Las caras sombrías de los detectives y miembros de la policía eran acordes a los constantes sollozos que se escuchaban dentro de la oficina del jefe de departamento, ellos no tenían que ver nada para ser capaces de discernir la situación tensa que se desenvolvía dentro de aquellas paredes. Boa se había pasado por el departamento a media mañana y desde entonces no se había alejado de donde estaba, había contactado por teléfono a su cuñada para que fuese a recoger a las niñas al colegio sin entrar en demasiado detalle la razón por la cual ni ella ni Yunho podían hacerlo aquella tarde; lo bueno del asunto era que no se trataba realmente una situación extraña, por lo que Jihye jamás sospecharía que algo realmente malo había sucedido.

El jefe dejó descansar una mano sobre el hombro de la mujer, Boa no dejaba de removerse en su sitio, sus hombros demostraban la angustia que sentía y la puerta se abrió dando paso a uno de sus subordinados, Kyuhyun.

—Jefe. Debe venir a la sala de conferencias un momento. —El aspecto demacrado de Kyuhyun hizo que su interior se contrajera con desagrado, a él de verdad no le gustaba nada de eso y temía genuino por la seguridad de Yunho, si en realidad se trataba de lo que él creía que podía tratarse. Siguió al muchacho con paso silencioso, cerrando la puerta tras de sí con mucho cuidado, no quiso preguntar qué había sucedido ahora estando aun cerca de la mujer, él prefería discutir el tema estando fuera del alcance de la inestable Boa.

Al llegar a la sala de conferencias su expresión se redujo a rectitud y sus manos sufrieron espasmos de nerviosismo poco característicos. En la mesa central había un paquete, sencillo, de envoltura marrón clara, nada voluminoso ni llamativo; tenía solo una etiqueta de la correspondencia con la dirección exacta de la oficina de policías, específicamente su departamento más no estaba dirigido a nadie en particular. La caja estaba abierta, los clásicos sellos del correo habían sido rotos y él se acercó lo suficiente como para mirar en su interior: recortes de periódicos carentes de sentido y una cinta negra de VHS.

—¿Qué es esto? —Preguntó por fin a nadie en particular y el silencio sepulcral que le siguió le llenó de amargura. —¿Qué es esto? —Repitió serio y los detectives conocían ese tono demandante, pero todos estaban demasiado apenados, avergonzados como para responderle, ¿por qué?

—Esto estaba dentro de la caja jefe. —Kyuhyun le acercó un papel y él lo inspeccionó despacio. Se trataba de un común papel blanco tipo carta, tamaño A4, le dio vuelta y pudo contemplar las frases frescas escritas en todo el centro, parecían hechas en una máquina de escribir y no por medio de computadora, pero no estaría seguro hasta después de llevarlo al laboratorio. Era una advertencia.

Tick- tock. Voy a explotar.

¿Eso que significaba?

—Hay más. —Kyuhyun le hizo entrega de otro pedazo de papel con las mismas características, solo que en esa ocasión había una pequeña lista de cosas por hacer, instrucciones de como proseguir. Un mal presentimiento subió por su estómago y se le clavó en el vientre, sudor frío viajó por su espalda manchándole la camisa y el aire acondicionado de la habitación le hizo temblar.

Cerraron la puerta con seguro, bajaron las cortinas y apagaron casi todas las luces de la habitación, tan solo el bombillo frente al televisor quedó encendido, justo como lo especificaba la nota. Uno de los detectives tomó la cinta y programó el televisor en el canal correcto, activó play y escarcha y ruido llenaron la estancia, el sonido ensordecedor le obligó a taparse los oídos y con prisa buscaron el control remoto para nivelarlo; la pantalla se obscureció y en menos de un parpadeo todos fueron testigo de una escena asombrosa, sorprendente y perturbadora.

El acercamiento de la cámara les confundió por momentos, no lograban reconocer con exactitud lo que veían hasta que una voz melodiosa y susurrante, cuidada se escuchó con claridad.

