Título: Bienvenida a la sociedad

Sumary: —Oh, ya veo. Eres una rara, ¿verdad? Nadie te quiere hablar. Sí que tienes suerte Hinata, aún tengo que hacer mi buena acción del día y yo te voy a enseñar. Mi nombre es Namikaze Naruto. Bienvenida a la sociedad.

Advertencias: Universo Alterno/Un poco de OoC/Amor Lento/Conceptos de psicología.

Pareja: NaruHina

Cantidad de palabras: 2,667/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3

Capítulo dedicado a daniela hervar porque aunque su review se mandó incompleto ella muy amablemente se tomó la molestia de mandarme un mp con el resto. ¡Muchas gracias, espero que te guste! :3

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A cada respirar

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Al principio había pensado que la mejor forma de enfrentar la situación era simplemente dejar a la chica oscura sentarse a su lado en completo silencio, esperando que tal vez aquello la hiciera entender su desplante, pero la situación empezó lentamente a tornarse pesada y bastante extraña para su gusto.

Había conocido a muchas mujeres de su tipo, calladas, silenciosas y aparentemente inofensivas pero que en cuanto mal interpretaban la más mínima señal de su parte como positiva solían buscar una manera de atraer su atención a cualquier costo.

Con las calladas nunca supo cómo actuar, hubo varios momentos horrorosos dónde fue casi violado por chicas así de serias que terminaron por hacerse las víctimas ante los demás. Así fue cono Sasuke fue construyendo su barrera, llena de leyes inquebrantables que obligaba al resto a obedecer, una de las principales era que nadie se sentaba en su banca designada zona anti-Naruto los jueves, o al menos lo fue hasta que llegó esa mujer a burlarse de su sistema.

Sasuke suspiró, acercándose en silencio a su lugar correspondiente, ignorando deliberadamente la presencia de la, a su parecer, chica rara y esperando obtener cualquier tipo de reacción que aclarara sus dudas sobre como proceder. Pero nada llegó de ella. Se negaba a mantener todo tipo de contacto visual, enfocándose por completo en las pequeñas hojas de cerezo sueltas que avanzaban gracias al viento sobre el camino de concreto. En otras ocasiones no le daría tanta importancia, quizás, dependía mucho del humor del pelinegro, pero el hecho de que su auto proclamado mejor amigo estuviera espiando de forma tan ridícula en su dirección acrecentaba su curiosidad hacia ella.

Era una persona amarga e insolente y Sasuke era muy consciente de ese hecho, pero aun con todo y su agria actitud no podía evitar empezar a sentirse un poco incómodo al lado de ella. A pesar de su timidez las féminas solían por lo menos mirarlo de reojo y suspirar, pero ella era bastante diferente. Parecía querer fundirse con la banca. Si no fuera porque la veía pestañear pensaría que era una muñeca demasiado realista que alguien (Naruto con seguridad) le había dejado como broma pues estaba completamente inmóvil en su lugar.

—Oye…—Llamó, atrayendo un poco de su atención. —No estoy interesado en ti —Pronunció Sasuke con aparente indiferencia, vigilando de cerca a su acompañante indeseada. Se mantuvo por largos segundos observando detenidamente sus gestos y esperando la consecuente reacción a su frase. —¿Lo sabes, verdad? —Agregó para asegurarse de que le estaba escuchando.

Ella asintió como respuesta, después de algunos largos minutos en los que le observó como si apenas pudiera descifrar lo que le decía y dejó de mirarlo de inmediato, ocultando rápidamente sus ojos bajo su largo flequillo oscuro. Había sido la reacción más extraña que jamás vio en una chica pero ciertamente no le importaba demasiado. El pelinegro sonrió internamente, satisfecho de certificar las nulas intenciones que tenía con su persona, no estaba interesada ni siquiera en prestarle verdadera atención. Aunque resultaba irritante que no le tomara en serio por lo menos parecía entender rápido el mensaje, no creía que ella le fuera a molestar más, pero siguió manteniendo sus reservas, traumáticas experiencias pasadas le habían hecho el ser receloso que ahora era.

Si notaba que insistía se propuso que le trataría tan mal que el bobo estaría obligado a tener que consolarla todo el mes completo para ayudarla a reponerse. Sería un buen medio para desquitar los nervios que le provocaba su presencia misteriosa y también cobraría eso como un favor para el rubio, después de todo terminaría por agradecerle que la despreciara si en realidad ella le gustaba.

Esperó un largo rato, comiendo finalmente su almuerzo, pasados los quince minutos en silencio, pero para su completa sorpresa la joven no se movió por el resto del descanso ni un milímetro, acurrucada en sí misma con el bento a medio comer abandonado a su derecha. Permaneció a su lado, con las rodillas flexionadas sobre la banca de madera, abrazando sus piernas con fuerza mientras aquella larga cortina de cabello negro con brillos azulinos ocultaba por completo sus facciones y le impedía saber en qué estado se encontraba.

