Título: Bienvenida a la sociedad
Sumary: —Oh, ya veo. Eres una rara, ¿verdad? Nadie te quiere hablar. Sí que tienes suerte Hinata, aún tengo que hacer mi buena acción del día y yo te voy a enseñar. Mi nombre es Namikaze Naruto. Bienvenida a la sociedad.
Advertencias: Universo Alterno/Un poco de OoC/Amor Lento/Conceptos de psicología.
Pareja: NaruHina
Cantidad de palabras: 3, 700/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3
OoOoO
«Aún si ella luce feliz,
se está deshaciendo poco a poco.
Deseosa de ocultarlo, abrumada por mí
Como la luna, es como si fueras
completamente engullida por un eclipse.»
OoOoO
O
O
«Aún si fueras feliz...»
O
O
Naruto quedó de piedra, incapaz de saber cómo debía reaccionar ante esas filosas palabras llenas de molestia. Su primera respuesta fue sonreír. Sonrió, nervioso, sin saber exactamente que sentir. Sabía perfectamente que su rostro se mostraba tenso y tenía el ceño tan fruncido que era la mueca más falsa que jamás hizo, que su sonrisa se mostraba temblorosa e insegura y en sus ojos seguramente podría verse manifestada la incertidumbre, pero mantuvo esa apariencia cuando finalmente habló.
—Vaya Hinata, no sabía que podías bromear así, casi me lo creo…—exclamó con tono jocoso, intentando darle poca importancia a sus palabras, pero hasta él sabía que se veía forzado y ridículo.
Ella temblaba de modo que cualquiera podría notarlo, sus pequeñas manos pálidas se cerraban tan fuerte que delgados hilos rojos comenzaban a emerger por entre sus dedos, sus ojos curiosos estaban oscurecidos y su imagen reflejada en ellos apenas era nítida.
Siempre le había llamado la atención el hecho de que podía verse en ellos como si fueran una especie de espejo, pero ahora ya no más.
Fue entonces que lo supo.
Ella, la chica que no soportaba ser el centro de atención escogió ese preciso momento en medio del salón para cortar toda relación con la intención de que no fuera capaz de reclamar nada. La dureza de su mirada, sus facciones de muñeca contraídas y la postura defensiva le indicaban la cruda realidad, lo había hecho a propósito. Sabía que le sorprendería, que lo tomaría con la guardia baja y para cuando procesara lo ocurrido no habría manera de revertirlo.
Quería que la odiara.
Naruto era, por primera vez en su vida, incapaz de decir nada.
No sabía si estaba furioso, triste o decepcionado, si era una sola cosa, las tres juntas o algo más. La mente se le había embotado, estaba en blanco, y tenía una extraña sensación de frío en el área del pecho que le resultaba incómoda. No había entendido hasta qué punto le desagradaba a la Hyuuga hasta que ella tuvo la licencia de gritarlo frente a toda la clase.
La vio caminar, temerosa e insegura a su pupitre, pero él no pudo dar un paso más. No sabía exactamente cuánto tiempo estuvo así, inmóvil en medio del salón, pero no fue hasta que el profesor hizo un comentario sarcástico sobre impartirle la clase a pie y las leves risas de algunos compañeros que se movió.
La entrada de Kakashi Hatake, el titular de matemáticas, no hizo más que hacerle perder toda oportunidad de protestar.
Los primeros minutos desde que empezara la hora se dedicó a buscarla insistentemente, fulminándola con la mirada y exigiendo una explicación, pero ella simulaba no verlo e ignoraba las miles de pelotas de papel con mensajes de mala caligrafía en las que le reclamaba por ello.
No podía estar contento, y se maldecía internamente al no haber sido capaz de rebatir sus palabras. Recordó la primera vez que se conocieron y como lo ignoró, la rabia que sentía esta vez era mucho peor, pues había sido deliberadamente grosera con él enfrente de todo mundo.