—Sonríe a la cámara Yunho. —Petrificados de miedo e impresión quedaron y sus ojos salieron de sus orbes al tiempo que el ángulo de la toma cambiaba para dejarles una mejor visión. En el medio de una habitación llena de sombras podían ver a Yunho, estaba atado a una silla de manos y pies, tenía los ojos vendados y amordazado; su cabello sucio, lleno de sudor se pegaba a su frente, las marcas en su cuello resaltaban en la piel blanca. Él sintió ganas de vomitar. Yunho arqueó la espalda y sus caderas se sacudieron, sus gritos llegaban ahogados y saliva escurría de la comisura de sus labios.

—¿Qué es eso? —Uno de los muchachos preguntó al aire en un quejido y a él le costó entender a lo que el muchacho se refería, su cabeza estaba atiborrada de tumulto de emociones nada positivas en las que predominaban la ira y la impotencia. Un zumbido desconocido alcanzó sus oídos y cuestionó si eso era a lo que el detective se preguntaba, y lo cierto era que ninguno de ellos lograba divisar la fuente de dicho sonido.

—Tick- tock, voy a explotar. —La misma voz se escuchó y su cuerpo se tensó al reconocer las palabras, eran las mismas en la nota y lo más seguro era que, el secuestrador les hubiese mandado dicha cinta como prueba al significado de sus palabras. Una silueta negra apareció frente a la cámara, era lo suficientemente alta como para opacar la figura de Yunho y con ojos asustados e impresionados tomaron en total atención la escena que se desempeñó. Posando ambas manos a la altura de las caderas de Yunho, el extraño tiró de su ropa; la piel de su vientre quedó al descubierto, Yunho gritó y se removió enardecido, pero nada detenía las acciones de su captor. El extraño ladeó el rostro en un gesto aniñado y lleno de atención, alzó una mano y acarició el cabello del detective con un aire disonante a sus acciones más el toque duró poco, posando ambas manos sobre las piernas de Yunho, tiró de la prenda con fuerza arrancando consigo la ropa interior dejando que ambas prendas quedasen olvidadas en los tobillos de Yunho. En la habitación se oyó una exhalación.

Alta y furiosa se apreciaba la hombría de Yunho, enrojecida y de la cual se podía apreciar gotas de blanco traslucido pre-seminal. El extraño accionó un pequeño control que descansaba en la seguridad del bolsillo de su pantalón y Yunho se quejó, su respiración se aceleró y se volvió inestable, acalambrados escalofríos navegaron por toda su columna y su cuerpo se contrajo por completo, calor líquido viajó por sus entrañas y los espasmódicos latidos en su interior le hicieron ver negro, absoluta obscuridad aun debajo de sus pestañas y ojos cerrados. Su cuerpo se descargó de toda tensión y con su simiente disparado manchó su estómago, el extraño dejó su mano sobre la coronilla del detective y le dedicó una caricia mimosa.

—Buen chico. —La imagen se perdió.

Se despertó sintiéndose pesado, pero con la mente ligera, a sus brazos y piernas le costaron recuperar la movilidad y apenas sintió un sutil cosquilleo a la altura de su rodilla, Yunho contrajo las piernas hundiéndose con la intención de hacerse ovillo. Una fuerte mano rodeó su tobillo y le regresó a su posición original.

—No te muevas o te vas a lastimar. —Quiso bufar ante las palabras elegidas y el tono preocupado en el que fueron dichas. —Necesito revisarte. —Yunho se tensó por completo y pataleó con la poca fuerza que le quedaba, el desconocido se coló con facilidad entre sus piernas y con su peso le mantuvo quieto, ambas manos se posaron en sus muslos y las uñas se le clavaron lo suficiente como para escocer. —No voy a lastimarte. —Yunho forcejeó otro poco luego de escucharle, ¿quién demonios se creía que era? Yunho no era estúpido y tomando en cuenta las actitudes anteriores del hombre, sabía a la perfección que lo que decía era una completa mentira. Una cachetada le dejó en su sitio sorprendido y con los ojos vendados todavía su oído pudo captar el diminuto suspiro resignado de su secuestrador. —Tengo que limpiarte y darte de comer, ¿te vas a comportar? —No recibió respuesta. Otro golpe en su cara aún más doloroso llegó. —Te hice una pregunta, Yunho. —Y allí estaba el tono de comando, la necesidad del hombre de sentirse en control de toda la situación finalmente se estaba mostrando. —Si te comportas, te quitaré la venda de los ojos. «Patrañas.» —Se repitió el castigo nuevamente al no obtener respuesta. —¿Por qué no puedes entender que no quiero lastimarte? —El extraño susurró a la altura de su oreja y él alejó el rostro asqueado después de sentir un casto beso húmedo en su mejilla lastimada.