Así se pasó la hora escolar. No intentó acercarse ni preguntar nada, simplemente se limitó a marchar a su respectivo salón cuando sonó la campana, sin embargo ella aún no se levantaba.

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[…la adolescencia es una etapa sumamente importante tanto para la integración del individuo a la comunidad como en la formación de una identidad propia, es el tiempo en el que la mayor parte de los adolescentes imitan todos los estereotipos, propagandas e ídolos que ven en televisión y en la vida real hasta que son capaces de filtrar sus propios gustos e intereses. Es en este periodo que la creación de máscaras para proyectar una imagen diferente a lo que interiormente se siente por diversas razones en su consciencia establecida gana mayor auge.

Las máscaras son representaciones emocionales externas, una barrera creada para una o varias finalidades que corresponden a los diferentes roles que desempeñamos y que no siempre corresponde a lo que en realidad somos, sino más bien a la forma en que deseamos ser visto o percibidos. Hay personas que tienen miedo de ser lastimados, hay muchos más que fingen ser lo que no para resultar agradables ante los ojos de los demás, muchos más usan este medio según convenga a su situación como una forma de manipulación consciente e inconsciente que les rinda beneficios.

Una de las más conocidas es la máscara neurótica. "Déjame en paz, yo soy así", es uno de sus lemas más comunes…

…se dice que el ser humano posee miles de caretas acordes a cada individuo con el que se relaciona y es difícil llegar a conocer la verdadera esencia a menos que…]

Naruto cerró el libro con cierta premura, interrumpido por el sonido del timbre escolar que anunciaba que era hora de regresar a esos cuartos infernales que el resto del mundo conocía como salón. Bostezó en su sitio, llevando la mano derecha hacia arriba para cubrir su boca, tratando de evitar hacer demasiado ruido pues se suponía que seguía escondido tras el arbusto. La aburrida y tediosa lectura del libro, que pidió prestado a Sakura en un pequeño descanso de la segunda hora, fue confuso y poco estimulante pero logró que los escasos minutos que les regalaban para comer su almuerzo transcurrieran como una eternidad.

Si tan solo los hubiera disfrutado podría haberse alegrado un poco por ello.

Había leído por ahí que una buena forma de librarse de la timidez era rodeando al sujeto en cuestión de compañías benéficas y comprensivas que, exponiéndolo poco a poco en multitudes y sugiriéndoles que optaran por iniciar pláticas que los ayudaran a convivir con los demás. Lo único que se le había ocurrido de todo aquello era llevar a la chica con Sasuke para utilizarlo como un mal ejemplo de lo que era un ser humano y estaba seguro que el resto resultaría fácil. Si lo soportaba con dignidad podría hacerlo todo, si no lograba podría argumentar que el resto de la humanidad era mucho mejor que el amargado y hacerle ver que no había por qué temerle al mundo excepto si quedabas encerrado en un cuarto a solas con el Uchiha.

Se levantó con pereza, inspeccionando con la mirada el terreno en el que estaba. Estiró cada músculo que le fue posible movilizar después de estar en esa incómoda posición que mantuvo para evitar ser visto tanto por Sasuke como por la chica de orbes claras. A pesar de que su curiosidad lo llevó a estar pendiente al principio terminó por abrir el escrito y dejar que las cosas transcurrieran con naturalidad, esperando los mejores resultados. Esperar una señal de auxilio también formaba parte del plan.

Quizás no era un experto y sus métodos podrían considerarse poco comunes pero hacía todo lo que podía por ella, se informaba al punto de morir por aburrimiento y buscaba las soluciones más inmediatas. Aunque claro, apenas era el segundo día desde que inició su ardua tarea pero nadie podría decirle que él escatimaba en esfuerzos, con lo que había hecho estaba ganando un pase seguro directo al infierno, cortesía del Uchiha pues era bien conocido su desprecio por aquellos que se atrevían a quebrantar sus reglas de espacio personal, pero sobre todo, por violar la máxima ley que señalaba estar libres un día a la semana de la presencia del otro.

Sabía que el pelinegro lo había visto. Esperó que se fuera de inmediato contra él pero nada ocurrió como lo pensaba, contrariamente a lo que esperaría del chico más frívolo y egoísta que habría de conocer en toda su vida se acercó a la banca, le dijo algunas cuantas palabras que suponía no fueron lo suficientemente groseras para espantar a Hinata, y permaneció calmado, aparentando naturalidad. Fue ahí que sacó el libro y se olvidó de todo, hasta de vigilarlos.

Uno de los alumnos chocó suavemente con su hombro izquierdo, pidiéndole disculpas y continuando su camino. Naruto salió del trance y recordó que debía entrar al salón aunque no estuviera especialmente entusiasta. La clase siguiente era matemáticas, su materia más odiada.

