Título: Bienvenida a la sociedad

Sumary: —Oh, ya veo. Eres una rara, ¿verdad? Nadie te quiere hablar. Sí que tienes suerte Hinata, aún tengo que hacer mi buena acción del día y yo te voy a enseñar. Mi nombre es Namikaze Naruto. Bienvenida a la sociedad.

Advertencias: Universo Alterno/Un poco de OoC/Amor Lento/Conceptos de psicología/Capítulo más largo de lo normal.

Pareja: NaruHina

Cantidad de palabras: 4,737/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3

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Planes (mal) intencionados

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[Existen dos clases de ambiente para el aprendizaje humano: el psicológico y el físico.

Mientras que el primero se refiere a la mentalidad propia y de la gente que le rodea, el segundo implica todo aquello relacionado con su entorno material. Ambos procesos se conjuntan para crear la percepción de la realidad subjetiva con la que se juzgarán la mayoría de las vivencias que posea una persona a lo largo de los años.

Se debe recordar que no es lo mismo que las palabras sean ofensivas, a que una persona se sienta herida por ellas. El cómo se tomará la situación depende de su estado emocional y si el individuo es alguien de carácter negativo o positivo. La percepción trabaja con estos conceptos.

Imaginemos a dos personas en un mismo salón de clases. Los objetos a su alrededor serán los mismos, sin embargo, el valor emocional que representan es diferente entre sí. Un salón vacío puede simbolizar paz mental, la sensación de estar fuera de lugar e incluso el temor de enfrentarse a lo desconocido.

Las personas que obtienen todo con facilidad desarrollarán un valor mediocre —o nulo, en su defecto— por el esfuerzo de los demás. Puede crearse en ellos una equivocada impresión de pertenencia que les hará creer que todo es suyo, causando que vean la ayuda externa como una obligación que tienen los demás hacia ellos. Esto sucede con frecuencia en las relaciones de padres materialistas que compensan el cariño con dinero, creando a los llamados hijos "mal agradecidos".

Por otro lado, quiénes no consiguen de manera sencilla lo que necesitan hará que den un valor sentimental extra a todo, independientemente de que sea bueno o malo, inclusive si el nombrado ha llegado a delinquir. El fruto de su esfuerzo les hará sentir que han obtenido algo de provecho, y si éste se llegara a perder supone un daño grave en la autoestima.

La mente se estructura de ese modo. Un individuo introvertido condicionado a "obtener" conversaciones puede sentirse terriblemente abrumado por el valor de unas cuantas palabras y complicar su integración, un ser comunicativo quién ha crecido "recibiendo" la convivencia social lo ve como algo tan normal que le resulta absurdo que alguien no pueda hablarle con normalidad. Ambos estilos se vuelven mundos paralelos en el que uno no puede entender el comportamiento del otro y crean una brecha social.

Es sumamente importante que aquellos excluidos aprendan a mantenerse en contacto, y promover la comprensión de los grupos sociales para abrir un puente de comunicación en ambos.]

OoOoO

—Naruto…—Llamó Iruka con tono molesto. El resto de sus estudiantes conversaban entre ellos aprovechando el momento en que se detuvo la clase por culpa del rubio escandaloso que roncaba en medio del salón.

—Profesor, creo que está muerto.

—Eso es imposible, ¿no oyes como ronca?

—Yo digo que lo saque del salón y continuemos, tengo cosas que hacer esta tarde.

—Profesor…

—¡Silencio todos! —Bramó molesto. Les dirigió una mirada severa antes de volver a sus intentos vanos de levantar al tonto durmiente. —Despierta Naruto. —Volvió a llamar, pero sencillamente él seguía sin responder. Los murmullos crecieron rápidamente en el salón con probables teorías sobre como lo levantaría, si habría golpes y preguntas al aire sobre si se estaría haciendo el dormido. Harto de todo ello, el castaño tomó aire y se preparó para gritar con fuerza su nombre. —¡Uzumaki Naruto!

