Un poco de decisión

Los gimoteos y respiraciones entrecortadas empezaban a intensificarse, las manos entrometidas de él se movían con ansias recorriendo las piernas de la chica que tenía apresada entre su cuerpo y el escritorio. Casi a oscuras, pese a ser poco más de las dos de la tarde, dentro de una de las oficinas de edificio de control escolar, el secretario académico invertía las dos horas de receso del personal administrativo toqueteando con descaro a la pelirroja que desde el día anterior había tenido la osadía de quebrarle la moral profesional -otra vez- y arrastrarlo a cumplir el sueño fetiche de muchos al tener las piernas de una colegiala enredadas en la cadera.

Sin mayor ceremonia le había sacado la blusa y jugaba con el broche del sujetador mientras paseaba su boca por el cuello delgado de ella. Nunca le había parecido más productivo correr para ganar lugar en la cafetería que quedarse a hacer guardia en la oficina.

El sonido del cancel del acceso principal interrumpió de momento su labor de dejar marcada la blanca piel de su acompañante y aunque de momento le sonaba tentador ignorar a quien fuera que estuviera ahí, podrían ir a la dirección con el chisme "Mizuki no está en donde debería estar y no puso seguro al cancel" y entonces se venían los reclamos de directivos sobre el "deber institucional" y su condicionada estancia.

—Espera aquí, no tardo —le susurró mientras se acomodaba de nuevo el cinturón, la camisa y el cabello.

—Las secretarias no están en turno —agregó en voz alta tratando de fingir calma y cerrando la puerta a sus espaldas para que no se viera que dentro había alguien más.

—Pero quiero hablar con usted —repuso un muchacho de frío acento desde fuera —. Hace dos meses tramité una trayectoria académica y no me hacen el recibo de pago siquiera.

—Mizuki-sensei no aprende la lección —dijo para sí misma Karin mientras se bajaba del escritorio y se movía hasta donde la computadora permanecía en estado de hibernación para "ahorrar energía". Antes de iniciarla se giró hacia la ventana moviendo un poco las persianas y haciéndole una seña obscena con el dedo medio de su mano izquierda al chico albino que estaba fuera, este respondió primero al insulto y luego desde su sitio hacia la reja que dividía el territorio escolar del público agitó los brazos a donde estaba aparcado un auto viejo, entonces el poderoso sistema de audio del vehículo se hizo presente con algo que se suponía era música pero a Karin se le figuraba una jauría de perros siendo sacrificados tras una larga tortura colectiva.

Ya con un ruido de pantalla, encendió el inmenso gabinete que era la base del sistema de la escuela, este a su vez activó sus ventiladores haciendo eco en la oficina, aunque de seguro afuera ya no se escucharían.

Sin mayor problema empezó a buscar archivos, teclear algo en algunas hojas, guardar cambios, dejar todo como estaba, hibernar de nuevo el equipo, asomarse a la ventana y hacer seña de nuevo a Suigetsu, solo que esta vez, este sacó su teléfono celular y marcó.

Unos minutos le había tomado hacer los cambios en los registros de asistencia considerando inclusive el tiempo en que la máquina se "pasmaba" o empezaba a subir y bajar la visual de la hoja sin que siquiera se tocara algo.

Se sentó de nuevo en el escritorio y esperó, escuchó el tono del celular de Sasuke y a este respondiendo obviamente a Suigetsu.

—¿Ya? Salgo enseguida —dijo para después efectivamente dejar el lugar tras decirle al secretario que su padre había recogido el recibo en la mañana.

—Niños… ¿En dónde se metieron esos imbéciles de Fūjin y Raijin? —masculló el hombre regresando a la oficina donde tenía un asunto pendiente que atender y una hora para solucionar considerando el tiempo que había perdido con ese "impertinente" muchacho pero que no podía mandar derecho al lugar de donde vino porque su padre le procuraba el trabajo. Odiaba tener deudas, peor con los Uchiha porque implicaba pagar de por vida.

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Sasuke había regresado al auto con sus otros dos compañeros que miraban entre absortos y asqueados la forma en la que los dos enormes chicos morenos engullían todo lo que estaba a su alcance y había salido de la despensa Uchiha. Pero como el chico había comentado: "Nadie come ahí, ni que se fueran a dar cuenta"

—Oye hermano —habló Fūjin soltando algunas migajas de pan.

—¿Qué pasa hermano? —respondió Raijin tragando.

— ¿No deberíamos cuidar a Mizuki-chan?

—¡Es hora de la comida!

—¡Tienes razón!