Sasuke se levantó tranquilo, atrayendo su atención de vuelta. Lo vio darle dio una pequeña mirada durante un segundo a su acompañante y se dispuso a irse sin mencionar ninguna palabra, pero la joven siguió en su posición sin moverse. Empezaba a preocuparse un poco. No fue hasta ese momento que notó sus manos fuertemente aferradas a sus piernas, el largo cabello negro cubriéndola y algo de su falda alzada. No pudo evitar sonrojarse tenuemente, era un chico después de todo y ella estaba mostrando de más.

Hubo una especie de gruñido ahogado a su alrededor que lo alertó, giró la vista pero no encontró a nadie y cuando el segundo sonido resultó mucho más fuerte que el anterior se dio cuenta de una ligera incomodidad en su estómago y el hecho de que no había comido nada más que el poco arroz que logró probar del almuerzo de la pelinegra. Se sacrificó a sí mismo aunque había sufrido demasiado por tener que abandonar el delicioso bento junto a su dueña en aquella banca.

Tenía demasiada hambre para volver con el estómago vacío y la chica quizás ni siquiera escuchó la campana. Si iba a saltarse matemáticas al menos podría decirle que se cubriera, le haría compañía un rato y se conformaría con acabarse su preciado arroz. No era tan cruel para terminarse todo el platillo él solo. Caminó despacio, preguntándose en silencio por qué estaría en ese estado. Ella era demasiado… rara. Diferente. Su presencia era tan suave y apenas perceptible, tanto que si sus ojos fueran capaces de olvidar que estaba al frente ni siquiera sabría que se encontraba acompañado. Era como un…

—¿Seguro que no eres un fantasma o algo? —Se cuestionó con temor, reprendiéndose luego por ser grosero. Ya le había debatido el mismo punto hace mucho tiempo, la primera vez que se toparon por los pasillos y Sakura lo había reprendido fuertemente. Esperó una queja, alguna reprimenda o por lo menos una mirada glaciar pero ella seguía en posición fetal. —¿Hinata? —La llamó pero no hubo respuesta. Intentó otras dos veces con su voz volviéndose más aguda de lo normal debido a la preocupación, pero ella no parecía moverse. Llegó corriendo a su lado, tomándola fuertemente por los hombros y agitándola en el proceso. — ¡Hinata, Hinata!

Cuando la joven finalmente alzó sus ocelos blancos notó que estaba al punto del llanto y su labio inferior temblaba imperceptiblemente. —Na… —Logró balbucear con la voz trémula. —Naruto-kun…

Parecía confundida y desorientada, como si estuviera a punto de un desmayo y no reaccionaba a sus palabras. Se maldijo una y otra vez pues se veía realmente aterrorizada. Probablemente la conversación con el amargo no haya salido tan bien como creyó al inicio y le había dicho algo realmente hiriente, no podía asegurarlo pues estuvo distraído pero Sasuke solía ser borde, sobre todo con sus fans…

—Un momento…

¿Y si ella lo era? ¡Sasuke lo iba a matar!

No había considerado la remota posibilidad de que esa estudiante pudiera ser una de las admiradoras del bastardo que tenía por amigo, pudo haber cometido un grave error al dejarla a solas con él, sometida a tanta presión social. Quizás con lo tímida que era ni siquiera había podido mirarlo sin morir de la vergüenza, tal vez deseó hablarle sin que las palabras lograran salir de sus labios, era probable que él la haya rechazado, entonces…

—¡Pobre Hinata-chan! —Exclamó en alto, visiblemente nervioso y afortunadamente sin ser escuchado por la chica. Era tan torpe, ya no tenía derecho a pedirle un perdón de su parte por haberlo juzgado mal, la había enviado directo al matadero sin intención. Estaba seguro que por eso no se movía de su asiento, hundida en la depresión del rechazo a tan corta edad. Le habían roto todas sus ilusiones y ya no tenía fuerzas para moverse, ahora mismo debía estar odiando la clase de matemáticas con todas sus fuerzas tanto como él lo hacía con el maestro déspota y el imbécil que inventó la escuela.

Sin detenerse a pensar más detenidamente si todas sus aseveraciones resultaban correctas o meras suposiciones llenas de histeria y paranoia, sucedidas una tras otra, Naruto la tomó entre sus brazos buscando mentalmente las palabras adecuadas que pudieran consolarla. Pedirle perdón, arrepentirse de haberse involucrado, prometer golpear al bastardo, todo aquel caos emocional se formó en cuestión de segundos por interpretar las cosas a su manera sin medir las consecuencias.

No se percataba del sonrojo creciente de la pelinegra y que estaba a punto de asfixiarla. Solo hasta que ella colocó sus manos sobre su pecho para retirarlo fue que logró calmar su efusividad.