—¿Eh? ¿Qué? —Respondió de inmediato, despertando del sueño profundo. Al levantarse se llevó consigo la silla, tumbándola en el proceso y dispersando todos sus libros por el suelo junto al contenido dudoso de su mochila. Frente a él su maestro lo miraba como si quisiera golpearlo. —Ah, solo eres tú Iruka-sensei. —Mencionó con tranquilidad, sonriendo cínicamente mientras sus manos se cruzaban tras su nuca.

«Verdaderamente no teme a nada», pensó el mayor.

—¿Qué quieres decir con eso? —Espetó con molestia. —Y explícame que estás haciendo aquí, si te he dicho ayer que ésta no era tu clase y no debías interrumpir.

—Es que…—Titubeó, buscando un pretexto creíble. Se sintió levemente amenazado por los profundos y oscuros ojos de ese hombre y soltó lo primero que le vino a la mente. —Es muy interesante su clase…—Agregó vacilante. Se abofeteó mentalmente por la excusa tan absurda y se apresuró a replicarle. —¡De verdad! ¡Se lo digo en serio, dattebayo!

—¿En serio? —Replicó con sarcasmo. —Podría jurar que estabas dormido. —Burló el mayor, sonriendo con ironía, lo conocía perfectamente. El rubio golpeó inmediatamente con sus puños la mesa de su asiento como protesta y se apresuró a desmentirlo.

—¡Eso no es cierto, yo estaba escuchándolo todo el tiempo Iruka-sensei! —Declamó con entusiasmo, aparentemente ofendido y causando dolor en su pobre oído por su voz chillona. Naruto ocupaba pasar la adolescencia con urgencia si quería sobrevivir a sus gritos agudos. Varias risillas de sus compañeros le recordaron el lugar donde estaban y bajó sus hombros en señal de arrepentimiento por haber reaccionado tan exageradamente. —Usted…—Comenzó. —Usted decía algo de que los ricos son malos y la gente roba cosas…—Se quedó pensativo algunos segundos. — ¿O era que los ricos roban y los pobres lloran…?

Iruka no lo soportó más.

—¡Jamás he dicho nada de eso…! —Reclamó. — ¡Fuera de mi clase, ahora!

—P-Pero Iruka. —Por su propio bienestar el castaño decidió omitir la falta de respeto que cometía frente a los demás alumnos al llamarlo solo por su nombre. —Necesito ideas para hacer eso, así que por favor ¡déjeme quedarme…! —Rogó, tratando de poner su mejor rostro de lástima.

El hombre suspiró derrotado. Se negaba a ceder ante una súplica tan lamentable, pero la sinceridad de sus ojos terminó por convencerlo. Después de todo, no lo hacía por maldad, sino por aquella conversación que habían tenido el día anterior sobre cierta jovencita tímida a la que deseaba ayudar. También era su culpa, había manipulado hasta cierto punto la situación y a Naruto, para lograr que se acercara a ella y se hiciera su amigo.

Musitó con resignación en su tono:

—Está bien, pero presta más atención por favor.

—Sí señor.

—O por lo menos no vayas a roncar…

—No señor.

Lo vio recoger su silla y acoplarse a su lugar en silencio, muy pendiente (al menos en apariencia) de todo aquello que escribía en el pizarrón. Quince minutos más tarde Naruto volvió a dormir en medio de la clase de psicología, pensado en lo ocurrido la tarde anterior…

OoOoO

—Nos vemos luego Naruto.

Masculló una voz perezosa que le hacía preguntarse si no tendría que arrastrar su lengua para pronunciar cada oración de la desgana que arrojaba. Shikamaru bostezó y se marchó sin esperar nada más, conociéndolo seguro que buscaba llegar pronto a su casa para seguir continuar con su habitual sueño eterno.

—Suerte con tu castigo. —Le deseó Ino, antes de darse la vuelta para tratar de alcanzar al chico cabeza de piña y obtener finalmente las supuestas respuestas de los exámenes finales.

Si algo tenía el vago de su salón era la inteligencia superior al promedio que le hacía ser el número uno de la escuela. Si algo tenía la bruja rubia era que cada periodo de exámenes era la misma historia y lo obligaba a ayudarle para no reprobar. Entendía el sentimiento, el entrenador había amenazado tanto a porristas como jugados que si bajaban más de calificaciones estarían fuera, aunque se quedara sin miembros en el equipo.