¡¿Qué demonios le había hecho!? Estaba tan concentrado en intentar averiguarlo y no saltar sobre ella para pedir respuestas que el escándalo de sus pataleos y murmullos llamó la atención de sus compañeros. Todos se dieron cuenta de su comportamiento y no tardaron en comenzar a hablar, aburridos de la vida y de la materia, como es normal en un ser humano sin nada mejor que hacer.
—¿Qué crees que le sucede? —exclamó la de cabello rosa a su derecha, el pelinegro solo la miró hastiado y continúo observando un tanto fascinado como el rechazo de la Hyuuga lo ponía en semejante estado.
—Kakashi nos está mirando —contestó para quitársela de encima. De inmediato volvió a acomodarse correctamente para no ser regañada, aunque daba miradas curiosas a su amigo rubio.
Kiba se reía en voz baja, orgulloso y Shikamaru dormía, como siempre. Chouji comentaba con Shino, quién solo escuchaba, las razones para que la rara del salón se pusiera a gritar de ese modo e Ino alegaba sobre la veracidad de los rumores que circularon en días anteriores. Los cuchicheos entre los alumnos llegaron al punto de que el profesor Kakashi amenazó con suspender la clase si no se detenían.
Por supuesto, hubo unos cuantos minutos de sepulcral silencio antes de que el chisme volviera, corriendo como pólvora entre notas y charlas, muchos con la intención de que cumpliera su promesa.
—Bien —sentenció, dejando el marcador en la orilla de la pizarra para voltear a verlos con una sonrisa despreocupada, y se cruzó de brazos, negándose a continuar. —seguro que esto es más importante que el examen, así que no resisto el saber por qué tienen ganas de aumentar veinte preguntas abiertas a su evaluación… —espetó burlón. Hubo varios resoplidos de fastidio y quejas ligeras, pero nadie tuvo el atrevimiento de decir más. Detrás de ese rostro aparentemente calmado podía esconderse un verdadero demonio. —Vamos… Tengo curiosidad, ¿cuál es el chisme?
Nadie supo si la rubia no fue capaz de entender las verdaderas intenciones de ese aterrador hombre o si al final no le importó, pero la primera en saltar de su asiento y gritar a todo pulmón lo sucedido fue Ino, aun con las miradas incrédulas de los demás.
—¡Hinata se peleó con Naruto! —exclamó victoriosa por proveer al maestro el chisme del año, y su postura de satisfacción al verlo realmente interesado fue inmediata.
—¿En serio? —cuestionó, aclarándose la garganta para disimular. La expresión de Kakashi lo dijo todo, estaba sorprendido.
—Yo diría que más bien finalmente Hinata lo mandó a volar —comentó el castaño del fondo, en un impulso, algo confiado en que Kakashi no había dicho nada y podía hablar con tranquilidad. Kiba sonrió pretencioso en dirección a Naruto, retándolo con la mirada.
—Oh, vamos —agregó Ino, haciendo un ademán despectivo con las manos. —Eso solo fue una pelea de enamorados, es imposible que solo por eso vayan a terminar.
La frase imprudente de la chica Yamanaka despertó las burlas en el salón, que silbó y aplaudió, haciendo mofa inmediata a los dos involucrados.
Un coro de son novios comenzó a escucharse de viva voz por todo el lugar, provocando que la pelinegra saliera de su estupor.
—¡T-Te equivocas! —gritó de pronto Hinata, quién había permanecido al margen hasta el momento. Las miradas de todos se centraron en ella y estuvo a punto de ponerse a llorar de vergüenza. Lo que acababa de hacerle al rubio era algo cruel y serio, no entendía cómo era posible que todos lo hicieran pasar por una simple mala broma. —¡N-Naruto-kun y yo no somos nada de eso! ¡S-S-Solo es mi amigo y no…!