—L-Lo siento, me dejé llevar. —Se disculpó, pero ella negó con la cabeza y su gesto empezó a deformarse en una mueca de necesidad.

—Yo lo siento, yo… Yo…

—Tranquila, respira y dime, dattebayo.

Sin explicarle nada se aferró a sus brazos, reforzando el semi abrazo que se estaban dando. Confuso, el rubio intentó leer en su mirada cristalina que era lo que pretendía, pero ella se lanzó en un movimiento rápido contra su pecho y comenzó a llorar despacio.

—Lo siento. —Murmuró hipando. — Esto es más fuerte que yo.

—¿D-De que hablas, Hinata-chan? —Preguntó nervioso, sin atreverse a rodearla también, sus manos se mantuvieron bailando en el aire sobre el área de la cintura femenina.

—Yo quería escapar e irme, p-pero u-usted dijo que tenía hambre y yo… y yo…—Repitió. Sus párpados se cerraron con fuerza y su boca hizo un mohín apretado. — ¡No me gusta estar rodeada de nadie! —Gritó, apretándose contra su cuerpo con mayor fuerza. Extrañado, el rubio correspondió su gesto, tratando de calmarla con leves palmaditas sobre su espalda baja.

—Ya, ya, no es para tanto. —Agregó. —El idiota…

—N-No, no lo entiendes… No es por él, sino por eso…

—¿Eso?

—No lo quiero recordar.

Sus palabras le hicieron detener cualquier respuesta y guardar silencio.

¿Qué sería "eso" que la chica había mencionado? Aparentemente había una historia mucho más oscura de lo que había imaginado.

Naruto la miró nervioso, sin saber que decir o hacer, técnicamente la situación había sido su culpa por obligarla, pero jamás habría esperado que su miedo a convivir con otras personas fuese tan extremo. Ahora la chica estaba bajo su cuidado y no podía irse simplemente como si nada hubiera pasado cuando sabía que por presionarla más allá de su límite había ocasionado todo.

Con cuidado la acomodó mejor sobre su pecho, meciéndola durante unos minutos más. Le resultaba curioso que a pesar de que sentía su camisa completamente empapada jamás escuchó el más mínimo sonido del llanto ni de dolor. Cuando la campana de la siguiente hora hizo su anuncio se resignó a que debería volver a saltarse la clase. Hinata se había quedado dormida.

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Notas de Kou: No puedo entender cómo es que el escribirlo fue tan pesado, pero la cantidad de palabras es apenas un suspiro. Holi :3 *esquiva las piedras y tomatazos* Les juro que intenté tardarme lo menos posible y que fuera más largo pero supongo que las cosas nunca salen como las planeo. Quedaron más de dos mil palabras fuera que encajan en la segunda parte así que el próximo capítulo lo tendrán en una semana e.e Siento que estoy sonando borde, si es así una disculpa, me he desvelado en espera de mi hermana menor que se fue a una fiesta y prometió en vano volver a la una. Volvió a las cinco. Lo peor es que le di permiso aunque mi madre la tenía castigada y yo debía madrugar. Estoy que muero, solo quiero publicar TwT

Ah, saludos a las personas que no me conocen. Entenderán con el tiempo que tengo la mala costumbre de dar la excusa con santo y seña xD Un abrazo enorme a quienes ya me siguen ;D *Hace la matrix para esquivar la silla* Entiendo, seré "breve" xD

Respecto a la pregunta anterior, habrá puro enfoque NaruHina, pero diferentes apariciones de otros personajes para darle más sazón a la trama. Si quieren más NaruHinaSasu tengo otra historia, les invito a leerla :3

Y por último quiero agradecerles a todos su enorme respuesta. ¡Muchas gracias! Yo juraría que serían menos comentarios pero afortunadamente tengo el honor de que muchas personas se hayan unido en el camino de esta nueva aventura (?) Saludos a Agualuna, Akime Maxwell, daniela hervar, Shisui, crayola94, HiNaThItHa16241 y perla gd. Los reviews con cuenta los respondo por mp ;D

Shisui: Aww, muchísimas gracias. Creo que es solo cuestión de muchas experiencias personales con la psicología. Yo también me sentía como la perdedora del salón y por eso leía, nunca le hablaba a nadie y me mantenía en las esquinas tratando de volverme invisible por el pánico a que alguien me hablara. Con el tiempo me di cuenta de lo tonta que parecía al hacer eso y que yo valía lo suficiente como para tener que ocultarme. Ánimo, nadie es un perdedor si no desea serlo, solo se necesita más confianza en ti mismo y amor propio. Quiérete, porque en la vida nadie nos va a querer como podemos hacerlo nosotros mismos. Ah, y perdona la tardanza xD Un enorme abrazo, nos leemos ;D