Los dos hermanos estaban bajo la extraña protección del secretario académico, él se encargaba de ayudarles en la escuela y a cambio ellos serían un tipo de guardaespaldas, cerrando bocas indiscretas que revelaran los tratos del secretario con algunos sectores particularmente problemáticos, especialmente desde el escándalo del año pasado cuando casi lo despidieron por supuestamente abusar de alumnas y aceptar retribuciones para sacar alumnos de líos académicos.

Pero al final, nada que no se pudiera resolver con los altos mandos, pese a la inconformidad de directivos y maestros no pasó de "escándalo" y Mizuki yacía en su puesto de siempre, ahora tomando las debidas precauciones de silenciar a quien empezara a hablar, de tener vigilantes que en caso de que algún otro colega se acercara cuando él estaba "arreglando sus negocios" se encargara de llamar la atención para darle tiempo de "cerrar el trato" sin que Iruka metiera la nariz de nuevo. Un trabajo sencillo que a cambio de emparedados Fūjin y Raijin hacían bastante bien… hasta que alguna otra oferta comestible se les presentara.

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Karin salió apenas se aseguró de que no hubiera fisgones merodeando el área y menos aún, los dos mastodontes retardados que parecían estar pegados a la oficina de control escolar, aunque claro, si Sasuke quería acercarse cuando Karin estuviera con Mizuki habría que deshacerse de ellos o de lo contrario pasarlos a la fuerza armaría más problemas que los que intentaban resolver. Se abotonó la blusa dejando solo los dos primeros abiertos con tal de ocultar un poco la brusquedad de Mizuki para con su piel. Cruzó el jardín que separaba el edificio de control escolar de las aulas y llegó hasta la entrada donde los tres chicos y el auto viejo esperaban mientras los otros dos terminaban de comer y caminaban de regreso a su "puesto".

—Te tardaste mucho con el viejo ese. — recriminó Suigetsu terminándose el último trago de la botella de agua sobreviviente al exterminio de comida, viéndolo beber Karin caía en cuenta de que debía estar en plena resaca con todo el alcohol que se sirvió en la noche.

—Pero hice lo que tú no pudiste.

—¿Acostarme con el imbécil de Mizuki? No me interesan los hombres.

La pelirroja rodó la mirada hasta Sasuke que estaba del otro lado y mantenía sus ojos negros clavados en ella.

—Exactamente, ¿Qué hiciste? —le preguntó directo sin más preámbulo, ella se acercó a él y le rodeo el cuello son los brazos, aunque él apenas y se inmutó ante el acto.

—Cambié tus registros de asistencia a más de 87%, así te dan derecho a asentar calificaciones sin problema, no pude aumentar tus totales de promedio porque cambiar calificaciones es más complicado que entrar en el sistema nada más, tendría que cambiar las listas que se firman en dirección y las que se guardan en el historial de cada clase, pero no tienes malas notas, Sasuke-kun.

—Igual no importa, lo que necesitaba era esa constancia de asistencia —respondió sin prestar atención a la forma en la que ella buscaba que la besara, porque se lo había ganado ¿No?

—Oye remolacha ¿También cambiaste las mías?

—Claro que si, Suigetsu-kun.

Y con eso la chica indicaba que había hecho algo malo, cruel y sin duda totalmente en contra suya, jamás usaba un sufijo afectuoso con él desde que se había conocido en primer semestre. La inicialmente ladina sonrisa dispareja se perdió en una mueca de horror auténtico que Karin disfrutó con perverso descaro.

—Tenías cuatro abajo de 50% y las puse todas entre veinte y treinta, con eso querido no te dan derecho a evaluación ordinaria, déjame decirte que eso es igual a examen de regularización, pero ¡Adivina!

—Con esos… junto diecisiete…—la botella cayó al suelo vertiendo lo que quedaba de líquido en la polvorienta acera.

—¡Exacto! La escuela te da derecho a dieciséis exámenes reprobados… eres baja definitiva, amor

—¡Puta perra malnacida! —gritó Suigetsu lanzándosele encima, pero ella se ocultó detrás de Sasuke que realmente no intentó defenderla, pero su simple presencia hizo que el albino parara en seco con miedo de haberlo tocado siquiera.

—Vámonos —dijo el moreno, Jūgo que había permanecido apacible mirando lo que sucedía se movió hasta el asiento del conductor tras asegurarse de que el chico albino entrara casi soldando la puerta con el golpe y murmurando algo como "Momochi me va a matar".

El líder del grupo se zafó del abrazo de la chica y caminó hasta el lugar del copiloto.

—¡Sasuke-kun! ¡Quiero ir!