—¡Oh por Dios! ¡Hinata se sonrojó! —exclamó la rubia imprudente, consiguiendo más risas. La aludida se encogió en su sitio, tratando inútilmente de disolverse en el vacío.
Para el momento en que se había dado cuenta de que lo había echado a perder, se cubrió la boca con ambas manos, arrepentida. De nada le había servido aclarar su situación porque nadie parecía hacerle caso, y, para colmo de males, había defendido a Naruto como un amigo.
Un amigo, después de lo que había dicho. Como decían los adolescentes, estaba jodida.
—¡No la molesten, dattebayo!
El agudo grito la hizo voltear de inmediato.
Las mejillas de Naruto pasaron de la palidez total al escarlata, pero por ningún motivo dejó de mirar a la ventana, avergonzado. Él sabía que discutir «su situación sentimental» no serviría de nada, las sonrisas burlonas de sus compañeros y los suspiros anhelantes de quiénes creían ver un gran romance como de drama se lo habían dejado en claro, pero no pudo evitarlo.
Aunque seguía ligeramente molesto con ella por haberlo planeado, él había provocado ese gran malentendido al irla persiguiendo sin motivo aparente por toda la escuela. Para Naruto estaba claro que quería ayudarla, pero incluso sus mejores amigos desconocían su noble causa. Quizás era un inconsciente, nunca habría imaginado que podría también en algún momento entender que estaba tras ella porque le gustaba.
Y ella lo llamó «amigo». ¿Sería demasiado extraño si quisiera gritar de felicidad?
Se maldijo por no pensarlo antes. Quizás era por eso que Hinata lo evitaba.
¡Era lógico que no quisiera ni verlo! Él no era ningún chico guapo ni con atractivo como Sasuke, y estaba ese sujeto horroroso que Hinata defendió el otro día, pero muy parecido a ella y con el que seguro tenía algo. Sakura disculpaba en todo a su amigo emo, quizás ella también porque estaba enamorada. Después de todo lo había obligado a disculparse, y él, que no había entendido nunca el mensaje la forzó a ser cruel.
No era posible que una chica tan dulce y amable calculara todo tan fríamente para dejarlo en ridículo… ¿verdad?
Quizás esos tontos rumores habían llegado a el tipo de horrible carácter y Hinata estaba aterrorizada, pensando que ya no tendría ninguna oportunidad o puede que incluso la idea de qué él buscara "algo más" le era desagradable. Debía arreglar el mal entendido.
Hinata aún lo consideraba su amigo, ella misma lo dijo. Quizás, estaba siendo un idiota, pero lo prefería a pensar que ella realmente lo odiaba.
Cuando el timbre sonó y terminó la clase aún quedaban tres más antes de volver a casa pero él se sentía contento. Descubrió a la chica mirándolo furtivamente y le guiñó un ojo para ver su reacción, ella abrió los suyos espantada y enterró la cabeza en el pupitre. El rubio la observó curioso, era divertida, pero por los mil demonios que no la entendía.
Necesitaba con urgencia hablar con Iruka.
OoOoO
Se dice que es por decisión propia se vive el día a día, porque nadie tiene la capacidad de obligar a nadie más. Pero ninguno te dice que al momento de tener que aceptar las consecuencias de sus actos las personas suelen maldecir, evadir la responsabilidad e incluso hasta tratar de encausar la culpa a algún Dios divino, supremo y rencoroso que los odia y maldice desde su trono por sus propias acciones.
Para la gran mayoría del mundo, es mucho más sencillo vivir de ese modo. Humanos que sean capaces de enfrentar con madurez todos sus actos, sin importar el resultado, son difíciles de encontrar.
Hinata había aprendido eso desde que era pequeña, de mala manera, pero llevaba aquella responsabilidad al extremo y vivía culpándose por las decisiones de otras personas.