—¿Quién eres?

—Eso no importa. —La calidez que irradiaba el cuerpo del extraño se alejó dejándole solo en la fría habitación, la puerta sonó y sintió como pasaba el seguro. «Si importa. Claro que importa.»

El silencio les acompañó por unos buenos veinte minutos, Yunho no sabía si el hombre todavía permanecía en la habitación, no le había oído salir, pero tampoco le había oído entrar y el reconocerlo era exasperante. El sentirse perdido y a merced de un demente era completamente exasperante, todo su entrenamiento en la academia y sus lecciones de hapkido se veían reducidas a nada. Relajó los músculos de las piernas y de cuenta nueva se hizo ovillo ante la fantasmal caricia sobre su tobillo, había algo extraño, diferente en la sensación que le llegaba en ese momento a cuando había estado sentado en la habitación contigua; creía debía serlo ya que él no recordaba en absoluto cuando fue trasladado y no tenía la consciencia suficiente como para descifrar cuantas habitaciones había, donde sea que fuese el lugar donde estaba. En una repetida acción regresó sus piernas a su posición inicial y allí estaba de nuevo, un sutil toque, el mero roce a su piel y eso fue suficiente para darle a entender lo que le parecía diferente. Antes había entendido que, quien sea que le estaba haciendo eso, era lo suficientemente cuidadoso como para cubrir su rastro al usar guantes de látex y ahora reconocía la sensación que difería; ahora él podía sentir el contacto directo de piel contra la suya misma y no el frío material. El extraño se volvía más audaz.

—¿Qué quieres? —Aún con los nervios a flor de piel su voz no daba pie a nada, tranquila y serena intentaba mantenerse en control de su cuerpo y sus reacciones para no darle al ignoto ningún tipo de satisfacción.

—Ya te lo dije. Necesito limpiarte y darte de comer.

—¿Me quitarás la venda de los ojos?

—Solo si te comportas. —Quiso preguntar a lo que se refería con "comportar", más optó por permanecer callado y solo asentir con vigor. Escuchó al hombre moverse por la habitación, una puerta se abrió y el chorro de una regadera le alcanzó. —Arriba, Yunho. —Ordenó sin liberarle las manos y él solo quedó inmóvil. —Yunho. —Su nombre alargado y en advertencia le crispó, su rostro se torció en una mueca, pero permaneció en silencio. —Voy a golpearte ahora Yunho. «Que considerado.» Pensó para sus adentros luego de que el golpe llegase seguido de la advertencia. —Ahora arriba o te golpearé más fuerte. —Obedeció a duras penas y perdió sentido de las manos, imaginó deberían estar pálidas por la falta de circulación, sentado sintió al hombre maniobrar con sus brazos y los dejó fuertemente asegurados tras su espalda; con una mano en su cabello le enderezó el cuello y le hizo caminar.

Trastabilló al filo de una bañera y salpicó agua, estaba tibia. Las órdenes del extraño eran cortas y sencillas de seguir aun sin poder distinguir ni siquiera su propia mano, oía las acciones apresuradas a su alrededor y se hacía una imagen mental de cómo se vería la situación. Lavó su cabello con atención, la espuma escurría por los costados de su rostro y, por momentos, agradeció estar vendado al no sentir ardor. «¿Qué estás diciendo?» Una esponja áspera se ocupó de brazos, cuello, hombros y su pecho, maniobraron todavía más al dejarlas frente a él y cerró las piernas extrañamente consciente de su desnudez, el hombre no había tenía ningún tipo de cambio en su tarea de limpiarle, como si su mente solo se ocupase de ella y no tuviera impulsos momentáneos; Yunho no creía que fuese a durar demasiado, él sabía las actitudes de ese hombre aun cuando no lo hubiese visto, para Yunho era suficiente lo que había presenciado a través de sus víctimas. La ducha pasó sin mayor acontecimiento, aunque no pudo evitar el estremecimiento disgustado que sintió cuando el extraño deslizó las manos entre sus piernas y la indignación ante las actitudes delicadas, sutiles, parecía revisar con precisión médica el estado de su cuerpo y eso era embarazoso.