—Te lo mereces. —Objetaron Sakura y Kiba al mismo tiempo, avanzando a la salida.

—Sakura-chan, eres cruel…—Berrinchó el rubio, ella le sacó la lengua en respuesta, pues había sido su almuerzo lo que tiró encima de Sasuke en la mañana. Kiba simplemente se burlaba porque era un maldito perro y como tal no tenía nada mejor que hacer.

Les dio una sonrisa a todos antes de se marcharan, escuchándolos quejarse y correr por los pasillos, apresurándose para irse. No falta mucho para que oscureciera y podría volverse peligroso si se quedaban más tiempo, lo que le hacía pensar a él que el profesor estaba poniendo en riesgo su valiosa vida al hacerlo esperar y obligándolo a irse tan tarde.

¿Y si le llegaba a pasar algo? Seguro que no porque él era Naruto, el busca pleitos número uno y alguien demasiado fuerte para los humanos promedio, pero… ¿qué tal si se le caía el dinero en medio de su camino, en una calle solitaria y oscura donde jamás volvía a encontrarlo? No podría encontrarlo porque era muy noche. ¡Se quedaría sin dinero! Eso sí podría pasar y sería una terrible tragedia para su cartera de Gama-chan. Debería pedirle el doble a la directora antes de irse solo por si acaso…

—Ah, esto es tan aburrido.

Ni siquiera sus dramáticos y exagerados pensamientos le distraían. Iruka estaba tardando demasiado y el rubio tenía inmensas ganas de ir al baño, pero si el profesor llegaba y no lo veía sentado en su pupitre seguro pensaría que se había escapado y de nada le serviría haberse esperado tanto. ¿O debería simplemente irse? Estaban a punto de cerrar la escuela, podría decirle eso…

Un largo suspiro en el fondo del aula llamó su atención, dándose cuenta finalmente de que no estaba solo en el salón. La chica rarita que había observado encogerse en su mesa banco y mimetizarse con el silencio seguía sentada en la esquina con la misma expresión miserable de hace unos minutos y no parecía reaccionar.

«¿De verdad no se piensa mover?» Se cuestionó mentalmente. ¿Qué era lo que estaba esperando? No parecía querer irse, pero tampoco podía quedarse, todos estaban obligados a irse antes de las siete de la noche.

—Oye… —Llamó. —Ey, oye… ¡Oye, chica rara!

Pero nada, no respondió. ¿Le estaba ignorando? Pero que chica tan malditamente grosera, él solo tenía curiosidad. Por eso es que nadie en el salón le tomaba en cuenta.

Mientras la veía decidió recostarse sobre el escritorio del profesor en busca de un lugar más cómodo y accesible y se dedicó a observarla en silencio. No podía entenderla. Parecía más bien un maniquí con forma de humano porque no parecía que se movía ni para respirar. Tenía el ceño profundamente fruncido y sus ojos lucían ofuscados, su rostro lucía desesperado.

A pesar de toda la ropa que le cubría aún en pleno verano se veía pequeñita, no podía distinguir bien su rostro por culpa de su fleco, pero se veía de alguna manera bastante joven, quizás un año o dos menor que él o cualquiera de sus compañeros. Su piel era tan blanca que parecía la piel de un muerto y sus ojos blancos no hacían más que confirmar su aspecto aterrador.

No podía dejar de pensar en lo mismo desde hace quince minutos.

—¿Por qué no se va?

—¿Quién?

—I-Iruka sensei…—Masculló, llevándose una mano al pecho. —Joder, no haga eso, me asustó.

Él sonrió.

—Perdona la tardanza Naruto, hubo muchas preguntas sobre la clase. —A pesar de la curiosidad que tenía decidió no preguntar sobre el tema, seguía molesto por haber tenido que estar presente en una aburrida conferencia. El castaño miró primero el reloj con sorpresa y luego en su dirección. —Tienes suerte, es demasiado tarde para ponerte un castigo.