La actitud amarga e insensible de su padre, la falta de una madre para su hermana, la tragedia que llevó a su primo a odiarla y su entorno egoísta. Sufría por no tener carácter, ser débil y no poder cumplir las expectativas que tenían su padre y su clan. Pero, en vez de injuriar a ese ser omnipresente, su autoestima era tan pobre que solía sentir que había nacido como un defecto que él debía eliminar tarde o temprano.
Para ella, las personas no se daban cuenta que eran el autor de su propia historia y cada decisión habría de tener un resultado. Ninguna acción es insignificante y toda persona que se relacionara con ella terminaría sabiéndolo al final. No era su intensión arrastrar a nadie, pero Naruto había insistido tanto en enlodarse con ella que debía frenarlo, y ahora, por su gran estupidez, aquél esfuerzo se había vuelto en vano.
Lo sabía, lo había visto en sus ojos cuando la defendió en clases, sus palabras hirientes no había servido de nada al final para detenerlo de una catástrofe. No podía negar que le causaba una sonrisa tonta y u extraño cosquilleo en el estómago saber que a pesar de todo estaba decidido a seguirla, a ayudarla, pero su determinación comenzaba a preocuparla también.
A veces quería dejarlo ser y hacer hasta lo imposible por volverlo su primer amigo real. Su presencia tenía la capacidad de hacerla bajar sus defensas y anidar en su corazón el deseo de confiar otra vez. Era peligroso, no solo por ella, sino también por él. Hinata cargaba con muchas vidas, responsabilidades y culpas que no debía olvidar, tenía que ser fiel a su familia, responsabilizarse por lo que provocó su desmedida ingenuidad y estar junto al rubio podría tumbar toda su estructura.
En cuanto la campana escolar sonó por última vez pudo verlo salir corriendo a algún lado, aliviada por no verlo, decepcionada por lo mismo.
Era peligroso. Empezaba a extrañarlo.
Era peligroso. Las palabras de ese hombre comenzaban a resonar en su cabeza.
«Esta vez te has salvado, pero la próxima podría no ser igual. Alguien podría morir…»
Una llamada nunca antes tan oportuna hizo vibrar su celular en el bolsillo del chaleco. Avanzó rápidamente por los pasillos mientras contestaba su teléfono. Su primo no la seguiría en esa ocasión pues tenía práctica del club donde era presidente, mucho mejor para ella, pues lo que hablaría probablemente le sería desagradable.
Aunque, pensándolo bien, todo lo relacionado a ella le era desagradable.
—Por supuesto padre, estaré encantada de recibir al hijo de la familia Ōtsutsuki.
Era peligroso. Por eso esta vez lo detendría, aunque tuviera que pedirle ayuda a su pretendiente más insistente para lograrlo.
OoOoO
Hay muchas veces en la vida que las personas actúan sin pensar, dejándose guiar por un impulso del momento, aquel sentimiento desbordante que anula el razonamiento lógico e impide la sana racionalización de los efectos colaterales. No es algo perverso el actuar de este modo generalmente, pero no es para nada recomendable, pues a toda acción hay una posterior consecuencia y la mayoría de estas resultan inesperadas, injustas y absurdas si la decisión no se ha meditado previamente.
En palabras sencillas sería como lanzar una piedra, esperar que la ventana rota de tu vecino la pague alguien más, y considerar injusto el regaño de tus padres. No hay toma de responsabilidades por uno mismo. Es normal que una persona que no piense antes de actuar reniegue de sus actos si estos no le han favorecido como quería o pretendía y evidencia una inminente falta de madurez.
El rol de un adulto maduro siempre será asumir su responsabilidad por las decisiones que ha tomado y aceptar las consecuencias, buenas o malas, sabiendo que al fin y acabo todas son su responsabilidad por las elecciones que ha tomado.
Naruto contempló fijamente por varios minutos el pizarrón, mientras la tiza blanca iba formando miles de letras con frases complicadas pero era consciente de que quizás estaba en uno de esos famosos casos de «leer sin comprender». Por más vueltas que sus ojos dieran de un lado a otro el mensaje solo se volvía más y más borroso, como si estuviera en una especie de lenguaje cifrado.
