Zenma lo miró sorprendido.
- ¿Una novia o algo así?
Mogui rio bajo sin despegar los dientes.
- Que va. Trabaja a veces para mí. Tiene que darme algo.
El ninja asintió y ambos se dirigieron al País de la Tierra. Escogieron uno de los caminos que llevaban a las montañas y caminaron ladera arriba. Los bosques no eran propicios para las piernas cortas del comerciante pero eran los preferidos de Zenma, y se desenvolvía con soltura. Fue cayendo la noche y cuando se preguntó mas tendrían que subir algo cayó a sus espaldas.
Por acto reflejo repelió un ataque con kunai. Una mujer.
- Mogui.- dijo.
Una kunoichi del Rayo. Morena y con el cabello rubio cogido en una coleta baja. Evidentemente era un henge, al igual que él. Mogui se apresuró a intervenir. Hablaron de negocios pero ella no le desclavaba los ojos de encima. Henge o no, era muy atractiva. Sus ojos despedían una fuerza que hacía mucho tiempo no veía. La voluntad de fuego. Zenma no pudo evitar sonreír. La joven del Rayo se sonrojó y desvió la mirada con rapidez. Era adorable. A Kakashi su corazón lo pilló por sorpresa.
- Dáselo Zenma.- dijo Mogui.
Éste respiró un poco y guardó el kunai. Cogió la bolsa de dinero y se la fue a dar. Ella extendió la mano pero él durante un instante la sostuvo en el aire sin soltarla. Ella tuvo que mirarlo de nuevo a la cara. Y Kakashi empezó a tener calor. Nunca había visto aquellos ojos marrones pero esa forma de mirar… Ella frunció el ceño y él soltó el dinero.
Con rapidez se lo guardó y le dio la espalda. Ellos tuvieron un último enfrentamiento, y se lamentó de que Mogui prescindiera de sus servicios.
Cuando finalmente desapareció entre los árboles, hizo un esfuerzo por calmarse y miró a Mogui. Estaba muy nervioso y sonreía para relajarse.
- Tiene carácter tu amiga.- dijo Zenma.
- Está loca. Pero es buena mujer.
El ninja observó en la dirección por la que se había marchado. Mogui tosió llamando su atención.
- Ahora tengo que llevarle esto al "Médico". Esperame donde siempre.
Zenma se limitó a asentir.
- Te recomiendo que no la sigas, -añadió el hombre-, te arrancaría la cabeza antes si quiera de te acercarás.
El ninja rio bajo.
- No pensaba hacerlo.- mintió. A veces Mogui era muy intuitivo.
Y se marchó.
Zenma lo vio perderse a trompicones evitando las raíces de los árboles y espero. Era el momento de descubrir la identidad de ese "Médico". Se sentó a los pies de un árbol, y dejó pasar la noche contando el tintineo de las estrellas. Sakura…
Al amanecer se cansó de esperar. Alzó los brazos en alto y estiró las articulaciones doloridas. Le había dado unas horas de ventaja, las suficientes para que no se perdiera el rastro de Mogui pero no se sintiera seguido.
A dos días de camino, su rastro lo llevó a una casita de pastores, rodeada de algo de ganado desperdigado. Mogui había estado allí haciendo el intercambio y se había marchado. Había salido sólo por lo que el "Médico" debía seguir allí. Algo le dio mala espina, las ovejas balaban inquietas y la puerta de la casa estaba abierta. Entonces fue cuando vio a un perro con la garganta cercenada. Zenma frunció el ceño y se pegó al muro como una exhalación. En absoluto silencio se asomó a una de las ventanas deterioradas por el tiempo. El interior no era mas que suntuoso que un corral y apenas estaba iluminado por una chimenea que amenazaba con apagarse en cualquier momento. Tirado frente a ella, como un trapo viejo, el pastor yacía con los ojos aun abiertos. Dio un paso adelante hacia la puerta cuando vio movimiento en el interior. Entró con suavidad en la cabaña.
Había juguetes tirados por el suelo, y sobre la mesa un biberón a medio beber. Zenma empezó a ponerse nervioso. Sacó un kunai y se dirigió a la única habitación de la casa.
Había una mujer sin vida en el suelo y un hombre inclinado sobre una cuna. Aquel hombre lo oyó entrar y al girarse el henge de Zenma cayó y el Sharingan de Kakashi rompió en su cara como una gran herida abierta.
-¡Kabuto! - aulló mientras lo atravesaba con el Chidori.
De la fuerza que llevaba lo clavó en la pared de madera y la casa se les vino encima.
…
Todo un día. Kabuto estuvo engañando a la muerte durante todo un largo día. Kakashi se vació en él, todo el odio que había ido acumulando a lo largo de los años, toda la culpa, toda la nostalgia, toda la soledad la fue recibiendo el hombre-reptil en su cuerpo. Cuando caía agotado le perforaba el cerebro con el ojo de Obito y la volvía a ver. El día que se la llevaron, el día que le hicieron creer que él estaba muerto, el día que Tobi la violó, y el siguiente, y el siguiente… Y tenía que salir y vomitar sobre la hierba. Entonces cogía lo que quedaba de Kabuto. Aquel excremento no pidió clemencia si una sola vez, o él no lo oyó.
No podía permanecer en su memoria mucho tiempo, era demasiado horrible, cuando su recuerdo de ella se mezclaba con en el de otras mujeres y no sabía si lo que veía en él era real o superposiciones de su mente moribunda.
Kakashi se dio cuenta de que moriría antes de lo que hubiera querido. Necesitaba saber que había sido de ella.
Él pareció entender y abrió la boca. No salía la voz. Y Kakashi se inclinó sobre él. Y en el último estertor Kabuto logró decir:
- Está viva.