—Esperarlo tanto ha sido como uno —Respondió.

—Bueno…

—Ah, por cierto. —Interrumpió. —¿Podrías repetirme lo que dijiste antes?

—¿Antes?

—Sí, eso de que estaba enfermo.

—¿Enfermo?

—¿Va a repetir todo lo que digo? —Lo fulminó con la mirada, indignado. —Sí, eso que dijo de que ya nací con mal carácter y que no tengo la culpa por los problemas que…

—Espera, espera. —Fue su turno de detenerlo, su alumno tenía la mala costumbre de interpretar las cosas a su manera y llevar las conversaciones por vías completamente ajenas al tema. Y comenzaba a sospechar que para nada lo hacía de forma involuntaria. —Nunca he dicho eso. Tú no estás enfermo, solo eres idiota.

—¡Ey! ¡Yo no soy idiota! Tengo muchas cualidades y talentos, como… eso y… —Lo miró con frustración. —Eso… también. Creo. —Haló su cabello con desesperación, moviéndose con rudeza. —¡Ah, en serio, yo tengo muchas cosas que ofrecer, pero no puedo pensar en nada ahora! —Lo apuntó con un dedo acusador, causando que el mayor hiciera una mueca de gracia mal disimulada. Ver a Naruto haciendo muecas tan teatrales era bastante entretenido. — ¡Todo es por su culpa! ¡Se ha tardado tanto que hasta me puse a analizar a la grosera rara, ttebayo!

—¿Eh? ¿Grosera y rara?

—Está por allá.

Naruto no tardó demasiado en cerrar sus ojos y cruzarse de brazos, parecía bastante ofendido. Sus ojos viajaron al fondo de la habitación dónde una pequeña chica de cabello negro brilloso seguía sin moverse de su lugar, muy concentrada en lo que sea que fuere que estaba pensando. Trató de evitar su carcajada, pero no pudo detenerlo, su alumno de inmediato lo encaró enfadado, preguntándole con sus rabiosos ojos azules que le explicara de qué carajos se estaba riendo ahora.

Tardó algunos segundos para serenarse, tratando de responder.

—¿Por qué…? —Tosió, buscando como empezar a preguntar. —¿Por qué dices eso?

—Ella me ignoró.

El moreno lo miró con cierta sorpresa, extrañándose. Como profesor su trabajo era conocer a profundidad a cada uno de sus estudiantes, sus motivos y fortalezas, así como sus debilidades, en especial del grupo en el que ellos estaban, pues se había encariñado con todos como no lo hacía desde hace casi una década.

Sabía que ella era una de sus alumnas más tímidas, tanto que no le había visto platicar con nadie desde el primer día de ingreso más que para las conversaciones a las que estuviera obligada a participar. Y a pesar de todo era alguien bastante amable, le resultaba extraño escuchar que había ignorado a alguien, que ese alguien fuera el rubio escandaloso, pero, sobre todo, que fuera capaz de hacerlo con la insistencia monstruosa de la que él era capaz.

Si él estaba tan molesto era seguro que ni siquiera le dirigió la mirada.

—Naruto. —Comenzó. —¿Recuerdas de lo que hablé hace un rato?

—¿Que me invitaría al ramen? —Bromeó, pero al ver la seriedad del mayor bajó la cabeza, apenado.

—¿Por qué siempre pones palabras en mi boca? ¿Sabes? Podrías meterme en serios problemas un día de éstos.

—Lo siento. —Susurró. Pudo ver sus ojos azules arrepentidos por un instante, pero se recuperó demasiado rápido para su gusto. — Pero, ya. Dígame a que se refiere.

—Mientras tu dormías les expliqué a los demás cómo funciona la integración social. —El chico parpadeó sin entender realmente, pero asintiendo como si lo hiciera. —Quiero decir, que hay personas muy tímidas cómo para poder hablar con alguien sin sentirse mal.

—¿¡Qué!? ¿Eso es posible? —Gritó escandalizado. No parecía creerle.