Envuelto en una toalla que a duras penas permanecía en su sitio, regresaron a la habitación.

—¿Comerás por ti mismo o tendré que alimentarte? —Yunho ladeó el rostro, la pregunta le descolocó, había asumido por lo antes sucedido que el ignoto desistiría de la idea de liberarle de las vendas y ataduras.

—Comeré yo solo.

—Entonces compórtate. —El susurro grave y enardecido le hizo tragar en seco. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había sido secuestrado, pero tenía en claro que debía hacer todo lo posible para mantenerse en el lado positivo de su secuestrador, así permanecería con vida y encontraría el momento perfecto para atacar. El entrar y salir de la habitación era el único sonido constante y se vio reconociéndolo con facilidad; la bandeja quedó a su lado y las ataduras en sus manos finalmente fueron deshechas, su primer instinto fue aliviar el dolor de la zona afectada al acercarlas a su pecho, lo siguiente que sintió fue el peso que se alejaba de su rostro y dejaba sus ojos libres. Con los brazos agradecidos de aligerar la tensión a cada lado de su cuerpo, comida humeante a pocos pasos de distancia —solo debía estirar una mano—, parpadeó y arrugó el entrecejo a causa de la luz, no era demasiada pero luego de permanecer en tinieblas, los diminutos rayos le lastimaban; borroso veía todo y escuchó la sutil risa entrecortada y divertida del hombre, para cuando logró enfocarse por completo y reconocer la figura que tenía enfrente y pupilas se dilataron y su boca se abrió de sorpresa incontenible.

Él conocía a esa persona.

—¿Changmin? —Preguntó en una respiración.

Yunho apenas si entraba a la unidad, recién graduado de la academia y gracias al trabajo arduo había alcanzado un buen punto de inicio, con visión y dedicación en un par de años sería ascendido y podría comenzar a hacer de su nombre algo respetable. Algunas de las situaciones dentro de la policía eran variables y casi inesperadas en sus primeros encuentros; podría haber una orden de cateo por posible manejo y venta de drogas, así como ayudar en la persecución de unos ladrones armados que habían decidido atacar el banco central, pero lo que más Yunho pudo observar y sentirse frustrado por ello eran las llamadas inútiles por posible prostitución.

Niñas y algunos niños de todas las edades con identificaciones falsas exponían su vida al peligro a falta de un trabajo decente con el que sobrevivir, había una gran avenida conocida por sus locales, bares y demás sitios de entretenimiento que a duras penas pasaban los niveles mínimos de salubridad; Yunho y su pareja, Kyuhyun, atendieron el llamado de una vecina preocupada por los constantes gritos y ruidos que podía escuchar al otro lado de la pared, la mujer no quiso especificar la ocupación de quienes eran dueños del departamento contiguo pero dada la zona y su fama, no era demasiado difícil imaginárselo.

Shim Taeyeon era el nombre de la mujer que a regañadientes se asomó por una diminuta rendija en lo que exigía identificación de los oficiales, después de estar conforme con las placas, descorrió el seguro y abrió la puerta por completo dejando su cuerpo como barrera, ambos oficiales hablaron con la mujer. El cabello desarreglado, el maquillaje descorrido a la altura de los ojos y restos de labial en la comisura de sus labios; una bata de baño abierta en el pecho dejando ver escote y una expresión llena de desdén, Yunho imaginó que Taeyeon les cerraría la puerta en la cara hastiada de sus preguntas inútiles en lo que evitaban verle al rostro e inspeccionaban con ojo analítico la estancia. La presencia de un pequeño y delgado niño no mayor de diez años que se divisaba en el umbral de la cocina le hizo sonreír y sentirse moralmente atado.