Consecuencias…
De entre el blanco mar de gis espolvoreado en el rectángulo verde, aquello era lo que le pesaba más.
Suspiró, hastiado de la severa hinchazón en sus párpados que le provocaba entrecerrar los ojos cada tanto. Las oscuras ojeras que se marcaban debajo de sus siempre vibrantes ojos azules le daban un aspecto enfermizo y oscuro, sin contar su ceño fruncido y el gesto de puchero en sus labios mientras intentaba concentrarse. Sentía que en cualquier momento caería rendido. Tenía sueño, demasiado, era un efecto secundario de pensar demasiado por culpa del pequeño escándalo que había protagonizado en su salón junto a Hinata.
Gruñó por lo bajo, recargando su mejilla derecha contra la fría tabla del mesa-banco, dejándose llevar por la sensación de frescura contra sus ojos inflamados. Giró lentamente sobre la madera, intentando inútilmente encontrar alguna respuesta en las manchas de condimento amarillo de su compañero de asiento. Tonto, pero era mejor a quebrarse la cabeza en un aparente sinsentido por culpa de la pelinegra.
Pensar en ella actualmente solo conseguía desesperarlo, y si no se había tirado del cabello hasta arrancárselo de una vez era porque dolía demasiado, y no resistiría intentarlo de nuevo. Además era un chico demasiado genial para quedar calvo, aunque seguro que igual le quedaba fenomenal.
Seguro que sí…
—Idiota…—masculló contra sí mismo.
Y de nuevo estaba divagando. Tenía que reconocer que no tenía tampoco muchas ganas de pensar en lo ocurrido al regresar del almuerzo.
No podía entenderlo, ni a ella, ni a él.
El acalorado reclamo de esa chica rara realmente lo había confundido y le había obligado a pensar en muchas cosas, incluyendo lo que de verdad buscaba obtener de Hinata y porque no podía aceptar un «no» por respuesta. Todo había empezado con la enorme estupidez de obligarla a pedirle disculpas por haber insinuado que no era una buena persona y había pasado de la noche a la mañana a ser su acosador personal en un nada planeado intento por quererla ayudar a superar su miedo a las personas.
Sus motivos habían sido egoístas al inicio, no era algo que muchos actualmente conocieran, pero tenía una terrible sobre reacción cuando una persona desconfiaba de él. Le recordaba a su infancia, a los días en que todos lo llamaban un perdedor y en que nadie creía en que podía lograr grandes cosas. A los abusivos, a sus amigos por interés, a los que hablaban a su espalda por ser un «niño de mamá y papá».
Sus padres no eran millonarios, pero trabajaban en gobierno y podían darle ciertos lujos por aquél entonces causando muchos lo trataran como un engreído. Que Hinata hubiera creído que era una
«mala persona» había despertado ese sentido de inferioridad y el deseo por demostrar lo contrario que tanto le caracterizó en la infancia, y a veces, lo llevaba a actuar sin pensar.
No era sencillo recibir tantos rechazos, groseros y cortantes a su modo de ver, pero encontraba divertido pasar tiempo con Hinata, a pesar de todo ella le agradaba por ser diferente al resto de la gente con la que había tratado, y aunque le costara admitirlo, uno de sus pasatiempos favoritos era el meterse con las personas en plan de broma. Con ella resultaba doblemente especial, siempre esperaba con ansias ver la cara que pondría, sus expresiones eran raras y entretenidas.
La mayoría de las veces era de manera inconsciente, pero nunca perdía la oportunidad de fastidiar si estaba en él. Su mayor blanco siempre había sido Sasuke, pero recientemente en su afán de sacarla de balance se dio cuenta de que él estaba completamente enfocado en la pelinegra.