—Sí. Hay gente que por ciertos motivos han crecido creyendo que los demás les harán daño y sienten miedo cuándo hablan. Quizás Hinata…—Lo vio preguntar con la mirada qué quién era ése o ésa. —Es el nombre de tu compañera. —Indicó. —Quizás Hinata es demasiado tímida para responderte y por eso te ha ignorado. Existen personas que son demasiado sensibles y cualquier palabra puede dañarlas por lo que prefieren no hacerlo, aunque eso no significa que les guste estar solos, solo tienen más miedo que el resto de las personas normales.

—P-Pero yo no iba a hacerle nada…

—¿Recuerdas cuando tú mismo no podías hablar con nadie sin empezar a gritarle? Bueno, ella en vez de hacer eso se calla. No habla. Le resulta difícil evitarlo.

—¿Entonces la grosera rara solo me tiene miedo?

—No creo que debas decirle…

—¡Pues me tendrá que escuchar! ¿Cómo se atreve a pensar que yo le haría algo? ¡Ni que fuera Sasuke, ese idiota hasta te muerde!

—Naruto…

—Le voy a hacer hablar hasta que se acostumbre y pedirme disculpas por compararme con el amargado estreñido.

—Nadie lo mencionó —Rectificó. —Cállate de una buena vez, cada cosa que dices suena peor. Terminarás por asustarla de verdad y entonces si tendrá motivos para ignorarte.

Naruto trató de respirar tranquilo al escucharlo. Por lo menos había entendido su punto, pero seguía preocupado, con lo explosivo que era el chico podría cometer cualquier tontería y ambos tendrían problemas. Examinó su semblante, en sus ojos azules lucía férrea la llama de la determinación y eso le indicaba que no podría convencerlo fácilmente de dejar el asunto de lado.

Sin embargo, si lo pensaba por largos segundos, quizás esto era una buena oportunidad para ayudar a la chica a salir de su encierro. No era sano para nadie vivir aislado. Controlándolo un poco para que se calmara, podría serle de ayuda a la chica Hyūga, y a la vez (si tenía suficiente suerte), convivir con alguien más tranquilo podría ayudarlo a él a calmar sus impulsos agresivos.

Aprovecharía el ambiente si Naruto estaba tan seguro de hacerlo.

—Tengo un plan. —Le dijo para atraer su atención. Funcionó. Rápidamente el joven se posicionó a su lado para escucharlo. Repasó mentalmente lo que le diría. —Tal vez, tú podrías ayudarle.

—¡¿Yo?! —Objetó agitado. El mayor asintió con la cabeza.

—Si te haces su amigo podrías ayudarla a que se acostumbre a la gente…—Sonrió ante sus muecas de disgusto, ya sabía que se negaría al inicio, pero aún tenía su carta maestra, a su alumno le importaba demasiado la opinión de los demás. —Podrías convencerla de que eres una buena persona a la que no debe temer y pedirle que se disculpe contigo. —El rubio estaba considerándolo. Iruka se sentía victorioso. —No tienes que estar todo el tiempo con ella, solo ayudarla a que se integre a la sociedad y de ahí en adelante tú decidirás que hacer.

—¿Suciedad? ¿Quieres que la ponga ahí?

—Es sociedad. —Espetó resignado. Lo había confirmado, Namikaze gustaba de jugar magistralmente con los límites de su paciencia. —Cuando tenga más amigos no será necesario que sigas haciéndolo.

—Oh…

—Puedes ir ahora mismo y acompañarla a la salida. De todos modos, nos tenemos que ir.

OoOoO

Después de ello y algunas protestas más había terminado por hacerle caso a Iruka-sensei y se dirigió hasta la chica rara. Jamás en su vida se habría imaginado que terminaría por llevar casi a rastras a una mujer sólo porque se le quería escapar. Bueno, tal vez lo había hecho más de una vez en situaciones algo absurdas, como detener a Sakura de pelear con Ino, a la susodicha por estar abrazada como pulpo a la espalda de Sasuke o a su propia madre cuando intentaba matar a su padre. Pero nada había sido similar. Ellas jamás temblarían de pánico, al contrario, le hubieran golpeado para liberarse.