Las marcas en sus manos y pies no eran fáciles de ocultar, ni mucho menos la piel rojiza de su cuello, pero ellos no tenían evidencia sustancial más que una figura escondida y una mujer que al ver como el oficial escrudiñaba a su hijo, cambió su actitud en modo mamá oso y allí les cerró la puerta en la cara.

Meses después Taeyeon fue finalmente arrestada pero no por lo que Yunho temía, la habían encontrado en un estacionamiento cerca de una tienda de veinticuatro horas haciendo vagos intentos de comprar cocaína. Allanaron su departamento y lo que encontraron les escandalizó. El pequeño, que luego de horas críticas en el hospital, les hizo saber su nombre, se encontraba atado a la cabecera de la cama de manos y pies y un nudo en la garganta le impedía respirar.

—¿Me conoces? —Con la espalda erguida, los músculos tensos y el rostro envuelto en curiosidad y confusión, Changmin se acercó a Yunho. Sus grandes ojos de niño se enmarcaban con cruda emoción, sus afiladas mejillas daban paso a un par de labios enfurruñados en un puchero. —¿Sabes quién soy?

Yunho parpadeó aturdido, confundido y sin la más mínima idea de qué hacer. Imágenes grotescas llenaban su cabeza en lo que su mente le llevaba de regreso a los detallados informes y reportes sobre Changmin y su estadía en el hospital. Horas de terapia y la aguda visión de los Servicios Sociales del estado habían sido de gran ayuda. Su madre, Shim Taeyeon, había sido una prostituta con adicción a la cocaína, y como todo adicto hacía lo inimaginable por conseguir la dosis necesaria para su ansiedad; al comienzo se había tratado de puramente su cuerpo, hombres sin respeto alguno por su integridad que tiraban billetes al suelo y ella los reunía con ahínco. Cuando eso no fue suficiente y que tuviera la mala suerte de encontrarse a alguien con gustos peculiares, ya no era la fuente de placer, sino su hijo.

Al inicio se había negado rotundamente a que los hombres le pusieran una mano encima a su preciado pequeño, pero cuando dichos hombres comenzaron a hacer ofertas escandalosas bajo la promesa de altos montos de dinero, la mujer tuvo que reconsiderarlo y así fue como a la tierna edad de doce Changmin se vio envuelto en unas obscuras sesiones de sexo por el deleite de otros. Taeyeon se negaba rotundamente a dejar que esos hombres ensuciaran a su precioso hijo, puesto que ella era la única digna de mostrarle afecto.

—Sí. Sé quién eres.

—¡Oh! —Exclamó. —Perfecto. —Y Changmin sonrió con una dulzura aterradora que hizo a Yunho sentirse pequeño, diminuto y perdido, completamente perdido. ¿Qué sería de él ahora?

Desde la última conversación Changmin no se había aparecido por la habitación en horas, anteriormente podía sentir la presencia del muchacho aun debajo de la venda en sus ojos, pero ahora se encontraba absolutamente solo y era estresante. Él debía encontrar la manera de escapar, no había otra opción, él reconocer a Changmin le dejaban una sola opción al muchacho y esa era su inevitable muerte, Yunho no deseaba morir. Su estómago rugió de hambre y sus pies se congelaron de frio, pero Changmin jamás apareció.

Yunho estaba tentado a destruir la habitación a su alrededor, la puerta cerrada y sin ventanas no había mucho con lo que ocuparse, gritó, golpeó y rasgó toda superficie a la que sus manos tuvieron contacto, pero era inútil; pasaba horas dormido y el resto contemplaba el techo desesperado. Atormentado de recuerdos y deseos fallidos, demasiados "que tal si" inundaban su cerebro y le enloquecían, le hacían perder el control. ¿Qué tal si él hubiese hecho mejor su trabajo? ¿Qué tal si él hubiese prestado mejor atención? ¿Qué tal si hubiese salvado a Changmin antes de que todo sucediese? ¿Qué tal si él hubiese hecho algo al respecto la primera vez que posó la atención en el niño? Quizás si él hubiese prestado atención, nada de eso estuviese pasando ahora.