—Tú trabajo ya está hecho no necesito que me estorben.

—¡Haré lo que sea!

—¡Lárgate a lamerle el culo a alguien! — le grito desde dentro Suigetsu.

—¡Hazlo tú! ¡Puedo ser más útil de lo que jamás serás!

—¿Sabes conducir? —preguntó Sasuke señalando con la mirada el oxidado vehículo.

—¡Sí! —respondió de inmediato alcanzándole para abrazarlo, había tenido que usarse para ayudarlo y no la iba a dejar botada como si solo se hubiera sentado a tomar café con Mizuki.

—Jūgo, pásate atrás —indicó al momento en que el aludido salía de su lugar con casi automática obediencia. Siguiendo la lógica de la situación ella se hizo del asiento del conductor pasando a tocar la ventana donde estaba su malhumorado rival.

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—Y… ¿Sabes a dónde fueron? —preguntó para no quedarse sumida en el silencio total que generaba el estado meditativo y casi desesperante en que se encontraba su compañero.

—A cobrar algo que les deben —respondió tranquilamente el chico más alto de naranja cabellera desde su lugar atrás apenas entreabriendo sus ojos para mirarla.

—Karin —dijo ella de momento tras otra pausa.

—Me llamo Karin, aunque eso por obviedad ya lo sabías, pero no te lo había dicho yo —aclaró al ver cierto desconcierto en el rostro inmutable de aquél extraño chico.

—Sí, lo sé, la prima de Tayuya —respondió él sin más miramientos de etiqueta volviendo a echar la cabeza para atrás.

Ella había fingido demencia con tal de iniciar una conversación porque sí conocía al chico, de hecho lo conocía mejor de lo que le hubiera gustado porque sinceramente estar a solas con él no le causaba ni pizca de gracia, si por ella fuera se desharía de Suigetsu y Jūgo, del primero porque simplemente no lo soportaba, había algo en él que la repelía casi al momento como si fueran agua y aceite, además de que evidentemente él disfrutaba demasiado usándola para descargar todo su retorcido y perverso sentido del humor, sin duda había hecho bien en sacarlo de la escuela, si iban a estar todo el tiempo libre juntos mínimo en la escuela podría estar a solas con Sasuke o casi, considerando que él tenía una novia formal.

En cuanto a Jūgo, pues solo le daba un poco de pánico, pocas fueron las veces que se habían visto anterior a la noche en que decidió formar parte del "equipo", pero sabía de antemano que estaba trastornado, muy gravemente, dos minutos era la versión masculina de Blancanieves y a los dos segundos sin previo aviso una versión más dinámica de Jack el Destripador.

El gato de Madam Shijimi a veces le venía la mente, no, más concretamente las vísceras del gato de Madam Shijimi a veces le venían a la mente con solo mirar al chico de la cabellera naranja.

—Intentaba una conversación —le dijo resignada a su fracaso recargando la cabeza en el volante, de verdad que odiaba el silencio incómodo que le permitía al chico enfrascarse en quien sabe que cosas retorcidas de su mente.

En ese momento, Suigetsu y Sasuke salían del viejo edificio casi corriendo, se subieron al auto y con un grito inesperado y grosero, Sasuke ordenó a la pelirroja encendieran el motor y se largaran de ahí.

Ella tardó un poco en reaccionar, había sido demasiado brusco el cambio de escena como para obedecer de inmediato pero no lo suficiente como para soltarle ella también un grito.

—¡No me des órdenes! —le reclamó ajustándose las gafas, pero igualmente arrancó, pisó acelerador y se alejó de ahí sin siquiera mirar por los espejos exactamente de qué o quién huían.

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Suigetsu desde su lugar atrás empezó a pasarse al frente por la apertura de los asientos delanteros apenas llegaban al edificio donde Karin vivía y Sasuke había ordenado pasar primero para bajar a la chica que seguía medio aturdida por todo el movimiento.

—Es aquí —mustió ella acomodándose la montura de las gafas que se empezaban a resbalar por la nariz nuevamente. Quizás ya era tiempo de comprar las gomillas que había perdido.

—Pues bájate, zorra —agregó el albino empujándola para tomar el lugar del conductor ganándose un golpe en el brazo por parte de la ofendida que, sin embargo, igual se bajó.

—Llámame, Sasuke-kun ¿Sí? —dijo casi al aire porque el nuevo conductor aceleró tan abruptamente que apenas el humo vio.

—Estúpida —dijo para sí misma llevándose las manos a la cara —. No le di mi número —terminó antes de entrar al edificio.