Al momento de tomar su mano la pelinegra le vio con tanto temor y sorpresa que estuvo a punto de arrepentirse, pero había de por medio su palabra, la misión que le había confiado Iruka y su reputación como buena persona. Así que con mayor fuerza de la necesaria tironeó de… ¿Hinata?, y la guio por los pasillos con una sonrisa, ignorando que la incomodaba más.

Pero ella no dejó nunca de resistirse a su agarre, tratando de zafarse a cada oportunidad y eso terminó por hacerlo cabrear. ¡Él era tan genial! No lo comprendía, hubo gente que le mirara con desprecio antes, incluso burla o resentimiento, ¡pero jamás miedo! Sasuke era el que asustaba a la gente, no él. Estuvo a punto de gritarle que él no era ningún extraño como seguramente pensaba y que no le haría nada cuándo llegó ese tipo de cabello de princesa que le recordaba a alguien vagamente y se la llevó lejos.

Bufó furioso de sólo recordarlo.

Tampoco es que él quisiera obligarla a irse juntos, pero no podía ignorar el hecho de había alguien que le tenía terror absoluto. Tenía unas ganas tremendas de levantarse en medio de la clase y llevarla a la azotea para aclarar unas cuántas cosas en ese instante, pero ya tenía demasiadas sanciones de Kakashi y la directora. Una más y se iría de vacaciones forzosas por otra semana. No sería tan malo si eso no significara que serían siete días más que la grosera rarita pensaría lo peor de él.

Esperaría (im)pacientemente el final de la hora, afortunadamente seguía el almuerzo y aprovecharía la oportunidad para hablarle, y hacerle entender de una buena vez que él era alguien confiable. Gracias a la conferencia matutina de Iruka tenía una idea de que podría hacer para ayudarla a acostumbrarse a estar con la gente…

OoOoO

Hinata apuntó con tranquilidad las últimas líneas que dictaba el profesor de matemáticas y cerró su cuaderno. La lección del día había terminado y empezaba a sentir la necesidad de alimentarse. Guardó sus cosas en la mochila, tardándose más de lo necesario para hacer tiempo suficiente mientras sus compañeros comenzaban a retirarse para ir a la cafetería. El salón estaría casi vacío por al menos diez minutos y comería durante ese lapso. Ella siempre traía su propia comida casera para evitar las largas filas y el tumulto insoportable de gente que se dañaban unos a otros en busca de un lugar.

No lo soportaba, los incesantes murmullos, las miradas agobiantes de todos y la sensación de asfixia al estar rodeada de personas desconocidas. Solía ser empujada en esos lugares y terminaba por perder algo a la menor oportunidad, ni siquiera lograba comprar pan, por eso odiaba ir a ese sitio. Era cobarde, lo admitía, pero ya era demasiado tarde para cambiar algo, pasaría el resto de su tercero año de preparatoria en silencio y estudiaría algo que le permitiera aislarse del contacto humano con profesores privados. Era vergonzoso, pero no hallaba otra solución.

—Hey Hinata, ¿traes tu propio bento? ¡Se ve delicioso, dattebayo!

La voz escandalosa le hizo dar un pequeño salto por la impresión, trató de tranquilizarse al escuchar ese sonido conocido, recordando con incomodidad como el rubio ya la había sacado antes de sus pensamientos del mismo modo barbárico y le había sonreído de un modo tan retorcido que sólo pudo agradecer infinitamente cuando apareció su primo para salvarla.

La pelinegra trató de huir a algún lugar lejano, preguntándose cómo es que ahora mismo estaba a su lado a pesar de lo ocurrido la tarde anterior, pero fue sostenida inmediatamente por su mano. Su contacto era tan cálido, algo demasiado extraño que no había sentido nunca antes y no supo describir, por lo que el miedo la paralizó.

—Ey, ¿a dónde vas?

Su tono la estremeció. Se veía molesto, y sus ojos azules brillaban con una tétrica advertencia de peligro hacia ella. Estuvo a punto de suplicar que la soltara, pero se obligó a calmarse, los victoriosos del comedor estaban regresando a tomar asiento y no tenía deseos de armar un bullicio por algo que los demás verían como exagerado, sólo le estaba tomando la mano…

Más fuerte de lo que quisiera, y dolía un poco, pero aún no había hecho nada malo.