Changmin miraba con atención el balancear de Yunho por toda la habitación a través de las cámaras de seguridad instaladas, suspiró cansado y restregó las manos contra su rostro, Yunho decía conocerle, pero entonces, ¿por qué él no lograba recordarlo? Aunque si se paraba a pensarlo, eso lo hacía todavía más perfecto.

Sus manos cosquilleaban de ansiedad ante las posibilidades, su corazón palpitaba con emoción contra sus costillas y mordisqueaba su labio inferior impaciente, él quería lograr tantas cosas, pero todavía no era el momento perfecto, todavía no; Yunho se resistía al igual que todos aquellos que primero llegaron a sus manos, pero sabía que con la presión y dedicación suficiente lograría adecuarlo, lograr que se comportase y allí él podía ser feliz.

Dio la vuelta y se quitó la ropa dejándola desperdigada en el suelo, a su paso. Abrió la regadera y reguló la temperatura, ni muy fría ni demasiado caliente, tibia y agradable. Su hombría media despierta reaccionó ante la idea de todas las posibilidades, de compartir lo que él deseaba y más con alguien que le conocía, eso era lo que más deseaba, eso era lo que buscaba. Volver a tener en la punta de los dedos la alegría y euforia, recuerdos de los encuentros programados y a la vez sorpresivos en los que su cuerpo y mente se derretían en favor de su madre le nublaron razón y sus caderas comenzaron su vaivén esporádico; el aire caliente, los toques cálidos, los susurros a medio entender en sus oídos y los sucios comentarios que le avergonzaban y le endurecían, todo volvía a su mente y su cuerpo era preso de lujuria y placer inexplicable, se corrió con fuerza tal que su cabeza golpeó contra los azulejos de la pared y ahogó un quejido de dolor al tiempo que limpiaba sus manos con ayuda de su lengua y saboreaba lo amargo.

Las luces fallaron y el humo que provenía de las rendijas se esparció una vez más.

Yunho esperó estar sentado y maniatado a la silla, pero caso contrario, estaba acostado en la cama que ocupaba ya desde hacía tiempo, aunque sus muñecas volvieron a sentirse restringidas, pero lo que le alarmó fue el peso que sintió acoplarse en su regazo. La obscuridad reinaba y por momentos dudó de su sanidad, ¿estaban sus ojos vendados o no? Más lo que le llamó la atención no fue otra cosa que el par de manos que deambulaban tranquilas por sus brazos y hombros. Un escalofrío le recorrió la espalda y aguantó la respiración al sentir un fuerte agarre acoplarse en su garganta, la respiración acompasada de Changmin la sintió sobre su rostro y una lengua tímida le saboreó los labios y el mentón; oyó un suspiro ensoñado y tembló cuando caderas contrarias hicieron contacto con las propias. «No. No. No puede estar pasando.»

Changmin se deshizo de la camisa que llevaba puesta con una facilidad alarmante y el sorpresivo frío chocó contra su pecho, sintió a Changmin recorrerle el pecho, las palmas contra sus pectorales y sus pezones respondieron, Yunho gruñó y se removió incómodo; las uñas de Changmin se clavaron en su estómago haciendo jadear de dolor y sus caderas se alzaron, restregándose contra Changmin. El muchacho se aprovechó de él al descubrir la sensibilidad de Yunho y atacó los ennegrecidos botones con las manos, los hizo girar entre sus dedos y tiró de ellos con fuerza; Yunho lloró y se agitó indignado, no importaba cuantas veces gritase en los confines de su cabeza lo erróneo que era toda aquella situación, lo moralmente incorrecto y aun así el respondía con naturalidad haciéndole sentir avergonzado, Yunho no podía detenerse.