La puerta principal nunca estaba cerrada, si bien tenía el cerrojo, los inquilinos habían votado por que se quedara abierta ante lo engorroso que era sacar llaveros cuando solo sacaban la basura, y si a situaciones de seguridad iban, pues realmente la gente que ahí vivía no tenía mucho que llamara significativamente la atención o mereciera la pena de robar.

El vacío pasillo silencioso por el que caminaba hacía énfasis en el latido desbocado de su corazón. Excitante.

Estar con Sasuke era excitante, en un sentido más amplio que la adjudicación sexual popular implicaba, que tampoco negaba tener, y no pudo evitar sonreír a la vez que movía los dedos de la mano derecha tronándolos.

Aún recordaba la primera vez que lo había visto, primer semestre en una ciudad nueva, poca gracia física y más allá del peculiar tono de cabello que tenía no había nada más que hiciera que su presencia se notara, y eso en ocasiones, porque había alguien con una coloración más extraña que el rojo intenso y ese era el rosa

De cualquier forma, en ese "suceso", que era como llamaban la mayoría de la gente pudiente a la tremenda borrachera que se pusieron varios alumnos y un par de profesores borrados del mapa, ocurrido hacía casi tres años cuando conoció a Sasuke; un galante y silencioso chico empeñado en alzarse sobre los demás a cualquier costo. Un chico que la había ayudado a no terminar expulsada como ocurrió como el resto de los participantes de la revuelta.

¿Por qué?

Nadie había hecho algo parecido por ella, quizás Tayuya cuando la aceptó en su departamento en lugar de mandarla directo a servicios sociales, pero ese era otro asunto que tal vez tuviera más que ver con remordimiento.

Él la había ayudado, ahora ella correspondería.

Se frotó las manos sobre la tela de la falda para tratar de controlar el cosquilleo de la adrenalina que aún la recorría. Estar con Sasuke era como ser parte del elenco protagónico de una película de acción, donde él no era el héroe y ni siquiera le importaba serlo.

El elevador llevaba descompuesto desde que se acordaba, así que las escaleras eran la única forma de llegar a su piso, afortunadamente era viernes y no tenía que preocuparse por la cena porque era obligación de la mayor de las chicas que vivían con ella.

Buscó en la bolsa de su falda las llaves entre un pequeño montón de basura de goma de mascar, trozos de papel y uno que otro clip. Las sacó y abrió las tres cerraduras que comprendían el sistema de seguridad al que no le veía mucha razón de ser porque hasta ella de una patada podía zafar las viejas bisagras de la puerta, si no es que rompía primero la vieja pieza de supuesta madera.

Cerró la puerta a sus espaldas sin avisar que ya había llegado, era bastante obvia la situación cuando uno cruza la puerta y queda de frente al comedor donde Kin transcribía algo de un libro a un cuaderno de apuntes.

—¿También en examen especial? —preguntó la pelirroja pero no obtuvo respuesta por lo que se fue a su habitación resoplando, ella también debía estudiar, el lunes era el examen de Química que tenía pendiente.

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Sin siquiera saludarse, solo azotando la puerta como señal de su llegada, Tayuya dejó caer pesadamente unas bolsas sobre la mesa redonda, conformándose con un leve asentimiento de cabeza Kin recogió como pudo sus cosas evitando que se ensuciaran con la grasa que se trasminaba del papel y fue a la cocina por platos, vasos, cucharas y servilletas.

—Se me hizo tarde —comentó Tayuya mordazmente a modo de excusa por la comida rápida que había pasado a comprar de regreso del trabajo.

Mientras las otras dos terminaban de acomodar burdamente el lugar para comer, la chica de cabello rosa se retiró con fastidio la gorra negra, la gruesa casaca y se desabrochó los primeros dos botones de la blusa desgastada pero perfectamente blanca que llevaba. Las botas largas de seguridad las aflojó un poco y se quitó también el cinturón donde estaba su arma enfundada y los dos cartuchos reglamentarios.

La blusa tenía bordado un logotipo de una serpiente púrpura con anillos negros y debajo se leía con algo de trabajo: "Manda". Tayuya era guardia de seguridad de una institución dedicada a reivindicar chicos con problemas de conducta. En general solo era guardaespaldas del director del centro, ya que los chicos se ubicaban en otro lado.

Desenvolviendo con cuidado la grasosa bolsa de papel cada una se sirvió una pieza pollo frito imposibles de reconocer en parte por la piel dorada deformada por el calor y en parte por lo raramente cortadas que estaban las piezas, al lado un poco de la ensalada medio oxidada que se sofocaba aún envuelta en plástico y un puñado de papas fritas. El vaso era innecesario, dos latas de soda de naranja estaban al centro junto con otro par de cervezas, que obviamente pertenecían a Tayuya y por las que no pensaban entrar en pelea.