Trató de no mirarlo demasiado.

—Responde —Le gruñó.

Si lo hacía… Si le decía que quería ir al patio a disfrutar de su caja de bento la dejaría… ¿Verdad?

En medio de su crisis de nervios Hinata no podía notar cuánto trabajo le costaba sonreír con aparente calma y no empezar a gritar. El rubio tenía su temperamento, uno demasiado fuerte para personas como ella, pero también era su culpa, aunque no fuera consciente de ello. Estaba siendo grosera sin entenderlo, pues llevaban varios minutos desde que él le dirigió la palabra con su pregunta y se negó a hablarle.

—E-Eh… Yo… —Miró a su alrededor en busca de ayuda, pero nadie se había percatado de su singular conversación. La mirada del grupo de amigos que siempre estaban con el chico se dirigió a ellos, pero de inmediato siguieron en lo suyo; corrección, a nadie le importaban. Oficialmente era su problema. —S-Sólo… Que-quería ir al patio…—Notó su impaciencia y se apresuró a terminar su contestación. —Co-comer… ¡Quería comer sola! Sí, eso…

—Eso es genial. —Respondió, sonriendo con singular alegría y desconcertándola por el cambio. —Yo también quería comer, no solo, pero sí en el patio. ¿Y si vamos juntos? La verdad es que no traje nada de casa porque mamá quemó la cocina y tampoco dinero, pero nadie me quiere prestar… —Sus ojos claros como el cielo examinaron con detenimiento lo que había puesto sobre su pupitre, provocando que ella le siguiera la mirada al mismo lugar. —Y tu almuerzo es realmente delicioso, de verdad ttebayo. —Agregó en un debatible tono cínico.

La caja había sido abierta quién sabe hace cuánto y su arroz estaba a la mitad.

No podía creerlo, pero tampoco podía replicar. Hinata no era tan valiente para oponerse a su enemigo amarillo y ante la insistencia del rubio terminó por ceder el resto del cereal blanco junto a sus complementos que se valió de "su triste historia", además de prometer acompañarlo hasta el árbol de cerezo y comer bajo la banca juntos.

Recordó entonces lo que le había dicho la tarde anterior. ¿Esa era su idea de sociedad? Tenía la sensación de las cosas se pondrían muy difíciles de ahora en adelante…

OoOoO

Naruto pasó el resto del camino sonriendo con naturalidad. Pensar que si todo salía conforme a su plan obtendría sus anheladas disculpas le ponía de buen humor; por un segundo creyó que estuvo a punto de echarlo todo a perder cuando vio la enorme desconfianza en sus ojos raros. Afortunadamente se detuvo a tiempo.

Pero llegaría el momento en que le haría pagar a la chica, le haría pedirle disculpas hasta que no pudiera hablar de nuevo y vaciaría sus bolsillos con auto invitaciones a Ichiraku Ramen. Si ella se había atrevido a pensar mal de él, no tendría remordimientos intentándolo. Bueno, quizás un poquito, pero mientras el tema fuera comida gratis Namikaze Naruto no se retiraría.

Fue difícil convencerla de ir hasta ese sitio para poder poner en marcha su plan.

Bien, a la cuenta de tres…

—Espera un segundo Hinata. —Se detuvo. —Tengo que ir al baño. Volveré de inmediato ¿sí?

Salió corriendo antes de que pudiera decirle algo y se escondió tras las sombras de un arbusto mediano, esperando al acecho. Ese día era jueves, el único de la semana en tanto él como Sasuke se libraban de verse las caras porque Sakura tenía juntas recurrentes con la junta estudiantil. Normalmente también almorzaba con ellos, por lo que ambos habían hecho el pacto silencioso de darse un descanso. Aunque pelear fuera divertido un día de calma y tranquilidad siempre era bienvenido.

El punto era que Sasuke quedaba solo.