Changmin se inclinó y cambió de táctica, ahora no eran sus manos quienes abusaban de la piel sensible sino su boca, mordía con fuerza arrancando alaridos del detective y sonrió para sí cuando las caderas de Yunho respondieron a sus toques y su espalda baja tuvo contacto con la creciente erección que se escondía entre la ropa. Lágrimas desesperanzadas llenaron las pestañas de Yunho y su boca se llenó de saliva que escurría por la comisura de sus labios, cada vez sentía menos las muñecas por culpa de la fuerza que ejercía al tratar de liberarse; sus pantalones se vinieron abajo en un ágil movimiento de Changmin. Desesperado, Yunho intentaba encontrar una manera de detenerle.

—¿Qué…? ¿Qué quieres de mí? —Preguntó agitado, le costaba respirar. Changmin detuvo su actuar unos segundos antes de quedar a la altura del oído del detective.

—Quiero sentirte en el paladar, ahogarme por tenerte profundo en la garganta, que te vengas en mi boca. Dejarte tan duro que te duela y que te quedes tan adentro que no me pueda mover por varias horas. Eso es lo que quiero Yunho. —Yunho sudó frío ante las palabras de Changmin y se ahogó con su propia saliva al sentir como era devorado por la boca ágil del muchacho. Changmin le recorría con la lengua, le sentía y hacía la presión necesaria, bombeada con rapidez y se alejaba milímetros para rodearle entre el pulgar y el índice. Se detuvo cuando Yunho arqueó la espalda y sus pies viajaron por las sábanas de la cama desesperado, contempló con orgullo su obra; Yunho con la piel enrojecida y encrespada, ojos fuertemente cerrados y el cabello despeinado, sus manos pálidas y los brazos tensos, su erección alta y dolorosa, sonrosada y húmeda, se curvaba elegante contra su vientre. Changmin jugó con sus testículos y atrapó uno con sus labios en lo que regresaba la atención al duro glande que le rozaba la nariz.

Yunho estaba envuelto en calor asfixiante, todos sus nervios parecían querer explotar ante la más diminuta estimulación, el aire de la habitación le raspaba en el pecho, los músculos de su estómago se contraían y sus piernas temblaban incontrolables, una capa de sudor le cubrió y sus caderas arremetieron contra la húmeda cavidad que le esperaba.

—Asfíxiame, Yunho. —El orgasmo le alcanzó sorpresivo y explosivo. Changmin bebió de él enviando espasmos adoloridos y restos de placer a su cerebro, luces brillantes nublaron sus pestañas y su cuerpo cayó lánguido contra la cama, se quejó por su cuerpo sobre-estimulado cuando Changmin regresó a bombear su flácido miembro y uno de sus dedos rozó el cúmulo de nervios entre sus nalgas.

—¡NO! —Gritó ronco y exhausto y sollozó con la voz quebrada tratando de alejarse, pero Changmin le tomó de las caderas y le acomodó entre sus piernas. —¡No! ¡No! ¡Changmin, no! —Eso pareció llamar la atención del chico, Changmin se detuvo y prestó atención a Yunho quien se sacudía sin contemplaciones.

—Shhh. No te preocupes. —Alejó mechones del rostro de Yunho. —La próxima vez será mejor. —Y la próxima vez no estuvo demasiado lejos.

Changmin regresó a su posición contra sus caderas, restregó sin pudor su atrapada hombría contra una de las piernas del detective, mordió con furia el hombro de Yunho y arañó su pecho; no tuvo contemplaciones con sus pectorales y estómago, se deshizo de sus pantalones y atajó una de las piernas de Yunho a la altura de su hombro, besó y mordió su tobillo y detrás de la rodilla, Yunho intentaba girar sobre sí mismo, sus músculos se tensaban buscando la manera de escapar pero Changmin le mantenía seguro. —Siénteme, Yunho. —Las alarmas en su cabeza se activaron y no tenía movilidad de los brazos, gritó, lloró y rogó; y sí que rogó, rogó como nunca antes lo había hecho, Yunho rogó por su vida. Changmin le acalló con un beso o más bien la sobre posición de sus labios juntos, masajeó su cabeza en intentos vagos de calmarle y gimió una vez que sus pieles estuvieron completamente expuestas; masajeó con una mano los miembros de ambos, contento se sentir como Yunho comenzaba a recobrar la vida bajo sus movimientos. —Siénteme bien, Yunho. —Yunho abrió los ojos como platos al entender lo que sucedía, aunque no pudiese ver nada en absoluto, Changmin se removía estando encima de él, arqueaba la espalda y sus piernas se tensaban y abrían para mayor facilidad, y luego de un acalorado y sonoro gemido por parte del joven, las luces volvieron.