—Se te va a hacer tarde —murmuró Kin, entre tarareos de alguna canción que sonaba en su reproductor que no se había molestado en quitarse para comer.

Karin arrugó la nariz, ciertamente debía llegar al Ichiraku para conservar la fuente segura de empleo que tenía porque lo de Sasuke aunque era prometedor en realidad dependía mucho de lo que consiguieran sacar cada día y no tener nada seguro como había dicho él al inicio. Día laboral, entraba a las seis de la tarde, para lo que faltaban veinte minutos.

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Llegó apenas y a tiempo tras haberse casi atragantado por pasarse los trozos grandes de pollo sin masticar y los cuales con toda la grasa que tenían amenazaban con resbalar de regreso a la boca. De nuevo no le había dado tiempo de cambiarse pero al menos esta vez la blusa estaba sin mancha alguna. Pasó directo por la puerta de servicio para no verse mal corriendo en plena cena de los comensales.

Mientras recobraba el aliento se colocó el delantal y se recogió el cabello en una coleta baja con una liga que llevaba en la bolsa.

—Tarde —mencionó Ayame cuando la vio empezar a despejar la barra de servicio, la pelirroja no respondió y siguió con sus deberes.

—¡Ayame-chan! —exclamó un hombre de ojos pequeños, cabello negro y corto, un poco bajito considerando que se trataba de un varón, llevaba el uniforme de mesero y una gran sonrisa en la cara.

—¿Qué pasa Matsu-kun? —preguntó la mesera

—Tienes visitas —agregó el otro con tono burlón de niño de preescolar —. Te puse a Uchiha-san en la mesa "especial" — siguió con intenciones absurdas de molestar a la muchacha que solo sacó la lengua y cerró los ojos arrugando la nariz, pero igualmente salió de la cocina acomodándose el cabello cuando pasó por una de las columnas vidriadas que decoraban el lugar.

—¡Vamos Karin-chan! ¡Hay mucho trabajo que hacer! —le dijo el mesero animosamente en cuanto quedaron solos en la cocina, ella resopló y se giró a la tarja donde ya la esperaba una pila de platos sucios.

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Las manos ya estaban llegando a lo que podían soportar de contacto con el detergente y el agua; arrugadas, sensibles y extremadamente blancas, pero al menos ya podía cantar que terminaba su jornada.

Se secó con la toalla de manos que tenía cerca tras haber limpiado perfectamente esa área que le correspondía y se subió las gafas que casi se le caían. Al día siguiente, a primera hora iría a comprarle las gomas que le faltaban.

—Toma —dijo Ayame tendiéndole a la chica un tubo plástico verde con azul—. Árnica y limón, ayuda mucho —completó.

—Gracias —respondió la pelirroja que tomó la crema para manos y se puso un poco devolviéndosela a la chica que solo le hizo una seña para que se la quedara.

—Vete a casa, ya es todo por hoy —completó la mesera quitándose el delantal y dándole el encuentro a su padre que como siempre y pese a lo cansado que pudiera estar, sonreía amablemente.

Los dos meseros varones que trabajaban ahí también; Matsu y Nishi, se despidieron y salieron corriendo alegando que tenían un compromiso urgente que atender. Karin no se esperó más que el tiempo suficiente para que el viejo le pagara su día y se marchó apenas mustiando un "adiós" seco.

Echó a andar sobre la acera con paso apresurado, se había alejado una cuadra cuando sonó su teléfono celular. No se trataba de lo último en tecnología, de hecho apenas tenía capacidad de hacer y recibir llamadas, además de los mensajes de texto, era de los primeros modelos a color con una cámara de casi nula nitidez, pero sin duda de momento era más que suficiente para que su corazón saltara al tomar la llamada.

—Sasuke quiere vernos mañana temprano —le soltó Suigetsu.

—¿Sasuke-kun?

—Mañana él explica bien lo que vamos a hacer, pero no se te haga tarde.

—Dame su número .

—Te lo mando por mensaje para que no estés jodiendo —la llamada terminó tan abruptamente como empezó y no perdió tiempo, tecleó un mensaje rápido y lo envió apenas recibió lo que quería.

Ya tenía una decisión clara, si la necesitaba estaría siempre son Sasuke Uchiha. Y que él lo supiera. "Mensaje enviado" decía su pequeña pantalla.


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