Y era de conocimiento general que el moreno ocupaba la única banca que estaba directamente bajo el árbol de cerezo ese día, por lo que siempre se hallaba sola y esperando por él como si estuviera reservada. Las chicas no solían acercársele demasiado y los varones preferían no molestarle, solo sus más fervientes (y locas) admiradoras le observaban comer desde la distancia con la saliva escurriéndoles asquerosamente por la boca.

Al amargado no le gustaba que ocuparan su lugar, pero Hinata era callada. Seguro que terminaría por ignorarla, y esperaba que ella no se fuera mientras creyera que regresaría pronto. Si la grosera rara podía soportar estar cerca de él, con unas cuántas miradas de muerte en la lejanía, seguro que podría lograrlo todo. Soportar a Sasuke el resto del descanso sería el primer paso hacia su recuperación.

OoOoO

—¿Qué diablos está haciendo ese idiota? —Se cuestionó el pelinegro en voz alta. —Parece una de mis acosadoras…

Lo que menos esperaba de un jueves sin Naruto era topárselo en su lugar favorito, pésimamente escondido detrás del matorral, actuando exactamente como su loco club de admiradoras.

Era tan ridículo que se sintió en la obligación de decírselo para que no siguiera avergonzándolo como su único amigo cercano. A pesar de su nula actividad social, tenía una reputación que mantener. Mientras decidía la peor manera para alertarlo (una patada o un simple cubetazo) se dio cuenta de que el rubio permanecía contemplando fijamente a la chica pequeñita que estaba en su banca desde hace varios minutos. Sonrió de medio lado por lo que creía que veía. Jamás pensó volver a ver una escena tan patética desde que su mejor amigo perseguía a Sakura.

Estuvo a punto de correr a burlarse, hasta que reparó en el pequeño detalle de que la chica estaba en su lugar. Todo mundo sabía que era su asiento los jueves… Y si el tonto la veía desde las sombras…

¿Otra admiradora?

Ese día no podía mejorar más.

OoOoO

Notas de Kou: Muchas gracias a todos por leer, lamento la enorme espera. Sé que dije que sería ligero pero me quedó mucho más largo de lo que esperaba, de hecho tuve que cortarlo al final con la plática de Sasuke, Naruto y Hinata… Aunque ella más bien no habla xD Este es un capítulo de prueba. Quería preguntarles si no les molesta la extensión del capítulo o si desean que sea parecido al anterior, no quiero que se sientan aburridos.

Y no se preocupen, Sasuke no entrará directamente a un triángulo amoroso pero sí causará problemas porque bueno, siempre tuve ganas de escribir algo ¿feliz? sobre él. No hay matanza Uchiha ni rivalidad de hermanos como tal, por lo que es menos amargado. Podría meter SasuSaku indirecto (incluso SasuHina) si eso no hace que me odien (con eso de la rivalidad después del manga no sé si hacerlo sin que haya rencores, no me gusta mucho el SS, pero Sasuki me está tentando a hacerlo xD)

PD: No sé a quién le he respondido y a quién no, así que perdón si el mensaje va doble xD

Akime Maxwell: Saludos linda :3 Perdona la enorme tardanza, el segundo capítulo ya está aquí, espero que te guste y no te aburra por ser tan largo xD Un enorme abrazo :D

shilany: Muchisímas gracias por comentar. Bueno, no sé si haya contado todavía como NH pero espero que te haya gustado :3 Lamento la tardanza, prometo que la próxima semana lo traeré sin falta. Te mando un enorme saludo.

lucas matias: Muchas gracias y espero que me perdones la enorme tardanza. Muchos saludos también :3

Agualuna: Dios, no sé qué decir, me halagas mucho. Jajaja, no te preocupes, yo apoyo el acoso (?) A mí también me pierden las cosas de psicología, es decir, la mente humana es tan compleja, si por mi fuera esto estaría lleno de terminologías pero podría ser muy pesado para algunas personas xD Espero que este capítulo también te haya gustado y no te parezca tan largo xD Un enorme abrazo y muchas gracias por los ánimos, a ti también :D

daniela hervar: Muchas gracias, perdona por tardar tanto pero quedó mucho más largo de lo que esperaba. Espero que te siga gustando, un enorme abrazo :3