¿Por qué todo sobre esa chica era tan extraño e impreciso?
A veces ella le daba la sensación de querer desesperadamente llamar la atención de la gente, dejar de ser invisible y vivir como el resto de las personas normales, pero otras veces se abstraía hasta el punto de sacar a flote una parte manipuladora y agresivo-pasiva que manejaba lo suficientemente bien para lograr hacer a cualquiera retroceder.
Hinata era como una contradicción en sí misma y él ya no sabía si aquello le molestaba o comenzaba a fascinarle.
Pese a las apariencias no era ninguna chica indefensa, por el contrario era demasiado analítica para su gusto, lo que le llevaba a pensar porque ella escogió el momento, lugar y las palabras adecuadas para lastimarlo.
¿Qué podía provocar que una chica amable como esa quisiera tan desesperadamente alejarlo? Sus intentos de rechazo hasta ahora habían sido suaves y sutiles, pero nunca tan directos.
Admitía que probablemente se habría pasado un poco con perseguirla a casi cualquier sitio, pero Naruto solía ser así de abrasivo con todos sus amigos. Aunque, si lo pensaba bien, ellos lo soportaban por turnos, pues, dependiendo de su interés, Sasuke, Sakura y los demás tendrían que esquivarlo.
Quizás tenerlo solo para ella si había sido demasiado cruel al final de cuentas…
—Soy un verdadero idiota, dattebayo…
Levantó la mirada de nuevo a la clase, escudriñando con atención los movimientos de su maestro Iruka al escribir. Al buscar una solución por su propia cuenta no había resuelto ninguna duda y ahora solo era dueño de una tremenda migraña que no lograba apaciguar. No era típico de Naruto pensar tanto.
Iruka ni siquiera disimuló la sonrisa resignada cuando lo vio entre sus alumnos, probablemente sabía que algún día volvería a verlo. Se había colado de nuevo en la clase de los de tercero con la esperanza de alguno de sus curiosos argumentos raros y llenos de tecnicismos provocara una revelación milagrosa que lo ayudara como las veces anteriores.
Quizás encontraría la cura a su estupidez, o a la rareza de Hinata.
El castaño continúo con la clase como normalmente lo haría, de vez en cuando acentuando descaradamente algunos puntos interesantes mientras lo miraba directamente, aunque lo deseara no podía dejar al grupo a medias solo por la tremenda curiosidad que le causaba Naruto y sus expresiones.
Como esa mirada perdida con la que sabía que estaba recordando algo…
OoOoO
Notas de Kou: Si soy sincera este capítulo lo noto diferente, pero por más que lo intento no logro descifrar el qué. No es que no me guste, quizás es que siento que quedó largo para lo quería introducir. Toneri solo fue mencionado porque la mega espectacular escena de Hinata y el planeando fastidiar a Naruto (?) está muy larga, al paso que voy seguro que termino el cap la otra semana. Son las 2am, seguro que notan una que otra cosa rara por ahí, así que favor de avisar xD La charla con Iruka también es larga, por eso solo alcanzamos a colar a Naruto, además, mis bebés tienen que ir resolviendo varios asuntos y sentimientos 7w7 Y… no sé qué más decir. Em, ¿les gustó el cap? ¿Me odian por tardar? ¿Aman el NH tanto como yo que ha soñado que celebran la navidad en su casa? xD mis sueños a veces son muy locos, persecuciones de autos, pantanos, tiroteos, el FBI y los hombres de negro, lo normal ewe por eso siempre despierto como si no hubiera dormido -.-U Y, ya me despido, que me extiendo…
¡Feliz navidad (atrasada) y que pasen un excelente, muy feliz, y maravilloso año nuevo!
PD: Deja tu review para votar. ¿Debería subir capítulos más seguido como propósito de año nuevo? xD
PD2: Si notaron la alerta es que borré por accidente el cap y hasta ahora me doy cuenta -.-U