La visión que le esperaba dejó a Yunho con la boca seca. A Changmin el pecho le tamborileaba con fuerza, cada respiración se escuchaba fuerte y dolorosa, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás dejaba al descubierto su largo cuello, una manzana de Adam prominente y un par de clavículas daban inicio a su pecho bien formado, abdominales tensos y marcados con caderas gráciles que se alzaban de tanto en tanto en lo que abusaba de su labio inferior en concentración. Un nuevo dígito logró adentrarse en su interior y su prominente miembro que aclamaba atención saltó por la fuerza de la embestida, Yunho no lograba salir de su impresión.

Changmin posó ambas manos en el pecho de Yunho y en un movimiento fluido, sin detenerse a pensar en el ardor o el dolor, atrapó a Yunho en su interior. Yunho gimió sonoro, el aire escapó de sus pulmones y tembló de asombro, la tensión le aplastaba, le asfixiaba y le abrumaba; Changmin regresó la atención a Yunho y le dedicó una mirada llena de ansiedad, de desesperación y necesidad. Con las pupilas dilatadas, obscurecidas y brillantes, una corriente eléctrica le sacudió, la excitación, el calor y la lujuria que le envolvió era arrolladora, carente de sentido y explicación.

Changmin alzó las caderas y arremetió contra Yunho, sus cuerpos chocaban con prisa, con fuerza, su espalda se arqueó y un agudo gemido escapó la seguridad de sus labios; el aire se hacía viciado y el fuerte olor a sexo les rodeó, el sonido obsceno de sus pieles era fuerte y claro y sus respiraciones comenzaban a perder ritmo. Changmin rasguñó todo lo que tuvo a su alcance y se inclinó lo suficiente como para restregar su miembro contra el estómago de Yunho, el detective se arqueó y jadeó con las gotas de seminal que le empaparon, Changmin lamió y mordió su quijada y parte de su cuello, tironeó de sus pezones y apresuró el movimiento de sus embestidas, casi a un ritmo bestial.

—Lléname, Yunho. —Susurró Changmin en su oído al tiempo que dejaba un casto beso detrás de su oreja. —Córrete. —Fue su orden y Yunho se sintió traicionado por su propio cuerpo cuando su instinto se abrió paso entre su cordura y sus caderas chocaron contra la piel de Changmin, más duro, más rápido; el muchacho sollozó al sentir el abuso de sus nervios internos y todo su ser se vio envuelto de placer frenético, Yunho se vino en su interior, llenándole por completo más Changmin no se detuvo. —Más. Más, Yunho. —Changmin continuó su andar enloquecido contra la piel de Yunho; espasmo acalambrados rodeaban a Yunho y le lastimaban, su piel no podía soportarlo. Changmin alzó el rostro y le sonrió a Yunho justo antes de venirse manchando sus estómagos.

Luego de que su respiración se tranquilizó y finalmente entendió lo que había sucedido, Yunho no pudo soportarlo.

Yunho perdió la razón y se dejó vencer por el cansancio, cuando volvió en sí y contempló el deplorable estado en el que se encontraba: moretones, hematomas y marcas por todos lados, sus paredes se derrumbaron, cualquier defensa de su mente se vio desvanecida ante el odio, el asco y el disgusto, la vergüenza, la rabia y el bochorno, sucio se sentía, aborrecido de su propia piel y no había demasiado que hacer contra ello estando adherido a la cabecera como una extensión. Changmin le observaba desde el filo de la cama perfectamente vestido con los ojos entornados, la expresión endurecida y una sonrisa torcida que igualaba su placer y complacencia. Yunho era perfecto.